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jueves, 29 de diciembre de 2016

Buen viaje Debbie



Estimados Amigos

ayer 28 de diciembre de 2016 falleció la actriz Debbie Reynolds en Los Ángeles, California (El PasoTexas1 de abril de 1932). Una figura icónica de la época dorada del cine que mantuvo una activa presencia en la actuación hasta el final de sus días. Su deceso sucedió un día después de la muerte de su hija Carrie Fisher. Aprovechamos este espacio para rendirle un modesto homenaje y desearle un buen viaje a los Puertos grises.



Una película a la que su nombre esta unido mientras el cne exista y seamos capaces de guardar los recuerdos es:  Cantando bajo la lluvia (1952). vean a continuación un trozo de ese inolvidable filme 






A continuación mencionaremos otro filme no tan famoso como el anterior (del año 1996) pero que tiene un publico cautivo dentro de la comunidad de frikis alrededor del mundo: Las manías de Mama




Buen viaje Debbie te deseamos desde esta isla en este inconmensurable océano de silicio.




«Star Wars (1977)», poema de Luis Alberto de Cuenca





viernes, 12 de junio de 2015

Ha muerto Drácula.

Por Carlos Díaz Maroto




Recientemente ha emprendido su viaje a los puertos grises, el dueño de los rasgos faciales que el imaginario colectivo le asigna a Drácula. Muchos actores han representado este personaje, pero nadie se adueño del vampiro victoriano por antonomasia como lo hizo el actor británico Christopher Lee.




Carlos Díaz Maroto es escritor, crítico de cine, ha colaborado varias veces con este blog y recientemente ha lanzado el sitio web Invasores de Marte, donde apareció originalmente el artículo que hoy les presentamos: la intensa vida dedicada al cine fantástico del malogrado Lee. 

Raquel Welch y Christopher Lee


El propio Carlos me ha indicado, que Lee también hizo un pequeñito papel en una película del Oeste, pero por ser tan irrelevante no lo incluyó. Me hablaba de la película inglesa, pero con la apariencia de un Spaghetti Wéstern y, cómo no, rodada en Almería: Ana Caulder (Hannie Caulder, Burt Kennedy, 1971) Lee interpreta al armero que fabricó el revólver usado la protagonista, la espectacular Raquel Welch. Como dato curioso apuntar que el gran guitarrista Paco de Lucia tiene un cameo como músico mexicano.



by PacoMan


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Christopher Lee: una leyenda viva

Aún no nos hemos repuesto de la impresión. El pasado domingo, 7 de junio de 2015, Christopher Lee falleció en el hospital a las ocho y media de la mañana, víctima de problemas respiratorios y un fallo cardíaco. Poco antes, el día 27 de mayo, había celebrado su cumpleaños en el propio hospital. Tenía 93 años y ya hacía mucho que era una leyenda del cine fantástico. Demos un repaso no exhaustivo a su ingente carrera.




Sir Christopher Frank Carandini Lee había nacido el 27 de mayo de 1922 en Belgravia, un barrio de Londres, hijo de la condesa Estelle Marie Carandini di Sarzano y de Geoffrey Trollope Lee, soldado profesional. Cuando Christopher tiene cuatro años de edad los padres se divorcian, y después estudia en el Wellington College desde los catorce a los diecisiete años. Luego trabajará como empleado de oficina en dos compañías navieras hasta inscribirse en la Royal Air Force en 1941, con motivo de la Segunda Guerra Mundial. Es cuando acaba el conflicto cuando decide encauzar su carrera hacia el mundo del cine, y entra a trabajar en la Rank Organisation en 1947.

Con casi trescientos créditos en películas, telefilmes y apariciones en series y documentales, su debut se había producido en televisión en 1946 en el programa de televisión de la BBC Kaleidoscope, un programa de variedades en el que participó en dos episodios. En cine su primer cometido fue en el interesante film de misterio La extraña cita (Corridor of Mirrors, 1948), de Terence Young.

En “A Son for Tomorrow”
 
Antes de su etapa mítica, coincidió con el gran Terence Fisher en el drama A Song for Tomorrow (1948), y con Peter Cushing en dos películas, Hamlet (Hamlet, 1948), de Laurence Olivier, y Moulin Rouge (Moulin Rouge, 1952), de John Huston, pero no aparecieron en las mismas escenas. Durante los cincuenta trabajó en cometidos menores en películas de todo tipo, así, destaca su pérfido español en la maravillosa El hidalgo de los mares/El capitán Horacio Hornblower (Captain Horatio Hornblower R.N., 1951), de Raoul Walsh. Pero fue en 1957 cuando su carrera varió, cuando una pequeña productora llamada Hammer Films le contrató para un papel de monstruo en una cinta que devendría en un clásico del cine de terror: La maldición de Frankenstein (The Curse of Frankenstein), del nunca suficientemente ponderado Terence Fisher.

Su nombre es Drácula

Tras hacer de la criatura de Mary Shelley en la citada cinta, Lee vuelve a coincidir con Fisher en la adaptación de otro clásico del género, Drácula (Dracula, 1958). Si en la anterior su compañero de reparto, Peter Cushing, daba vida al doctor Frankenstein, aquí lo hace como profesor Abraham Van Helsing. La película, breve y económica, lima en no poco la trama del libro de Bram Stoker, pero a nivel de espíritu está muy cerca de él, y en el aspecto cualitativo a mi juicio a estas alturas sigue siendo la mejor adaptación que se ha hecho de este clásico. La complejidad expositiva y la riqueza escenográfica se aúnan junto a unas excelentes interpretaciones, donde Lee confiere belleza animal y fuerza depredadora a su monstruo que es más una fuerza devastadora de las convenciones sociales británicas de aquel entonces.

En “Drácula” (1958)

Lee volverá a encarnar al Conde para la Hammer en Drácula, príncipe de las tinieblas (Dracula, Prince of Darkness, 1966), nueva obra maestra de Fisher, Drácula vuelve de la tumba (Dracula has risen from the Grave, 1968), de Freddie Francis, El poder de la sangre de Drácula (Taste the Blood of Dracula, 1970), de Peter Sasdy, Las cicatrices de Drácula (Scars of Dracula, 1970), de Roy Ward Baker, Drácula 73 (Dracula A.D. 1972, 1972), de Alan Gibson, y Los ritos satánicos de Drácula (The Satanic Rites of Dracula, 1973), de Gibson una vez más. Paulatinamente, el vampiro había ido perdiendo intensidad dramática e importancia en los libretos, y el actor se fue desencantando del personaje.

En 1970 se realiza la co-producción entre España, Reino Unido, Alemania, Italia y Liechtenstein El conde Drácula/Count Dracula/Nachts, wenn Dracula erwacht, con producción del británico Harry Alan Towers, quien tiene la mala idea de contratar como director a Jesús Franco. Christopher Lee, engañado por Franco, accede a participar en la película, con la promesa de que, al fin, se tratará de un acercamiento fiel a la novela. Aparece en el set de rodaje con la capa y las lentillas que usó en la Hammer, pero el director madrileño lo rechaza con una sonrisa de suficiencia… El conde Drácula no es solo una película preñada de errores de todo tipo, desde de documentación hasta ambientales, sino que acaso sea el acercamiento más frío que se haya realizado de la vigorosa novela de Stoker.

En la versión de Franco
 
En el documental sueco Vem var Dracula? (1975), de Calvin Floyd —más conocido por el título anglosajón de In Search of Dracula— actúa como presentador, pero también aparece como Vlad Tepes en las recreaciones históricas que se ofrecen. Y en la comedia francesa Dracula père et fils [tv/vd: Drácula, padre e hijo, 1976], de Édouard Molinaro, vuelve a ser el Conde.

También aparece sin nombre, pero su personalidad es inequívoca, en los dos cameos de las comedias Si quieres ser millonario, no malgastes el tiempo trabajando (The Magic Christian, 1969), de Joseph McGrath, y One More Time [tv/dvd: Una vez más, 1970], de Jerry Lewis.

Tras las huellas de Sherlock Holmes

En “El perro de Baskerville”

La carrera de Lee también ha estado unida al mito de Sherlock Holmes de diversas maneras. En 1959, cuando la Hammer produjo la magnífica El perro de Baskerville (The Hound of the Baskervilles), Terence Fisher quería a Lee como el detective, pero los productores insistieron que fuera Peter Cushing. Finalmente, a Lee se le ofreció el papel de Sir Henry Baskerville, el heredero recién llegado de tierras americanas. Y ha de decirse que el actor cumplió el rol de caballero seductor con un aplomo increíble, ofreciendo una de sus escasas encarnaciones como galán.

Cuando a Fisher le surgió la posibilidad de rodar otra aventura de Sherlock Holmes, ahí no claudicó y consiguió que Lee encarnara al protagonista. Lástima que el resultado fuese uno de sus films más flojos, la co-producción con Alemania El collar de la muerte (Sherlock Holmes und das Halsband des Todes, 1962). Lee, al menos, se divierte encarnando el papel, donde el detective hace amplio uso de su pasión por el disfraz.

Como Mycroft Holmes


En la estupenda La vida privada de Sherlock Holmes (The Private Life of Sherlock Holmes, 1970), de Billy Wilder, no es Sherlock, sino su hermano, Mycroft. Pese a no adecuarse para nada al físico del personaje, Lee aporta una interpretación espléndida, y es una de sus favoritas y de las que se sentirá más orgulloso.

Lee volverá a ser el mejor detective de todos los tiempos en dos mini-series de televisión, Sherlock Holmes y la prima donna (Sherlock Holmes and the Leading Lady, 1991), de Peter Sasdy, e Incidente en las cataratas Victoria (Incident at Victoria Falls, 1992), de Bill Corcoran. Se trata de dos producciones menores pero efectivas, y Lee hace de nuevo una espléndida encarnación, acompañado por Patrick Macnee como Watson —quien en alguna otra ocasión será el propio Holmes—.

En la segunda mini-serie sobre Holmes
 
Añadamos también su labor como narrador en el estupendo documental The Many Faces of Sherlock Holmes (1985), dirigido por Michael Muscal.

Fu Manchú ataca

La creación de Sax Rohmer ya había tenido bastantes adaptaciones con anterioridad, destacando en especial la mejor de todas, La máscara de Fu Manchú (The Mask of Fu Manchu, 1932), de Charles Brabin y Charles Vidor, y el mítico serial Los tambores de Fu Manchú (Drums of Fu Manchu, 1940), de William Witney y John English. En 1965, el productor Harry Alan Towers, ya citado, se hizo con los derechos y puso en marcha El regreso de Fu Manchú (The Face of Fu Manchu), de Don Sharp.

En “El regreso de Fu Manchú”

El éxito indujo a la creación de un ciclo con un total de cinco entregas, siempre con Christopher Lee en el rol principal, simpáticas las tres primeras, pésimas las dos últimas. Las otras cuatro fueron Las novias de Fu Manchú (The Brides of Fu Manchu, 1966), de Sharp, La venganza de Fu Manchú (The Vengeance of Fu Manchu, 1967), de Jeremy Summers, Fu Manchú y el beso de la muerte/The Blood of Fu Manchu (1968), de Jesús Franco, y El castillo de Fu Manchú/The Castle of Fu Manchu (1969), una vez más de Franco.

En todas ellas, Lee realiza una sobria composición del personaje. Sin embargo, cabe añadir que con anterioridad la Hammer realizó una obvia imitación de Fu Manchú con El terror de los Tongs (The Terror of the Tongs, 1961), dirigida por Anthony Bushell, y donde Lee interpreta a Chung King, líder de la secta de los Tongs, confiriéndole matices siniestros y perversos. El resultado es muy superior a todas las entregas citadas de la serie de Towers, y permanece como una curiosa rareza en la filmografía de la productora.

En “El terror de los Tongs”

Otros clásicos del terror

Una vez logrado el éxito con Drácula, la incorporación de Lee en infinidad de películas del género —con las producciones de la Hammer a la cabeza— es consecuencia lógica. Films muy populares, como La momia (The Mummy, 1959), de Terence Fisher (con Cushing de co-partenaire), pero también otros menos conocidos, como una joya del mismo año y director, The Man Who Could Cheat Death. También para Fisher participó en Las dos caras del doctor Jekyll (The Two Faces of Doctor Jekyll, 1960) —donde encarna a otro seductor—, la magistral La gorgona [tv: La Medusa; vd/dvd: La leyenda de Vandorf] (The Gorgon, 1964) —en la que vuelve a coincidir con Peter Cushing—, y la espléndida The Devil Rides Out [tv/dvd/bd: La novia del diablo; vd: La batalla de Satán, 1968], donde encarna al detective de lo oculto, el duque de Richleau, en un proyecto que él insistió a la Hammer que se hiciera.

En “La novia del diablo”
 
Lee también es llamado a Italia en bastantes ocasiones, país donde cabe destacar, al menos, cuatro cintas: uno de los mejores peplums, fusionado con terror, Ercole al centro della Terra [dvd: Hércules en el centro de la Tierra, 1961], de Mario Bava; otra joya de Bava, el horror sadiano La frustra e il corpo (1963); otra cinta por derroteros similares, El justiciero rojo (La vergine di Norimberga, 1963), de Antonio Margheriti; y una co-producción con España que adapta la Carmilla de Sheridan Le Fanu, La maldición de los Karnstein/La cripta e l’incubo (1964), de Camillo Mastrocinque.

A inicios de los setenta surge una eclosión del género en Inglaterra, y Lee trabaja activamente film tras film, así cabe destacar La mansión de los crímenes (The House That Dripped Blood, 1971), de Peter Duffell, para la Amicus; la estupenda co-producción con España Pánico en el transiberiano/Horror Express (1972), de nuestro Eugenio Martín; la interesante Noche infernal (Nothing But the Night, 1973), de Peter Sasdy, producida por él mismo para su compañía Charlemagne, que, debido a su fracaso, fue la única que hizo; la fascinante The Creeping Flesh [tv/vd: El esqueleto viviente; vd: Cuerpos vivientes, 1973], de Freddie Francis… Y, sobre todo, The Wicker Man [tv/vd/dvd: El hombre de mimbre, 1973], de Robin Hardy, su película favorita, una fascinante crónica sobre la pervivencia de cultos paganos en la actualidad, y donde hace una creación extraordinaria.

En “The Wicker Man”


A la vejez, viruelas

Como hemos visto, su carrera no fue insignificante, precisamente. Sin embargo, cuando ya tenía no poco crédito a sus espaldas, y ya era un anciano, dos papeles le volvieron a traer al candelero, e hicieron que las jóvenes generaciones que ignoran el cine clásico lo conocieran.

En 2001 Peter Jackson hace frente a su monumental adaptación de El Señor de los Anillos (The Lord of the Rings, 1954-1955), de J.R.R. Tolkien. Y toma la excelente decisión de contratar a Lee para el papel de Sarumán el Blanco. No sólo eso, sino que amplía el rol del actor con respecto a lo que el personaje aparece en los libros, teniendo presencia fundamental en la trilogía fílmica (aunque en la tercera entrega recorta su papel para el montaje estrenado en cines). Inclusive lo hará aparecer en El hobbit: un viaje inesperado (The Hobbit: An Unexpected Journey, 2012). Durante el rodaje de esta Lee ya estaba enfermo y aceptó aparecer con la condición de rodar en Londres, y todo se hizo con las mayores facilidades posibles. Lee, desde luego, realiza una portentosa interpretación de Sarumán, ayudado por la fuerza de su mirada y la potencia de su voz, que con la edad se ha ido haciendo más grave, pero sin perder su perfecta dicción británica. Sin embargo, su aparición en El hobbit puede considerarse más bien un triste testimonio.

Como Sarumán en la trilogía de Peter Jackson

Un año después que Jackson, esto es, en 2002, George Lucas efectúa una labor de recuperación similar a la del neozelandés. Algo lógico, por otra parte, pues ya en La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977) había hecho alarde de su mitomanía cinéfila contando con Peter Cushing (para un papel destinado inicialmente a Lee, y que rechazó en aquel entonces). Así pues, en la floja Star Wars: Episodio II – El ataque de los clones (Star Wars: Episode II – Attack of the Clones, 2002) le ofrece un papel llamado Conde Dooku, de connotaciones inequívocas, así como su caracterización, si bien cabe señalar el escaso y torpe uso del que Lucas le hace objeto.

Un hombre polifacético

Christopher Lee fue un actor excelente que, como tantos otros de su categoría, se vio “rebajado” a trabajar en cine de terror, lo cual provocó que se le etiquetara y, a nivel de la industria, se le ninguneó su auténtica valía. Lee acabó odiando el personaje de Drácula, y se negaba a firmar autógrafos sobre fotos mostrándole en tal cometido, mientras que era de una gran amabilidad en cualquier otra circunstancia.

En “El hombre de la pistola de oro”

Y cabe señalar que, cuando interpretó otro tipo de papeles, los bordó igualmente, como sucede en los señalados en el sub-capítulo sobre Sherlock Holmes. O también su mítico papel como enemigo de James Bond, Scaramanga, en El hombre de la pistola de oro (The Man with the Golden Gun, 1974), de Guy Hamilton; o el malvado Rochefort en el delicioso díptico de Richard Lester Los tres mosqueteros: Los diamantes de la reina (The Three Musketeers: The Queen’s Diamonds, 1973) y Los cuatro mosqueteros: La venganza de Milady (The Four Musketeers: The Revenge of Milady, 1974); o su papel de marido calzonazos en Aeropuerto 77 (Airport ’77, 1977), de Jerry Jameson; o su Ramsés encarnado en la mini-serie Moisés (Moses, 1995), y que en cierto modo repetiría ese mismo año en The Tomorrow Children: The Rameses Connection, así como en otra mini-serie, En el comienzo (In the Beginning, 2000), de Kevin Connor…

Es muy famosa también la capacidad canora de Lee, donde incluso interpretó musicales como El rey y yo, del que existe edición discográfica. También grabó discos de flamenco y de heavy. Hablaba fluidamente el francés, el alemán, el italiano y el español, y “se defendía” con el griego, el ruso y el sueco. En sus inicios como actor dobló películas extranjeras al inglés, y fue la voz, por ejemplo, de Jacques Tati en la casi muda Las vacaciones de Monsieur Hulot. En ocasiones hasta dobló a mujeres, y Douglas Fairbanks Jr. refirió una vez que Lee era capaz de hablar con cualquier acento. Con una estatura de 1,96 m., Lee fue el actor principal más alto que existió.

Uno de sus discos

Ahora, Lee nos ha abandonado, y el vacío que ha dejado dentro del cine de género fantástico ha sido enorme, hasta el punto de que el último de los clásicos ha desaparecido con él. Hoy todos somos algo más huérfanos. Descanse en paz.

 Carlos Díaz Maroto


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by PacoMan
 

En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico.

Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po


 
Carlos Díaz Maroto

Escritor y amigo del blog del Grupo Li Po



viernes, 4 de octubre de 2013

La actriz de "Expedientes Secretos X" Gillian Anderson

consiguió los fondos para la primera estatua de Dickens en el Reino Unido








Madrid


 23/01/2013

 

 

  • El monumento se inaugurará en junio, en Portsmouth, lugar de nacimiento del genial escritor

 


La actriz Gillian Anderson afirmaba a la BBC: «No me podía creer que no hubiera ni una estatua de Dickens en Inglaterra». Y se puso manos a la obra, gracias a su labor de mecenazgo, ha conseguido los fondos para realizar la primera estatua de Charles Dickens, que será creada por Martin Jennings.

Estatua de Dickens junto con uno de sus descendientes Oliver Dickens. Fotografía de Sue Lowry


A pesar de que hay estatuas conmemorativas del escritor repartidas por el mundo, no hay constancia de que haya ninguna en Reino Unido. Parece ser que con ello se cumplían los últimos deseos del autor de «Oliver Twist», que dejó escrito en su testamento que no quería ni estatuas ni monumentos dedicados a su figura.

Expandir el interés


El monumento, que cuesta unas 118.000 libras (140.48o euros), se inaugurará el próximo día 9 de junio, en la plaza Guildhall de Portsmouth (lugar de nacimiento del escritor), coincidiendo con el 133 aniversario de su muerte. «Una pieza en este lugar servirá para expandir el interés y el conocimiento por la figura y la obra del escritor».

Estatua de Dickens. Fotografía de Sue Lowry


Estaba previsto que la pieza, que mostrará a Dickens leyendo en una silla, estuviera lista en 2012, cuando se cumplían los doscientos años del nacimiento del genial escritor, pero la falta de fondos provocó que el proyecto quedara en el aire.

¿Que no tuvo que hacer Gillian para conseguir los fondos para la estatua de Dickens?


Un benefactor anónimo ha puesto los últimas 25.000 libras (29.76o euros) necesarias para la estatua, encargada por la Hermandad Dickens. El resto del dinero ha sido recaudado por la Fundación Estatua de Charles Dickens.


Tomado de ABC


Más información aquí




jueves, 4 de julio de 2013

FRAGMENTO DEL CAPÍTULO I DEL LIBRO
"AVA GARDNER: BEBERSE LA VIDA"










Estimados Amigos

Hoy le dejamos un trozo del libro AVA GARNDER: BEBERSE LA VIDA, una biografía de una de nuestras actrices favoritas de la época dorada de Hollywood escrito por Marcos Ordoñez.


Esperamos disfruten de este bocadillo biográfico 


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AVA GARDNER: BEBERSE LA VIDA



  • Marcos Ordoñez descubre en este libro una etapa tan interesante como poco conocida de la vida de la famosa actriz







Capítulo I

Algunos años antes



Ava Lavinia Gardner nació el día de Nochebuena de 1922 en Carolina del Norte, cerca de Smithfield, en Grabtown, una comunidad de plantadores de tabaco tan pequeña que ni siquiera figuraba en el mapa. Era la más pequeña de los siete hijos de Jonas Bailey Gardner, un granjero irlandés, católico y alcohólico, y Mary Elizabeth Baker, una baptista escocesa crecida en Virginia. Fue bautizada con los nombres de dos muertas: su abuela materna, Ava, había fallecido al dar a luz a Lavinia, su decimonovena hija, que también murió.

La tierra que rodeaba la casa de los Gardner era oscura y fangosa. Ava Lavinia empezó a trabajar en el pequeño cultivo de tabaco de su padre a los seis años. Su labor consistía en limpiar las hojas de larvas y gusanos. Lió su primer cigarrillo a los cinco y comenzó a fumar a los ocho. A los diez se ocupaba de la cocina. El único libro que se podía leer en su casa era la Biblia. Una vez, cuando le preguntaron por su niñez, se limitó a contestar: «Lo único que realmente deseaba en aquella época era estar muerta».



A los 12 años, Ava Lavinia era la chica más guapa de la escuela de Brogden. A los 13 murió su padre, al que adoraba. Nunca se recuperó de esa pérdida y nunca se llevó bien con su madre. Le prohibía salir con chicos, no la dejaba ir al cine. Una noche, a escondidas, vio la primera película de su vida: Tierra de pasiónRed Dust»), con Clark Gable y Jean Harlow. Jamás se le habría ocurrido que acabaría protagonizando su remake junto al gran Gable: Mogambo.



A los 18 años, en el verano del 40, salió por primera vez de Smithfield para visitar a Beatrice, Bappie, su hermana mayor. Cuando nació Ava, Bappie tenía 19 años, y se convirtió para ella en una segunda madre. El primer matrimonio de Bappie había sido un fracaso. Se divorció y se fue a Nueva York, donde se casó de nuevo con un fotógrafo, llamado Larry Tarr, que tenía su estudio en la esquina de la Quinta Avenida con la calle 49. Tarr, impresionado por la belleza de Ava Lavinia, le tomó unas fotos, y un joven recadero de la Metro llamado Barney Duhan las vio en el escaparate del estudio. Haciéndose pasar por un cazatalentos, dijo que se las enseñaría a Marvin Schenk, jefe del departamento de contratación. Era un truco viejísimo para salir con aspirantes a artista, como Larry Tarr no tardó en descubrir, así que decidió tomar el asunto en sus manos y llevó las fotos personalmente a Ben Jacobson, el auténtico encargado de la búsqueda de nuevos valores.



Ava Lavinia llegó a Hollywood el 23 de agosto de 1941 para su primera prueba. El encargado de realizarla fue George Sidney, que años más tarde la dirigiría en Magnolia. Sidney recuerda a una muchacha que no soportaba los zapatos de tacón ni el sujetador. En su ficha anotaron: «Medidas: 36-30-26. Talla: 1,70. Peso: 48 kilos».

No hace falta describir su rostro. Hay disensiones acerca de su cabello (negrísimo para unos, con reflejos rojizos para otros) y sus ojos: eran verdes y brillantes, herencia de su padre, aunque hay quien los recuerda con matices amarillos. Tenía un acento sureño tan marcado que parecía hablar en un idioma extranjero. Louis B. Mayer, presidente de MGM, dijo: «No sabe actuar, no sabe hablar, pero es deslumbrante».

La Metro le hizo firmar un contrato de 50 dólares a la semana por siete años. Según sus cláusulas, estaba obligada a aceptar cualquier papel, a posar en sesiones fotográficas, conceder todas las entrevistas que se le asignaran, no beber, comportarse correctamente en público y pedir permiso al estudio cada vez que necesitara salir de Los Ángeles. Tras la firma, Mayer la envió a tomar clases de dicción con Lilian Burns y Gertrude Vogler para que le quitaran el acento y le enseñaran a vocalizar.



Bappie, que por aquellos días se había divorciado de Larry Tarr, se fue a vivir con ella a Hollywood y encontró trabajo como vendedora de bolsos en Magnin, unos almacenes de Beverly Hills.


Mickey Rooney  y Ava Gardner


A poco de su llegada, Ava conoció a Mickey Rooney, la superestrella de la Metro gracias a las películas de la serie Andy Hardy: el perfecto chico americano, el hijo travieso pero de buen corazón que todas las madres desearían tener. Cuando le vio por primera vez, el joven actor rodaba Babes on Broadway («Hijos de la farándula») disfrazado de Carmen Miranda, con pestañas postizas, falda, sostén, sandalias de plataforma y los labios pintados de rojo intenso: no parecía el mejor comienzo para un romance. Rooney se acercó a Ava para pedirle una cita. Ella se sintió halagada, pero no aceptó. A lo largo de la semana siguiente, Rooney continuó insistiendo cada mañana hasta conseguirlo. En su primer encuentro la invitó a cenar en Chasen's, el restaurante más caro de Los Ángeles, y Ava se presentó con su hermana como carabina.




Rooney se volvió loco por Ava. Le enviaba ramos de rosas y orquídeas, la recogía en su Lincoln para llevarla a los estudios y la devolvía a su casa por la tarde. Siguió un intenso y estudiado programa de festejos. Cenaban en Romanoff, bailaban en Mocambo, tomaban cócteles en Don The Beachcomber y acudían juntos a los estrenos importantes. A Louis B. Mayer no le hacía ninguna gracia aquella relación, porque pensaba que Rooney podría perder al público adolescente. El 10 de enero de 1942, poco después de cumplir 19 años, Ava se casó con él en una iglesia presbiteriana de Ballard, un pequeño pueblo cerca de Santa Bárbara. Les Peterson, un publicitario de los estudios enviado por Mayer, les acompañó durante la luna de miel y se aseguró de reservar una habitación con nombre falso: cuatro días en el hotel Del Monte, en Carmel, cerca del lugar donde se habían casado.

Se divorciaron al año siguiente. Rooney dijo: «Era demasiado joven para aceptar las responsabilidades del matrimonio. Perdí todo nuestro dinero apostando a los caballos. No quería renunciar a las apuestas, las copas y las otras mujeres». Ava dijo: «Éramos unos críos. Nuestra vida estaba en manos de otras personas, y no tuvimos la menor oportunidad».



El día de su divorcio coincidió con la muerte de su madre, Mary Elizabeth Baker, enferma de cáncer. Ava viajó a Smithfield, y su llegada fue anunciada en la primera página del diario local. A su vuelta, se instaló con Bappie en un apartamento en Westwood, cerca de Hollywood, donde había pasado los primeros meses de su matrimonio. No tuvieron problemas económicos. Podía haber exigido la mitad de los bienes de Rooney, pero se conformó con 25.000 dólares, un automóvil y las joyas y abrigos de piel que él le había regalado.

Una serie de fotos muestran a Ava divirtiéndose o aparentándolo en sucesivas noches que parecen la misma. Con Peter Lawford. Con Turhan Bey. Con Fernando Lamas. Con el cantante Billy Daniels. Con el abogado Greg Bautzer, un antiguo amor de su amiga Lana Turner. En el Ciro's. En el Mocambo. En el Romanoff.



En 1943 comienza su relación con el multimillonario Howard Hughes, de quien se decía que sólo le interesaban cuatro cosas en el mundo: el dólar, la aviación, el cine y las mujeres con pechos grandes. En una ocasión, al enterarse de que Ava había pasado toda la noche bailando en el Mocambo con un torero mexicano, Hughes le dislocó la mandíbula de una bofetada. Ella le golpeó con una estatuilla de bronce y le dejó sin sentido. La leyenda detalla diversos regalos de reconciliación, que van desde un Cadillac como obsequio de Navidad hasta un barril lleno de helado de naranja acompañado de la nota «Con amor, Howard».

Durante los dos años siguientes, Ava salió exclusivamente con Hughes. La relación se prolongaría a lo largo de veinte años.

En 1945, Ava consigue su primer papel protagonista en Whistle Stop y sorprende a George Raft besándole con la boca abierta. En los cines, el público masculino se volvía loco con esa escena. Variety escribió: «Ava Gardner realiza su mejor trabajo hasta la fecha». Ese mismo año le presentaron en el Mocambo al clarinetista y director de orquesta Artie Shaw, que acababa de volver del frente. Ava tenía todos sus discos, y Shaw cuatro matrimonios a sus espaldas. El primero, con June Carns; el segundo, con una enfermera llamada Margaret Allen. El tercero, con Elizabeth Kern, hija del compositor Jerome Kern. El último, y más tempestuoso, con Lana Turner. También había vuelto locas a Judy Garland y Betty Grable.




La noche del Mocambo, Shaw le dijo que la consideraba la mujer más perfecta, física y espiritualmente, que nunca había conocido: otro mal comienzo. Ava se trasladó a la casa de Shaw en Bedford Drive, cerca de Sunset Boulevard. Mayer se enfureció, y Bappie hizo todo lo posible para convencerla de que un escándalo era lo que menos le convenía. En la Metro se aceptaba el divorcio, pero no que las celebridades «vivieran en pecado». Louella Parsons y Hedda Hopper preguntaban una y otra vez en sus columnas: «¿Para cuándo la boda?». Mayer podía haber despedido a Ava por la cláusula moral de su contrato, pero el éxito de Whistle Stop le disuadió.

Entre mayo y junio del 45, Ava rodó la película que habría de convertirla en una estrella: Forajidos («The Killers»), de Robert Siodmak, basada en el brevísimo, fulminante relato de Hemingway. John Huston, Anthony Veiller y Richard Brooks escribieron el guión. Walter Wanger, que se había fijado en Ava en Whistle Stop, se la recomendó a Mark Hellinger, productor independiente bajo la tutela de la Universal, el primero en tomarse en serio sus aspiraciones de actriz. Siodmak dirigió una prueba con Ava y el debutante Burt Lancaster que entusiasmó a los jefes del estudio. Lancaster interpretaría a Pete Lunn, El Sueco, el gánster que aceptaba resignadamente la muerte al comienzo de la película, y Ava sería Kitty Collins, la mujer que le llevó a la perdición. Hellinger tuvo que insistir mucho para que Mayer le prestase a Ava durante cinco semanas. Cerró el trato ofreciendo a la Metro 5.000 dólares. Ava cobró 350 a la semana.



Robert Siodmak fue su primer maestro. La ayudó a vencer su inseguridad, a modular la voz, a transmitir emociones con la mayor economía posible. Edmond O'Brien, que interpretaba al agente de seguros Jim Reardon, el hombre que investiga la extraña muerte de El Sueco, le contó a Charles Higham: «Siodmak estaba tan fascinado por Ava que la dejaba dominar visualmente cada escena. Nos empujó realmente al límite de nuestras posibilidades, a Ava, a Burt y a mí. Una vez que cayó enfermo y fue reemplazado por un día estuvimos a punto de perder el norte». Envuelta en un vestido negro de escote vertiginoso, Ava cantó por primera vez, con voz oscura y sensual, The More I Know of Love, the Less I Know, compuesta por Miklos Rosza.

 
The Killers 1946 Trailer | Burt Lancaster | Ava Gardner




   
Ava Gardner Sings In The Killers 1946


Forajidos se convirtió en el acontecimiento de la temporada, todo un triunfo de público y crítica, batiendo el récord de taquilla con casi tres millones de recaudación. La revista Life le dedicó siete páginas, que acababan con esta frase: «No hay ni un actor conocido, y sin embargo las interpretaciones son dignas de un Oscar». Ningún miembro del equipo se llevó un Oscar —fue el año en que arrasó, previsiblemente, Los mejores años de nuestra vida, de William Wyler—, pero Ava regresó a la Metro con el premio Look a la debutante más prometedora. Hemingway le diría, años más tarde, que era la única película basada en una de sus obras por la que sentía verdadera admiración.



Presionados por la prensa y los estudios, Ava y Artie Shaw se casaron el 17 de octubre de 1945. Pasaron la luna de miel en Nueva York, porque el músico tenía que actuar en el Paramount Theatre. El matrimonio duró poco más de un año. Ava comentó: «Artie quería vivir en Nueva York, pero mi carrera estaba en Hollywood. No soportaba a mis amigos ni yo a los suyos. Se burlaba de mí porque sólo había leído Lo que el viento se llevó, así que me organizó un cursillo cultural acelerado: conferencias, seminarios, música clásica, libros y más libros. Me matriculó en unas clases de literatura y economía en la Universidad de Los Ángeles. Hizo que visitara a su psicoanalista, May Romm, tres veces por semana. Todo tenía que hacerse según su voluntad. Yo estaba loca por él, pero no teníamos ningún interés común ni podíamos vivir juntos. Me marché antes de que me anulara».

Años más tarde, Artie Shaw declaró a Motion Pictures: «Cuando la conocí era una buena chica que aún no se había malogrado. Vivimos juntos casi un año antes de casarnos, y eso entonces no estaba permitido. Ava dijo luego que nunca habíamos tenido un verdadero matrimonio, pero es mentira. Si se acabó fue por culpa del estrellato y la publicidad. Y por su hermana Bappie, que intentó que atrapara a Howard Hughes y le obligase a casarse con ella».



El 16 de agosto de 1946, Ava presentó la demanda de divorcio, pidió recuperar su apellido de soltera y renunció, como había hecho con Mickey Rooney, a exigir la mitad de los bienes de Shaw. Obtuvo el divorcio en octubre, exactamente un año después de la boda.

Howard Hughes y Ava Gardner en un encuentro de boxeo en 1946


El incombustible Howard Hughes volvió a proponerle matrimonio; ella, de nuevo, se negó. Colofón de la leyenda: el multimillonario siguió enviándole un ramo de rosas rojas cada cumpleaños, acompañado por una tarjeta con las iniciales H. H.

 
A Scene from THE KILLERS


Tomado de El Pais

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Actualizada el 10/12/2022