| Cabaña de Knut Hamsun, entre Lillesand y Grimstad, Noruega. |
Espacios y Obras Literarias: Las cabañas de trabajo de 10 escritores
Leonardo da Vinci decía que "las pequeñas habitaciones y refugios disciplinan la mente, mientras las grandes la debilitan".
En Walden, Henry David Thoreau da la razón a Da Vinci, cuando se refiere a la pequeña cabaña junto al lago donde viviría durante dos años y dos meses: "Con este abrigo más sustancial sobre mí, había aclarado algo mi situación en el mundo". Chozos para espíritus creativos Por alguna razón que nos devuelve a nuestro propio origen como especie, el ser humano siempre ha buscado el abrigo, aunque fuera precario, temporal u ocupado sólo esporádicamente, para plasmar su voz interior. Abundan los escritores, compositores musicales, filósofos, inventores o artesanos que forjaron su obra en diminutas cabañas y refugios, no tan diferentes que los chozos móviles de pastor usados en la Meseta Central española durante siglos. Los pequeños refugios son en ocasiones la mera habitación de una casa u apartamento. A menudo, no obstante, se trata de pequeñas cabañas de madera instaladas en el patio trasero, bosque o jardín, como reducidos espacios de juego que devuelven a sus moradores a la concentración y el flujo de ideas que recordamos de nuestra infancia. Es, al fin y al cabo, durante la infancia cuando buena parte del juego al aire libre consiste en construir un pequeño abrigo. Una casa, fuerte, castillo, cabaña. Un lugar donde refugiarse.
| Cabaña de Martin Heidegger. Todtnauberg, Alemania. |
El lugar de trabajo influye sobre la obra
La frase de Leonardo da Vinci constata que el lugar donde se escribe un libro, se bosqueja una teoría filosófica o se compone una melodía influye sobre el resultado creativo; como lo hacen el estado anímico, la salud, la experiencia personal, la urgencia económica, etc. Si los espacios para crear dijeran tanto del autor como su propia obra, la pequeñez y sencillez de habitaciones y casas de retiro forjan un denominador común entre la esencia del momento de crear. Estudiando estos lugares de estudio, a menudo reducidos, simples y apartados, el creador busca el retiro infantil para que la mente esté acomodada, asentada. Un nuevo útero materno donde recogerse durante las horas de trabajo.
Sonido interior
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| William Butler Yeats |
El poeta irlandés William Butler Yeats describía esta necesidad en La Isla del Lago: Innisfree (leer la versión original en inglés, The Lake Isle of Innisfree). La búsqueda del sonido interior primigenio, reflejado en la naturaleza (exterior universal, conexión con el panteísmo y estoicismo):
"ME LEVANTARÉ y partiré ahora, partiré hacia Innisfree,
Y construiré allí una pequeña cabaña, hecha de arcilla y zarzas:
Nueve surcos de judías tendré allí, y una colmena,
Y viviré solitario, entre el zumbar de las abejas.
Y encontraré allí paz, paz que gotea lentamente,
Desde los velos de la aurora hacia donde el grillo canta;
Allí la medianoche es toda un tenue brillo, y el mediodía es de un fulgor púrpura,
Y el atardecer se llena de las alas del tordo.
Me levantaré y partiré ahora; pues siempre, de noche y de día,
Escucho el apagado rumor del agua en la ribera,
Y mientras permanezco sobre la vereda, o sobre la gris acera,
Lo escucho en lo mas hondo de mi corazón."
And a small cabin build there, of clay and wattles made;
Nine bean rows will I have there, a hive for the honeybee,
And live alone in the bee-loud glade.
THE LAKE ISLE OF INNISFREE
By William Butler Yeats
I will arise and go now, and go to Innisfree,And a small cabin build there, of clay and wattles made;
Nine bean rows will I have there, a hive for the honeybee,
And live alone in the bee-loud glade.
And I shall have some peace there, for peace comes dropping slow,
Dropping from the veils of the morning to where the cricket sings;
There midnight's all a-glimmer, and noon a purple glow,
And evening full of the linnet's wings.
I will arise and go now, for always night and day
I hear lake water lapping with low sounds by the shore;
While I stand on the roadway, or on the pavements gray,
I hear it in the deep heart's core.
1892
Dropping from the veils of the morning to where the cricket sings;
There midnight's all a-glimmer, and noon a purple glow,
And evening full of the linnet's wings.
I will arise and go now, for always night and day
I hear lake water lapping with low sounds by the shore;
While I stand on the roadway, or on the pavements gray,
I hear it in the deep heart's core.
1892
Retiros de patio trasero
Si, como decía Da Vinci, un espacio reducido sitúa la mente en el camino correcto, a mayor simplicidad y recogimiento, mayor capacidad para resolver tareas conceptuales o artesanales, no importa la disciplina. Las cabañas o chozos para escribir o los "retiros de patio trasero" (del inglés "backyard shed") comparten una intimidad esencial, simple y áspera, como si todas persiguieran sin siquiera planteárselo los preceptos de la vida sencilla, descritos con el término estético japonés wabi-sabi (objetos o ambientes con simpleza rústica). El espacio íntimo de trabajo retorna con fuerza en la era de Internet y las comunicaciones ubicuas, cuando muchos profesionales desarrollan parte o todo su trabajo en casa o donde estiman oportuno.
Alejarse del exceso de estímulos y recogerse
Pero la ventaja de tecnologías como Internet forma parte, a la vez, del aumento de uno de los riesgos del proceso creativo: la sobrecarga informativa y sus efectos, se trate de la posposición (dejarlo para luego) o del síndrome de la hoja en blanco. Otro denominador común de las cabañas para creadores es su emplazamiento, a menudo en la naturaleza, sea en un simple jardín doméstico o en un paisaje exuberante, a veces tan apartado de la civilización como los refugios de madera escandinavos, construidos con troncos de árbol y abiertos a cualquiera que requiera su uso, siempre y cuando sea respetuoso con el espacio y, tras usarlo, lo deje como lo había encontrado. De la cabaña de Henry David Thoreau a la de Richard Heinberg En *faircompanies, hemos tenido oportunidad de visitar algunos de estos espacios de creación: desde la reconstrucción de la cabaña que el escritor trascendentalista Henry David Thoreau erigió junto al lago Walden, a las apartadas afueras de Concord, Massachusetts (vídeo sobre nuestra visita); a la minicasa que el profesor y escritor Richard Heinberg ha construido, con ayuda de sus alumnos, en el patio trasero de su casa suburbana de Santa Rosa, California (vídeo sobre nuestra entrevista con Heinberg). El periodista, profesor y escritor Michael Pollan, autor de El dilema del omnívoro, publicó en 2008 A Place of My Own, donde detalla el proceso de diseño y construcción de su propia cabaña de trabajo en el patio trasero de su casa de Connecticut.
Intimidad y pensamiento
Como nos explicaba Richard Heinberg acerca de la pequeña cabaña construida con ayuda de sus alumnos, la de Michael Pollan tenía un mismo propósito, detalla el autor en A Place of My Own: crear con sus propias manos un lugar para leer, escribir y soñar. En su búsqueda de la cabaña de trabajo se adecue a sus necesidades creativas, invoca a Vitruvio, Thoreau, los maestros chinos del feng shui o el arquitecto Frank Lloyd Wright. "La habitación de uno mismo -escribe Pollan-: ¿hay alguien que no haya soñado alguna vez en ese lugar, que no haya invocado esas suaves palabras hasta que hubieran asumido una forma habitable?". Pollan describe en su libro cómo cualquier creador es capaz, si se lo propone, de construir un pequeño retiro donde trabajar, sea en la soledad de un entorno salvaje, o en la terraza de casa.
Necesidad de buscar arraigo
Cuando el coruñés Eduardo Outeiro preparaba una muestra que retratara las cabañas de artistas y filósofos, concluyó durante la investigación que las cabañas compartían "una rusticidad que responde a una necesidad de buscar arraigo, de enraizarse ante la renovación tecnológica". Ello explicaría por qué muchos programadores de aplicaciones web, escritores, dibujantes de cómic, etc., buscan espacios aparentemente reducidos y humildes para trabajar. Y "por qué Bernard Shaw, que tenía un caserón, se construye una cabaña para escribir".
Pastores, cazadores, pescadores, buscadores de oro, escritores
La cabaña, según Eduardo Outeiro, armoniza el oficio de quien vive en ella, y sus usuarios tradicionales, pastores de trashumancia, cazadores, pescadores, buscadores de oro, "están ligados a estructuras muy profundas de pensamiento".
Las cabañas de trabajo influyeron sobre las obras más conocidas de los personajes mencionados por Michael Pollan en A Place of My Own, además de sobre la propia obra de Pollan. También sobre las del compositor Gustav Mahler, que poseyó hasta tres cabañas distintas, y Edvard Grieg; filósofos como Ludwig Wittgenstein y Martin Heidegger; así como el dramaturgo August Strindberg, escritores como Bernard Shaw y Virginia Woolf; el cineasta Derech Jarman, el explorador Lawrence de Arabia.
El placer de construir una casa propia
El reciente esfuerzo de Michael Pollan y Richard Heinberg para tener una pequeña cabaña donde divagar, leer o trabajar responde, pues, a un anhelo compartido por otras mentes creativas a lo largo de la historia. Henry David Thoreau escribió la mayor parte de Walden, la vida en los bosques, mientras vivió dos años y dos meses en la cabaña que había construido junto a la laguna Walden, a 3 kilómetros (2 millas) de su casa en Concord. "Cuando escribí las páginas que siguen, o más bien la mayoría de ellas, vivía solo en los bosques, a una milla de distancia de cualquier vecino, en una casa que yo mismo había construido, a orillas de la laguna de Walden en Concord (Massachusetts), y me ganaba la vida únicamente con el trabajo de mis manos. En ella viví dos años y dos meses. Ahora soy de nuevo un morador en la vida civilizada".
Edificar ideas
En el prefacio de A Place of My Own, Michael Pollan presenta su libro con unas palabras similares: "Este no es un famoso o importante edificio, pero para mí ha significado el mundo: lo construí con mis propias torpes manos, y es aquí donde escribí el libro que ahora sostienes, además de un segundo (La botánica del deseo), y un tercio de un tercero (El dilema del omnívoro)". Compilamos a continuación la cabaña de trabajo de diez escritores. Incluimos en la lista, como escritor, al explorador Thomas Edward Lawrence, por razones objetivas de peso. Al fin y al cabo, Lawrence fue todo lo que se propuso. En todos estos casos y muchos otros, mencionados y olvidados en este artículo, los pequeños refugios dieron sus frutos.
Si, como decía Da Vinci, un espacio reducido sitúa la mente en el camino correcto, a mayor simplicidad y recogimiento, mayor capacidad para resolver tareas conceptuales o artesanales, no importa la disciplina. Las cabañas o chozos para escribir o los "retiros de patio trasero" (del inglés "backyard shed") comparten una intimidad esencial, simple y áspera, como si todas persiguieran sin siquiera planteárselo los preceptos de la vida sencilla, descritos con el término estético japonés wabi-sabi (objetos o ambientes con simpleza rústica). El espacio íntimo de trabajo retorna con fuerza en la era de Internet y las comunicaciones ubicuas, cuando muchos profesionales desarrollan parte o todo su trabajo en casa o donde estiman oportuno.
Alejarse del exceso de estímulos y recogerse
Pero la ventaja de tecnologías como Internet forma parte, a la vez, del aumento de uno de los riesgos del proceso creativo: la sobrecarga informativa y sus efectos, se trate de la posposición (dejarlo para luego) o del síndrome de la hoja en blanco. Otro denominador común de las cabañas para creadores es su emplazamiento, a menudo en la naturaleza, sea en un simple jardín doméstico o en un paisaje exuberante, a veces tan apartado de la civilización como los refugios de madera escandinavos, construidos con troncos de árbol y abiertos a cualquiera que requiera su uso, siempre y cuando sea respetuoso con el espacio y, tras usarlo, lo deje como lo había encontrado. De la cabaña de Henry David Thoreau a la de Richard Heinberg En *faircompanies, hemos tenido oportunidad de visitar algunos de estos espacios de creación: desde la reconstrucción de la cabaña que el escritor trascendentalista Henry David Thoreau erigió junto al lago Walden, a las apartadas afueras de Concord, Massachusetts (vídeo sobre nuestra visita); a la minicasa que el profesor y escritor Richard Heinberg ha construido, con ayuda de sus alumnos, en el patio trasero de su casa suburbana de Santa Rosa, California (vídeo sobre nuestra entrevista con Heinberg). El periodista, profesor y escritor Michael Pollan, autor de El dilema del omnívoro, publicó en 2008 A Place of My Own, donde detalla el proceso de diseño y construcción de su propia cabaña de trabajo en el patio trasero de su casa de Connecticut.
Intimidad y pensamiento
Como nos explicaba Richard Heinberg acerca de la pequeña cabaña construida con ayuda de sus alumnos, la de Michael Pollan tenía un mismo propósito, detalla el autor en A Place of My Own: crear con sus propias manos un lugar para leer, escribir y soñar. En su búsqueda de la cabaña de trabajo se adecue a sus necesidades creativas, invoca a Vitruvio, Thoreau, los maestros chinos del feng shui o el arquitecto Frank Lloyd Wright. "La habitación de uno mismo -escribe Pollan-: ¿hay alguien que no haya soñado alguna vez en ese lugar, que no haya invocado esas suaves palabras hasta que hubieran asumido una forma habitable?". Pollan describe en su libro cómo cualquier creador es capaz, si se lo propone, de construir un pequeño retiro donde trabajar, sea en la soledad de un entorno salvaje, o en la terraza de casa.
Necesidad de buscar arraigo
Cuando el coruñés Eduardo Outeiro preparaba una muestra que retratara las cabañas de artistas y filósofos, concluyó durante la investigación que las cabañas compartían "una rusticidad que responde a una necesidad de buscar arraigo, de enraizarse ante la renovación tecnológica". Ello explicaría por qué muchos programadores de aplicaciones web, escritores, dibujantes de cómic, etc., buscan espacios aparentemente reducidos y humildes para trabajar. Y "por qué Bernard Shaw, que tenía un caserón, se construye una cabaña para escribir".
Pastores, cazadores, pescadores, buscadores de oro, escritores
La cabaña, según Eduardo Outeiro, armoniza el oficio de quien vive en ella, y sus usuarios tradicionales, pastores de trashumancia, cazadores, pescadores, buscadores de oro, "están ligados a estructuras muy profundas de pensamiento".
| Cimientos de la cabaña de Ludwig Wittgenstein en Skjolden, Noruega. |
Las cabañas de trabajo influyeron sobre las obras más conocidas de los personajes mencionados por Michael Pollan en A Place of My Own, además de sobre la propia obra de Pollan. También sobre las del compositor Gustav Mahler, que poseyó hasta tres cabañas distintas, y Edvard Grieg; filósofos como Ludwig Wittgenstein y Martin Heidegger; así como el dramaturgo August Strindberg, escritores como Bernard Shaw y Virginia Woolf; el cineasta Derech Jarman, el explorador Lawrence de Arabia.
El placer de construir una casa propia
El reciente esfuerzo de Michael Pollan y Richard Heinberg para tener una pequeña cabaña donde divagar, leer o trabajar responde, pues, a un anhelo compartido por otras mentes creativas a lo largo de la historia. Henry David Thoreau escribió la mayor parte de Walden, la vida en los bosques, mientras vivió dos años y dos meses en la cabaña que había construido junto a la laguna Walden, a 3 kilómetros (2 millas) de su casa en Concord. "Cuando escribí las páginas que siguen, o más bien la mayoría de ellas, vivía solo en los bosques, a una milla de distancia de cualquier vecino, en una casa que yo mismo había construido, a orillas de la laguna de Walden en Concord (Massachusetts), y me ganaba la vida únicamente con el trabajo de mis manos. En ella viví dos años y dos meses. Ahora soy de nuevo un morador en la vida civilizada".
Edificar ideas
En el prefacio de A Place of My Own, Michael Pollan presenta su libro con unas palabras similares: "Este no es un famoso o importante edificio, pero para mí ha significado el mundo: lo construí con mis propias torpes manos, y es aquí donde escribí el libro que ahora sostienes, además de un segundo (La botánica del deseo), y un tercio de un tercero (El dilema del omnívoro)". Compilamos a continuación la cabaña de trabajo de diez escritores. Incluimos en la lista, como escritor, al explorador Thomas Edward Lawrence, por razones objetivas de peso. Al fin y al cabo, Lawrence fue todo lo que se propuso. En todos estos casos y muchos otros, mencionados y olvidados en este artículo, los pequeños refugios dieron sus frutos.
1. Henry David Thoreau
Preocupado por lo que creía que era una crisis moral, Thoreau abogó por la vida sencilla y la contemplación de la naturaleza como un camino para lograr la plenitud y la tranquilidad. Fue a los bosques porque quería "enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñar, no fuera que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido (...)".
"Quise vivir profundamente y extraer toda la médula de la vida, vivir en forma tan dura y espartana como para derrotar todo lo que no fuera vida, cortar una amplia ringlera al ras del suelo, llevar la vida a un rincón y reducirla a sus menores elementos...". Para lo conseguir lo que llamó en Walden "extraer toda la médula de la vida", Thoreau se retiró al bosque junto al lago Walden, un paraje natural a 3 kilómetros de su casa en Concord, Massachusetts. Construyó con sus manos la pequeña cabaña donde viviría y trabajaría en esa época y, de la experiencia, surgiría Walden, la vida en los bosques.
La cabaña de Thoreau, con unas dimensiones de 10 por 15 pies (13,94 metros cuadrados), era de madera con chimenea tradicional de piedra, tejado a dos aguas y dos ventanas. Contenía cama, mesa, escritorio y tres sillas. Su obra reflejó la sencillez de una vida frugal, rodeada de naturaleza, influenciada por el panteísmo y la filosofía clásica.
"Quise vivir profundamente y extraer toda la médula de la vida, vivir en forma tan dura y espartana como para derrotar todo lo que no fuera vida, cortar una amplia ringlera al ras del suelo, llevar la vida a un rincón y reducirla a sus menores elementos...". Para lo conseguir lo que llamó en Walden "extraer toda la médula de la vida", Thoreau se retiró al bosque junto al lago Walden, un paraje natural a 3 kilómetros de su casa en Concord, Massachusetts. Construyó con sus manos la pequeña cabaña donde viviría y trabajaría en esa época y, de la experiencia, surgiría Walden, la vida en los bosques.
La cabaña de Thoreau, con unas dimensiones de 10 por 15 pies (13,94 metros cuadrados), era de madera con chimenea tradicional de piedra, tejado a dos aguas y dos ventanas. Contenía cama, mesa, escritorio y tres sillas. Su obra reflejó la sencillez de una vida frugal, rodeada de naturaleza, influenciada por el panteísmo y la filosofía clásica.
2. George Bernard Shaw
El escritor irlandés George Bernard Shaw trabajó durante los últimos 20 años de su vida trabajando en una diminuta y espartana cabaña de madera instalada en el jardín de su casa de Saint Albans, Hertfordshire, Inglaterra.
Bernard Shaw instaló la choza sobre una plataforma rotatoria, de manera que pudiera orientarla hacia el sol y así aprovechar al máximo la tamizada luz natural del sur inglés.
El ganador del Nobel de literatura en 1925 y el Óscar en 1938 permanecía tanto tiempo en la cabaña que la equipó con electricidad, teléfono y sistema de alarma.
Bernard Shaw instaló la choza sobre una plataforma rotatoria, de manera que pudiera orientarla hacia el sol y así aprovechar al máximo la tamizada luz natural del sur inglés.
El ganador del Nobel de literatura en 1925 y el Óscar en 1938 permanecía tanto tiempo en la cabaña que la equipó con electricidad, teléfono y sistema de alarma.
3. Roald Dahl
El novelista y autor de cuentos infantiles galés de ascendencia noruega Roald Dahl, escribió libros tan influyentes como Charlie y la fábrica de chocolate, James y el melocotón gigante, Matilda o Las brujas, en una pequeña casita de ladrillo, un "santuario sagrado" para el autor.
Quentin Blake acerca de la cabaña de Dahl en The Guardian: "todo el interior estaba organizado como lugar para la escritura, así que el viejo sillón de orejeras tenía el respaldo mullido para que fuera más confortable; tenía un saco de dormir que ponía en el regazo cuando tenía frío y un taburete para descansar las piernas".
Dahl había incluso personalizado un pequeño escritorio con una barra que situaba sobre los brazos del sillón y un tubo de cartón que alteraba el ángulo de la superficie de escritura. El escritor había convertido la cabaña en su jardín en el espacio de trabajo que nadie podía violentar, donde la mente podía incluso prepararse para recuperar la curiosidad de los primeros años de vida.
Quentin Blake acerca de la cabaña de Dahl en The Guardian: "todo el interior estaba organizado como lugar para la escritura, así que el viejo sillón de orejeras tenía el respaldo mullido para que fuera más confortable; tenía un saco de dormir que ponía en el regazo cuando tenía frío y un taburete para descansar las piernas".
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| Dahl en su cabaña |
Dahl había incluso personalizado un pequeño escritorio con una barra que situaba sobre los brazos del sillón y un tubo de cartón que alteraba el ángulo de la superficie de escritura. El escritor había convertido la cabaña en su jardín en el espacio de trabajo que nadie podía violentar, donde la mente podía incluso prepararse para recuperar la curiosidad de los primeros años de vida.








