Estimados Lectores
Hoy le obsequiamos esta vieja entrevista que publicó la revista dominical Feriado del diario El Nacional en 1999.
Esperamos sea de su agrado.
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"Chile se ha convertido en un país completamente materialista, lo único que importa es lo que uno gana, lo que uno tiene y lo que uno compra".
Señas para una llama.
Una entrevista a Isabel Allende
"Chile se ha convertido en un país completamente materializado, lo único que importa es lo que uno gana, lo que uno tiene y lo que uno compra".
Señas para una llama
Revista Feriado. 4 de abril de 1999. Nº 823
Superadas las adversidades por el fallecimiento de su hija, haciéndose acompañar por los espíritus y con una nueva epopeya literaria recién publicada, la escritora chilena radicada en la localidad de San Rafael, California, vuelve a desbordar sus emociones. Fiel creyente del destino, Allende celebra la humillación de Pinochet ante los ojos del mundo y mira con preocupación la realidad actual de su país de origen. Arde la mecha de la novelista más leída de América Latina
Edmundo Bracho (Exclusiva para Feriado) Fotografías: Ramón L Suárez
Y de arriba hacia abajo siempre arderá la vela. Así nos recuerda el bardo Van Morrison la manera cómo se consume la cera una vez que la mecha se enciende. La vela que Isabel Allende guarda sobre su escritorio, sin embargo, ardió desde el vientre. Ni arriba, ni abajo. En el mero centro. "Soy parte de un grupo de mujeres que nos reunimos a orar. Rezamos básicamente por la gente que está enferma. Durante la primera reunión que tuvimos después de que murió mi hija Paula, en 1992, pusimos velas nuevas delante de cada una. Me sentía muy mal tras la muerte de Paula y recé con mis compañeras para tratar de soportar aquel dolor. Entonces sentí una presencia ardiente en mi vientre, un fuego en el medio de mi cuerpo. Luego nos sentamos a meditar y me dijeron que mirara mi vela. Estaba ardiendo por la mitad, y ahí se fue cavando un hueco. La vela no se dobló ni se quebró, dejaba un hueco en su centro. Yo dije que aquello debía tener una explicación científica, pero mis compañeras me señalaron que aquello no era coincidencia: era justo mi vela, era justo la primera oración después de la muerte de Paula. Era una señal, me decían: 'Por qué no lo tomas como una señal de que tu hija está contigo'. Desde entonces tengo esa vela aquí conmigo, para recordar que hay cosas muy misteriosas, muy extrañas; que si estoy atenta a esos signos particulares, me siento acompañada por los espíritus".
Allende, la más leída de todos los escritores latinoamericanos en estos momentos, podría hace una década sostener el credo de su homologa Isak Dinesen, cuando ésta apuntaba que todas las penas y agonías pueden hacerse soportables cuando sobre ellas se escribe. Quizá el lastre de una tiranía política que deshizo familias enteras en su Chile natal podría exorcizarse a través de la narración. Ese podría ser el caso de La casa de los espíritus, obra que la encumbró internacionalmente, o De amor y de sombra.
Pero cuando su hija Paula cae en estado de coma a finales de 1991, a los 27 años de edad, para morir un año después, el aguerrido estoicismo que caracterizaba a la autora, si bien la llevó a redactar líneas notables en el biográfico título Paula, no pudo sostenerla en pie hasta años después. A la inconmensurable Dinesen, escandinava para más señas, nunca se le corrió de entre sus dedos la vida de una hija a quien velara, en estado vegetativo, noche tras noche, durante más de un año. Allende escribiría Paula. Pero con ello no terminaba de ahogar el dolor. Más que buscar proverbios de supervivencia danesa, Allende se fortalecía acompañándose de espíritus, muchos en forma de retratos. Hay más sobre su escritorio.
CABALA Y ENTEREZA
También la mesa es muestrario de la foto de Omaira Sánchez, imagen de una niña reclamada por la furia volcánica del Nevado del Ruiz durante la tragedia de Armero, Colombia, en 1987. Aquella instantánea le dio la vuelta al mundo en un circo massmediático, que luego la olvidaría. Para Allende es una presencia constante ante la fatalidad, ante la adversidad. "Esa niña atrapada en el lodo es como mi hija atrapada en su cuerpo, años después. Paula estaba como Omaira: atrapada en una situación sin salida. La única salida posible era la muerte". Era la entereza de Paula, la de Omaira, la que la escritora necesitaría par salir del bloqueo creativo que, dice, sucedió a la publicación de las memorias del largo adiós a su hija.
-¿Cómo salió de ese limbo de silencio literario?
-Luego de la muerte de Paula, pasé dos años sin saber qué hacer. Y entonces me di un tema, como lo haría un periodista. Soy periodista por vocación y por entrenamiento. Un tema opuesto a la idea de la muerte. Así escribí Afrodita. Después de eso me sentí desbloqueada. Inmediatamente, el 8 de enero de 1998, me senté a escribir Hija de la fortuna, libro que ya tenía pensado desde que terminé de escribir El plano infinito, en 1991, y para el cual había estado investigando. La escritura salió muy rápida. Lo hice en seis meses, trabajando diez horas diarias. Volví a tomar el tema de Hija de la fortuna el 8 de enero del 92. Inicio todos mis libros en esa fecha.
-¿Es por una razón cabalística?
-Hay algo de eso, pero también lo hago por disciplina.
-De una carga abiertamente erotómana, Afrodita aparece a la venta pocas semanas antes de la salida del medicamento Viagra. ¿Fue estrategia de mercadeo?
-Noo, ¡ja, ja! Todo lo contrario. Aunque si el libro sale después del lanzamiento del Viagra, no lo compra nadie.
LAS CARTAS ECHADAS
Para muchos, Hija de la fortuna es la novela más ambiciosa de Allende. Nuevamente nos devela la bitácora íntima de una heroína. Su nombre es Eliza Sommers. Nutriendo una quimera pasional, deja el puerto chileno de Valparaíso, en 1869, para seguirle los pasos inquietos a su amante, Joaquín Murieta, hasta los territorios de aquella California de la fiebre del oro. "Ella lo deja todo -señala la autora- y lo desafía todo por lo que ella cree que es el amor". A la postre no encuentra la correspondencia amorosa, la fantasía se transmuta en el encuentro de su propia libertad, o lo que es igual, en el descubrimiento de sí misma.
-¿Hay algo autobiográfico en ese itinerario sentimental, en ese viaje hacía sí misma de Eliza, que es el nudo de Hija de la fortuna?
-No es autobiográfico el argumento, pero es cierto que la novela es un viaje en el tiempo, en el espacio, en el amor... Pero, sobre todo, es un viaje interior. Eliza empieza como una muchacha provinciana; encerrada en una casa, en un corsé; educada para ser una señorita. Igual como me enseñaron a mí. No en un corsé, en una faja. Ella sale de ese mundo para lanzarse a uno completamente masculino, que era el de California del siglo pasado. Tiene que masculinizarse para poder triunfar en esa arena. Comienza a vestirse como hombre, a adoptar actitudes hombrunas, y cuando se siente ella misma, libre y fuerte, vuelve a la ropa femenina, ya sin el corsé. Es como una me táfora del feminismo, de lo que le ha pasado a nuestra generación de mujeres.
