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viernes, 17 de mayo de 2019

Nora K. Jemisin: La humanidad entera no es blanca y hasta ahora, la ciencia ficción y la fantasía han sido demasiado conservadoras"






Nora K. Jemisin: La ciencia ficción y la fantasía han sido demasiado conservadoras"


Nora K. Jemisin: “Mi padre tenía prohibido mirar a los ojos a un hombre blanco”



Sus novelas fantásticas son multiculturales, alternativas y políticas. “No puede ser de otra forma”, asegura la escritora norteamericana en esta entrevista.



Hace 30 años no hubiese ni soñado con la carrera literaria que hoy posee. Era mujer, negra y vivía en Brooklyn, dice la estadounidense Nora K. Jeminsin, la primera afroamericana en ganar el Hugo de novela, el premio más importante que la industria concede a los libros de ciencia ficción y literatura fantástica y con el que ella ya se ha hecho tres veces. Antaño, ni pensarlo. Tampoco le han regalado nada a N.K Jeminsin. Su primera novela fue rechazada tres veces.

Podría decirse que el género literario que cultiva es la novela fantástica, aunque con una vuelta de tuerca. Ella lo llama ficción épica. Su carácter político es manifiesto. Desde que se dio a conocer con Los mil reinos (2010), la primera entrega de la llamada Trilogía de la Sucesión, sus novelas se han caracterizado por la multiculturalidad y la irrupción de personajes de distintas grupos y colectivos normalmente periférico. Su más reciente historia publicada en inglés, La quinta estación (Ediciones B), llega a ahora a España.

Como en la mayoría de las novelas de Jemisin, sus protagonistas tienen que superar el influjo de un poder superior, en este caso una cadena de terremotos que asolan la tierra. "La meta es sobrevivir; y la supervivencia implica el cambio", dice una de las tres mujeres que protagonizan esta historia. Porque todo en sus entregas parece ir más allá: tienen una moraleja evidente, un propósito. Las novelas de Jemisin buscan ir contra el status quo. "Hasta ahora, la ciencia ficción y la fantasía han sido demasiado conservadoras. Si algo amenaza a una civilización, en lugar de proponerse la supervivencia en un orden distinto, las novelas de fantasías siempre buscan reparar y sustituir al poder que ya mandaba. Si algo amenaza a un reino, todo en la trama ocurre para restituirlo, no para plantearse una cosa nueva… Por, cierto, ¿no está muy bien que diga esto en España verdad?”. Jemisin es una mujer directa, lúcida y consciente de cada palabra que dice.


Hace 30 años no hubiese ni soñado con la carrera literaria que hoy posee. Era mujer, negra y vivía en Brooklyn, dice la estadounidense Nora K. Jeminsin, la primera afroamericana en ganar el Hugo de novela, el premio más importante que la industria concede a los libros de ciencia ficción y literatura fantástica y con el que ella ya se ha hecho tres veces. Antaño, ni pensarlo. Tampoco le han regalado nada a N.K Jeminsin. Su primera novela fue rechazada tres veces.


Podría decirse que el género literario que cultiva es la novela fantástica, aunque con una vuelta de tuerca. Ella lo llama ficción épica. Su carácter político es manifiesto. Desde que se dio a conocer con Los mil reinos (2010), la primera entrega de la llamada Trilogía de la Sucesión, sus novelas se han caracterizado por la multiculturalidad y la irrupción de personajes de distintas grupos y colectivos normalmente periférico. Su más reciente historia publicada en inglés, La quinta estación (Ediciones B), llega a ahora a España.


Como en la mayoría de las novelas de Jemisin, sus protagonistas tienen que superar el influjo de un poder superior, en este caso una cadena de terremotos que asolan la tierra. "La meta es sobrevivir; y la supervivencia implica el cambio", dice una de las tres mujeres que protagonizan esta historia. Porque todo en sus entregas parece ir más allá: tienen una moraleja evidente, un propósito. Las novelas de Jemisin buscan ir contra el status quo. "Hasta ahora, la ciencia ficción y la fantasía han sido demasiado conservadoras. Si algo amenaza a una civilización, en lugar de proponerse la supervivencia en un orden distinto, las novelas de fantasías siempre buscan reparar y sustituir al poder que ya mandaba. Si algo amenaza a un reino, todo en la trama ocurre para restituirlo, no para plantearse una cosa nueva… Por, cierto, ¿no está muy bien que diga esto en España verdad?”. Jemisin es una mujer directa, lúcida y consciente de cada palabra que dice. "La fantasía debe de ser política".





“Se puede entender mi trabajo como una alegoría: plantear que todo se destruye como oportunidad de reconstrucción. La buena fantasía está en la raíz de la historia, por ejemplo Tolkien creó una civilización, un mundo, una sociedad. Lo hizo justo en los años  siguientes a la Segunda Guerra Mundial, cuando las personas necesitaban crear un lugar tras los años de horror. Esa también es una función política de la fantasía. También, claro, toda historia es susceptible de ser manipulada. Yo me he dedicado a estudiar la historia oral de muchos pueblos y llegado a descubrir cómo muchos antropólogos han cambiado el sentido original de la historia de muchas comunidades y tribus, al menos en Norteamérica”.

La idea de fondo en la literatura de Nora K. Jemisin es el cambio y la reinvención asociada a los procesos de ese tipo. El mundo cambia. Las civilizaciones cambian. La naturaleza cambia. Los errores se superan no por la vía del castigo colectivo, sino de la transformación. De ahí que sus héroes y heroínas nunca sean siempre distintos, desde los egipcios esclavizados de The Killing Moon hasta las tres generaciones de mujeres que intentan sobrevivir a un mundo que se cae a pedazos en La quinta estación.  "La humanidad no es blanca. Hay afroamericanos, asiáticos, egipcios… En EEUU hay gente de todo tipo, no sólo blancos. Aunque es cierto que con los cambios políticos que estamos viviendo, probablemente retrocedamos. Aunque pienso en lo que dicen mis padres: hija, esto nunca será peor de lo que ya vivimos”, explica la novelista durante su visita a la Feria del Libro de Madrid. “Mi padre no podía mirar a los ojos a un hombre blanco, lo tenía prohibido”, dice Nora K. Jemisin taladrando con la pupila a su interlocutor. En ella hay cierta distancia, una educada y desafiante frialdad. Una intensidad que transmite en su prosa y deja caer, como gotas, en la conversación.

 Tomado de Voz Populi







sábado, 9 de septiembre de 2017

N. K. Jemisin,ganadora del premio Hugo: La Ciencia Ficción y la Fantasía han sido demasiado WASP por mucho tiempo.






Hola Liponautas.

Hoy nos ocuparemos de la escritora norteamericana Nora Jemisin, ganadora de la tensa edición de los premios estadounidenses Hugo de ciencia-ficción 2016.

¿Fueron unos tontos los negros que dócilmente cedían sus asientos a los blancos, y junto con ellos todos sus derechos, hasta que una agotada empleada doméstica dijo basta?

¿Son unos retrasados cognitivos quienes aceptan un trabajo en tiempo de crisis por un salario que apenas cubre sus necesidades básicas?

¿Fueron débiles mentales quienes siguieron la costumbre instalada por décadas de mirar sumisamente al suelo al recibir órdenes de un atroz capataz?
Son estas mismas preguntas las que trata de abordar la escritura de Nora Jemisin, y lo novedoso es que lo haga utilizando el formato de la denominada Ciencia-ficción, o como ella define, Ficción-épica.

En un mundo que cuenta con claros antecedentes de rebeliones exitosas contra el status quo, las mismas que fueran reprimidas utilizando variados mecanismos de opresión y violencia en manos de los poderosos de siempre, y donde a los rebeldes no les quedó otra opción que adaptarse a condiciones absolutamente injustas para conservar la vida, las novelas de Jesimin emergieron desde la necesidad de identificación con un cambio superador, llevado a cabo por individuos discriminados que se unen con un objetivo.

El hecho que hayan sido tres mujeres las protagonistas de su novela premiada, no es casualidad. Si hay un colectivo doblemente victimizado por las políticas de represión y violencia, es el que integra nuestro género.


Sin embargo, que su novela haya logrado imponerse en los Estados Unidos, en medio de la puja con novelas “conservadoras, racistas y derechistas además de malas” nos remite a un ámbito editorial local que puja y aún se resiste a los cambios atroces que están haciendo retroceder a los Estados Unidos a sus peores épocas. 



El robo infame de Papel Prensa

Lamentablemente, no podemos sostener lo mismo aquí en Argentina, donde los popes editoriales han llegado a donde están a fuerza de sostener intereses con la empresa monopólica que fabrica y distribuye un insumo tan elemental como el papel para imprimir.

Quizás muchos de ustedes desconozcan que tal monopolio fue otorgado durante la dictadura militar argentina para sellar tanto un pacto de silencio con los diarios de mayor tirada del país, así como para garantizar al poder militar cierto tono en la opinión pública conducente al sostenimiento de políticas fuertemente cuestionadas por la legislación internacional.

Hacia 1969 se había fundado la empresa Papel Prensa, para resolver el problema de la importación de papel. En 1975, un grupo empresario comenzó a adquirir acciones de Papel Prensa, y para agosto de 1976 el grupo Graiver tenía el control absoluto. Sin embargo, David Graiver murió en un dudoso accidente de avión el 7 de agosto de 1976, mientras viajaba de Estados Unidos a México. En medio de aquel drama familiar, Lidia Papaleo, viuda de Graiver, pidió una reunión con Videla para esclarecer lo sucedido, pero se la negaron. Los genocidas tenían otros planes.


David Graiver

Papel Prensa era un objetivo central tanto para la Junta Militar como para los diarios. Para los militares, significaba usarla como prenda de cambio para el silenciamiento de sus crímenes. Para los diarios, obtener el preciado monopolio de su insumo básico.
Entre la muerte de Graiver y el robo de Papel Prensa hubo un perverso juego de pinzas orquestado entre los diarios y los militares. Los medios comandaron una feroz campaña contra Graiver y sus negocios. Allegados al gobierno militar atormentaban a la familia para que vendiera la empresa Papel Prensa a Clarín, La Nación y La Razón, insistiendo que era lo que les convenía hacer si querían sobrevivir, y que no estaban en condiciones de hacer otra cosa.



El día que comenzaron las tratativas para la cesión de acciones, la viuda de Graiver aún mantenía dudas respecto de si era lo correcto firmar en dudosas condiciones. Sin embargo, años después diría que jamás olvidaría la mirada de profundo desprecio ni el tono amenazante en la advertencia de Héctor Magnetto, (del diario Clarín) ya que percibió que hablaba en serio respecto del peligro que corría su vida, cuando le dijo que “firmara para conservar la vida de su hija y la suya también”. Firmar sin embargo no impidió que después Lidia Papaleo fuera torturada con picana eléctrica en infames centros de detención de los que la sacaban para firmar papeles. Quizás muchos desconozcan también que la desaparición forzada de personas, también fue la ocasión para comenzar a hacerse de escrituras de propiedades, de empresas y otros objetos muy valiosos de individuos que poco tenían que ver con los clandestinos movimientos revolucionarios. Además del robo infame de bebés. En el caso del dudoso traspaso de acciones de Lidia Papaleo a los diarios locales, y a pesar que fue reconocido por un juez (uno solo y luego de varias décadas) que la cesión de acciones constituyó un crimen imprescriptible de lesa humanidad en un marco de tortura, los empresarios beneficiados y responsables de lo que sucedió continúan impunes y prosperando.
Los burócratas infames lograron impedir también, durante el gobierno anterior, que la justicia hiciera efectiva la ley de Medios largamente discutida que limitaba su acción monopólica. Desde su lugar privilegiado como distribuidor del papel, han presionado sobre pequeños diarios locales del país hasta hacer desaparecer literalmente toda voz disidente. Lo mismo hicieron como dueños de la TV por cable, eliminando una tras otra todas las pequeñas emisoras provinciales. Una vez asumido Macri, no solo borraron de un plumazo la Ley de medios, sino que el Gobierno actual aumentó la influencia del Grupo al cederle de manera inaudita gran parte del control del espacio satelital donde viajan nuestros mensajes virtuales. El que una oficina del Grupo Clarín ocupe el mismo edificio donde funcionan oficinas del buitre Paul Singer en Estados Unidos, quizás resulte solo un detalle más en esta trama sostenida con nudos tan perversos.



Volviendo al tema que inició esta digresión, no extraña entonces que el obsceno pulpo clarín también controle editoriales y cadenas de librerías, razón por la que les resulta muy difícil a los pequeños empresarios mantenerse en pie, y se encuentren atravesando la peor crisis editorial en muchos años.
Por las razones señaladas, si el premio Hugo se hubiera realizado en Argentina, estamos en condiciones de inferir que Jemisin jamás lo hubiera obtenido. 
Concluimos recordando sus términos de ficción utópica, a modo de resistencia colectiva:

Tenemos a Donald Trump y como presidente es terrible… Espero que la gente se dé cuenta de que lo que quieren esos republicanos reaccionarios derechistas y neonazis y diga que no, que eso no es lo que quieren.”

“Y esto está empezando a pasar.” También en la Argentina.


   
Vivina Salvetti


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La Ciencia Ficción y la Fantasía han sido demasiado WASP por mucho tiempo.
Entrevista a N. K. Jemisin

N. K. Jemisin: la ganadora del Hugo que irrita a los frikis reaccionarios

Nova publica en España 'La quinta estación', ganadora de la tensa edición del 2016


La ganadora del premio Hugo de ciencia ficcion 2016   la escritora N K  Jemisin  posa en la librería Gigamesh  / JORDI COTRINA


Ernest Alós

Sábado, 10/06/2017 


Un continente único, como la Pangea de hace muchos millones de años, pero que periódicamente se quiebra en catástrofes geológicas de lava, azufre, terremotos y ceniza que desencadenan extinciones masivas. Con unos misteriosos monolitos que flotan sobre él, míticos comedores de piedras, algunas personas muy especiales capaces de ocasionar o detener los movimientos tectónicos, civilizaciones que desaparecen o consiguen adaptarse a cada uno de estos cataclismos… Es el mundo de ‘La quinta estación’ (Nova), el libro con el que N. K. Jemisin obtuvo en el 2015 el Hugo, el premio anual de la Sociedad Mundial de Ciencia Ficción.  

“La mayoría de novelas fantásticas se construyen sobre la edad media en Europa, o la mitología, o monstruos, de culturas realmente existentes en nuestro mundo. Yo quería crear algo completamente nuevo”, explica Jemisin, de paso por Barcelona.

Sin embargo, al mismo tiempo que imagina un mundo radicalmente imaginativo, Jemisin lo hace para plantear cuestiones y conflictos absolutamente contemporáneos y reales. “En lo que a mí respecta la fantasía ha de estar en la magia, en el mundo, en las bestias fantásticas, pero la gente ha de ser normal. La mayor parte de las novelas fantásticas hacen ver que la gente es distinta de lo que realmente es en la realidad. Yo no creo en eso. Teniendo en cuenta mi experiencia como mujer negra es inevitable que desarrolle sociedades en las que se manifieste la intolerancia en diversas formas: sexismo, clasismo, racismo… No existe ninguna sociedad sin este tipo de conflictos.  En la realidad tenemos, intolerancia, y tenemos que hablar de ella”, sostiene.




"LA FANTASÍA HA LLEGADO A LA MADUREZ"

El paradigma de la fantasía enraizada en Tolkien ha sido asaltado desde diversos frentes: cinismo en lugar de héroes idealistas, sexo multiforme en lugar de castidad patriarcal, mujeres protagonistas y activas en lugar de figuras virginales, inspiraciones orientales en lugar de nórdicas, vida cotidiana en lugar de aristocracia elitista... “Lo que hay detrás de todos estos elementos de la narrativa fantástica post-Tolkien –opina Jemisin- no es más que es el progreso de la sociedad. Tolkien escribió en los años 40 y 50, antes de la revolución sexual, antes de la era de los derechos civiles, escribía para una audiencia muy específica formada sobre todo por británicos de determinada edad y generación. Una vez que la fantasía se ha integrado en el ‘mainstream’ ya no puede ser insular, no puede ser un producto específico para ese tipo de lector. La mayoría de los lectores de libros, por ejemplo, son mujeres, y si quieres su dinero probablemente es una buena idea que en el libro, por allí en medio, haya al menos alguna mujer. ¡E incluso que sea la protagonista! ¡O que dejar que las mujeres hagan cosas de mujeres!”, bromea la escritora estadounidense. “En psicología, cuando las personas maduran evolucionan de un pensamiento dual a uno más relativista. Lo que estamos viendo es que la fantasía ha llegado a la madurez. Pasamos del bien y el mal, de la hermandad de la luz, de los héroes del oeste frente a las sombras del este, de los hombres del norte contra los enemigos que vienen del sur, hacia un mundo en el que todo el mundo se puede equivocar. Y esto es mucho más humano”, resume.




En su mundo, las personas con capacidad de mover magma, montañas y fallas son perseguidos o domeñados. Todo el mundo les teme. Y ellos temen al mundo. ”Intento explicar que una sociedad que esté construida para acomodar al otro no tiene por qué sufrir los conflictos que se desarrollan en una sociedad que trata de suprimir al diferente”, concluye. Y además lo hace del brazo de la aventura, sin resultar cargantemente aleccionadora, se podría añadir.

La preocupación por el medio ambiente es otro estrato evidente en ‘La quinta estación’. “Lo más importante que quiero explorar es una tendencia, que creo que es típica del pensamiento norteamericano, que es un individualismo extremo, que hace sentir a la gente fuerte y autosuficiente, y que se refleja en la narrativa postapocalíptica tipo Mad Max. Esta actitud es la que hace que Trump se retire del tratado de París. La creencia de EEUU se las puede arreglar por sí mismo. Esto es estúpido. Sencillamente estúpido. En ‘La quinta estación’ lo que intento mostrar es que las sociedades que colaboran tienes más posibilidades de sobrevivir. Quería escribir una novela postapocalíptica que no fuese individualista. Sobrevivirás si estás dispuesto a ayudar a los demás y sacrificar tu egoísmo”, plantea.




SAD PUPPIES, RABID PUPPIES Y TRUMP

Esta visión militante de la fantasía le ha llevado a Jemisin a convertirse en blanco de las iras de los Sad Puppies y los Rabid Puppies, dos colectivos que hicieron labor de lobi para que los Hugo del 2015 y del 2016 no fueran a parar a esos liberales que introducen ideología de género y ecologismo en la ciencia ficción, sino a obras tradicionales con héroe varón y blanco, naves espaciales y rayos láser que fríen alienígenas. La victoria de Jemisin en la edición del 2016 fue una victoria contra este colectivo.

“Este tipo de movimiento reaccionario existe en cada rincón de nuestra sociedad. También en el mundo friki ha habido una resistencia a reconocer el racismo, la intolerancia y el sexismo que existe en su seno, al menos en EEUU. Los frikis siempre se han percibido a sí mismos como un colectivo discriminado, así que suponían que no eran capaces de discriminar a los demás. Pero lo son y siempre lo han sido. Cuando era una adolescente no podía entrar en una habitación como esta (la entrevista se desarrolla en la sala de actos/juegos de Gigamesh, con las estanterías llenas de figuras y demás material de coleccionista) porque estaría llenas de hombres blancos, viejos o jóvenes, que empezarían a hacer comentarios sexistas o racistas que dirían que solo son bromas cuando de hecho son hostiles. Yo entraría, me miraría las cosas rápidamente y saldría corriendo. Espacios como estos eran el feudo de una clientela formada por hombres jóvenes blancos”, explica.

Este tipo de guerra cultural también existió en el campo de los videojuegos (la polémica Gasmergate). Pero este ‘tea party’ friki acabó siendo neutralizado en las votaciones de los Hugo… mientras que su equivalente en el conjunto de la sociedad estadounidense, más bien no.  “No todavía (responde). Creo que el mundo friki es un microcosmos, una incubadora y un laboratorio para lo que sucede en esferas más amplias. En los premios Hugo, por ejemplo, los Puppies consiguieron colar sus candidatos en la lista de nominados. Y eran horrorosos, espantosos. No es solo que sean conservadores, racistas, derechistas, es que eran novelas malas. Es lo mismo que estamos viendo en el escenario político general. Tenemos a Donald Trump y como presidente  es terrible. Espero que suceda lo mismo que con los Puppies: lograron su objetivo, la gente pudo ver qué es lo que defendían y reaccionó. Espero que eso suceda a escala nacional y que la gente se dé cuenta de que lo que quieren esos republicanos reaccionarios derechistas y neonazis y diga que no, que eso no es lo que quieren. Y esto está empezando a pasar”.



Pulsando aquí podrán leer el prólogo de La Quinta Estación



Tomado de El Periódico



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Vivina Perla Salvetti, es Licenciada en Ciencias Antropológicas por la Universidad de Buenos Aires, con interés en Neurociencias y Ciencias de la Complejidad. Realiza presentaciones regulares en ámbitos académicos y cuenta con publicaciones en revistas sobre temas referidos a su especialidad.

Nació en PorlamarIsla de Margarita. Aunque vive en Argentina desde hace años, siempre recuerda su Venezuela natal, y el suave y cálido arrullo del mar venezolano rodeado de palmeras.



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12/12/2025

martes, 29 de agosto de 2017

N. K. Jemisin: Negros y latinos, gente pobre con trabajos basura, votaron a Trump, porque creen que esos blancos son mejores que ellos.




Queridos amigos de la página:
                                      
Tengo el gusto de anunciar la publicación la siguiente entrevista con la escritora norteamericana Nora una escritora de éxito que además es psicóloga y ha sido galardonada recientemente con premios importantes. No he leído aun su obra, pero sin duda buscaré sus libros. La entrevista nos deja percibir una brillante posibilidad: la de tener entre manos y ante los ojos una obra que narre la realidad de los jóvenes en la actualidad, sus luchas, sus relaciones fallidas o exitosas con sus padres y tutores y la otra parte, la que no vemos pero igualmente es importante, la de un misticismo mezclado con magia que nos hace tener esperanzas incluso en los peores momentos.

Algo bueno pasará que lo cambiará todo para bien. Yo lo creo. Me alegro de saber que pronto leeré un libro que esté de acuerdo conmigo.

No importa el lugar donde se desarrolle la acción. Es real y es actual. Leamos!

Graciela Bonnet


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Lo que tiene que hacer un escritor es escribir. La frase parece hasta tonta, de lo lógica que es. Pues claro que lo que tiene que hacer es escribir; y a ser posible, escribir bien. Y contar historias que nos maravillen, nos emocionen o nos impacten de alguna manera. Pero hay algo más que puede hacer un escritor; tener conciencia social y trasladarla a su obra. Eso es precisamente lo que hace la estadounidense Nora K. Jemisin, ganadora de dos premios Hugo consecutivos, en sus libros.

            Jemisin nació en 1972, en Iowa, y creció en Brooklyn (New York). Es psicóloga de formación y escribe novela fantástica, género en el que ha sido nominada en varias ocasiones a los premios más importantes. Acaba de ganar el premio Hugo 2017 a la mejor novela por “The Obelisk Gate”, continuación de “La quinta Estación”, con la que también ganó el Hugo 2016 en la misma categoría. Su condición de mujer negra la ha llevado, según sus propias palabras, a explorar en sus escritos los diferentes conflictos raciales y de género que ha detectado a lo largo de su vida. Jemisin aboga por una fantasía reivindicativa, en la que abunde la diversidad racial y no se mantengan las estructuras patriarcales tradicionales; aboga, en resumidas cuentas, por enseñarnos una parte de la realidad que no estamos muy dispuestos a ver y transformarla en mundos que nos sugieran lo que sí podría ser. Y en ese camino de visibilización, no está ni mucho menos sola.

            Hay una polémica, relativamente reciente, establecida en el mundo de la literatura a propósito de estos temas. En ella, hay quien defiende que introducir mensajes sociales o políticos en las obras fantásticas es desvirtuar el género, e introducir personajes no normativos, panfletario. Para este sector, los colectivos históricamente discriminados que alzan la voz para reivindicar su presencia, son grupos de presión que ponen sus intereses identitarios por delante de la “esencia” del género fantástico. Este punto de vista presupone, por un lado, una estructura rígida para ese género literario y, por otro, una visión también rígida del mundo. Si la introducción de diversidad es panfletaria, se deduce bajo esta visión que es necesario justificar la presencia de personajes no normativos, lo cual a su vez los señala como “no normales” o “raros”, como si no tuvieran derecho propio a transitar por las ficciones creadas por los humanos. Se les pide, en resumen, que justifiquen su propia existencia.  




            Este tipo de argumentos suele ir de la mano del argumento “de realidad”, según el cual todo aquello que no se corresponde con la estructura social imperante o es minoritario dentro de ella, no resulta creíble. Así, sus defensores pueden ver con total naturalidad historias en las que haya dragones, extraterrestres o cualquier tipo de seres mágicos, pero no admiten la presencia de mujeres empoderadas o guerreros homosexuales, por poner un ejemplo. Y hago especial hincapié en que hablamos de género fantástico, en el que no hay más normas que las que el propio autor imponga. Todo esto parece señalar a que no es precisamente la esencia de un género literario lo que defienden estos grupos.     

            Pero algo está cambiando. Los premios Hugo de este año han sido toda una fiesta para los sectores más reivindicativos, ya que en catorce de las dieciocho categorías las obras ganadoras fueron escritas por mujeres. Jemisin ha declarado al respecto que “Las mujeres están irrumpiendo en el género de la fantasía y la ciencia ficción como heroínas”, en un gesto de activismo que, una vez más, le ha regalado unas cuantas críticas. Sin embargo, son muchas también las voces que la aplauden (la aplaudimos) por dar un paso adelante y atreverse a decir lo que sentimos; que ser mujer en un entorno masculinizado es un duro camino y que abrirse paso y llegar hasta lo más alto contra todas las adversidades es precisamente lo que hacen los héroes en las fantasías épicas.

            La realidad es que aún queda mucho camino por recorrer, que hay bastantes pruebas de que las mujeres todavía no gozan de una igualdad real de oportunidades (no hay más que entrar en Google y buscar los datos; número de publicaciones, reseñas, premios…); que el “Yo no miro el género del autor, solo la calidad de la obra” sigue estando a la orden el día, dicho casi siempre por personas cuya biblioteca está formada en un 90% por títulos firmados por hombres y que no se dan cuenta de que eso, según sus propias palabras, significa que las mujeres escriben objetivamente peor que los hombres. Y, lo que es peor todavía, que las iniciativas de visibilización siguen siendo recibidas en algunos ámbitos con una gran desconfianza, cuando no abierta hostilidad. Hay quien no quiere entender que los espacios femeninos no mixtos no son un ejercicio de discriminación, sino una consecuencia de la misma; que durante cientos de años el mundo entero fue un espacio que excluía a las mujeres y que eso no se equilibra sin un esfuerzo activo y consciente; y que uno de los mayores deseos de las mujeres es que no sea necesaria la existencia de dichos espacios, porque eso significará que la igualdad real se ha alcanzado.


              En resumen, que ojalá llegue un momento en que catorce premios Hugo ganados por mujeres sean tan noticia como catorce ganados por hombres. En ese momento, las mujeres dejarán de ser heroínas por el simple hecho de ser reconocidas al mismo nivel que los hombres. Mientras tanto, figuras como N. K. Jemisin siguen siendo muy necesarias porque necesitamos referentes femeninos. Heroínas que se expongan ante la tormenta de un mundo adverso con el único escudo de sus ideas.


Nieves Delgado 

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N. K. Jemisin. Foto: Llibert Teixidó


“He sufrido amenazas por ser mujer, negra, escritora y con éxito”


IMA SANCHÍS

26/07/2017 


Siempre quise ser escritora, pero daba por hecho que ser mujer y negra me impediría triunfar en la literatura fantástica y de ciencia ficción, que es mi género.

En su novela una mujer negra, cuarentona y grandota lucha contra el mal.

Sin duda se parece a mí: tiene mi edad, lleva rastas como yo..., pero ella tiene hijos, está mucho más enfadada y ha pasado por más traumas.




¿Por qué la escogió?

Porque mujeres negras de mediana edad cuya principal preocupación son sus hijos no aparecen en las novelas de ciencia ficción. Cuando murió mi madre reflexioné mucho sobre los problemas entre madres e hijas.

¿A qué problemas se refiere?

En EE.UU. los padres afroamericanos disciplinan a los hijos con castigos físicos, una especie de legado del esclavismo, pero la idea es enseñar a los hijos a sobrevivir en esta sociedad, porque si un adolescente se porta mal en la calle, la paliza de la policía va a ser mucho peor.

¿Cómo afecta a la relación madres e hijas?

En el segundo libro de mi trilogía, La puerta del obelisco, que aparecerá en el 2018, la madre es una mujer con mucho poder personal que entiende que la sociedad es injusta y peligrosa y quiere que su hija sobreviva, pero la relación choca porque no está siendo cariñosa y dulce.

¿Eso le ocurrió a usted?

La hija de la protagonista es la única que sobrevive de los tres hermanos, la más dura, pero salva la vida a costa de su alma. Es un tema con el que se enfrenta toda madre, y yo no pude hablarlo ni solucionarlo con la mía. Escribir sobre ello es la única manera que tengo de afrontarlo.




Como psicóloga, usted ha trabajado con adolescentes.

Sí, con la primera generación norteamericana de jóvenes que pertenecen a minorías –mujeres y negros de entornos pobres–, en especial en carreras de ingeniería, que han accedido a la universidad: a un entorno patriarcal y blanco.


¿Se sienten desubicados?

Totalmente. Yo me enfrentaba a problemas de identidad y estereotipos castrantes.




¿Hoy contra qué lucha?

Como especie, podríamos llegar muchísimo más lejos si dejáramos de aplastarnos unos a otros. Hay demasiada energía dedicada a la opresión: los opresores a oprimir y los oprimidos a sobrevivir.

¿Hay escapatoria?

En mi primera novela la respuesta es destruir el mundo.

Presentación de La quinta estación, de N.K. Jemisin


No parece una respuesta muy positiva.

Es el sentimiento de una persona llevada al extremo: destruyendo el mundo consigue que todos compartan su sufrimiento. La opresión y los problemas de violencia que esta genera sólo acabará cuando los opresores entiendan que oprimir también les daña a ellos.

¿Por qué soportamos la opresión?

La opresión es sistémica: las leyes, las costumbres y las creencias la promueven y protegen. Se supone que los oprimidos están donde tienen que estar y los opresores son los que tienen que ser porque son superiores.




¿Los oprimidos se sienten inferiores?

...Por eso negros y latinos, gente pobre con trabajos basura, votan a Trump, porque creen que esos blancos son mejores que ellos.

Es triste.

Uno de los problemas es que los norteamericanos no viajan, no ven todo el dinero que ustedes invierten en transporte público, sanidad, en la limpieza de las calles... ¡Alucino con lo limpias que están las calles en Barcelona!


Presentación de La Quinta estación en la librería Gigamesh

¿...?

Nueva York está asquerosa, y los propios republicanos pobres rechazan destinar dinero a la sanidad, es decir: se están hiriendo a sí mismos.

¿Decepcionada del género humano?

Yo creo que tenemos capacidad de cambiar, quizá en un par de siglos...


Calle Joaquín Costa. Barcelona

En su literatura la gente recurre a la magia para salir de la opresión. ¿Cree en la magia?

Con el tiempo, la ciencia explicará cosas hoy inexplicables. Pero la magia es una buena metáfora del poder personal: no es suficiente para combatir la opresión, un solo héroe no puede cambiar el mundo, necesitamos la comunidad, ahí está el poder útil.

¿Conoce a personas con magia?

Mi bisabuela podía ver el futuro y curar a la gente, pero mi familia sigue siendo igual de pobre.


Calle de Nueva York


Dígame algo positivo...

Las mujeres están irrumpiendo en el género de la fantasía y la ciencia ficción como heroínas, y eso es algo importantísimo.

¿Ya no nos matan en el primer capítulo para que el héroe nos vengue?

La literatura es un microcosmos que refleja esas dinámicas de opresión de las que hablamos, y hay gente blanca que se está sintiendo amenazada por esa irrupción de escritoras negras. Yo he sufrido amenazas de muerte.




¿Por escribir novelas de ciencia ficción?

Sí, por ser mujer, escritora, negra, y con éxito. Es una manera de decir: “Tú no perteneces a esta comunidad, vete”, en lugar de competir sanamente. Que se jodan.

¡...!

He recibido tuits terribles y diatribas sobre por qué los negros o las mujeres somos inferiores. En una ocasión, supremacistas blancos me amenazaron públicamente: “Zorra, te va a pasar un tren por encima”, que significa: vas a ser violada en grupo. A pesar de ello, gané el premio Hugo que votan los lectores.

Activismo literario


Sus novelas no transcurren en la Tierra, pero van cargaditas de reflexiones sobre lo humano, la justicia social, la opresión sistémica, el cambio climático, el machismo, la política y todas las complejidades de nuestro comportamiento. De entrada, las protagonistas de su trilogía La tierra fragmentada, que arranca con La quinta estación (Nova), son una negra cuarentona con rastas y su hija, algo insólito en el mundo de la ciencia ficción. Ha sido galardonada con el premio Hugo 2016 a la mejor novela, primera voz afroamericana con tal reconocimiento. La segunda entrega, The obelisk gate, ha sido nominada al Hugo y al Nebula 2017, premio este último que ya recibió en el 2010 por Los cien mil reinos.


Tomado de La Vanguardia


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Graciela Bonnet


 Nació en Córdoba, Argentina, en 1958. Es Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela (1984). Ha trabajado 25 años como correctora de pruebas y supervisora de ediciones por contrato para todas las editoriales venezolanas, entre ellas Monte Avila, Planeta, Biblioteca Ayacucho, ediciones de la Casa de la Poesía, Pomaire, Eclepsidra, Santillana, Editorial Pequeña Venecia, La Liebre Libre. Experiencia de tres años como redactora free lance para una editorial de libros de autoayuda. Escritora fantasma (sin firma) realizó investigaciones para crear libros, novelas, tesis y monografías.Es dibujante amateur. En 1997 el grupo editorial Eclepsidra publicó su poemario "En Caso de que Todo Falle." En 2013 editorial Lector Cómplice editó "Libretas Doradas, Lápices de Carbón" En el año 2000 participó del encuentro de Mujeres Poetas en Cereté, Colombia.






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Nieves Delgado (Coruña) Estudió astrofísica y actualmente ejerce como profesora de educación secundaria en la comunidad autónoma de Galicia. Escribe relatos de ciencia ficción y terror que han sido publicados en las revistas digitales “Portalycienciaficción” , “Ianua Mystica” y “Los zombis no saben leer”, así como en la web “Sitio de Ciencia-Ficción”. Así mismo, su relato La Condena formó parte de la Antología SdCF de Relatos de Ciencia Ficción 2012. En el año 2014 su cuento Casas Rojas fue incluído en  la antología de relatos de ciencia ficción en español escritos por mujeres Alucinadas.

Podéis leer algunos de sus relatos en su perfil de Wattpad:


La ficha bioliteraria de Nieves Delgado fue tomada de Ficción científica.




Actualizada el 20/07/2024
16/12/2023