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miércoles, 12 de noviembre de 2025

Lola Robles, escritora de CF: Desde el 2010 ha aumentado la cantidad de escritoras y de lectores leyendo sus obras

 

La escritora Lola Robles


ENTREVISTA A LOLA ROBLES: “HAY QUE POTENCIAR QUE LAS AUTORAS PARTICIPEMOS EN ANTOLOGÍAS MIXTAS SIN NINGÚN PROBLEMA”

Publicado por Arantxa Rochet | 29 Nov, 2018 | 



Entrevistamos a la escritora y filóloga Lola Robles, coeditora de Distópicas y Poshumanas, dos antologías de relatos que pretenden visibilizar a varias autoras de fantástico en castellano. Los dos volúmenes se convierten en el punto de partida de una reflexión sobre la identidad del género.





La escritora y filóloga Lola Robles empieza a pasar las páginas de Distópicas. Al lado, sobre la mesa, tiene Poshumanas. Ambos libros han sido publicados por la editorial Libros de la Ballena el pasado mes de mayo y las ventas no pueden ir mejor. Acerca la vista y se ajusta sus gafas redondas mientras comienza a repasar cada título del índice. Le he preguntado cuál es su relato favorito de la colección que ella misma se ha encargado de antologar junto con la investigadora Teresa López-Pellisa y la escritora Sofía Rhei, y que recoge lo más destacado de la ciencia-ficción escrita por mujeres españolas desde el siglo XIX hasta la actualidad. “Para mí son todas mis niñas, es muy difícil esto”, dice mientras sigue repasando el índice. “Por ejemplo, «La crisálida», de Blanca Marta, me encanta. «El aprendizaje», de Sofía Rhei, «Quimiuns», de Conchi Regueiro, «Hambre», de Cristina Jurado, «La mujer de Lot«, de Elia Barceló”. Estás diciéndome todos, la interrumpo. Lola ríe, mueve el pelo corto y gris debajo de una gorra negra con la bandera republicana. “Es que me das a elegir a quién quiero más de mis niñas y es imposible, no soy capaz”. Cierra el libro y se rinde. No elegirá uno solo de los 24 cuentos que integran, en total, los dos volúmenes. Porque cada uno tiene detrás una historia diferente, más allá de la que el propio relato cuenta. La historia de cómo Lola Robles, Teresa López-Pellisa (Alcañiz, 1979) y Sofía Rhei (Madrid, 1978) bucearon en la vida y obra de mujeres casi desconocidas unas, consagradas otras, para sacar a la luz una antología sin precedentes en nuestro país.

Elia Barceló


Publicar Distópicas y Poshumanas era para Lola Robles “imprescindible”. Porque en las antologías de ciencia-ficción en español que habían salido hasta entonces, al menos en las que eran algo representativas, las mujeres “eran una mínima parte”. Y haber, había más. “Aunque hayan sido una minoría dentro de la ciencia-ficción, no había solo una autora como podía ser Elia Barceló, insiste, aunque, por supuesto, la gran dama del género también está presente en esta colección.


Estamos sentadas en una cafetería del centro de Madrid. Habíamos quedado para encontrarnos en la librería Mujeres y Compañía, donde Robles ha dejado unos libros antes de la entrevista. Licenciada en Filología Hispánica y una de las coordinadoras y socia fundadora de la Biblioteca de Mujeres, es autora de varios artículos y ensayos, uno de los cuales ganó en 2017 el Premio Ignotus otorgado por la Asociación Española de Fantasía, Ciencia Ficción y Terror. Ha dirigido varios talleres literarios y como escritora ha cultivado el relato y la novela con obras como La rosa de las nieblas (Kira Edit, 1999), El informe Monteverde (Equipo Sirius, 2005; nueva edición corregida y ampliada en Crononauta, 2018), Flores de metal (Equipo Sirius, 2007), Yabarí (Cerbero, 2017) y El árbol de Sefarad (Cerbero, 2018), entre otros. Un bagaje profesional y personal que la hacían perfecta para una aventura como esta.


Una antología contra la invisibilización

Sofía Rhei


La idea de hacer una antología como Distópicas y Poshumanas la tenía Lola Robles desde hace “muchísimos años”, por la sencilla razón de que “no había nada parecido”. Sin embargo, el tiempo pasó y la iniciativa se difuminó, hasta que en diciembre de 2014 coincidió en un evento literario con la escritora Sofía Rhei: “Ella me propuso la misma idea. Fue el impulso que necesitaba”. A partir de ahí se pusieron en contacto con la investigadora Teresa López-Pellisa, con el fin de luchar contra la doble invisibilización de estas autoras: de un lado, por ser mujeres y, de otro, por escribir ciencia-ficción.

Teresa López-Pellisa


Porque si ser mujer es un escollo, el género literario no lo es menos en un país con una larga tradicional realista. “No se ha leído a muchos autores desde esa perspectiva y quienes han empezado a hacerlo han trabajado menos a las autoras, bastante menos, salvo algunos casos muy específicos”. Ahora, por fortuna, esta tradición realista “ya no es tan intensa o tan exclusiva”, explica Robles, aunque “sigue pasando. A los autores realistas se los lee como realistas y sigue habiendo un rechazo por parte del establishment literario español” hacia la ciencia-ficción. “Es algo muy típico español, que no pasa en América Latina y no creo que pase en los EEUU. Pero aquí hay todavía una especie de clasismo. Hay ciencia-ficción de entretenimiento, y está bien, cumple su función. Pero no sólo es eso: lo que pasa es que mucha gente no conoce los géneros, ni siquiera desde el punto de vista de saber qué son y cómo funcionan. Y mientras en la escuela, en el instituto y en la universidad no se enseñe y no se explique bien, no se va a cambiar de idea”.


Presentación de las antologías en la librería Gigamesh de Barcelona. De izquierda a derecha: Montse Argente Jiménez, del Institut Catalá de les Dones, Lola Robles, Sofía Rhei y Teresa López-Pellisa. Fotografía de Marta Perpiñán Arias.


Lola Robles nació en Madrid en 1963. Desde niña le gustaba leer libros de aventuras y de ciencia-ficción, aunque en ese momento no sabía que lo era. También fue una época en la que tanto el feminismo como el movimiento LGTB+, de los que Lola ha sido activista toda su vida, aún tenían mucho que recorrer en España, más el segundo que el primero. En este sentido, apunta, la ciencia-ficción “es un género que permite presentar alternativas a la realidad que conocemos. Por eso le va muy bien al feminismo o a cualquier otra teoría o movimiento político, porque no solamente permite criticar la sociedad, el mundo que conocemos, el presente, el pasado, sino presentar alternativas lógicas”. En el caso de Distópicas y Poshumanas, los relatos giran en torno a dos ejes temáticos principales: las distopías y los viajes por el espacio, en el primero, y el uso de la ciencia y la tecnología para la mejora de la Humanidad, así como los seres híbridos, los robots y los androides, en el segundo.

Nieves Delgado.


Pero, más allá de los temas, lo que está claro es que no se puede hablar de estos dos libros sin hablar de feminismo. Sobre todo por el reconocimiento de las mujeres escritoras del género que supone, pero también porque tiene entre sus páginas relatos con un claro enfoque feminista, como “Casas Rojas”, de Nieves Delgado, donde se habla de la esclavitud sexual, o “Mares que cambian”, de la propia Lola Robles, ambos publicados por primera vez en Alucinadas I, la antología dedicada a escritoras españolas de ciencia-ficción que se hizo en 2014 por convocatoria abierta. “Le tengo mucho cariño, me interesa mucho el tema de la identidad de género que trato en él”, cuenta sobre su relato.

Cristina Jurado.


Mientras en la escuela, en el instituto y en la universidad no se enseñen ni se expliquen bien los géneros fantásticos va a seguir existiendo clasismo literario en España


Recuperación de autoras clásicas

Emilia Pardo Bazán


No hay que confundir esta visibilización con la intención de diferenciar la ciencia-ficción escrita por mujeres de la escrita por hombres; no existe, según Robles, una distinción en lo que escriben unas y otros. Lo que han pretendido con esta selección de relatos es otra cosa: en primer lugar, “recuperar autoras no consideradas de ciencia-ficción pero que podían tener obra”, como Emilia Pardo Bazán, de la que se ha incluido su relato “La cabeza a componer”, en el que un hombre aquejado por terribles dolores de cabeza y mareos va haciendo que le extirpen parte a parte el cerebro hasta perder todo lo que le hace humano: la memoria, la razón, la imaginación. “Sabemos que Pardo Bazán escribió realismo y naturalismo en narrativa, y también teatro, poesía, ensayo…. Y escribió fantástico y terror, y muy bueno. Pero sobre ciencia-ficción no se la había estudiado prácticamente”, apostilla acerca de la obra de la autora coruñesa. En segundo lugar, pretende incluir autoras que habían quedado relegadas al olvido, como María Guéra o Ángeles Vicente, y otras clásicas como María Laffitte, la condesa de Campo Alange. Y, en tercer lugar, mostrar a escritoras del siglo XX y del siglo XXI “que hubieran escrito más o que fueran significativas por algo”, como Rosa Fabregat, Rosa Montero, Elia Barceló, Felicidad Martínez, Susana Vallejo… “Es una cosa muy variada. Ha habido diversos factores. Ha sido complicado porque hay algunas autoras importantes que se han quedado fuera, porque no podíamos meter novela o porque ha habido problemas con los derechos de autor”, como pasó con Matilde de la Torre o Mercedes Salisach.

María Laffitte, la condesa de Campo Alange


No obstante, el motivo principal de que haya autoras que no hayan sido incluidas en esta antología es otro bien distinto: “Queríamos hacer un volumen de 1.200 páginas pero nos dijeron que no”, ríe. “Yo luchaba mucho porque siempre quería poner más y ellos (los editores) me decían que no podía. Es que no nos cabe, decían. Fue una lucha continua. Yo ponía y ellos quitaban”.

Mercedes Salisach. Imagen tomada de aquí


Daba para eso y mucho más, porque el proceso de investigación para el libro comenzó a principios de 2015 y, aunque “ha habido parones”, también “había todo un trabajo anterior. Yo llevaba años investigando y trabajando sobre la segunda mitad de siglo XX; Teresa López-Pellisa tenía mucha información sobre autoras del siglo XIX y XX; Sofía Rhei conoce mucho a las autoras actuales… No empezábamos de nuevas”.

Matilde de la Torre 


La ciencia-ficción le va muy bien al feminismo o a cualquier otra teoría o movimiento político porque es un género que permite presentar alternativas a la realidad que conocemos

Rosa Montero


Y con el proceso de investigación llegan las anécdotas. Para Lola, ha habido algunos pasos de investigación “casi detectivesca”. Es lo que ocurrió con María Guéra, de la que no se sabía nada y al final “hemos reconstruido prácticamente toda su historia familiar, con su hijo Arturo Mengotti, co-autor del relato incluido en la antología, “Herencia de sueños”. Investigar es una de las pasiones de Lola: “Yo trabajaba en el Registro Civil y un día vi una partida de alguien que se llamaba Mengotti y le pregunté. Y sí debía de ser un familiar, porque me dijo que María Guéra y su hijo habían emigrado a América. Entonces me puse a buscar. A veces lo localizas en una semana y a veces puedes tardar años, o a lo mejor nunca lo consigues”.

Susana Vallejo


En este caso sí tuvo éxito, y la labor resulta ser, casi siempre, muy gratificante. “Normalmente la gente te responde muy bien porque si son familiares de autoras que no han estado muy reconocidas, siempre es una satisfacción para los hijos”. Es el caso también de Florencia Grau, autora que al final no pudieron incluir pero cuya investigación comenzó con un recorte de una revista que Lola Robles guardaba desde niña. “Leí en la revista Lecturas un cuento de ciencia-ficción que me gustó mucho, recorté la página y me quedé con ella durante años. Me gustó mucho porque se trataba de un relato de ciencia-ficción y que, sin yo saberlo, fue el que me hizo aficionarme al género. Así que quería saber quién era esa señora. Puse un anuncio en mi blog y una mujer catalana que no conocía de nada me escribió y me dijo que esta mujer tenía un serial radiofónico en una emisora de Barcelona y era madre de una actriz que se llama Marta Angelat. Busqué su dirección en las Páginas Amarillas y le escribí una carta. Me contestó muy contenta. No la hemos podido meter en la antología, pero tengo pendiente dedicarle más espacio en mi blog porque la información que me dio la tengo recopilada”.


Los dos volúmenes publicados por Libros de la Ballena


También hay hueco para las curiosidades. A Alicia Araujo la eligieron para formar parte de la antología porque su cuento “El hijo de la ciencia” es el único suyo que conocían publicado y además aparece en una de las primeras antologías de ciencia-ficción española, de 1967. “Esta señora pertenecía a un grupo que creía en la existencia de extraterrestres, los umnitas, que venían de un planeta que se llamada Ummo. Estos extraterrestres aparecían sobre San José de Valderas”. Las dos reímos, pero Lola Robles se apresura a añadir: “Por qué no, si aparecen en Wisconsin también pueden aparecer allí. Todos mis respetos para San José de Valderas”.


Extraterrestres aparte, para Lola Robles el trabajo que ha dado como fruto esta antología ha supuesto toda una experiencia, no sólo por la labor de investigación, sino también por la oportunidad de colaborar con Libros de la Ballena, una editorial vinculada al máster de Edición de la Universidad Autónoma de Madrid. “Trabajar con esta gente ha sido un gustazo. Hemos trabajado muchísimo, nos hemos cansado, había días que estábamos a las tres de la mañana enviándonos correos, pero ha sido una experiencia muy satisfactoria y si reeditan sería mucho más satisfactoria todavía. Porque se ha vendido muy bien, ha tenido una acogida muy buena”.


Portada de la antología Alucinadas.


Colecciones de relatos mixtas y no mixtas en la ciencia-ficción


A pesar del éxito, siempre queda, sin embargo, la duda de si con iniciativas como esta existe el peligro de que se relegue a las autoras a publicar en antologías de mujeres. Lola Robles está de acuerdo con que supone un riesgo. Aprovecha para alabar otros proyectos de ciencia-ficción y terror escrita por mujeres como Alucinadas, Terroríficas o el Premio Ripley, que están haciendo “una labor muy importante”, pero considera necesario que “las autoras no nos limitemos a eso sino que participemos después en antologías mixtas. Es una buena manera de dar a conocer a autoras noveles, pero personalmente creo que eso debe tener un tiempo. Hay que potenciar que podamos participar en antologías mixtas sin ningún problema”.


Sobre todo ahora, que se está dando un “cambio espectacular” en el número de lectoras y escritoras de ciencia-ficción. “Desde el comienzo del siglo XXI y sobre todo en la segunda decena, a partir de 2010, ha habido un aumento más que notable. Hay más autoras escribiendo y hay un mayor público leyendo autoras”. Y eso se ve reflejado también en la evolución de los personajes. “Según evoluciona la sociedad también evolucionan los autores”, explica. Lola pone como ejemplo el tabaco. “Antes lo normal era que la gente fumara en las películas y en los libros, pero según te vas acostumbrando a que se fuma menos, va influyendo. Ahora mismo, si tú te fijas en las series, no fuman tanto”. Con los personajes pasa lo mismo. “No es que se haga de una manera políticamente correcta o no, es que influye el entorno”.


¿Entonces, todo está conseguido para las escritoras de ciencia-ficción? No, para nada. “Aún hay mucha gente que sigue diciendo aquello de yo no me fijo en el género del autor. Y yo les diría: pues si no te fijas, no verás el problema que ha habido hasta ahora. Todavía hay prejuicios o ese tipo de ideas”. Matiza, sin embargo, que “no se puede juzgar a todo el mundo por igual, pero sí es verdad que en general respondemos con una serie de frases hechas. Y si, por ejemplo, si te quieres dedicar a escribir, te tienes que fijar”. Además, ahora las cosas son muy diferentes. Aunque aún queda mucho camino por recorrer, “las chicas de ahora tienen incorporado el feminismo de una manera mucho más natural. Antes te daba miedo decir que eras feminista porque te pudiera pasar algo, porque no le gustara a la gente”, dice mientras da vueltas a su gorra en las manos y recuerda una anécdota que le pasó hace poco, en el Festival Celsius: “Iba con esta gorra, con la bandera republicana. La compré porque quise. Y en un cruce, un señor en una furgoneta me gritó: ¡Arriba España! Así que, aunque parezca increíble, porque no creo que sea una cosa para ofender ni yo la llevo para ofender a nadie, hay personas que se dedican a mirarte y no tienen nada mejor que hacer en su vida que meterse con las demás. En ese sentido el miedo que teníamos antes era el miedo de una sociedad que todavía no había conocido los derechos y en la que podía haber agresiones. Que las sigue habiendo. Pero las chicas de ahora, las escritoras más jóvenes, las lectoras, tienen el feminismo mucho más normalizado y además son muy cañeras, muy guerreras, y a mí eso me encanta”.


Desde el comienzo del siglo XXI hay más autoras escribiendo y hay un mayor público leyendo autoras


La cafetería se ha ido llenando de gente. El ruido de las conversaciones se eleva por encima del tintineo de las tazas y los cubiertos. Los dos libros, Distópicas y Poshumanas, siguen encima de la mesa. ¿Se quedarán solos o han pensado en hacer algo parecido en géneros como el fantástico o el terror? “Hablamos de hacerlo en fantástico, pero que nos pongamos a ello ya es otra cosa”, confiesa Lola Robles. “A nosotras nos encantaría, sobre todo la parte de recuperación, que es la más interesante”. En el aire se queda la posibilidad. Porque tanto la ciencia-ficción como lo fantástico o el terror, tienen, para la escritora, “mucho futuro”.



Arantxa Rochet

Redactora. Arantxa Rochet nació un solsticio de invierno como muchos dioses paganos. Vive entre la Tierra y otros planetas y desde pequeña le gusta leer todo lo que se publica en este y al otro lado del Universo. Aquí estudió Periodismo e hizo un máster en Narrativa y Escritura Creativa. Desde entonces ha hecho un poco de todo: ha montado en globo, plantado un libro, tenido un árbol y, a falta de escribir hijos, ha trabajado para diferentes periódicos, revistas y webs. Comparte piso con una alienígena en forma de gata que le ha contado sus planes secretos para dominar el mundo



https://www.fabulantes.com/2018/11/entrevista-a-lola-robles/





¿Qué es la antologia?

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https://m.youtube.com/watch?v=uXKp3F6Gdn4




¿A quién va dirigida la antología?

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https://m.youtube.com/watch?v=8OcsXzApw2k




¿Cómo se eligieron los relatos?

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https://m.youtube.com/watch?v=-DFR4jE8lgs&pp=QAFIAQ%3D%3D




¿Qué relación guarda la ciencia ficción con la literatura transgénero, queer, LGTBI?

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https://m.youtube.com/watch?v=wfmvGWMBuW0




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viernes, 3 de octubre de 2025

¿Se puede pensar en una nueva Utopía cuando el Ahora es la suma de todas las distopías posibles?

 

Imagen tomada de memedroid.


De la distopía a la nueva utopía


CIENCIA FICCIÓN

Después de que los relatos apocalípticos acapararan la atención de la ficción, tanto literaria como audiovisual, la visión esperanzada renace de nuevo como forma de pensar e imaginar el futuro



  Ilustración: Riki Blanco

INÉS MACPHERSON


31/08/2024 06:00

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“Está usted aquí”, dice un diagrama de Venn en el que convergen una serie de círculos donde aparecen los títulos de las distopías clásicas, para señalar que vivimos en un mundo marcado por todos los males políticos y sociales que diversos autores imaginaron décadas atrás. Aparecen las fake news y alguien comenta que es un acontecimiento que se parece mucho a la manipulación de la historia y del lenguaje que imaginó Orwell en 1984. Ocurre algún desastre y remarcamos que nos estamos acercando al mundo de Mad Max. A veces parece que leamos, y nos guste leer, la realidad en clave distópica. Por eso, desde hace ya algunos años, ciertos movimientos y géneros literarios apuntan que la esperanza y la mirada utópica parecen haberse convertido en lo revolucionario, lo subversivo.


MAD MAX: FURIA EN EL CAMINO - Trailer Comic-Con (Subtitulado) - Oficial Warner Bros. Pictures

https://m.youtube.com/watch?v=UxPhr1fElg0&pp=ygUbbWFkIG1heCB0cmFpbGVyIHN1YnRpdHVsYWRv


Según el filósofo Francisco Martorell, autor de libros como Contra la distopía. La cara B de un género de masas (La Caja Books, 2021) o Soñar de otro modo. La reinvención de la utopía (La Caja Books, 2024, aunque se publicó una versión anterior en el 2019), desde hace años la distopía está presente en todos los aspectos de la ficción (películas, series, videojuegos, libros). Esta abundancia parece reforzar el clamor sistémico que dice que lo peor está por venir y no hay alternativa. Pero ¿qué entendemos por distopía y en qué se ha convertido?


Martorell señala que “aunque toda distopía esboza un futuro aciago, no todo futuro aciago pertenece a la distopía”. ¿Por qué? Porque la distopía nació sobre todo como un género político de ciencia ficción en el que retratar, de forma detallada y crítica, la estructura social y política de una realidad (no deseable) peor que la nuestra, aunque en cierta manera nacida de ella. En su momento, buscaban provocar una reflexión sobre los peligros de los totalitarismos. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando se repite demasiadas veces que ese futuro no deseable es a lo que vamos porque no hay alternativa? Que aquello que nació como forma de reflexión acaba por reforzar el relato, porque si lo único que hacemos es contarnos lo mal que está el mundo y cómo va a ir a peor, lo que alimentamos es el desaliento. Por eso, tanto Martorell como otros autores se esfuerzan en reivindicar la importancia de recuperar otra mirada, otra forma de pensar, de imaginar, para luchar contra la sensación de inmovilismo, de incertidumbre, de que no hay alternativa, solo una línea recta que nos lleva al desastre.


Vista del Matrimandir, el emblemático edificio espiritual de cúpula dorada en la comunidad de Auroville, en la India.


Quizá también por eso desde hace unos años aparecen obras de ficción y de no ficción que se acercan a una perspectiva utópica como motor, como fuente de diálogo, porque una de las claves para recuperar este tipo de discurso es recordar que las utopías no son algo cerrado, perfecto, sino algo en construcción, una forma de explorar, de imaginar. Además de los ensayos escritos por Francisco Martorell, podemos encontrar la recopilación de ensayos Habitar el horizonte. Plétora de utopías posibles, editado por Julia Ramírez-Blanco y publicado por MRA Ediciones en el 2023, Malsons i somnis de futur, de Jordi Solé Camardos (Voliana Edicions, 2024), donde el autor estudia las aportaciones positivas y negativas de utopías, distopías y catastrofismo en la ficción, o la también reciente Utopías cotidianas, de Kristen Ghodsee (Capitán Swing, 2024), un libro que nos muestra ideas, ficciones y experimentos utópicos que buscaron e imaginaron otros planteamientos, otras maneras de vivir u organizarse. En algunos casos fueron experimentos fallidos, pero, como recuerda el título del ensayo de Akash Kapur sobre la búsqueda de la utopía en Auroville, Almenys ho vas intentar (Saldonar, 2023). O como el escritor uruguayo Eduardo Galeano recordaba, citando las palabras del cineasta Fernando Birri al hablar de la utopía: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.



Lo que queda de Auroville, una utopía espiritual y ecológica en la India

https://m.youtube.com/watch?v=9kJRAe8QUP4



Utopías ambiguas, distopías críticas

La escritora estadounidense Ursula K. Le Guin (1929-2018) defendía que la ciencia ficción era una manera de ­preguntarse “¿qué pasaría si…?”. Para esta autora, como para muchos otros auto­res y autoras del género, la ciencia ficción era una forma de reflexión, no sobre el futuro, sino sobre el presente. Aunque podamos decir que George Orwell acertó, o que en algún cuento de Ray Bradbury aparece un elemento ­tecnológico que nos recuerda al móvil, la ciencia ficción no busca predecir el futuro, sino des­cribir y reflexionar sobre el presente, utilizar la literatura para especular, ­para imaginar y pensar ­sobre el comportamiento humano.


Le Guin también defendía que la utopía no debía comprenderse como una sociedad cerrada, acabada, hecha y perfecta, sino como un proceso: un proceso de aprendizaje y crecimiento, de comunicación y respeto, de honestidad y conciencia. De hecho, la idea del proceso y del diálogo impregna varias de sus obras, como Los desposeídos. Una utopía ambigua (Minotauro/Raig Verd), obra que fue escrita en 1974 y de la que se cumplen cincuenta años. En ella, encontramos el planeta Urras, dominado por una sociedad capitalista, y su satélite, Anarres, donde se instalan los exiliados de una revolución para llevar a cabo la implantación de una utopía anarquista. ¿Qué hace que esta novela sea tan interesante? Que nos muestra ambas sociedades a través de los ojos de un personaje que nos permite ver las dificultades, las tensiones que surgen, porque cualquier construcción social las tiene. Y vemos la importancia de dialogar para comprender, para reflexionar, para encontrar otra manera, otro camino. Se la considera una utopía crítica porque explora las dos posibilidades, y muestra las limitaciones y problemáticas de ambas, porque, en el fondo, no hay soluciones fáciles ni simples.



Ursula K. Le Guin


/ La nueva perspectiva recuerda que la utopía no es algo cerrado, perfecto, sino una forma de explorar, de imaginar


Lola Robles (Madrid, 1963), escritora de ciencia ficción, teórica y estudiosa de géneros fantásticos, nos propone una idea similar en su última novela Más allá de Concordia (Consonni). Concordia es un mundo pacífico, casi utópico, al que acuden tres habitantes del planeta Mirguissa. La posibilidad de ver una sociedad desde otro punto de vista permite que los propios habitantes de Concordia se pregunten cómo funciona su sociedad y en qué podrían mejorar. La autora muestra, con un gran manejo de los diálogos, la importancia de la reflexión constante, de la comunicación y la observación para comprender la sociedad, a los demás, a nosotros mismos. Más allá de Concordia es una novela que nos habla de la convivencia, de la construcción de la identidad personal y colectiva, y nos recuerda, como también lo hacía Le Guin, que una sociedad utópica no es perfecta e inamovible, ni debiera aspirar a convertirse en un estado intransigente, autoritario o cerrado, sino que debería aprender de los errores e intentar transformarlos.


Cambiar la mirada

Son muchas las voces que están trabajando para que la ficción se llene de un imaginario que aporte una mirada diferente, más abierta, más amable. En la edición del 2023 del Festival 42 (el festival de géneros fantásticos de Barcelona que tiene lugar en noviembre desde hace tres años), se plantearon diversos debates sobre literatura apocalíptica, distopías y utopías, y sobre cómo los géneros fantásticos pueden ser una de las maneras de explorar alternativas más optimistas o que, como mínimo, tengan un punto más de esperanza.


Kim Stanley Robinson (Illinois, 1952). Imagen tomada de Sciencefriday


Uno de los exponentes de este planteamiento centrado en la esperanza es el escritor estadounidense Kim Stanley Robinson (Illinois, 1952), autor que ha visitado varias veces el CCCB de Barcelona para hablar de literatura especulativa, climate fiction y del optimismo enfadado, concepto que definió en una entrevista con José Luis de Vicente en el 2017, y que se podría resumir en que “hay que utilizar el optimismo como un bate, para dar caña a todos los que dicen que estamos sentenciados y que mejor que nos rindamos”.


La escultura ‘Searching for Utopia’, creada por el artista belga Jan Fabre. Imagen tomada de HA


Desde hace años, Kim Stanley Robinson busca pensar la ficción desde una mirada que imagine posibilidades que se alejen del desaliento, no inventando futuros perfectos, sino explorando escenarios donde la humanidad ha logrado afrontar las dificultades, ha buscado alternativas. Si nos centramos en su última novela, El Ministerio del Futuro (Minotauro, 2021), el estadounidense imaginó la creación, en el 2025, de un ministerio del futuro cuyo objetivo era buscar una solución al incremento desbocado de emisiones de CO2 e incentivar una sociedad y una economía que permitiera la sostenibilidad de la humanidad. Como en el caso de Le Guin o Robles, no se trata de un lugar acabado, sino que lo que busca el autor es explorar lo que ocurre en las décadas posteriores, ver cómo esa decisión afecta a la sociedad, cuáles son las reacciones de los gobiernos…

Becky Chambers. Imagen tomada de Wikipedia.

Otra autora que debemos tener en cuenta cuando hablamos de una mirada más amable sobre el futuro y sobre la humanidad es la estadounidense Becky Chambers (California, 1985), autora de obras como El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, Una órbita cerrada y compartida (ambas publicadas por Insólita Editorial) o la más reciente Monje y robot (publicada en castellano por Crononauta y en catalán por Mai Més). Considerada como una de las voces más interesantes del hopepunk (subgénero de la ciencia ficción que se está asentando y que, como el solarpunk o el climapunk , busca otra mirada que no esté centrada exclusivamente en el desastre y que vea la esperanza o la amabilidad no como ingenuidad, sino como resistencia), Becky Chambers explora en Monje y robot un mundo en el que ha ocurrido el colapso ecológico, pero donde lo que nos interesa no es el desastre en sí, sino ver cómo la humanidad se reconstruye, con qué valores. De hecho, cuando el personaje principal, Dex, decide dejar la urbe para convertirse en monje de té itinerante y adentrarse en tierras salvajes, donde se supone que habitan los robots con conciencia, se encuentra a un robot que busca una respuesta a una pregunta que, en el fondo, también nos podríamos hacer nosotros: “¿Qué necesitan los seres humanos?”


Géneros como el hopepunk o el solarpunk, que defienden la importancia de escribir sobre lo que nos gustaría esperar, no solo sobre lo que debemos evitar, han ido creciendo y expandiéndose durante los últimos años. La necesidad de cambiar la perspectiva, de construir imaginarios que exploren otras opciones que no nieguen la complejidad, pero que no se centren únicamente en el desastre y en la imposibilidad del cambio, también está impregnando nuevos proyectos en nuestro país.


La distopía, que nació como forma de reflexión, ha acabado por reforzar el relato catastrófico y alimentar el desaliento



Un ejemplo de esto es el premio que se presentó en Andorra el pasado mes de marzo del 2024: el premio Bagaleu de Ficció Climàtica, una iniciativa que quiere promover por un lado la literatura especulativa en catalán y por otro una reflexión sobre el cambio climático que permita imaginar escenarios que vayan más allá del colapso. La editorial encargada de publicar la obra ganadora será Chronos, una editorial que lleva cinco años publicando ciencia ficción y ofreciendo obras que invitan a reflexionar sobre el cambio climático y sus efectos, como Trescafocs, de Adrian Tchaikovs­ky, o L’home dels ulls compostos, de Wu Ming-Yi, obra que se adentra en el mar para mostrar los peligros de las islas de plástico, pero también para ofrecernos una nueva manera de observar y entender la naturaleza.


Otro ejemplo es Hopepunk. Antología para un mundo mejor, una antología de relatos y poesía publicado por el colectivo Droids & Druids, una asociación sin ánimo de lucro que busca promover la literatura de fantasía y ciencia ficción, y que apuesta por dar voz a jóvenes escritores que están explorando los límites de los géneros fantásticos y su hibridación. Sus creadoras remarcan que el hopepunk es un subgénero que apuesta por la rebeldía contra el sistema con la esperanza en un mundo mejor, que hace hincapié en la importancia de los valores y en que los fines no justifican los medios; una forma de entender las historias que nos recuerda que, aunque el mundo se está perdiendo, los actos de bondad y de amabilidad pueden suponer un gran cambio. El hopepunk, como la mirada utópica, acaba por convertirse en un impulso narrativo, en un disparador creativo que anima a buscar otra forma de construir mundos imaginarios, de crear respuestas diferentes a la pregunta “¿qué pasaría si…?”. Y es que, al final, como decía Galeano, se trata de caminar observando el horizonte. Y para ello, hay que mirar… E imaginar.



La escritora Lola Robles


Entrevista a Lola Robles, escritora


“Nuestra realidad es muy de ciencia ficción”

Como autora que ha estudiado el género, ¿cree que el papel que juega la ciencia ficción en nuestra sociedad ha cambiado en los últimos años?

Vamos a partir del hecho de que todavía hay muchas personas que no leen ciencia ficción o no conocen bien el género, y lo asocian a entretenimiento, evasión, batallas espaciales o astronautas. Dicho esto, el contexto histórico en que vivimos, nuestra inmersión en él y nuestra vinculación con la tecnología son factores decisivos para entender nuestra realidad. Y esa realidad es muy de ciencia ficción.


En ‘Más allá de Concordia’, trabaja con una utopía crítica, donde vemos lo que supone una sociedad en construcción. ¿Cree que el diálogo es un elemento importante para trabajar utopías o distopías?

Para mí el diálogo es fundamental, proponer distintas posiciones, ideas, planteamientos... Por un lado, nadie tiene la verdad absoluta, aunque haya personas que crean que sí. Hay que intentar comprender otras opiniones (sensatas) y buscar acuerdos. Y, por otro lado, yo tengo muchas más preguntas que respuestas, y muchas más dudas que certezas, afortunadamente. No me gusta la rigidez ni el fanatismo ni el tenerlo todo tan claro. Por eso dialogo en mis textos.


De hecho, en su novela, además del diálogo entre los dos puntos de vista, hay también diálogo dentro del propio grupo. Podemos ver las costuras de esa sociedad, que no existen soluciones milagrosas…

Claro que no hay soluciones milagrosas ni rápidas, ni para imaginar utopías ni para ponerlas en práctica. Continuamente van a surgir conflictos y dilemas que habrá que afrontar. ¿Una utopía debe ser vegana, solo vegetariana, admitirá a las personas carnívoras o cada cual puede hacer lo que quiera, aunque eso suponga consumir carne tal como se hace ahora? ¿Una utopía deber ser pacifista y no violenta de modo radical o aceptará que, en ocasiones, tendrá que defenderse de enemigos? Me gustan las utopías, aunque no creo mucho en ellas, cada vez creo menos en el ser humano, me parece que es una cuestión de edad, con los años puedes llegar a decepcionarte y desilusionarte mucho. Y por eso escribo sobre esa cuestión, para consolarme con la imaginación, con la posibilidad de seguir creyendo en lo utópico.


Y ya que hablamos de creer en lo utópico, ¿cree que la literatura puede hacer algo para que las personas reflexionen sobre la realidad, el presente y el futuro?

Creo que sí, igual que el cine o los ensayos, por ejemplo, pero no puede hacer mucho. Pesan e influyen más la televisión comercial y las redes sociales, y ahí campan el sensacionalismo, la mentira, el odio y la violencia sin pudor. En mi ciencia ficción yo siempre vuelvo a los mismos temas: los seres humanos, sus relaciones y la sociedad, las ideologías y la posibilidad de una realidad mejor, aunque sea tan difícil.





https://www.lavanguardia.com/cultura/culturas/20240831/9894786/ciencia-ficcion-utopia-distopia.html


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16/10/2025