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miércoles, 18 de septiembre de 2024

Elon Musk, Emperador de Marte : la guerra civil es inevitable




Marx y la guerra de clases: ¿sueña Elon Musk con esclavos en Marte?


Los grandes avances tecnológicos y científicos, en manos de los capitalistas se vuelven instrumentos para redoblar la precariedad, el control de la mano de obra y el expolio


Josefina L. Martínez 11/08/2024


Elon Musk y Jeff Bezos, los dos hombres más ricos del mundo, serían dignos supervillanos de muchas películas, aunque en este caso la realidad es mucho peor que la ficción. Ambos son propietarios de emporios multinacionales que explotan a millones de personas y que incluyen ambiciosos proyectos espaciales, redes satelitales, investigación en IA, cadenas logísticas globales, plataformas de venta online, medios de comunicación, redes sociales, infraestructuras de servidores, fábricas automovilísticas y mucho más. La fortuna personal de Elon Musk se calcula en 240.000 millones de dólares y la de Jeff Bezos en 200.000 millones, según Forbes. Pero eso no es todo: ¡ambos compiten actualmente en la carrera espacial por Marte! La NASA tiene varios contratos con las empresas SpaceX (Elon Musk) y Blue Origin (Jeff Bezos), como parte de un programa para instalar bases en el planeta rojo.  

Elon Musk por LUIS GRAÑENA


Según una investigación del New York Times, SpaceX ha creado varias divisiones de investigación con el objetivo a largo plazo de construir una colonia autosostenible en Marte. El proyecto tendría por delante todo tipo de obstáculos. La creación de cohetes reutilizables de grandes dimensiones para trasladar enormes cantidades de materiales e insumos sería solo el primero de los problemas. Mientras algunos científicos estarían trabajando en el diseño de trajes espaciales para resistir condiciones ambientales hostiles, otros indagan si sería posible la reproducción biológica de la especie humana fuera de nuestro planeta. Elon Musk desmintió en X que hubiera donado esperma para evaluar las posibilidades de cultivar una pequeña colonia de terrícolas en el espacio, una posibilidad verosímil teniendo en cuenta su personalidad. Musk adhiere a la ideología pronatalista de los neorreaccionarios (NRx), un movimiento encabezado por millonarios ultraconservadores que financian al actual candidato a la vicepresidencia de EEUU, James D. Vance. Estos se definen como antiigualitaristas, contrarios a la ilustración y a la democracia liberal. Piensan que están llamados a “salvar a la humanidad” mediante el desarrollo tecnológico y políticas oligárquicas. Promueven que los países más ricos suban las tasas de natalidad (natalidad blanca, claro está), para evitar la amenaza del “gran reemplazo” provocado por oleadas migratorias. Musk ya tiene 10 hijos con diferentes mujeres. No es extraño que considere que su propia “semilla” sería la más adecuada para iniciar una nueva especie afincada en Marte. Más nazi, no se puede. 


Los delirios de grandeza de Elon Musk (le gusta llamarse a sí mismo “Emperador de Marte” o “Tecno Rey de Tesla”) no son ajenos a una época de crisis profunda del orden neoliberal occidental, en la que emergen figuras aberrantes que, a su modo, expresan la locura de la razón económica. Su ambición es llevar al extremo la irracionalidad capitalista, en su propio beneficio, como nuevos sheriffs acaudalados de un oeste salvaje. No por nada, Elon Musk es el capitalista más admirado por Javier Milei, otro que cree que tiene línea directa con la divinidad y que habla con sus perros en el más allá. Cierto es que también están unidos por intereses más “terrenales”: Musk busca quedarse con las codiciadas reservas de litio del norte argentino y ya ha comenzado su avanzada en el país con la empresa de satélites Starlink.


Si bien Marx ya había señalado que el capitalismo busca transformar el mundo entero a su imagen, quizás se hubiera sorprendido del grado de megalomanía de estas nuevas personificaciones del capital en el siglo XXI. 


Del sueño tecnológico californiano a los talleres ocultos del capital


Alguien podría pensar que estos supermillonarios juegan algún papel progresivo en la sociedad, ya que con su “iniciativa emprendedora” impulsan proyectos que beneficiarán a todos. Si creyéramos al pie de la letra el mito de Silicon Valley, Amazon debería su éxito a la genialidad de Jeff Bezos y su audacia para aprovechar las oportunidades del mercado. Ya planteamos en un artículo anterior algunas cosas sobre el credo ultraliberal de la libertad como libertad de mercado. Conforme a esta ideología, el emprendedurismo de las techabre el camino para que florezcan mil flores, porque todos tendrían la posibilidad de acceder al juego. El premio será para quienes arriesgan y ganan: una oda a la meritocracia neoliberal. Pero las cosas no son lo que parecen.


En 2021, Jeff Bezos realizó un viaje de diez minutos al espacio como parte de su proyecto de “turismo espacial”. En la rueda de prensa que dio al regresar, hizo declaraciones bastante provocadoras: “Quiero dar las gracias a todos los trabajadores de Amazon y a todos los clientes de Amazon. ¡Porque vosotros habéis pagado todo esto!”. Marx le hubiera dado la razón: lo pagamos todos. 


Amazon es la empresa de logística más grande del planeta y la mayor empleadora: más de un millón y medio de trabajadores precarios contratados de forma directa y cientos de miles que trabajan para Amazon a través de empresas externalizadas. En sus grandes almacenes, miles de trabajadores y trabajadoras son sometidos cada día a intensos ritmos de trabajo, controlados mediante escáneres, cámaras y algoritmos. Para Amazon, son un engranaje más en las cadenas globales de suministros y la “logística inteligente” que permite mover con rapidez y a través de largas distancias mercancías producidas en países con mano de obra todavía más barata y sin derechos. Por eso los trabajadores de Amazon salen a la huelga en muchos países con el lema: “No somos robots”. La empresa de Jeff Bezos es conocida por sus prácticas antisindicales en todo el mundo. Como analizamos con detalle en el libro Amazon desde dentro: el secreto está en la explotación (CTXT, 2024), Amazon utiliza tecnologías propias del siglo XXI para imponer condiciones laborales del siglo XIX. Y es ahí donde hay que buscar uno de los secretos más importantes de la fortuna de Jeff Bezos


Marx analizó los secretos ocultos de la producción capitalista, develando las mentiras del relato liberal sobre un “intercambio entre iguales” en el mercado laboral (uno de los sentidos comunes más extendidos en nuestra sociedad).  Cuando, de una parte, hay millones de personas que dependen de un salario para sobrevivir, y, del otro lado, se encuentran capitalistas multimillonarios, a eso no lo podemos llamar “intercambio igualitario”. La igualdad formal encubre una desigualdad sustancial que está presente en las relaciones sociales. Millones de seres humanos no pueden cubrir las necesidades mínimas de alimentarse, tener una vivienda, reproducirse y poco más, a no ser que pasen gran parte de su vida en el trabajo asalariado. Muchos otros ni siquiera tienen esa opción.


El secreto de la ganancia capitalista está en la apropiación del trabajo ajeno, eso que llamamos explotación. Como explicó el economista marxista belga Ernest Mandel: “El origen de la plusvalía está, pues, en el trabajo excedente, en el trabajo gratuito apropiado por el capitalista. ‘Pero eso es un robo’, se gritará. La respuesta debe ser ‘sí y no’. Sí, desde el punto de vista del obrero; no, desde el punto de vista del capitalista y de las leyes del mercado”. Es decir, se trata de un robo legalizado. Si los capitalistas pueden apropiarse de ese plusvalor creado por el trabajo de los obreros, es porque estos se han transformado en una mercancía (su fuerza de trabajo), porque no tienen otro modo de sobrevivir que vender su fuerza de trabajo en el mercado.


El capital es insaciable, su tendencia a la expansión y la concentración está inscrita en su ADN. Eso que fue vislumbrado por Marx adquiere dimensiones inéditas. Entre las empresas tecnológicas, la concentración de capital ha crecido con un ritmo fenomenal. YouTube fue adquirida por Google, Twitter fue comprada por Elon Musk, Facebook se quedó con Instagram, Amazon ha adquirido numerosas empresas que eran su competencia, desde cadenas de librerías online hasta supermercados. En un plazo de veinte años, el club de las empresas más grandes en términos de capitalización bursátil ha cambiado bastante. Mientras que en el año 2000 el top five lo encabezaban Exxon Mobil, General Electric, Microsoft, Citigroup y BP (hidrocarburos), para el 2019 el ranking lo lideraba Apple, seguida de Microsoft, Alphabet (Google), Amazon y Facebook. Su poder económico es tan grande, que algunos incluso creen ver la aparición de un nuevo tipo de feudalismo tecnológico. La realidad es que las tendencias a la concentración monopolística, propias del capitalismo desde fines del siglo XIX, no han dejado de aumentar en las últimas décadas. La competencia no desaparece, sino que se exacerba entre empresas de proporciones gigantescas.



Los secretos de Elon Musk: subvenciones estatales y explotación infantil


Elon Musk es propietario de Tesla, la empresa líder en producción de automóviles eléctricos. Cuando muchos países apuestan por planes para reemplazar los rodados de combustible fósil por nuevos modelos “sostenibles”, esa industria es un nicho para grandes negocios capitalistas. Una producción que viene siendo regada con miles de millones en ayudas estatales, desde los fondos europeos Next Generation a otras iniciativas de financiación. Noruega, el país con mayor porcentaje de coches eléctricos del mundo, sostiene ese crecimiento a base de una caja de subvenciones estatales sin igual, todo en nombre de la “transición verde”. Parece que para los negocios exitosos no alcanzaba con el libre mercado.


La industria de los coches eléctricos se presenta en el relato del “capitalismo verde” como la única solución para el futuro. Como si no hubiera otras opciones para el transporte urbano más racionales y menos destructivas del ambiente que la circulación de millones de automóviles para uso individual en carreteras atestadas. Pero los espejitos de colores que ofrece Elon Musk no pueden ocultar una realidad mucho más funesta. Como sabemos, las baterías de los coches eléctricos necesitan litio y coltán, así como otros minerales. Estos son extraídos por multinacionales en países del sur global en condiciones laborales inhumanas, expoliando bienes comunes naturales de pueblos y comunidades originarias. 


Las minas “artesanales” del Congo son uno de los casos más extremos. Según una investigación de Amnistía Internacional, la mayoría de los fabricantes de baterías eléctricas y empresas como Tesla compran coltán a proveedores que se abastecen de la minería que utiliza trabajo infantil. En 2020, el 70% de la producción mundial de cobalto provenía de ese país. Milicias armadas y el ejército se disputan el control de la región, mediante conflictos armados y abusos generalizados a la población. Diversas organizaciones han denunciado que más de 40.000 niños participan de la minería en la región este del Congo. Estos escenarios infernales son fuente de enormes ganancias para los capitalistas más ricos del planeta. Una vez extraído, el mineral se “lava” en los papeles mediante maniobras fraudulentas para hacer constar que su origen es otro. El Congo, que fue escenario de uno de los primeros genocidios a gran escala por parte de los ejércitos coloniales europeos, hoy reproduce aquella barbarie. En su momento, Marx señaló que el capital había llegado al mundo chorreando lodo y sangre. El capitalismo “verde” de Elon Musk, Von der Leyen y la Comisión Europea sigue siendo esa trituradora de huesos cruenta y mortal. Las guerras comerciales y crecientes choques entre potencias a nivel global anuncian nuevas disputas por los recursos y los mercados mundiales en un mundo convulso.


Mientras tanto, en sus fábricas de Tesla, Musk redobla sus políticas antisindicales para impedir la organización de los trabajadores. Podemos imaginar también cómo le gustaría organizar sus “colonias marcianas”: con esclavos sin derechos. 


Los grandes avances tecnológicos y científicos, en manos de los capitalistas se vuelven instrumentos para redoblar la precariedad, el control de la mano de obra y el expolio. Expropiar a los expropiadores, como propone Marx, es necesario para liberar las potencialidades del conocimiento y el trabajo humano y permitir que este tome nuevos rumbos que sean realmente emancipadores. 


Elon Musk ha posteado esta semana una frase en X: “Civil war is inevitable” [la guerra civil es inevitable]. Lo hizo como comentario para justificar la acción violenta de los grupos de choque racistas en Reino Unido, mientras estos atacaban centros de refugiados y a personas migrantes. “La guerra civil es inevitable”: con ese horizonte en mente, Elon Musk financia la campaña de Donald Trump y agita en la red X contra cualquier forma de resistencia organizada. Sus discursos racistas, tránsfobos y antiobreros señalan claramente en qué lado de la barricada se ubica. Si Marx tuviera hoy una cuenta en X, seguramente le respondería: “La guerra civil es inevitable, pero es una guerra de clases. Prepárate Musk, que esta vez podemos ganarla”




 


AUTOR >



Josefina L. Martínez

Periodista. Autora de 'No somos esclavas' (2021)



Tomado de CTXT.ES



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miércoles, 28 de agosto de 2024

El "Estoicismo" con incontinencia verbal de Elon Musk

 




MENS SANA IN OFICINA CON VISTAS

Una “doctrina de esclavos” para entender a jefes y empleados de hoy: el estoicismo ha vuelto




Una doctrina filosófica de hace 24 siglos que invitaba a aceptar la realidad tal cual es y ofreció consuelo a los más pobres y vía libre a los más ricos goza de éxito en forma de libros, ‘podcasts’ y ‘hashtags’ en las redes sociales



Elon Musk, un multimillonario que, según cuentan, duerme a veces en el suelo.



MIQUEL ECHARRI


Barcelona - 09 DIC 2023 - 00:30 VET

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De las Meditaciones de Marco Aurelio a los podcasts sobre pensamiento práctico más populares del planeta, el estoicismo conserva una sorprendente vigencia. Ahora mismo, es una de las doctrinas antiguas más divulgadas en la red y la filosofía de cabecera de la élite empresarial disruptiva, de Kevin Rose a Elon Musk pasando por Bill Gates, Jack Dorsey, Jeff Bezos o Warren Buffett. Pioneros como Tim Ferriss contribuyeron a introducirla en Silicon Valley hace alrededor de 10 años, integrada en un sugerente cóctel posmoderno de taoísmo, confucionismo y meditación zen.

Elon Musk. Foto de Daniel Oberhaus (2018).

Algunos analistas atribuyen su popularidad en el primer cuarto de este atribulado siglo XXI a que se trata de una filosofía práctica, una “escuela de vida”, en palabras del propio Ferriss. Pero, ya en 2016, Olivia Goldhill se preguntaba en un preclaro artículo en Quartz qué podrían estar aprendiendo Gates y compañía de una doctrina milenaria “concebida por esclavos griegos” que predica que el éxito es una ilusión y que hay que cultivar la austeridad y la renuncia como camino preferente hacia la virtud.



Sandy Grant, filósofo de la Universidad de Cambrige, describe el estoicismo como una corriente intelectual que se propuso “aportar consuelo a los oprimidos” en un mundo “de esclavos y de jerarquías rígidas” en el que las mujeres eran consideradas “propiedad” de sus padres, hermanos o maridos. Incluso al divulgador filosófico Ryan Holiday, autor de éxitos editoriales como Estoicismo cotidiano: 366 reflexiones sobre la sabiduría, la perseverancia y el arte de vivir, le resulta paradójico que los estoicos modernos parezcan proliferar sobre todo en la cúspide de la pirámide social, no en su base.


El estoicismo nuestro de cada día

¿Qué tiene de estoico Elon Musk? A juzgar por uno de los boletines oficiales del neoestoicismo contemporáneo, el blog de Holiday, The Daily Stoic, bastante poco. La página le reconoce méritos empresariales incuestionables, pero le reprocha una incontinencia verbal que hubiese exasperado al estoico por excelencia, el emperador Marco Aurelio.





Musk, en opinión de sus correligionarios convertidos en detractores, tendría “demasiadas opiniones”. Sería demasiado proclive a “embarcarse en rencillas mezquinas, faltar al respeto a sus empleados con discapacidades, difundir desinformación y propaganda, atacar a periodistas” y, en general, “a dejarse arrastrar por las guerras culturales contemporáneas”. Ninguna de esas actitudes les parece muy compatible con la serenidad, la virtud, el equilibrio y el silencio interior que promueve la doctrina estoica.


Es más, con la adquisición de Twitter, hoy X, Musk se habría convertido en promotor directo de una cultura de la inmediatez y el ruido del todo incompatible con esa escuela de pensamiento. De poco serviría, en consecuencia, que haya leído con avidez la obra del triunvirato estoico (Séneca, el esclavo Epicteto y Marco Aurelio) o que se imponga superficiales ejercicios de endurecimiento del espíritu como dormir en el suelo de sus fábricas en periodos de crisis. El estoicismo, para Daily Stoic, es otra cosa.


Oscar Lagrosen, redactor de Medium, sí que acepta sin apenas reparos la tesis de que Elon Musk vendría a ser “el moderno Séneca”. ¿Sus argumentos? Tanto el filósofo cordobés como el emprendedor nacido en Pretoria fueron los hombres más ricos de su época: los más de 2.600 millones de dólares que posee Musk vendrían a ser el equivalente aproximado a los formidables 300 millones de denarios que acumuló Séneca. Más aún, ambos amasaron sus fortunas haciendo ejercicio de la virtud, “sin atisbo de corrupción”, tuvieron la disciplina necesaria para sacar el máximo partido de sus respectivos talentos e hicieron “el bien” sin esperar retribución ni reconocimiento. Lagrosen atribuye a Musk una hazaña altruista muy publicitada en su día pero sobre la que los analistas no se acaban de poner de acuerdo: haber donado una parte sustancial de su fortuna para paliar el hambre en el mundo, aunque no quedase del todo claro cuándo, a quién y en qué condiciones concretas.




Por supuesto, tras valoraciones tan dispares se esconden formas divergentes de entender el estoicismo. Para académicos como Sandy Grant, John Sellars o Víctor Gómez Pin, esta sabiduría ancestral debe contextualizarse, interpretarse y, si procede, aplicarse, atendiendo a su complejidad y sus matices. Para divulgadores con o sin pedigrí filosófico, como Lagrosen o Massimo Pigliucci, bastaría, tal vez, con hurgar en el desván de la vieja doctrina, identificar algunas ideas con atisbo de vigencia y añadirles un discreto barniz de esotería o de autoayuda. De ahí la proliferación de podcasts que aportan “recetas estoicas” para disfrutar (o sobrellevar) la vida cotidiana, pero con frecuencia soslayan u omiten la pregunta fundamental: ¿en qué consistió verdaderamente el estoicismo?


Los chicos del pórtico



El estoicismo es una escuela filosófica fundada por el sabio chipriota Zenón de Citio en la Atenas de principios del siglo III antes de Cristo, en pleno periodo helenístico. Los estoicos se reunían bajo un pórtico ateniense, la stóa, y allí elaboraron una ética personal basada en la persecución de la felicidad y la virtud a través del comportamiento racional, el autocontrol y la tolerancia. Sus ideas echaron muy sólidas raíces en la Roma imperial en siglos posteriores y acabaron convirtiéndose en la corriente intelectual y espiritual hegemónica, difundida en todos los niveles de la sociedad. Gates, Bezos y compañía conocen perfectamente los hechos, pero no parece ser esa la vertiente del pensamiento estoico que les interesa. Ellos se limitan a comprar, con entusiasmo un tanto acrítico, el estoicismo de Tim Ferriss, definido como “un sencillo e inmensamente rico libro de recetas para obtener resultados óptimos con esfuerzos mínimos”.


El estoicismo, tal y como lo entiende Ferriss, vendría a ser una variante sofisticada del mindfulness combinado con la exaltación del liderazgo empresarial y la cultura del esfuerzo. Otros divulgadores recientes se han esforzado, pese a todo, por despojarlo de esa pátina elitista y promover una doctrina estoica de orientación popular, apta para todos los públicos. Es el caso de El pequeño libro del estoicismo: Sabiduría, resiliencia, confianza y calma de la mano de los filósofos clásicos, de Jonas Salzgeber.


Otras muestras de esa sabiduría helenística al alcance de todos los bolsillos serían El camino del estoico, de Ollie Snider o Estoicismo para tu día a día. Una guía filosófica para ser más tenaz, tranquilo y resiliente. En casi todos estos ensayos más o menos cercanos a la autoayuda resulta clave el concepto de “resiliencia”, esa cualidad hoy tan de moda y que la RAE define como la “capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”. Consuma estoicismo en juiciosas dosis homeopáticas y será usted cada vez más resiliente. ¿Así de sencilla y práctica resulta la “receta” de los discípulos de Zenón de Citio?


En conversación con ICON, Víctor Gómez Pin recomendaba “disipar la confusión” recurriendo a las fuentes. Es decir, accediendo al estoicismo original (y a las interpretaciones rigurosas que los expertos vienen realizando de él desde entonces) en lugar de conformarse con sucedáneos “interesados, vulgares y triviales”. Eso es lo que se ha propuesto hacer Arpa Editores con la reedición reciente de uno de los textos canónicos del corpus estoico, las Meditaciones de Marco Aurelio.


Marco Aurelio.

David Hernández de la Fuente, escritor y catedrático de filología clásica en la Universidad Complutense de Madrid, se ha encargado de la traducción, la introducción y las notas. Describe la obra como “las memorias intelectuales de un gobernante modélico”, además de un libro “que no fue concebido para que lo leyésemos, sino como el vehículo que encontró ese hombre culto y de actitudes contemplativas para interpelarse a sí mismo, como si tuviese dos voces conviviendo en su interior: una que duda y sufre y otra que ejerce de maestro ofreciendo consuelo y certezas”.


A la luz de este texto “fascinante”, nos cuenta Hernández, habría que concluir que Musk, Gates y los demás tienen “muy poco” de estoicos: “Tal vez un suave barniz. Es posible que su interés por esa moda intelectual que es el estoicismo divulgativo, de usar y tirar, les haya aportado una cierta tranquilidad. En general, estos emprendedores estoicos de nuevo cuño suelen decir que les ha enseñado templanza y autocontrol, y yo no soy quién para dudarlo. Pero, a juzgar por sus actos, se conducen por intereses empresariales muy alejados del estoicismo. Creo que lo que más les interesa de Marco Aurelio es que fue el hombre más poderoso de su tiempo y gestionó un imperio”.


Constrúyelo y vendrán


Hernández, pese a todo, considera “legítimos” los intentos de divulgar el estoicismo y traerlo de vuelta a nuestra época, aunque sea “vulgarizándolo”: “Después de todo, la filosofía se ha vulgarizado siempre para adaptarla a todo tipo de auditorios. En el fondo, no importa demasiado si entras en contacto con el estoicismo a través de un libro divulgativo, un podcast, una página web, un programa de televisión o un tuit. Si capta tu interés, ya te encargarás de profundizar al respecto, y acabarás asomándote a tu ritmo a una doctrina muy antigua que sigue ofreciendo lecciones cruciales para el presente”.


Sí le preocupa un poco más que se acceda a ese caudal de sabiduría “a través de traducciones poco rigurosas y hechas con prisas” o, peor, “reinterpretaciones interesadas”. Pero considera que, aun así, el lector curioso y atento acabará encontrando su camino hacia “tesoros como las reflexiones de Epicteto, lo fragmentos de Zenón, el complejo y muy fértil pensamiento de Séneca” o las Meditaciones, “una obra maestra de la introspección y un canto a la dignidad íntima del ser humano”.


¿Se puede ser estoico en 2023? ¿Vale la pena proponérselo? Hernández recuerda que “el universo globalizado en que surgió el estoicismo, el de la Grecia helenística y el Imperio Romano, era similar al nuestro en su alto grado de interconexiones, sus turbulencias políticas o los retos climáticos, sanitarios y medioambientales a que se enfrentaba”. Pero también era un mundo muy distinto, “en el que ni siquiera los espíritus más elevados, como Marco Aurelio, se cuestionaban la esclavitud, la sumisión de la mujer o la vigencia de un imperialismo violento”.


La distancia cultural que separa aquella época de la nuestra es inmensa, y “un intento de aplicación ingenua y acrítica del estoicismo resultaría absurdo y contraproducente”. En cambio, Hernández sí considera vigentes “lo que de universal tiene la sabiduría estoica”. Le parece una filosofía “útil para momentos de crisis, porque es una ética del deber, la serenidad y la responsabilidad, que nos invita a practicar el cuidado propio y ajeno, que tiene una vertiente social porque nos invita a colaborar, a actuar de manera empática, comprensiva y tolerante”.


La vida virtuosa


El filósofo, ensayista y maestro Eduardo Infante, autor de ensayos sobre filosofía helenística como No me tapes el sol. Como ser un cínico de los buenos (Ariel), considera que los estoicos “no deben ser confundidos con la imagen tópica que el primer cristianismo difundió de ellos”. No eran en absoluto “masoquistas que persiguiesen la redención a través del dolor”. Al contrario, “se esforzaban en evitarlo racionalizándolo, relativizándolo y distanciándose de él”. Practicaban el autoanálisis como herramienta para convertirse “en personas excelentes”. Es decir, “equilibradas, sensatas, justas”, capaces de distanciarse “de la angustia, la inquietud y la búsqueda compulsiva de satisfacción inmediata del deseo, que es la verdadera fuente de infelicidad y sufrimiento”


El estoicismo, recuerda Hernández de la Fuente, fue en su día “una revolución intelectual” que enseñó a los habitantes de un mundo convulso “a vivir mejor, de manera más virtuosa y racional”. Convivió con el politeísmo grecorromano, los cultos mistéricos y el cristianismo. Formó parte de la ideología dominante y tuvo un profundo impacto en la vida cotidiana. Pero nunca fue un culto exclusivo ni una religión dogmática. A nadie se le exigía que se “convirtiese” al estoicismo, pero con frecuencia resultaba útil conocerlo y practicarlo.


Hernández se declara un fervoroso creyente en “la filosofía como salvación”, y un ocasional partidario del “estoicismo vulgar”, de uso cotidiano, que no “predica la indiferencia radical ante el dolor, propio y ajeno”, sino que enseña cómo afrontarlo en el marco de una ética “del buen vivir, de una vida a la vez activa y contemplativa, conforme a la lógica de la naturaleza”. Dos consejos prácticos del estoicismo le parecen de una especial vigencia: “Afronta la realidad tal cual es, apagando los malos juicios y las falsas percepciones. Y cultiva tu mente con la misma disciplina con la que el atleta cultiva su cuerpo”. ¿Su principal carencia? Que propugna un cierto conformismo, ya que “parte de la necesidad de aceptar la realidad tal cual es” y encontrar en esa aceptación una guía íntima de conducta. “El estoicismo”, concluye Hernández, “no es una filosofía útil para los que se proponen cambiar el mundo”. Ta vez esa sea una las razones menos obvias (y más incómodas) de su persistente popularidad entre las élites, por muy disruptivas que sean.



SOBRE LA FIRMA


Miquel Echarri

Periodista especializado en cultura, ocio y tendencias. Empezó a colaborar con EL PAÍS en 2004. Ha sido director de las revistas Primera Línea, Cinevisión y PC Juegos y jugadores y coordinador de la edición española de PORT Magazine. También es profesor de Historia del cine y análisis fílmico.



Tomado de El País



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miércoles, 24 de abril de 2024

Elon Musk, el Lado Inseguro de la Fuerza y La mezquindad de los multimillonarios que viene acompañada de un gran poder.

 

Imagen tomada de Cerebro digital


OPINIÓN

ENSAYO INVITADO


Elon Musk y el peligroso poder de los multimillonarios inseguros

4 de noviembre de 2021



Por Paul Krugman


Es columnista de Opinión.



Elon Musk no cree que los visionarios como él deban pagar impuestos como lo hace una persona común. Después de todo, ¿por qué entregar su dinero a burócratas aburridos? En Estados Unidos, solo lo despilfarrarán en planes insignificantes como… rescatar a su empresa, Tesla, en un momento crucial de su desarrollo. Musk tiene la vista puesta en cosas más importantes, como llevar a la humanidad a Marte para “preservar la luz de la conciencia”.


Verán, los multimillonarios tienden a estar rodeados de gente que les dice lo maravillosos que son y nunca, jamás, sugerirían que están haciendo el ridículo.



Pero no te atrevas a burlarte de Musk. El dinero de los multimillonarios les da mucha influencia política, la suficiente para que, en este país, logren bloquear los planes del Partido Demócrata de financiar un muy necesario gasto social con un impuesto que solo afectaría a unos cuantos cientos de personas en una nación de más de 300 millones. Ahora imagina lo que podrían hacer si creen que la gente se ríe de ellos.



De cualquier modo, la decidida y hasta ahora exitosa oposición de los estadounidenses increíblemente ricos a cualquier esfuerzo por gravarlos como personas normales plantea un par de preguntas. La primera: ¿hay algo de cierto en su insistencia en que cobrarles impuestos privaría a la sociedad de sus contribuciones únicas? La segunda: ¿por qué las personas que tienen más dinero del que cualquiera puede realmente disfrutar están tan decididas a quedarse con cada centavo?


En cuanto a la primera pregunta, la derecha siempre ha argumentado que gravar a los multimillonarios los disuadirá de hacer todas las cosas maravillosas que hacen. Por ejemplo, Mitt Romney ha sugerido que gravar las ganancias de capital hará que los ultrarricos dejen de crear puestos de trabajo y en su lugar compren ranchos y cuadros.


¿Hay, sin embargo, alguna razón para creer que los impuestos harán que los ricos se vuelvan como John Galt y nos priven de su genialidad?



Para los no iniciados, “volverse como John Galt” es una referencia a la novela La rebelión de Atlas de Ayn Rand, en la que los impuestos y la regulación motivan a los generadores de riqueza a retirarse a una fortaleza oculta, lo cual provoca el colapso económico y social. Resulta que la obra magna de Rand se publicó en 1957, durante la larga secuela del Nuevo Acuerdo, cuando el Partido Republicano y el Demócrata aceptaban la necesidad de una tributación muy progresiva, una fuerte política antimonopolio y un poderoso movimiento sindical. Por lo tanto, el libro puede verse en parte como un comentario sobre el Estados Unidos de Harry Truman y Dwight Eisenhower, una época en la que los impuestos a la actividad empresarial eran más del doble de lo que son ahora y la tasa impositiva máxima de las personas era del 91 por ciento.

Ayn Rand


Entonces, ¿los miembros productivos de la sociedad se pusieron en huelga y paralizaron la economía? No. De hecho, los años de la posguerra fueron una época de prosperidad sin precedentes; los ingresos familiares, ajustados a la inflación, se duplicaron en el transcurso de una generación.


Fuente: Wolfgangs



Y en caso de que se lo pregunten, los ricos no consiguieron esquivar todos los impuestos que se les imponían. Como documentó un fascinante artículo de Fortune de 1955, el estatus de los ejecutivos de las empresas había decaído bastante comparado con el de antes de la guerra. Pero, de algún modo, siguieron haciendo su trabajo.


Así que los superricos no se pondrán en huelga si se les obliga a pagar algunos impuestos. ¿Pero por qué les preocupan tanto?

Wall Street (1987) ORIGINAL TRAILER [HD 1080p]



No es que tener que prescindir, digamos, de 40.000 millones de dólares tenga un impacto visible en la capacidad de un Elon Musk o un Jeff Bezos para disfrutar de los placeres de la vida. Es cierto que muchas personas muy ricas parecen considerar que ganar dinero es un juego, en el que el objetivo es superar a sus rivales; pero la clasificación en ese juego no se vería afectada por un impuesto que todos los jugadores tuvieran que pagar.

Wall Street El poder y la avaricia Español Latino Fox Conoce a Gekko 1987 Doblaje Mexicano



Lo que sospecho, aunque no puedo probarlo, es que lo que en realidad mueve a alguien como Musk es un ego inseguro. Quiere que el mundo reconozca su grandeza inigualable; hacer que pague impuestos como un “tipo acartonado de Wall Street que gana 400.000 dólares al año” (mi frase favorita de la película Wall Street) sugeriría que no es un tesoro único, que tal vez no se merece todo lo que tiene.


No sé cuántos recuerdan la “ira contra Obama”, la furiosa reacción de Wall Street contra el entonces presidente Barack Obama. Si bien fue en parte una respuesta a los cambios reales en la política fiscal y regulatoria —en efecto, Obama les aumentó bastante los impuestos a los que más ganaban—, lo que hizo enfurecer a los financieros fue su sensación de haber sido insultados. Porque ¡incluso llamó a algunos de ellos peces gordos!



¿Acaso los muy ricos son más mezquinos que el resto de nosotros? En promedio, tal vez sí; después de todo, pueden permitírselo y los cortesanos y aduladores atraídos por las grandes fortunas sin duda facilitan que alguien pierda el piso.


Pero lo importante es que la mezquindad de los multimillonarios viene acompañada de un gran poder. Y el resultado es que todos nosotros acabamos pagando un precio muy alto por su inseguridad.


The Fountainhead (trailer)




Paul Krugman. 2008. Imagen tomada de Wikipedia


Paul Krugman ha sido columnista de Opinión desde 2000 y también es profesor distinguido en el Centro de Graduados de la Universidad de la Ciudad de New York. Ganó el Premio Nobel de Ciencias Económicas en 2008 por su trabajo sobre comercio internacional y geografía económica. @PaulKrugman




Tomada de New York Times