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jueves, 9 de marzo de 2023

Wilfredo Carrizales sobre dos ruedas chinas en la Ruta literaria

 




Períodos de las bicicletas confiadas a la memoria


28 de mayo de 2022 Rutas literarias, Sobre 2 ruedas


Textos y fotografías: Wilfredo Carrizales



Bicicletas en un callejón de Beijing, la capital de China




Regresaron, allí las vemos en diferentes lugares, lejos del pedaleo. Aguardaban el avance de una señal, el movimiento de una transmisión de pensamiento para ponerse en evidencia y formar parte del cuadro, de la escena acaso fortuita o quizá guiada por una cadena de un azar en desarrollo.


1


Si contáramos las prendas de vestir que colgaban, secándose, tal vez habría coincidencia con la cantidad de bicicletas estacionadas, cada una a la espera de su dueño que en ese momento almorzaba o tomaba una siesta. Después cada vehículo de dos ruedas salía y se dirigía por el callejón, ora al este, ora al oeste, según su costumbre. Los que iban hacia el sector oriental recalaban a las puertas del viejo templo taoísta y allí se dedicaban a jugar partida tras partida de ajedrez hasta que el ocaso los convocaba de vuelta a su albergue. Los que se dirigían al sector occidental iban lanzados con el manillar guiándolos a la tertulia de la Torre de la Campana, donde nunca faltaban chismes y noticias curiosas, mientras el vuelo cíclico de las bandadas de palomas ponía una nota no discordante en el ambiente.


Ya en casa, las bicicletas se ordenaban, unas junto a las otras, en dos segmentos, y compartían las experiencias del día y las ilusiones y los sueños que, entre rondas de piñones, se demarraban por las estrechas curvas de los antiguos barrios arbolados.


2


Trajeron a las señoras del mercado de fin de semana y al presente las aguardan, restregándose mutuamente. Las dos bicicletas podrían partir solas, pero prefieren estar a la expectativa e imaginarse el recorrido que se forjará dentro de poco.


Primero deambularán, a la escapada, por las más recónditas callejuelas, aquellas que, de modo súbito, te ofrecen jardines adosados a vetustas paredes de ladrillos grises, donde las macetas se apiñan y rivalizan por mostrar sus colecciones de pétalos o donde bambúes enanos se doblan y se yerguen al compás de brisas sin horarios.


Luego vagarán por angostillos en pos de los gatos callejeros más extraordinarios y observarlos tomando el sol, trepados a terrazas o tendidos debajo de gruesos árboles, lamiendo sus heridas y maullando u ocultando las uñas si no hay ratones en las cercanías.


Finalmente cruzarán con ligero pedaleo los antiguos puentes que aún quedan en pie y ofrendarán sus saludos a los animales de piedra que los custodian y habrá tiempo –antes del ocaso- para detenerse en alguna de las pocas casas de té sobrevivientes y disfrutar de las variadas infusiones, mientras se mastican pipas de girasol y se oyen las voces de los mirlos enjaulados.




3


Bello Jade, reclinada contra el granado, me ve llegar trepado sobre una bicicleta “hembra” y no sonríe. Me mira con fijeza y es cuando su hermosura resalta hasta turbarme. Mi lente atrapa su querida figura y enseguida me le acerco, le acaricio su oscura cabellera y le doy un beso y el sabor del granate asciende con rapidez a mi cerebro. Compartimos  gajos de sonrisas y ella, con un gesto de una mano, me indica un gran pedazo de papel blanco pegado de la pared, donde esbozó el recorrido que haríamos ese sábado y que en su totalidad sería para nosotros.


Disponemos nuestras respectivas bicicletas y enrumbamos hacia el cercano Altar de la Tierra. Dejamos las bicicletas en la entrada principal, las encadenamos juntas y les proveemos de suficiente agua. Bello Jade entra cantando una tonada tradicional de Hubei, su provincia natal, de la cual sólo puedo disfrutar la suavidad de la rima. A continuación nos ubicamos en el antiguo lugar destinado a las ofrendas a la Tierra y ella posa ante las cabezas de dragón que protegen los accesos al sitio.


Encontramos a las bicicletas algo sudadas, aunque todavía la primavera no ha concluido. Ponemos las proas de nuestros vehículos orientados hacia el sur y acudimos al encuentro con el próximo puente que salva un canal y que nos empuja, con suavidad, hasta el muro largo y violeta del Lamasario de Beijing. Ella desciende de la bicicleta y se pone a caminar, muy despacio, sin quitarme la vista de encima. No pierdo tiempo y la retrato con su falda siendo agitada por una leve brisa. En silencio me lo agradece y en silencio me invita a almorzar en un restaurante cuya especialidad es la carne de ovejo cocida en un caldero con agua hirviente y vegetales.


Ahítos, nos ponemos remolones para el regreso, pero las bicicletas han cumplido su círculo de horas y deben marcharse. Las despedimos y las vemos alejarse entre chirridos y nosotros nos abrazamos y prometemos volver a encontrarnos cuando vuelvan a florecer los granados.





4


Cada vez que pasaba por el frente de esa antigua mansión ella estaba allí, solitaria y con la rueda delantera medio sesgada y un brillo tenue en el cubrecadena. Me le acercaba y le oía musitar:


Ayer he pedaleado hasta la Torre del Tambor y he visto a las oropéndolas trasmigrando a través de los tejados cubiertos de pajas, mientras el abuelo del infaltable paraguas se me ha quedado mirando con su cara de inusitado estupor y los triciclos que, sin cesar, llevaban y traían turistas casi me atropellaron…


Hace cinco días atrás me sentí un poco agotada, pero aun así salí a dar una vuelta por el sector más alejado de Houhai y me puse a espiar a los nadadores furtivos en el lago y admiré la magnificencia del suave oleaje y los reflejos infinitos de los sauces llorones sobre el agua un tanto turbia…


La semana anterior me atreví a aventurarme por las orillas húmedas de los canales que han sido habilitados para que vuelvan a surcarlos las barcazas y he conseguido embarrarme las ruedas y, cosa de magia, el lodo se secó de forma extraña y no me hizo descarriar…


Hoy estoy a la espera y anhelo que me empunten hacia el establecimiento donde caigo bajo el poder de los sahumerios y me pronuncio con un timbre que posee  todas las contumacias…


Y de tal guisa ella proseguía su hilera de oraciones y yo me declaraba apto para retirarme y volver.





5


…Y después de haber rodado no se sabe cuántos cientos de kilómetros, arriba al muro gris, medianero y poco elocuente, y se le recuesta para escuchar sus cuitas, ¡que son las mismas de todos los muros de esa condición! Mientras tanto, alguien que no se percibe, barre el polvo, los polvos acumulados por las constantes refacciones que van a depositarse dentro de un balde en actitud sumisa.


…Y la bicicleta no ha traído ni agua en su cesta y cuando la sed la acose tendrá que pedalear con rapidez hasta el pozo oculto detrás de la alta pared y al cual no es fácil acceder, a menos que… ¡A menos que se posea un asiento azul que enamore al líquido del aljibe y le haga ondear de emoción!


La atardecida va adquiriendo una coloratura terriza y la bicicleta no quiere jugar en ese terreno y se arriesga a irse sin interponer vanas despedidas, porque su espíritu es portátil y otorga beneficios a quien lo comprenda. Al rato, sólo permanecen los vestigios del tránsito de la bicicleta y un tenue olor a grasa.





6


Bicicletas en la calzada, frente a un río que enmudece a destiempo. En el aire, las cometas que han elevado los signos de la trashumancia y el revoloteo. ¿Será posible que en algún momento ellas intercambien sus funciones? ¡Sería fenomenal disfrutar del espectáculo de bicicletas voladoras, penetrando el vacío de modo libérrimo y sin cortapisas!


Empero las bicicletas son seres de la tierra y a ella se amoldan hasta para convertirse en tránsfugas y alcanzar los predios del sueño y la imaginación.


Milagrería repentina: los biciclos transforman su quietud en enlaces rotatorios y se dedican a cascabelear durante horas y horas y a encajar en otro orden derivativo, el mismo que se encanala para que múltiples ruedas surquen los horizontes mediatos y, palmo a palmo, desasirse de las rutinas. ¡Ya no más clausuras ni encierros! ¡La revuelta ha comenzado con inmejorable guía!





7


Tembló y se cuarteó el piso. La bicicleta sintió mucho miedo y se replegó, buscando un asidero, un lugar seguro. Continuaron las réplicas del sismo y ella se sintió perdida. Entonces recurrió a sus ingénitas fuerzas y perpetró su audacia y salió con potencia de la callejuela.


El pánico había ganado a la mayoría de las bicicletas que se desplazaban alocadas sin rumbo ni destino. “Nuestro” vehículo de ruedas deslumbrantes, puro flujo magnético, se sobrepuso al miedo y reluchó y como un artista del equilibrio, atravesó vías zambullidas en el marasmo, planchadas tirando a desaparecer, aberturas que hacían perder los estribos y tentar el acabose.


A medianoche, exhausta, pero optimista, ella alcanzó su refugio en las afueras de la ciudad. El firmamento estaba teñido de púrpura y se oían lamentos por doquier. Reposó y no tuvo pesadillas y su manillar se orientó hacia los reconstruidos momentos venideros y una melodía le brotó, masiva, desde el interior de su estructura que no conocía desfallecimientos y sí sunchos de firmeza.




Tomado de Cultura en Bicicleta



China, un "reino de las bicicletas" 2.0


La producción de bicis se ha disparado en China



El Asombroso Cementerio de Bicicletas en China



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Escritor y sinólogo venezolano (Cagua, Aragua, 1951). Reside actualmente en Peking, China, donde estudió chino moderno y clásico, así como historia de la cultura china en la Universidad de Peking (1977-1982). De septiembre de 2001 a septiembre de 2008 fue agregado cultural de la Embajada de Venezuela en China. Textos suyos han aparecido en diversos medios de comunicación de Venezuela y China, entre otros países. También ha publicado los poemarios Ideogramas (Maracay, Venezuela, 1992) y Mudanzas, el hábito (Pekín, China, 2003), el libro de cuentos Calma final (Maracay, 1995), los libros de prosa poética Textos de las estaciones (Editorial Letralia, 2003; edición bilingüe español-chino con fotografías, Editorial La Lagartija Erudita; Peking, 2006), Postales (Corporación Cultural Beijing Xingsuo, Pekín, 2004), La casa que me habita (edición ilustrada; Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2004; versión en chino de Chang Shiru, Editorial de las Nacionalidades, 2006; Editorial Letralia, 2006) y Vestigios en la arena (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2007), el libro de brevedades Desde el Cinabrio (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2005), la antología digital de poesía y fotografía Intromisiones, radiogramas y telegramas (Editorial Cinosargo, 2008) y cuatro traducciones del chino al castellano, entre las que se cuenta Libro del amor, de Feng Menglong (bid & co. editor, 2008). La edición digital de su libro La casa que me habita recibió el IV Premio Nacional del Libro 2006 para la Región Centro Occidental de Venezuela en la mención “Libros con nuevos soportes” de la categoría C, “Libros, revistas, catálogos, afiches y sitios electrónicos”.

Tomado de Letralia.


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sábado, 18 de febrero de 2023

2023, Año de la liebre en el calendario chino: Dichos y poemas



Imagen tomada de Río Negro.



Año de la liebre: dichos y poemas


domingo 22 de enero de 2023

 

Introducción, selección, traducción del chino clásico y notas: Wilfredo Carrizales

 

 

Introducción

Liebre (Lepus sinensis)

 

El 22 de enero comienza el año de la liebre (Lepus sinensis) y se prolongará hasta el 9 de febrero de 2024. De acuerdo con la cronología mítica de China este año sería el 4721. Desde la época de la dinastía Zhou (aproximadamente desde el siglo XI hasta el año 256 a. C.) se han designado los años según un ciclo formado por sesenta combinaciones binarias (pares con pares y nones con nones) de los diez Troncos Celestes (Tian Gan) con las doce RamasTerrestres (Di Zhi). El primer año de cada ciclo se nombra con los dos primeros caracteres de ambas series Jia Zi y el año sexagésimo que concluye el ciclo sexagesimal, con el binomio Gui Hai.

 

Alicia sigue al conejo blanco. 1958.

La invención del ciclo sexagesimal se atribuye al mítico Emperador Amarillo (Huang Di), considerado el padre de la cultura china, habiéndose fijado el primer año del primer ciclo en el año 2697 a. C. El ciclo continúa usándose para los años del Año Lunar (Yin Li) o Calendario Agrícola(Nong Li) que regula la celebración de las festividades populares y las faenas del campo. El primer mes del año lunar empieza siempre más tarde que el año solar. Cada año del calendario lunar se designa con el nombre del animal correspondiente en las doce Ramas Terrestres. Así, al año 2023 le corresponde la liebre (tu), regida por el elemento agua.


Imagen tomada de AliExpress

La liebre simboliza longevidad, paz y prosperidad y se suele creer que será un año de esperanza. El Año de la Liebre Tu Nian) será el año Gui Mao. La liebre es el cuarto de los animales en el zodíaco chino concertado en las doce Ramas Terrestres. También la liebre es un símbolo de la gracia, los buenos modales, el consejo sano, la bondad, la sensibilidad, la fertilidad y la abundancia; símbolo de lo femenino, de la luna, de los nuevos comienzos y cambios. Las liebres son capaces de moverse rápidamente por terrenos difíciles y de escapar fácilmente de los depredadores. En la antigua mitología china se refiere que había una liebre en la luna mezclando en un mortero la droga de la inmortalidad. Se afirmaba que por haber ofendido ella al dios Tai Sui (el planeta Júpiter) había sido condenada a ese trabajo para toda la eternidad.


Imagen tomada de Clarín.


Dichos o frases hechas de cuatro caracteres (cheng yu)

 

No son muy abundantes los chengyu que tengan como tema las liebres, pero los pocos que existen recogen muy bien las características de ese mamífero lagomorfo silvestre.

 

Tu si hu luo: al saltar la liebre, el halcón se lanza (sobre ella): rapidez de movimientos; caligrafía rápida y segura. La expresión proviene de la dinastía Song (960-1279). El poeta Su Shi (1036-1101) usó por primera vez la frase en uno de sus escritos para referirse al modo veloz y vertical de usar el pincel al escribir. En la dinastía Ming (1368-1644), Yuan Zhongdao (1570-1627) en sus Disertaciones dice: “Si se quiere que se vea lo que se lleva en el pecho… el pincel no puede estar ocioso y al esgrimirlo hay que hacerlo como al saltar la liebre, el halcón se lanza sobre ella…”. En la dinastía Qing (1644-1911), Ji Yun (1724-1805) en sus Lecturas de notas menudas en la Casa de Paja dice: “Los asuntos de ahora son como la liebre al saltar; el halcón se lanza sobre ella…”.

Tu si gou peng: muerta la liebre, cuecen al perro: desembarazarse de uno después de haberse aprovechado de sus servicios; los ayudantes de confianza son eliminados cuando se han vuelto innecesarios. La expresión proviene de la dinastía Han del oeste (206 a. C.-24 d. C.). Sima Qian (145-86 a. C.) en sus Registros históricos. Familia de Gou Jian, rey de Yue1, dice: “Al volar los pájaros, se guardan los buenos arcos; muerta la astuta liebre, se cocina al perro de caza”.

Tu si hu bei: muerta la liebre, el zorro llora: compadecerse por sus semejantes. Expresión proveniente de la Colección de literatura popular narrativa de Dunhuang. La golondrina2, de la dinastía Tang (618-907). Se refiere allí lo siguiente: “Afligida al escuchar que el zorro murió, la liebre se puso triste; cuando los seres sufren daño, sus similares lo sienten”.

 

Jiao tu san ku: la liebre astuta (tiene) tres madrigueras: el hombre taimado tiene varias escapatorias; una persona ladina tiene más de un escondite. Dicho proveniente de Estrategias de los Estados combatientes. Estrategias del Estado de Qi de Liu Xiang (77-6 a. C.), dinastía Han del oeste. “Feng Xuan dijo: ‘la liebre astuta tiene tres madrigueras; sólo se logrará la liebre si se le mata. Hoy el Señor tiene una madriguera, pero no tiene una almohada alta para tenderse. Le solicito al Señor cavar la segunda madriguera’”.

Jian tu fang ying: al ver la liebre, soltar el halcón: al mirar una oportunidad a tiempo, ponerse en acción y obtener beneficio. Dicho proveniente de la obra titulada Continuación de las anotaciones bajo la lámpara, escrita durante la dinastía Song. “…Al ver la liebre, soltar el halcón; al toparse con un venado, flecharlo”.

Jian tu gu quan: al ver la liebre, volver la cabeza para mirar al perro: ante una situación apremiante pensar a tiempo una medida para resolverla. Expresión proveniente de Estrategias de los Estados combatientes. Estrategias del Estado de Chu de Liu Xiang: “Al ver la liebre, volver la cabeza para mirar al perro, si no será tarde”.

Tu zou wu fei: la liebre avanza, el cuervo vuela. En la antigüedad se decía que en la luna había una liebre de jade y en el sol un cuervo de oro. El sentido del dicho es que el tiempo pasa. La expresión procede del poema “Temprano en un día de otoño” del poeta Wei Zhuang (c. 836-910) de la dinastía Tang. “El sentimiento del viajero es como el fuego; / la liebre avanza, el cuervo vuela y no se siente de larga duración”.

 

Imagen tomada de Radios Regionales

 Dos canciones del Libro de los cánticos (Shi Jing)

 

El Libro de los Cánticos (siglo XI a. C.-siglo VI a. C.), primero conocido como Canciones antes de la dinastía Qin (221-206 a. C.) o Trescientas canciones. Después de la dinastía Han (206 a. C.-220 d. C.) se le denominó Libro clásico de las canciones. Es la más temprana colección de poesía y se le atribuye su recopilación a Confucio. Se le considera uno de los cinco libros canónicos de la escuela confuciana. Contiene trescientos cinco cánticos con temas amorosos, religiosos, de referencias políticas, populares y mitológicas. Confucio lo expurgó y eliminó los cánticos con más evidente contenido salaz. El libro está dividido en tres secciones: Feng (Aires o baladas), Ya (Himnos dinásticos) y Song (Elogios). Las dos canciones aquí traducidas provienen de la sección Feng.

 

Red para cazar liebres (Tu Ju)

En esta canción se alaba el talento de los guerreros que pueden proteger al Estado y se convierten en nobles de confianza. La canción está estructurada en tres partes con un total de doce versos rimados, de cuatro caracteres cada uno.

 

Cuidadosamente se tejen las redes para cazar liebres;

tac tac se fijan las estacas.

Poderosos y robustos guerreros;

los nobles protegen la ciudad.

 

Cuidadosamente se tejen las redes para cazar liebres;

se instalan en medio de los caminos.

Poderosos y robustos guerreros;

buenos acompañantes de los nobles.

 

Cuidadosamente se tejen las redes para cazar liebres;

se instalan en medio de los bosques.

Poderosos y robustos guerreros;

los nobles son hombres de confianza.

 

Liebre relajada (Tu Yuan)

Uno que no logró la nobleza gime de tristeza. El destino es muy amargo. Estar aburrido sin nada qué hacer da origen a pensamientos de hastío del mundo. Antes se otorgaban títulos nobiliarios, desde el pasado hasta ahora. Él repetidas veces canta, dolorosamente afligido. La canción está estructurada en tres partes con veintiún versos rimados, casi todos de cuatro caracteres, excepto tres de tres caracteres.

 

La liebre no se inquieta;

el faisán cae en la red.

Cuando mis padres me engendraron,

no había guerra ni trabajo forzado.

Después que nací,

me encontré con innumerables dificultades.

¡Deseaba dormir y no podía!

 

La liebre no se inquieta;

el faisán cae en la malla.

Cuando mis padres me engendraron,

no había desgracias ni desastres.

Después que nací,

me encontré con innumerables inquietudes.

¡Deseaba dormir y no podía!

 

La liebre no se inquieta;

el faisán cae en la albanega.

Cuando mis padres me engendraron,

no había servidumbre penal.

Después que nací,

me encontré con innumerables desdichas.

¡Deseaba dormir y no podía!

 

Imagen superior: Izquierda: Cráneo de una liebre del desierto (Lepus capensis) de la comunidad agrícola neolítica china en Yangjiesha, que se utilizó en el estudio (S. Hu / Antiquity Publications Ltd). Arriba a la derecha: Jade tallado de un conejo de una tumba de la dinastía Zhou occidental (1046–771 a. C.) en la provincia de Shaanxi. (P. Sheng / Antiquity Publications Ltd). Parte inferior derecha: adorno de bronce para un carro con forma de conejo recuperado de Yulin. (P. Sheng / Antiquity Publications Ltd)
Imagen tomada de Ancient Origins

A modo de conclusión: el registro 104 de Anotaciones en busca de los dioses

 

 

Anotaciones en busca de los dioses es una obra de Gan Bao, literato que nació durante el período Taikang de la dinastía Jin del oeste (280-289) y murió durante el período Yonghe de la dinastía Jin del este (345-356). Su obra contiene asuntos sobrenaturales, historias de fantasmas y sucesos extraños narrados con brevedad. El registro 104 consta de dieciocho caracteres y es el único que menciona a la liebre.

 

 

En el tiempo del rey Zhou3  de Shang a una gran tortuga le nació pelo, a una liebre le crecieron cuernos. Esto era símbolo de que se produciría una guerra.

 

 

Notas

1. Gou Jian (496-465 a. C.). En el año 473 se apoderó del Estado de Wu, reino que ocupaba el valle del bajo Yang-zi.

2. Cuevas de Dunhuang, en la noroccidental provincia de Gansu, que datan del año 366 d. C. y que contienen esculturas y pinturas murales con historias budistas.

3. Último soberano (¿1154?-¿1122?) de la dinastía Shang (c. comienzos del siglo XVII-siglo XI a. C.), famoso por su crueldad. Fue derribado por el fundador de la dinastía Zhou (siglo XI-256 a. C.).

 

Tomado de Letralia.

 


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Escritor y sinólogo venezolano (Cagua, Aragua, 1951). Reside actualmente en Peking, China, donde estudió chino moderno y clásico, así como historia de la cultura china en la Universidad de Peking (1977-1982). De septiembre de 2001 a septiembre de 2008 fue agregado cultural de la Embajada de Venezuela en China. Textos suyos han aparecido en diversos medios de comunicación de Venezuela y China, entre otros países. También ha publicado los poemarios Ideogramas (Maracay, Venezuela, 1992) y Mudanzas, el hábito (Pekín, China, 2003), el libro de cuentos Calma final (Maracay, 1995), los libros de prosa poética Textos de las estaciones (Editorial Letralia, 2003; edición bilingüe español-chino con fotografías, Editorial La Lagartija Erudita; Peking, 2006), Postales (Corporación Cultural Beijing Xingsuo, Pekín, 2004), La casa que me habita (edición ilustrada; Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2004; versión en chino de Chang Shiru, Editorial de las Nacionalidades, 2006; Editorial Letralia, 2006) y Vestigios en la arena (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2007), el libro de brevedades Desde el Cinabrio (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2005), la antología digital de poesía y fotografía Intromisiones, radiogramas y telegramas (Editorial Cinosargo, 2008) y cuatro traducciones del chino al castellano, entre las que se cuenta Libro del amor, de Feng Menglong (bid & co. editor, 2008). La edición digital de su libro La casa que me habita recibió el IV Premio Nacional del Libro 2006 para la Región Centro Occidental de Venezuela en la mención “Libros con nuevos soportes” de la categoría C, “Libros, revistas, catálogos, afiches y sitios electrónicos”.

Tomado de Letralia.


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