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martes, 10 de marzo de 2026

ESDRAS PARRA: Venezuela, "El país de la pena" de Hanni Ossott es una obra maestra

 







Estimados Liponautas


Hoy compartimos este acercamiento que hizo Esdras Parra (Santa Cruz de Mora, 13 de julio de 1939 - Caracas, 18 de noviembre de 2004) al poema "El país de la tristeza" de Hanni Ossott (CaracasVenezuela; 14 de febrero de 1946-31 de diciembre de 2002)  en el V Coloquio Latinoamericano de Literatura (Valencia / 2000). Nosotros en el título de la entrada le agregamos la palabra Venezuela, ya que creemos que refleja fielmente lo que sentimos los venezolanos que actualmente padecemos el gatopardismo septentrional.

Imagínense lo que pudo haber escrito Hanni Ossott si hubiese visto los padecimientos de los venezolanos bajo la bota del chavismo en sus diversas fases.


Plaza Altamira, campo de batalla de protestas en Caracas

https://m.youtube.com/watch?v=fVYO90Z4Jhg&pp=ygUbcHJvdGVzdGFzIGVuIHZlbmV6dWVsYSAyMDE0



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Atentamente


La Gerencia


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¿Por dónde transita Hanni Ossott en su poesía?


La poeta Esdras Parra, en el V Coloquio Latinoamericano de Literatura (Valencia / 2000), calificó al poema "Del país de la pena", perteneciente al libro "El reino donde la noche se abre" (1987), como una una "pequeña obra maestra"








ESDRAS PARRA

¿Por dónde transita Hanni Ossott en su poesía?


Pocos poetas, en nuestro medio, viven su poesía como una pequeña prolongación de su existencia, como debería ser. Quizá como un hito en la lucha que sostienen dentro del mundo de las cosas y de su lenguaje. Hanni Ossott es uno de ellos. Ella vive su poesía, o la poesía vive en ella, la habita. Estos términos pueden ser intercambiables y significan que no se desprende de sí misma en la hora de escribir sus poemas. No se pone una máscara diferente a la que lleva su rostro. Por lo que cuanto dicen sus poemas debemos, con toda certeza, tomar en consideración con la seguridad de que es su voz y no otra la que habla, como si sus poemas fueran parcelas dolorosas, punzantes, que se desglosan de su vida, que ella entrega con la generosidad que es capaz.

Qué más demostración que traer aquí la visión de esa pequeña obra maestra titulada "Del país de la pena". Poema que se ha convertido en objeto de culto entre sus más asiduos lectores. Pues el desgarramiento interior que le exigió escribir de un tirón, en una noche, estas páginas esclarecedoras, no siempre es fácil encontrar en la historia de nuestra poesía. "Desgarramiento", "esclarecedoras", palabras fuertes que no escapan a los oídos de aquellos que me escuchan. Aunque sucede que yo quiero decir con ellas lo que significan como cualidades del poema de Hanni. No se debiera tener miedo a las palabras. Elaborar conjuntos más o menos discriminados a los que se les prohíbe su uso. Hanni misma es un ejemplo. En su poema, ella da rienda suelta al lenguaje y a la imaginación. Ambos juegan allí, libremente, en su propia aventura. Ella arriesga su verbo, y en ese arriesgarse está su secreto. Sólo está allí para conducir ese torrente de vocablos, reveladores de una batalla interior que no con mucha frecuencia otros han vivido. Si Hanni se pregunta incansablemente: "¿Quién soy?" -pregunta clave a lo largo del poema-, es su voz la que habla. Pero habla también la incertidumbre, la seguridad de saberse mortal, la soledad, la añoranza, la ausencia de identidad, la fragilidad misma de encontrarse en esta tierra, en el "país de la pena", y no tener asideros, la impaciencia honda de no poder reconocerse a sí misma, no saber quién es ni por qué está aquí. "Yo te he buscado para saber quién soy, y no sé quien soy".




                

Si su poema resulta a veces poco accesible es porque no deja que la atmósfera del mundo exterior lo inunde"

Se pueden leer esas imágenes que pueblan su poema como si se leyera el libro de la mente. Pero no se trata de una representación mental. Hanni se ha visto atrapada por el demonio de la poesía, lanzada en el trance de vivir lo que dicen sus palabras, cada una llena con el peso específico de su significado. La pregunta que se hace constantemente, pregunta que sirve como guía para adentrarse en el poema y apresarlo en su esencia, es una pregunta desesperada, porque la poeta está detrás o dentro de la pregunta misma como otra interrogación y no puede salir de ella. Hay ira, exasperación que solo se mitiga al expresar otras imágenes, pero el sosiego no está de su parte. Hanni se propone asir para siempre esa esfera dolorosa de su propia interrogante. Si su poema resulta a veces poco accesible es porque no deja que la atmósfera del mundo exterior lo inunde, no la deja circular en su interior para que las visiones se aireen y ella al fin quede libre.

Es posible imaginarla mientras lucha sintiéndose prisionera en las redes de la inspiración, inspiración torrentosa y tiránica. Sentirla frágil e indefensa, intentando desarticular su desamparo que es, por lo demás el de una mujer que sólo aspira a ser ella misma y su poema. Las va edificando con certera seguridad, accediendo a que entren en la realidad de su mundo. En efecto, la primera impresión que causa este poema es su fluidez, la espontaneidad con que el poeta urde el tejido de sus imágenes, dejando espacios entre los intersticios para introducir allí su pregunta. Ese rasgo hace que lo podamos sentir en la propia conciencia, quizá como lo sintió la poeta que lo compuso, como si saliera de nuestra propia voz, impregnado con nuestra desnudez y nuestra indeterminación.

Hanni en su juventud. Cortesía de Letra Muerta Inc.


 Se exige a sí misma una forma errática en el poema sin descuidar sus grados de intensidad: lo satura de imágenes"

Diálogo consigo misma, interrogación fundamental sobre sí y sobre su sentir: "¿Quién soy? ¿Soy los árboles, las plantas? ¿Acaso el mar?". Hanni busca no una respuesta a estas preguntas sino un espacio donde extender su voz, hacerla visible y audible. Porque la voz es la afirmación de la propia persona, y ella pide esa afirmación para estrechar esos vínculos con el mundo. Está ante el mundo, en el sentido rilkeano de esta expresión, gracias al rumbo y elevación de su conciencia. Aspira a experimentar totalmente lo que dice su poema. Tal aspiración es sólo un camino entre muchos caminos. Es arrastrada por su condición de poeta hacia el abismo de su poesía. En el fondo oscuro y denso donde se mueve con su carga de vivencias, Hanni se vuelve ajena a su lenguaje. Necesita desprenderse de sus significaciones a fin de establecer con firmeza su realidad. De ahí que para ocultar su ansiedad, acaso para anularla se exige a sí misma una forma errática en el poema sin descuidar sus grados de intensidad: lo satura de imágenes. Se aferra a esa imágenes tratando de encontrar un punto de apoyo, una suerte de iluminación que puede estar fuera de su poesía. Incorpora su anhelo a las imágenes para imponerse a ellas y lograr una soberanía absoluta. Su propósito final es hacerse de una de su poema y, a la vez, introducir los signos inequívocos de su mundo: sus inquietudes, sus intuiciones, los misterios para los cuales no tiene respuesta.



Su poema está dirigido hacia una meta que es, por igual, un punto de partida: la revelación de un yo sin identidad. Hanni no se niega a recibir las influencias de las vicisitudes de su camino. Estas constituyen etapas en el proceso de llegar a su límite. El yo de Hanni no es un espejo que se refleja estáticamente a sí mismo. Es, por el contrario, la conciencia activa y vigilante de querer volcarse hacia los otros y entregar a ellos su mensaje, establecer una conexión con las voces semejantes a la suya, los que quieren escucharla y se enfrentan a esa sutil aventura. El diálogo, pues, no se queda detenido en una sola presencia, intenta proyectarse en la claridad de su mundo y recoger su eco. La poeta no solo habla para sí, habla también para los demás. No se cree en posesión de verdad alguna, la única verdad que sostiene es la de la certidumbre. Cuando se pregunta: "¿Quién soy?" es porque esa interrogación anuda bel lazo que la lleva al mundo de los otros. Ellos no son un mero reflejo sino aspectos desconocidos de su propia persona. Necesita interrogarse sin esperar una respuesta, para entregar en su peculiar realidad, en el peligro que significa ser el centro mismo de su poema.

Hanni parece incansable en esta búsqueda angustiosa. Se sobrecarga de confusión, aviva los detalles de sus imágenes para bajar la tiniebla de su noche. Persigue su voz, la acorrala, reflexiona sobre ella. Pretende que esa voz sea la metáfora de todo lo que la rodea. Quizá por eso requiere escuchas, y se dirige a reconstruir el presente que la acerque a quienes la oyen. Su voz tiene la cualidad del grito: "¿Quién soy? ¿Una ruta? ¿Un cambio? ¿Dime quién soy?". Espera que su voz, su grito lo haga reconocerse en su poema. Quiere ver el esplendor, la belleza asumir el amor del mar, la melancolía de la Tierra y apresurarse hacia el "país de la pena": "¿Adónde, adónde?". Se encamina hacia la duda. Primero el abismo. Hanni descansa en la profundidad de la duda. Corre a las bastas distancias que le revelarán, por fin, el misterio de los ausentes, los seres queridos, el misterio como la única verdad que no le ha sido revelada, el lado de la vida que no conocemos. La pena que siente es como una hoja suspendida en el vacío. El aire enrarecido la deja pasar: Da libre curso a su grito. Hay una abertura en ese cielo de su sufrimiento: "padezco", "quiero obviar el dolor, el horror. Olvido. Olvido". Esa hoja debe soportar el peso de tanta luz, de tanta tiniebla, de tanta invalidez y desazón. Porque tiene que mantenerse firme en la carencia y en la humildad y ser ella misma dentro de su poema.

Hanni en su juventud. Cortesía de Letra Muerta Inc.



¿Por qué se empeña en tratar de unir su ser con su poesía? ¿Por qué ese anhelo de llegar al dominio de los otros? El mundo se mueve a su alrededor, pero ella borra sus huelllas. No desea permanecer en un solo lugar. Los otros, decididamente, no son su reflejo. Pone en movimiento su deseo de identificarse con los otros, con la Tierra, el viento, el mar. Los otros son una aventura extraña, una fatalidad. Asume que su poema debe encarnar en ella misma. Solo así puede responder a su eterna pregunta y ser, además, las colinas, riberas, agua bañada de luz, el pájaro que enterró en el jardín, y dormir bajo tierra para que todo pase. Olvido, olvido, grita en medio de la resaca. Por fin la fusión se realiza: "Estoy extenuada". Indaga en los otros como si indagara en sí misma. Está frente al mundo. Camina hacia lo abierto, que no es el espacio ni el cielo sino todo lo existente: las imágenes que atrapa en la vigilia e incorpora a su poema. Ve objetos, representaciones. El mar es un suspiro. Sólo trae barcos llenos de invalidez, barcos enfermos, antiguos dolientes, con sus luces, sus banderas, los cañones, las invisibles balas. Significan la llegada, el arribo. "¿Quién oye? ¿Quién está allí? ¿Quién habla?". Habla ella porque su voz se aísla. Se amalgama con la voz de la naturaleza, la voz de la tierra. Es el enigma, lo innombrable, para lo cual no hay palabras, ni voluntad de crearlas, ni imaginación. Ella se ha convertido en un muro. Escucha el silencio que la rodea. Vuelve sobre sus pasos cerrando su círculo: "Es la luz de la Luna lo que hoy me ilumina".

II

No sé cuantas veces he vuelto a este poema y en cada lectura siempre encuentro algo nuevo que me conmueve. Su lenguaje fluye libremente o tropieza, es dúctil, áspero, fuerte. Corre como un torrente sobre piedras lavadas, forma remansos o rápidos en su trayectoria. En mi mente se transforma como si surgiera de la sombra. De la sombra, de las desdichas, de las penas de la autora, que no necesito sino sentarse a su mesa, en su "cuarto propio", una noche escribirlo o dejar que la fuerza ciega de su impulso primigenio y el sonido febril de su voz hicieran el trabajo. Hanni parece inspirarse en la idea del ser; en el sentido que Heidegger, su mentor, su maestro, da a esta palabra: el fundamento de todo lo existente. Sería interesante investigar hasta qué punto el pensador alemán ha influido en su poesía. Ella, que por sus raíces germánicas siempre se ha sentido cercana a los poetas y pensadores de esta cultura: Goethe, Hölderlin, Nietzsche. No debemos olvidar que a Hanni debemos una de las mejores traducciones de las Elegías de Duino de Rilke.

Por su deseo de abarcar la totalidad etimológica de las palabras, creo que el dominio desde el cual la poeta habla tiene cierto principio en esa lengua. Ella dilucida su pensamiento y afirma desde allí su armonía. La estructura de su poema es sencilla y, a la vez, compleja. Se deja arrastrar por la presión y el movimiento de las imágenes sin perder su vigilancia, su control. Su dolor es dosificado. ¿Cómo intentar una interpretación de este poema? No me creo capacitada para hacer un análisis. Yo sólo lo leo, una, muchas veces, intentando en su lectura dejarme llevar por su agitación interior, por su tiempo, su sonido, los principios semánticos que lo unifican. Percibo allí la ansiedad de la poeta, su desamparo, su sentimiento de inutilidad, su resignación, el fracaso de su mundo. Siento que ella va a la deriva dentro de su oscuridad. Tantea las sombras. Ciegamente va hacia la luz, sin encontrarla. Su pregunta es un grito que surge desde espesas tinieblas, las del ser que no podrá alcanzar, contra las que lucha. No busca una identidad, no desea encarnar su propia imagen, a pesar que ese impulso es los que la sostiene. ¿Se identifica con las cosas que nombra? Primero soy una pena, dice, luego el soportar. Sobrelleva el peso de su vacío, este es su única certidumbre. Desde ese vacío toma fuerzas para soltar su grito: "Soy un cuerpo cansado de tanta errancia". Intenta al fin encontrar un descanso, una identidad y encontrar para siempre el dolor, el horror, los abandonos, las distancias, el llanto.

Yo que he pagado un precio muy alto por proteger mi vida, puedo decir que Hanni ha pagado el suyo"



Con tanteos, venciendo dificultades, vacilaciones, pero al mismo tiempo dueño de una absoluta seguridad, un manejo consciente de su lenguaje, Hanni ha avanzado reciamente en su poesía. Este poema podría ser el climax de su obra, por su situación y el vigor de su verbo, situado a medio camino entre sus primeros y sus últimos libros. Libros que son como hitos en su ruta hacia la creación de su mundo. La poeta ha buscado el ascenso, y así como explora la obscuridad de su pasado, esas "sombras", se hunde también en la niebla del presente. Su voluntad está dirigida a alcanzar la plenitud del ser como equilibrio de todo lo que existe. En su poema, quiere abarcar esa plenitud que es, además, la plenitud de la Tierra. Canta desde esa instancia, como canta también desde lo oscuro. Escucha lo oscuro. Oye lo profundo. Al ascender, se siente bañada de luz, la luz de esa revelación que hasta el momento no había sido señalada. Su pregunta nunca obtendrá respuesta. Tal negativa se incorpora a su voz. La recibe como si fuera una dádiva. Una dádiva que viene de la noche. El silencio, el vacío es la única información. ¿Por dónde transita Hanni en su poema? Ella no lo sabe. Se aferra a su imploración y se apresura a llegar al abismo. Va hacia lo invisible. Reconoce en lo invisible, como Rilke, "una jerarquía más elevada de la realidad". Es decir, de su salvación.

¿Se ha enriquecido nuestra poesía con este poema? Ciertamente. Sería absurdo negarlo. Hanni, como poeta ha hecho allí un surco profundo. Creo, sin embargo, que no se ha reconocido en verdad lo que hay en él de fundamental, de revelador, Las visiones agudas que suscita. Las ramificaciones que parten de sus imágenes. El poema permanece como la voz de la poeta que nada desvanecerá, que se escucha entre las líneas del poema. Hanni muestra su rostro. Lo muestra y lo oculta. Se pone una máscara. Pero deja que el poema siga solo su camino. Lo abandona para que se encuentre a sí mismo. Nadie sabe hasta donde puede avanzar en ese camino. La poeta es finita como todo mortal, aun no sabiendo lo que hay en ella de mortal.



Yo que he pagado un precio muy alto por proteger mi vida, puedo decir que Hanni ha pagado el suyo, y quizá su precio se aún más alto. Ahí está su poesía para atestiguarlo. Esos libros lanzados como hojas en el viento, como mensajes cifrados dentro de una botella sin posibilidad de llegar a destino.

Este poema que es una leyenda nos da, justo, la idea del precio que ha pagado por tratar de proteger su vida. Protegerla de las penas, de las desgracias, la incertidumbre, la mirada de los otros, el pensar de la gente. La vida de Hanni ha girado en torno al círculo concéntrico de sus preocupaciones más íntimas, que es el objeto de sus poemas: los sentimientos, los seres queridos, la casa, el amor, la feminidad, el pasado, la muerte. Todo ello está contenido en este poema. Como el anhelo de rescatar su vida, protegerla de la desolación para lanzarla con su pensamiento a la aventura.

La memoria ha poseído a esta poeta desesperada. La memoria y la acción. La ira, el sosiego. La voluntad de llegar a su corazón. Si todo esto ha sido malo... ¿entonces?. Se adelanta en la búsqueda de su poema. ¿Puede ser atrapado aún? Ella es su poesía, la lleva hasta el límite de lo oscuro por el solo deseo de hacerlo transparente. Por la desposesión de su ser. Hay perplejidad y asombro en su lenguaje. El asombro y la perplejidad del niño que hay en ella. Un viento la empuja. Atónita, se mueve en espiral. Acuna en sus brazos ese niño que nunca tuvo. Lo acaricia en su imaginación.


Hanni Ossott. Cortesía de Letra Muerta Inc.


En la tarde, cuando el sol se ha ocultado tras el horizonte, un poco cansado, con el libro abierto en la página leída tiempo atrás, esta mujer menuda, nerviosa e impaciente se acerca a la ventana y contempla las montañas próximas, el perfil abrupto de la ciudad erigida sobre colinas boscosas que le hacen recordar su infancia y le traen el perfume del vestido de su madre muerta en otro siglo. "No tengo cara", dice, y sin embargo no puede detener el asomo de una lágrima.



http://revistaculturalcarohana.blogspot.com/2019/03/revista-carohana-hanni-ossot.html


Esdras Parra (Santa Cruz de Mora, 13 de julio de 1939 - Caracas, 18 de noviembre de 2004). Fotografía de Vasco Szinetar.




Del país de la pena- Hanni Ossott


«te enseñaré el miedo en un puñado de polvo«                                                 -T.S. Elliot



¿Quién soy?. .. «¿La luz que ilumina esta verja, esta tierra?»  ¿Soy los árboles y las plantas? ¿Acaso el mar?  Soy colinas, riberas, agua bañada de luz  Soy un cuerpo cansado de tanta errancia      un cuerpo y un alma cansados del miedo      Soy el temor. Desde lo profundo y oscuro escucho y tiemblo  Oigo lo profundo, lo oscuro, lo difícil  las contradicciones, todos los polos opuestos  las negruras, las blancuras, los intercambios  como si lo blanco reuniera a lo negro  como si lo negro reuniera a lo blanco.     ¿Quién soy?     Primero una pena, luego el soportar. Veo barcos, barcos múltiples que tocan mi orilla  Veo una casa destrozada por el dolor, demasiado cercana.  Los barcos relucen en la noche                 -veo sus banderas     ellos son el arribo, la llegada     mas no la cura de la más antigua herida.      Veo barcos enfermos, antiguos, dolientes                 y adentro muletas, invalidez, desazón. ¿Quién soy? El sol me quema, incendia mi piel, ilumina mis ojos  Me vuelvo ardiente, soy ardiente         respondo con amor a la canícula. Yo te he buscado para saber quién soy, y yo no sé quién soy La hojarasca me ha arrastrado Quizás para salvarme     Mi cuerpo está cubierto por una alfombra vegetal      la pelusa de las hojas me acaricia      me he hundido en lo verde      duermo, duermo, duermo     para que todo pase, para que todo termine de pasar. Soy ahora el pájaro que enterré en el jardín      duermo bajo la tierra para que todo pase      quiero obviar el dolor y el horror. Olvido, olvido. . . Pienso, ya no es tiempo de la resaca     cada ola me dicta una continuidad      nos la dicta mi continuidad es una estación sutil, imperceptible      a los apresurados. Tú llegaste del país de la pena. ¿Adónde, adónde?     El mar se abre en mí, vasto para lavarme,         regarme     poco a poco voy hacia él         con respeto. Y lejos veo los barcos barcos cargados de llanto, de indignación contenida                  barcos magdalenas. «¿Escribiste el poema, lo lograste hacer bien?                         Te pregunto».     ¿Quién soy?    Te fui a buscar                 Pero fue en Venecia donde te vi      Allí estaban tus cosas         manteles, bisutería, un granate, topacios      Venecia: reposo para la melancolía.      Padezco      ¿Quién soy yo?     Quiero ir a la playa, quiero ver el mar     quiero ver la tierra estremecida por el amor del mar      adoraré la belleza, los esplendores      La ciudad me obliga a trabajar                     y yo mientras tanto suspiro                     suspiro.     Después de tanto dolor creo que las cosas se acomodarán                      un remiendo por aquí, otro por allá                     estoy extenuada     tres años y medio de edad son suficientes                      para entenderlo todo                     vida, muerte, abandonos, distancias.     No soy hija de la guerra, suspiro…                      soy nieta Este pasado me lo voy a tomar lentamente, con demoras (mi marido es humorista y ríe, ríe de mí y tiene razón)     También mi padre decía: «Hay que reírse»      pero no pudo reír, de tanta pena. ¿Quién soy? Creo que soy una trinitaria encendida                      una trinitaria fucsia                      colgando sobre el muro. He colocado mi florecer sobre el muro                  para que sea más hermoso                             para que se suavice     quizás quiero ocultar u olvidarme                 de esa piedra tan áspera. El muro.                  El muro de Berlín.     No quiero el horror sino la tolerancia                 la casa, amigos, libros,                 el granate de amor, los hermanos. Quiero que en mí se resuelva el mar, la hojarasca.     ¿Dónde estás?           ¿Dime, quién soy yo?     Los árboles están silentes, no hay grillos                 sólo lo metálico suena                 máquinas y dinero se dejan sentir                  oigo carros y al fondo una huelga                  ¡nada pasa aquí!                 pero las luces están encendidas                         y el corazón arde. Soy testigo de esto. Y de lo otro              Soy testigo.     No importa.     Allí está la flor del apamate             Tú dijiste que era la flor del apamate.              He visto la flor del cerezo             era bellísima.      Doctor, era bellísima.     Ah, tanto agobio, a veces carezco de fuerzas. Todo lo que tenemos que cuidar: nosotros, la tierra, el alma  supongamos que la poesía también                     y los niños, el niño en nosotros                     la cocina, la lucidez en la cocina     la lista es demasiado larga                     y es demasiado para nosotras                      ¿podrán los hombres ayudarnos?                      ¿oírnos?     demasiado peso; sí, demasiado peso demasiado                     agobio.     Venecia, Venezuela                     Suspiro, tiemblo, ardo     Mi marido trabaja y es de noche.        Las gatas chillan.     Oigo el mar, la caracola me informa     No todo es resolución, pero algo debe resolverse                      algo así como una paga                      ¿pero qué?, no sé… ¿Qué soy? Escucho algo en mí, una voz, quizás                  algo que quiere salir                  algo claro                 que ahora no entiendo, que rumorea.  ¿Soy de la Edad Media?                 atrás están mis muertos                  atrás y cerca                 ellos, los dolientes                 los que no entendieron el absurdo                  su propio absurdo                  los que no pudieron verse aún                  ellos, los adolescentes                  los que padecían, adolecían.                 Una vez dije: El mar en mí no deja dormir                                  Ahora lo sé,                                  sé qué significa la vigilia                                  estoy atenta                                 llevo algas apegadas a mi cuerpo.     ¿Quién soy? ¿Una ruta? ¿Un camino?                 ¿Una carretera entre ciudad y ciudad?                 ¿Seré un intermedio, un lapso?      No la conciliación, no. Sino algo más      Veamos, debo clarificarme, o quizás no. Veo una línea de palmas, una neblina          Allí hay dos y tres          un hombre, una mujer          dos hombres          lejos, niños     Sé lo que ello significa                 arenisca, polvo visto entre la luz                          puntos que atajo     Mi corazón arde, latido a latido                  no hay fragua                  estoy en calma. La casa está aquí, aquí los fuegos y las aguas                  aquí el lar «Pero tú, tú sufriste tanto, para todo esto» Ah… mi pasión. Ah… mis perdones  Claridad, luz divina, ven a mí. El sol arde y quema, se consagra frente a mi otoño  El sol me habla, contra el otoño, contra la ruina                  -pero también soy el otoño. Ah fruta veloz pronta a la tristeza todo lo bello en ti, pelusa de durazno             se regala para ser higo             como si fuese un intercambio             entre lo difícil y lo fresco. Mi ámbito, ¡cuánta claridad! Oh tierra, cuánto debo hacer para comprenderte              cuán minuciosa debo ser.     Ahora vivo en el detalle, en fragmentos, en trazos              sobre la línea de un rostro. ¿Quién soy? No tengo cara, seguro, es seguro, no tengo cara              mis ojos vuelan más allá                 mis pómulos son contundentes             mi cabello revolotea o se hace dócil              la luz lo abrillanta, lo achica              fuegos en mí arden         Y ahora quiero algo parecido a la paz                     algo así como lo regular                     tiemblo encendida de tanta pasión          (Mi marido está durmiendo… , al fin; así no me oye          mi marido sabe cuando pienso, cuando siento,          la resonancia de mí le llega y es fuerte).         Estoy en mi cuarto, en mi «cuarto propio»         Allí está la ardilla alemana         las muñecas: la inglesa, la merideña          la venezolana, la italiana          allí está el pájaro primitivo          la talla                     allí la foto del balcón hacia ningún lugar     Grecia, Alemania, Venezuela, Londres, Venecia, Egipto.         Los cuidos.         Es demasiado.   Suficiente. Suficiente.              Carezco de fuerzas         He dejado el poema, la palabra          He hablado demasiado.         Ya casi no hay culpas         sólo la sombra desfalleciente de lo que somos                     amparo         queremos amparo     los buques con sus luces                         las banderas                         los cañones, las balas, las invisibles balas                          ya no entran en mí     oigo sólo la voz de los grillos                     la voz de la tierra                     la voz de la naturaleza                      queda, casi mugiente                     como una imploración                      ¿quién oye?                      ¿quién está allí?                      ¿quién habla?                      Toco a                     las puertas     No es el de adentro quien pregunta     Es el de afuera                     el demolido                      el cansado                      el exhausto     Y mi voz se alarga, se extiende                      ¿Quién está allí?     El rayo de luz se ha acortado                     debo dormir, es de noche                      los ángeles nos cubrirán                      como a una pareja de amor                         en cuido     Mi alma sola late y veo los reflejos     hay allí un cuaderno, hay allí un lápiz                     un molinillo de café                     y está la firma de Steinberg, a quien no conozo  El grillo salta y salta -lleva la libertad en sí         Acciono, acciono y no comprendo                 trato de comprender, lentamente      mi niñez y mi vejez lo impiden                 tengo cuarenta años. Dios, ¿qué significo. .. ¿quién soy?                 Hay un alba, sí                 y una medianoche                 hay un cuerpo que ondula                  hay mujeres con un pañuelo amarrado a la cabeza                  y eso significa algo, un luto quizás                  pañuelos negros para sujetar la desesperación     creo que todo tiene significado                 sé de todo lo que significa ¿Quién soy? ¿Tengo yo un significado?                 ¿Soy una palabra, un viento, una planta?                  Mi corazón arde.    Lloro, ardo…                     Ahí voy, como a la sombra de destinos     La pluma de mi pluma está ardiente                 revoloteando, siguiendo la brisa Mar, en ti confío para que des a los otros su límite                         como a la playa      Estoy absorta ante ti, casi espantada                 todos mis riesgos se retraen     Cuido. Cuido. Cuido.     Habrá que ir con cuido. ¿Qué mas?           Las estrellas están allí.   Silentes.                     Y hay obra.     Corazón.      Si todo esto ha sido malo… ¿entonces?                     Entonces no habrá corrección. ¿Quién soy?             ¿El milagro de un error?                      La ventana se abre                      La culpa se ventila                      El sol irradia         En la costa yace un marinero                     la mujer llora  desconsuelo, desconsuelo, desconsuelo No hay punto final para esta guerra                      esta guerra horrible                      esta destrucción     mi alma ha sido partida en dos                      piedad por mis ángeles                      Santa Cruz He llorado.             La tierra me sublima. Los vegetales                             La carne                             El hombre me sublima         y estoy por él más allá de él                                 entre cacharros y suspiros Por ello lavo la casa                             Y este grito solitario… ¿qué será? Suficiente. Es la luz de la Luna lo que hoy me ilumina.                                                         
Hanni Ossott.  Noviembre, 1985.




Poema del libro El reino donde la noche se abre (1987).



martes, 30 de septiembre de 2025

La liríca cotidianidad en la obra de José Pulido

 






Ramón Ordaz: José Pulido, lo lírico cotidiano


RAMÓN ORDAZ




Cuando José Pulido señala que el poema es un “rezo” uno pudiera pasar de largo, pero algo nos detiene. Rezo es oración, ecuménica misa del espíritu en busca de absolución; éxtasis interior que se impone un diálogo con lo desconocido, esa respuesta inédita que reclama Hans- Georg Gadamer en su ensayo “Poema y diálogo”.


En ello parece coincidir Pulido cuando a su pregunta por el poema, “¿qué quieres de mí?”, y este le contesta: “Lo que no has podido decir”; en pocas palabras, la tarea de Sísifo del escritor. Sin pretensiones de contradecir, el “poema”, eso creemos, es un objeto vacío, un pre-concepto, un a priori de la conciencia del poeta, que solo su voluntad de estilo podrá concretar. El poema tiene el sello particular de cada autor, su huella de identidad que no es otra que su escritura. Buena parte de sus poemas Nicanor Parra los llamó “Artefactos”, nada gratuita su visión del poema, lo que bien podría suscribir cualquier autor de la modernidad literaria.



En “artefactos” está sugerida esa intención del poeta, el arte de hecho, esa pluralidad de su oficio que llamó también antipoemas. A todas estas el poema no existe, no es lo que el lector lee en la página, lo que apenas es un puente para llegar a él. De manera que el poema está en el afuera de la página, pertenece más al lector que al poeta que lo ha “escrito”; es él quien da cuenta del poema. De allí esa imposibilidad, el poeta no podrá decir nunca lo no dicho, porque, como el horizonte que vemos, cada vez que nos acercamos a él, más se aleja, solo que para entendernos acudimos a los términos que acuña esa cofradía de críticos, académicos e historiadores de la literatura. Con las definiciones del poema y de la poesía tenemos para vivir eternamente confundidos, cuando no cabe definición posible en ellos. El poema lo invoca y lo convoca el lector, se lo apropia. La Poesía pertenece a los fundamentos de la expresión escrita, su ámbito es universal y obra sobre todos los géneros literarios conocidos.


LO LÍRICO COTIDIANO. La expresión nos remite a la música, a la armonía, al credo de una paz y una belleza orquestadas por el acontecer de las cosas que siempre tienden a su estabilidad, al reposo, al remanso donde las aguas corren imperturbables, calladas. No hay más que imaginarse una lira y una zampoña expresando ese concierto de la naturaleza, dándole forma a esa intimidad que se sustrae a lo oculto en el mundo de la apariencia, y solo el artista sensible puede traer a la luz esas esencias veladas al común de los seres. Lo lírico es un estado: su vibración llega o no llega, se siente o no se siente. Lo lírico está allí, no todos lo miramos, no todos lo sentimos, pero está allí, imponente con sus enigmas y misterios, signado siempre por lo inesperado.

Augusto Mijares 


Como todo, lo lírico también cambia de estado. Nada cuesta entender que lo lírico en el mundo contemporáneo acontece de distinto modo al locus amoenus de la literatura del pasado. La sociedad que nació con el industrialismo y el acelerado urbanismo instauró una segunda naturaleza, a la que románticos como Baudelaire empezaron a dar respuesta en sus obras. En pleno siglo XXI, cuando las guerras del pasado y las del presente, con unas economías  y políticas derivadas de esa errancia –o aberrancia- han construido sociedades pobladas de artificios, de tecnologías sofisticadas, de prótesis para lo orgánico y lo inorgánico en medio de una opulencia estéril, superpobladas, con terribles detonantes a su alrededor: como nunca, masas de migrantes de un país a otro, bastas poblaciones en estado de precariedad e indigencia, desnutridas y sin nicho posible para la sobrevivencia, sin duda que lo lírico se ha instalado en cada descomposición, en el detritus social y anda también entre tantos arsenales de armas y desperdicios de una cultura en crisis, en brutal decadencia. Lo lírico se conecta con lo estético, solo que las obras que surgen de esa omnipresencia constituyen respuestas disímiles: lo feo, lo grotesco, lo absurdo, los abstruso, lo obsoleto, lo errático, lo apocalíptico, en los que la sombra de la muerte compite con lo sublime, con la belleza en igualdad de énfasis y propiedad como estatus literario. Este breve cuadro no es más que la antesala donde ubicaría la Poesía en verso de José Pulido, la que se alinea en lo que su coterráneo Augusto Mijares llamó “Lo lírico cotidiano”.



No sé si Pulido acude con su obra al llamado de Mijares, lo cierto es que da la impresión de que fuera un saldo de cuentas con quienes nos han antecedido en esta batalla de la cultura. “Llamo lírico -a punta Mijares- a lo no vulgar, a todo lo que representa belleza, fuerza, ambiciones superiores y también verdadero placer”. Augusto Mijares, a quien Luis Enrique Mármol en la década del veinte dedicó su emblemático poema “Todos iban desorientados” (en realidad el poema se titula Todos iban. Todos iban desorientados es una novela de Antonio Arraiz de 1951. Nota del editor), fue un ensayista muy vinculado a los poetas de su tiempo, por lo mismo que exigía de estos trascender cierto poetizar adormecido, quietista, viviendo como de espaldas a un tiempo que les exigía otra coartada literaria.


Poema: «Todos iban». – La locura del otro.


A Augusto Mijares


Todos iban desorientados:

perseguían un objeto próximo;

unos iban a su trabajo,

otros al trabajo de otros…


Los ojos errantes y vagos,

hacia la mancha de los pinos

cruzó indolente un enlutado…

—¿A dónde vas?

—No sé —me dijo.

¡Todos iban desorientados,

y el enlutado hacia sí mismo!


1919



Grupo literario Tráfico. De izquierda a derecha: Rafael Castillo Zapata, Alberto Márquez, Igor BarretoYolanda Pantin, Armando Rojas Guardia y Miguel Márquez. Foto: Vasco Szinetar.
Imagen tomada de Pinterest.


En su propuesta de “lo lírico cotidiano” hará declaraciones más contundentes: “La poesía, ante el riesgo de quedarse sin auditorio, tiene pues que adaptarse al margen precario que se le deja: ha desistido de conmover a su público o de entusiasmarlo, y se conforma con desafiarlo y sorprenderlo por medio de la cabriola audaz, la abundancia de metáforas inconexas, todos los recursos de lo imprevisto; hasta de lo imprevisto tipográfico se ha echado mano. Poesía ingeniosa, intelectualista y drolática, lo menos poética posible”. Era una crítica a los poetas de mediados del siglo XX, pero era también una advertencia con respecto a lo que imperaba en ese momento; estaban en boga las experiencias de las vanguardias todavía, arreaban sus banderas nuevos credos poéticos que rompían con ejercicios anteriores de la poesía (la tradicional), poesía que, al tiempo que se liberaba de las viejas preceptivas, se volvía inocua, artificiosa, trivial a veces, lo que luego llegarían a superar los poetas de Sardio en adelante. Esa poesía de frente con su público, que trasciende su intimismo/esencialismo empezará a ser más frecuente en los escritores de la década del sesenta hasta que en los 80 los poetas del grupo “Tráfico con su “Si, Manifiesto” se empeñaron en invertir los valores de la poesía nocturna, sintetizada en la obra de Vicente Gerbasi, para volcarse a una poesía de la calle, de la vida urbana, en una vagarosa transgresión que se diluyó en espectáculos y recitales mediáticos.


Vicente Gerbasi


Siempre quedó pendiente esa búsqueda de “lo lírico cotidiano” planteado por Mijares. Instaurará Pulido su propia poética (prosa y verso); con sarcasmo, con ahínco de juglar, con estudiados desplantes, rebelde, desacralizador, sin complejos a la hora de juzgar lo más íntimo y privado, desprejuiciado con la palabra al sentenciar la esfera de lo público, sin anestesia su singular modo de versificar con la más absoluta libertad, versos explayados y libres, hará incisiones en el cuerpo enfermo de la sociedad que pesa como rémora a la hora del viaje.

Luis Enrique Mármol


Su obra cabalga sobre una contemporaneidad conflictiva, sin horizontes precisos, donde el desvanecimiento del espacio y del tiempo conocidos parecieran haber llegado a su límite, donde el escapismo de unos y otros es lo usual; todo es aleatorio, arbitrario; no hay razones para el optimismo; no hay estado de gracia, el desahucio de todo lo que se tuvo como certeza de vida arruina la vitalidad de la palabra misma. Por eso sus versos dan coletazos de aquí para allá como buscando atrapar el oxígeno que le falta; una poética que hurga en los bajos fondos de lo cotidiano, pero también se eleva sobre las miserias para poner de pie los valores culturales que han nutrido y fortalecido su paso por este mundo, así como darle cuerpo a la luz del interior familiar, a los femeninos cuerpos que van desde la esposa, amada amante, hasta esas mujeres de perfiles eternos que persisten con sus voces de mermelada en las puertas de la noble e inolvidable provincia, esas Beatrices, esas Lauras eternas dejadas atrás, en las que ronda también la juerga de los amigos.



Nek- Laura no está

https://m.youtube.com/watch?v=DAIxrSvq6bo&pp=ygURbGF1cmEgbm8gZXN0YSBuZWs%3D


Heridas espaciales y mermeladas caseras es un poemario que da cuenta del caos en que se mueve lo lírico cotidiano, en el que se poetiza y se narra, versos en expansión como una galaxia, complejas circunstancias de vida donde no faltan la ironía, el recurso de la sorpresa, lo imprevisto, la intencionada divagación, la brusca ruptura de lo que bien podría ser también un reportaje poético, palabras que transan un contrato con el lector, el que debe estar atento porque el fuelle del oculto periodista, inseparable del poeta, cambia su juego porque lo seduce el contraste.


"Toda ideología es una guillotina que corta cabezas buscando el poder”, señala José Pulido / Foto: Cortesía Gabriela Pulido.


Construye el poeta un diorama de reportes líricos en el que la vastedad de la palabra exhibe sus urgencias, sus gritos, sus amores en los andenes de una historia perdida, en los complejos relatos testimoniales donde todos pareciéramos estar de tránsito, en esas ciudades que hemos perdido a fuerza de haberlas vivido con la intensidad y holgura que demanda la existencia, vida como el crisol donde se macera esa explosión de sentidos que tienen como vertedero los textos poéticos que como devoción y devolución de un amor nos entrega José Pulido: “que la sed tenga instintos para fundar el agua”, “Tienes que levantar tu casa con huesos de suspiros”, “Está bien todo, digo alucinado, para no desplumar mi poca fe”, son muestras de esa urgencia del que vive cautivo en un mundo de cosas sin salida posible; un mundo alterado que conduce a la alucinación del condenado, de allí la inhóspita exclamación “Está bien todo”, para no perder la fe, la última reserva de sentido que es la vida; Stanno tutti bene, como en la película de Giuseppe Tornatore. Y en ese “estar bien” tiene sus ríspidas aristas buena parte de su poesía.



Stanno tutti bene (film 1990) TRAILER ITALIANO

https://m.youtube.com/watch?v=3q5rKseSkss



El horror cotidiano paseándose tranquilo

estrenando su bolso militar

su camisa de seda del Japón o su reloj de selva destruida

sin renunciar al mismo balbuceo de periódico anímico

parecía comentar que los viejos horrores ya no asustan.


Ese diálogo que entabla con Rilke en el texto “No entenderán la esencia” llega como advertencia, como el lastimero recurso de quien lee a otro poeta queriendo entenderlo, penetrar las honduras y trashumancias de Los cuadernos de Malte Laurids Brigge, mientras en su exterior el mundo transcurre indiferente. Como en el Cántico de San Juan de la CruzY todos cuantos vagan/ de ti me van mil gracias refiriendo,/ y todos más me llagan,/ y déjame muriendo/ un no sé qué que quedan balbuciendo”. Ese pausado y sobado dolor aliterado de lo incierto, de lo imponderable, que nos deja como en inesperado abandono, y que, guardando las distancias de la lira de San Juan de la Cruz ante la tensión “libertina” de los versos de Pulido, la situación de estado es la misma, por lo mismo que la angustia de ayer sigue siendo la nuestra. “El horror cotidiano” pareciera una sentencia bíblica, como el horror de Kurtz, el horror de Auschwitz, y todos los horrores que se puedan vivir, pero que el peso de esa cotidianidad quisiera banalizar, sustraer su tragedia y continuar su eterno carnaval “estrenando su bolso militar”. ¿No arrastramos acaso nuestros diarios horrores? Lo irónico está en que “ya no asustan” para mayor perplejidad y la presencia virtual de “maese Rilke” da para pensarse a sí mismo y atravesar el cuerpo como “el corazón de un tren descarrilado”.


No es poco lo que hay que abordar en la poesía de Pulido. Llaman la atención esos microrrelatos al final de cada texto poético: abiertos quedan esos otros diálogos ficticios que establecen otras voces, otras instancias de un contrapunto de ángeles como parece sugerirlo el poeta. Cualquiera de los textos de este libro es digno de un comentario, pero si uno deseo destacar por su artística composición es el titulado “Porque el verbo es la esencia de los desconocido”. Pulido describe con soberano dominio los intersticios de una imagen que nada tiene de gratuita, la mirada penetra espacios inverosímiles y desde la entraña de lo más oculto se hace testigo de las metamorfosis de las cosas. Su arte de miniaturista se presta para el puro goce estético:


En la corteza estriada mueve sus alas tenues,

el ser mimetizado

sé que también mis labios agitados se esconden

en un cuerpo leñoso

la mariposa existe y le doy su lugar

de bello silencio estructurado en polvo

aunque no conozca mi lenguaje

yo vivo para nombrarla

y ella existe para no escuchar


Luminosa condensación lírica ese “bello silencio estructurado en polvo” con el que nos da cuenta de la mariposa. En los versos siguientes el poeta sigue con su entreverado estilo de oposiciones para continuar con el murmullo de su “rezo”:


Puedes rezar sin palabras un sentimiento mudo

pero se vestirá de sílabas

si se rompe el columpio de la niña

y recuerdas el nombre de la piedra






Es ese decir desenfadado que nos advierte de lo que potencialmente está ahí aunque no se manifieste, porque son las sombras que arrojan las palabras y que solo el poeta con agudeza e ingenio registra esas criaturas de lo cotidiano, con su personalísima visión, para que sintamos el acto de la creación como advenimiento de la primera vez. Así se estila y se destila la poética de José Pulido.


Igual sentimiento despierta en nuestra lectura su antología “Nunca es un artificio el nuevo exilio”, el mismo desparpajo, el mismo tono satírico porque la vida es un eterno despecho y la errancia parece estar, en el hado de cada ser humano, en ese nuevo éxodo cuya tierra prometida para los migrantes es algo etéreo como el cielo.


Se queda en pelotas el poeta cuando advierte que declina la recta humanidad que lo antecede; observa, menudea su espíritu ante lo que la vida puso en baja en un desfalleciente, fallido país, “país kamikaze”, en el que la vejez no tiene cabida y morirse tampoco. “Épica mínima” llamó la poeta Márgara Russotto uno de su libros de poesía, conseguimos aquí los mismos acontecimientos de los habitantes en ese espacio íntimo de la casa. Dice Márgara: “La miseria/ es también/ esta hilera de libros/ como en pánico abrazados/ entre letras de polvo./ Alucinadas sus tapas/ por el hongo del tiempo/ nada es discernible/ y cúbrense de espanto ante el grito del vendedor/ degollado/ con su cesta de flores,/ Que se caigan y floten/ estas tiránicas páginas/ a los pies aquellos de tanto camino torcido/ mezclándose en el lodo” (“Épica mínima” ‘Pensamientos de bibliotecaria’, Caracas, Edición Cultura Universitaria, 1996).


Márgara Russotto

 Ya podemos advertir cómo los viejos y magnos eventos de la épica se han desplazado a lo lírico cotidiano, al acontecer de nuestras ciudades, de nuestros hogares. La épica es el “género poético primordial” nos señala Jorge Luis Borges: “En la épica está el tiempo, en la épica hay un antes, un mientras y un después; todo eso está en la poesía”. (“Siete noches”. ‘La Divina Comedia’. México: Fondo de Cultura Económica 1995). Con la poesía de José Pulido esa épica, lo lírico cotidiano, alcanza su punto álgido entre la celebración, la errancia y el desencanto. “Se necesita un diccionario del olvido”, escribe el poeta; así nos hablará de “metáforas lisiadas”, “Si quieres suicidarte en la amada Caracas sal a buscar cebollas”; “Siento que mi cuerpo foráneo inverosímil/ nada tiene que ver con el muchacho que mira desde adentro”. Majadero y burlón, echará por delante su propia condición de ciudadano en caída libre:


Comencé a sentir las desventajas de la tercera edad

cuando en el fragor del Metro una muchacha abandonó su puesto

y me dijo ignorando mis fuerzas literarias

—siéntese, abuelito—

el escote de su vestido surgió como un avión

sobre esta isla emergida en 1945

y mis ojos no tuvieron tiempo de rasgarse


Para cerrar cito aquí su velado epitafio, por aquello de que uno nunca sabe y en el carro del implacable tiempo vamos todos:


No podría saltar un charco de agua

sin fracturarme un fémur

cuando muera no digan “vuela alto”

porque no podré hacerlo

aunque me salgan alas de ángel o de cuervo

no podré volar alto

siempre he sido muy torpe con las alas

sé que me golpearé con postes y azoteas

Tengan piedad de mí



FAIM ! Session du 3 mai - José Pulido

20 Visualizaciones desde el 22 jun de 2020 hasta la fecha de publicación de esta entrada.

https://m.youtube.com/watch?v=F2ZJiBGXsTk&pp=ygUdam9zw6kgcHVsaWRvIHBvZXRhIHZlbmV6b2xhbm8%3D


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Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.



Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.


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Ramón Ordaz (El Tigre, 1948). Poeta y ensayista venezolano. Licenciado en Educación por la Universidad de Oriente (UDO), tiene una maestría en Literatura Iberoamericana por la Universidad de Los Andes (ULA). Autor de los libros Esta ciudad, mi sangre (1975), Potestades de Zinnia (1979), Entreveros (1985), Antología del otro (1990), Diario de derrota (1993), Kuma (1997), En los jardines de Colón (1998), El pícaro en la literatura iberoamericana (2000), Profanaciones (2002), Albacea (2003) y El mar es nuestra sed (2007). Ganador del Premio Conac de Poesía (1991) y del Premio de Poesía Bienal Literaria «Teófilo Tortolero» (1996). En 1992, publicó su experiencia con la poesía gráfica bajo el título de Grafopoemas. Fue el editor de la revista En Ancas. Dirigió el Centro de Estudios Literarios «José Antonio Ramos Sucre».



https://tiberiades.org/?p=6202



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