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miércoles, 13 de agosto de 2025

Ana Teresa Torres en 2005: Fuera del país a muchos de la izquierda intelectual, les satisface que el chavismo tenga el poder en Venezuela







Ana Teresa Torres: No creo que los escritores seamos los más visibles de la sociedad venezolana



5 de Julio de 2025

 

 

 


Escribe para divertirse, convencida de que, si el autor se aburre, al lector no puede irle mejor. Por eso, ante el peligro de encasillarse, prefiere el riesgo de un eventual fracaso. Se trata de Ana Teresa Torres, con quien conversamos en el año 2005 luego del lanzamiento de su novela El corazón del otro. La conversación tuvo lugar en un café de Los Palos Grandes (Caracas), y allí nos confesó que no se siente cómoda con el cuento, que alguna vez intentó escribir poemas y que el mundo del poder es básicamente masculino (con sus sutiles mecanismos de segregación). No podíamos eludir hablar del país, de la literatura venezolana y, por supuesto, de su obra, que para entonces ya alcanzaba ocho títulos.


Recuperamos esta conversación a propósito de los ochenta años de vida de esta prolífica novelista.


 



Quisiera comenzar, Ana Teresa, preguntándole si Ud. considera que existe una literatura femenina. Y, en tal caso, ¿eso supondría una manera de abordar el texto literario?


No, yo creo que existe es literatura escrita por mujeres. Porque si pones la palabra «femenina», eso nos llevaría a que hay una literatura masculina. Yo creo que hay una literatura escrita por mujeres, en la cual algunos críticos, algunos académicos, han encontrado rasgos comunes. Me refiero a características de textos, de tratamiento…

Bettina Pacheco


¿Y cuáles serían esos rasgos?


Bueno, por eso hice la salvedad, de que es algo que pertenece a los críticos, que han encontrado ese tipo de características. Por ejemplo, un libro que estaba leyendo recientemente (no es sobre ficción, es sobre autobiografías), de Bettina Pacheco, que es profesora de la maestría de la Universidad de San Cristobal, es un libro exhaustivo sobre el tema de la autobiografía escrita por mujeres en España; pero antes de la parte de las autoras, ella hace una cuestión teórica, muy densa, y reúne, yo no las podría recordar, pero estoy hablando de 20, 25 características que encuentra en las autobiografías escritas por mujeres. Entonces ese es un trabajo que los críticos han hecho sobre el tema, que tampoco creo que haya un consenso, en el que han encontrado rasgos, tratamientos, en algunos casos temas, que dibujan lo que sería el mapa de la escritura de mujeres.



En todo caso, no son cuestiones que orienten su trabajo.


No, yo soy una mujer y escribo, y los signos que el texto tenga no son mi problema, son un problema para el crítico que quiera leerme y encontrarlos. Yo escribo lo que se me ocurre. Es muy probable que en mis textos se encuentren signos de la literatura escrita por mujeres, como también es muy probable que se encuentren signos de la literatura latinoamericana. No creo que un autor, hombre o mujer, se proponga escribir literatura latinoamericana; pero si es latinoamericano probablemente se encontrarán allí signos diferentes a si es anglosajón, o centroeuropeo. Entonces, por razones obvias, si las personas escriben ¿Con qué escriben? Con su mundo interior, y ese mundo interior está determinado, tocado, referenciado, por las condiciones, las características de esa persona: su cultura, su género, su edad. Se pueden encontrar rasgos en los textos de autores jóvenes diferentes a los rasgos de los textos de personas mayores, o de escritores ya ancianos, porque la experiencia es diferente.


Algunas mujeres se han quejado de que ciertos círculos intelectuales son cotos cerrados masculinos. ¿Cree que existe discriminación hacia las intelectuales? ¿Usted la ha percibido?


Es una pregunta difícil, porque tendríamos que precisar dónde, cuándo… ¿Estamos hablando de Venezuela?


Estamos hablando de Venezuela.


Y… ¿Cuándo? ¿Estamos hablando de ahora? Porque en el pasado evidentemente la respuesta es sí. Fíjate que es un tema, digamos, ambiguo, porque yo no he visto, o no he sabido, de alguna escritora que no se le haya publicado por el hecho de ser mujer. Y uno ve que en los catálogos hay una representación interesante de mujeres en Venezuela. Pero, de alguna manera, el mundo del poder es generalmente un mundo masculino. En todas partes. Y en los países latinoamericanos más todavía porque hay una tradición de control masculino de la sociedad. Entonces, en el mundo del poder, en relación a lo que serían las instituciones vinculadas con la cultura, yo creo que sí habría un predominio de control masculino.


Pero una cosa es que estadísticamente haya un predominio de la presencia masculina y otra es que exista un mecanismo de segregación.


Sí, bueno, cuando digo que hay un predominio es porque creo que existe el mecanismo, lo que pasa es que si me preguntas cómo es, a lo mejor no te lo podría explicitar. Es un poco, que no es exactamente lo mismo pero que tiene cosas similares, como el tema del racismo. Tú puedes decir: «Ajá, pero ¿Dónde lo ves?» Bueno, mira, no es que lo veo, pero son mecanismos que de alguna forma funcionan, en el sentido de que los hombres se agrupan y comienzan a controlar o a dominar las circunstancias vinculadas al poder. Por eso lo distinguí de la publicación, aunque en ese tema también hay menos mujeres que hombres…


También porque habrá menos mujeres escribiendo.


… Exactamente, puede ser que haya muchas menos mujeres escribiendo. Que también sería una pregunta ¿Por qué es así? ¿Se sienten menos autorizadas? Entonces es un asunto sutil. Yo a veces lo percibo, como en la política, que cuando uno ve las fotos, se da cuenta de que es mundo muy controlado por el hombre. Y a lo mejor está bien que sea así (risas). A lo mejor es un mundo poco agradable de vivir. Pero sí creo que hay mecanismos donde tú sientes… no sé si la palabra «compadrazgo» es un poco dura, pero sí vinculaciones donde las mujeres están afuera…


¿Solidaridades automáticas?


Solidaridades bastante automáticas. Te voy a dar un ejemplo muy claro, que lo vi leyendo las entrevistas de Ficción Breve. Si fueramos a medir cuál es la diferencia entre la literatura de mujeres y la de hombres, es que las mujeres cuando debemos citar o referirnos a los escritores, nos referimos a hombres y a mujeres; y mira, es muy raro que los hombres se refieran a las mujeres. Es sumamente raro. No te voy a decir que hice un análisis estadístico, pero si lo hiciera… yo no recuerdo a ninguna mujer mencionada, quizá Teresa de la Parra (asumo que estaba mencionada en algún momento). Entonces, ese es un signo que tú pudieras decir que es muy sutil, pero habla.

Teresa de la Parra



¿Habla de subestimación?


No sé, habla de no querer reconocer.


Quizá inconscientemente.


Puede ser, no podría saber si es consciente o no, pero esa es una manera de no reconocer, de no incluirlas en el club. Y está bien la pregunta porque lo pensé leyendo las entrevistas, que por otro lado son muy buenas y dicen cosas interesantes…


De hecho, la representación femenina está…


… Está un poco escasa (risas). Bastante. Creo que estoy inaugurando la cosa.


Sí, y es un reclamo que nos han hecho. Escritoras y lectoras.


¿No te la han hecho escritores y lectores?


Realmente, no.


Ahí tienes otro mecanismo (risas).




Es muy cierto. Ana Teresa, usted gana el premio de El Nacional en 1984, mientras que sus primeras novelas tienen fecha de publicación durante los noventa. Al parecer se inició con el cuento, ¿cómo y cuándo se hace novelista?


Sí, bueno, en el libro de Cuentos Completos (El otro, el mismo, 2003) yo recogí casi la totalidad de los que había escrito desde los años setenta. No son muchos pero es un volumen. De forma tal que comencé, creo que como es bastante frecuente en los narradores, por el cuento. Y el premio es simultáneo a mi primera novela. No la publicación, pero sí la escritura. Es decir, cuando gano el premio ya tenía bastantes materiales para esa novela, e inmediatamente la escribí. Está escrita entre el 84 y el 85. En ese momento yo escribo esa novela y ya no me planteo volver a escribir cuentos, salvo unos que añadí en ese volumen, que los escribí en el 2001, 2002, unos cuentos cortos.


¿No tiene cuentos posteriores?


No tengo más cuentos. Están todos en ese volumen.


¿Hay una razón en particular para abandonar el cuento?


Es que me gusta más la novela. Me siento más cómoda. Creo que no tengo talento para el cuento.


Eduardo Liendo asevera que el cuento no rinde. Que la novela ayuda más a que un tema se pueda tratar…


Sí, y que también es un poco ubicar dónde uno tiene más talento, más posibilidades. Esos cuentos del 2001 en realidad están en el género de autoficción. Lo cual no quiere decir que no sean cuentos, pero están en el género de autoficción, que es una cosa que me ha divertido hacer en un momento. Pero no me siento cómoda. Necesito más espacio, la profundidad de la novela, el tiempo de la novela, la dimensión. En el cuento hay que tener una idea muy clara de adónde va, ser muy certero, si no se va perdiendo, y a mi un personaje me va trayendo a otro y una historia me va llevando a otra, y eso requiere del universo de la novela, que puede ser más corta o más larga, pero en una dimensión más cómoda.


¿Cómo es el proceso de germinación de una novela en Ana Teresa Torres? ¿Qué tiene primero: el tema, la atmósfera? ¿Cómo se produce, a grandes rasgos, una novela suya?


Bueno, es un poco variable de acuerdo a la novela, pero yo creo que siempre hay una idea o una imagen muy sencilla, muy puntual, muy breve, una idea seminal. Y a partir de allí se desata un proceso en el que el lenguaje empieza a desarrollarse a sí mismo. Es decir, empieza un proceso controlado pero a la vez libre. No lo escribo pensando cómo van a quedar los capítulos (yo no tengo ese método, otros novelistas quizá sí lo tengan), o de qué va a ocurrir hasta el final.



No bosqueja el argumento general.


Sí, pero en el proceso. Es decir, cuando estoy comenzando tengo una idea, una idea muy vaga. Incluso puede ser una imagen visual. Por ejemplo, en Los últimos espectadores del Acorazado Potemkin tenía la imagen de la primera escena de la novela, que es el encuentro de estos dos personajes en un bar, que los veo como en una película, que empiezan a tener una conversación más o menos errática y que no tiene como mucho sentido, porque no tienen nada en común. Eso no quiere decir que en el proceso yo no vaya haciendo los gráficos de los bosquejos de lo que va pasando, para acordarme de lo que pasó, para empatar después.


Los scripts.


Los scripts, exactamente. Pero lo dejo con mucha libertad porque me voy leyendo a mí misma en la medida en que va ocurriendo y eso es parte del placer de escribir. De pronto un personaje necesita a otro y busco a un personaje que (aunque no lo había pensado) surge en ese momento, y por ahí se monta una anécdota que no estaba prevista. El personaje se ve obligado a un pasado, a un futuro, se vincula… entonces se va abriendo, pero creo que con cierto tipo de oficio he logrado controlar que la anécdota no se pierda, que haya planificación de los capítulos, que sepa lo que está pasando, pero creo que se da simultáneamente.


Usted ha abordado los diversos subgéneros de la novela: la novela histórica, la novela erótica, recientemente la novela policial. ¿En cuál de todos estos subgéneros se siente más a gusto?


Realmente a mí lo que me gusta es el cambio. Lo que huyo es a la idea de estar encasillada en un sólo género.




Por ejercicio intelectual.


Por ejercicio intelectual y por fastidio, porque me sentiría rutinizada, me sentiría obligada a una receta. Por ejemplo, Doña Inés contra el olvido es una novela que tuvo mucho éxito, se leyó mucho, se comentó mucho y se ha estudiado mucho académicamente. Pero si yo volvía a escribir otra novela histórica, quedaba enterrada en esa casilla para siempre. Entonces escribí una novela que no tuvo mucha suerte desde el punto de vista editorial, que en general gustó poco, que es Vagas desapariciones, que no tiene nada que ver. Es una novela totalmente psicológica. Pero yo prefiero tomar este riesgo y que la gente se sienta decepcionada eventualmente, a sentir que quedé en una casilla. Porque yo como lectora soy así: leo todo tipo de libro, todo tipo de novela, entonces eso está en mí y produce una escritura diferente siempre. Ahora estoy divertida con el género policial. Probablemente lo continúo, pero no para quedarme. Porque me gustó y a algunas personas les gustó el personaje y me pareció que podía darle un nuevo paso.


Además, es un género que gusta mucho al público.


Es un género que a la gente le gusta, ha tenido éxito, ha tenido recepción, pero sobre todo a mí me divirtió mucho escribirlo. Yo lo pasé bien, no voy a escribir algo para fastidiarme. Porque si el autor se aburre, imagínate tú el lector. Entonces, lo primero es que yo tengo que sentir el placer de lo que estoy haciendo.



¿Con cuál de sus novelas, entonces, siente que ha logrado un resultado más acabado?


Eso es otra cosa, eso sería más bien como una técnica. ¿Qué novela es técnicamente más acabada? Yo pienso que yo he ido aprendiendo técnicas de narrativa en la medida en que las he ido escribiendo, como creo que le ocurre a la mayor parte de los escritores. Grave es que haya una involución. Ahora puede ser que unas novelas gusten más que otras, porque los lectores tienen sus gustos: gente que le interesa más la novela histórica y no le guste lo policial, o al revés. Yo creo que esta última novela, El corazón del otro, es una novela técnicamente bien llevada, dentro del género.


¿Y con cuál se siente más satisfecha?


Pues es una pregunta muy difícil, porque después que uno las escribe las olvida un poco.



¿No las relee impresas?


No. Releí El exilio de tiempo ahora, porque se iba a reeditar, y había que corregir. Pero sentarme a leerme de nuevo, no.


Sufriría si consigue algo que no le gusta.


Sí, sufriría, y yo creo que uno se va entusiasmando con lo que escribió en ese momento, con la novedad, pero las otras van quedando un poco hacia atrás.


Ana Teresa, ¿alguna vez incursionó en la poesía, o nunca lo intentó?


No, leí poesía. Realmente, hoy en día leo poco poesía. Pero en la adolescencia y en la juventud uno lee mucha poesía. Claro, hay gente que continúa la lectura poética. Yo en esa época leí mucho pero, tú sabes, es como que uno hace el garabato, que trata de copiar, y eso fue algo que yo me di cuenta que no era para nada mi… no creo que escribí poesía, sino que traté de copiarla. Como uno hace también en la novela. Uno tiene sus maestros y trata de copiarlos. Pero copiando maestros me pareció que en la novela me iba mejor. Con la poesía sentí que era un instrumento que no estaba en mí.


¿No guarda un sólo poema acabado suyo?


No. Ensayo sí, el ensayo sí me gusta. No sé si ensayo propiamente en el sentido literario pero, discurrir sobre una idea, eso sí lo he hecho y lo disfruto. Tengo varios libros de eso.


El corazón del otro es su última novela, obviando el libro Dos novelas que es básicamente una reedición que concluye una historia que ya se cierra…


No sé, porque yo pensé que la había cerrado y se abrió. Entonces, no me quiero comprometer, porque no estoy segura, pero en todo caso sí estoy en otra trama ahora. Eso es evidente.



El corazón del otro indaga sobre ciertos aspectos oscuros del alma: la muerte, el suicidio, el mal. En un pasaje de la novela, Elvira Madigan (que los lectores por momentos sienten como el alter ego de Ana Teresa Torres) considera la decisión de su hermana de suicidarse como algo «estúpido y egoísta». La hermana, en cambio, la consideraba una decisión válida. ¿Y qué piensa Ana Teresa Torres?


Bueno, yo me estaba colocando en la posición de las personas que quedan después de los suicidios. Esas personas sienten mucha rabia, porque eso es lo que se siente en el entorno cercano. Lo he visto clínicamente y también, por desgracia, he tenido amigos que han sufrido pérdidas por suicidio en su familia. Entonces, cuando ella dice que es estúpido, que es egoísta, lo que quiere decir es que está brava, que está molesta con la decisión. Pero, obviamente, uno no podría generalizar que el suicidio es siempre estúpido y egoísta. Hay personas que llegan a la conclusión (que no se puede decir que sea válida o inválida) de que no quieren vivir más. Es decir, el deseo de vida se agota, por alguna razón.


Pero, ¿qué piensa usted, como novelista y psicólogo?


Bueno, tampoco he estado en una situación de decir que el deseo de vivir se me ha agotado, entonces no puedo criticar a otro, porque yo no he estado en esa situación límite, que es cuando alguien dice «no quiero vivir», que por cierto, además, es muy común en los jóvenes. El suicidio es más común en los jóvenes que en las personas maduras.


¿Será que se adquiere más fortaleza?


Es una radicalidad de ese momento… No, yo no podría decir que es estúpido o egoista, sino que produce mucho malestar, mucha rabia, no solamente por la pérdida, sino por la forma de la pérdida. Que es distinta si hubiese sido por una enfermedad, un accidente involuntario. Es una pérdida voluntaria del que la ejecuta, y además que produce algo que se ve mucho en la novela: produce mucha culpa, porque genera las preguntas sobre qué pasó en ese entorno que nadie se ocupó de esa persona. Pero a la vez el suicidio, y también lo menciono allí, me parece que es incomprensible. O sea, que no hay una explicación, porque hay personas que tienen vidas verdaderamente duras y difíciles y están allí, y otras que no parecían estar tan mal… Es decir, que hay algo que pongo de epígrafe, una cita de Paul Auster, algo oscuro en los seres humanos que no se puede conocer, que los demás no conocen, aunque se trate de tu mujer, tu esposo, tu hijo, tus padres… personas que se supone que te conocen mucho. Hay algo intraspasable, ¿no?


Incluso en la novela se habla mucho de la persona que vive con alguien sin llegar a conocerlo.


Exacto, entonces dentro de eso está la decisión suicida, la que a veces se vuelve un tanto sorpresiva para la familia.


Uno puede sentir que, en general, el otro es un desconocido.


El otro es un desconocido. Hasta uno mismo a veces puede hacer cosas o tomar decisiones que luego pudiera decir: Yo no pensé que podía hacer esto así.


Hay una cosa curiosa en El Corazón del otro, y es que se desarrolla explícitamente en Caracas y en ella se dan referencias geográficas muy claras, pero en otros casos las referencias se diluyen, se ven muy de pasada ¿Eso obedece a una deliberada intención de crear incertidumbre o simplemente no era necesario para la trama?


No quería hacerlo tan explícito, aunque me parece que en algún momento menciono la Universidad Simón Bolívar, y algunas cosas muy concretas. Porque es obvio que es Caracas, pero el paisaje no es tan importante en esa novela. Pudiera ser en Caracas o pudiera ser en Bogotá, en fin. A lo mejor lo hice por darle un poquito de misterio, pero no creo que me lo haya propuesto.


En una entrevista que le hiciera Ana María Hernández, para El Universal, Ud. señala que el Corazón del otro le tomó dos años para escribirla. ¿Ese es el tiempo promedio que le toma una novela, o esta particularmente exigió ese tiempo?


No, ese es un tiempo promedio. Porque tampoco yo he escrito una novela con fecha predeterminada. Entonces, en esos dos años puede haber huecos en donde uno no está escribiendo.


¿No escribe a diario?


No. Claro, hay momentos finales en los que se está terminando de cuadrar que sí se escribe a diario, porque tiene que haber una concentración extrema. Ahí sí tiene que ser diario y muchas horas. Pero si está empezando una novela, de pronto un día tienes una idea y la metes, pero a lo mejor pasa una semana en que no tuviste tiempo. Ese sería el período de almacenaje, que puede tener un ritmo lento. Cuando ya tiene forma de novela, que ya existe una primera versión, allí la concentración es indispensable para que no se empiece a escapar la coherencia interna.


¿Cuántas horas diarias?


Bueno, no sé, pueden ser cinco, seis horas. Pero eso ya es una fase final, donde ya no vas a añadir, no vas a almacenar nuevas anécdotas, nuevas historias, sino que trabajas para que la estructura asiente las tuercas, los clavos estén donde deben estar. Allí requieres una concentración grande porque ya no estás inventando sino leyéndote y, en la medida de lo posible, leyéndote críticamente. Luego viene la «prueba de la gaveta». Muchas malas novelas se evitarían con la «prueba de la gaveta».


¿Cuánto tiempo dura ese período?


Hasta que se te olvida. Hasta que la leas y te sorprenda. ¿Por qué dije yo esto aquí? ¿Qué pasó? ¿Y este personaje? ¿Y esta frase tan mal escrita? Este chiste sobra… es decir, hasta que ya no estés metido, porque mientras estás dentro, tú lees lo mismo, tú lees exactamente lo mismo. Entonces tienes que olvidarlo y escribir otras cosas. Hay que tener paciencia. Por eso es que dos años es un buen promedio para culminar una novela.


Y ese período de gaveta, ¿específicamente cuánto dura?


Mínimo tres meses. Mínimo, porque si la leíste la semana pasada, lees lo mismo y no te sorprendes. Tienes que poder leerlo como si fuera un libro ajeno, como si fuera de otro. E incluso, puede que un texto necesite varias pruebas de gaveta, porque no quedaste satisfecho. Y también cabe dárselo a leer a alguien, que es otra forma y aunque yo no soy dada a ese método, me parece válido.


¿Es supersticiosa con sus originales?


No, no por eso, sino porque, dentro del proceso creativo realmente no me gusta tener invitados. Aunque es útil dárselo a leer a alguien que nunca antes lo había leido, siempre y cuando se lo des a alguien cercano a ti, ya que probablemente tiene cosas en común contigo.

Conac



Ahora vamos a hablar un poco del país, de la situación actual, del Pen Venezuela… Usted estuvo en la primera junta directiva del nuevo Pen, que culminó su período completo, durante un momento bastante difícil de la situación política del pais ¿Qué balance hace de su gestión al frente del Pen? ¿Qué logró? ¿Qué dejó al equipo sucesor?


Lo primero que se logró, no yo directamente, pero lo que se logró impulsar es que resistiera al tiempo. Porque al principio la gente se entusiasma por las iniciativas, pero rápidamente ese interés decae (nos pasa mucho a los venezolanos, que al principio mostramos mucho interés en las cosas pero pronto la gente se va olvidando). Entonces yo creo que uno de los mayores logros fue, a pesar del tiempo y de ciertas dificultades, lograr culminar el período y que se traspasara a otra junta; es decir, que se pudiera institucionalizar. Porque nació al calor de las luchas políticas —era inevitable que fuera así—, pero eso no es suficiente para sostener una institución, porque eso pasa. Y de hecho pasó la exasperación política. Entonces el reto era mantenerlo como institución, más allá de las coyunturas políticas que estén pasando.


Otro logro que me parece importante, que es algo que queda, es el Premio de Novela Adriano González León, que puede ser muy estimulante para los novelistas, jóvenes o no. Es un buen premio. Estoy viendo que en Ficción Breve están los premios mejor pagados y que ese es el más alto. En este momento, porque no podemos competir con los premios del gobierno, por ejemplo, pero entre los premios privados, e incluso algunos no privados, es el que está más alto. Eso es un logro. Y el haber contribuido a lo que llamaríamos la escena literaria. Porque en un tiempo anterior las acciones literarias casi siempre estaban del lado del Estado, promovidas por el Conac y por otras instituciones. Pero a medida que las circunstancias políticas han cambiado, las actividades literarias tienen una presencia muy tocada por la política. Entonces nosotros, modestamente, junto con otras instituciones privadas que hay, contribuimos a mantener vivo casi un año los recitales de poesía, las discusiones de Letras Libres, que a la gente le gusta mucho (no tanto escritores como a público en general), las conferencias… Es una pequeña contribución, pero creo que debe mantenerse.


¿El PEN no es visto como una organización opositora?


Claro, por lo que te estaba diciendo, porque nació al calor de la lucha política.


¿Sigue viéndose así?


Bueno, no sé, como lo quieran ver. Pero su origen es ese.


¿Cree que la actual directiva debe de alguna manera tratar de desmarcarse de ese imagen de organización de oposición?


Bueno, el Pen, como requisito número uno, tiene que defender la libertad de expresión. Ese es un punto que puede ser político en un momento dado. Pero en eso el Pen no puede ceder, porque ese es la razón fundamental de su creación; no tanto la promoción de la literatura. Yo hice promoción de literatura porque me parecía que en las circunstancias nuestras era importante contribuir a esa promoción. Pero no es la función básica. Fíjate que los países donde no tienen dificultades políticas, hacen mucho menos en términos de promoción de literatura. O sea, es un objetivo, pero no es el prioritario.


Aunque la polarización sigue manifestándose en la actualidad, durante ese período duro (entre el 2002 y el 2004) que culminó en el referendo de agosto del año pasado, Venezuela fue un país muy polarizado. En ese entonces ¿Los escritores excedieron el rol que les corresponde ante la sociedad o, al contrario, asumieron sus competencias?


Yo creo que los escritores actuamos como ciudadanos. Unos a favor del Gobierno y otros no. Esa es mi visión, no como escritor de literatura, es mi visión política de ciudadano. Entonces, de la misma manera que los escritores a favor del Gobierno hicieron (quizá la siguen haciendo) muchas manifestaciones políticas en forma pública: hubo documentos firmados por escritores del Gobierno, un encuentro con los escritores cubanos y otras actividades que quizá yo ignoro; bueno, de la misma forma los escritores, intelectuales, artistas, que estaban en la lucha política contra el gobierno, opositores al gobierno, hicimos lo mismo. Ahora ¿Qué puede hacer un escritor políticamente? Bueno, básicamente expresar su opinión a través de documentos, reuniones. Salvo que sea un militante.


¿Su condición de escritor no le da mayor autoridad ante las audiencias?


No, lo que le da, quizá, es mayor visibilidad. Si en un documento salen firmas importantes la gente lo observa, aunque no creo que los escritores seamos los más visibles de la sociedad venezolana, ni mucho menos. Más visibilidad tendría un grupo de actores de televisión. Pero dentro de todo, un documento con firmas de intelectuales tiene más visibilidad que un documento con firmas de ciudadanos, que no tiene una referencia mayor.


Y a pesar de que se ha bajado un poco la polarización, siguen las condiciones que han imperado en los últimos años. ¿Qué papel deben jugar los escritores durante esta etapa del conflicto?


El conflicto no ha pasado en lo absoluto. Ha pasado, digamos, la visibilidad de esa conflictividad en términos de manifestaciones públicas, pero el problema político en Venezuela sigue estando planteado. Es decir, probablemente se ha tranquilizado un poco en lo visible, pero tú sigues viendo que los focos del problema político, incluso pudiera decirse que están más avanzados. Hay una mayor radicalidad por parte del gobierno. Lo que no hay es una mayor radicalidad por parte de los sectores que se oponen al gobierno. Por lo menos no es una radicalidad visible.


A través del PEN tuvo ocasión de entrar en contacto con escritores de otros países, los cuales habrán indagado en torno a la situación de Venezuela. ¿Cómo siente que los escritores de otros países perciben el conflicto venezolano, que parece tan difícil de entender desde afuera?


Bueno, tampoco tuve tantas oportunidades. Asistí, yo personalmente, a un congreso, nada más. Y no se habló del caso venezolano. A título personal sí pude conversar con otros escritores latinoamericanos, algunos de los cuales uno podría decir que están al tanto de lo que ocurre, y a otros quizá les resulta algo bastante lejano. Otros quieren saber la opinión que uno puede tener. Pero yo creo que el problema venezolano no se entiende bien fuera de Venezuela. O quizá nosotros no hemos sabido explicarlo.


¿Tendrá relación con el hecho de que en el exterior suele percibirse a los medios como parte activa de la conflictividad?


No, yo creo que tiene que ver con que dentro de la izquierda intelectual, a la cual pertenecen muchos escritores, el gobierno actual de Venezuela les resulta cónsono con su visión, en el marco grande. Creo que ignoran los detalles. Sienten que la izquierda tiene el poder en Venezuela y eso los satisface, y piensan que eso es un logro y probablemente sería muy difícil llevarlos a una discusión porque les faltaría una serie de conocimiento sobre la realidad venezolana; incluso no la realidad concreta, sino la realidad de nuestras particularidades económicas, sociales, de nuestra historia, entonces creo que son opiniones muy generales: Chávez ha hecho mucho por los pobres, cosas así, que son difícilmente discutibles si el interlocutor no tiene un conocimiento del marco del que uno habla.


Volviendo a la literatura, en El Papel Literario de El Nacional se generó (con ciertas réplicas en otros medios) una polémica…


Una mini polémica (risas).


… Sí, bueno, una mini polémica sobre el estado de salud de la narrativa venezolana actual. Hay gente que incluso le choca el tema (o el término). ¿Cuál es el punto de vista de Ana Teresa Torres al respecto?


Te voy a decir que ese es un tema tan recurrente que ha llegado a dejar de interesarme, porque he participado en otras polémicas anteriores, y los argumentos son básicamente los mismos. Es algo cíclico, alguien se acuerda y se pregunta ¿cómo estamos? Y hay quien dice que estamos mal y hay quien le refuta que no estamos tan mal. Ha dejado de interesarme no porque no haya pensado, he pensado mucho en eso, incluso tengo algunas cosas que escribí al respecto, y me lo han preguntado en foros, pero llegué un momento en que dije que ya no tengo más que decir con respecto al tema. Sobre todo porque no he escuchado nada nuevo tampoco por parte de los polemistas. Pero me parece bien que cada tanto tiempo se vuelva a discutir el tema porque así las nuevas generaciones se incorporan a la discusión, los nuevos se planteen el problema. Pero al margen de todo, hay un hecho visible: se están publicando libros. Eso lo estamos viendo. Y eso es algo bueno.


Revista Imagen. 2001 Año 34 nº 2 (izquierda) y 2005  Año 38 nº2 (derecha).


Los portales literarios, las revistas, los blogs, ¿han contribuido efectivamente a la difusión literaria?


Claro, lo primero como fuente de información. La prensa ha ido disminuyendo notablemente, prácticamente lo único que queda en prensa es el Papel Literario (y no siempre dedicado a literatura, sino a temas generales), hay algunas revistas, como la revista Imagen, que ha reiniciado con mucho tiraje, pero la información por vía internet sigue siendo, y va a ser, muy importante.


¿Llegará un día que tengan la credibilidad que tuvieron y que aún tienen las revistas impresas?


Bueno, la revista impresa siempre tiene un encanto que no va a tener nunca la revista digital. Un encanto. Pero yo recibo mucha información. Roger Michelena, por ejemplo, me manda mucha información, algunas me interesan, otras no; pero me mantengo informada. Sé de libros que han aparecido que de otra manera no lo sabría, sé de autores que no conocía, yo creo que eso cumple un papel muy importante. Además, no están llegando tantos libros a las librerías de Caracas. Si fuera solamente por lo que ves en las librerías, no tendrías una visión completa de lo que se está escribiendo.

Victoria De Stéfano

Ana Teresa Torres ha tenido que viajar fuera del país, tanto por su obra como por el gremio, ¿Cuál es la lista de autores y obras que se llevaría a otros países cuando le pregunten sobre un perfil de la narrativa venezolana?


De hecho, eso lo tengo escrito, no está actualizado porque son de viajes que ya hace cierto tiempo de eso, pero tengo una conferencia diivulgativa que di para la California State University en Estados Unidos sobre novela venezolana, en un panorama bastante grande (después te puedo mencionar), y otras más específicas que me pidieron sólo de mujeres, porque las universidades tienen mucho interés en eso. No están actualizados los datos porque esos viajes son del 98, o algo así. ¿Qué me llevaba yo en esa maleta? Me llevaba (era novela contemporánea, arrancando en la segunda mitad del siglo), por supuesto, a Adriano González Léon y a Salvador Garmendia; a Miguel Otero Silva. Creo que me refería a casi todos los novelistas que había leído, porque la visión que yo quería dar era una visión personal, no una clase de literatura. Y ahí estaban referidos desde Orlando Chirinos hasta Israel Centeno: Luis Barrera Linares, Eduardo Liendo, Carlos Noguera, José Balza, Francisco Herrera Luque, Alfredo Armas Alfonso, José Napoleón Oropeza, Ricardo Azuaje, Denzil Romero. De las mujeres estaban Antonieta Madrid, Victoria De Stéfano, Laura Antillano, Stefania Mosca, Milagros Mata Gil… Los autores y autoras que yo había leído. Mi perspectiva no era tanto decir quién es mejor o quién es peor, porque además me parece que esa no es una perspectiva posible en literatura, sino quién me ha dejado algo, qué huellas tengo yo en mi lectura. No es una carrera ni un concurso para decir quién ganó.


Pero yo creo que en esos años (los noventa) viajé mucho y creo que hice un trabajo de promoción de la literatura venezolana bastante intenso aunque muy limitado. Estamos hablando en un marco académico. Pero yo me siento contenta porque estaba planteando nombres que en un 99% eran desconocidos para los espectadores. Creo que quizá alguno conocía a Salvador Garmendia, o le sonaba el nombre, pero no mucho más. Eso lo tocaba, justamente, en la polémica que mencionaste, Carlos Sandoval, y yo creo que él realmente tiene razón. Además, yo lo digo con conocimiento de causa, porque yo hice esos viajes, atendí esas invitaciones, y la primera desconocida era yo, por supuesto, y todos los que iba a nombrar. Es decir que yo planteaba siempre el tema como «voy a hablarles de una novedad, de un mundo que no conocen», sin pretender decir esta es la mejor literatura del mundo, sino que existe este mundo y yo formo parte de él.

Milagros Mata GilFotografía de Juan Raydan.


¿Y de los novelistas que surgen a partir de estos últimos diez años?


Bueno, no han surgido tantos novelistas. Federico Vegas (yo creo que de esa época que estoy hablando Federico tenía sólo cuentos). Ha surgido Federico Vegas, también Juan Carlos Chirinos tiene una novela reciente. Juan Carlos Méndez Guédez ya estaba en esas últimas generaciones que yo había mencionado. A lo mejor estoy olvidadiza, pero no ha habido tanta novela publicada en estos tiempos. Antonio López Ortega escribió una novela y yo lo tenía en ese momento como cuentista, porque la novela de él es como de fines de los noventa, más o menos. También Rubi Guerra publicó una novela, que antes no tenía. Eduardo Liendo y Carlos Noguera publicaron recientemente, pero eran novelistas ya. No ha habido una novedad de autores al respecto.

Stefania Mosca


¿Y mujeres novelistas?


Mujeres novelistas no hay muchas. Hay nuevas publicaciones de novelistas anteriores: Victoria De Stéfano ha publicado varias, Antonieta Madrid publicó recientemente, Carmen Vincenti, Gisela Kozak tiene novelas pero están inéditas, pero en general la producción de novelas es menor. A pesar de que se supone que es el género que la gente lee más.

Gisela Kozak


Y que la Bienal Adriano González León recogió cerca de noventa novelas.


Sí, fue un número alto. Bueno, allí tendremos una nueva, la de Milton Quero, su primera novela. Creo que es un género que requiere más paciencia, más tiempo. Hay una apuesta mayor, hay una inversión mucho mayor.


Para concluir ¿Algún proyecto en mente?


Este año me parece que quedó cerrado con dos libros, me parece que le quise dar un break al asunto; pero no, volveré por ahí, puede ser que arranque continuando el personaje de Elvira Madigan, como protagonista.


¿Viene una continuación?


Varias personas me han dicho: no puedes dejarla morir, tienes que volverla a traer. Traerla es muy fácil, en media cuartilla se regresa (ríe). Puede ser que haga algo por allí, pero fue un año de bastante trabajo. Sacar la reedición, que tomó mucho trabajo de carpintería, de preparar la nueva edición.


¿Elvira Madigan será como esos personajes (sobre todo en el género policial) que nacieron para una única novela y se quedaron?


Bueno, pero si sus fans le exigen una reaparición (risas). No, a mí me gustó el personaje.


De mujeres investigando a mujeres. Un mundo definitivamente femenino.


Ese es un sub subgénero del policial, que es la novela policial feminista.

Sarah Paretsky


¿Fue deliberado eso?


Bueno, es que yo no conozco el mundo policial. Puedo ser lectora del género, pero no tengo ninguna vivencia del mundo policial. En cambio tengo una vivencia de esto, porque el novelista tiene que saber de lo que va a escribir. Tiene que crear un mundo en el que se pueda meter con libertad. Si no, está fabricando una cosa muy artificiosa que el lector capta muy rápidamente, o lleno de lugares comunes, de estereotipos. Yo creo que el novelista tiene que conocerse el mundo en el que va a escribir. Esa novela entra dentro de lo que sería la novela feminista policial. Hay una escritora muy famosa en los Estados Unidos, que se llama Sarah Paretsky, que escribe exclusivamente novelas en el género policial, más negra, y su personaje es una mujer, pero esa mujer si es una policía. Entonces, si continúo, volveré con ella, porque ya tengo el tono del personaje. Ya sé cómo habla, cómo piensa, quién es ella… ya la conozco, es una amiga. Entonces me volvería a meter dentro de ella.


O sea que, ¿después de estas vacaciones…?


Vamos a ver. A lo mejor vuelve.


https://www.anateresatorres.com/


https://ficcionbreve.org/ana-teresa-torres-no-creo-que-los-escritores-seamos-los-mas-visibles-de-la-sociedad-venezolana/





Ana Teresa Torres - Formato Libre (AcerTv Apoyo Audiovisual)

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https://m.youtube.com/watch?v=UZp6-sW3Ai8&pp=ygUWYW5hIHRlcmVzYSB0b3JyZXMgMjAwOA%3D%3D





#GladysEnÉxitos 02.03.20 “Literatura que se habla”, entrevista con la novelista Ana Teresa Torres

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https://m.youtube.com/watch?v=fk2lpcdnyGw&pp=ygUWYW5hIHRlcmVzYSB0b3JyZXMgMjAwOA%3D%3D




Juan Claudio Lechin entrevista a Ana Teresa Torres - "El Pie de la Letra"

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https://m.youtube.com/watch?v=rD_oWGUUxnA&pp=ygUWYW5hIHRlcmVzYSB0b3JyZXMgMjAwONIHCQn_AKO1ajebQw%3D%3D


Enlaces relacionados:



Ana Teresa Torres a Ricardo Piglia: "En general a los antichavistas, o simplemente no chavistas, nos llaman fascistas, terroristas y lacayos del imperio, así que estalinistas quizá represente un mejoramiento en la categoría de lo indeseable; al menos, una novedad".




sábado, 5 de julio de 2025

Eduardo Liendo: La guerrilla en Venezuela , fue un error gravísimo de la izquierda

 

Imagen tomada de Somos tu voz. Fotografía hecha por Abraham Tovar.





Estimados Liponautas

El pasado 3 de julio, falleció Eduardo Liendo, uno de los escritores más relevantes del país. 

Eduardo Liendo. Imagen tomada de aquí.


Por esta razón hoy le hacemos llegar esta entrevista del año 2021.





Eduardo Liendo y Salvador Garmendia, ahora para ellos brilla la luz perpetua. Fotografía de Yuri Valecillo



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Eduardo Liendo: Uno sabe que ya no es el mismo

Por Papel Literario

enero 12, 2021


Por ISAAC GONZÁLEZ MENDOZA

La plaza Los Palos Grandes ha cambiado. Dos realidades de Caracas chocan en medio de los asientos, el café, la biblioteca y la fuente. De vez en cuando se escuchan los alegres gritos de los niños que juegan patineta o a la pelota, mientras sus padres los observan con mirada protectora. Por otro lado está la cola de personas que esperan comprar algo en el Excelsior Gama de enfrente y los indigentes que han invadido la plaza, a pesar de la guerra que le han montado los cuidadores de espacios públicos que designa la Alcaldía. Metido en ese contraste está Eduardo Liendo  (CaracasVenezuela, 12 de enero de 1941-CaracasVenezuela, 3 de julio de 2025), quien, como él mismo dice, tampoco es el mismo de antes.


Plaza Los Palos grandes. Imagen tomada de aquí.



Desde hace dos años he querido entrevistarlo, o más bien, hablar personalmente con el autor que está presente en las vidas de los venezolanos desde que leen en el liceo su primera novela, El mago de la cara de vidrio, que se convirtió en una especie de “tarjeta de identidad” para él como escritor. Por eso he ido a algunos de los encuentros literarios que ha ofrecido, en los que, en efecto, vi a un Eduardo Liendo distinto al actual, pero que mantiene el humor que caracteriza su obra. El párkinson, enfermedad que padece en un país sumido en una escasez de medicinas que supera el 80%, no le ha impedido la escritura: acaba de terminar su última novela, Memorias íntimas de Prudencio Perdido.



Me conseguí con él en el Wendy's (La franquicia abandonó el país, en el año 2021) de la zona. En principio no lo reconocí porque tiene la cara poblada de una blanca barba. Me acerqué un poco y vi que estaba leyendo un libro de su autoría, En torno al oficio del escritor. Vestía una camisa gris en la que encima tenía un chaleco azul oscuro. A su lado estaba su bastón. “¿Eduardo... Liendo?”, le pregunté. “Sí”. Le comenté que no estaba seguro de hablarle porque se veía diferente con la barba. “Las afeitadoras están escasas”, dijo. Emprendimos el camino a la plaza, que está a pocos metros del Wendy's. Con una tranquilidad envidiable, el maestro Liendo caminó enfrentando las limitaciones que tiene. “Yo no entiendo esta enfermedad del coño”. Llegamos, subimos unas escaleras y nos sentamos a hablar en unos bancos.

Wendyś de Los Palos grandes. Ya no existe. La franquicia abandonó el país.



Aunque considera que no es el escritor que soñó, a Liendo le sobran los lectores y los admiradores. Son incontables las reediciones de El mago de la cara de vidrio y en las universidades su obra suele ser puesta como ejemplo para el oficio de narrador, incluso es muy recomendada en las escuelas de periodismo. De hecho, Eritza Liendo, escritora y profesora de la Universidad Central de Venezuela, afirma que quien quiera dedicarse a la narración debe, obligatoriamente, leer los textos de Eduardo Liendo; y Gisela Kozak, también escritora y profesora, destaca de su trabajo un humor muy bien logrado.



Eritza Liendo habla de Eduardo Liendo 1/7
327 Visualizaciones desde el 29 abr de2015 hasta la fecha de publicación de la entrada.



¿Por qué la narración y no la dramaturgia o la poesía?

—Caramba, tú me haces preguntas que son como para varios tomos. Soy narrador, digamos, un poco nato, en el sentido de que siempre lo que yo he contado lo hago con ese recurso. Ocasionalmente he escrito algo ensayístico y he pecado también de poeta. Pero mi vocación y mi trabajo fundamental ha sido el de narrador, novelista y cuentista.




Gisela Kozak habla de Eduardo Liendo 1/5
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Pero nunca ha publicado poesía.

—No he publicado poesía, no así, no con publicaciones importantes. Aunque, por ejemplo, en Contigo en la distancia aparece un poema de Visitante que nunca llegó, un libro que nunca he publicado.




¿Qué le ha dejado la literatura?

—Un registro de vida. Una de las razones por la cual un escritor escribe, sobre todo un novelista, es para dejar un testimonio de la existencia: de lo que ha visto, lo que ha padecido, lo que ha experimentado y lo que ha disfrutado. Bueno la vida pues, de lo que ha amado.




En El round del olvido están reflejadas algunas de sus vivencias: la época de la guerrilla y el interés por la literatura.

—Sí pero no como autoficción, sino que hay elementos, vivencias del individuo, de las cuales se nutre el novelista. Es una cosa como parasitaria. Uno vive y también experimenta a través de terceros, y aunque no sea en un sentido autobiográfico, siempre están allí esas vivencias. El tiempo del escritor y las circunstancias del escritor siempre están ahí reflejados de alguna manera, aunque sea indirecta. En el teatro del absurdo, por ejemplo, digamos en Esperando a Godot, por citar un caso, hay elementos que son muy reales, muy evidentes de la vida, aunque sea teatro del absurdo.

Mario Vargas Llosa dice que el escritor, cuando está trabajando, hay un momento en el que se separa de la obra y se convierte en lector. ¿Cómo asume esto dentro de su oficio?


—Existe un distanciamiento entre el escritor y la obra. Hay una distancia, evidentemente, entre la realidad y la ficción. Entre la ensoñación y lo que se logra. Lo que uno logra generalmente está por debajo de lo imaginado. En el escritor más audaz y mejor dotado siempre su imaginación lo va a desbordar.

¿En qué punto la ficción se acerca a la realidad?

—De pronto a través de la ficción se logran elementos esenciales de la realidad, incluso premonitorios. Algunas personas ven en mi novela Diario del enano un texto premonitorio de muchas cosas que ocurren en la Venezuela contemporánea. Es un texto del 95 y aparece ya la figura de un personaje totalitario. Recuerdo que cuando escribí esa novela me entrevistó un periodista de El Nacional que me dijo: “Eduardo, pero esto parece que lo estuvieras escribiendo desde la clandestinidad”.




¿Cuando la estaba escribiendo llegó a imaginar esta situación política en Venezuela?

—No quiero poner mi caso como alguien que tiene un privilegio especialísimo con relación con otros seres humanos. Pero sí una capacidad de observación. Por ejemplo, el año 95 es posterior a los dos golpes de Estado del 92. Ya había ocurrido el Caracazo y yo tenía la experiencia carcelaria y todo lo que había ocurrido en los años 60. Todo eso, de alguna manera, capta elementos de la realidad que pueden ser más permanentes.


Es más, los grandes registros de la ficción quedan como elementos históricos. Para uno aproximarse a la realidad del zarismo no hay como leer a Tolstoi, como leer Guerra y paz. Un personaje como Dostoyevski nos refleja también ese mundo. Para uno conocer la realidad del siglo XVI no hay como leer a Cervantes. El reflejo de esa época te lo da Don Quijote de la Mancha más que cualquier crónica.

¿Dentro de la novela el escritor sistematiza y organiza la realidad?

—Hay anécdotas allí en Diario del enano reales o que pertenecen a la realidad. Lo que pasa es que las utilizo exagerándolas. Hay un elemento en José Niebla, el tirano: llega un momento en que él dice que los habitantes de Tacalma deben, en época de invierno, andar casi desnudos, y cuando es verano deben ponerse un abrigo. Ahora esa exageración, que obvio es una desmesura, tiene un punto real para mí, una anécdota de Juan Vicente Gómez. Cuando la gente iba a Maracay no le podían decir que hacía calor porque se arrechaba. Estaba prohibido decir que hacía calor en Maracay.


¿Y qué papel juega la literatura en este caos?

—La literatura es un registro del tiempo, de las circunstancias, etc. Pero no es solución, nunca ha sido solución. Es un testimonio, aunque no sea testimonial. Ahora, si la literatura modificara radicalmente a la sociedad, ya tendríamos sociedades perfectas. Porque el arte, no solo literario sino en otros aspectos, ha denunciado, por ejemplo, las guerras.

Un Eugenio Montejo joven. Fotografía de Hector López Orihuela


Pero la literatura despierta a la gente.

—Yo no digo que sea inútil, sería absurdo pensar eso. Es más creo que la literatura es un recurso de crecimiento personal para los lectores. Es importante y por eso la persiguen todos los gobiernos autoritarios del mundo, o por lo menos, si no la persiguen, la bloquean. Por algo debe ser. Pero lo que no desearía yo es hacer un juicio mecánico.

Imagen tomada de Desde la Plaza.com



Las limitaciones que sufre uno, en lo personal, son dramáticas. Por ejemplo, yo ahorita me noto escasamente elocuente en relación con lo que fui. Yo tenía un verbo muy veloz, muy rápido. Incluso tenía fama de eso. Ahora no, ahora me aproximo a las cosas indirectamente. Ahí la literatura es un factor de enriquecimiento muy grande. La poesía para mí es fundamental. Hoy leo más poesía que en otra época, sobre todo la de un gran amigo, Eugenio Montejo, uno de los grandes poetas venezolanos. Yo caminaba con él por acá en el barrio, nos tomábamos un café. 

Imagen tomada de Desde la Plaza.com



Él también vivía en Los Palos Grandes, por eso la biblioteca tiene una sala allí que se llama Eugenio Montejo. Pero lo que te quiero decir es que su poesía ahora me sirve, además de como instrumento de bienestar, para la memorización. Hay poemas de Eugenio que me he aprendido, como “La poesía”.

(Eduardo Liendo se detiene unos segundos y recita).

La poesía cruza la tierra sola,

apoya su voz en el dolor del mundo

y nada pide

       —ni siquiera palabras.

Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;

tiene la llave de la puerta.

Al entrar siempre se detiene a mirarnos.

Después abre su mano y nos entrega

una flor o un guijarro, algo secreto,

pero tan intenso que el corazón palpita

demasiado veloz. Y despertamos



Eduardo Liendo recitando a Eugenio Montejo | 4Dromedarios


Ves cómo el poeta logró la síntesis. Ahí está la poesía, mejor explicada que en volúmenes. Es el poema. Así también es la narrativa, cuando es válida y poderosa.

¿Cómo ha cambiado su vida a raíz de la enfermedad que padece?

—Primero uno tiene que comprender que toda vida tiene un proceso de declinación, cuando tenemos el privilegio de llegar a viejos, un privilegio entre comillas. Yo me siento relativamente bien, escribo y leo mucho todavía. Eso me sostiene. Ahora en el sentido sobre el que hablamos noto las limitaciones, es decir no me engaño. Me preocupa más incluso que esta conversación tenga una parte audiovisual, porque allí se ve todo, las torpezas, las limitaciones físicas. Ahora esta enfermedad, el párkinson, es degenerativa, o sea que ha tenido una progresión. Como lo pudiste ver cuando veníamos hacia acá, tengo limitaciones de motricidad, pero todavía camino. Es más aquí en Los Palos Grandes los amigos me dicen “Arriba, Eduardo”, como diciéndome que no me deje vencer por esto.

Pero uno sabe que ya no es el mismo, además de lo conflictivo que es el país, donde todo te cuesta trabajo. Ir al automercado, al banco, las cosas más elementales, ir a un café, todo es un drama. Pagar la luz, pagar la Cantv... tú dices, bueno, eso se hace por Internet, aunque yo utilizo poco el Internet para esas cosas. Lo utilizo para la información y para relacionarme por correo electrónico. Y claro lo asumí como instrumento muy eficaz para la reescritura. Todavía hago borradores manuales, es decir no escribo en la pantalla directamente, prefiero hacer un borrador, en lo cual coincido con escritores notables por sus capacidades escriturales, como el propio Vargas Llosa. Uno piensa que él, un periodista insigne además de un narrador extraordinario, hace tiempo que no ve un bolígrafo. No, sus cosas están siempre primeramente boceteadas a mano y después en la pantalla.

En una entrevista usted dijo que le hubiera gustado ser un escritor más destacado en América Latina.

—No, no lo dije así, sino que no era el escritor que había soñado. Uno tiene una imagen de lo que piensa que va a proyectar, cuando es esencial para ti. Hay escritores que dicen que escriben para ellos mismos, cosa mentirosa de paso, porque si escribes para ti mismo deja la vaina en la gaveta. Cuando vas adonde un editor y dices que quieres publicar eso, ya buscas el cómplice, que es el lector. Hay escritores que, por los valores implícitos en su narración o sus ensayos, abarcan muchos lectores o logran muchos lectores. Otros son minoritarios, lo que no quiere decir que los que tienen una audiencia mayor sean mejores. Pero, en el caso mío, ya que me aludiste en ese sentido, yo, como todo joven, pensé en qué iba a ser de mi vida, sobre todo después de la derrota política de los años 60. Después de que estuve en una prisión largo tiempo, en el exilio, regreso y empiezo esta manera de no perder en los dos tableros, como acostumbro a decir. No se concretó la cosa del país que queremos, pero no vas a perder todo tú también en lo personal. Y empecé a escribir con mucho interés, mucho esfuerzo. Tuve la suerte de tener una buena recepción al comienzo con El mago de la cara de vidrio, que fue publicada en la colección El Dorado y comentada desde el principio. A partir de la segunda edición, que en verdad tardó un poco, la adoptaron los profesores y empezó a ser como una tarjeta de identidad mía como escritor, lo que no quiere decir que yo lo considere mi mejor libro, pero indudablemente le debo eso.

Hay mucha gente que lo lee.

—¡Claro, claro! Yo no dudo eso. Lo que pasa es que la insatisfacción humana es una vaina muy seria, y cada quien se mide no por el rasero que te ven los otros sino con el tuyo mismo. El round del olvido, por ejemplo, creo que me ha dado muchas satisfacciones. Sé que es cierto lo que dices, que hay trabajos de profesores muy calificados e incluso de escritores que han trabajado ese libro. Pero yo digo: el libro no ha dado el salto al exterior. Uno se pregunta por qué. Porque uno ve autores de una obra no precisamente gloriosa traducidos a 14 idiomas. ¿Cuándo me tocará a mí un poquito? Aunque es una cosa poco espléndida de uno decir que no es el que soñó, es una forma de autenticidad. Uno sabe por qué lo dice. Quizás la vida es como un acomodo.

Maestro…

—Fíjate yo ahora acepto que me digan maestro. Hace un tiempo no. No es que me guste. Bueno ya es tan generalizado, lo escriben, lo dicen. Antes me decían Eduardo. Uno de los primeros que me empezó a decir maestro fue José Balza. Pero después se ha hecho como una constante. También los años, todas esas cosas influyen. La vez que más me ha molestado que me digan maestro yo estaba muy joven, acababa de regresar del exilio. Estaba por La California Norte en una biblioteca y un muchacho como de 16 años me dijo: “¿Maestro, me regala un cigarrillo?”. Me provocó darle un pescozón.

¿Qué edad tenía en ese momento?

—Yo regresé a los 29, ahí mismo cumplí los 30. A los 31 salió El mago. Ahora, yo me creía viejo. No me gustaba ponerme blue jean porque era como disfrazarme de una generación. Yo había sido carne de cañón de cárcel muy joven y siempre estuve en cosas trascendentes. La parte divertida de la vida de esos años, que son los mosaicos de la Billo's, el bonche, eso yo lo pasé por alto. Después me empiezo a recuperar un poco y me doy cuenta de que no había vivido cosas fundamentales en aras de eso. La política es castradora en muchos aspectos. En otros no, en otros puede enriquecer. Pero es castradora, sobre todo cuando implica riesgos.

Hablando de derrotas, el año pasado hubo varias. Ahora hay una tensa tranquilidad.

—Bueno es una situación que es más, desde mi punto de vista, común de lo que aparenta. Porque los pueblos tienen sus ciclos. Después de épocas de vértigo, de protestas, de alzamientos, vienen épocas de receso, cansancio, fatiga.

Ahora, a nosotros nos está pasando una cosa que yo llamo, con mucho respeto por el boxeador, el “síndrome de Betulio”, un campeón mundial nuestro. Hay una pelea famosa de Betulio, creo que por el campeonato. En esa época se transmitía más por radio que por televisión. El locutor, que era muy conocido, decía emocionado: “¡Pega Betulio, pega Betulio, pega Betulio!”, y de repente “¡Se cayó!”... se cayó Betulio.

Creo que nosotros tenemos el “síndrome de Betulio” por lo que nos pasó: que empezó con eso de que el gobierno se tambalea, que se va, que los militares civilistas; y cuando lo teníamos flojo de piernas pensamos que en cualquier momento iba a entregar el poder. Eso estaba metido en las vísceras de la gente. El Movimiento 16 de Julio: salimos todos a firmar diciendo “Este hombre tiene que irse para el carajo ahorita”. Pero no se fue. Después era impedir que se estableciera la fulana constituyente. Todo el mundo decía “Vamos a darle porque esto no puede ser”. Y entonces “Pega Betulio”... y se cayó Betulio.


Pega Betulio...¡se cayó Betulio!, famosa sátira del comediante venezolano Honorio Torrealba


Después algunas personas decían “Me engañaron”. Empezaron a decir que los opositores estaban en contubernio con el régimen. Porque alguien tiene que pagar y lo están pagando los líderes de la oposición, que para mí, en su mayoría, son líderes honestos, guapeadores. Ser diputado en esta época no es mantequilla. No es fácil reunirte en un lugar donde te pueden tirar un botellazo, donde no tienes protección oficial, donde te escupen, te encierran. Eso, para mí, es meritorio. Hay que meterse en el pellejo de esa gente para darse cuenta.

¿Es optimista o pesimista sobre el país?

—Como dicen: un pesimista es un optimista bien informado. Claro, en lo que no caigo es en entusiasmos infantiles, porque ya yo viví la etapa del infantilismo de izquierda. Hay que ser consecuente con lo que uno piensa.

¿Y la guerrilla? ¿Fue un error?

—Fue un error gravísimo de la izquierda. Un error que uno no se lo debe atribuir a uno o dos dirigentes en particular. Era una atmósfera que existía. Una situación que estaba dada por el entusiasmo que provocó la caída de Pérez Jiménez, y después por el triunfo de los cubanos y la radicalización de Fidel hacia el socialismo y el marxismo. Todo eso influyó. Empezamos a enfrentar un gobierno democrático recién electo como el de Betancourt, con las diferencias que podíamos tener, pero que indudablemente había sido electo recientemente. Fue un error grave, políticamente erróneo.


Y en qué momento, luego de la derrota, Eduardo Liendo dice que se va a dedicar a la escritura.

—Me jugué esa carta. Yo lo que tenía era una vocación temprana que había sido interferida por la pasión política.

Hay un episodio en el que yo me encuentro, por decisión de ellos, con Eloy Torres, que era un dirigente político muy importante y querido por nosotros, y con Jesús Faría, que era el jefe del Partido Comunista de Venezuela y a quien conocí en Moscú. Me citaron a una reunión y me dijeron que querían que me fuera a Guayana a fundar partidos. Ya yo sabía que no era un activista político en ese sentido. Yo les dije: yo lo que quiero es escribir, no dije quiero ser escritor porque me parecía una fórmula pedante. Ellos respetaron eso, sobre todo el viejo Eloy (que no era ningún viejo), pues sabía quién era yo, por eso me había llamado. Sabía que yo era un buen lector, que escribía, conversaba y que había estudiado en la Unión Soviética.

Decidí que en mi vida, de ahí en adelante, todas las decisiones fundamentales las iba a tomar yo y no el partido. Eso es una decisión muy importante, fundamental en mi vida.

Con el apoyo de mi familia me puse a escribir. No era un apoyo a la escritura, porque nadie sabía, sino conmigo en el sentido del lugar donde yo podía bañarme y comer. Sobre todo mi hermana Zaida. Por eso El mago está dedicado a ella, que lo pasó a máquina.


Hay una frase que tiene Faulkner en unos de sus libros, creo que en Mientras agonizo, que dice: “Con este libro me salvo o me hundo”. Cuando yo escribí El mago tenía eso como consigna. Aunque es un libro que tiene mucho humor, yo sabía que la carta que me estaba jugando era que tuviera receptividad.





*Esta entrevista fue publicada originalmente en enero de 2018 en la revista digital 4Dromedarios






Eduardo Liendo | 4Dromedarios
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Eduardo Liendo (Versión Original) por César Cortez Rivas
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