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viernes, 13 de marzo de 2026

RAMÓN ORDAZ: AQUÍ (En Venezuela) NO HA PASADO NADA, POETAS

 






Estimados Liponautas


Hoy compartimos con ustedes está composición que refleja muy bien la condición actual que padecemos después del cambio de perro o de barajita que sufrió Venezuela después de la activación del "plan Ávilapor parte del Chávez septentrional.


Esperamos disfruten de la entrada


Atentamente


La Gerencia.



*******


Lo publiqué hace varios años. "Recordar es vivir".


AQUÍ NO HA PASADO NADA, POETAS

Cuando Giordani, un ex ministro del gobierno,
cruza la barrera del silencio en las altas esferas 
y pone a circular su desagravio, las cuentas regresivas 
de un proceso, de un exceso de culpas -las “luces”
de un faro que no alumbra-: cuando la nave a la deriva
entra en zona de sombras, en una turbulencia incontrolada;
cuando Giordani gimotea, esgrime su cordura y su solvencia,
narra el destino incierto de nuestra economía, habla de polillas francesas,
de una PDVSA a manos libres, de uno y otro endeudamiento,
de índices sonámbulos, preteridos, no tomados en cuenta;
cuando Giordani salmodia, deja caer incienso sobre la eternidad del muerto,
ve que los alacranes no abandonan el pozo, que se han reproducido,
como dando razón a otro muerto en discordia, Rojas Müller;
cuando a Giordani no le queda otra carta que un lance de verónica
para cerrar capítulo con su increado socialismo, recurre a Saramago:
“Mientras más viejo más libre, mientras más libre más radical”;
cuando Giordani nos deja su exorcismo, su frustrada receta de utopías;
cuando los áulicos lo tildan de traidor y desleal al Padre eterno,
los poetas le amanecen al Alba, farolean en el Alba, se consumen el Alba
de una resaca a otra entre tanta resolana y costumbres de sequía, 
entre tantas declaraciones de amor en los cuatro horizontes del cielo,
después de tantos ominosos relámpagos de turbia poesía,
quienes vivimos este exilio porque los ungidos cumplen su misión
en ese podio oficial de egos insaciables y glorias otoñales,
quienes entendemos que la fiesta sigue aquí en los extramuros,
hemos decidido, ciudadanos sin fin, Oh smog, morirnos de otro sueño.

Ramón Ordaz




Ramón Ordaz


Ramón Ordaz. Escritor venezolano en los géneros de poesía y ensayo. Licenciado en Educación (Mención Castellano y Literatura, Universidad de Oriente). Magister en Literatura Iberoamericana (Universidad de Los Andes). Director-fundador de la revista de Arte y literatura En Ancas (Caracas, 1976-1981, 9 números). Director del periódico Oriente Universitario (Cumaná, Julio de 1981 a noviembre de 1983). Director del Centro de Actividades Literarias “José Antonio Ramos Sucre” (Cumaná, 1983 al 2000). Director-fundador de la revista Trizas de Papel del Centro de Actividades Literarias “José Antonio Ramos Sucre” (13 números). Director de la Revista Latinoamericana de Poesía Poda (13 números).




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La liríca cotidianidad en la obra de José Pulido




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Balada del preso insomne”, por Leoncio Martínez




El quincuagésimo cuarto aniversario de la revista Poesía y sus homenajes




Mario Briceño Iragorry: 2024 Y LA USURPACIÓN DEL VOTO POPULAR




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La Cuba sin mascarilla



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Kafka, la calle y la policía



MANIFIESTO DE AMANTES DE LA CIENCIA FICCIÓN EN VENEZUELA CON MOTIVO DE LOS RECIENTES HECHOS OCURRIDOS EN EL PAÍS DESDE EL MES DE ABRIL DE 2017



Yuri Valecillo y la cacería de brujas en la escenografía de las ciudades



El Plan revolucionario de lectura en Venezuela fue un gran fracaso avalado por muchos escritores

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CRÓNICAS INVERTIDAS SOBRE PARAÍSOS ARTIFICIALES.

UNA RESEÑA DEL LIBRO "FANTASMAS" DE LUIS LAYA.

Por José Carlos De Nóbrega



William Osuna, poeta venezolano: Ofrecemos un reto: imponerle la paz con canto y poesía en nuestro idioma y en otras lenguas a un sector de la derecha fascista venezolana.



Don Pedro Berroeta, escritor venezolano: "Aquí lo que ha faltado es gobernar con el ejemplo. Ha faltado austeridad".





martes, 30 de septiembre de 2025

La liríca cotidianidad en la obra de José Pulido

 






Ramón Ordaz: José Pulido, lo lírico cotidiano


RAMÓN ORDAZ




Cuando José Pulido señala que el poema es un “rezo” uno pudiera pasar de largo, pero algo nos detiene. Rezo es oración, ecuménica misa del espíritu en busca de absolución; éxtasis interior que se impone un diálogo con lo desconocido, esa respuesta inédita que reclama Hans- Georg Gadamer en su ensayo “Poema y diálogo”.


En ello parece coincidir Pulido cuando a su pregunta por el poema, “¿qué quieres de mí?”, y este le contesta: “Lo que no has podido decir”; en pocas palabras, la tarea de Sísifo del escritor. Sin pretensiones de contradecir, el “poema”, eso creemos, es un objeto vacío, un pre-concepto, un a priori de la conciencia del poeta, que solo su voluntad de estilo podrá concretar. El poema tiene el sello particular de cada autor, su huella de identidad que no es otra que su escritura. Buena parte de sus poemas Nicanor Parra los llamó “Artefactos”, nada gratuita su visión del poema, lo que bien podría suscribir cualquier autor de la modernidad literaria.



En “artefactos” está sugerida esa intención del poeta, el arte de hecho, esa pluralidad de su oficio que llamó también antipoemas. A todas estas el poema no existe, no es lo que el lector lee en la página, lo que apenas es un puente para llegar a él. De manera que el poema está en el afuera de la página, pertenece más al lector que al poeta que lo ha “escrito”; es él quien da cuenta del poema. De allí esa imposibilidad, el poeta no podrá decir nunca lo no dicho, porque, como el horizonte que vemos, cada vez que nos acercamos a él, más se aleja, solo que para entendernos acudimos a los términos que acuña esa cofradía de críticos, académicos e historiadores de la literatura. Con las definiciones del poema y de la poesía tenemos para vivir eternamente confundidos, cuando no cabe definición posible en ellos. El poema lo invoca y lo convoca el lector, se lo apropia. La Poesía pertenece a los fundamentos de la expresión escrita, su ámbito es universal y obra sobre todos los géneros literarios conocidos.


LO LÍRICO COTIDIANO. La expresión nos remite a la música, a la armonía, al credo de una paz y una belleza orquestadas por el acontecer de las cosas que siempre tienden a su estabilidad, al reposo, al remanso donde las aguas corren imperturbables, calladas. No hay más que imaginarse una lira y una zampoña expresando ese concierto de la naturaleza, dándole forma a esa intimidad que se sustrae a lo oculto en el mundo de la apariencia, y solo el artista sensible puede traer a la luz esas esencias veladas al común de los seres. Lo lírico es un estado: su vibración llega o no llega, se siente o no se siente. Lo lírico está allí, no todos lo miramos, no todos lo sentimos, pero está allí, imponente con sus enigmas y misterios, signado siempre por lo inesperado.

Augusto Mijares 


Como todo, lo lírico también cambia de estado. Nada cuesta entender que lo lírico en el mundo contemporáneo acontece de distinto modo al locus amoenus de la literatura del pasado. La sociedad que nació con el industrialismo y el acelerado urbanismo instauró una segunda naturaleza, a la que románticos como Baudelaire empezaron a dar respuesta en sus obras. En pleno siglo XXI, cuando las guerras del pasado y las del presente, con unas economías  y políticas derivadas de esa errancia –o aberrancia- han construido sociedades pobladas de artificios, de tecnologías sofisticadas, de prótesis para lo orgánico y lo inorgánico en medio de una opulencia estéril, superpobladas, con terribles detonantes a su alrededor: como nunca, masas de migrantes de un país a otro, bastas poblaciones en estado de precariedad e indigencia, desnutridas y sin nicho posible para la sobrevivencia, sin duda que lo lírico se ha instalado en cada descomposición, en el detritus social y anda también entre tantos arsenales de armas y desperdicios de una cultura en crisis, en brutal decadencia. Lo lírico se conecta con lo estético, solo que las obras que surgen de esa omnipresencia constituyen respuestas disímiles: lo feo, lo grotesco, lo absurdo, los abstruso, lo obsoleto, lo errático, lo apocalíptico, en los que la sombra de la muerte compite con lo sublime, con la belleza en igualdad de énfasis y propiedad como estatus literario. Este breve cuadro no es más que la antesala donde ubicaría la Poesía en verso de José Pulido, la que se alinea en lo que su coterráneo Augusto Mijares llamó “Lo lírico cotidiano”.



No sé si Pulido acude con su obra al llamado de Mijares, lo cierto es que da la impresión de que fuera un saldo de cuentas con quienes nos han antecedido en esta batalla de la cultura. “Llamo lírico -a punta Mijares- a lo no vulgar, a todo lo que representa belleza, fuerza, ambiciones superiores y también verdadero placer”. Augusto Mijares, a quien Luis Enrique Mármol en la década del veinte dedicó su emblemático poema “Todos iban desorientados” (en realidad el poema se titula Todos iban. Todos iban desorientados es una novela de Antonio Arraiz de 1951. Nota del editor), fue un ensayista muy vinculado a los poetas de su tiempo, por lo mismo que exigía de estos trascender cierto poetizar adormecido, quietista, viviendo como de espaldas a un tiempo que les exigía otra coartada literaria.


Poema: «Todos iban». – La locura del otro.


A Augusto Mijares


Todos iban desorientados:

perseguían un objeto próximo;

unos iban a su trabajo,

otros al trabajo de otros…


Los ojos errantes y vagos,

hacia la mancha de los pinos

cruzó indolente un enlutado…

—¿A dónde vas?

—No sé —me dijo.

¡Todos iban desorientados,

y el enlutado hacia sí mismo!


1919



Grupo literario Tráfico. De izquierda a derecha: Rafael Castillo Zapata, Alberto Márquez, Igor BarretoYolanda Pantin, Armando Rojas Guardia y Miguel Márquez. Foto: Vasco Szinetar.
Imagen tomada de Pinterest.


En su propuesta de “lo lírico cotidiano” hará declaraciones más contundentes: “La poesía, ante el riesgo de quedarse sin auditorio, tiene pues que adaptarse al margen precario que se le deja: ha desistido de conmover a su público o de entusiasmarlo, y se conforma con desafiarlo y sorprenderlo por medio de la cabriola audaz, la abundancia de metáforas inconexas, todos los recursos de lo imprevisto; hasta de lo imprevisto tipográfico se ha echado mano. Poesía ingeniosa, intelectualista y drolática, lo menos poética posible”. Era una crítica a los poetas de mediados del siglo XX, pero era también una advertencia con respecto a lo que imperaba en ese momento; estaban en boga las experiencias de las vanguardias todavía, arreaban sus banderas nuevos credos poéticos que rompían con ejercicios anteriores de la poesía (la tradicional), poesía que, al tiempo que se liberaba de las viejas preceptivas, se volvía inocua, artificiosa, trivial a veces, lo que luego llegarían a superar los poetas de Sardio en adelante. Esa poesía de frente con su público, que trasciende su intimismo/esencialismo empezará a ser más frecuente en los escritores de la década del sesenta hasta que en los 80 los poetas del grupo “Tráfico con su “Si, Manifiesto” se empeñaron en invertir los valores de la poesía nocturna, sintetizada en la obra de Vicente Gerbasi, para volcarse a una poesía de la calle, de la vida urbana, en una vagarosa transgresión que se diluyó en espectáculos y recitales mediáticos.


Vicente Gerbasi


Siempre quedó pendiente esa búsqueda de “lo lírico cotidiano” planteado por Mijares. Instaurará Pulido su propia poética (prosa y verso); con sarcasmo, con ahínco de juglar, con estudiados desplantes, rebelde, desacralizador, sin complejos a la hora de juzgar lo más íntimo y privado, desprejuiciado con la palabra al sentenciar la esfera de lo público, sin anestesia su singular modo de versificar con la más absoluta libertad, versos explayados y libres, hará incisiones en el cuerpo enfermo de la sociedad que pesa como rémora a la hora del viaje.

Luis Enrique Mármol


Su obra cabalga sobre una contemporaneidad conflictiva, sin horizontes precisos, donde el desvanecimiento del espacio y del tiempo conocidos parecieran haber llegado a su límite, donde el escapismo de unos y otros es lo usual; todo es aleatorio, arbitrario; no hay razones para el optimismo; no hay estado de gracia, el desahucio de todo lo que se tuvo como certeza de vida arruina la vitalidad de la palabra misma. Por eso sus versos dan coletazos de aquí para allá como buscando atrapar el oxígeno que le falta; una poética que hurga en los bajos fondos de lo cotidiano, pero también se eleva sobre las miserias para poner de pie los valores culturales que han nutrido y fortalecido su paso por este mundo, así como darle cuerpo a la luz del interior familiar, a los femeninos cuerpos que van desde la esposa, amada amante, hasta esas mujeres de perfiles eternos que persisten con sus voces de mermelada en las puertas de la noble e inolvidable provincia, esas Beatrices, esas Lauras eternas dejadas atrás, en las que ronda también la juerga de los amigos.



Nek- Laura no está

https://m.youtube.com/watch?v=DAIxrSvq6bo&pp=ygURbGF1cmEgbm8gZXN0YSBuZWs%3D


Heridas espaciales y mermeladas caseras es un poemario que da cuenta del caos en que se mueve lo lírico cotidiano, en el que se poetiza y se narra, versos en expansión como una galaxia, complejas circunstancias de vida donde no faltan la ironía, el recurso de la sorpresa, lo imprevisto, la intencionada divagación, la brusca ruptura de lo que bien podría ser también un reportaje poético, palabras que transan un contrato con el lector, el que debe estar atento porque el fuelle del oculto periodista, inseparable del poeta, cambia su juego porque lo seduce el contraste.


"Toda ideología es una guillotina que corta cabezas buscando el poder”, señala José Pulido / Foto: Cortesía Gabriela Pulido.


Construye el poeta un diorama de reportes líricos en el que la vastedad de la palabra exhibe sus urgencias, sus gritos, sus amores en los andenes de una historia perdida, en los complejos relatos testimoniales donde todos pareciéramos estar de tránsito, en esas ciudades que hemos perdido a fuerza de haberlas vivido con la intensidad y holgura que demanda la existencia, vida como el crisol donde se macera esa explosión de sentidos que tienen como vertedero los textos poéticos que como devoción y devolución de un amor nos entrega José Pulido: “que la sed tenga instintos para fundar el agua”, “Tienes que levantar tu casa con huesos de suspiros”, “Está bien todo, digo alucinado, para no desplumar mi poca fe”, son muestras de esa urgencia del que vive cautivo en un mundo de cosas sin salida posible; un mundo alterado que conduce a la alucinación del condenado, de allí la inhóspita exclamación “Está bien todo”, para no perder la fe, la última reserva de sentido que es la vida; Stanno tutti bene, como en la película de Giuseppe Tornatore. Y en ese “estar bien” tiene sus ríspidas aristas buena parte de su poesía.



Stanno tutti bene (film 1990) TRAILER ITALIANO

https://m.youtube.com/watch?v=3q5rKseSkss



El horror cotidiano paseándose tranquilo

estrenando su bolso militar

su camisa de seda del Japón o su reloj de selva destruida

sin renunciar al mismo balbuceo de periódico anímico

parecía comentar que los viejos horrores ya no asustan.


Ese diálogo que entabla con Rilke en el texto “No entenderán la esencia” llega como advertencia, como el lastimero recurso de quien lee a otro poeta queriendo entenderlo, penetrar las honduras y trashumancias de Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, mientras en su exterior el mundo transcurre indiferente. Como en el Cántico de San Juan de la CruzY todos cuantos vagan/ de ti me van mil gracias refiriendo,/ y todos más me llagan,/ y déjame muriendo/ un no sé qué que quedan balbuciendo”. Ese pausado y sobado dolor aliterado de lo incierto, de lo imponderable, que nos deja como en inesperado abandono, y que, guardando las distancias de la lira de San Juan de la Cruz ante la tensión “libertina” de los versos de Pulido, la situación de estado es la misma, por lo mismo que la angustia de ayer sigue siendo la nuestra. “El horror cotidiano” pareciera una sentencia bíblica, como el horror de Kurtz, el horror de Auschwitz, y todos los horrores que se puedan vivir, pero que el peso de esa cotidianidad quisiera banalizar, sustraer su tragedia y continuar su eterno carnaval “estrenando su bolso militar”. ¿No arrastramos acaso nuestros diarios horrores? Lo irónico está en que “ya no asustan” para mayor perplejidad y la presencia virtual de “maese Rilke” da para pensarse a sí mismo y atravesar el cuerpo como “el corazón de un tren descarrilado”.


No es poco lo que hay que abordar en la poesía de Pulido. Llaman la atención esos microrrelatos al final de cada texto poético: abiertos quedan esos otros diálogos ficticios que establecen otras voces, otras instancias de un contrapunto de ángeles como parece sugerirlo el poeta. Cualquiera de los textos de este libro es digno de un comentario, pero si uno deseo destacar por su artística composición es el titulado “Porque el verbo es la esencia de los desconocido”. Pulido describe con soberano dominio los intersticios de una imagen que nada tiene de gratuita, la mirada penetra espacios inverosímiles y desde la entraña de lo más oculto se hace testigo de las metamorfosis de las cosas. Su arte de miniaturista se presta para el puro goce estético:


En la corteza estriada mueve sus alas tenues,

el ser mimetizado

sé que también mis labios agitados se esconden

en un cuerpo leñoso

la mariposa existe y le doy su lugar

de bello silencio estructurado en polvo

aunque no conozca mi lenguaje

yo vivo para nombrarla

y ella existe para no escuchar


Luminosa condensación lírica ese “bello silencio estructurado en polvo” con el que nos da cuenta de la mariposa. En los versos siguientes el poeta sigue con su entreverado estilo de oposiciones para continuar con el murmullo de su “rezo”:


Puedes rezar sin palabras un sentimiento mudo

pero se vestirá de sílabas

si se rompe el columpio de la niña

y recuerdas el nombre de la piedra






Es ese decir desenfadado que nos advierte de lo que potencialmente está ahí aunque no se manifieste, porque son las sombras que arrojan las palabras y que solo el poeta con agudeza e ingenio registra esas criaturas de lo cotidiano, con su personalísima visión, para que sintamos el acto de la creación como advenimiento de la primera vez. Así se estila y se destila la poética de José Pulido.


Igual sentimiento despierta en nuestra lectura su antología “Nunca es un artificio el nuevo exilio”, el mismo desparpajo, el mismo tono satírico porque la vida es un eterno despecho y la errancia parece estar, en el hado de cada ser humano, en ese nuevo éxodo cuya tierra prometida para los migrantes es algo etéreo como el cielo.


Se queda en pelotas el poeta cuando advierte que declina la recta humanidad que lo antecede; observa, menudea su espíritu ante lo que la vida puso en baja en un desfalleciente, fallido país, “país kamikaze”, en el que la vejez no tiene cabida y morirse tampoco. “Épica mínima” llamó la poeta Márgara Russotto uno de su libros de poesía, conseguimos aquí los mismos acontecimientos de los habitantes en ese espacio íntimo de la casa. Dice Márgara: “La miseria/ es también/ esta hilera de libros/ como en pánico abrazados/ entre letras de polvo./ Alucinadas sus tapas/ por el hongo del tiempo/ nada es discernible/ y cúbrense de espanto ante el grito del vendedor/ degollado/ con su cesta de flores,/ Que se caigan y floten/ estas tiránicas páginas/ a los pies aquellos de tanto camino torcido/ mezclándose en el lodo” (“Épica mínima” ‘Pensamientos de bibliotecaria’, Caracas, Edición Cultura Universitaria, 1996).


Márgara Russotto

 Ya podemos advertir cómo los viejos y magnos eventos de la épica se han desplazado a lo lírico cotidiano, al acontecer de nuestras ciudades, de nuestros hogares. La épica es el “género poético primordial” nos señala Jorge Luis Borges: “En la épica está el tiempo, en la épica hay un antes, un mientras y un después; todo eso está en la poesía”. (“Siete noches”. ‘La Divina Comedia’. México: Fondo de Cultura Económica 1995). Con la poesía de José Pulido esa épica, lo lírico cotidiano, alcanza su punto álgido entre la celebración, la errancia y el desencanto. “Se necesita un diccionario del olvido”, escribe el poeta; así nos hablará de “metáforas lisiadas”, “Si quieres suicidarte en la amada Caracas sal a buscar cebollas”; “Siento que mi cuerpo foráneo inverosímil/ nada tiene que ver con el muchacho que mira desde adentro”. Majadero y burlón, echará por delante su propia condición de ciudadano en caída libre:


Comencé a sentir las desventajas de la tercera edad

cuando en el fragor del Metro una muchacha abandonó su puesto

y me dijo ignorando mis fuerzas literarias

—siéntese, abuelito—

el escote de su vestido surgió como un avión

sobre esta isla emergida en 1945

y mis ojos no tuvieron tiempo de rasgarse


Para cerrar cito aquí su velado epitafio, por aquello de que uno nunca sabe y en el carro del implacable tiempo vamos todos:


No podría saltar un charco de agua

sin fracturarme un fémur

cuando muera no digan “vuela alto”

porque no podré hacerlo

aunque me salgan alas de ángel o de cuervo

no podré volar alto

siempre he sido muy torpe con las alas

sé que me golpearé con postes y azoteas

Tengan piedad de mí



FAIM ! Session du 3 mai - José Pulido

20 Visualizaciones desde el 22 jun de 2020 hasta la fecha de publicación de esta entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=F2ZJiBGXsTk&pp=ygUdam9zw6kgcHVsaWRvIHBvZXRhIHZlbmV6b2xhbm8%3D


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Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.



Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.


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Ramón Ordaz (El Tigre, 1948). Poeta y ensayista venezolano. Licenciado en Educación por la Universidad de Oriente (UDO), tiene una maestría en Literatura Iberoamericana por la Universidad de Los Andes (ULA). Autor de los libros Esta ciudad, mi sangre (1975), Potestades de Zinnia (1979), Entreveros (1985), Antología del otro (1990), Diario de derrota (1993), Kuma (1997), En los jardines de Colón (1998), El pícaro en la literatura iberoamericana (2000), Profanaciones (2002), Albacea (2003) y El mar es nuestra sed (2007). Ganador del Premio Conac de Poesía (1991) y del Premio de Poesía Bienal Literaria «Teófilo Tortolero» (1996). En 1992, publicó su experiencia con la poesía gráfica bajo el título de Grafopoemas. Fue el editor de la revista En Ancas. Dirigió el Centro de Estudios Literarios «José Antonio Ramos Sucre».



https://tiberiades.org/?p=6202



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José Pulido: Blade Runner, Es un filme cuya posmodernidad solo es superada en belleza por Cien años de soledad.




JOSÉ PULIDO Y LA VELOCIDAD INVISIBLE.




viernes, 12 de julio de 2024

Ramón Ordaz a José Pulido: Aquí todo es nostalgia, porque la incertidumbre es nuestra reina de belleza. A ella cantamos

 




Ramón Ordaz: “Se es poeta por la gracia del dios que te acompaña”



Tiberíades agradece a José Pulido, destacado poeta, periodista y narrado venezolano, residente en Génova, por habernos permitido difundir esta excelente entrevista.


UN LIBRO PUESTO AL SOL COMO EL PESCADO SALADO.


Ramón Ordaz es uno de los hombres que se parecen más al mar, porque es un poeta que contiene en las profundas simas de la sinceridad todas las notas que pronuncia el mar cuando canta. Cuando embruja. Cuando forma parte de tu vida. El mar que hizo los tiburones y las sirenas. El mar ese que nos inventó mientras se acostaba y se mecía con la luna.


Ni siquiera la vez que construyó el lenguaje poético visible que llamó Grafopoemas, (creado para ser visto y averiguado en la idiosincrasia de sus letras y sus formas) nunca perdió el ritmo de lo que decía, ese sonoro vaivén que te va tocando con su poesía hasta que la parte pétrea del alma se emociona y acepta que el oleaje la transforme.


Cuando dices mar dices adiós y cuando pones en juego un adiós surge la posibilidad de que retornes, de que haya un muelle, un puerto, otra orilla esperando. Y se te vienen encima las imágenes azules, las quillas, los velámenes, los mástiles, las gaviotas y el sol convirtiéndose en un incendio que va del verde al púrpura. Y un olor de algas que atraviesa las noches y los amaneceres.

El mar de Ramón Ordaz no es solo ese que nos transforma en hijos de la playa con el bautismo del agua de coco y con una ostra para probar las carnes del silencio; no es el mar que se le perdió a Homero con todo y Ulises. El mar de Ramón Ordaz es el que inventa islas a lo largo del día para apartarse del bullicio mecánico. Ese mar suyo que contiene todos los rumbos y todos los vientos, a veces queda encerrado en un verso; es un cachorro de mar, un mar en su infancia, y el poeta lo cría hasta que crece como un canto que parece huracanado, pero en realidad nos va reconstruyendo interiormente con un soplo de libertad serena.


Su mar lo acompaña cuando lee, cuando duerme y en el momento en que despierta sigue a sus pies como el mejor amigo. Es el oleaje donde viven y saltan los cardúmenes de palabras gestadas en la lengua del tiempo. Ahí, en esas aguas donde el poeta pesca la palabra precisa. La palabra sagrada. La palabra de plata. La perla de su amor.



Estoy hablando como si fuera una misa de admiración. Porque en estos días, sus lectores, sus amigos, estamos celebrando que la Editorial La Castalia y Ediciones La línea Imaginaria, han publicado en la colección Alfabeto del mundo, el libro Obertura de mar con un amoroso empeño, con un estilo que hace de la obra un objeto de arte en toda su extensión.




En el prólogo que escribe Gregory Zambrano se descubren también los sabores del libro: “Apertura y comienzo del viaje hacia el principio de los tiempos, de los primeros versos escritos sobre los hombres trasegando las aguas al vaivén de los velámenes. El origen: la presencia de Ulises en batalla contra el destino; viajero extraviado, dueño del mar y astuto evasor del canto de las sirenas, nos pone frente a los motivos múltiples del viaje, pero no de un viaje cualquiera, sino el de la introspección, del despojo y la soledad. La mirada que apuesta por buscar la luz del faro en la oscuridad, tal vez la esperanza. También nos trae el mar de Baudelaire, que permite al hombre contemplar su alma reflejada en las olas agitadas. El mar necesario, amplio y enigmático, o tan pequeño que abarca el tamaño de una ostra, que cabe todo en una gota de luz. El mar del origen, alfa de ese mundo desconocido que ilumina la vida y alberga los misterios oscuros de la muerte. Y en el medio, el hombre como una isla en la intemperie, solo, balbuceando las palabras primigenias, colmadas de sal y viento”.


Y las fotografías son del fotógrafo invitado Juan Carlos Astudillo Sarmiento, poeta y escritor también, quien ha publicado once libros de poesía, investigación y fotografía.


Ahora pongo un poema de Ramón Ordaz, antes de que la entrevista se acelere:


CAMINO HACIA LA BAHÍA

Me perdí en la noche de puertos

hechos a mi manera;

mar de leva en mi costado izquierdo,

azotando, azotándose

en su libre albedrío por los acantilados,

frugal el paso por los litorales;

perro nostálgico husmeando en las arenas,

buscando entre moluscos y algas

el eslabón perdido





LAS COORDENADAS DE RAMÓN ORDAZ


Ramón Ordaz. Escritor venezolano en los géneros de poesía y ensayo. Licenciado en Educación (Mención Castellano y Literatura, Universidad de Oriente). Magister en Literatura Iberoamericana (Universidad de Los Andes). Director-fundador de la revista de Arte y literatura En Ancas (Caracas, 1976-1981, 9 números). Director del periódico Oriente Universitario (Cumaná, Julio de 1981 a noviembre de 1983). Director del Centro de Actividades Literarias “José Antonio Ramos Sucre” (Cumaná, 1983 al 2000). Director-fundador de la revista Trizas de Papel del Centro de Actividades Literarias “José Antonio Ramos Sucre” (13 números). Director de la Revista Latinoamericana de Poesía Poda (13 números).  Ha participado en diversos congresos y simposios sobre Literatura en Venezuela y el exterior. Algunos títulos de su obra: Potestades de Zinnia (Caracas, 1979); Antología del Otro (Caracas, 1990); Grafopoemas (Barcelona, 1992); Diario de Derrota (Caracas, 1993); Kuma (Caracas, 1997); El pícaro en la literatura iberoamericana (1era. Edición: México, 2000, Biblioteca de Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México; 2da. Edición: Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2007); Profanaciones (Mérida, 2002); Albacea (Barcelona, 2003


LA ENTREVISTA


-Tus lecturas ¿en qué han variado?

-Mis lecturas han mantenido siempre la misma dirección. Leo textos de historia como quien atraviesa un camino minado. Nunca he tenido fe ciega en el texto histórico; me sirvo de él como guía, pero sé que está lleno de falsedades, de invenciones que nos han vendido las generaciones que han sido sus artífices y falsarios. La historia la disfruto como ficción, no se equivocaba Ramos Sucre cuando advertía que lo único que se podía hacer con la historia era falsificarla, vale decir, falsificar lo que de suyo es falso. Hizo poesía de la historia. El idealismo de la historia ha propiciado leyendas y mitos por los que luego veremos correr ríos de sangre en defensa de verdades que no existen. El político, con una buena dosis de ignorancia en su currículum, sacará de esos estercoleros todas las argucias posibles para arrastrar a otros más ignorantes que él y llevarlos al combate por el poder, que luego derivará en venganzas, retaliaciones, guerras fratricidas y todo un mundo en discordia, es decir, un viejo libreto sin final; no, sí tiene un final la historia: la estupidez. En la misma dirección leo buenos textos de ensayos, poesía, las obras clásicas que son inagotables. No me seducen novedades o experimentos escriturales ni autores de moda.


No leo por leer a un autor, leo porque ando tras el rastro de algo, porque sospecho que en alguna obra posible debo hallar un punto de encuentro, un espacio para alcanzar la identidad con el otro. De no darse esa empatía, lo abandono, no me interesa. ¿En qué ha variado mi lectura? Muy poco, creo que siempre leo lo mismo, que me doy el placer de volver atrás porque tengo la sensación de que he dejado páginas abandonadas y tengo el deber de rescatarlas. Leo, tal vez, con más intensidad y pasión porque el tiempo no se detiene. Ah, leo a mis contemporáneos porque ¿de qué otra manera puedes establecer un diálogo?


-¿Ha cambiado tu poesía? ¿En qué ha cambiado?

-Soy muy malo para los autorretratos, José, de manera que saber yo si ha cambiado mi poesía es una tarea de revisión que no hago. Tengo pereza, no lo hago, no leo mis libros anteriores; cuando por alguna circunstancia tengo que hacerlo, soy duro e implacable con esos textos, cuestiono esa ligereza con que salieron a la luz. Quisiera llegar a ese momento numinoso del extrañamiento, a esa relampagueante pregunta ¿y esto lo escribí yo? ¡Qué maravilla! Esa instancia, ese clímax es el más deseado por un creador. De allí que no siempre estemos conscientes de lo que vamos dejando atrás. Tengo dos libros inéditos en los que presiento que otra suerte de escritura, otros ritmos asoman, pero lo importante, a fin de cuentas, es que en ellos siempre estén los ecos de una voz que se repite, tu voz; nuestro deber es traerla, invocarla, otorgarle diafanidad en nuestra escritura para que sea, para que lave, si es posible, cualquier mala conciencia de nuestro paso por la vida. Hay voces que llegan, te seducen, te maravillan, lo importante es saber que no son tuyas, que debes desecharlas.




-¿Cuál de tus obras te satisface más a estas alturas?

-Si me pongo inquisidor, te diría que ninguna; por una sencilla razón: lo que ha quedado atrapado en esos libros son criaturas que también tienen su tiempo de vida, a veces caducan, o mueren, y qué otra cosa podemos sentir sino es desasosiego porque somos los culpables de la presencia de esos huérfanos en la calle. Ellos como nosotros vamos de tránsito. El lector es inteligente, le paga con ignorarlos, con no mover nada de ese lúgubre silencio. Potestades de Zinnia fue un libro que me gustó mucho, es un solo poema que corre paralelo con el que va integrándose como otro texto en los títulos. Tiene cierta gracia que trasciende, que la hace aceptable. Kuma es un poemario breve que tiene su extensión en “Obertura de mar”. “Obertura” ha estado en la curtiembre durante años, ha sido aireado y puesto al sol como el pescado salado. Son muchas las especies que podríamos encontrar allí, y como apenas ha salido a la luz, espero que sea consumido antes de que se descomponga. Aquí tengo que ser leal, ha sido un fiel compañero de viaje durante estos años, no puedo hablar mal de él. Habrá a quien le guste; habrá a quien no. La poesía es rizomática, estamos escribiendo y reescribiendo siempre el mismo poema, ese poema que es nuestra vida y se engasta y desgasta en esa marea de las palabras.



¿Es la poesía una esencia de toda tu escritura?

-Lo suscribo totalmente. Baudelaire decía “Sé siempre poeta”, lo que no significa que por cualquier bagatela estés excretando poesía. Ser poeta lo interpreto como asumir un sacerdocio. Nada hay escrito al respecto, porque los augures nunca llegaron a escribir manuales de predicción, escribir una guía para las profecías, pero cuán importante ha sido su oficio en la historia de la humanidad; igual que los chamanes, los infaltables pensadores de la tribu, esos desprendidos personajes que vinieron con la misión de echar las cartas con la inculta lengua de los antepasados. Eso ha ocurrido siempre, los servicios de la pitia, bajo distintas máscaras, se manifiestan en nuestra vida cotidiana.


El poeta es aquel que se ha apropiado del logos, esa palabra que ha sido la matriz de nuestra cultura, y de ese Logos, que es universal, se desprende, no hay por qué dudarlo, un logos lírico, ese espíritu que disiente, que se rebela, que interroga, que advierte, que se extasía en la palabra, no con vocación intemperante, violenta, sino como destello que se piensa a sí mismo, como silencio que articula las voces ocultas, que puja y repuja cada oficio de esa palabra que no le pertenece, que es prestada, y que no deja de ser un compromiso y una responsabilidad colocarla en el mundo de los otros. Un auténtico poeta, eso creo, no propongo recetas, la palabra de que es dueño transitorio debe contemporizar con cualquiera de sus manifestaciones. Es un credo, el que debe estar presente en sus múltiples acciones. Se es poeta por la gracia del dios que te acompaña, no por el capricho o la obstinación de querer serlo, porque da prestigio y crea privilegios. He conocido excelentes poetas que apenas si dejaron a su paso unas pocas líneas. Me intriga Joubert, quien soñaba con expresar en una página todo el decir del mundo.


-¿El mar? ¿No es como un diccionario anímico? ¿Tu libro reciente estaba en el mar desde que comenzaste a escribir?

-Te agradezco la pregunta. “Un diccionario anímico”, claro que sí, sus páginas están allí, cualquiera puede consultarlas. El mar se rebela, desvela, vela y revela también. Todos somos sus lectores, con la inevitable diferencia de que cada traductor, cada intérprete da a conocer su versión de esas inconsolables páginas, porque el mar nuestro de este tiempo aciago más que retozar en la orilla, llora. Una lectura a fondo de Obertura nos revelaría el desencanto que corre por sus páginas. He tratado de jugar con lo que a primera vista parece maravilloso, deslumbrante, pero en ese contrapunto de voces del mar, se esconde una dolorosa pérdida, una tragedia para la humanidad.

No somos tierra, somos mar, y el deterioro que padece, los deshielos, la basura terrestre que ensombrece ese cristal que nos otorga transparencia y vida, corre peligro en cada una de sus orillas en el mundo. “Obertura” no es una catarsis, es algo que nos sobrecoge, nos perturba, nos tiene en la orilla del acantilado, próximo a la caída, a presentir el no deseado espectáculo del Apocalipsis. Si esto que expreso no está en ese libro, tendría que confesarte mi desilusión, he fracasado, qué prematura ha sido la muerte de otra de mis creaturas. No nos achicopalaremos mientras el logos lírico esté vivo.




-¿Recuerdas el momento en que sentiste que serías escritor? ¿Qué te movió para seguir ese destino?

-Es posible que existan esos actos de anunciación. No gozo de la dicha de ser un iluminado como ocurre a otros. Te cuento que, estudiando bachillerato, en tercero o cuarto año, no recuerdo, me peleé con mis compañeros de estudios durante el recreo porque apresaron una lagartija y empezaron a jugar voleibol con ella. Como pude, rescaté el indefenso y maltratado animal y lo devolví al monte. Me burlaron, me ridiculizaron. Regresé a casa de mis padres deprimido, triste. Me desahogué escribiendo un texto que titulé “Elegía a un saurio”. Se lo di a leer a unas primas y a unas amigas. Me llega el recuerdo de alguna de ellas que soltó esta frase: “Tú como que si eres poeta”. Olvidé el texto y olvidé el hecho. Estimo, en mi ingenuidad, que aquello era una huella, una sombra que te persigue. Por aquí andamos todavía, perseguido por las sombras, porque son ellas las que pueden hacer luz, ponerte en el camino de la diferencia.



-¿No te sucede que a veces puedes comenzar un poema a partir de una frase o de una imagen que se ha ido?

-Las imágenes, las frases llegan como impromptus. Son remanentes de un sueño; atajos de la memoria que busca liberar la sobrecarga de tantas cosas contenidas. Me han llegado versos luminosos, como dictados por alguien, y si no lo registras a tiempo se escapan, y la memoria, sabia, los deja huir. Tú lo interceptaste, no era para ti ese mensaje. Hay los que revolotean como estribillo, persisten, continúan repicando como una señal que debes atender. Esa es la tesis de correlación orgánica de Cuvier: “Dadme un hueso y reconstruiré el animal”.


-¿Qué valoras más en este tiempo?

-La familia es fundamental, no voy disertar sobre lo imprescindible, lo prioritario que nos tiene en la vida. Luego están los amigos, los que nos van quedando en esta tempestad que corre para tres décadas sin mayores acontecimientos que celebrar, porque la vida sin celebración no tiene sentido. Para los antiguos y para los modernos, la vida está concebida como fiesta, como ágape de agradecimiento, y en eso no hay discordia posible; habitar el mundo no tiene sentido sino lo mueven esos ímpetus de encontrarse y reencontrarse para compartir los excedentes. Andamos cargados de cariños, de afectos, de luces, de ilusiones; qué necesarias y óptimas son las ilusiones, sin ellas, como diría Pursewarden, ese ecuménico personaje del Cuarteto de Alejandría, nunca nos enamoraríamos, y no hay que temer a las desilusiones, son parte del juego del mundo.


Yo he sufrido la pérdida de familiares porque han muerto, pero se padece más largamente cuando se van por el camino del exilio. Es un dolor recurrente. Se padece peor cuando son amigos de toda la vida, y la ingrata como esterilizante política los pone en el camino del vía crucis: que renuncies a acompañarlos en el tránsito de ese calvario por donde llevan sus muertos, te convierte en un estigma para ellos, en un indeseable. Somos seres marcados por gente que se apropió de la “verdad”. Nosotros moriremos buscándola.  Esos amigos que se torturan con la ideología son nuestros satanes. Dios y el diablo en la tierra del sol, recordemos a Glauber Rocha, esa es nuestra comedia y nuestra tragedia. Muchos amigos deben estar felices en esta contienda, espero que sí; que hayan pateado la amistad se agradece también, porque nos nacieron ojos en la espalda. Oh, maravilla de mundo, nunca dejes de asombrarme.





-¿Cómo has vivido la pandemia?

-Hemos vivido ese peligro con mucha cordura. Cuidándonos, como manda el deber. No es mucha la diferencia con la pandemia-país. Si se trata de escasez, precariedad, incertidumbre, mundo a la deriva, enclaustramiento obligado, ansiedad y pocos horizontes, puedo decirte que corren los años veinte de este siglo bajo el pathos de una política insana, brutal, oscurantista que afecta tanto como el coronavirus.


-¿Cuál es tu nostalgia de mayor peso en estos tiempos?

-Se me ocurre este improvisado texto para responderte. El nostos, la saudade, esa barraquera nuestra, ese despecho, ese cielo nublado, esa cripta en mitad del camino, ese espejismo de ebrias consonancias en los pasos ciudadanos, ese orgullo de arroparnos de otredad en medio de la calle, ese vasto esplendor de lo fugaz, esa circuncisa nada de lo que no hemos hecho, ese canto de gallo en el claror del día, esa creadora omnisciencia de esperanzas, ese postín de trascendencias aldeanas, esas lumbres de Cristos sin audiencia, esa fogata que no aprovecha nadie, ese amar en las puertas del infierno, esos pueblos sin nombre que nacen al vacío, esa pulcra loción de salvajismo que llamamos política, esta herida de contumaz presencia en mi costado izquierdo, este cuero de pobre absolución en la frontera, esta calcinada arteria de lo que fue posible, este vaso que hiere su contenido sin tenerlo, esta búsqueda abstrusa en lo imposible, esta locuaz presencia que busca su reverso en el oculto cieno, este callar inevitable porque alguien llora su soledad conmigo, esa callada prístina novela que nunca escribiré, este húmero hueso que le robé a Vallejo, esta grosería de ser en un mundo al que no pertenecemos, este crítico momento que aspira regresar a la luz, a la simiente donde ha de florecer lo que no somos, este mar que arroja sus alfombras para que todos pasen. Aquí todo es nostalgia, poeta, porque, como nunca, la incertidumbre es nuestra reina de belleza. A ella cantamos.




Ramón Ordaz (foto de J. C. Astudillo Sarmiento)

 


Imagen de cabecera: El poeta Ramón Ordaz (foto de Juan Carlos Astudillo Sarmiento)


Tomado de Tiberíades


POESÍA CON CON NICOLLE 💬 #PBO | Ramón Ordaz











Ramón Ordaz. Escritor venezolano en los géneros de poesía y ensayo. Licenciado en Educación (Mención Castellano y Literatura, Universidad de Oriente). Magister en Literatura Iberoamericana (Universidad de Los Andes). Director-fundador de la revista de Arte y literatura En Ancas (Caracas, 1976-1981, 9 números). Director del periódico Oriente Universitario (Cumaná, Julio de 1981 a noviembre de 1983). Director del Centro de Actividades Literarias “José Antonio Ramos Sucre” (Cumaná, 1983 al 2000). Director-fundador de la revista Trizas de Papel del Centro de Actividades Literarias “José Antonio Ramos Sucre” (13 números). Director de la Revista Latinoamericana de Poesía Poda (13 números).


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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.


Ha participado en diversos congresos y simposios sobre Literatura en Venezuela y el exterior.

Algunos títulos de su obra: Potestades de Zinnia (Caracas, 1979); Antología del Otro (Caracas, 1990); Grafopoemas (Barcelona, 1992); Diario de Derrota (Caracas, 1993); Kuma (Caracas, 1997); El pícaro en la literatura iberoamericana (1era. Edición: México, 2000, Biblioteca de Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México; 2da. Edición: Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2007); Profanaciones (Mérida, 2002); Albacea (Barcelona, 2003).