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domingo, 14 de junio de 2026

Rafael Victorino Muñoz a Alberto Hernandez: El Diente Roto es una biblioteca digital de literatura venezolana

 




Rafael Victorino Muñoz:

“En El Diente Roto los personajes son las palabras”

Alberto Hernández domingo 29 de mayo de 2022



Rafael Victorino Muñoz: “El Diente Roto está más cerca de la enciclopedia que de la revista”. 




Juan Peña es un personaje creado por el escritor venezolano Pedro Emilio Coll. Ese invento fue titulado “El diente roto” y se hizo cuento, leyenda, relato casero y callejero en un tiempo cuando en Venezuela era posible convertir en reales a los personajes de cuentos, novelas o películas. Juan Peña entonces andaba con los muchachos en la escuela (porque también los escolares lo inventaban a diario), siempre tocándose el diente con la lengua. Se concentraba tanto en su curiosidad bucal que lo creyeron genio. Hasta que se murió. Pero nada, quedó el nombre de Juan Peña y Pedro Emilio Coll se reveló como el escritor que ya era, pero que necesitaba a un personaje como ese para pasar a la posteridad.


“El diente roto” es uno de los cuentos clásicos venezolanos. Uno de los relatos donde el narrador entra en la psiquis del personaje y hace que éste entre en la del lector, quien a veces usa su lengua para confirmar que también tiene o no un diente maltratado por un guijarro que unos granujas le lanzaron al pobre Juan Peña.



Ahora, en tiempos de lectura electrónica, cuando Juan Peña es una referencia, aparece como duende literario en una página que lleva por título el mismo que Coll le puso a su historia. Se trata de una página literaria dedicada a ofrecer publicaciones venezolanas de varios géneros a los lectores del mundo internauta: El Diente Roto, creada y dirigida por Rafael Victorino Muñoz, ya tiene un asiento en la primera fila de publicaciones alternativas.



Pensábamos en algo más bien como una revista, un blog acaso. En ese momento comencé con unas cuentas de redes sociales.

—¿Cómo nació El Diente Roto?


—La idea de un espacio como El Diente Roto nació hace unos años, con quien era mi pareja. Creo que al principio no era tan ambiciosa como es hoy día, o era distinta. Pensábamos en algo más bien como una revista, un blog acaso. En ese momento comencé con unas cuentas de redes sociales. Lo cierto es que ella se fue, pero la intención quedó. Tal vez sea lo bueno de las ideas. En fin.


—Unas se van, otras quedan. Así, quedó El Diente Roto.




—El nombre siguió intacto. Te comento que éste nació con la misma idea. Fue automático. Y me gustó porque es emblemático de la literatura venezolana. No hay quien no conozca el cuento y no lo asocie con nuestras letras. Había otras opciones, pero no me cuadraban, o estaban ocupadas. Por ejemplo, “Doña Bárbara” ya era un restaurant. “La mano junto al muro” y “País portátil” también los habían usado. Lo cierto es que por un tiempo el proyecto cayó como en un limbo, que no era en realidad un limbo inactivo, ya que siempre estaba dándole vueltas en la cabeza (aunque ahora ya solo). Me ponía a pensar en lo que me gustaría que fuera, lo que tendría.


Pedro Emilio Coll. Imagen tomada de aquí.


El Diente Roto


—Es una hermosa aventura. Sacar del olvido a un autor, a Pedro Emilio Coll, por ejemplo.


—Sí, paralelamente, siempre me encontraba con situaciones, en la realidad o por lo que las personas me preguntaban, y que me reforzaban en la intención. A veces entraba en alguna librería y observaba que sólo había alguno que otro autor venezolano, de esos que están más o menos de moda, y esto lo digo sin connotación peyorativa. Además de los clásicos de siempre.


—Uno de los trabajos necesarios: leer los libros olvidados...




—Pero un libro tuyo o mío, poeta, es algo no muy común. Parece una paradoja, y no sé si en algún otro lugar del mundo suceda: los libros más difíciles de encontrar en Venezuela son los de los autores venezolanos. También comencé a ver que había algún que otro material de nuestros escritores en distintas webs, algunas que hacen y hacían un trabajo muy bueno, como por ejemplo Ficción Breve, Letralia, Vomité un Conejito, (😨Falta el Grupo Li Po🤪😝). Pero por otro lado me encontraba con que faltaban muchas cosas. Si por ejemplo uno escribía el título “La balandra Isabel llegó esta tarde”, otro cuento venezolano emblemático, encontraba un millar de páginas hablando de la película y en ninguna podía leer el cuento (ahora sí está: en El Diente Roto).


—Afortunadamente...


—También algo que se sumó como un motivo más, y que estaba sucediendo en los últimos años, era que el panorama del libro en Venezuela había ido cambiando. Editoriales alternativas que ya no publican, concursos que han desaparecido, espacios que se han ido perdiendo...


—Sí, la nueva realidad nacional. El nuevo orden cultural criollo.


—De este modo, para los autores es cada vez más cuesta arriba ver un libro con su nombre en la portada. Y aunque podían y pueden hacerlo motu proprio, cada iniciativa queda como dispersa. Haría falta como un espacio que funcionara como un crisol para la literatura de creación, así como para el trabajo investigativo, pensaba yo.



Me dije: bueno, ¿por qué no dejas de quejarte por lo que hace falta y vas y lo haces? Y así fue. Pagué mi dominio y mi alojamiento y comencé con El Diente Roto, yo solito.


—¿Qué razones te movieron a crear El Diente Roto?


—Serían muy largas de enumerar las razones que se iban sumando. Sin embargo, no me decidía. Creo que el detonante de todo fue, para mí, la muerte de mi querido profesor Orlando Chirinos. En ese momento, para recordarlo, me puse a releer uno de sus libros: En virtud de los favores recibidos. Una obra por demás muy buena. Al terminarlo revisé el colofón y veo que se habían impreso quinientos ejemplares del mismo. Y que la edición era de una universidad. Me pregunté cuántos libros de esos habrán salido del ámbito de la universidad, cuántas personas más lo habrán leído, por qué una obra tan buena no llega a más personas...

Orlando Chirinos. Fotografía de José Antonio Rosales.


—Tantos ejemplos de libros que no se ven porque el tiraje es mínimo.


—Esas preguntas se sumaron a las demás que ya tenía y me dije: bueno, ¿por qué no dejas de quejarte por lo que hace falta y vas y lo haces? Y así fue. Pagué mi dominio y mi alojamiento y comencé con El Diente Roto, yo solito, sin pedir permiso a nadie ni consultar cómo se supone que debía hacerlo. Porque aunque yo sé usar redes sociales, tengo correo y demás, nunca había creado una página. Y como no tenía ni tengo dinero para pagarle a un diseñador, me tocó aprender por ensayo y error.


—Y así nació...


—Y allí está El Diente Roto; nos falta poco para cumplir un año y siento que hemos logrado ya calar en el ánimo del lector. Y ya no estoy tan solo. Se han venido a sumar al proyecto algunas personas, que me envían colaboraciones y me apoyan. Puedo mencionar al respecto a Gabriel González, quien fue el primero que me dio una mano con la página, aunque luego tuvo que asumir otros compromisos; también a José Ignacio Ochoa, a José Ochoa Díaz, a Milagros Mata Gil...


—¿Quién más te acompaña en esta aventura?


—Por ahora cuento con mis dos manos derechas que son Mirih Berbin y Alirio Fernández Rodríguez, quienes me ayudan muchísimo con las redes sociales de El Diente Roto. Además, junto con Mirih estamos comenzando a trabajar en un blog de la literatura venezolana en inglés, llamado por supuesto: The Broken Teeth. Y Alirio está también haciendo un trabajo extraordinario, unos retratos hechos de palabras sobre nuestros autores contemporáneos... Sé que nos faltan todavía muchos escritores y obras por publicar y muchas cosas por mejorar, sobre todo en la parte gráfica. Espero en algún momento poder contar con el concurso de un buen diseñador, para mejorar en este sentido. Pero por ahora me siento contento con la forma que va tomando la página, sobre todo por la organización de los contenidos en las secciones de cronología e índice.


—¿Cómo defines genéricamente tu publicación?


—Debo aclararte que el concepto de El Diente Roto está más cerca de la enciclopedia que de la revista. Y es así como siempre lo he querido, desde que se materializó en la realidad virtual de la web. La idea es tener a los autores ordenados alfabética y cronológicamente y desde allí acceder a sus biografías y desde las biografías a los textos de cada uno. Aunque cuando se entra por la página principal es como si fuera una revista. Pero si entras en las secciones correspondientes a cada género, entonces funciona como una antología, de poesía, de cuento, de ensayo. Y si te vas por la sección “Biblioteca”, es eso: una biblioteca digital de literatura venezolana. Así que El Diente Roto, más que una revista, tiene algo de historia, de enciclopedia, de antología (varias antologías) y de biblioteca. Es a lo que aspiramos.



La meta es que aparezcan, algún día, todos los autores de este país que hayan publicado por lo menos un libro.


—¿Quién puede publicar en El Diente Roto?


Me gustaría enfatizar que el trabajo que hacemos en El Diente Roto es un trabajo sin egoísmo, sobre todo sin sectarismos. Aquí no se excluye a nadie por inclinaciones políticas, religiosas, por tendencias o por géneros. La meta es que aparezcan, algún día, todos los autores de este país que hayan publicado por lo menos un libro. Aunque sea por Amazon. Porque tampoco me parece justo excluir a alguien que no haya podido editar en impreso, considerando que esto es tan difícil hoy día. Además, estamos dándoles apoyo, desde la página o desde las redes, a quienes también hacen algún trabajo por la literatura venezolana. Si entras en El Diente Roto verás que tenemos los enlaces para otras webs de instituciones o revistas, como si fuera una publicidad, pero sin cobrar. La idea, para mí, es sumar y sumar. La causa es una sola: la literatura venezolana.


—¿Qué metas te has trazado con la publicación?


—La meta: ser una fuente permanente de consulta para el investigador y una fuente de solaz para el lector.


—¿Qué lee Rafael Victorino Muñoz?


—Bueno, leo relatos breves, pero también cuentos y novelas. Entre mis gustos están Italo Calvino, Jorge Luis Borges, Cesare Pavese, Camilo José Cela. Entre los venezolanos están José Rafael Pocaterra, Miguel Otero Silva, Arturo Uslar Pietri. Los poetas como Vicente Gerbasi y Fernando Paz Castillo.


—Tengo entendido que vives en Valencia, estado Carabobo.


—Sí. Y en Valencia vive El Diente Roto.



https://letralia.com/entrevistas/2022/05/29/rafael-victorino-munoz-el-diente-roto/


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Rafael Victorino Muñoz. Fotografía de Sergio Gómez Antillano.



Rafael Victorino Muñoz

Docente y escritor venezolano (Valencia, 1972). Egresado de la Universidad de Carabobo (UC) en lengua y literatura y magíster en lectura y escritura de la misma institución, en la que además ejerce como profesor; es coordinador del Programa de Lectura y Escritura de la Secretaria de Educación del Gobierno Bolivariano de Carabobo. Ha participado como ponente y conferencista en diferentes eventos nacionales e internacionales, relacionados tanto con la literatura como con la lengua escrita. Ha publicado los libros de relatos Pre-textos (1996, Ediciones Separata de la UC), Alba para dos ciegos y otras maniobras (1997, Ediciones del Gobierno de Carabobo), Relatos (2004, Conac/Ministerio de Cultura), Retablos (2006, Monte Ávila Editores),“Olímpicos e integrados”(2012) y “Página Roja” (2017) así como el conjunto de ensayos Notas y digresiones (2000, Predios) y varios cuentos, reseñas y textos de prosa diversa, entre los que se incluyen trabajos de investigación, en diversas publicaciones periódicas: El Carabobeño, El Espectador, Letra Inversa, La Tuna de Oro, Predios, Candidus, Segmentos y otras. Ha obtenido los premios del concurso de cuentos “Salvador Garmendia”, de la Bienal “Simón Rodríguez”, del Certamen Mayor de las Artes y de la I Bienal Nacional de Literatura Rafael Zárraga (2011).

Es fundador del portal de literatura venezolana eldienteroto.org. (2021).

Tomada de Letralia

rvictorino27@hotmail.com

Twitter:@soyvictorinox

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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 

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viernes, 8 de mayo de 2026

El Dantismo literario y la Sociedad del elogio mutuo de Rafael "Victorino" Muñoz


María Lionza cabalgando su danta. Escultura de Alejandro Colina



Estimados Liponautas

Cuando publicamos las entradas Armando Rojas Guardia, novicio, rebelde y beatnick: Los "carnets" de un poeta sin carnet y la Distribución mundial de las visitas que tuvo el blog del Grupo Li Po en el lapso entre 30 de noviembre al 30 diciembre 30 de 2025. En las entradillas, es decir en las introducciones que hacemos algunas veces a las entradas, creamos un término para identificar a una actitud común en el mundo literario y cultural venezolano: El Dantismo Literario, aunque más de uno llegaría a pensar que con esta etiqueta hablábamos de los seguidores de Dante Alighieri, en realidad con este nombre solo identificamos la costumbre de muchos escritores venezolanos en reunirse como una manada de dantas o tapires para sobarse o acariciarse los lomos mutuamente, es decir arrojarse loas mutuas en un entorno como el que padecen todos los venezolanos actualmente. En otras palabras que se dedican a exaltar sus virtudes mientras el gobierno disfruta el destruir y someter al escarnio a la población. En momentos como estos uno se pregunta para que sirven los "intelectuales" en Venezuela. Cuando publicamos esas entradas algunas personas nos dijeron: ¿Y por que no le hacen una entrada aparte al Dantismo Literario?. Hoy le hicimos caso y les presentamos a todos ustedes nuestros queridos lectores la entrada de hoy donde 

Hurgando en la red conseguimos un texto de Rafael Victorino Muñoz que creemos que va en la misma onda de criticar al deporte nacional venezolanos y lo adosamos a esta entrada. Esta entrada no es un texto orgánico sino simplemente un corta y pega de las entradillas de las entradas mencionadas al inicio junto con el texto de Muñoz que servirá de cierre . Por cierto un aspecto que no tocamos es como la entrega de premios en Venezuela es un apartado más en las caraterísticas del Dantismo Literario pero ese apartado sera tocado en otras entradas




 Entrando en el ruedo el deporte nacional de Venezuela, el nunca debidamente ponderado dantismo literario: Yo te publico, tu me publicas, hablamos maravillas mutuas y nos invitamos a festivales o ferias librescas donde nos mostramos cuales héroes homéricos hechos de bits. Estos eventos funcionan como normalizadores de la situación presente de Venezuela ( de manera que ellos esperan que cómodamente olvidemos a los presos políticos, la falta de electricidad, de agua potable, de salud pública, de libertad y de que la gran mayoría venezolana vive en la pobreza) donde se presentan libros publicados en plataformas estadounidenses que tercerizan el trabajo de sus empleados y donde las autoridades universitarias dan la mano a los  opresores locales de turno y cortan cintas de inauguración junto a esos. Más de un lector horrorizado dirá por qué tocamos este tema siendo un blog cultural y nosotros respondemos: Porque la la libertad y la cultura por causa de esas condiciones  están heridas de muerte en Venezuela.


La Casa que acoge a las Sombras. El gobernador Lacava de saco colorado y a un costado la rectora de la UC, Jessy Divo de Romero.

Quizá sea bueno que recordemos que esos bits lo podemos reducir a ceros y unos, una curiosa entidad jánica que mira hacia un pasado y un porvenir que solo toca nuestra realidad muy tangencialmente. Aún no sabemos a que sabe un bit...










En Venezuela el registro histórico en cualquier aspecto siempre es dejado de lado tanto por las individualidades del mundillo cultural, generalmente más abocados a la promoción personal, como por las instituciones culturales en Venezuela. Y mientras tanto nosotros venimos dando nuestro grano de arena cada vez que es posible para favorecer la difusión de la memoria cultural nacional, sin alharaca pero de forma contundente. Con verdadero espíritu crítico y tratando de alejarnos de las reuniones típicas de dantas literarias que suelen abocarse a la periódica labor de rubricarse loas recíprocas y para sobarse los lomos. Creemos que ya hemos ubicado el termino adecuado para denominar esa tierna e inmarcesible actividad criolla: el Dantismo Literario, mote inspirado en el dandismoaunque se podría reducirse a una sola palabra para aumentar su contundencia verbal y simbólica: Dantismo

En Venezuela usualmente labores (recopilación, transcripción y divulgación) como las que nosotros venimos  realizando calladamente se convierten en moneda de cambio para ganar reconocimiento y ser invitados a eventos "culturales" tales como las Ferias del Libroeventos generalmente patrocinados por el régimen venezolano para dar la sensación de que no pasaba nada en VenezuelaSiempre nos hemos preguntado cual es la pertinencia de estas Ferias en Venezuelaeventos donde los escritores presentan libros impresos en el extranjero (generalmente tercerizando en una plataforma que defiende los derechos fundamentales de los trabajadores como Amazon) porque para la gran mayoría de los escritores es imposible costear una impresión en Venezuela. Y también porque en ningún de estos eventos se menciona la terrible situación en que vivimos los venezolanos. Porque mientras a la mayoría de los venezolanos los machaca una realidad filosa y horadante, muchos escritores sumergen la cabeza en un mundo lleno de virtudes y algunas autoridades universitarias compran apartamentos en Europa y mandan a sus hijos a estudiar en universidades privadas en esa península asiática mientras destruyen las bibliotecas de las universidades que regentan:

 Queremos dejar claro que no criticamos la edición de libros en Venezuela. A pesar de que  el gobierno actual venezolano tiene capacidades asombrosas como:

a) Hacer morir de mengua los pacientes en los hospitales porque entre otras cosas fue incapaz voluntariamente de sostener el sistema de salud convirtiéndose en el privatizador máximo de este rubro.

b) Producir  un inmenso número de presos políticos, como bledo en el campo, que existen en el país.

c) Provocar un soslayamiento intelectual voluntario de una realidad que anula nuestros derechos fundamentales en los trabajadores culturales más diversos. 


d) El empeño de romper records como medida propagandística que no mejoran la realidad de mayoría de la población venezolana. Los venezolanos saben de que tipos de records estamos hablando.

Creemos que los escritores pueden construir su torre de marfil particular que les permita conformar mundos alternos donde su creatividad tenga un libre juego pero eso no los exime de convertirse en voceros críticos de una realidad asfixiante que machaca a los venezolanosSabemos que nuestra postura ha tenido consecuencias para nosotros en el mundillo cultural venezolano que el mejor de los casos, obviaremos los peores, se ha manifestado como el distanciamiento de entes privados o de individuos manteniéndose con una vinculación que podría llamarse "políticamente correcta". Pero de lo que nunca nos podrán acusar de que hemos sidos zalameros del régimen o de sus extensiones que en Venezuela suelen llamarse enchufados.

Como es usual compartiremos esta entrada en Facebook y etiquetaremos a personas relacionadas con el mundo cultural venezolano. Y ustedes mismos, asiduos y queridos lectores, podrán comprobar el grado de complacencia o de contrariedad con lo aquí expresado de muchos personajes culturales o intelectuales de la realidad nacional sólo por el numero de veces que esta entrada sea compartida o comentada en esta plataforma. Y cada uno de ustedes podrán medir directamente en que medida nosotros estamos cerca de describir la verdad circundante que hace tiempo tomó nuestra casa.





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Sociedad del mutuo elogio,
por Victorino Muñoz
December 13, 2024

primer premio Atril press


“Es el sempiterno principio de la rosca: beneficios disponibles solo para amigos y familiares…”
Hace muchos años, hablando en broma y en serio con una querida amiga, decíamos que íbamos a inventar la sociedad del mutuo elogio; aunque ella prefería la denominación “sociedad de la mutua sobadera de barriga”.

Se trataba de un grupo o cenáculo que formaríamos ella, yo y algunos agregados más. Nos dedicaríamos a escribir elogios los unos de los otros, los cuales publicaríamos en revistas creadas por nosotros; también convocaríamos a concursos y por supuesto los premios serían para los miembros de nuestro selecto grupo.

Pero con el tiempo me he dado cuenta de que la gran mayoría de organizaciones funciona más o menos así, casi sin excepciones. La mejor prueba son los Oscars, que se los dan entre ellos mismos. Si bien la producción en el mundo es de 100 películas no norteamericanas por cada una de esa nación, los Oscars son todos para los gringos, menos el que es para película extranjera.

Los Nobel de literatura, ya saqué la cuenta y lo escribí en otra ocasión, son en su mayoría europeos o norteamericanos, franco o angloparlantes. Y aunque la tercera parte del mundo vive entre China e India, hasta ahora llevan un premio Nobel cada una de estas naciones. (Hay otro escritor, pero curiosamente está nacionalizado francés).

La avalancha de concursos que hay en España es el mejor (o peor) ejemplo en este sentido. Hacen convocatorias abiertas para todos los hispanohablantes y reciben manuscritos de diferentes partes del mundo.

Sin embargo, siempre gana alguien nacido en España (los jurados también suelen ser de la península). A veces dan un premio a un hispanoamericano, para despistar y para que las grandes editoriales sigan vendiendo sus libros en nuestro continente.

Es el sempiterno principio de la rosca: beneficios disponibles solo para amigos y familiares, míos o de mis amigos; abstenerse entes ajenos… Esa rosca de la que se habla y que se crítica cuando la vemos aplicada en los ámbitos de la administración pública, es la misma que impera en el mundo de las artes y las letras.

Lo triste es que uno pensaría que, por ser artistas, creadores, pensadores, y trabajar con la materia más sublime (sea lo que sea que eso signifique), todo sería distinto, más correcto, más puro, más moral…

Pero no. Somos iguales o tal vez peores. Cuando se trata de repartir premios, accésits y ediciones, nos olvidamos de lo sublime y nos volvemos humanos, demasiado humanos.




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Rafael Victorino Muñoz. Fotografía de Sergio Gómez Antillano.



Rafael Victorino Muñoz

Docente y escritor venezolano (Valencia, 1972). Egresado de la Universidad de Carabobo (UC) en lengua y literatura y magíster en lectura y escritura de la misma institución, en la que además ejerce como profesor; es coordinador del Programa de Lectura y Escritura de la Secretaria de Educación del Gobierno Bolivariano de Carabobo. Ha participado como ponente y conferencista en diferentes eventos nacionales e internacionales, relacionados tanto con la literatura como con la lengua escrita. Ha publicado los libros de relatos Pre-textos (1996, Ediciones Separata de la UC), Alba para dos ciegos y otras maniobras (1997, Ediciones del Gobierno de Carabobo), Relatos (2004, Conac/Ministerio de Cultura), Retablos (2006, Monte Ávila Editores),“Olímpicos e integrados”(2012) y “Página Roja” (2017) así como el conjunto de ensayos Notas y digresiones (2000, Predios) y varios cuentos, reseñas y textos de prosa diversa, entre los que se incluyen trabajos de investigación, en diversas publicaciones periódicas: El Carabobeño, El Espectador, Letra Inversa, La Tuna de Oro, Predios, Candidus, Segmentos y otras. Ha obtenido los premios del concurso de cuentos “Salvador Garmendia”, de la Bienal “Simón Rodríguez”, del Certamen Mayor de las Artes y de la I Bienal Nacional de Literatura Rafael Zárraga (2011).

Es fundador del portal de literatura venezolana eldienteroto.org. (2021).

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rvictorino27@hotmail.com

Twitter:@soyvictorinox


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Poesía venezolana contra la opresión



LA BALADA DEL PRESO INSOMNE



“Balada del preso insomne”, por Leoncio Martínez




El quincuagésimo cuarto aniversario de la revista Poesía y sus homenajes



Violeta Rojo: Todavía no hemos visto desaparecer El miedo, pero Venezuela volverá a ser Altamira.



Mario Briceño Iragorry: 2024 Y LA USURPACIÓN DEL VOTO POPULAR




El poeta Armando Rojas Guardia a Yoyiana Ahumada Licea: La poesía en Venezuela tiene el empeño y la tarea contracultural de oponerse a la barbarie.




Fray José Pulido: caballero poeta




RAFAEL VICTORINO MUÑOZ en el 2009: Ante la avalancha de textos publicados por el Estado venezolano el lector común necesita una orientación acerca de qué leer de ahí la existencia del plan nacional de la lectura 2002-2012 Todos por la lectura, y el Plan Revolucionario de Lectura




La enemistad secreta de bosques y bibliotecas en el Elogio del Libro







2016: LA UNIVERSIDAD DE CARABOBO DESTRUYE SUS LIBROS






JOSÉ PULIDO Y LA VELOCIDAD INVISIBLE.




José Pulido: Nada puede exacerbar a la poesía...

Una entrevista de Jolguer Rodríguez.




José Pulido: Ser poeta es asumir que se goza el martirio de descubrir quién es uno mismo...

Una entrevista de Dalila Itriago. 




PARA EL POETA JOSÉ PULIDO: “Venezuela no es surrealista, es desgraciada.”

Una entrevista de Jolguer Rodríguez.




El poeta venezolano José Pulido: Busco constantemente lo fulgurante, que muchas veces radica en lo sencillo.


José Pulido: Solo soy alguien que ama la poesía y la escritura

Una entrevista de Juan Guerrero



José Pulido: entre la magia y un pasado que regresa en palabras



PARA ORLANDO CHIRINOS EN NUESTRO CUMPLEAÑOS.

Por José Pulido




Cuando Alberto Hernández fue un bebé Gerber

Un poema de José Pulido



POR SEÑAS

Un poema de José Pulido para Petruvska Simne





POEMA PARA EUGENIO

Un poema de José Pulido




domingo, 26 de abril de 2026

Rafael Victorino Muñoz a José Pulido: Me duele la gente en Venezuela que no tenga para comer, trato de ayudar, pero estoy limitado. Tienes que pensar en sobrevivir mañana.

 





Rafael Victorino Muñoz:

“Somos algo más que esta crisis que nos agobia”


José Pulido domingo 25 de abril de 2021


Rafael Victorino Muñoz: “Lo lamento por aquellos escritores que dicen que se deben a su público”. 



Aunque ha obtenido importantes premios de novela y de narraciones breves, sólo he leído dos libros de Rafael Victorino Muñoz: Olímpicos e integrados, ganador del Concurso de Narrativa Salvador Garmendia del año 2012, y Página roja, publicado en la colección Orlando Araujo en el año 2017.


Es probable que el título del primero responda a un cierto estilo cuentístico que surgió en los años sesenta y también alude al título de Umberto Eco Apocalípticos e integrados (Apocalittici e integrati).



El segundo título se adapta cómodamente a una comprensión básica del suceso, del periodismo que acude a las fuentes del crimen. Pero ambos funcionan perfectamente. Aunque los dos libros podrían ser uno solo, una especie de cara o cruz, de anverso y reverso. Porque esas obras reflejan de una manera transparente y directa lo que somos, lo que padecemos, lo que soñamos y lo que perdemos a cada rato, a cada instante.


Olímpicos e integrados muestra un modo de ser, posado en lo dramático, instalado en lo terrible, que sin embargo desata la risa, la burla, el desparpajo. Uno se ríe con cierta amargura porque se intuye que a la larga hay crueldad en las relaciones humanas. Crueldad inevitable.


La escritura de Olímpicos e integrados es una de esas delicias comparables a estar con un montón de amistades en una playa o en una fiesta, riéndose de las ocurrencias inteligentes de alguien.


El libro de cuentos Página roja revela el terrible infierno de los asesinatos y los delitos diversos que van brotando uno a uno y en montón en cualquier casa, en cualquier hogar, en el lugar más bucólico, porque, como señalan todos los clásicos policiales, “no hay nadie inocente”. Pero eso no es todo: la manera en que Rafael Victorino Muñoz aborda los temas de la violencia que germina en cada persona es muy cruda, realmente cruda; pocos autores aceptan ese reto. Muñoz lo hace. Es un avanzado.


La escritura de Página roja es un aullido de advertencia al nuevo siglo. Es una escritura que debería estar en el tope de las lecturas del público hispanohablante, por decir algo. Es una autopsia de la sociedad.


La difícil risa


En estos tiempos es difícil reírse. No cuaja fácilmente la euforia del optimismo. La represa del llanto está muy llena. La avalancha de amigos y familiares sufriendo, padeciendo, muriendo a menguas sin necesidad de terremotos o de ataques extraterrestres, es algo que ni siquiera habían aludido las películas que explotan temas apocalípticos. Hasta un paisaje bonito se torna melancólico o se queda pasmado como un espejismo. Guardamos paisajes para disfrutarlos en otro momento.


Y a pesar de todo, la risa es inevitable. Es como un resorte que te ayuda a salir de los atolladeros donde la tristeza te hace caer. Eso es lo que mi esposa presenció cuando me encontró agarrándome la barriga y con la cara congestionada porque unas carcajadas se me habían trancado. Si no reímos con frecuencia el mecanismo se oxida. En ese momento yo sonaba como un carro que no puede arrancar. De repente explotó la carcajada represada y ella pensó que me estaba sucediendo algo terrible.


—¿Qué te pasa? ¡Respira! —decía. Yo sólo estaba usando la vieja risa, pero se escuchaba como un perol rodando cerro abajo.


No pude explicarle la situación. Entonces le dije “lee este cuento”. Ella lo leyó y unos pocos minutos después se hallaba en el mismo trance de agarrarse la barriga y rodar por el piso.


Sin ninguna duda agradecimos eso. Después leímos otros textos del mismo autor que te llevan por sentimientos diversos, pero todo el tiempo está presente en sus palabras la gracia, la ironía, la visión aguda y el desparpajo. Antes de la entrevista con Rafael Victorino Muñoz, era necesario mostrar algo de esos dos libros suyos.


 



Un fragmento de Olímpicos e integrados

Cuando los hombres, que ya vienen bastante cansados, llegan al trecho plano, ven que Norma va por la mitad de la subida que les separa desde allí hasta la máxima elevación. Son casi doscientos metros o más. El de la barba exclama sorprendido:


—Chamo, esa vieja sí corre rápido.


El otro no responde, sino que, tras recuperar un poco el aliento, se cala la gorra y empieza a correr nuevamente. El de barba pregunta:


—¿Y vamos a seguirla?


El compañero lo mira con odio, pero más que todo por la situación en la que los ha metido esa mujer, que los obliga a tener que hacer ese esfuerzo para robarle nada más un BlackBerry, que seguro es lo único de valor que lleva encima:


—Claro, esa vieja se va a cansar después de la subida, ya vas a ver.


El otro no está muy convencido, pero aun así también echa a correr. El de la gorra vuelve a gritar, como para darse ánimo:


—Párese, señora, que ya la estamos alcanzando.



El deporte de escribir


—Olímpicos e integrados: ¿cómo iniciaste ese libro?


—Me gustaría decir que el libro comenzó corriendo, y en efecto fue así en parte, aunque no es del todo cierto. Hace muchos años escribí un cuento sobre el baloncesto. Y el texto se había quedado por allí, como huérfano. Me gusta trabajar los libros de cuentos así, por temas. Y lo cierto es que sólo después de cierto tiempo empezaron a llegarme otras ideas para cuentos relacionados con el deporte. Esto ocurrió en un momento de mi vida en el cual el correr se había vuelto algo más que una actividad; era algo así como un proyecto personal. Estaba dedicado a correr casi tanto como estoy dedicado a escribir. Lo hacía con gran seriedad y sistematicidad. Y no era la primera vez que me dedicaba al deporte de esa manera, ya que anteriormente había formado parte de equipos de baloncesto. Sólo que el correr es distinto, y cuando lo practicas en solitario, te da tiempo de pensar en tantas cosas. Fue entonces cuando llegaron las demás historias y pude armar el libro y el cuento, tanto tiempo huérfano, pasó a ser parte de una familia.


—El deporte ¿es tu tema principal? Correr ¿es algo que te motiva como escritor?


—El deporte es mi tema en este libro, fundamentalmente; en los anteriores, me he decantado por otros: la sexualidad, el crimen, lo fantástico... Pero el deporte es también para mí un tema en la vida. Porque lo he practicado, porque lo vivo, y porque lo sufro también. En una ocasión escribí mi versión del otro poema de los dones, a la manera de Borges, y comenzaba con: “Gracias quiero dar al infinito laberinto de las causas y los efectos por la literatura, el cine, la música y el deporte, esas cuatro grandes pasiones del alma”. Puedo decir que tengo una doble relación con el deporte: como fanático y como persona que lo practica. El baloncesto es mi primer deporte favorito, en realidad, como jugador y como espectador. El correr está en segundo lugar, en cuanto a práctica; también sigo y me intereso por el beisbol, el fútbol, el tenis, el fútbol americano... Correr es algo que sigo haciendo en la actualidad; más que algo que me motiva como escritor, lo tengo como una filosofía de vida. Cuando empiezo una tarea larga, por ejemplo, me imagino que se trata de un maratón. Y voy con paciencia, paso a paso, un kilómetro a la vez. Cuando me dicen que algo es muy difícil, siempre pienso: bueno, yo he corrido maratones; puedo con esto también. A veces, cuando no puedo resolver un problema, de la escritura u otra índole, salgo a correr. Es como mi consejero personal o mi terapeuta. Y así.


—El sentido del humor es inseparable en tu narrativa. ¿Es otra motivación para escribir?


—Sí, es como causa y a la vez efecto. Cuando pienso en algo que me resulta risible o gracioso, pienso que otro puede verle la gracia y lo cuento. Es lo que pasa habitualmente en la oralidad, con el chiste o la anécdota; sólo que yo lo hago por escrito. De igual modo, cuando lo cuento, me enfoco en aquella parte de la cuestión que me parece más graciosa y trato incluso de rematar la historia como un chiste. Aunque he tenido algunos relatos en los que el humor ha quedado como fuera de lugar (valga la metáfora futbolística).


—¿Cómo se inició tu vida de escritor?


—Desde cierta edad, más o menos en la adolescencia, me imaginaba llegar a ser alguien como Uslar Pietri (gracias a él definí mi vocación por el cuento); sin embargo, esto no pasaba de ser una fantasía como otras: ser el bajista de un grupo de rock como Iron Maiden o un jugador de baloncesto de la NBA. Dicho de otro modo, me imaginaba escribiendo, publicando, ganando premios, pero no escribía. Hasta que estuve en la universidad y me inscribí en un taller, dictado por Slavko Zupcic. En realidad, no me inscribí por el taller ni por el ductor, a quien no conocía (aunque después nos hicimos grandes amigos), sino por una chica que me gustaba y que nunca me prestó demasiada atención en realidad. Lo cierto es que en el taller tuve que escribir una reseña y luego un cuento y descubrí que sí podía. Así que mi vida de escritor se inició, como tantas otras historias, a causa de un desamor.


—¿Qué autores influyeron más en ti?


—Depende de la época de mi vida y el libro. Creo que en mis primeros cuentos (ya con toda intención de ser escritor) traté de parecerme un poco a Monterroso y un poco a Luis Britto García. Después dejé de lado lo fantástico y, tras haber leído casi toda la comedia humana, aspiraba a Balzac, y creo que lo he estado intentando, sólo que en una versión de miniatura: a través del cuento. Ahora que me ha dado por la novela, tengo como modelo un poco a Vargas Llosa y un poco a Kundera. También me atrae la sencillez de Hemingway. Confieso que me hubiera gustado parecerme a Borges, pero lamentablemente sólo puedo ser yo mismo.


—Escribir, en el fondo de todo, ¿es encontrarte con cierta felicidad de ser tú?


—Sí, como en pocas cosas en la vida. Es el único momento en que nadie te dice lo que debes hacer. Lo lamento por aquellos escritores que dicen que se deben a su público. Afortunadamente, conozco a muy pocos de mis lectores, de modo que no me concibo escribiendo para agradar a alguien que no sea yo mismo.



—¿Cuál ha sido tu sueño más preciado?


—Creo que he tenido varios sueños preciados, algunos de los cuales he abandonado; por ejemplo, lo de ser un bajista de una banda de rock o un jugador de baloncesto profesional (es en serio que lo quería, hasta estudié música). Por ahora creo que mi sueño más preciado tiene que ver no con logros personales, sino con los afectos: sueño con volver a estar con mi familia reunidos, otra vez. (Esta diáspora ha sido dura y cruel.) En cuanto a la literatura, tengo unas metas bastante ambiciosas, de colarme por allí en el cenáculo de la literatura venezolana con Uslar, Gallegos y demás.


—¿Qué parte de la vida no puedes explicar, qué se te escapa?


—La vida misma, la vida toda, su principio y su final. Incluso el centro de la historia; si tiene algún sentido, si hay alguna partitura o debemos permanentemente improvisar, como en el jazz, y sobre todo, qué hay cuando se termina el sonido y comienza el silencio final.


—¿Cuál es tu gran pasión?


—Escribir, definitivamente. Nada me absorbe tanto. El momento de escribir es el momento de no pensar en nada más. En cambio, cuando estoy haciendo otras cosas, sí pienso en lo que escribo. Normalmente cuando estoy trabajando, me apuro por terminar para poder escribir. Es como si estuviera impaciente por una cita con una novia. La literatura es mi amante. Es una pasión que no ha decaído en treinta años. Mi otra pasión, te parecerá curioso, es cocinar. Se me da bien, lo disfruto; soy el que cocina en casa.


—¿Estás muy cerca de ti o te mueves como si estuvieras en un lugar que no te corresponde?


—Yo creo que soy muy centrado, sistemático, disciplinado. A veces hasta un poco riguroso. He ido construyendo un espacio donde me siento bien y hasta se me parece, afortunadamente; digo esto porque me ha tocado permanecer bastante aquí. Me siento bien con lo que soy, con lo que hago; creo que poco a poco he empezado a parecerme al escritor que quería ser.


—¿Dónde vives? ¿Casa? ¿Familia? ¿Apartamento? ¿Perros? ¿Gatos?


—Vivo en casa, con mi esposa y el hijo de ella. Tiene quince años y presenta una condición (síndrome de Asperger). También ocasionalmente está mi mamá con nosotros. Vivo en una casa bastante grande; tiene como 240 metros, dos pisos, cuatro habitaciones, cuatro baños, garaje para dos carros, una terraza inmensa. Es como un regalo tenerla. Hay un perro aquí (Snoopy) y alimentamos a dos de la calle. También tengo dos gatas: Nikita y Pelusa. Y vienen a comer otras dos gatas más. Por cierto, ya que hablamos de esto, otro de mis sueños es tener un albergue para animales abandonados.


—¿Qué haces en esta etapa de peste y dramas?


—Trabajaba en casa ya desde hacía rato, antes que comenzara la pandemia. La cuarentena no me tomó tan desprevenido, creo yo. Además, desde siempre he sido una persona de hábitos un poco monásticos (por ejemplo, no bebo). Así que lo que más hago es estar en casa, trabajar escribiendo y escribir también por gusto (hoy llevo unas doce horas trabajando, mientras respondo estas líneas). Tengo un pequeño gimnasio aquí, en la terraza, para ejercitar. Pero a menudo salgo a correr, o en la bicicleta; leo mucho actualmente, casi tanto como en la adolescencia. Y de vez en cuando también tomo la guitarra para ver qué me sale.



—¿Cómo ha cambiado dentro de ti la ciudadanía en relación con Venezuela?


-Creo que recientemente hemos sufrido una doble conmoción: por el gobierno y por la pandemia. Yo trato de ser tolerante y mantenerme en buena relación con los unos y con los otros, es decir, con los simpatizantes del partido de gobierno y con los opositores. Sin embargo, creo que a algunos no les gusta la tibieza y preferirían que fusilara públicamente (con palabras) a los que no piensen como ellos. En fin, tengo la suerte de que siempre he sido poco sociable; una vez me dijeron que era un no ciudadano por no ocuparme tanto de lo inmediato sino de otros temas más vagos o generales. Yo creo que no puede uno andar rasgándose las vestiduras a cada rato, ni ponerse monotemático; lo que quiero decir es que si en persona, en lo que escribo a través de las redes sociales, no estoy a cada rato incitando a una revolución, no significa que esté de acuerdo o que sea un cómplice de lo que pasa. Y creo, por sobre todo, que somos algo más que esta crisis que nos agobia. De modo tal que también podemos enfocarnos en otras cosas de nuestra cotidianidad. Sin embargo, a la larga he ido como alejándome un poco de los muy radicales (de izquierda y derecha) o ellos de mí. Nos mantenemos en contacto con unos pocos, en un interregno suave, donde hay coincidencia sin confrontación. Es como Casablanca, pero en las redes sociales. Porque entre una y otra cosa, el ejercicio de la ciudadanía y la relación con los otros se ha reducido un poco a esto: un contacto virtual.


—¿Qué duele más hoy en día? ¿Qué te conmueve más?


—Como te mencioné antes, no tener a mi familia toda cerca reunida. Mis hermanas emigraron hace tiempo, porque sentían que no tenían oportunidades de desarrollarse profesionalmente. También me duele la gente. Hace unos días, estaba en el mercado, y una señora trataba de comprar algo y no podía, no tenía con qué. Cuando salí del lugar, ella me siguió y me suplicó que le regalara una naranja. Es algo para conmoverte. Una señora como mi mamá, que posiblemente sólo tiene una pensión... Lo más difícil es que uno no puede ayudar a todo el que quisiera. Lamentablemente, carezco de medios de fortuna. Gano lo suficiente, trato de ayudar, pero estamos limitados. Tenemos un techo que dice: hasta aquí, no más; tienes que pensar en sobrevivir mañana.




Un fragmento de Página roja

Cuando llega la comitiva lo recibe con golpes, escupitajos, insultos, enfermo, perro, maldito. Le rasgan la camisa, los pantalones, lo desnudan. El monstruo logra soltarse, correr, esconderse en unos baños. No hay más a donde ir. Allí se llena, se unta, se embadurna, de orines, de excrementos, de lo que consigue. Y se ríe y los mira y los reta:


—Si quieren me matan, pero no me voy a dejar violar.


Los presos se turnan para vigilar, para que no se escape, para mantener el asedio. Pasa un día, dos, tres. El monstruo tiene hambre, sed, sueño; siente dolor de cabeza, náuseas, desesperación; llora, gime, se arrepiente. Se levanta, decide salir, les dice:


—Pero no me vayan a matar.



https://letralia.com/entrevistas/2021/04/25/rafael-victorino-munoz/


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Rafael Victorino Muñoz. Fotografía de Sergio Gómez Antillano.



Rafael Victorino Muñoz

Docente y escritor venezolano (Valencia, 1972). Egresado de la Universidad de Carabobo (UC) en lengua y literatura y magíster en lectura y escritura de la misma institución, en la que además ejerce como profesor; es coordinador del Programa de Lectura y Escritura de la Secretaria de Educación del Gobierno Bolivariano de Carabobo. Ha participado como ponente y conferencista en diferentes eventos nacionales e internacionales, relacionados tanto con la literatura como con la lengua escrita. Ha publicado los libros de relatos Pre-textos (1996, Ediciones Separata de la UC), Alba para dos ciegos y otras maniobras (1997, Ediciones del Gobierno de Carabobo), Relatos (2004, Conac/Ministerio de Cultura), Retablos (2006, Monte Ávila Editores),“Olímpicos e integrados”(2012) y “Página Roja” (2017) así como el conjunto de ensayos Notas y digresiones (2000, Predios) y varios cuentos, reseñas y textos de prosa diversa, entre los que se incluyen trabajos de investigación, en diversas publicaciones periódicas: El Carabobeño, El Espectador, Letra Inversa, La Tuna de Oro, Predios, Candidus, Segmentos y otras. Ha obtenido los premios del concurso de cuentos “Salvador Garmendia”, de la Bienal “Simón Rodríguez”, del Certamen Mayor de las Artes y de la I Bienal Nacional de Literatura Rafael Zárraga (2011).

Es fundador del portal de literatura venezolana eldienteroto.org. (2021).

Tomada de Letralia

rvictorino27@hotmail.com

Twitter:@soyvictorinox


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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne


Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.


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