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domingo, 29 de enero de 2012

ROBERT A. HEINLEIN A THEODORE STURGEON: "...Si bien el escritor necesita mucho silencio, también requiere de una conversación estimulante".









Hacia 1955, Theodore Sturgeon sufrió ese abominable mal de los escritores:El sindrome de la página en blanco eso  que comúnmente se conoce como un bloqueo creativo. Incapaz de hilvanar una historia le escribió una angustiada carta a Robert Heinlein, que respondió con ésta que pueden leer aquí, donde le ofrece una serie de ideas.




Robert Heinlein



A partir de ellas, Sturgeon compuso dos nuevos cuentos: “Y ahora las noticias” y “El otro hombre”. Podemos apreciar aquí la increíble solidaridad de Heinlein para sus amigos y como en el submundo de la Ciencia ficción (por lo menos en la anglosajona de esa época) es mas común la ayuda mutua que en el mundo de la literatura general. Esto es algo que el mundillo literario de Valencia, la de Venezuela aún debe aprender.

Disfruten de la entrada





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"...Si bien el escritor necesita mucho silencio, también requiere de una conversación estimulante".
 CARTA DE ROBERT A. HEINLEIN A THEODORE STURGEON


CARTA DE ROBERT A. HEINLEIN A THEODORE STURGEON



ROBERT HEINLEIN
1776 MESA AVENUE
BROADMOOR
COLORADO SPRINGS, COLORADO




11 Feb 1955


Querido Ted,

Lo que esta tarea reclama es un encuentro de la difunta Sociedad Literaria Mañana. Casi todos los escritores necesitan fertilización cruzada... y yo también, tenlo por seguro! (en este momento estoy clavado en la página 148 del mejor borrador de una novela que haya escrito y no puedo conseguir que la maldita cosa cuaje!) La S. L. M. acostumbraba dar tal cantidad de ideas que un hombre salía de allí con notas suficientes para tres meses; cuando Jack Williamson, Anthony Boucher, Cleve Cartmill, Mick McComas y varios más roían el mismo hueso, algo tenía que pasar.



THEODORE STURGEON


Mi única queja de vivir en esta idílica torre de marfil, rodeado de montañas cubiertas de nieve, ciervos, faisanes chinos, enormes pinos y silencio es que, si bien el escritor necesita mucho silencio, también requiere de una conversación estimulante.

Pero haré lo mejor que pueda a esta distancia. Tengo que decir que me siento halagado por el pedido. Que el incomparable y siempre brillante Sturgeon te solicite ideas es como si el Océano Pacífico te pidiera que orines en él. A propósito, ¿te conté que compré una copia de MÁS QUE HUMANO en Singapur? ¿Y que no pude traerlo de vuelta a casa porque un holandés, capitán de un barco, me lo pidió prestado? Si tienes alguna copia adicional por ahí podrías mandárnosla, autografiada.

Mmm... ideas sturgeonianas... Bien, aquí hay una que podrían ser campbellianas: una sociedad donde no hay delitos criminales, sólo delitos civiles; por ejemplo, hay un precio para todo, puedes buscar en el catálogo y pagar el precio. ¿Quieres matar a tu vecino? Vas y matas al hijo de puta. Tiene una clasificación definida económicamente; deposita el dinero en el banco local dentro de las 24 hs.; le pagarán a la viuda. La moralidad consistiría en no intentar evadir nada sin pagarlo. Las buenas costumbres residirían en conducirse de tal modo que nadie quisiera pagar tu precio para matarte. Por supuesto, si tu valuación es baja y tu comportamiento brutal, tus probabilidades de supervivencia son bajas. En Paraguay, el asesinato es una cuestión privada, el gobierno supone que los amigos o los familiares vengarán al muerto, o que era un pobre tipo y a quién le importa. Hay otra cultura en la cual si un hombre mata a otro, accidentalmente o a propósito, debe reemplazarlo, incluso tomar a su esposa y su nombre. Obviamente, nuestra propio modelo no es la única forma de ver un crimen; tal vez seamos prejuiciosos.

Esta idea, desarrollada, debería atraer a Campbell. Odia todo gobierno, toda autoridad, aunque no es completamente consciente de ello... y cree que el dinero no puede hacer daño.

Aquí hay otra cultura del tipo campbelliano: ¿por qué el gobierno debería hacer cumplir los contratos privados? En el presente, puedes ir a la corte y demandar y (a veces) forzar al otro a cumplir con el contrato y sacarle daños también. ¿Hay una buena razón para que ésta sea una función del gobierno? ¿El contratista no tendría que ser más precavido, acaso? ¿Por qué la sociedad entera deber tomar parte y determinar si se cumplen o no las promesas civiles, privadas entre dos hombres?



¿Cuáles son las funciones mínimas, indispensables del gobierno? ¿Qué funciones están presentes en todas las sociedades humanas? ¿Es posible nombrar todo lo que es ley en una sociedad y que es diferentemente precisamente a la inversa en otra? ¿Ha existido alguna vez una verdadera sociedad anarquista? ¿Los esquimales, tal vez? Tenemos en esta ciudad un anarquista que hace una revista, que se opone a los caminos públicos, las escuelas públicas, todo lo público —sostiene que no es ético para una mayoría hacer algo colectivamente que cada individuo no haya tenido antes el derecho de hacer como individuo. Ésta es una noción explosiva; un corolario es que todos los impuestos están mal, todas las leyes zonales están mal, toda la educación compulsiva está mal, todos los castigos de los tribunales están mal. En tiempo medio, él vive en una sociedad bien vigilada, su propio bienestar protegido por todas estas cosas que deplora. Pero una cosa es segura: muchas de las cosas que tomamos como indispensables no son necesarias para una sociedad estable, pero las tomamos como indispensables. Podrías conseguir una historia del tipo campbelliano sin poner en duda a la vaca más sagrada de las sagradas: las altas finanzas, por supuesto; John no tolera la herejía directa.

Sabemos muy poco sobre la personalidad múltiple, a pesar de los muchos casos registrados. Supón que un hipnoanalista hace una investigación profunda en un esquizoide... y se topa con el hecho de que hay otra personalidad separada y no insana en el cuerpo, distinta de la nominal, y que esta personalidad es un refugiado de (digamos) el año 2100, cuando las condiciones se vuelven tan intolerables que escapar hacia otro cuerpo y otro tiempo (incluso este período) es preferible, aún a expensas de vivir más o menos impotente en el cuerpo de otro hombre.