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martes, 24 de junio de 2025

Nuno Crato: los libros de texto son la introducción al mundo de la lectura inteligente

 



El matemático que llevó a Portugal a la cima educativa y defiende los libros de texto: "Los alumnos aprenden mejor si leen algo que se pueda tocar"

Nuno Crato sostiene que "los profesores deben concentrarse en enseñar y no perder el tiempo creando materiales escolares"



Nuno Crato, ex ministro de Portugal, en la Universidad C. José Cela.J. BARBANCHO

Olga R. Sanmartín

Olga R. SanmartínMadrid

Madrid



Cuando Nuno Crato (Lisboa, 1952) fue ministro de Educación de Portugal, entre 2011 y 2015, llevó a su país a los mejores resultados educativos de la historia gracias a un currículo «exigente» centrado en la Lengua y las Matemáticas, más evaluaciones externas y más apoyos a los alumnos con dificultades. Ahora emprende una cruzada en defensa de los libros de texto, muchas veces denostados o sustituidos por aplicaciones digitales.


Crato sostiene que hay que mantener los manuales escolares -preferiblemente en papel- porque son la «plasmación de un plan de estudios en una exposición articulada, organizada y secuencial de los temas» que sirve de hoja de ruta jerarquizada y objetiva para los profesores, pero también para los alumnos e incluso para los padres. «El conocimiento estructurado es la base de la escuela, es fundamental para el desarrollo de la Humanidad», afirma, insistiendo en que «los libros de texto son la introducción al mundo de la lectura inteligente, porque no sólo se leen, sino que se leen para entender».


Este matemático presentó ayer en la Universidad Camilo José Cela de Madrid Apología del libro de texto (Narcea), todo un posicionamiento de «referencia común» en tiempos pedagogistas, porque los manuales escolares cuestionan a aquellos que dicen que los alumnos deben construir su propio aprendizaje o pretenden eludir los saberes básicos que han homologado los especialistas.


Él no está en contra per se del aprendizaje basado en proyectos, pero advierte de que «no puede hacerse sin un conocimiento previo», de la misma forma que, en Matemáticas, «no se pueden entender las funciones si antes no se ha aprendido álgebra».


También cree que «los profesores no deben perder el tiempo creando sus propios materiales», porque «es mejor que se concentren en enseñar a sus alumnos». «La transmisión de conocimientos, actitudes y valores es un trabajo tan importante que no deben distraerse haciendo otras tareas», asegura.


"LA MODA DEL POWER POINT"

Ante la tendencia de los centros educativos de sustituir los libros de texto de papel por tabletas y ordenadores portátiles, se muestra escéptico. Tampoco le gusta «esa moda de hacer Power Points para todo».


«Los estudios científicos sostienen que la lectura en papel es mejor que la lectura en pantalla. Yo tengo muchas novelas en mi dispositivo y quizá para eso incluso puede ser mejor a una cierta edad porque permite aumentar el tamaño de la letra, pero los alumnos aprenden mejor si leen algo que pueden tocar, con límites claramente definidos, y donde sea sencillo pasar las páginas. La mente registra mejor lo que ve sin intermediarios, al igual que para aprender a escribir es mejor usar un lápiz y un papel», afirma, aunque no se opone al uso de recursos digitales complementarios, como los códigos que permiten acceder a vídeos o a audiciones, para aprender en momentos puntuales.


Crato formó parte del gabinete del conservador Pedro Passos Coelho, pero es partidario de la ley que en 2006 se aprobó estando de primer ministro el socialista Sócrates por la que los libros de texto se hicieron «más rigurosos». Tras detectarse errores en los manuales, el Parlamento de Portugal acordó que fueran periódicamente evaluados por comisiones independientes -por ejemplo, la Sociedad Portuguesa de Matemáticas- que durante meses trabajan revisándolos.


Una vez que termina este proceso, los especialistas que integran estas comisiones proponen cambios a los editores, que deciden lo que ponen y lo que quitan. Después imprimen los textos, que incluyen una certificación en su primera página, una especie de sello de calidad que acredita que lo que allí se dice es correcto.


«Desde entonces han mejorado los libros y, como consecuencia, han mejorado las clases porque hay más confianza en los ejercicios», cuenta Crato, que cree que esta medida, por la que también se ha interesado el Gobierno francés, podría ponerse en práctica en España sin demasiados costes políticos.










Nuno Crato (ex-ministro): “Hay que enseñar conocimientos, tienen estructura. Las competencias, no”



https://www.elmundo.es/espana/2024/10/11/6707fe4ce4d4d87b5b8b45c3.html



sábado, 26 de noviembre de 2022

José Saramago: ¿Los pueblos indígenas son también iberoamericanos?

 

José Saramago. Imagen tomada de JN.



17 sept 2020 - 4:55 p. m.


José Saramago: ¿Cómo sería la historia de América escrita por los indígenas?


A propósito del derribamiento de la estatua del conquistador español Sebastián de Belalcázar, publicamos un fragmento del discurso “El lado oculto de la luna”, sobre la identidad iberoamericana, leído en 2007 el Encuentro Internacional Becas Líder en Cartagena, Colombia.

Estatua del conquistador español Sebastián de Belalcázar, derribada por miembros de comunidades indígenas en Popayán (Colombia). 
ELKIN ROJAS / EFE




José Saramago * / Especial para El Espectador




José Saramago, Premio Nobel de Literatura 1998, nació en 1922 en Portugal y murió el 18 de junio de 2010 en España.




El otro lado de la luna, es el título de mi reflexión en voz alta. Hemos visto un lado, la parte siempre visible, el continente rico y contradictorio en que estamos y que, a mi entender, necesita un nombre distinto del que le ha sido dado. ¿Por qué? Porque está la parte oculta, la parte que no aparece al no ser denomina: esa es la importancia capital del nombre, que puede mostrar pero también ocultar. Decir Iberoamérica es seguir ignorando la existencia de la cara oculta de este continente. Me perturba mucho este asunto, no saben cómo… ¿Dónde están los indios? Los pueblos indígenas son también iberoamericanos?




El guatemalteco que procede y se reivindica de una etnia anterior a la llegada de los pueblos ibéricos ¿es también iberoamericano? ¿Y por qué, en un encuentro en que, entre otras cosas, se habla de la identidad iberoamericana, no se habla también de las otras identidades que conforman el continente? ¿No tienen el mismo nivel cultural? ¿O será que no tienen el mismo nivel económico? No sé si hay aquí indios, indígenas con conciencia clara de serlo.


No hablo del mestizaje, otro concepto que habría que revisar, que ha producido algunas salidas, no hablo de indios aculturados, con una situación económica razonable. No hablo de ellos, hablo de los millones de hombres y mujeres que han sido y son ignorados sistemáticamente. Incluso no entiendo que no se hable de los pueblos indígenas en este encuentro, que ni la palabra indio haya salido hasta ahora, pese a estar donde estamos, que no es Bruselas.


¿Cuántos millones de indios quedan? A veces digo, no con autoritas, sino con cierto espíritu romántico, mejor dicho, con el espíritu característico del romanticismo, que los indios eran los dueños de la tierra. Cuando aquí llegó Colón y cuando a Brasil, a lo que después se llamó Brasil, llegó Pedro Álvares Cabral, encontraron gente y culturas, algunas de ellas muy avanzadas. Había idiomas, había literatura, aunque en algunos casos solo se expresara oralmente, pero el cuento, aún no escrito, es ya una manifestación literaria. (Lea una entrevista de El Espectador a José Saramago).


¿Qué hemos hecho? ¿Qué hacemos? O mejor, ¿qué pueden hacer ustedes? Como ven, yo no puedo hacer nada más que preguntar. Sorprendido, asombrado, perplejo. ¿Por qué se olvidada, se ignora, a los indios, a los indios de Colombia, que están aquí, al lado de esta sala, en la puerta? A los de Guatemala, que son el 50% de la población. A los de México, que son millones... ¿Qué harán con ellos, con esa gente? ¿Seguirán habitando la cara oculta de la luna?




Claro que la palabra mágica es integración. Pero integrar ¿cómo? porque la palabra mágica no es suficiente para producir magia. Y la integración, para ser auténtica, debe ser una inter-integración. Yo me integro en ti y tú te integras en mí, pero no es en esto en lo que pensamos cuando decimos “integración”.


Seamos sinceros: si aplicamos la palabra, y el concepto que la palabra encierra, a los indios de América, de esta América, me gustaría saber qué integración estarían dispuestas a conceder las clases privilegiadas y dominantes, qué parte de los indígenas iban a reclamar como propias. Me temo que ninguna, que integración significa que “ellos” se incorporen a los valores dominantes. O sea, a puesto que no habrá integración, y lo sabéis, en el sentido de inter-actuación, a los indios no les quedan más que dos alternativas: desaparecer y, por así decir, limpiar el terreno, que más o menos es la idea que tiene, por ejemplo, Israel con respecto a los palestinos, sencillamente espera que se acaben y está haciendo todo para que eso ocurra, que adopten los modos y las maneras hegemónicas. De integración y de mestizaje, nada, simplemente drástica imposición, aunque sea hacha a través de sutiles maneras. (Lea una entrevista de El Espectador a Pilar del Río, escritora y presidenta de la Fundación José Saramago).



¿Porqué el indio se convirtió de dueño de la tierra en siervo de la tierra? ¿Cómo la tierra pasó de unas manos a otras?. Sabemos que los norteamericanos para resolver eso encerraron a los pieles rojas a reservas. Que es otra forma de acabar con el problema, que antes se me escapó. Aunque de alguna manera los indios de aquí, sus pueblos, donde ellos están, son reservas, reservas sin la grandeza que tuvieron otras reservas, para tener mano de obra barata, reservas para ser ignoradas. Para nosotros todavía viven en lo que llamamos Edad Media, aunque ellos tendrán otra visión, porque la apreciación del tiempo en esas cabezas, en esas inteligencias y en esas sensibilidades, seguramente es distinta de la nuestra. Para nosotros ellos creen que el tiempo está inmóvil, está detenido. Quizá están contando sus víctimas o preguntándose cómo ha sido esto posible, que sunami los despojó de todo, tantas veces y para tantos, no solo de su identidad sino, incluso, del su propia autoestima.


La pregunta que os dirijo, como estudiosos aventajados, es ésta: cuántos millones de indios existen desde México hasta el sur del Sur. Cuántos mapuches, por ejemplo, sean de Argentina, sean de Chile... A los de Chile, parece que les queda menos del diez por ciento de su territorio histórico. El resto les ha sido robado por grandes multinacionales. Por ejemplo, tanto en Argentina como en Chile, Benetton es propietaria de territorios que son como países. Los indios han sido saqueados y, ahora, a los que protestan, se les aplica una ley antiterrorista aprobada en Chile.


Hay personas que no pueden decir: «Esto es mío», y hay firmas, empresas, terratenientes que sí pueden afirmar, sin que les pase nada “Esto ahora es mío”. Y si alguien pretende restituir la propiedad de la tierra, diciendo, «No, no era tuyo y ya tampoco lo será», si dicen: «Me lo robaste, quiero que me lo devuelvan», ésos serán acusados de alterar el orden y recaerá sobre ellos el peso de la ley. No sobre los que se instalan en beneficio propio, con las leyes que ellos han declarado santas, o sea, las leyes del mercado.


Por supuesto, no propongo que ni las ciudades ni las regiones que fueron emblemáticas de los mapuches les sean devueltas a los descendientes, a los tataranietos de aquellos que vivían entonces aquí. No es eso, ni se trata de eso, porque no es posible. Sencillamente, lo que se debería hacer es buscar fórmulas de no dejarlos atrás y de no dar pretextos para situaciones terribles como las que viven, carnicerías tremendas contra los pobres, exterminios de pueblos sin que eso sea noticia. Porque el indio no es noticia. Uno abre un periódico cualquiera y una parte importante, aunque sea una minoría, no forma parte de la realidad que los medios retratan.


Es curioso que ahora que andamos preocupados con la protección de las minorías, incluso de las minorías políticas, y queremos que estén representadas en el parlamento para que la diversidad ideológica y política del país encuentre ahí su retrato, su radiografía, esta minoría mayoritaria que son los indios esté tan ausente de los medios. De los indios no se habla, salvo para un suceso que mal se explica. Y si no hablan ustedes, si no empiezan a hablar de los indios, se está haciendo algo muy grave, porque es considerar que una parte de la población no merece ni un esfuerzo para sacarla de la miseria, de la humillación a que ha sido empujada.


Recordad que esos pueblos llevan cinco siglos de humillación. Les robaron sus idiomas, les robaron sus creencias, les robaron su tierra, les robaron sus dioses. Les robaron todo, todo, todo, todo. No tengamos ninguna ilusión: lo que ocurrió fue una extorsión, un robo montado con eficacia y acompañado de la imposición de una nueva religión que, casualmente, es una religión también de humillación, de negarse a sí mismo. Hay algo de maquiavélico en todo este proceso que ya lleva, se arrastra, quinientos años.


Y, por favor, como ya somos mayores, no repitamos algo que sabemos que no es cierto, no hubo ningún encuentro de civilizaciones, los indios de ninguna parte se metieron en sus barcos, en sus canoas para cruzar el Atlántico y, por una casualidad extraordinaria, encontrarse en su ruta a Colón o a Álvares Cabral. Aquí llegaron las naos o las carabelas que traían, entre otros, a dos personajes importantísimos: el fraile y el soldado. El fraile ponía el pie en tierra y decía: «Vuestros dioses son falsos. Yo traigo conmigo el verdadero Dios». Olvidad por un momento el imperdonable pecado de orgullo que es decir: «Yo traigo conmigo el verdadero Dios», y que ha tenido como resultado una aculturación violenta, en todos los aspectos, aunque es cierto que los guatemaltecos, por lo menos, en un viaje que hice vi que hacen de las iglesias un uso que no es canónico, porque se sientan en el suelo, encienden unas velas en el suelo, no le dan ninguna importancia al altar, o a lo que pasa allí arriba, y es en el suelo dónde hacen sus rezos. No sé qué están rezando. Todo esto debería merecer un enorme respeto.


Pero, decía, que llegaron el fraile y el soldado. Y cuando el fraile decía “traigo al verdadero Dios”, el soldado ya estaba preparando el arma, y enarbolando la bandera de conquista. Detrás, con menos aparato simbólico, estaba el recaudador y el mercader: ellos no se exponían, pero eran los que contaban los beneficios. ¿Dónde está el encuentro?


Ocurre que hay descendientes de aquellas primeras civilizaciones. Y ocurre que esos hombres y mujeres, dispersos e inorados por los medios, pero con idiomas propios, con usos, con tradiciones, con ignorancia de cosas y con sabiduría de otras, pobres, humillados, muchas veces vencidos, otras no, esos hombres y mujeres también son americanos. Así lo ha querido la historia, pero son americanos invisibles o por lo menos así me lo parece y, desde luego, en este encuentro no han aparecido como sujetos de nada, ni de su presente ni de su destino.


A mí me parece que hay que hacer algo, que no podemos ser habitantes de una especie de segundo país, porque se razona, entre nosotros, aquí, por lo que he oído, como si los becarios, y los invitados fuéramos de otra galaxia, como si todos los que estamos aquí fuéramos universitarios norteamericanos o europeos o de cualquier parte del mundo que no tiene una comunidad tan importante reducida a la condición de anécdota.


Se les ha olvidado el indio. Y eso es grave. Es grave porque, si se nos olvida una vez, podemos corregirlo, pero si se olvida una vez y dos veces y tres veces, porque los indios han sido olvidados todos los días que empezaron en el 1500, hasta el día de hoy, entonces la caso va mal, muy mal, es como si no hubiéramos avanzado en derecho internacional, como si no se hubiera abolido la esclavitud, al menos legalmente.


Hace un tiempo que vengo diciendo, con algunas sonadas divergencia, que el futuro de América, de esta Nuestra América, o América del Sur dependía mucho de la emergencia de los pueblos indígenas. De la emergencia de los pueblos, o sea, emerger desde el fondo y aparecer a la luz del sol. Porque una América que recuperase su identidad primera en la figura de esos indios, de esas personas, sería seguramente distinta. Porque puede ocurrir, y no es una acusación malvada, es una provocación, como mucho, que ciertas clases que se consideran hegemónicas, ciertos comportamientos “líderes”, no sean más que copias de formatos europeos o norteamericanos. Y no hay nada peor que ser copia de…


Está faltando el indio. A lo mejor les asombra lo que este señor mayor, europeo, desde lo alto de la tribuna está diciendo. Pues lo repito: está faltando el indio. Y esto es terrible, es como si una clase social, una clase social ya integrada, un sector de la clase media, por ejemplo, fuera, por razones inexplicables, excluido, segregado de la comunidad nacional. De producirse un hecho así enseguida se mostraría la protesta e indignación: «No puede ser», se diría. Y con toda la razón.


Pero los indios están excluidos y segregados desde hace 500 años. Tienen una oportunidad ahora, una doble oportunidad: ayudarlos a que se salven del exterminio, ayudarse a ustedes mismos a salvar su propia dignidad de ciudadanos que no transigen con a barbarie heredada. Quizá la aportación de esta gente, en las distintas edades o grados de desarrollo, con sus valores, algunos tan interesantes, puedan realmente cambiar América.


Porque América necesita ser América y no dirigir su mirada a los países de Europa o a Estados Unidos, que siendo América, tiene otra tradición y otros valores. Ustedes son otros, son distintos; no quieran ser idénticos a nadie más. La identidad de América del Sur tiene que pasar por la aportación, por una recuperación del otro, del indio. Aquí nunca se dijo que el mejor indio era el indio muerto, aunque se le matara. No reivindicamos al otro por una moda literaria, no es el indigenismo y todo eso lo que nos mueve.


No, es el simple y urgente sentido de justicia y, quizá, la necesidad, que no sé si será compartida, de incorporar al otro a nuestras vidas. Como personas puede ser que no se sienta esa necesidad, pero el continente americano del sur necesita esa sangre, necesita a esa gente para estar completo. No se olviden. Porque olvidarse una vez más de la cara que la luna ha querido ocultar sería una infamia y ya es hora de acabar con la infamia de cinco siglos de extorsión y de humillación.


Hay una escritora mexicana, Rosario Castellanos, que es imprescindible leer. En estos países de América del Sur no han faltado escritores que han mirado al indio, al indígena, aunque eso, en el fondo, no actuara como revulsivo porque la sociedad encuentra siempre antídotos para las personas, intelectuales en este caso, que dicen cosas molestas para la conciencia de cada país. Esta mujer, Rosario Castellanos, escribió libros interesantísimos. Era de una familia rica, una de las grandes fortunas de Chiapas y de toda esa región oriental de México, pero ella, observadora, escribió un libro, una obra, sería mejor decir, en el que queda claro que la humillación a la que sometieron al indio, a lo largo del tiempo, ha sido una vergüenza. Hablo, por ejemplo, de “Ciudad real”, un monumento literario y humanista, que recomiendo que lean. La gente de San Cristóbal, o sea, de Ciudad Real, vivía sin darse cuenta de lo que estaba pasando, creía que ese era el orden natural de las cosas, la voluntad del Dios de todos, pero, como siempre ocurre, cuando se es Dios de todos, se es más Dios de unos que de otros. Y era el Dios de los ricos, sobre todo y como siempre.


No quiero complicarle demasiado la vida a nadie, pero me gustaría que ésta fuera para fuera una noche de insomnio. Y me gustaría aún más que sobre el tema de la cuestión del nombre, que sea iberoamericano o no, en el fondo no tiene mucha importancia, aunque me parece que debe de merecer la atención de quienes aquí viven, me gustaría, decía, que se sienten juntos portugueses, españoles, hondureños, lo que sea, de todos los países que aquí están representados, para contestar a esta pregunta «¿Qué es lo que nos ha pasado que hemos olvidado al indio?» y ojalá que se alcanzaran algunas conclusiones. Y que ese debate se integre en la cotidianidad, ese debate o esa toma de conciencia, en la acción futura.


Quizá en el futuro, alguno de los líderes que hoy están en esta sala, aunque por el momento becarios, cuando llegue la ocasión, si llega, de ser realmente líderes políticos o empresarios, piense en esto que nos ocupa. Supongo que ustedes trabajan para ser dirigentes en los dos mundos del poder, para ser empresarios o políticos, que son las dos carreras que están abiertas. A los empresarios puede que no les importe mucho esta cosa del indio, pero si se dirigen hacia la política, si efectivamente tienen un escaño en los parlamentos de cada país, háganme el favor de corregir este desatino, esta injusticia. Que no es una injusticia histórica, es un crimen histórico.


La historia siempre la escriben los vencedores. Imaginen como sería la historia de América, de esta Nuestra América, escrita por los indígenas, por los indios ¿Cómo sería? Cinco siglos después quizá ya sea el momento de volver al sentido común. O de imponerlo, frente a los intereses que no están llamados para ser árbitros de nada, después de haber sido parte abusiva de todo. Es la hora de que veamos la luna en todo su esplendor. No la tapen, por favor.


* Para más información visite la Fundación José Saramago: https://www.josesaramago.org/



Tomado de El Espectador.



Enlaces relacionados:



















viernes, 21 de octubre de 2022

AFORISMO y TELAS DE LA MEMORIA.

Dos poemas de NOÉMIA DE SOUSA

 




   AFORISMO   

Había una hormiga 

compartiendo conmigo el aislamiento

y comiendo juntas.   Estábamos iguales 

con dos diferencias:   No era examinada 

y por descuido podían pisarla.   Mas a las dos intencionalmente 

podían situar nuestros rastros

mas no podían arrodillarnos.   


De "Poesia Mocambicana"; selección de Nelson Rossano.   

Traducción del portugués: Wilfredo Carrizales.




.   

TELAS DE LA MEMORIA   

En la caída melancolía del techo 

bolillos de tela bordan soledad 

mientras que suaves susurros de sombras 

en el brillante mutismo del espejo 

recitan estrofas de polvo.   


De "Poesia Mocambicana"; selección de Nelson Rossano.   

Traducción del portugués: Wilfredo Carrizales.


Noémia de Sousa (Lourenco Marques, Mozambique; 1926 - Cascaes, Lisboa, Portugal; 2002). Imagen tomada de Poesía más Poesía.



*******




Escritor y sinólogo venezolano (Cagua, Aragua, 1951). Reside actualmente en Peking, China, donde estudió chino moderno y clásico, así como historia de la cultura china en la Universidad de Peking (1977-1982). De septiembre de 2001 a septiembre de 2008 fue agregado cultural de la Embajada de Venezuela en China. Textos suyos han aparecido en diversos medios de comunicación de Venezuela y China, entre otros países. También ha publicado los poemarios Ideogramas (Maracay, Venezuela, 1992) y Mudanzas, el hábito (Pekín, China, 2003), el libro de cuentos Calma final (Maracay, 1995), los libros de prosa poética Textos de las estaciones (Editorial Letralia, 2003; edición bilingüe español-chino con fotografías, Editorial La Lagartija Erudita; Peking, 2006), Postales (Corporación Cultural Beijing Xingsuo, Pekín, 2004), La casa que me habita (edición ilustrada; Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2004; versión en chino de Chang Shiru, Editorial de las Nacionalidades, 2006; Editorial Letralia, 2006) y Vestigios en la arena (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2007), el libro de brevedades Desde el Cinabrio (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2005), la antología digital de poesía y fotografía Intromisiones, radiogramas y telegramas (Editorial Cinosargo, 2008) y cuatro traducciones del chino al castellano, entre las que se cuenta Libro del amor, de Feng Menglong (bid & co. editor, 2008). La edición digital de su libro La casa que me habita recibió el IV Premio Nacional del Libro 2006 para la Región Centro Occidental de Venezuela en la mención “Libros con nuevos soportes” de la categoría C, “Libros, revistas, catálogos, afiches y sitios electrónicos”.

Tomado de Letralia.


Enlaces Relacionados:


OVEJA EN LA NIEBLA., LOS DURMIENTES Y CONVERSACIÓN ENTRE LAS RUINAS.

POEMAS DE SYLVIA PLATH



CANARIO,

UN POEMA DE RITA DOVE 



EL MOMENTO,

UN POEMA DE MARGARET ATWOOD




CANCIÓN EN MOVIMIENTO. UN POEMA DE AUDRE LORDE



TODOS USTEDES CONOCEN LA HISTORIA DE LA OTRA MUJER.UN POEMA DE ANNE SEXTON



UN POEMA DE LORETTO RAFANELLI



LOS SIGNOS DEL CIELO DE BIANCAMARIA FRABOTTA




MUJER.

UN POEMA DE VICENTE HUIDOBRO



LA ESPÍA, de GUILLAUME APOLLINAIRE



PANORAMA FRENTE A LOS OJOS Y OTROS POEMAS DE YUAN MEI

Versión y traducción de Wilfredo Carrizales



VIVIENDA EN EL RÍO DE TANG XIANZU Y OTROS POEMAS

Versión y traducción de Wilfredo Carrizales



MOVER EL CORAZÓN DE LA FLOR.

UN POEMA DE ZHOU BANGYAN

Versión y traducción de Wilfredo Carrizales


FUERA DEL PASO ESTRATÉGICO de LIN ZEXU y otros 7 poemas Jueju de la antigua China.

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Ocho poemas chinos de amor.

Versión y notas por HAROLD ALVARADO TENORIO


Bai Juyi (Po Chü-i): el poeta que lideró la campaña del Nuevo Verso en la antigua China


"Arriesgando mi vida, di un paso al frente dando mi opinión honesta al emperador por el mejor interés de nuestra dinastía".

Han Yu: fundador del movimiento de prosa clásica en la antigua China


CARTA DEL EXILIADO de Li Po


A UN AMIGO QUE PARTE

UN POEMA DE LI-PO


Dos versiones del poema de Li Po sobre la despedida de un amigo.


La poesía China en El Arpa Jubilosa,

sección dedicada a la poesía en la desaparecida Revista Tricolor.

Parte 2


La poesía China en El Arpa Jubilosa,

sección dedicada a la poesía en la desaparecida Revista Tricolor.

Parte 1



miércoles, 10 de agosto de 2022

Hace 10 años se fue Antonio Tabucchi, el heterónimo italiano de Pessoa


Imagen tomada de Instrucciones Para.


Antonio Tabucchi, el heterónimo italiano de Pessoa 


Muere en Lisboa a los 68 años el autor de Sostiene Pereira, traductor y experto en el la obra del escritor portugués



Alberto OJEDA | Publicado el 25/03/2012

El escritor italiano Antonio Tabucchi, considerado un referente literario en Europa, ha muerto a los 68 años de edad en Lisboa. El escritor se encontraba ingresado en el hospital de la Cruz Roja de Lisboa a consecuencia de las secuelas de una larga enfermedad. Los funerales se celebrarán el próximo jueves en la capital portuguesa, según explicó su viuda, Maria José Lancastre.


Sabía Antonio Tabucchi que los años se le iban echando encima con intenciones muy sospechosas. Sabía que una enfermedad llamada cáncer lo quería arrancar de entre los vivos hacia un destino incierto. Lo sabía y le daba pena. No volver a caminar sobre las calles empedradas de teselas de Lisboa era muy duro de asumir. Renunciar a los cigarros (los fumaba con delectación), a los cafés humeantes, a las conversaciones, a leer a Pessoa, a reunirse con sus alumnos en la Universidad de Siena... Era una perspectiva que le dolía demasiado durante su convalecencia en el Hospital Cruz Roja de Lisboa.


Ese momento ha llegado esta mañana. Había nacido en Pisa en 1943. Tenía sólo 68 años. El escritor italiano ha muerto en su amada capital portuguesa, a la que dedicó muchas de sus mejores páginas, y donde vivía la mitad del año junto a su mujer, María Jose Lancastre, natural de la ciudad. El amor por Lisboa le vino por el amor a Pessoa. En uno de sus viajes de juventud se encontró por casualidad en la parisina Gare de Lyon un libro que aparecía firmado por Álvaro de Campos, uno de los heterónimos del autor del Libro del desasosiego. Era el poema Tabacaria y yacía olvidado sobre un banco. Leerlo fue una revelación. Tabucchi se obsesionó con aquellos versos y decidió saberlo todo sobre aquel laberíntico autor. En la actualidad, era uno de los máximos expertos de su obra. A ella dedicó alguno de sus ensayos, como Un baúl lleno de gente, de 1990.

Pero la faceta que más popular le ha hecho ha sido la de novelista y cuentista. El primer libro de cuentos, Plaza de Italia, lo publicó en 1973, en el que ya se vislumbraba el sustrato político de su literatura. En la línea de autores como Di Lampedussa y Federico de Roberto, intentaba contar la historia desde el punto de vista de los derrotados. En este caso, un grupo de anarquistas toscanos. Sin embargo, hasta 1984 no empezó a despertar el interés y del público. Fue con la novela Nocturno hindú, en la que el protagonista, en búsqueda de un amigo desaparecido en la India, va poco a poco configurando el puzle de su identidad.

Aunque el verdadero espaldarazo hacia la popularidad lo recibió en 1994, cuando publicó Sostiene Pereira. La novela, ambientada en el Portugal fascista de Salazar, narra la transformación ideológica de un apocado redactor jefe de una sección de cultura de un diario lisboeta. A punto de jubilarse desarrolla su trabajo sin complicarse la existencia ni meterse en jardines. Hasta que un joven al que contrata como colaborador para escribir obituarios le muestra la necesidad de implicarse en aquel sórdido periodo que les ha tocado vivir (al otro lado de la frontera, en España, la guerra civil ha estallado y una de sus primeras víctimas es ni más ni menos que el poeta Federico García Lorca). La novela obtuvo diversos galardones de prestigio (el Campiello y el Jean Monnet) y fue llevada al cine por Roberto Faenza, en la que sería la última aparición en la pantalla grande del gran Marcello Mastrogianni.

En 1997, dio a la imprenta otra de sus novelas más turbadoras, La cabeza perdida de Damasceno Monteiro. Tabucchi se había quedado con la mosca detrás de la oreja tras leer las crónicas periodísticas sobre la aparición de un cadáver decapitado que aparece en un parque de Oporto. Decidió investigarlo y comprobó que detrás de aquel asesinato había una trama de narcotráfico en la que miembros destacados de la Guardia Nacional tenían una participación directa. La novela tuvo un carácter profético, ya que alguno de los policías responsables del crimen (Damasceno fue asesinado en una comisaría, después de ser torturado) acabaron confesando su implicación. Aun así, Tabucchi siempre negaba que la literatura pudiera tener incidencia alguna en el curso de la realidad. Se quitaba rápido cualquier mérito que le pudieran atribuir. A él le bastó con dejar constancia de la dificultad de la justicia para alcanzar con sus sentencias a los poderosos.


Lucha contra el berlusconismo

Eso era algo que también sabía Tabucchi. Lo sabía muy bien. En los últimos años, libró una batalla intelectual contra Berlusconi. Fue uno de los opositores más destacados frente a Il Cavaliere y sus chuscos modales de gobernante. Esta actividad le procuró algunos sobresaltos, como la querella del presidente del Senado Renato Schifani, uno de los hombres de confianza de Berlusconi, en la que reclamaba al escritor más de un millón de euros por vulnerar presuntamente su derecho al honor. Tabucchi se había limitado a defender un artículo del periodista Marco Travaglio (fundador del diario Il Fatto Quotidiano, uno de los arietes antiberlusconianos más persevarantes) en el que ponía en evidencia los lazos del político siciliano con la mafia.

A Tabucchi le desesperaba desperdiciar su tiempo en los tribunales. Sabía que no le quedaba mucho y que tenía todas las de perder. Se enfrentaba a los mejores abogados de Italia. Y él era un simple escritor y un profesor de universidad, con recursos económicos limitados. Su último libro de relatos editado en España por Anagrama (su editorial en nuestro país) El tiempo envejece deprisa no podía tener un título más revelador. En él, repasaba la ferocidad del siglo XX, marcado por guerras cruentas que desangraron a la humanidad.

Cada mes de octubre su nombre aparecía en las quinielas del Nobel de Literatura. Sabía Tabucchi que andaba cerca de echarle el guante al codiciado premio. Pero marcharse sin él no le daba pena. Lo que de verdad entristecía a Tabucchi, mientras la vida se le escapaba en la cama del hospital, era no poder patear de nuevo las teselas negras y blancas del centro de Lisboa, sentarse en un café y encender un cigarro. Sabía que no podría volver a hacerlo. Lo sabía y le daba pena.

Antonio Tabucchi  Imagen tomada de Amberes.




Tomado de El Cultural.


 
Portugal descubre cómo se enamoró del país Antonio Tabucchi. 1714 visualizaciones hasta la publicación de la entrada.




 
Antonio Tabucchi: Dreaming in Another Language (RAI Interview in ITA with ENG subtitles) 7772 visualizaciones hasta la publicación de la entrada.





viernes, 15 de agosto de 2014

"No pretendo con la presente superar a Cortázar contándole a su señorita en París sobre hermosos conejitos vomitados"

CARTA A CLARICE LISPECTOR CON MOTIVO DEL QUINCUAGÉSIMO CUMPLEAÑOS DE G.H.






Estimados Amigos

Segun cuentan la escritora brasilera Clarice Lispector no sabìa ni freír un huevo, era una de esas personas que "hasta el agua se le quema", como se dice en Venezuela de las personas que no son buenas en la cocina, pero lo que no cabe duda es que se le daba muy bien la escritura la que ejercía constantemente en casa en medio del ruido infantil y el perenne ruido de fondo del vaiven hogareño. Esta belleza que vino del frío(nació en Ucrania) logro producir una escritura de extrema calidad que no pudo ser encasillada en las corrientes literarias vigentes en el Brasil que le toco vivir. 

Como dato curioso aportamos lo siguiente: Es el segundo escritor brasilero mas estudiado dentro y fuera de Brasil.


Esperamos disfruten de esta carta que sirve de presentación al trabajo de traducción que realizó nuestro amigo José Carlos De Nóbrega al vertir al español  La pasión de G.H. 


Disfruten de la entrada.

Richard Montenegro


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No me pidas coherencia, yo soy una metamorfosis ambulante. Sócrates Brasileiro Sampaio de Sousa Vieira de Oliveira (1954-2011), jugador número 8 del Corinthians (1978-1984) y de la selección brasileña de fútbol (1982-1986).


Valencia de San Simeón el estilita, jueves 27 de febrero de 2014.


     Queridísima Clarice:


     Un abrazo solidario de parte de este polemista compulsivo. Celebramos hasta la convulsión de los sentidos, los cincuenta años de nuestra amiga en común: la flaca G.H., con sus manías, adhesiones y repulsiones que, por fortuna, la vindican en nuestros corazones. Chucho y Karibay se suman también a esta salutación afectuosa; ambos se confiesan parte de la entusiasta colmena que te lee apasionadamente. Esta pareja de amigos persiste en su tránsito diverso y travieso por las trochas del arte, desde la poesía y la narrativa, pasando por el teatro de títeres, hasta el rebelde sonido salvaje de la música punk. ¿Qué cuentas? ¿Qué te traes entre manos a contracorriente de la banalización del discurso político y estético? Por mi parte, en medio del ruido mediático y reaccionario –además de la violencia política reciente- que pretende envilecer a Venezuela, me desquito de la mezquindad del entorno traduciendo a dos grandes amigos: Lêdo Ivo, con dos de sus poemarios que más me tocan, Las Imaginaciones y El Soldado Raso; y por supuesto, La Pasión según G.H. (1964), una de tus novelas más conmovedoras, cuya traducción les ofrezco a ustedes dos como regalo de cumpleaños. Espero que la disfruten en la intimidad de vuestro Rio de Janeiro, compartiendo la sobremesa con cigarrillos y café. ¿Cómo va tu salud? ¿La mía? Regular, pues nuestra militancia en el partido nicotínico afecta los pulmones y de vez en cuando alborota la hipertensión arterial. Son los estigmas de la compulsión terrena y concupiscente de siempre.


     No pretendo con la presente superar a Cortázar contándole a su señorita en París sobre hermosos conejitos vomitados; ni a Chico Buarque solapándonos su requisitoria contra los milicos a ritmo de samba, fútbol y foxtrot; ni mucho menos ganarle a la epístola maravillosa que Susan Sontag le tributa a nuestro Jorge Luis Borges: “Yo lo echo de menos (…) Y usted seguirá siendo nuestro patrono y nuestro héroe”. Dios me libre de las pretensiones egóticas del intelecto. Se trata más bien de evidenciar mi goloso gozo como lector y traductor al castellano de vuestra novela. Clarice: A G.H. no podemos dejarla por fuera en tanto coautora, no vaya a ocurrir que salga del papel y se haga carne para contrariarte sin descanso; así le ha ocurrido a Cervantes, Boccaccio y Otero Silva en los disparatados callejones sin salida que Orlando Chirinos nos pinta en sus últimos libros. 



     La Pasión según G.H. posee muchísimas virtudes que espero poder sintetizar en este medio. Tu novela es también un gran poema en prosa. La austeridad y el minimalismo de la anécdota nos comunica, paradójicamente, muchas cosas: Apunta a una épica de la cotidianidad que se fundamenta en la legión de voces de adentro. La introspección de nuestra G.H., plagada de repeticiones, balbuceos, idas y vueltas, nos atrapa iluminando el laberinto interior. Me retrotrae un maravilloso cuento del escritor venezolano Andrés Mariño Palacio, El camarada del atardecer, donde Natalia confronta la soledad con su cuerpo desnudo. Ella contempla su cuerpo en el acto onanístico de palparse, desvestirse y bañarse abrasada por la soledad: “El atardecer ha muerto. Natalia sale del baño. Su cuerpo está cansado, como si hubiera recibido multitud de caricias”. La indagación ontológica y metafísica de tu amiga ante la cucaracha aplastada, se nos antoja un viaje portentoso que simula el trance místico de un San Juan de la Cruz o los desvaríos alucinógenos de Jack Kerouac, Henri Michaux o William Burroughs. Por supuesto, el arte de la novela es dignificado en tu propuesta, pues vindica las retículas amorosas que vinculan, en este caso, al lector, el autor, el personaje principal y los clásicos de la literatura y el arte. G.H. no sólo nos lleva de la mano, sino también nos impele a llevar su cruz a un Gólgota portátil y personal harto impactante. Nos refiere Pedro Téllez, en alusión crítica a los sonetos barrocos y conceptistas de Miguel de Guevara, una versión nada cómoda de la vía dolorosa: “En Poned al hijo en la cruz será Dios mismo el que descienda, por segunda vez, al idioma castellano. En el soneto pasa por el ojo de la cerradura con sus camellos y ricos”. La transfiguración ficcional no estriba en una unidimensional imitación de Cristo, sino en una versión problematizadora de los evangelios: Se sacude el alma en la consideración solidaria del dolor del Otro, encaramando el cuerpo estragado en el oprobioso madero, para bajarlo luego y regresar triunfante del Sheol, el Hades o el Orco.   


     Sigo creyendo que el tenor esencialista, existencialista y experimental de tu novela, no sólo tiene como antecedente a la narrativa europea de voces tales como James Joyce y Virginia Woolf, amén de textos muy significativos de Albert Camus y Jean Paul Sartre. Te creo lectora cómplice de Memorias póstumas de Blas Cubas (1880) de Joaquín Machado de Assis. Ambas novelas coinciden en la brevedad de los capítulos, el tratamiento difuso y nada convencional de la trama, además del cariz poético, inquisitivo y autorreferencial del lenguaje. Permíteme convocar nuevamente a otra gran amiga nuestra, la estimada escritora norteamericana Susan Sontag: “Tal como el aislamiento de Blas Cubas parodia una soledad elegida o emblemática, su liberación por medio de la comprensión de sí mismo es, a pesar de su confianza y agudeza, la parodia de esta suerte de triunfo”. Por supuesto, la liberación de cada personaje es muy particular. G.H. parte de su atormentada condición humana y pequeñoburguesa para configurar su ritual eucarístico y expiatorio: consumir la asquerosa hostia que es la gelatina blancuzca que exprimió de la cucaracha. En otras palabras, nuestra escultora exorciza sus demonios, su tedio y su indolencia tibia para con el Otro (Janair, la sirvienta despedida, y el leproso encarnado en la cucaracha). Si bien, en una carta que dirigiste a tu amiga Olga Borelli, denunciaste la incomprensión de los editores respecto a tu propia obra -argumentándolo con los afortunados casos de Jorge Amado y Érico Veríssimo-, el tiempo te ha dado un espaldarazo tardío pero justo: Formas parte importante de la admiradísima literatura brasileña contemporánea, poderosa en la diversidad y la extraordinaria calidad de sus voces. Ello con tu estilo personal e inimitable. Ya habías manifestado tu ars narrativa en la referida carta: “Mis libros no se preocupan mucho por los hechos en sí, porque, para mí, lo importante no son los hechos en sí, sino las repercusiones de los hechos en el individuo”. 


     También considero injusto que ciertos susurros y chillidos críticos descalifiquen tu propuesta novelística, bajo la sorda y malsana etiqueta de “insipidez política y social”. El que quiera ver, que así lo haga, esta vez con amplitud y generosidad. Esos ciegos que guían a rebaños invidentes, padecen de mezquindad y confortabilidad crítica, pues no pueden exigirte que plantees la problemática histórica como lo hace, por ejemplo, Jorge Amado en Cacao, su segunda novela, cuya humanidad nos ganó por la inmediatez en el Decir. En el caso de tu G.H., subyace una (auto) crítica social dirigida al despropósito propio de esa ficción funcional-burguesa denominada Clase Media. Aquí, algunos de sus miembros más histéricos, aplauden el hecho de decapitar y volcar motorizados proletarios con alambre galvanizado y barricadas de basura en la vía pública. La godarria vitoreó, en su momento, la decapitación de José Félix Ribas en 1815 y la exposición de su cabeza -jamás escarmentada- en la Puerta de Caracas. G.H., ama de casa y escultora pequeñoburguesa, reconoce en el Otro, su prójimo más humilde y marginal, la gigantesca dimensión de sus prejuicios de clase: La lucha de clases con sus odios recíprocos y viscerales (los de Janair y G.H.), amén del maremágnum de las contradicciones que trae consigo, la proveen a ella del instrumental que haga posible su liberación y paz interior. La revolución no es un mero cataclismo exterior, como nos lo dijo el poeta Luis Alberto Angulo, pues su completación sólo es realizable y tocable cuando el alma se estremezca en el cambio. A tal respecto, G.H. cuestiona su relación con un Dios que la reseca: Se trata de la reconciliación por vía de un cristianismo comunitario en la Catacumba de su apartamento de lujo. Cada quien edifica a su manera la casa y la tumba, Nelson Guzmán se lo hace decir a uno de sus personajes: “La bilis por ese entonces comenzó a invadirme, yo había vivido encallado como los viejos barcos”. La fe no es sin contradicciones, de la misma manera que la paz no es un dulzón estado artificial endógeno y exógeno: por el contrario, se hace carne y espíritu en el teatro de operaciones de una guerra sin cuartel (consigo mismo y con el mundo exterior). Claro está, G.H. conoce la advertencia de Murena a tal respecto: la libertad postiza de aquel que huye de Dios para caer en las manos sanguinarias del Poder edificado por otros dioses, los hombres, sus mismos congéneres.


     El cielo y el infierno, Tolstoi dixit, intercambian fluidos y se superponen aquí y ahora. G.H. los forja en la cuasi antiséptica habitación de la reina africana que es Janair. El mural garrapateado por la sirvienta, con sus tres personajes inconexos como ciertas esculturas de Giacometti, representa el mismísimo Juicio Final en el que se sumerge la psique de nuestra amiga bien amada. Su Infierno es una construcción escritural sin par, pues no amerita del Barroco de Bernini o Loyola para aterrarnos con maestría, sino de una prosa limpia e inmediata que posee la musicalidad atonal del corazón humano en las tinieblas y el encandilamiento del Señor Sol. En tal sentido, mi modesta traducción respeta tu cadencia y tu melodía, muy tuyas y ahora mucho más nuestras. Traté de ser fiel en lo tocante a la puntuación, la conjugación íntima de los verbos (por ejemplo, procurar y precisar), además de la repetición de los términos que recrean el balbuceo del alma en trance.


     
 Que el Dios de mi religión anarco-teísta las acompañe a ambas, todo amor y todo afecto, dilectos por demás. Espero encontrarte pronto, Clarice, en las páginas de tus libros, en El Mesías de Haendel y en los poemas cantados por Tom Jobim.


     Amada Mía, saudades de quien te ama

José Carlos De Nóbrega, tu salmista compulsivo.


Tomado de Salmos Compulsivos


 
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José Carlos De NóbregaEnsayista y narrador venezolano (Caracas, 1964 - Valencia, 2023). Licenciado en educación, mención lengua y literatura, de la Universidad de Carabobo (UC). Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web.

En 2015, fue profesor invitado por la Universidad de Salamanca para dictar un curso sobre literatura venezolana, auspiciado por la Cátedra Ramos Sucre de la USAL y el CENAL.


Ha publicado dos volúmenes de ensayo: Sucre, una lectura posible (Universidad de Carabobo) y Textos de la Prisa (Gobernación del estado Carabobo) en 1996. Los libros de ensayos Derivando a Valencia a la Deriva (2007) y Salmos Compulsivos por la Ciudad (2008, versión digital en www.letralia.com) han sido publicados por las editoriales “El Perro y la Rana” y “Letralia” respectivamente. En mayo de 2008, la Editorial Letralia publicó Para machucar mi corazón: Una antología poética de Brasil (serie Transletralia, versión digital en www.letralia.com), de la cual es el compilador y el traductor. En 2011 apareció el libro de ensayos Salmos Compulsivos, bajo el sello editorial Protagoni, c.a..


El Fondo Editorial Fundarte publicó el libro de cuentos El Dragón Lusitano y otros relatos, en 2013. En 2014,


Fundarte hizo públicas dos traducciones a saber: los libros de poesía Las imaginaciones / El soldado raso. de Ledo Ivo y la novela La Pasión según G.H., de Clarice Lispector. También tradujo Dispersión / Indicios de Oro, del poeta portugués Mário de Sá Carneiro.


Ha colaborado en diversas publicaciones periódicas: Poesía, La Tuna de Oro, Tiempo Universitario, Letra Inversa del diario Notitarde, Laberinto de Papel, Revista Nacional de Cultura, Imagen, suplemento Letras del diario Ciudad Ccs, el diario Vea y Fauna Urbana.