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sábado, 20 de octubre de 2018

Invitación al Desomenaje contra el poeta Fáver Páez.





SancarleñoValenciano
Enseñante y Anacrónico
poeta en ejercicio

Se les invita al DesOmenaje al poeta Fáver Páez, el cual se desarrollará en el Museo de Arte Valencia (MUVA),antiguo Ateneo de Valencia, el domingo 21 de octubre de 2018, a partir de las 10: 30 am. Se celebrará entre amigos el itinerario poético, literario y académico de Fáver Páez . Nos acompañarán, entre otros, Tania García, Ana Carolina Saavedra, Luis Arráez, Milexa, Orlando Baquero, Gustavo Montiel, Rafael Ojeda,  Julio Rafael Silva, Guillermo Cerceau,  José Gregorio Medina José Carlos De Nóbrega

Día y fecha: domingo 21/10/2018

Cuartilleros invitados

Rafael Ojeda

  • Julio Silva
  • José Carlos De Nóbrega
  • Gustavo Montiel
  • Guillermo Cerceau
  • Orlando Baquero


Museo de Arte Valencia, MUVA. Antiguo Ateneo de Valencia

Dirección:

Avenida Bolívar Norte entre las calles Salom y Navas Spínola, diagonal al edificio Arenas de Valencia y cerca de la salida norte de la estación Cedeño del Metro de Valencia, la de Venezuela.Estado Carabobo

Del poeta Fáver Páez y de la Identidad de Sexo.

"Dudas", "Esta calle" y "Magas" ,tres poemas de Fáer Páez

UNA BIOGRAFÍA PORTÁTIL DEL FOTÓGRAFO YURI VALECILLO


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Actualizada el 24/08/23 

sábado, 9 de abril de 2011

La reconciliación con el silencio: Rafael Humberto Ramos Giugni por Julio Rafael Silva




Rafael Humberto Ramos Giugn. Fotografía de Hector López Orihuela. Tomada del libro "Rostro y Poesía"


Estimados Internautas

Hoy le traemos este texto de Julio Rafael Silva sobre el poeta Rafael Humberto Ramos Giugni

Esperamos lo disfruten.
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La reconciliación con el silencio: Rafael Humberto Ramos Giugni


Julio R. Silva Sánchez




La primera vez que conversé con Rafael Humberto Ramos Giugni finalizaba la memorable década del sesenta. Allí estaba aquella tarde, acodado displicentemente en la barra del cafetín de la Facultad de Ingeniería, cuando le entregué la nota a través de la cual su hermano Ángel me presentaba. Mientras sorbía el tercer marroncito de la jornada, me sugería con su proverbial sencillez que lo acompañase en la lectura de aquel hermoso libro: “El origen de la obra de arte”, desde donde Martín Heidegger nos preguntaba: “¿Qué es la proximidad, que falta pese a la reducción de las más largas distancias a separaciones mínimas?, ¿qué es, que resulta rechazada por el incesante apartar los alejamientos?, ¿qué es, que con su faltar ausenta la lejanía?” Lectura premonitoria, porque ese “apartar los alejamientos”, ese “ausentar la lejanía” parece ser un rasgo definitorio del quehacer poético y existencial de este singular bardo carabobeño, quien se ausentara de estos predios en travesía irreversible hace exactamente un año.



Música, amistad y poesía


Comenzaríamos entonces una amistad que se prolongaría en el tiempo, con largas conversaciones y lecturas de textos, matizadas por las sinfonías de Mahler, los cappricci y divertimentos de Paganini, las sonatas de Beethoven… toda esa hermosa música que el poeta personalmente seleccionaba en sus cubículos del Centro (después Dirección) Cultural de la Facultad de Ingeniería, oasis ineludible al cual acudíamos los estudiantes universitarios de entonces, un tanto cansados de la diatriba política y los insufribles discursos electoreros.


En aquellos textos de Ramos Giugni, leídos - con su acompasada voz de tenor - para un exiguo y expectante auditorio (algunas veces nos acompañaban Luis Azócar Granadillo, César Peña Vigas, Aldo Materán…), las palabras instauran la cotidianidad, estructuran el contrapeso de las pulsiones del poeta y conciertan su espacio de insólita significación:



“De nuevo mi sombra vuelve a reunirse
 aceptaré sus acusaciones
 mezquindades que oigo pacientemente
 y acribilla a golpes mi pesadumbre corrosiva.
 En el iris languidece la tarde
 y con ella se concreta la sentencia.
 Espero que mi verdugo corra el velo se descubra
 y enseñe su perfil de muerte
 a mi ego altivo.”



jueves, 23 de diciembre de 2010

"José Joaquín Burgos o El Aire Iluminado"



José Joaquín Burgos


Julio Rafael Silva Sánchez




Conocimos a José Joaquín Burgos a mediados dé la década del sesenta, cuando, continuando nuestro periplo académico iniciado en Tinaquillo, recalamos en el liceo Pedro Gual de Valencia, en donde continuaríamos cursando el bachillerato, orientados por insignes pro­fesores como Jesús Berbín López, Pedro José Mujica, José Joaquín Estrada, Stefan Pestyk, René Falcón, José Luis Zerpa, Luis Gómez Guillén, Mercedes Quero de Dezio, Daniel Táriba y tantos otros excelentes ductores que hacían de la docencia un modo de vida y una pasión existencial.

El profesor Burgos, con su facundia intelectual y su aplomada y proverbial sencillez, saltándose el progra­ma oficial, seducía a aquella banda de ávidos adoles­centes con la lectura de autores ignorados (¿censura­dos?) por el Ministerio de Educación, como Julio Cor­tázar, Jorge Luis Borges, Ida Gramcko, José Antonio Ramos Sucre, Miguel Ramón Utrera, Adriano Gonzá­lez León, Alí Lameda, Cruz Salmerón Acosta... cuyas obras eran literalmente devoradas por nuestra inquie­ta cofradía integrada por recordados compañeros de entonces: Roger Capella, Claudio Romano, José Botello Wilson, quienes compartíamos regocijados los tex­tos de aquellos autores, al lado, por supuesto, de las obras de los clásicos (Homero, Horacio, Sófocles, Garcilaso, Cervantes, Neruda, Gallegos) profundamente amados por el poeta Burgos

Algunas veces, al salir de clases (la última hora culminaba hacia las cinco y la tertulia continuaría en las calles), bajábamos por Camoruco Viejo para con­templar los deslumbrantes atardeceres valencianos en ameno coloquio de camaradas. 

Una venteada noche de marzo, con el poeta Burgos a la vanguardia, entraríamos al Teatro Imperio (porque el cine, junto a la música, es otra de sus pasiones) para disfrutar el film Tirez sur le pianiste, de François Truffaut, basada en la novela de David Goodis.

Al salir, las deliciosas sodas con granadina, compradas al ladito, en el bar de Pablo, refrescaban nuestras gargantas fatigadas y sedientas.

Al final de esa correría nocturna, al pie del Monolito, en el centro de la Plaza Bolívar (con el fondo melodioso de aquel cuarteto de cuerdas - dos violines, viola y cello - que inventara Paúl McCartney en Yesterday, deslizándose por las ventanas del restaurante Madrid), el poeta Burgos nos sorprendería con estos versos, cuyo tono de serenidad tejía a nuestro alrede­dor sus visiones de sutil nostalgia y el esbozo de esa intimidad luminiscente que perennemente será su compañera: ... Escucho el piano de la lluvia, / o una guitarra, / o alguna simple flauta de bambú / y palabras que dicen / las mismas cosas / que se escuchaban hace cuatro siglos.  

Juego de colores 

Así ha sido siempre José Joaquín Burgos: modes­to, sencillo pero profundo, aliado fraterno de to­das las causas justas, infaliblemente dispuesto a alegrarnos la vida con la palabra acertada y el gesto solidario.

Humilde en el recuerdo de paisajes lejanos, de ciu­dades distantes, de personajes que hirieron su infan­cia y cuya silueta gusta recrear con cierto aire lumi­noso: ... Yo, amigo, / tengo un pedazo de noche / que compré hace dos mil quinientos años./
Desde entonces / ¿Cuántos sueños se han roto? / ¿Cuántos espejos han nacido? / Tus hijos / y mis hijos / los hijos de todos los hijos / siguen mirando los luce­ros. / Y aquel viejo marino / que me vendió un pedazo de su noche / sigue soñando / un sueño interminable...

En toda su extensa (e intensa) obra (no solamente en poesía, sino en su narrativa, sus ensayos, sus artí­culos de prensa, sus conferencias, sus editoriales) el poeta mantiene un tono de sobria dignidad idiomática, un dominio sublime del lenguaje, una mesura siempre proveniente de la autenticidad interior. El poeta, en un alarde de estilo que dice mucho de su for­mación académica o prusiana, como él acostumbra decir (bajo la tutela de Pedro Grases, Edoardo Crema, Luis Beltrán Guerrero, Mariano Picón Salas y otras luminarias en el viejo Pedagógico de Caracas), toma la imagen por el centro, le agarra las vértebras y la sacude hasta que expide toda su riqueza modular: ... Definitivamente / me encerraré yo mismo / en mí mismo. / Trazaré mis propios límites. / Decidiré mis oficios. / Por ejemplo, / haré un par de zapatos / con tanta perfección / como si escribiera un poema. / Le pondré suela de endecasílabos. / Haré rimar sus taco­nes / para que retumben / cuando deba cuadrarme militarmente. / Agarraré todo el arte cinético / para que las trenzas generen lecturas / insospechadas / y enrevesadas fórmulas semióticas, / si es que algún crítico llega a ponérselos.

Lo trascendente es lo que parte del hombre. Va el poeta a su encuentro y confiere a sus textos la plenitud que manifiesta un impulso desligado de toda deshu­manización. Por momentos el ritmo apresa las pala­bras, pero luego el verso recobra un camino más am­plio, desatado de moldes elegidos y gira entonces so­bre un eje que alcanza perennidad y trascendencia:... Para amarrar con artes mágicas / la eternidad / de la cayena/ será preciso / suspender/ el peso de la piedra / en el canto de un pájaro // y tatuarlo / después / como un poema / sobre la piel del sueño. // Pero es mudo el poema // y el secreto del canto /jamás se escapa de la piedra. // A veces / es inútil la magia.

Estos versos no instauran una figuración estática de las cosas, ni del paisaje, ni de su voz más íntima, sino más bien entonan y celebran el devenir: vemos los textos desfilar ante nuestra mirada, vibrar en nuestra mano, sonar en nuestra piel, guarnecidos por una belleza que nos sorprende y captura: Entonces / por qué tanto misterio, / tanto escándalo / para decir que el tiempo / ya se tragó las visceras / de los siglos que han muerto, // sí mañana / los gallos seguirán cantando, / la voz de mi mujer seguirá / como siem­pre, / abriendo rosas y cayenas, // si volaran / como siempre / los pájaros / y los crepúsculos seguirán es­condiendo / a los enamorados.




Este texto fue publicado originalmente en el periódico El Carabobeño, el 5 de diciembre de 2010.

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José Joaquín Burgos
 
(Guanare, 1933 – Valencia, 2017)

Poeta, ensayista, narrador, cronista, novelista y docente. Estudió primaria y secundaria en su ciudad natal. En 1957 egresa del Instituto Pedagógico de Caracas como profesor de Castellano, Literatura, Latín y Raíces Griegas, mención magna cum laude.  Colaborador en diversas publicaciones periódicas venezolanas: Surcos, Guanaguanare, Simiente, El Imparcial de Portuguesa; Antena (Zaraza); Avance, Occidente de Mérida; Revista del Departamento de Literatura del Pedagógico de Caracas. Miembro fundador del Ateneo de Guanare y del Ateneo de Maturín, ciudad donde residió varios años dedicado al ejercicio profesional.

Fungió en la Universidad de Carabobo de editorialista del semanario Tiempo Universitario. Fue asesor literario de la Revista Laberinto de Papel , de la Universidad de Carabobo. También, columnista de los Diarios El Regional, El Carabobeño y El Nacional. Fue directivo durante más de 15 años del Colegio de Profesores de Venezuela y presidente de la Asociación de Escritores de Carabobo; miembro fundador de la Fundación del Libro Carabobeño, Vicepresidente Ejecutivo de la Editorial Cubagua del Ateneo de Valencia, y Miembro Correspondiente de la Academia de Historia del Estado Carabobo. En 2016 fue designado Cronista de la Ciudad de Valencia, ciudad que adoptó y por la que fue adoptado como uno de sus hijos más ilustres.

Fue un escritor mayor  con amplia ciencia y diestro arte de navegación por el delta de los géneros: la poesía, el ensayo, la narrativa, la crónica. Mostraba abiertamente su sencillez y disponibilidad, capacidad de escucha y se destacaba por su doble vocación de poeta y educador. Fue uno de esos creadores que no se fatigó nunca a la hora de historiar, escribir y hablar.

Obra: Narrativa: Por aquí se escuchan las pisadas del tiempo 1976. El Pozo del Arcoíris 1995.  Torreparque 1988. Don Juan de los poderes 2003. La ciudad novelada 2006. Tres Ases 2007. Las Murallas del Reino 2007. Poesía: Ronda de Luz 1956.  Cuadernos Cabriales 1957. Los días iniciales 1963. Guanare siempre 1973. El unicornio 1991. Guanare Piedra Luz 1993. Coromotanías 1994. Piel de Sueño 1996.  Cansancios de orilla 2012.


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Actualizada el 24/02/2024

jueves, 16 de diciembre de 2010

"Oswaldo González Quiñones o las hojas siempre desveledas" por Julio Rafael Silva







Julio Rafael Silva




Fue en los albores de la década del setenta cuando conocimos a Oswaldo González Quiñones. Enton­ces regentaba la cervecería Grand Prix, en la Ave­nida Bolívar de Valencia, sitio de recalado necesario para la bohemia de esos días. Allí fungía de maestro de ceremonias, dedicado anfitrión y guía espiritual de nuestra cofradía de trovadores extraviados, siempre en la búsqueda del camino más estrecho.

Nos sorprendía su capacidad para volverse invisible y transitar sin ruido desde la cocina, por entre las mesas, cer­ca de la barra, detrás del proyector de 16 mm con el cual nos obsequiaba aquellas divinas películas de antaño, que hacían estallar ante nuestros ojos fascinados las más insólitas imá­genes (casi siempre en sepia o en blanco y negro, raras ve­ces a color) de competencias deportivas, quintetos de jazz, bailarines de las estepas, poetas malditos, dictadores chaplinescos, acorazados rusos, rumberas cubanas, acróbatas, malabaristas, domadores de fieras... en fin, toda una pecu­liar filmoteca que sugería el abreboca para lo que vendría después: el plato mayor de aquellos convites era la lectura de textos, actividad en la cual nuestro huésped, impulsado por su proverbial generosidad, sería siempre la voz ulterior.

PALABRA Y CREACIÓN SIMBÓLICA

Y entonces se producía el portento. Bastaba que el poeta tomara la palabra para que la sala enmudeciera y todos dis­frutáramos de esas frases cortas, esta culminación breve (¿fatal?), la pausa inesperada que termina o quiebra el verso, el suspenso rítmico, los gestos aparentemente adustos que forman parte de su vínculo expresivo: En crepitar azul / la llama se recrea //Danza ígnea / voluta enloquecida // Tres topias prevenidas languidecen.

En sus textos el poeta redime y amplifica la palabra mediante la creación simbólica. El símbolo es esencia de su lenguaje, se consustancia con su temática, cruzada de la angustia de la paradoja, con la metáfora y con la imagen, es­pecial mixtura que concurre a crear la intuición imagina­tiva, cuyo símbolo primordial pareciera ser el espejo: La mano al ala / se volvió sombrero / para los buenos días // cuando saludaban / trillando sombra // Serena la palabra / fundida en el espejo / aromada de brandy // hay pausa que arrea // Se vuelve camino / más que temprano / oteando penumbras // que encarga cruz / como encomienda.

El poeta siempre ha pregonado que sólo por la palabra en comunión el hombre alcanza su realización plena: acce­de al ser, pasa del no ser al existir. De allí la función esencial de su poesía (lo que Octavio Paz denominara "la revelación de nuestra condición original"). Y para lograrla, el poeta proclama la necesidad de la empatia, la alteridad, aprehen­sión y conciencia del yo en unión con el otro: La fauna / no se extingue // Otro animal / abruptamente me despierta // Horada conmigo / las entrañas del aire // Caigo // vuelvo a ser / otra piedra del camino. 

LA MUERTE INSISTE Y SE HACE ESPADA

En estas páginas, muerte y vida emergen entrelazadas, estrujándose en simbiosis de angustia existencial. Así, la vi­da es un vivir muriendo, un amanecer que comienza con la muerte, una vida que se afirma con la muerte. Es el acceso final a la unidad fundamental del ser, la espera desesperan­zada de un vivir con avidez de eternidad en un mundo cru­zado por el tiempo: ...Página de antaño  / de maleza escasa / porque presentía // ocultar cerrojo / que nadie encontrara // Síncope silencio / vaga en la corriente / muriendo de a poco // lágrimas abajo / entre los despojos.

En sus versos vida, muerte y poesía están penetradas de la experiencia de la soledad, experiencia que surge como imposibilidad de trascendencia, situación de tránsito trans­mutada en existencia que conlleva el conflicto de la fijación en un paso que no es una meta. La soledad como ausencia de encuentro consigo y con el otro. Soledad que se rebela (y se revela) en rechazo y hastío total y cósmico: Quedo solo / apagando / mi oración de luz / sin que me vean // hasta saciarme / con ropa al revés // De otro martes /para muertos nuevos / que traen sombra / deletreando un vidrio // color del sueño / que lo apacigua // De luna sin prisa / en esta noche torpe / lúcida de insomnio // que arrepentida / por llegar tarde // sin carbón tirita.

LA FULGURACIÓN DEL SER

El poeta ha comprendido desde siempre que "el artista se hace ante el papel", como alguna vez afirmaría Stéphane Mallarmé, es decir, que el poema tiene su propio sentido del espacio para no hundirse en el vacío. Tal vez por eso nos atrapa este límpido ritmo que crea atmósferas emocionales de ocultas resonancias con significaciones complejas y pro­fundas, en donde la infancia ocupa un lugar preponderante:  Hoy recobré / la golondrina / de mi infancia // prófuga del nido / oliendo a guayaba // pues nació sonora / su abierta campana / voz de sementera // más allá de donde / pernoctan sus ojos // tras de un aleteo / que empaña la pátina / donde nos miramos // en ropaje oscuro // Su ayer no encontró entibiar el río / su quebranto de alas // vino a despedirse.

El poeta, en una labor siempre en ascenso, sensible a su íntima dimensión, accede a expresiones que revelan ardores de pureza y de absoluto y corporizan sus vivencias:

Volvió la rama / desde hace tiempo / a ser pared // sin desci­frarla / trepa hasta mí // siempre de blanco // En su maraña / hay otro nido / que me conmueve // Sin confundirme busca su huella // para ocultarnos. 


REFERENCIAS

González Q., O. (2006). Abrevadero. Valencia; Ediciones EL CAYAPO.
                          (2005). Canto rodado. Valencia; Ediciones EL CAYAPO.
                          (2005). Solidaria herrumbre. Caracas: El perro y la rana.
                          (2007). Tierra de difuntos. Valencia: Manuscrito original no editado. 
                     
Mallarmé, S.      (1965). Divagaciones. Buenos Aires: Lumen.
Paz, O.               (1987). El arco y la lira. México: Siglo XXI.



Este texto fue publicado originalmente en el periódico Tiempo Universitario en Muestra sin Retoques, espacio regentado por  Rafael Simón Hurtado, el 15 de noviembre de 2010


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Actualizada el 29/10/2023


miércoles, 1 de diciembre de 2010

Julio Rafael Silva, escritor a Marisol Pradas: Yo escribo por afecto y por celebración

Una entrevista de Marisol Pradas.







Julio Rafael Silva, escritor: Yo escribo por afecto y por celebración


"El ensayo es fuente de cuestionamiento"

 Entrevista a Julio Rafael Silva



Julio Rafael Silva Sánchez, ensayista






Actualizada el 26 de marzo de 2022.






A lo largo de la historia han existido muchos ensayistas. Algunos sin el título de serlo. Desde la Grecia clásica, de las letras de Platón y Séneca, pasando por los escritos del siglo XVI de Hernán Cortés, Montaigne y Bacon; Quevedo y Locke, en el siglo XVII; Voltaire, en el XVIII; Nietzsche y Martí, en el XIX y todos los que en el siglo XX contribuyeron a hilvanar ideas con la pasión e investigación que este género requiere, hoy más que nunca, brindando voces desde muy distintas técnicas.

Julio Rafael Silva Sánchez nació en Tinaquillo y desde hace mucho tiempo se ha dedicado a escribir ensayos que le han requerido su absoluta concentración y esfuerzo.

Para él éste género literario "es la exploración amorosa del estupor, un concepto que no está equidistante del asomado por Montaigne en 1580 cuando escribió en Essays: "En el ensayo caben la emoción y los sentimientos, sin perturbar las facultades intelectuales alejadas del dogmatismo".

Su tenacidad no ha sido en vano: ha obtenido reconocimientos como el Premio Nacional de Ensayos Literarios "Enriqueta Arvelo Larriva" de la Unellez (1987) por su libro Julio Cortázar, instrucciones para un perseguidor; mención honorífica del Premio Nacional de Ensayos Ipasme (1989) por su obra Desarrollo de actitudes, conductas y valores en adolescentes a través de la manipulación que la televisión hace de la imagen arquetípica del héroe; Premio Nacional de Ensayos del Conac (2004) por su investigación Eduardo Mariño: el brillo y las sombras de una escritura heteróclita; y Premio Nacional de Crónicas 2008 en la Primera Bienal Nacional de Literatura José Vicente Abreu (Cenal-Red de Escritores) entre otros.


¿Por qué el ensayo en Latinoamérica hoy?

Es muy interesante echar mano a la historia para darnos cuenta que estamos a doscientos años de la gesta independentista de América. En esa época, 1810-1820, fue cuando el ensayo empezó a tener fuerza, por su esencia, de ser cuestionador, problematizador y ser una respuesta a los grandes problemas del hombre. No creo que pueda haber sido posible un ensayo fructífero en la época de la colonia, por la sumisión, por la condición de dependencia.

Pienso que en todo el continente el ensayo hoy tiene una vigencia importantísima y en Venezuela más por razones obvias. Aquí se ha convertido en una fuente de cuestionamiento, investigación, indagación y de apertura hacia otras dimensiones de la creación.

En esta época de crisis aunque muchos niegan que haya esta posibilidad en el país, el ensayo es como un mapa para enderezarnos el camino y señalarnos rumbos.





Hábleme de su último libro publicado: Héroes y villanos, llaneros y llanura en las narraciones de José León Tapia...



Examiné la obra de José León Tapia, escritor barinés que nos abandonó a finales del año 2007. Fue un texto que él insistió mucho que se publicase. Fue escrito casi a cuatro manos con él. Mantuvimos una relación muy hermosa durante muchos años. Lo conocía cuando tenía once años en mi casa de Tinaquillo.

Yo escribo por dos razones fundamentales: por afecto y por celebración. Siempre hago las cosas con pasión, como lo decía Platón.

José León Tapia. Imagen tomada de IAM.



¿Por qué héroes y villanos?

La obra narrativa completa de José León Tapia, desde Por aquí pasó Zamora hasta su última publicación después de su muerte, Vencido por la Nostalgia, es una radiografía de la Venezuela preterida, de los hombres que han luchado por sus ideales, pero que no han sido nunca tomados en cuenta. Lo que él llamaba los excluidos. De héroes que no fueron tomados como tal.

El llano es el protagonista, la esencia fundamental de la obra de José León Tapia.

Es una coedición de la Universidad de los Llanos Ezequiel Zamora con una Comisión que nombró la Alcaldía de Barinas para conmemorar los ochenta años que hubiese cumplido León Tapia si hubiese estado vivo el año pasado.

¿De qué trata Vencido por la nostalgia, que tiene como reminiscencias con buena parte de todo lo escrito por León Tapia?

Escribí el prologo y le hice las correcciones. Es también una aproximación a los vencidos y a su vida, porque él se consideraba un vencido, por circunstancias históricas de Venezuela.

Cuénteme e su experiencia en el seminario con Tzvetan Todorov en París.

Todorov es un pensador muy claro, fue mi profesor y es un trabajador muy acucioso e incansable. Por cierto el año pasado el dieron el Premio Príncipe de Asturias en ciencias sociales. Me encantó verlo pro televisión y recordar su rostro, todavía joven, aunque no tanto como cuando me dio clases. Él es un hombre emblemático en la investigación literaria y científica de las ciencias sociales.

¿Qué me puede decir de su experiencia humana con este pensador?

Es un hombre muy cálido. Un poeta, a escondidas, por supuesto. Nunca dejaba que la gente conociera ni leyera su poesía. Pero en esas clases, un tanto ortodoxas, porque él venia de ese método robinsionano o zamorano, él nos leía poesía.