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sábado, 10 de marzo de 2018

Santiago Key-Ayala: Autobiografía en monosílabo trilítero




Estimados Amigos

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes un texto que nuestro amigo Pedro Téllez dedicó a los monosílabos trilíteros del escritor venezolano Santiago Key Ayala. Este texto fue publicado en la edición del año 2007 del libro Cateos de Bibliografía de Santiago Key Ayala realizada por el Fondo Editorial del Caribe.

En esta edición el prólogo fue realizado por el escritor valenciano Carlos Yusti. En este texto Yusti afirma: "Santiago Key Ayala (1874-1959) es un escritor que ha pasado si no inadvertido por lo menos subvalorado el el contexto literario nacional. Algunas antologías de ensayistas lo incluyen, pero haciendo énfasis en sus escritos de caracter historico como para cumplir con el encargo de no excluir a nadie.

La perspectiva distinta sobre este escrior singular me la ofreció Pedro Téllez..."

Disfruten ahora la peculiar perspectiva de Téllez sobre Santiago Key Ayala.




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Pedro Téllez

Santiago Key-Ayala (1874-1959) fue un bibliógrafo "raro", pues no sólo se ocupó de los libros raros y curiosos, sino también de los inexistentes. Propuso una clasificación que incluía libros míticos, quimé­ricos, nonatos, malogrados y ajusticiados; Key justifica esta ampliación de sus investigaciones: "El bibliógrafo está obligado a ocuparse, y lo que es mejor, a preocuparse de esos engendros, de los cuales unos jamás existieron; otros, fueron concebidos y no llegaron a nacer; otros no nacieron viables; otros tuvieron muerte accidental y prematura; otros en fin, fueron ajusticiados, sin que esto quiera decir que su destrucción fuere justa, ni siquiera disculpable" (Key, 1977). Así Key se preocupará por las "Memorias" de Guzmán Blanco; las obras colosales de Félix Bigotte; los manuscritos de Sanz, y las tra­ducciones de Lucrecio; así mismo se pregunta por la obra perdida de Romero García -alguien recordaba un baúl lleno de originales- una Historia de Venezuela escrita en laRotunda por el autor de Peonía; o los recuerdos de Heraclio Martín y las series biográficas de Larrazábal. Todos ellos, libros (quiméricos, míticos, nonatos, malogrados o ajusticiados) que merecieron su atención.

Santiago Key-Ayala

Es importante recordar, sobre todo aquí en Valencia, que fue Key quien dio por finalizada la polémica en torno al "raro y misterioso" libro de José Luis de Cisneros Descripción exacta de la provincia de Benezuela. Key demostró que fue editado en Valencia de España y no aquí en 1764, como algunos postulaban.



El título de esta nota es "Key, monosílabo trilítero y bibliógrafo", pero bien pudimos agregar "hemero-bibliógrafo", pues se interesó igualmente por revistas y periódicos. Realizó breves biografías de revistas "fenecidas" como el Semanario de Caracas donde colaboraron Miguel José Sanz y José Domingo Diez; también sigue el rastro a una publicación hebdomadaria como se decía entonces, o semanal: El Ca­nastillo de Costura que como su nombre sugiere era destinado a las mujeres; El Orbe, un periódico que medía 66 x 45 mms. y en papel satinado incluía editorial, crónica, poesías, proverbios y "se dejaba leer" literalmente de un tirón -micrografía titula Key ese ensayo-; el Parlamento, de una hoja, y el Centenario de Páez, de cuatro, eran diarios políticos; El Zulia Ilustrado, mensual, que circulaba desde 1888: "Con el principal objeto de dar a conocer en el resto del país y en el extranjero al Zulia con todas sus producciones y bellezas"; además de la América Ilustrada y Pintoresca, y de la Revista Universal. Todas ellas publicaciones del siglo XIX venezolano, del cual Key era un experto.



Las revistas reseñadas por Key eran tan anacrónicas como al lector de hoy podrían parecerles las publicaciones periódicas desde donde el mismo Key escribía, y, en cuyas colecciones reposa la mayor parte de su obra. "Recuérdese que a los 60 años sólo había publicado folletos, traducciones, muchos artículos de crítica los más con el seudónimo de José Montenegro" (Guerrero, 1976). Publicaba en El País, El Pregonero, El Tiempo, El Progresista, hoy prácticamente desconocidos. Anota Carreño que "además, ha sido colaborador de Ciencias y Letras, Cosmópolis, El Cojo Ilustrado, Atenas, Sagitario, Élite, Bitácora, Revista Nacional de Cultura, y otras" (Carreño, 1952). De esta última, la Revista Nacional de Cultura en su etapa 'Pereira' debemos aclarar su situación especial: muerta en vida es doblemente anacrónica. Hasta su muerte -volvemos a Key, vivió 85 años- colaboró en El Universal y en El Heraldo, firmando como Montenegro o como S. K. A, para protegerse de un público que creía potencialmente agresivo, punto éste que desarrollaremos más adelante.



Key escribió sobre las revistas y desde las revistas, pues no fue precisamente un "hacedor de libros", su obra está descentrada, y sus libros propiamente dichos serán las selecciones de un octogenario. Cuando se publica en 1952 el libro clave Motivos de conversación. Monosí­labos trilíteros de la lengua castellana, su bibliografía para la fecha incluía 18 "entradas": dos libros nonatos, una traducción de Martín- Maillefer, cuatro discursos y una decena de folletos que integrarían sus obras selectas; para 1952 se mencionan con sus títulos quiméricos nueve libros inéditos y seis míticos libros -en preparación- incluyendo una His­toria de las exploraciones del alma de Bolívar. Con estos rasgos editoriales Key será paradigmático de toda una generación, citemos a Oscar Rodríguez Ortiz, justificamos lo extenso de la cita: "La dilatación productiva de Santiago Key-Ayala (sobrevivió temporalmente a todos sus contemporáneos) y la contracción literaria de Cesar Zumeta actúan como signos del ensayo venezolano y de la vida intelectual de ese tiempo y otros: los libros tardíos o postumos, la duda del libro y el rechazo a la superstición del libro, como la ha llamado Luis Beltrán Guerrero. Su coyuntura de silencio fortalece el papel de la crónica y el artículo en el ciclo positivista y modernista y da bulto a la ensayística. A ella confluye la actualidad de muchos órdenes: desde la política a la información y la crítica. Sus extremos son la paradoja de la literatura venezolana y de la historia de sus signos escritos: una cultura de la necesidad fragmentaria del momento. Inconscientemente hay el reclamo de lo mayor, la angustia de lo que no se fija en libros para permanecer, la exigencia de una obligación social de concluir en lo palpable, la impertinencia de lo que no cuajó organizado y se disgregó. Pero para el hecho hay una racionalización verosímil: todo el país conspira contra lo orgánico. También los tiempos fueron y serán malos como excusa. Sin embargo, la concreción literaria tropieza con la gravedad frecuente: el tamaño inflacionario de las letras del país, el dilema de lo que perdurará. Hay todavía una penúltima pena: toda esa literatura que, por dispersa en revistas y periódicos, no ha pasado a la historia o lo hace lentamente, dejando siempre incompleta la verdadera fisonomía de los géneros, la del ensayo, entre otras" (Rodríguez, 1999).


El boxeo de sombra. En la penúltima pena señalada por Rodríguez Ortiz, también es Key paradigmático: su rostro de ensayista está desdibujado en el disperso conjunto de sus trabajos; se puede decir que su existencia editorial y "bibliográficamente hablando" se debe a las Obras Selectas de Ediciones Edime preparadas por Key en 1955, y donde se reeditan completos los Motivos de conversación. Monosílabos trilíteros de la lengua castellana; de estas Obras Selectas hay otra edición de 1977. Se trata de una serie de "clásicos y modernos hispano­americanos" que incluía a Uslar, Picón Salas e Iragorry. En una reseña de la época, escribe Grases: "De los cuatro tomos publicados, cada uno tiene su significación y valía. El del Dr. Key-Ayala, nos parece el más trascendente por las enseñanzas que brinda a los lectores actuales" (Grases, 1967). Grases le compara con tres de los mejores ensayistas venezolanos (si no los mejores) y considera a Key y su libro "El más trascendente", pero su valoración se refiere a la labor investigativa de Key, y que contrapone al '"rol" de ensayista: "Otros gustos y otras preferencias atraen a los nuevos escritores, impulsados probablemente por la brillantez de difusión y consagración, más rápidamente lograda con la literatura de creación, o con el ensayo y la glosa crítica. El camino de la investigación apenas se ve transitado y, desde luego, se advierte un claro menosprecio por los trabajos bibliográficos que en el común sentir equivalen casi, a malograr tiempo y posibilidades de talento" (Grases, 1967). Grases enfrenta al ensayo con las investigaciones bibliográficas, una reedición del pugilato entre la crítica literaria y el género ensayístico; lo interesante es que esa misma contradicción está resuelta favorablemente en el seno de la escritura de Key, pues sus "investigaciones" no son sino ensayos donde el contenido merece su continente y, la ironía que les recorre convoca más al goce del lector que a su sabiduría. Creemos leerle a la luz que el mismo Key irradia a sus "Conversaciones". Pero ya Grases advierte: "Sé que se me objetará que es más decisiva siem­pre la obra de creación y que con la investigación y la crítica se va a remolque de lo que entrega a la historia el novelista, el poeta, el cuentista, el ensayista o el dramaturgo. Reconozco que tiene razón quien así replique, pero no toda la razón, porque la parte que en toda cultura corresponde al trabajo de crítica erudita y bibliográ­fica es, también indispensable, no tan sólo para que el conjunto cultural tenga fisonomía armónica y no adolezca de la carencia de elementos del propio haber civilizadores, en cada país, lo que da buena porción de alma y espíritu a la creación estética" (Grases, 1967). ¿Cómo no estar de acuerdo?



El libro llave de la primera mitad del siglo XX venezolano. Más allá del boxeo de sombra entre el ensayo y la crítica, en las obras de Key -es decir, en las "selectas"- encontramos una convergencia desde la periferia de sus escritos, hacia los Motivos de conversación: desde el culto al héroe presente en su Vida ejemplar de Simón Bolívar, y la recopilación de su descendencia lexicográfica, hasta los Cáteos de bibliografía y su aluvión hemerográfico; de las anécdotas en Long. Primero a los textos que reflejan 'momentos de vida y literatura" se preparan tanto el escritor como el lector para los Motivos de conversa­ción. Monosílabos trilíteros de la lengua castellana. En verdad sólo por esos ensayos breves Key se ubicaría en una posición comparable a la de Uslar, Picón o Iragorry, y con un nivel de escritura ensayística quizás más trascendente.



¿Quiénes o qué son los monosílabos trilíteros? Citemos a Key: "Están constituidos por una vocal entre dos consonantes. Pueden considerarse los átomos del idioma. La vocal hace de protón. Las con sonantes, de electrones. Además, la consonante inicial y la final poseen cargas eléctricas diferentes, una especie de sexualidad que les impone funciones bien distintas. El núcleo del vocablo es con toda evidencia, la vocal. Ocupa el centro y determina la sonoridad del vocablo. Hija de la idiosincrasia de las lenguas, la sexualidad de las letras se aprecia por su conducta en los ayuntamientos de los cuales se forman las sílabas" (Key, 1952). Los trilíteros sobro los cuales nos invita a dialogar son: Bahi, Boj, Cal, Can, Cid, Col, Coz, ('hal, Don, Dos, Faz, Fin, Gas, Haz, Hez, Hoy, Hoz, Lar, Ley, Lid, I .u/. I l;n Mal, Mar, Mes, Mil, Non, Paz, Pan, Par, Pez, Pie, Pre, Pao, Pus. Ras


Arturo Uslar Pietri

Red, Rey, Ron, Ros, Sal, Sed, Ser, Sol, Son, Sor, Sur, Tez, Ton, Tos, Tul, Vez, Vid, Voz.


Pedro Grases

El libro se inicia con el monosílabo Pan, y culmina con el monosílabo Fin. La bella edición de la Línea Aeropostal Venezolana finaliza con el monosílabo Key, redactado en homenaje modernista por Luis Villalba Villalba. Le denomina: "Llave que abre el escriño de su amistad sin salvedades". Buscamos en el diccionario la palabra "escriño" que creíamos un diminutivo de "escritura", pero en realidad su significado es otro, y el diccionario reporta dos acepciones: cesta de mimbre que sirve para dar de comer a los bueyes, y una segunda acepción -seguramente preferida por Villalba- la de cofrecito para guardar joyas. Nosotros nos quedaremos con ambas definiciones, tanto joyero, como recipiente para que coman las bestias. Así, buena parte de nuestros críticos e historiadores de la literatura le han leído como bueyes, han pasado de largo frente a los valores artísticos de estos ensayos breves. Pocos son los que dentro del público han leído en él un joyero. Entre ellos Carreño, Luis Beltrán Guerrero, Vicente Gerbasi, Paz Castillo o Carlos Yusti. Todos ellos artistas también.



Alguien del público opina sobre Key. Eduardo Carreño, poeta, pero hoy más (des) conocido tanto por la confusión con el autor de un manual de urbanidad, como por su vida anecdótica de venezolanos, que dicho sea de paso, ambos -el de "Eduardo" y los otros fundamentales para comprender la vida cotidiana en nuestro siglo XIX. El gusto por las anécdotas de Eduardo Carreño está presente en otros escritores como en el Key que prologó el volumen, y sirvió de fuente para algunos textos. Pues bien, también Carreño prologó la primera edición de Motivos de conversación. Monosílabos trilíteros de la lengua castellana; allí escribe: "Caso curioso, Key-Ayala, que lleva en su propio nombre el trilítero Key, manifiesta su mayor simpatía hacia los monosílabos sustantivos que asumen relieve y acortan las frases en que figuran. Y entre ellos los que juntan en una sílaba tres letras. Dentro de la estrechez de esos límites, su ingenio se asutila y saca a relucir tal cúmulo de conocimientos, que asombra y maravilla. Encierra en cortas páginas un mundo de ideas" (Carreño, 1952). Buscando una radición para estos textos, Carreño declara que "su prosa de pura estirpe castellana, viene en línea directa del siglo llamado con toda propiedad de oro" (Carreño, 1952).



Otro lector (y escritor) en la misma línea de Carreño nos precisa que Key: "Tiene la estirpe de Gracián y de Azorín, aun cuando no alcanza la gracia en el vocablo de uno, ni la emotividad en el paisaje del otro" (Paz, 1964). Paz Castillo destacará el volumen que motiva esta charla: "entre los libros de Key-Ayala es de particular interés, por su variedad e ingenio, ese tratado gracianesco titulado Monosílabos trilíteros de la lengua castellana, en el cual se muestra, desde el mismo epígrafe del volumen, el virtuosismo del autor en el idioma. Obra de experiencia y de saber. En ella Don Santiago derrama en cada trilítero escogido para la prueba, como en un pequeño vaso hábilmente labrado, todas sus observaciones acerca de las palabras, del arte y de la vida. Los párrafos de cada uno de los artículos que integran el texto, son una urdimbre de conocimientos múltiples, unidos principalmente por el ingenio del autor y por el espíritu de la obra" (Paz, 1964).

Luis Beltrán Guerrero


Luis Beltrán Guerrero nota en el estilo de Key: "Metálicos resal­tes; sus metáforas, sus alusiones, constantemente invaden el dominio de la física, ciencia que estudió con predilección, al lado de Alberto Smith. Pudo tener un más extenso nombre en el ámbito de las letras castellanas (...) Nunca publicó en revistas ni periódicos más allá de las fronteras. El interés de sus escritos, máximo interés, es para venezolanos. Mientras el país sea más respetable, no sólo por sus recursos económicos, sino por la moral de sus costumbres y el resplandor de sus ciencias y letras, más se le apreciará" (Guerrero, 1976).


Mario Briceño Iragorri

Key opina sobre el público. Definía en otros el libro de jornal como aquel: "Que no ve la luz de un golpe, sino por anillos, imprimiéndose en el periódico a medida que se escribe". (Key, 1977). Y así debió ser el origen de estas "conversaciones" que en 1947 eran 29 motivos para llegar en 1959 -un año antes de su publicación en forma de libro- a la cifra de 53. También al público confiesa que: "Han venido a mi cerebro y a mi pluma como emanación directa de mi yo más íntimo". Y ahora pensamos en su metáfora del "libro jornal": ¿Qué más del árbol que el dibujo de sus anillos?... Intimidad profanada por el hacha, montejiana hacha de seda, del lector. ¿Es que el yo íntimo se hace poco a poco, pero se muestra al otro de golpe, talado? En las "primeras páginas" de las Obras selectas aclara sus precauciones desde que comenzara a escribir en su adolescencia: "Desde esa remota época, para resguardarme, intenté una separación lo más radical posible entre mi persona y el escritor, entre mi yo efectivo y el otro, entre el que me pertenece por entero y el que pertenece al público, señor levantisco y arbitrario". (Key, 1977). La arbitrariedad de los lectores podría llevar a prostituir al escritor, parece temer Key cuando gracianescamente protesta: "El público pretende disponer del albedrío de quien escri­be para servirse de él a su talante, cual ocurre a las infelices mozas del partido". (Key, 1977).

Pedro Téllez y Carlos Yusti. Fotografía de Yuri Valecillo


Los que le conocieron refieren su carácter difícil, "las peleas con sus contemporáneos", esa actitud del cascarrabias está presente cuando envidia a los autores que han logrado crear un seudónimo célebre y prestigioso, seudónimo que "les sirve de antemural contra el público, mientras, ellos ignorados, y, por lo tanto libres, señores de sus personas, se escurren por entre los demás, cifra de muchedumbres, oscura y autónoma. La personalidad literaria de estos varones prudentes y afortunados emerge de las aguas en que se esconden como un periscopio. El dueño del periscopio se desliza tranquilo mientras el seudónimo carga con la curiosidad indiscreta y agresiva de las gentes". ¿Se trata otra vez de la cerradura del cofre, o del disfraz de cesta para bueyes? Cerradura o llave, hoy aparecen José Montenegro el nombre y Santiago Key, el seudónimo de alguien que evitó la vida literaria. La condición de monosílabo trilítero del tímido autor, autoriza a este público, todavía levantisco y arbitrario, a leer (o conversar sobre) estos ensayos a través de una clave autobiográfica.


Cesar Zumeta 

BIBLIOGRAFIA
CARREÑO. E. (1952): "Santiago Key-Ayala y su obra". En: Motivos de conversa­ción. Monosílabos trilíteros de la lengua castellana. Ediciones Línea Aeropostal Venezolana, Caracas.
GERBASI, V. (1949): "El diálogo y la cultura. Santiago Key Ayala". En: Revista Nacional de la Cultura (Caracas) No. 75, Págs.: 191-193.
GUERRERO, L. (1976): Candideces. Novena serie. Editorial Arte, Caracas.
GRASES. P. (1967): Gremio de discretos. Ediciones Ariel S.A., Barcelona.
KEY. S. (1977): Obras selectas. Ediciones Edime, Madrid.
KEY, S. (1952): Motivos de conversación. Monosílabos trilíteros de la lengua castellana. Ediciones Línea Aeropostal de Venezuela, Caracas.
PAZ, F. (1964): Reflexiones de atardecer. Ediciones del Ministerio de Educación, Caracas.
RODRÍGUEZ, O. (1999): Paisaje del ensayo venezolano. Universidad Católica Cecilio Acosta, Maracaibo.


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Santiago Key-Ayala, bibliógrafo del libro no escrito

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Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Pohttp://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas tangibles y electrónicas hispanas Fantastic-Films NeutrónAlfa Eridiani, Valinor, miNaturaTiempos OscurosGibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en la revista cubana digital Korad y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.


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Pedro Téllez (Valencia, Venezuela, 1966). Ensayista. Conferencista. Bibliófilo. Médico psiquiatra. Ha publicado los libros: Añadir comento (1977). Fichas y remates (1998), Tela de araña (1999), La última cena del ensayo (2005) y Un Naipe en el camino de El Dorado (2007). Ha sido redactor y colaborador en las revistas Poesía y Zona Tórrida, publicaciones de la Universidad de Carabobo. Colaborador en publicaciones periódicas tales como Predios, Arte de leer, Mañongo y Tiempo Universitario. Colaborador en publicaciones periódicas tales como: Predios, Arte de Leer, Mañongo  y Tiempo Universitario. Fue redactor de la revista Zona Tórrida.



25/04/2026

domingo, 6 de agosto de 2017

Santiago Key-Ayala, bibliógrafo del libro no escrito







Estimado Liponautas


Hoy tenemos el agrado de hacerles llegar un nuevo texto de nuestro amigo Carlos Yusti donde rescata del olvido a un excelente escritor venezolano Santiago Key-Ayala.

Deseamos que disfruten de la entrada.

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PRÓLOGO DEL LIBRO CATEOS DE BIBLIOGRAFÍA

Carlos Yusti

En nuestro país una buena porción de escritores se encuentran aho­gados por el ruido y el protagonismo de autores mediocres o de inaguan­table medianía. Escritores olvidados intencionalmente, o sujetos a lectu­ras sesgadas, para no reconocer los valores literarios que puedan tener. Santiago Key-Ayala (1874-1959) es un escritor que ha pasado si no inadvertido por lo menos subvalorado en el contexto literario nacional. Algunas antologías de ensayistas lo incluyen, pero haciendo énfasis en sus escritos de carácter histórico como para cumplir con el encargo de no excluir a nadie.
Pedro Téllez

La perspectiva distinta sobre este escritor singular me la ofreció Pedro Téllez: "...el monosílabo Key, redactado en homenaje modernista por Luis Villalba-Villalba, le denomina: 'llave que abre el escriño de su amistad sin salvedades'. Buscamos en el dicciona­rio la palabra escriño que creíamos un diminutivo de escritura, pero en realidad su significado es otro, y el diccionario reporta dos acepciones: cesta de mimbre que sirve para dar de comer a los bueyes, y una segunda acepción -sin duda preferida por Villalba- la de cofrecito para guardar joyas. Nosotros nos queda­mos con ambas definiciones, tanto joyero, como recipiente para que coman las bestias. Así, buena parte de nuestros críticos e histo­riadores de la literatura' lo han leído como bueyes, han pasado de largo frente a estos ensayos breves". Téllez hace referencia a los ensayos que constituyen el libro de Key, Motivos de conversación. Monosílabos Triláteros de la lengua castellana. Cuestión aplicable a muchos de sus otros escritos. El trabajo ensayístico de Key se adelan­ta y nos salpica la ropa, posee sabor y rubor del escrito hecho sin tiempo, pero con el tiempo justo de la ilustración y la sabiduría. Son ensayos ensamblados de lectura e investigación para ofrecer una visión distinta de lo literario y lo histórico. Key va a los temas con una abultada biblio­grafía a sus espaldas. Luego tenemos la magia estilística concentrada en lo breve y lo preciso. Nada de amaneramientos retóricos, nada de prosa almibarada y rimbombante. Por otra parte, su obra estuvo largo tiempo dispersa en revistas y periódicos que ya nadie recuerda. Téllez afirma que la existencia de Key "bibliográficamente" hablando, se debe a las obras selectas editadas por Edime y preparadas por el propio autor en el año 1955.




Quisiera ocuparme de un pequeño libro de Key, Cateos de biblio­grafía. Estos cateos tratan de libros, pero con la particularidad de refe­rirse a libros que jamás fueron escritos. Libros que se quedaron flotando en ese limbo impreciso de proyectos, de ideas pergeñadas por largo tiempo que jamás tuvieron la consistencia sólida de convertirse en reali­dad. Enrique Vila-Matas en Bartleby y compañía, un libro escrito con el mismo espíritu de curiosidad que quizá alentó los cateos de Key, ofrece una panorámica de esos autores que deciden dejar de escribir, de esos escritores que siguiendo los pasos del escribiente de Melville deciden no hacerlo. Ambos libros son una curiosidad por el tema tratado. El libro de Key indaga sobre esas obras que se quedaron en la frontera del no, que fueron sólo una vaga idea, un acariciado proyecto que en muchos casos jamás llegó a cristalizar, o de obras que luego de escritas se extraviaron de manera irremediable. El libro de Enrique Vila-Matas hace su respec­tivo cateo de autores (como por ejemplo Juan Rulfo) que dejaron de escribir, de escritores que proyectaron una obra, pero que al mismo tiempo se impusieron miles de trabas para nunca escribirlas. Key-Ayala se tra­za una intención bastante extravagante: reseñar libros inexistentes. Para tan estrafalaria empresa el autor prepara una lista que incluye libros míticos, quiméricos, nonatos, malogrados y ajusticiados. Su justificación no escapa de las cercas de lo razonable: "Al parecer, la bibliografía debería concretarse a los libros impresos o manuscritos, material concreto del bibliógrafo. Pero la vida produce engendros capaces de ensanchar la investigación..." Key va a por esos engendros con una razonada curiosidad.



Para cualquier amante de los libros esta pesquisa emprendida por Key no deja de resultar un juego intelectual de mucha audacia e inteli­gencia. La historia de la literatura se encuentra atiborrada de libros abor­tados, perdidos; de autores que se concretaron a trazar obras en su cabeza que jamás salieron de allí, de escritores que planearon escribir libros que sólo fueron quimeras, vaporosos anhelos. Esto lleva a Key a preguntarse: "¿Cómo nacen los libros quiméricos, o mejor los títulos que los representan, tras lo cual no hay nada efectivo? De un cro­nista insolvente, de un biógrafo entusiasta. Un apunte, una cita, una referencia, los bautizan sin que hayan nacido. Ya en letra de molde, el libro nonato es traído y llevado por los repetidores de buena fe y el fantasma, si es autor reputado, se instala por años". Otro aspecto, señalado por Key, que aviva la proliferación de libros qui­méricos es la vanidad juvenil del escritor que se inicia. Los jóvenes au­tores, inéditos, pregonan sobre libros y poemas que no han escrito y los cuales son anunciados en tertulias y reuniones con gran pompa. Muchas veces dichos libros y poemas no llegan a esbozarse de ningún modo. Cuando no es la vanidad, acota el mismo Key, es el nombre que irrumpe, el título que cobra cuerpo en el autor. El nombre es, como lo escribe el autor, emblema, compendio. "Es como la bandera simbólica por la cual luchan y mueren los fundadores de estado. En el pensamiento del estadista y del apóstol la nueva nacionalidad esta diseñada con sus caracteres y sus lindes. En el pensamiento del escritor, el libro diseñado en su plan y concentrado en su nombre. La causa no triunfa, el estado no se funda, el libro no se escribe". Debo reconocer, confesión de parte, que en mi accidentada y traspapelada vida de autor he sido presa de proyectos literarios que en lo absoluto culminaré. Por ejemplo he reunido bastante material informativo en tor­no a la vida de Miguel Peña para escribir una pequeña biografía que, por razones que no tengo claras, no ha pasado de ser un etéreo deseo. De igual forma me sucede que buen número de artículos y ensayos se que­dan atascados en un párrafo, en una frase y muchas veces en apenas un título con sólo una bisagra sonora. Por lo general hago una lista de los temas que me atraen, muchos con el título ya delineado del todo. Algu­nos artículos de la lista los he escrito como si nada, pero otros se resisten con el mero título como por ejemplo "Los misóginos van al cielo" que trataría sobre literatura femenina o "Los ilustres segundones" que ver­saría sobre la relevancia de personajes secundarios. En dicho escrito hablaría de Panurgo, Picaporte, Watson, Sam Weller y Sancho Panza. De manera asombrosa dichos textos parecen condenados a la bibliogra­fía del aborto o nonatos como los denomina con acierto Key-Ayala.
También Key menciona el libro de jornal, "hermano del que llevan los comerciantes sólo porque el uno y el otro son obra de jornale­ros de la pluma". Este libro de jornal nace sobre la marcha y va publicándose en diarios y revistas. Key fue un experto en este tipo de libros.


Richard Brautigan 

En el cateo de libros abortados y quiméricos entran por supuesto aquellos libros que a pesar de materializarse en manuscritos jamás llegan a las playas de la tinta impresa y se quedan como náufragos en mitad de oscuras gavetas o en polvosos rincones. Vilas-Matas en su libro sobre los Bartlebys hace mención de la biblioteca Brautigan (en honor al escritor hippie e informal Richard Brautigan autor de varios libros demenciales y agujereados de absurdos como Un detective en Babilonia) especializada en coleccionar sólo libros rechazados por edi­toriales.




El cateo llevado a cabo por Key se circunscribe a varios casos emblemáticos. Así analiza las míticas memorias de Guzmán Blanco: "...las 'memorias' no existieron nunca como tales Memorias y en ninguna forma existen". Lo único que existió fueron los rumores en torno a una memorias cuyo aporte e interés radicaría en ser una mirada de testigo directo, pero que quizás hubiese sido una mirada retocada, falsificada, conociendo a su autor. El otro caso pulsado por Key es el referido a Las obras colosales de Félix Bigotte. A todas luces el Bigotte era un mitómano que soñó con escribir grandes libros. Los títu­los elegidos por Bigotte hablan de una personalidad no del todo sana. Así libros como Gramática latina, Historia filosófica de Venezuela y Teoría e historia de la música no fueron más que ensoñaciones de alto vuelo intelectual. Otro caso distinto lo configuran los manuscritos sobre educación de Miguel José Sanz que se perdieron. Así mismo está el caso de Lisandro Alvarado y su anunciada traducción del poema de Lucrecio, De rerum natura. Traducción que como es lógico no se sabe a ciencia cierta si se realizó o fue apenas un ideal erudito.


Lisandro Alvarado

Otros casos tratados por Key son los de Romero García y su obra dispersa, o perdida; los recuerdos frustrados del poeta Heraclio Martín y la fatalidad que truncó el proyecto de Felipe Larrazábal de escribir la biografía de los hombres célebres de nuestra América.


Blaise Cendrars


Blaise Cendrars, que sin duda no leyó a Key-Ayala, quería escribir un libro sobre esos volúmenes que nunca se editaron. El libro de Cendrars, del cual sólo llegó a pergeñar el título, Manuel de la bibliographie des livres jamais publiés ni même éscrits, buscaba ser un compendio de esos libros perdidos en el limbo, de esos ejemplares que se quedaron a medio camino. Como ven, Santiago Key-Ayala era un iluminado, un inspirado bastante desbordado; un espíritu necesitado de salir del recua­dro, un visionario dispuesto más en creer en los avatares de la vida que en los renglones apretados de un volumen, una inteligencia lúcida que intentaba liberarse de la clasificación manida o como él mismo lo escri­bió: "Mientras que el hombre, limitado por fuerza y acorralado en­tre muros opacos, pretende imponer su ley antropocéntrica al uni­verso, material o ideológico, la vida, soberana sin oposición y, por tanto ilimitada, rompe sin esfuerzo las clasificaciones humanas que son, y nada más, pura limitación".



CATEOS DE BIBLIOGRAFÍA
ISBN: 978-980-6540-63-7
Fondo editorial del caribe 2007
64 páginas
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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia