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viernes, 30 de mayo de 2025

El español superó los 600 millones de hablantes en el 2024

 




Octubre 30, 2024


El español supera por primera vez los 600 millones de hablantes



Los hablantes de español sobrepasan en 2024, por primera vez en la historia, la cifra de 600 millones, sumando aquellos con dominio nativo (casi 500 millones), las que tienen competencia limitada (cerca de 78) y los estudiantes (más de 24).



La XXV edición del anuario del Instituto Cervantes, “El español en el mundo 2024”, presentada este miércoles en Madrid por el director de esta institución española, Luis García Montero, constata que el español consolida su influencia en el cine, la música y los videojuegos.


Según el anuario, la comunidad de hispanohablantes con dominio nativo de la lengua roza los 500 millones (498.497.757), de los que unos 100 millones (99.080.295) son hablantes de español fuera de países hispánicos, principalmente por su trasfondo migratorio.


El anuario constata una subida de los estudiantes de español con 24 millones, que se concentran básicamente en Estados Unidos, Unión Europea y Brasil.


El consumo de música en español sube un 3,8 %


En 2023, una cuarta parte de las canciones en las listas de éxito de portales como YouTube o Spotify utilizaba el español. Un año en que el consumo de música en inglés cae un 3,8 %, lo mismo que sube en español.


La música urbana latina generó una suerte de lengua franca y conforma una unidad panlatina de artistas.


Según el informe, el español se mantiene como la segunda lengua materna del planeta, detrás del chino mandarín, y se refuerza como una de las opciones principales para usuarios de plataformas como Spotify o Netflix, además de consumidores de videojuegos.


El español es la segunda lengua con mayor producción cinematográfica y también de series de ficción, detrás del inglés. En el caso del cine, el tercero sería el hindú y en series, el coreano.


Si un videojuego está desarrollado en español de forma total, sus ventas aumentan casi el triple en países hispanohablantes.


Un 7 % de los libros que se editan en el mundo está en español, lo que convierte a esta lengua en la sexta con mayor producción editorial.


El peso de la lengua española en la traducción muestra un alto valor y se encuentra en el sexto lugar mundial de idioma traducido a otro en literatura, pero España es el tercer país que más traduce.


Sin embargo, entre los 50 autores más traducidos a escala mundial tan solo aparece un escritor hispanohablante: Gabriel García Márquez, en el puesto 49 con 1.382 traducciones (Agatha Christie ocupa el primer lugar, con 7.236).


El español y las lenguas indígenas


En los países hispanohablantes, la proporción de hablantes con dominio nativo de español es del 93,63 % de la población.


Solo Paraguay, Guatemala, Bolivia y Guinea Ecuatorial tienen una proporción de nativos en español inferior al 85 %.



No obstante, Ecuador, Venezuela y Guatemala son los países hispanohablantes con los registros más bajos en dominio del español entre su población indígena, con más de un 20 % de personas que no lo hablan.


Con información de EFE


https://alertas24.com/el-espanol-supera-por-primera-vez-los-600-millones-de-hablantes/



viernes, 17 de diciembre de 2021

Diego Marani, escritor italiano: "La pureza lingüística es una invención ideológica de los Estados"



Imagen tomada de TEX.




Marani: 'Es un crimen hacer de la lengua un elemento ideológico'


EL ITALIANO PUBLICA UNA NOVELA SOBRE LA EXTINCIÓN CULTURAL

MADRID.- Diego Marani es intérprete en Bruselas, y un apasionado de las lenguas. Sus tres primeras novelas integran una trilogía cuyo nexo son las preocupaciones lingüísticas del autor, quien las inserta hábilmente en sus tramas literarias. Gadir publica en España la segunda, 'El último vostiaco', una novela de intriga que se desarrolla en el peculiar mundo cerrado de los lingüistas y donde el autor reflexiona sobre la desaparición de las lenguas y la utilización de éstas por los nacionalismos. "Hacer de la lengua un elemento ideológico es un crimen", sostiene Marani, quien confiesa su "actitud darwiniana" respecto a los idiomas: es inevitable que algunos mueran si no tienen una cultura y una sociedad a sus espaldas.

El escritor italiano (Ferrara, 1959) cree que el afán de los Estados y gobiernos por conservar las lenguas se asemeja al "ensañamiento terapéutico" que se practica a veces con los enfermos terminales. A su juicio, hay que aceptar que algunas lenguas mueren y que no se las puede proteger "ni con leyes ni con tanques" sino "alimentando la cultura y manteniendo viva la sociedad que habla esa lengua". No parece que le asuste, pues, al italiano que cada dos semanas muera una de las 6.000 lenguas que se hablan en el mundo, como se encargó de señalar durante la presentación del libro en Madrid la crítica literaria y escritora Mercedes Monmany.

A Marani también la parece "absurdo" que las instituciones inventen una versión artificial y normativa para unificar los dialectos de una lengua que se está perdiendo (una 'koiné'), como ha ocurrido en España e Italia. "Las lenguas minoritarias terminan adoptando las mismas actitudes lingüísticas que los Estados que las han oprimido", denuncia. Por el contrario, dice que las lenguas mueren igual que las personas y que conservar la memoria de esa lengua ya es en sí "una riqueza". "El latín no está muerto", añade el escritor, para quien carece de sentido igualmente proteger a las lenguas de las "impurezas": "La pureza lingüística es una invención ideológica de los Estados".




En 'El último vostiaco' cuenta el descubrimiento accidental en Siberia del superviviente de una tribu inventada. Se trata de un cazador que vive refugiado en los bosques después de años recluido en una mina soviética de trabajos forzados. Una lingüista rusa se percata de que es el último portador de una lengua que demuestra una teoría (real) "esquimaloaleutiana" según la cual desde el Báltico hasta las grandes llanuras de Norteamérica se hablaban lenguas pertenecientes al mismo tronco. La mera existencia del vostiaco, sin embargo, contraría, y de qué modo, a un lingüista de Helsinki, defensor acérrimo de una curiosa teoría "panugrofinesa" sobre la superioridad de la cultura finlandesa: "Los primeros europeos somos precisamente nosotros, los finlandeses, y el finlandés es la lengua más antigua de Europa", asegura en una conferencia.

Traducción pasiva, aprendizaje activo

Según Monmany, la novela, además de un 'thriller', es una denuncia de "la inmoralidad de la ciencia y del avasallamiento de la globalización". Sin embargo, para Diego Marani, el peligro de, por ejemplo, una Europa con múltiples lenguas oficiales estriba en que su base sea la traducción, algo "pasivo". "Tenemos que conocer otras lenguas", explica, "ésas a las que llamamos 'extranjeras'. El futuro de Europa debe ser la mezcla, no la conservación del localismo". Por ello tampoco teme la prevalencia del inglés, "un medio de comunicación formidable". "¿Por qué hay que renunciar a la fuerza del inglés?", se pregunta el traductor, "debemos aprenderlo y domarlo, cogerlo por los cuernos. Con una actitud activa, no sufriéndolo".




La misma editorial española publicó también la primera novela de Marani, 'Memoria callada' (titulada significativamente en su original italiano como 'Nueva gramática finlandesa'), sobre los problemas de la lengua y la identidad. A finales de este mes Marani pondrá en las librerías de Italia su cuarta novela, 'El compañero de escuela', una historia casi autobiográfica, esta vez sin problemas lingüísticos, de la Italia de los setenta. Y prepara una quinta, 'La lengua de las mujeres', donde este traductor, que acudió a la presentación con un diccionario de italiano y una 'Guía de verbos españoles', relata una aventura en Trieste, una ciudad dividida por la lengua, la cultura y la historia.


Tomado de El Mundo.

martes, 16 de marzo de 2021

Steven Mithen: La comunicación prelingüística de los neandertales fue cantada





José Oliva


31/01/2013



Los neandertales cantaban ópera, sostiene el arqueólogo inglés Steven Mithen, creador de la teoría de la musicalidad como forma de comunicación prelingüística entre aquellos antiguos pobladores. Aunque es autor del libro “The singing neanderthals”, el autor prefiere pensar que “la musicalidad de los neandertales se podría identificar más con la ópera que con el ‘rap’, pues además de música, aquellos homínidos también utilizan la danza y el lenguaje corporal como forma de comunicación”.

Steven Mithen. Imagen tomada de Noticias Florida Central.


En una entrevista concedida a Efe, Mithen señaló que “el ‘rap’ está asociado a un tipo particular de música basado en las palabras y en las frases, algo de lo que carecían los neandertales”.Mithen, que abrió hoy en el centro de exposiciones CosmoCaixa un ciclo de conferencias sobre “La música y su impacto en el cuerpo y la mente”, organizado conjuntamente con el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), precisó que “los neandertales no adoptaban una posición hierática en su canto”.

Además, concedió que la mímica era también importante, e incluso “gran parte de los sonidos guturales que emitían trataban de imitar sonidos naturales de animales, el viento, los ríos”.La esencia de su teoría es que, “antes de la aparición del lenguaje compositivo, formado por palabras y reglas gramaticales, ya existían en los neandertales una forma de comunicación prelingüística basada en las variaciones del tono, el ritmo, el lenguaje corporal y el timbre de sus voces”.

Desarrollaron esa forma primigenia de comunicación a partir de sus ancestros, “una musicalidad que se puede seguir en la evolución humana que nos remite a los primeros seres humanos, hace dos millones de años, de los que también evolucionamos nosotros, los ‘homo sapiens’, con nuestras propias capacidades musicales”.Este tronco común explicaría, a su juicio, nuestras respuestas emocionales actuales a la música. Los seres humanos, recordó Mithen, evolucionamos hace 100.000 años en África hasta que creamos una nueva forma de comunicación, el lenguaje hablado, pero aquellos individuos modernos se dispersaron hace 50.000 años hacia Oriente Medio, Asia y Europa, donde se encontraron con los neandertales, que todavía se comunicaban con esta antigua forma musical.




“Los seres humanos modernos utilizaban el lenguaje, que era una forma más eficaz de comunicación, y también podían inventar una mejor tecnología, mientras que los neandertales fueron gradualmente empujados hacia su propia extinción”, apuntó el investigador de la Universidad de Reading. Aunque los neandertales están extintos, “todavía encontramos trazas de su antigua musicalidad en nosotros mismos” e incluso “en muchos países tradicionales se observa un vínculo más claro entre la música y el lenguaje hablado de lo que hay en Occidente”.

Opinó Mithen que “parte del canto de los neandertales podría ser comparado con los lenguajes tonales actuales, en los que el cambio de altura de la nota implica un cambio en el sentido de la palabra”. Admitió el investigador que hablar de música para un arqueólogo es un gran desafío, pues “el registro arqueológico es totalmente silencioso”, pero sí se puede analizar su anatomía: “Si el neandertal no tenía lenguaje hablado, debía utilizar su gran volumen cerebral para hacer alguna cosa y debían tener algún tipo de comunicación”.

La importancia de la música ha llegado hasta nuestros días y “muchas veces sin saber por qué”, subrayó Mithen, quien añadió: “La música sirve para crear un sentido de identidad y pertenencia al grupo, sea a través de un himno nacional, el himno de un club o los grupos religiosos que cantan en corales en la iglesia”.”Somos los herederos privilegiados de una época de la edad de piedra en que la música era vital”, resumió el científico británico.A pesar de que los arqueólogos no han encontrado instrumentos musicales fabricados por los neandertales, Mithen piensa que tenían capacidad intelectual para crearlos a partir de objetos naturales como conchas, palitos o incluso piedras, pero “los instrumentos musicales más importantes que tenían eran sus robustos cuerpos”.




La musicalidad que los “homo sapiens” desarrollaron en las cuevas con pinturas rupestres estaba tan desarrollada que, como admitió Mithen, “si los neandertales hacían música de cámara, los humanos modernos ya habían evolucionado hacia la música sinfónica creando auténticos acontecimientos multimediáticos”



vía: la informacion.com.



Tomado de Paleoroma en la red.





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sábado, 13 de abril de 2013

Noam Chomsky estaba equivocado:

Las ideas verdes incoloras duermen furiosamente o

cómo traducir lo intraducible

 

 

 

Sergio Parra    

27 de diciembre de 2012 

 

Traducir una obra que contenga enunciados convencionales no es tan sencillo como parece, máxime si la lengua en la que tratamos de traducir la obra está inmersa en códigos culturales radicalmente distintos

 

En 1957, el padre de la gramática universal Noam Chomsky publicó su revolucionaria obra Estructuras sintácticas. En ella proponía una frase inventada y carente de sentido para explicar lo que él consideraba la diferencia fundamental entre una frase con significado y una gramatical. La frase era: Las ideas verdes incoloras duermen furiosamente

Noam Chomsky

Sin embargo, al poco tiempo, un grupo de estudiantes demostró que Chomsky se equivocaba. Y, poco después, en Stanford empezaron a celebrarse competiciones de textos en los que frases como la de Chomsky tuvieran también significado. Para conseguirlo, sólo había que cambiar el contexto.

Una de las propuestas premiadas, por ejemplo, fue la siguiente:

Sólo imaginar el verdor por venir nos lleva en otoño a comprar esos trozos de material vegetal blanquecinos y durmientes por una película de piel marrón y luego a plantarlos cariñosamente y cuidarlos. Para mí es una maravilla que bajo esa cubierta estén trabajando en su interior, invisibles y a toda prisa, para darnos la repentina y asombrosa belleza de los bulbos que florecen en primavera. Mientras reina el invierno la tierra reposa, pero estas ideas verdes incoloras duermen furiosamente.
En resumidas cuentas, no se puede construir una frase gramatical correcta que no llegue a tener, en algún momento, un contexto de enunciación que la dote de significado. Eso implica, naturalmente, que cualquier cosa que puede decirse, puede traducirse. Lo que también dificulta aún más la tarea del traductor. 


Para traducir correctamente un enunciado, la lengua de llegada debe poseer convenciones paralelas sobre las cosas que pueden hacerse con palabras, claro, pero la cultura de llegada también puede añadir matices a esas cosas, tal y como explica David Bellos en su libro Un pez en la higuera:

Una promesa puede que sea una promesa en todo el mundo, pero las “condiciones de felicidad” así como las formas del lenguaje apropiadas para la realización de una promesa pueden variar marcadamente entre, por ejemplo, Japón y Estados Unidos. No es el significado lingüístico de “lo juro por mis muertos” lo que hay que traducir si el objetivo es realizar un juramento similar en la lengua de llegada. Una vez más, el enunciado (hablado o escrito) no es el único objeto de traducción, ni siquiera el más importante, cuando lo que cuenta es el valor de un enunciado, como sucede siempre.

Tomado de Papel en blanco

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"Ten fe ciega no en tu capacidad para el triunfo, sino en el ardor con que lo deseas. Ama a tu arte como a tu novia, dándole todo tu corazón"

DECALOGO DEL PERFECTO CUENTISTA por HORACIO QUIROGA




Chimamanda Adichie, escritora nigeriana: "En mi infancia, vi la jalea desaparecer del desayuno, luego la margarina, después el pan se hizo muy costoso, luego se racionó la leche; pero sobre todo un miedo político generalizado invadió nuestras vidas."




Manuel Vázquez Montalbán: "Hay un escritor que necesita esa voluntad de intervención social y política y otro que no la necesita"

Sobre la escritura





12/12/2025





viernes, 8 de marzo de 2013

Cualquier ortografía pasada fue mejor ahora hay graduados universitarios que escriben ‘habrir’




El lenguaje de los mensajes ha contaminado la redacción de los estudiantes. / Consuelo Bautista





28 de Octubre de 2016

Hoy les traemos un debate antiguo, pero permanente: las faltas de ortografía. Como las sequias reaparece cada cierto número de años. Innegablemente la ortografía de nuestros alumnos ha empeorado, mientras ha aumentado el conocimiento en otras materias. Sin embargo a los que acumulamos canas y kilos de más en la cintura, nos gusta pensar, como a Luis XIV, que tras nuestra generación vino el caos.

Si nuestros universitarios comenten muchas faltas de ortografía es porque se les permitió entrar a la universidad comentiendolas.  Intentar arreglar el desaguisado en la universidad es poco eficiente.  Parece razonable atacar el problema antes de llegar a la Universidad. Pero las continuas reformas educativas sólo hacen que estorbarse. Para mayor dislate, la última reforma del ministro Ignacio Wert, la peor de la democracia (pues todos los sectores involucrados se han opuesto) no sólo no va a arreglar el problema sino que lo va a agravar.

Más grave que las faltas de ortografía de nuestros universitarios es que la sociedad las tolera. Si hubo universitarios con faltas es que hay graduados que las siguen cometiendo. Es fácil encontrarse con informativos y periódicos que las cometen, informes profesionales plagados de ellas, libros infectados y post de blogs como este llenito de ellas. La sociedad las tolera, nuestra sociedad no considera grave cometer faltas de ortografía, por eso este problema va a seguir aumentado.

La Real Academia de la Lengua también tolera las faltas. No sólo no lucha contra ellas  sino que pasado un tiempo, las acepta como válidas. No en vano ha aceptado almóndigas para referirse a las albóndigas, vagamundo para hablar de un vagabundo, Otubre para el mes de Octubre y asín por así. Hay más pero me da pudor seguir.

Ahora les dejo con las legítimas razones por las que no deberíamos cometer faltas de ortografía. Pero yo sólo les diré lo que los Borg de Star Trek enunciaban a diestro y siniestro:

¡La resistencia es fútil!

                                                            

by PacoMan


*******

El que escriba ‘habrir’ no debería graduarse

  • Las faltas de ortografía y de comprensión lectora abundan en la Universidad


  • Los profesores se plantean si además de los conocimientos deberían evaluar un lenguaje viciado por los SMS




Elisa Silió  
16 FEB 2013


Escribir habrir es una falta de ortografía tan descabellada e inverosímil que parece un signo de rebeldía, como quien escribe okupa. Sin embargo, cuando una profesora de Hispánicas —letras— y otra de Agrónomos —ciencias— repasan en común mentalmente las faltas más habituales de sus alumnos aparece pronto el dichoso habrir. ¿Cómo llegan a una falta tan rocambolesca? Probablemente, conjeturan las docentes, porque no distinguen “habría” del verbo haber de “abría” (casi siempre escrito sin acento) de abrir. Los fallos ortográficos y de expresión son frecuentes en unos estudiantes que con esa ortografía no hubiesen pisado la Universidad. Los profesores reconocen que el panorama es desolador, pero pocos bajan la nota de un examen por la ortografía y la expresión —menos aún en las carreras de ciencias— y no existen reglas comunes para baremar este asunto en los departamentos de las facultades.


“Hay algo de verdad y algo de tópico. Si no hubiera sido por la métrica, el poeta podría haber dicho tal vez ‘cualquier ortografía pasada / fue mejor’. Antes había un sector de la población que no estudiaba y que apenas sabía escribir. Ese sector hoy ha accedido a la enseñanza y, por supuesto, escribe mejor”, explica el académico Salvador Gutiérrez, que fue el encargado de coordinar Ortografía de la lengua española, el polémico volumen de la RAE. “Sin embargo, los que antes estudiaban debían someterse a un largo y duro aprendizaje de corrección idiomática y, como consecuencia, su ortografía alcanzaba un nivel mucho más elevado que el que tienen los que, por ejemplo, acceden hoy a la Universidad”.


“El problema no es solo de ortografía. También, o más, de prosodia. Es decir, la organización de la sintaxis: los puntos, las comas… Entiendo “baca”, pero puedo no entender el discurso si no se organiza bien. Es difícil de marcar, pero no se esfuerzan”, plantea Flor Salazar, profesora de Filología Hispánica en la Universidad Complutense. “Por ejemplo, está muy de moda no poner las sangrías después del punto y aparte. Hemos copiado a los anglosajones y eso tenía su utilidad”, prosigue. “Yo, cuando era pequeña, todos los días hacía una redacción. Y es lo que deberían de hacer ahora. Redacción, redacción, redacción. Recuerdo a una compañera de facultad que, hace 40 años, tuvo un cero por escribir disminutivo”
 
Amparo Medina Bocos, profesora jubilada de Lengua en secundaria, remarca también la importancia de las tildes. “No es lo mismo ‘revólver’ que ‘revolver,’ pero está socialmente mejor visto que escribir vailar. Hemos caído en la dejadez. En la calle lees cafeteria y antiguedades. Nada”.


 “Si un estudiante escribe que la toma de la Bastilla tuvo lugar en 1787 es probable que no obtenga un sobresaliente, aunque quizá tampoco un suspenso. Pero si escribe que la toma de la Bastilla tuvo lugar en 1987, o —como parece que escribió una vez cierto estudiante— que lo que tuvo lugar en 1789 fue la toma de la Pastilla, entonces no necesita una calificación, sino en rigor un aviso de que no ha llegado a ponerse en condiciones de ser calificado en un examen de Historia”, opina José Luis Pardo, catedrático de Filosofía en la Complutense. “Creo que este es el mismo caso de las faltas de ortografía (cuando son graves): no es lo mismo si un alumno de primero de Filosofía escribe Witgenstein con una ‘t’ de menos que si escribe el dever ser con uve. Hay que suspenderle, claro está. No hay otra manera de hacerle notar que no cumple las condiciones, pero conviene que se entere de que ha suspendido no por falta de conocimientos, sino por no reunir las condiciones previas necesarias para poder ser calificado”. “Es como si en la escuela de ingenieros se preguntasen si hay que ser exigentes en la construcción de puentes o si se debe levantar un poco la mano, aunque algunos viaductos se caigan a la primera ventolera”.


Pardo modela a los próximos filósofos y José Manuel Sánchez Ron, en la Autónoma de Madrid, a los que un día serán físicos. Este cuatrimestre el académico de la Lengua ha decidido bajar la puntuación en Historia de la Ciencia, una asignatura optativa, por los fallos “aunque de una manera generosa, no condicionará su aprobado”. “He tomado esta decisión individual a la vista de que no conduce a nada decirles que presten atención porque saldrán mejor preparados”. El primer día de clase, el científico les recuerda la importancia de escribir bien. “Les digo que no soy su colega y, por tanto, que no pueden escribir como un SMS a los amigos”.


El inglés es la lengua franca en ciencias, pero se niega a que se escuden en el argumento de que lo importante es ser capaces de resolver las fórmulas y problemas. “Es la manifestación de un movimiento posmoderno. La ortografía no es un juicio relativo, es una ley absoluta”, dice Ron.


Consensuar que se valore la forma y no solo el contenido de lo escrito no parece fácil. Hace una década un grupo de profesores de Hispánicas en la Complutense propuso al decanato un reglamento común al que ampararse ante las quejas estudiantiles, pero este adujo que el asunto no era de su competencia. “Debe bajarse la nota (incluso hasta llegar al suspenso) cuando se trata de faltas graves y/o muy reiteradas. No debería ser preciso ningún reglamento, como tampoco para ir a clase completamente vestido y calzado o no entrar en el aula con mascotas, y el simple decoro (el sentimiento de vergüenza ante el reproche común) debería bastar para que se inhibieran los infractores”, sugiere Pardo. Aunque, realista, concluye: “Está claro que esto ha dejado de ocurrir, de modo que es preferible que haya una norma común, si fuera posible de Estado, porque esto sería lo más parecido a no tener que estar todo el rato advirtiendo lo que en realidad no haría falta advertir porque es de sentido común”.


Que se lo digan a un profesor de un grado en Comunicación en una prestigiosa universidad pública española enfrentado a sus alumnos por su decisión de rebajar la nota con las faltas. Eso ha supuesto el suspenso de más de uno. “La culpa es de los alumnos, claro, pero también de los docentes. Rebajamos mucho el listón y obviamos la necesidad de subrayar que se debe escribir correctamente en cualquier caso, pero más en el nuestro, porque somos profesionales de la palabra”, sostiene desde el anonimato. “Algunos alumnos te dicen que se tiene que valorar solo el conocimiento de la materia y no cómo se escriben las palabras porque para eso existen correctores. Pero en las redacciones apenas queda esa figura y ya no hay tiempo para corregir. Y, aunque los hubiera, no sería excusa”


Este docente esboza un presente y futuro negro en la Universidad: “La comunidad educativa tiene cada vez más miedo a imponerse. Los alumnos se atreven a decir y hacer cosas que en nuestra generación nunca habríamos hecho, y los profesores se asustan —en algunos casos— o, sencillamente, evitan los problemas porque, con la crisis, ven recortados sus ingresos, aumentado su trabajo y lo último que les apetece es enfrentarse a reclamaciones y quejas”.


En la Comunidad Valenciana quieren ponerle coto a las faltas en las PAU (Pruebas de Acceso a la Universidad), eso sí, solo en las asignaturas de Lengua y Literatura II. En la Selectividad se rebajará hasta tres puntos por las faltas (0,25 por las grafías y 0,15 por las tildes), un descuento que llegará a los cuatro en 2015. El recorte es paulatino para dar tiempo a los institutos a que solventen el problema. La reforma de los planes de estudio del Ministerio de Educación prevé también reválidas al terminar la primaria y la secundaria. Dos pruebas externas que quizá obliguen al profesorado a hacer hincapié en la ortografía.


“Terminar con las faltas es complicado porque el resto de profesores consideran que es un tema de Lengua que no les compete y no bajan la nota”, lamenta Javier López, periodista de formación y docente de Lengua en el instituto Serranía de Alozaina (Málaga). Existe también la queja inversa: ¿si no le suspende el de Lengua, cómo lo voy a hacer yo en Historia? “El español no es patrimonio de los profesores de Lengua. Es de todos. Y cada uno en su ámbito tiene que enseñar su léxico y en clase de Matemáticas no puedes dejar que un niño escriba hangulo. No puedes”, razona Medina Bocos.


Hace tres cursos, López, de 37 años, comenzó a ser profesor de Lengua y Literatura y le sorprendió “una didáctica del siglo XIX en el XXI”. En su opinión, para mejorar la ortografía “ya no sirve, como funcionó con generaciones anteriores, hacer dictados o copiar muchas veces una palabra mal escrita”. Él mantiene contacto a través de las redes sociales con sus alumnos y les obliga a expresarse con corrección. “Cuando escribías una carta te esforzabas, aunque fuese a un amigo, porque era algo de lo que quedaba constancia y decía mucho de ti. Por eso quiero que entiendan que en Tuenti o en Facebook también se puede escribir bien y tienen que elevar el registro. La relación alumno-profesor no puede ser la misma que entre ellos”. López saltó a los medios con su campaña Tu ignorancia me alimenta. “Por cada falta que le restaba puntos en el examen tenían que traer un producto si querían recuperar la nota”, recuerda. Y así donaron 500 kilos de comida.


No todo son malas noticias. Hay una minoría muy preocupada por la lengua. Lo constatan en el departamento de dudas de la RAE, Español al Día, que recibe un centenar de preguntas diarias. “Cada vez más gente accede a la educación media y superior y un buen dominio de la herramienta lingüística es imprescindible para acceder a puestos de trabajo cualificados. También ahora hay más medios para obtener información y resolver cuestiones lingüísticas, como los diccionarios de dudas o servicios como el nuestro, que permiten a los hablantes obtener respuesta a sus preguntas sin tener que buscarla por sí mismos en manuales de gramática u obras de referencia, a menudo, difíciles de entender y digerir”, cuentan.
 
El descrédito del uso del lenguaje es tal que unas oposiciones a Policía Municipal en Las Palmas de Gran Canaria levantaron polvareda el año pasado por esta razón. Cien candidatos denunciaron ante el registro del Ayuntamiento la prueba ortográfica que solo aprobaron 17 de los 168 opositores. La prueba consistía en descubrir los fallos de 22 frases en 10 minutos. La cuestión es: ¿debe el Estado bajar el nivel requerido? “No es que las instituciones hayan de ser severas, sino justas”, matiza Gutiérrez, también catedrático de Lingüística en la Universidad de León. “Los que desean acceder a un puesto de la Administración no solo han de conocer los asuntos que atañen a la plaza a la que concursa, sino también a la lengua en que se expresan. Si los policías tienen que redactar informes o levantar actas, han de demostrar en la oposición que pueden hacerlo de forma correcta”.


El filósofo Pardo no da crédito: “Denuncian al Estado los infractores de la norma más elemental para la convivencia (el uso respetuoso y compartido de la lengua), pero si el Estado permitiese las infracciones, que es lo que sí sería un delito atroz y una dejación escandalosa, nadie pondría una denuncia. Todo un ejemplo de moralidad pública”. Y se muestra categórico: “Los organismos no deben dejar de castigar a los infractores de la ortografía como no dejan de hacerlo con los infractores de las normas de tráfico”.


Con la reforma educativa del ministro Wert, los alumnos de secundaria recibirán un 25% más de clase de Inglés, Matemáticas y Lengua. Quizá entonces el drama de las faltas se acabe o, al menos, se aminore. De alcanzarse este objetivo, será el adiós al hit del momento: ola k ase.




Se + han = 'san'

 


El punto final no existe y las frases no arrancan con mayúsculas. Estas se usan indistintamente.


“Haber” y “a ver” es el mayor quebradero de cabeza.


Por contagio de la manera de escribir por móvil desaparece la ch, que pasa a ser x. Mucho es muxo.


La g es hoy w. Uno no es guapo sino wapo.


Las palabras acortadas en los apuntes de clase —tb por también o pq / porque— se ven en los exámenes.


Los términos se funden: derrepente, asique, osea.


“Hecho” de hacer y “echo” de echar no se distinguen.


Aparecen nuevas palabras como el gerundio tuviendo.


Una s por una x espectativas y una n que no existe transtorno.



 Tomado de El país