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martes, 12 de agosto de 2025

Heidegger nunca dejó de ser un nazi


Hitler - Heidegger. Imagen tomada de Philosophy news.




De Hitler a Putin pasando por los rojipardos: lo que el nazi Heidegger le enseñó a Dugin


Conversamos con el pensado francés François Rastier, que ofrece en 'Naufragio de un profeta' una imagen inédita y tétrica del filósofo alemán a la luz de sus 'Cuadernos negros'




Por Daniel Arjona


05/09/2022 - 05:00


En 1916 Martin Heidegger tiene 27 años y escribe en una carta a su prometida Elfride: "La judaización de nuestra cultura y de las universidades es, en efecto, aterradora y creo que la raza alemana deberá encontrar la fuerza interior suficiente para llegar a lo más alto". En 1920, a los 31, se lamenta en otra misiva: "Todo está inundado de judíos y sanguijuelas". En 1932, ya con 43 años, vota por primera vez al partido nazi y al año siguiente se afilia. Es en 1933, ya con Hitler en el poder, cuando, recién nombrado rector de la Universidad de Friburgo a los 44 años, imparte su discurso de adhesión al nacionalsocialismo y, en otra carta, critica que su colega Karl Jaspers "siga ligado" a su mujer, que es judía. Pero justo después, como se creía hasta hace no mucho, repudiaba el régimen tras dimitir de su cargo y abandonar el partido. Sin embargo, como demuestran una serie de estudios recientes y la publicación en 2015 de sus ominosos 'Cuadernos Negros', no es que Heidegger dejara de ser nazi, sino, más bien, es que la Alemania de Hitler no le parecía "lo suficientemente nazi". Entre aquellos que se ocuparon de señalar, a la contra de un pensamiento occidental envenenado de heideggarismo —desde la izquierda de la deconstrucción a la extrema derecha de Dugin—, que el emperador de la filosofía del siglo XX iba desnudo, que su filosofía no escondía otra cosa que un nazismo feroz, encontramos nombres como los de Adorno, Marcuse, Cassirer, Julio Quesada o Emmanuel Faye. Y ahora es el lingüista y semiótico francés François Rastier (Toulouse, 1945) el que asesta el golpe definitivo al maestro oscuro en un libro tan breve como demoledor: 'Naufragio de un profeta. Heidegger hoy' (Laetoli, 2022). Hablamos con un Rastier, que asegura que "jamás he podido leer a Heidegger y a sus apologistas sin un malestar que no tiene nada de existencial mientras tantos autores ilustrados se encomendaban a él".

'Naufragio de un profeta', de François Rastier. (Laetoli)



PREGUNTA. Durante mucho tiempo se intentó perdonar el nazismo de Heidegger como un pecado de juventud. Pero, incluso antes de la publicación de 'Los cuadernos negros', como demostró por ejemplo Emmanuel Faye, bastaba leerle bien para saber que su nazismo era una convicción profunda. ¿Cómo es posible que tantos se engañaran así separando artificialmente al hombre del filósofo? 


RESPUESTA. A los 44 años, Heidegger no era ya un joven y tampoco un nazi ordinario. En tanto que rector de la Universidad de Heidelberg, presidió, por ejemplo, una ceremonia donde se realizó un auto de fe de libros. Una semana después del fin de su etapa del rectorado, se sentó en la Comisión para la Filosofía del Derecho al lado de Alfred Rosenberg, ideólogo del régimen nazi, y de Hans Frank, conocido más tarde por ser 'el verdugo de Polonia', para elaborar las leyes raciales de Núremberg. Sostuvo al Partido nazi hasta el final del Reich, y más tarde se aseguró con éxito, de manera velada y casi esotérica, la difusión de la ideología nazi. La separación entre el nazi ordinario y el filósofo genial es un cliché apologético que no tiene en cuenta ni los hechos históricos ni el análisis filosófico. Separar al nazi ordinario del filósofo genial es un cliché apologético que no tiene en cuenta la historia ni el análisis filosófico 


P. Y en 2014 llegan 'Los cuadernos negros', donde emerge como un nazi extremista. Usted explica que los heideggerianos se dividen en dos grupos: los que aseguran que no es para tanto y los que dicen: "Sí, ¿y qué?". Me interesan estos últimos, especialmente los de izquierda. ¿Qué les lleva a admirar su nazismo como una necesaria provocación filosófica? ¿Tal vez la fascinación por la violencia? 


R. Desde 1933, numerosos autores, como Marcuse, que fue alumno suyo, habían puesto en guardia, pero no fueron escuchados. El nazismo de la filosofía de Heidegger era un secreto a voces. Los escritos políticos eran conocidos, pero se evitaba ponerlos en relación con los escritos académicos. Sin embargo, algunos elementos decisivos fueron revelados en 2005 por Emmanuel Faye [en el libro 'Heidegger. La introducción del nazismo en la filosofía', traducción en Akal, 2009], gracias a los cursos de Heidegger que podían ser consultados en los archivos (todavía cerrados hasta 2046). La publicación a partir de 2014 de los 'Cuadernos negros', programada por el mismo Heidegger, que cubren un período de 40 años, expone su antisemitismo y la radicalidad de su nazismo: compara, por ejemplo, la Alemania vencida con un campo de concentración… para alemanes. Y, sin embargo, se continúa considerando que Heidegger es indispensable para 'pensar' la Shoah. Además de antidemocrático, el radicalismo universitario va de la mano de una fascinación por la violencia: desde Foucault, admirador de Jomeini, a Badiou, partidario de los jemeres rojos.


P. ¿Y qué tiene la filosofía de Heidegger para que Occidente, de los posestructuralistas franceses a la derecha más reaccionaria, lleve un siglo hipnotizado por ella? 


R. Heidegger impresiona por su grandilocuencia, se aprovecha de la fuerza del equívoco, de la ausencia de definiciones, que favorecen los comentarios indefinidos: dosifica las lecturas filosóficas de sus libros, y también lanza signos que los iniciados saben reconocer. 


P. ¿El ataque de la izquierda posmoderna a la razón y la ciencia habría existido sin Heidegger? R. Heidegger escribía en 1916 a su novia que quería llevar adelante una 'lucha a muerte' contra la razón. Como decía Goya, "El sueño de la razón produce monstruos". El movimiento de la deconstrucción, inspirado explícitamente en Heidegger, se ha convertido en un movimiento internacional, hegemónico en los medios intelectuales, en el que todas las tendencias están de acuerdo en deslegitimar la racionalidad en beneficio de lo vivido, lo sentido, etc. La extrema derecha siempre ha sabido leer a Heidegger y Dugin lo presenta como su principal inspirador 

Ulrich von Buelow, director del Archivo de Literatura alemana de Marbach, muestra uno de los ‘Cuadernos negros’ de Heidegger (2014) 
Getty


P. Por último, quiero saber si lo he entendido bien. Usted afirma algo terrorífico: que Heidegger no solo nunca dejó de ser un nazi, sino que se rio de todos los que le justificaban para convertirse, con los 'Cuadernos negros', en el padre del renacimiento del neonazismo y la extrema derecha actual, desde Le Pen a Dugin, pasando por el islamismo radical. ¿Es así? 


R. La extrema derecha siempre ha sabido leer a Heidegger y Alexander Dugin lo presenta como su principal inspirador. El nacionalsocialismo se presentaba por supuesto como revolucionario, incluso cuando Heidegger lo calificaba en ocasiones de "demasiado burgués". Más cerca de nosotros, el Partido Nacional-Bolchevique cofundado por Dugin, con Eduard Limónov, se inspiraba en esta retórica. Los islamistas de la escuela de Fardid, como Mahmud Ahmadinejad, se han inspirado también en esta teoría del poder. El antisemitismo y la hostilidad a la democracia son claramente factores de unidad entre los islamistas y la extrema derecha, como pudo verse con el encuentro de Hitler con el gran muftí de Jerusalén. Pero Heidegger no es el único, su amigo Carl Schmitt goza también de un gran respaldo tanto en la extrema derecha como en la extrema izquierda. Habría que señalar asimismo el interés por un buen número de autores nazis, como Bauemler o Klages (de quien Derrida tomó el concepto de logocentrismo), incluso Gadamer, su discípulo predilecto. En fin, hay que tener miedo de que los rojipardos tengan futuro.


Los hijos de Heidegger: Dugin y la extrema derecha europea


El proyecto identitario es también un punto decisivo de encuentro entre los nacional bolcheviques rusos y los rojipardos europeos. Los nazis, sin resignarse al pesimismo de Spengler, querían restaurar el destino de Occidente y regenerarlo en la Gran Europa Alemana, cosa por la cual Heidegger reconoce "la responsabilidad occidental" de los alemanes. Ahora bien, esta responsabilidad parece recaer actualmente en Rusia por razones políticas y étnicas. Desde hace mucho tiempo, medios de extrema derecha europeos han visto en Rusia la reserva genética de la raza blanca. En su discurso del 17 de abril de 2014, Putin ensalzó el "código genético ruso, tan flexible, tan resistente, nuestra ventaja competitiva", y el "hombre de mundo ruso" (Russkiy mir), movido por un "objetivo moral superior". Esta superioridad genética y moral funda el discurso de Alexandr Dugin, que se apoya principalmente en Heidegger, como lo manifiesta su obra 'Martin Heidegger. The Philosophy of Another Beginning'. En el pasado cofundador del Partido Nacional Bolchevique (nazbol), Dugin teoriza un neoeurasianismo inspirado en primer lugar por Carl Schmitt, Ernst Niekisch y Julius Evola. Recientemente, ha publicado una obra en la que reconoce a Heidegger como el único modelo para fundar una nueva filosofía ultranacionalista. Consejero de la Presidencia de la Duma y famoso como eminencia gris de Putin, dirige desde 2001 el movimiento Eurasia, que promueve un Imperio euroasiático, en suma, una Europa dominada por Rusia desde Dublín a Vladivostok. En una declaración, nuestro filósofo escribe: "Ucrania debe ser limpiada de sus idiotas" y apela a continuación al "genocidio" de esa "raza de bastardos". Dugin es muy bien acogido por los heideggerianos alemanes, como da fe especialmente su diálogo consensuado con Friedrich Wilhem von Herrmann, último discípulo y asistente del Maestro y principal editor, antes que Trawny, de su obra "completa". La extrema derecha alemana felicita a Dugin por querer "unir las formas más radicales de la resistencia nacional con las formas más radicales de la resistencia social". Además de sus encuentros con Von Hermann en Alemania, le han invitado a Hungría, a Grecia y a Francia, donde se presenta como amigo de Jean-Marie Le Pen. Sin embargo, el eurasianismo gana terreno, literalmente, en Ucrania, en las regiones de Crimea y el Donbás, así como en Moldavia, en Transnistria, etc. En estos puntos, las convergencias con nuestros rojipardos son numerosas. Badiou —que acaba de publicar un nuevo libro sobre Heidegger— declara lo siguiente: "Crimea es un símbolo de Rusia desde hace mucho tiempo" y justifica así la ocupación rusa: "Se tiene la sensación de estar en Rusia", mientras señala a los manifestantes de Maidán como partidarios del "separatismo ucraniano". Los prorrusos no son separatistas, se unen a Eurasia, mientras que Europa sería solamente en este asunto un "operador local" de la globalización. El odio a la democracia, a Europa y a Occidente sirve a un proyecto político general. Actualmente, es la escisión y la desaparición de la Europa autónoma y su integración en Eurasia lo que está en juego. Escisión en primer lugar de los Estados, en la Europa de los independentismos. Julio Quesada, por ejemplo, ha subrayado la popularidad del pensamiento identitario de Heidegger en ciertos independentistas vascos y gallegos. Luego, instituciones supranacionales contra las cuales los partidos de extrema derecha, por todas partes en auge, como en Eslovaquia y Hungría, hacen campaña ingeniándoselas para paralizarlas. Demostrar que el Ser-juntos (Gemeinwesen) es imposible en Europa en razón del "individualismo liberal y la regulación extraterritorial" ("durch liberale Individualisierung und exterritoriale Regulierung"), no siendo los ciudadanos más que selfis normalizados ("EU-normierte Selfies"), tal es, por otra parte, el discurso del último libro de Trawny, 'Europa und die Revolution'. 


Fragmento del libro 'Naufragio de un profeta. Heidegger hoy', de François Rastier, publicado por Editorial Laetoli, que acaba de salir a la venta en España.



https://www.elconfidencial.com/cultura/2022-09-05/martin-heidegger-nazismo-cuadernos-negros_3483419/

 



HEIDEGGER: ¿es el FILÓSOFO más IMPORTANTE del siglo XX?

https://m.youtube.com/watch?v=662FgCboiSg&pp=ygUYcm94YW5hIGtyZWltZXIgaGVpZGVnZ2Vy


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domingo, 8 de junio de 2025

¿Heidegger, ya volviste de Siracusa?

 

Imagen tomada de UNED

La aceptación del rectorado es el compromiso de dirigir espiritualmente esta escuela superior. La comunidad de los que siguen, profesores y alumnos, sólo se despierta y fortalece arraigando auténticamente y en común en la esencia de la Universidad alemana. Pero esta esencia sólo alcanza claridad, rango y poder si, ante todo, los propios dirigentes [i] son en todo momento dirigidos; dirigidos por lo inexorable de esa misión espiritual que obliga al destino del pueblo alemán a tomar la impronta de su historia.



¿De vuelta de Siracusa?


Esa pasmosa, tenaz, universal seducción que ha ejercido y ejerce la figura del “hombre fuerte” no sólo entre personas comunes y corrientes, sino entre representantes de la más conspicua intelectualidad, nunca dejará de sorprender


MIBELIS ACEVEDO DONÍS

07/09/2024 05:04 am



"La cultura no importa, Karl. Mira sus maravillosas manos". Quien así se solazaba en lo descrito era nada menos que Martin Heidegger. En conversación con Karl Jaspers, su íntimo y abismado amigo, el filósofo más influyente del siglo XX no ocultaba su estrambótica fascinación por el nuevo canciller alemán, Adolf Hitler. Corría el año de 1933, y Alemania era el hervidero que sabemos, el preámbulo de eventos que pondrían a la humanidad al borde del abismo. Tras un discurso en la Universidad de Heidelberg en el que Heidegger, rector de la universidad de Friburgo, había lanzado su apasionada arenga a favor del venidero Führer, un angustiado Jaspers lo increpó: “Si alguna vez compartimos algo que pueda llamarse impulso filosófico, ¡yo le imploro que se responsabilice de ese don! ¡Póngalo al servicio de la razón, de la realidad que tienen la valía y las posibilidades humanas, y no al servicio de la magia!”.



Martin Heidegger (marcado con una X) en un acto de propaganda nazi en noviembre de 1933 (Ullstein Bild). Imagen tomada de aquí.


Precisamente: esa pasmosa, tenaz, universal seducción que ha ejercido y ejerce la figura del “hombre fuerte” no sólo entre personas comunes y corrientes, sino entre representantes de la más conspicua intelectualidad, nunca dejará de sorprender. Jaspers usaba la palabra “magia”, y quizás no haya mejor forma de retratar el fenómeno, en tanto producto de una convicción que no responde a la lógica, sino a lo que prospera en la orilla opuesta: el mito y su embriaguez, la primitiva pulsión, el peso de la autoridad y la trampa que tiende al inconsciente; la subjetividad, el deseo, su semillero de sesgos y prejuicios. Lo irracional, en fin. Una posición que, adicionalmente, escapa a la dinámica simple del miedo y la coacción que somete a los más; y que en su lugar -he allí una peligrosa singularidad- parece (¿parece?) responder a una elección autónoma y consciente.


Filotiranos en cueros


La historia local ofrece también espejo de esa dislocación; y es la gestión de los positivistas en tiempos del gomecismo -José Gil Fortoul, César Zumeta, Pedro Manuel Arcaya y, particularmente, Vallenilla Lanz y su vibrante y bien urdida pieza sobre el “Cesarismo democrático”- una prueba emblemática de ello. Debido a una mezcla étnica en la que, según la tesis de Vallenilla, prevalecía el individualismo anárquico y los instintos disgregativos, la sociedad venezolana requería de un tirano civilizador, capaz de garantizar el orden y el progreso. Ese hombre fuerte -léase, Juan Vicente Gómez- se anunciaba entonces no como alternativa, sino como “única fuerza de conservación social”.

Vallenilla Lanz


En esas aguas turbias de la justificación del poder despótico, abrevó el propio Sartre, por ejemplo. En la revista Les Temps Modernes, escribía en abril de 1953: "La sociedad soviética, en peligro de muerte en medio de las democracias burguesas, debía imponerse una disciplina de hierro o desaparecer". El carismático, mundano, brillante autor de El ser y la nada -quien, tras la invasión a Indochina, acusó al general De Gaulle de promover un culto a la personalidad que lo hacía tan “fascista” como Hitler- paradójicamente también defendió y justificó a la Cuba de Castro, la China de Mao y, tempranamente, a la URSS de Stalin (aunque tuvo un momento de rebeldía cuando en 1956 criticó la invasión soviética a Hungría, ordenada por Jrushchov. “La URRS no ha colonizado ni explotado sistemáticamente a las democracias populares”, afirmó en 1957; “lo que es verdad es que las ha oprimido durante ocho años"). Eso no hizo que renunciara a su obstinada fe, no obstante. Como pasó con Heidegger y Jaspers, Sartre fue amargamente interpelado por su antiguo compañero de tertulias y cafés, luego rival intelectual, Raymond Aron. Ambos, Heidegger y Sartre, eran desnudados así en toda su ofensiva filotiranía.

Raymond Aron


Intelectuales en busca de religión


Con todo y su mirada desencantada, un liberal y digno hijo de la Ilustración como lo fue Aron rechazaba el determinismo marxista y creía en la emancipación, la modernización y el progreso. En el valor irrenunciable de la libertad como fuente de evolución humana. En la honestidad del filósofo y librepensador, capaz de juzgar la realidad en atención a sus señales inequívocas, tal como es y no como quisiéramos que sea. Acuciado por lo que percibe en Sartre como resultado de una insoportable frivolidad, Aron contraataca; escribe entonces El opio de los intelectuales (1955).


“¿Sigue teniendo sentido la disyuntiva izquierda-derecha?”, lanza como provocación y abreboca. La reflexión, una sofisticada arremetida contra ideas anacrónicas que volvieron a ponerse de moda en la Europa de posguerra, denuncia la insensatez con la que algunas mentes privilegiadas, “revolucionarios de gran corazón y cabeza ligera”, se entregaban a los galanteos del poder o picaban los anzuelos de populistas y demagogos. Filósofos que, en periodos de estallidos de fervor moral más bien cercanos al patriotismo jacobino, “preferían las formas al fondo” y optaban por la adicción al “estupefaciente ideológico”. Mismos que ignoraban -o decidían ignorar- los juegos que en ese sentido despliega todo régimen político para asegurarse cierto brillo y legitimidad narrativa. Hablamos de la propaganda y sus artífices; esa que, según Goebbels, -a quien la naturaleza brutal de los medios le tenía sin cuidado- “no es ni buena ni mala”, pues su “valor moral es determinado por el objetivo que busca".

Siracusa.


Siracusa, aunque mal pague


Para atender a esas tareas e inventar costuras ad hoc, surge este refinado militante, este miembro de la intelligentsia, este remozado intelectual orgánico obligado, en teoría, a asumir las funciones “organizativas” y “conectivas” en los procesos de producción de la hegemonía. En la práctica, casi siempre un validador de la utopía totalitaria y sus palabras sagradas; sea revolución y dictadura del proletariado, o apropiación a juro del Lebensraum, el “espacio vital” de la comunidad Wolk. Sea el estallido prometeico que anuncia al “hombre nuevo”, o el que reivindica la genuina voluntad de poder del “súper-hombre”, el Übermensch. Eso, en fin, dependerá de lo que dicte el César de turno, el proyecto que este encarna y el Zeitgeist al que astutamente responde.


En esa misma línea de pensamiento que Julien Benda rubrica con su “Trahison des Clercs” en 1927, Mark Lilla se inscribe con Pensadores Temerarios: intelectuales y política (2001). Las semblanzas de mentes formidables seducidas por el poder despótico, devotos de ídolos y fetiches como el propio Heidegger o Carl Schmitt, sirven para recordar los célebres viajes de Platón a Siracusa, a partir del año 388 a.C., gracias a la invitación de un discípulo, Dión; y su malhadado cruce, primero con Dionisio “el viejo”, a quien aspiraba a convertir en filósofo-rey; y luego con Dionisio “el joven”. Platón no sólo no pudo hacer de aquellos tiranos unos gobernantes virtuosos, sino que terminó perseguido y esclavizado. A santo de eso, Lilla rescata una anécdota: cuando Heidegger retornó a su trabajo docente en 1934, un colega le espetó un saludo que era más un mordisco que un retozo: “¿De vuelta de Siracusa?”. (Asesores con muchos menos quilates, autores de manuales para autoritarismos del siglo XXI, alcahuetes del despojo y la mentira oficial, hacen méritos para una estocada similar cuando a su regreso a España, sean recibidos por atónitos colegas).

Chomsky y Chávez



@Mibelis



https://www.eluniversal.com/el-universal/190251/de-vuelta-de-siracusa



Heidegger: Entre el existencialismo y el nazismo

https://m.youtube.com/watch?v=n-4YNGCLp_g



HEIDEGGER: ¿es el FILÓSOFO más IMPORTANTE del siglo XX?

https://m.youtube.com/watch?v=662FgCboiSg&pp=ygUYcm94YW5hIGtyZWltZXIgaGVpZGVnZ2Vy


Sobre Heidegger y su relación con el nazismo - Heidegger 2

https://m.youtube.com/watch?v=k9LMMeGnqjc&pp=0gcJCdgAo7VqN5tD



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