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sábado, 20 de abril de 2024

El Muskismo: Las malas lecturas de Ciencia Ficción de Elon Musk y sus panas tecnobillonarios

 

Elon Musk, Bill Gates y Jeff Bezos. Imagen tomada de Infobae.






Elon Musk y los tecnobillonarios han leído mal la ciencia ficción


Imagen de Robert Beatty




7 de noviembre de 2021




Por Jill Lepore


Es profesora de historia en Harvard y presentadora del pódcast, “Elon Musk: The Evening Rocket”, del cual se adaptó este ensayo.





La última semana de octubre, Bill Gates cumplió 66 años y lo celebró en una cala de la costa de Turquía, trasladando a los invitados desde un yate alquilado hasta un complejo turístico de playa en un helicóptero privado. Entre los invitados, según los informes locales, se encontraba Jeff Bezos (valor neto: 197.000 millones de dólares), quien después de la fiesta voló de vuelta a su propio yate, que no debe confundirse con el “superyate” que está construyendo y cuyo valor asciende a más de 500 millones de dólares.


La persona más rica del mundo, Elon Musk (valor neto: 317.000 millones de dólares), no asistió. Lo más probable es que estuviera en Texas, donde su empresa Space X estaba preparando el lanzamiento de un cohete. Mark Zuckerberg (valor neto: 119.000 millones de dólares) tampoco estuvo allí, pero al día siguiente de la fiesta de Gates, anunció su plan para el metaverso, una realidad virtual en la que, llevando unos auriculares y un equipo que te aísla del mundo real, puedes pasar el día como un avatar haciendo cosas como ir a fiestas en islas remotas del Egeo o subir a un yate o volar en un cohete, como si fueras obscenamente rico.


El metaverso es a la vez una ilustración y una distracción de un giro más amplio y preocupante en la historia del capitalismo. Los tecnobillonarios del mundo están forjando un nuevo tipo de capitalismo: el muskismo. Musk, a quien le gusta burlarse de sus rivales, se mofó del metaverso de Zuckerberg. Pero desde las misiones a Marte y a la Luna hasta el metaverso, todo es muskismo: capitalismo extremo y extraterrestre, donde los precios de las acciones se rigen menos por las ganancias que por las fantasías de la ciencia ficción.



El término metaverso procede de una novela de ciencia ficción de 1992 escrita por Neal Stephenson, pero la idea es mucho más antigua. Hay una versión de ella, la holocubierta, en Star Trek, una serie de televisión con la que Bezos estaba obsesionado de niño; el mes pasado, envió al espacio a William Shatner, el actor que interpretó al Capitán Kirk en la serie original. Después de haber leído historias sobre la creación de mundos en la infancia, los multimillonarios, ahora como adultos, tienen la suficiente riqueza para construirlos. Los demás estamos atrapados en ellos.

Neal Stephenson


Por extraño que parezca, el muskismo, una forma extravagante de capitalismo, se inspira en historias que critican… al capitalismo. En Amazon Studios, Bezos intentó hacer una adaptación para televisión de La Cultura, una serie de libros que crean una epopeya espacial del escritor escocés Iain Banks (“un gran favorito personal”); Zuckerberg incluyó un volumen de esta antología en una lista de libros que piensa que todos deberían leer, y, en una ocasión, Musk tuiteó: “Si acaso se lo preguntan, soy un anarquista utópico como los que de manera atinada describe Iain Banks”.


William Shatner comparte su profunda experiencia en el espacio



Sin embargo, Banks era un socialista declarado. Y, en una entrevista de 2010, tres años antes de su muerte, describió a los protagonistas de La Cultura como “comunistas hippies con hiperarmas y una profunda desconfianza tanto de la mercadolatría como de la codicia”. También expresó su asombro por el hecho de que alguien pudiera leer en sus libros un fomento del libertinaje del libre mercado, y preguntó: “¿Qué parte de la falta de propiedad privada y la ausencia de dinero en las novelas de La Cultura esta gente no vio?”.

Iain Banks


Hay que reconocer que es posible que la afición a la ciencia ficción de estos hombres se deba a la palabrería de los tecnócratas, pero se trata de personas muy inteligentes y da la sensación de que en efecto leyeron esos libros. (Gates, filántropo, no está muy involucrado en todo esto. “No me interesa Marte”, dijo el invierno pasado. Leía mucha ciencia ficción de niño, pero en general es cosa del pasado para él, y, he de confesar que en una ocasión incluyó un libro mío en una lista de libros para regalar en las fiestas navideñas, así que quién soy yo para cuestionar su gusto literario). Parece que el muskismo implica una mala interpretación de la lectura.



El muskismo se originó en el Silicon Valley de la década de 1990, cuando Musk abandonó un programa de doctorado en Stanford para crear su primera empresa y luego la segunda, X.com. A medida que la brecha entre ricos y pobres se hacía cada vez más grande, las pretensiones de las empresas emergentes de Silicon Valley se hacían cada vez más grandilocuentes. Google abrió una división de investigación y desarrollo llamada X, cuyo objetivo es “resolver algunos de los problemas más difíciles del mundo”.




Las empresas tecnológicas comenzaron a hablar sobre su misión, y su misión siempre parecía muy rimbombante: transformar el futuro del trabajo, conectar a toda la humanidad, hacer del mundo un lugar mejor, salvar el planeta entero. El muskismo es un capitalismo en el que las empresas se preocupan (de manera muy pública y apasionada) por todo tipo de desastres que acaban con el mundo, por la catástrofe demasiado real del cambio climático, pero con mayor frecuencia se preocupan por los misteriosos “riesgos existenciales”, o riesgos x, incluida la extinción de la humanidad, de la que, al parecer, solo los tecnobillonarios pueden salvarnos.


Pero el muskismo también tiene orígenes anteriores, incluso en la propia biografía de Musk. Gran parte del muskismo emana del movimiento tecnocrático que floreció en Norteamérica en la década de 1930, encabezado por el abuelo de Musk, Joshua N. Haldeman, un ferviente anticomunista. Al igual que el muskismo, la tecnocracia se inspiró en la ciencia ficción y se basaba en la convicción de que la tecnología y la ingeniería pueden resolver todos los problemas políticos, sociales y económicos. Los tecnócratas, como se llamaban a sí mismos, no confiaban en la democracia, los políticos, el capitalismo ni la moneda. Además, también se oponían a los nombres de pila: un tecnócrata se presentó en un mitin como “1x1809x56”. El hijo menor de Elon Musk se llama X Æ A-12.


El abuelo de Musk, un aventurero, trasladó a su familia de Canadá a Sudáfrica en 1950, dos años después del inicio del régimen del apartheid. En la década de 1960, Sudáfrica atrajo a los inmigrantes presentándose como un lujoso paraíso para los blancos, bañado por el sol y hecho a medida. Elon Musk nació en Pretoria en 1971 (para que quede claro, Elon Musk fue un niño del apartheid, no un autor del mismo. Además, abandonó Sudáfrica a los 17 años para evitar ser reclutado por el ejército, lo cual era obligatorio).


En la adolescencia, leyó Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams; tiene previsto bautizar el primer cohete de SpaceX a Marte con el nombre de la nave espacial protagonista de la historia, el Corazón de Oro. En esta novela no hay ningún metaverso, pero sí un planeta llamado Magrathea, cuyos habitantes construyen una computadora enorme para hacerle una pregunta sobre “la vida, el universo y todo lo demás”. Transcurridos millones de años, contesta: “Cuarenta y dos”. Musk afirma que el libro le enseñó que: “si puedes formular correctamente la pregunta, entonces la respuesta es la parte fácil”. Pero esa no es la única lección de esta novela que tampoco empezó como un libro. Adams la escribió para la BBC Radio 4 y, a partir de 1978, se emitió en todo el mundo, incluso en Pretoria.


Hace mucho, entre la niebla de los tiempos pasados, durante los grandes y gloriosos días del antiguo Imperio galáctico, la vida era turbulenta, rica y ampliamente libre de impuestos”, entona el narrador al comienzo de uno de los primeros episodios. “Desde luego, muchos hombres se hicieron sumamente ricos, pero eso era algo natural de lo que no había que avergonzarse, porque nadie era verdaderamente pobre, al menos nadie que valiera la pena mencionar”. En otras palabras, Guía del autoestopista es una extensa y muy divertida crítica de la desigualdad económica, una tradición de la ciencia ficción que se remonta a las distopías de H. G. Wells, un socialista.



La ciencia ficción de los primeros tiempos surgió en una época de imperialismo: las historias sobre viajes a otros mundos por lo general eran historias sobre el Imperio británico. Como dijo el propio Cecil Rhodes: “Me apoderaría de los planetas si pudiera”. En sus inicios, la mejor ciencia ficción denunciaba el imperialismo. Wells comenzó La guerra de los mundos, su novela de 1898 en la que los marcianos invaden la Tierra, haciendo un comentario sobre la expansión colonial británica en Tasmania, y escribió que los tasmanienses, “a despecho de su figura humana, fueron enteramente borrados de la existencia en una guerra exterminadora de cincuenta años, que emprendieron los inmigrantes europeos. ¿Somos tan grandes apóstoles de misericordia que tengamos derecho a quejarnos porque los marcianos combatieran con ese mismo espíritu?. Wells no estaba justificando a los marcianos; estaba acusando a los británicos.

Ursula K. LeGuin

Douglas Adams fue para Sudáfrica lo que H. G. Wells fue para el Imperio británico. La Asamblea General de la ONU denunció el apartheid por violar el derecho internacional en 1973. Tres años más tarde, la policía abrió fuego contra miles de estudiantes negros durante una protesta en Soweto, una atrocidad de la que informó la BBC a detalle.



Adams escribió Guía del autoestopista para la BBC en 1977. En ella arremete en especial contra los megarricos, con sus cohetes de propiedad privada, que fundan colonias en otros planetas. “Y para todos los mercaderes más ricos y prósperos, la vida se hizo bastante aburrida y mezquina y empezaron a imaginar que, en consecuencia, la culpa era de los mundos en que se habían establecido; ninguno de ellos era plenamente satisfactorio”, dice el narrador. “O el clima no era lo bastante adecuado en la última parte de la tarde, o el día duraba media hora de más, o el mar tenía precisamente el matiz rosa incorrecto. Y así se crearon las condiciones para una nueva y asombrosa industria especializada: la construcción por encargo de planetas de lujo”.

Octavia Butler


Justo esto parecería ser lo que pretenden los señores Bezos y Musk, con sus planes para la Luna y Marte, y anexarían los planetas si pudieran. ¿Y Douglas Adams? Escribió Guía del autoestopista en una máquina de escribir manual Hermes. Había decorado esa máquina de escribir con una calcomanía. Decía: “FIN AL APARTHEID”.


¿Cómo pudieron estos hombres entender tan mal estos libros? Una pista está en la ciencia ficción que parecen ignorar en gran parte: la nueva ola, el afrofuturismo, la ciencia ficción feminista y poscolonial, la obra de escritores como Margaret Atwood, Vandana Singh, Octavia Butler y Ted Chiang.



Ursula K. LeGuin escribió una vez un ensayo, una réplica a un ensayo de Virginia Woolf, sobre cómo el tema de todas las novelas es el ser humano ordinario, humilde y con defectos. Woolf la llamaba “la señora Brown”. LeGuin pensaba que la ciencia ficción de mediados de siglo (como la de Isaac Asimov y Robert Heinlein, otros dos escritores bastante admirados por Musk y Bezos) se había olvidado de la señora Brown. Le preocupaba que esta versión de la ciencia ficción pareciera estar “atrapada para siempre dentro de nuestras grandes y relucientes naves espaciales, que surcan a toda velocidad la galaxia”, naves que describió como “capaces de contener capitanes heroicos con uniformes negros y plateados” y “capaces de hacer volar en pedazos a otras naves hostiles con sus apocalípticas y holocáusticas pistolas de rayos, y de llevar a montones de colonos de la Tierra a mundos desconocidos”, y, por último, “naves capaces de cualquier cosa, absolutamente cualquier cosa, excepto una: no pueden tener a la señora Brown como su pasajera”.


De izquierda a derecha: Asimov, Clarke y Heinlein.


El futuro imaginado por el muskismo y el metaverso (los mundos reales y virtuales que construyen los tecnobillonarios) tampoco pueden tener en sus filas a la señora Brown. Al interpretar mal la historia y la ficción, ni siquiera puede imaginarla. Creo que alguien debería hacer una calcomanía. Podría decir: “SALGAN DEL METAVERSO”.

Jill Lepore. Fotografía de Connie Yan. Imagen tomada de The Crimson,


Jill Lepore, profesora de historia en Harvard, acaba de publicar If Then: How the Simulmatics Corporation Invented the Future y conduce el pódcast de la BBC/Pushkin “Elon Musk: The Evening Rocket”, del que se adaptó este ensayo.


Tomado de The New York Times








Dimension X (Ep. 1) | Elon Musk: The Evening Rocket | Jill Lepore



ERVD | ¿Genio, vendehumos, estafador, visionario o todo ello junto?





Enlaces relacionados:


Elon Musk, el Lado Inseguro de la Fuerza y La mezquindad de los multimillonarios que viene acompañada de un gran poder.



El Muskismo: Las malas lecturas de Ciencia Ficción de Elon Musk y sus panas tecnobillonarios



sábado, 19 de noviembre de 2022

Estos españoles deben estar locos.

Un cuento de PacoMan

 



Estimados Liponautas 

Con esta entrada termina la trilogía lucasiana de PacoMan, si legó casualmente a esta entrada le decimos que el orden indicado de lectura es el siguiente:


1) Mejor que no llueva café en el campo.

En economía hay que tener cuidado con lo que se pide.


2) CUIDADÍN CON LO QUE PIDES Y COMO LO PIDES.


3) Estos españoles deben estar locos.


Disfruten del trabajo de PacoMan.


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Querido tío Oblongo:

Deseo que todos ustedes estén bien de salud y que Tanatú les mantenga el buen juicio.

Tras salir de los Estados Unidos, cuyas aventuras ya les conté en mi anterior carta[1], he venido a España tras mucho deambular. Aquí también mis primeras impresiones, han sido digitales, pero ahora la tinta de las huellas es verde VOX y no blanca como en los EE.UU. Y efectivamente a los negros no sólo se nos maltrata en los EE.UU. Aquí en España lo hacen y mucho.

Estos españoles, una mayoría de ellos, deben de estar locos[2]. Pues pasan toda la vida estudiando. Cuando eran niños dejaban de jugar bajo el Sol, para estudiar. Cuando eran jóvenes dejaban de bañarse en el lago, para estudiar. Cuando nosotros ya tenemos la edad de matar un león, ellos siguen en sus chozas estudiando. Y así casi toda su vida. Les pregunté:

—¿Para qué tanto estudiar?

—Para no tener que sudar en el trabajo —me contestaron—no hacer esfuerzo físico, ni pasar frío ni calor trabajando.

A la edad que nosotros ya tenemos hijos, ellos comienzan a trabajar. Y tío Oblongo, los que lo consiguen, trabajar sin sudar, se compartan de una forma aún más extraña, como si Tanatú les hubiera comido las ideas: Se levantan antes de que salga el Sol para ir al Gimnasio y otros van cuando ya se ha puesto. Un gimnasio es una choza muy grande. Para poder entrar deben entregar buena parte de lo que han ganado trabajando. Al Gimnasio van a sudar la gota gorda, a hacer el ejercicio físico que se niegan a hacer en su trabajo. Han perdido la infancia y toda la juventud estudiando para no tener que hacer esfuerzos y cuando lo consiguen dedican una gran parte del día a sudar… pagando por poder hacerlo.

Antes de volver a su choza, se meten en una chozita muy pequeña dentro del Gimnasio a pasar mucho calor, yo creo que es por verse desnudos, como cuando nosotros vamos al lago. Al rato salen corriendo (solos) a unas pequeñas cascadas que abren y cierran a placer, y pasan mucho frío bajo el agua. Y luego vuelven corriendo a la sala a pasar calor… dicen que lo pasan muy bien, pero lo que les cuelga no dice eso, no está como cuando nosotros vamos al lago. 

Tío Oblongo estos españoles tienen que estar locos.

Tu sobrino YoghurtuNghé

 



[1]Cartas de Color(1980)Comedia musical de Les Luthiers y grabada en el LP: Les Luthiers hacen muchas gracias de nada. Se estrenó el 15 de junio de 1979.

 

[2] Humilde homenaje a la simpar película de Botsuana: Los dioses deben estar locos (TheGodsMust Be Crazy, 1980, guion y dirección de Jaime Uys).


Enlaces Relacionados:




CUIDADÍN CON LO QUE PIDES Y COMO LO PIDES.


 

Estos españoles deben estar locos.


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PacoMan


En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de cuatro lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad sobrevive como puede: lo que viene siendo malvivir.

Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando sube posts a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po



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jueves, 3 de noviembre de 2022

El honrado Reino Unido en 1868 robó tesoros a Etiopía y en el 2018 ofreció prestárselos.

"El patrimonio africano no puede estar en colecciones y museos privados europeos”


Un manuscrito de Magdala, Etiopía, en posesión de la Biblioteca Británica. Crédito: James Jeffrey/IPS



Polémica por exposición británica de artefactos robados a Etiopía


Por James Jeffrey

LONDRES, 24 abr 2018 (IPS) - La exposición de antiguos tesoros robados a Etiopía en el famoso museo londinense de Victoria y Alberto reavivó el debate sobre dónde deberían estar los artefactos y sobre el imperialismo de Occidente en África.

La muestra incluye 20 artefactos de la realeza y religiosos robados en la batalla de Magdala, en 1868, cuando las fuerzas británicas sitiaron la fortaleza montañosa del emperador Teodoro II.

Tras su triunfo, los británicos tomaron lo que quisieron, y no se conoce realmente la dimensión del botín. Dentro de la Biblioteca Británica hay cientos de hermosos manuscritos robados.

El argumento para su devolución puede parecer obvio, pero hay cuestiones legales relacionadas con la responsabilidad de los museos como guardianes del patrimonio mundial, así como sobre la mejor forma de exponerlo al público, que complican la situación.

“Los museos tienen la responsabilidad de comprender mejor sus colecciones, de revelar las historias y los relatos detrás de los objetos y de mostrar las personas y las sociedades que marcaron su camino”, explicó Tristram Hunt, director del museo Victoria y Alberto.

“Con ese fin, queremos reflejar mejor la historia de esos artefactos en nuestra colección, rastreando sus orígenes y haciendo frente a las difíciles y complejas cuestiones que plantean”, añadió.

El sitio de Internet del museo describe la colección de tesoros etíopes como “perturbador recordatorio de los procesos imperiales que permitieron a los museos británicos adquirir bienes culturales de otros”.

Por ello, esfuerzos como los de Richard Pankhurst, reconocido investigador y de los más prolíficos en estudios etíopes, quien ayudó a crear la Asociación para el Retorno de los Tesoros Etíopes de Magdala (Afromet, en inglés) y concentrar sus esfuerzos en unos 350 manuscritos que terminaron en la Biblioteca Británica.

“No se sabe bien lo que pasó”, explicó Pankhurst antes de su muerte en 2017. “Los soldados pudieron agarrar lo mejor de lo mejor de lo que tenía Etiopía para ofrecer. La mayoría de los etíopes nunca han visto manuscritos de esa calidad”, acotó.

Teodoro rastreó el país en busca de los más finos manuscritos y recolectados en Magdala para una gran iglesia y biblioteca que planeaba construir.

“Son tan lujosos porque fueron hechos para reyes”, indicó Ilana Tahan, curadora de estudios hebreos y cristianos de Oriente de la Biblioteca Británica, cuyo personal se toma muy en serio su papel de guardianes, así como quienes tratan de devolver los manuscritos a Etiopía.

Carátula de uno de los manuscritos de Magdala, Etiopía, en manos de la Biblioteca Británica, en el que se lee: Pres. (Presentado) por S.A. la reina (Victoria), el 21 de enero de 1869. Crédito: James Jeffrey/IPS.



“Es verdad que el grado de cuidado y calidad de los británicos es mucho mejor que el nuestro, pero si va al Instituto de Estudios Etíopes, donde tenemos algunos artefactos de Magdala devueltos anteriormente, verá lo bien que están preservados y expuestos al público”, observó Andreas Eshete, expresidente de la Universidad de Adís Abeba, donde está el instituto, y otro fundador de Afromet.

“Esos manuscritos están entre los mejores del mundo y es uno de los ejemplos de manuscritos indígenas de África, y los historiadores deben estudiarlos con sumo cuidado”, acotó.

Teodoro, de hecho, admiraba a Gran Bretaña, e incluso esperaba que lo ayudara a desarrollar su país. Pero cuando interpretó como un desaire la falta de respuesta de la reina Victoria a una carta suya, decidió apresar a un pequeño grupo de diplomáticos británicos, lo que motivó una misión de rescate del general Robert Napier con unos 32.000 hombres.

El lunes 13 de abril de 1868, cuando los triunfantes británicos estaban en el valle que rodeaba su reducto en la cima de la montaña de Magdala y a punto de lanzar su ofensiva final, Teodoro tomó una pistola, de hecho un regalo de la reina Victoria, y jaló del gatillo.

En la actualidad, Teodoro sigue siendo venerado en Etiopía por su inquebrantable convicción en el potencial de su país. Mientras, el saqueo de Magdala continúa incitando los esfuerzos de Afromet y de otros que siguen a Pankhurst.

“Richard no tuvo éxito con los manuscritos de la Biblioteca Británica, se devolvieron numerosas cruces y manuscritos de colecciones privadas”, relató su hijo, el también historiador Alula Pankhurst.

La familia del general Napier devolvió hace poco un collar y un pergamino al Instituto de Estudios Etíopes, acotó.

“Mi padre diría que los artefactos deben devolverse porque fueron robados”, indicó Alula.

“Ahora existe la tecnología disponible para realizar copias (de manuscritos) que no se distinguen de los originales y los microfilmes hacen que se puedan retener las copias”, apuntó.

Pero el mismo argumento de la tecnología lo emplean quienes creen que los manuscritos pueden permanecer donde están.

“Tenemos la oportunidad y la responsabilidad de usar las posibilidades de la tecnología digital para mejorar el acceso del público mundial al patrimonio intelectual que salvaguardamos”, arguyó Luisa Mengoni, directora de las colecciones asiáticas y africanas de la Biblioteca Británica.


La institución sigue realizando esfuerzos para que los manuscritos sean accesibles al público mediante nuevas exposiciones. Y en los próximos dos años, tiene previsto digitalizar 250 manuscritos de colecciones etíopes; ya hay 25 disponibles y completos en línea, por primera vez gracias al sitio Manuscritos Digitalizados.

“Las obras de arte sufren cuando se digitalizan, además de que muchos manuscritos tienen comentarios detallados al margen; son muchas las razones por las cuales los investigadores necesitan el original y que no las encuentran en las copias digitalizadas”, argumentó Andreas.

Pero la devolución de los manuscritos no está, de hecho, en manos de la biblioteca. Se necesitan nuevas leyes para que se devuelvan esos u otros elementos patrimoniales en los museos británicos.

“Los promotores de la restitución podrán quejarse de que la mayoría de los artefactos no se devolvieron, pero se ha hecho mucho por difundir el conocimiento de su existencia, y el gran talento artístico, entre los investigadores etíopes y del mundo, en general”, explicó Alexander Herman, director adjunto del Instituto de Arte y Leyes, organización dedicada a vincular el aspecto legal con el patrimonio cultural.

La compleja cuestión de la repatriación de objetos saqueados resonó en Europa y Estados Unidos durante años sin resolución, aunque parece haber una mayor apertura para tratar el asunto, tanto de parte de los museos de Occidente como de sus gobiernos.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, declaró en noviembre que la restitución de artefactos africanos era una “de las mayores prioridades” de su país. Y en un discurso en Burkina Faso señaló: “El patrimonio africano no puede estar en colecciones y museos privados europeos”.

Mientras, aparecen opciones alternativas a mitad de camino. Hunt señaló que está “abierto a la idea” de un préstamo a largo plazo de objetos a Etiopía, una iniciativa que Alula Pankhurst consideró: “un pasó en la dirección correcta”.

Pero para algunos, eso no es suficiente.

“La restitución de propiedad etíope se trata de respetar la dignidad y los derechos fundamentales de Etiopía”, explicó Kidane Alemayehu, uno de los fundadores del Centro para la Paz y el Desarrollo del Cuerno de África, y director ejecutivo de la Alianza Global para la Justicia: La Causa Etíope.

“Saquear la propiedad de otro país y luego ofrecérsela como préstamo al propietario legítimo debería despertar la mayor vergüenza de cualquier país que se precie de tal”, añadió.

Traducción: Verónica Firme



Tomado de IPS
                                

viernes, 21 de octubre de 2022

AFORISMO y TELAS DE LA MEMORIA.

Dos poemas de NOÉMIA DE SOUSA

 




   AFORISMO   

Había una hormiga 

compartiendo conmigo el aislamiento

y comiendo juntas.   Estábamos iguales 

con dos diferencias:   No era examinada 

y por descuido podían pisarla.   Mas a las dos intencionalmente 

podían situar nuestros rastros

mas no podían arrodillarnos.   


De "Poesia Mocambicana"; selección de Nelson Rossano.   

Traducción del portugués: Wilfredo Carrizales.




.   

TELAS DE LA MEMORIA   

En la caída melancolía del techo 

bolillos de tela bordan soledad 

mientras que suaves susurros de sombras 

en el brillante mutismo del espejo 

recitan estrofas de polvo.   


De "Poesia Mocambicana"; selección de Nelson Rossano.   

Traducción del portugués: Wilfredo Carrizales.


Noémia de Sousa (Lourenco Marques, Mozambique; 1926 - Cascaes, Lisboa, Portugal; 2002). Imagen tomada de Poesía más Poesía.



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Escritor y sinólogo venezolano (Cagua, Aragua, 1951). Reside actualmente en Peking, China, donde estudió chino moderno y clásico, así como historia de la cultura china en la Universidad de Peking (1977-1982). De septiembre de 2001 a septiembre de 2008 fue agregado cultural de la Embajada de Venezuela en China. Textos suyos han aparecido en diversos medios de comunicación de Venezuela y China, entre otros países. También ha publicado los poemarios Ideogramas (Maracay, Venezuela, 1992) y Mudanzas, el hábito (Pekín, China, 2003), el libro de cuentos Calma final (Maracay, 1995), los libros de prosa poética Textos de las estaciones (Editorial Letralia, 2003; edición bilingüe español-chino con fotografías, Editorial La Lagartija Erudita; Peking, 2006), Postales (Corporación Cultural Beijing Xingsuo, Pekín, 2004), La casa que me habita (edición ilustrada; Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2004; versión en chino de Chang Shiru, Editorial de las Nacionalidades, 2006; Editorial Letralia, 2006) y Vestigios en la arena (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2007), el libro de brevedades Desde el Cinabrio (Editorial La Lagartija Erudita, Peking, 2005), la antología digital de poesía y fotografía Intromisiones, radiogramas y telegramas (Editorial Cinosargo, 2008) y cuatro traducciones del chino al castellano, entre las que se cuenta Libro del amor, de Feng Menglong (bid & co. editor, 2008). La edición digital de su libro La casa que me habita recibió el IV Premio Nacional del Libro 2006 para la Región Centro Occidental de Venezuela en la mención “Libros con nuevos soportes” de la categoría C, “Libros, revistas, catálogos, afiches y sitios electrónicos”.

Tomado de Letralia.


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OVEJA EN LA NIEBLA., LOS DURMIENTES Y CONVERSACIÓN ENTRE LAS RUINAS.

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CANCIÓN EN MOVIMIENTO. UN POEMA DE AUDRE LORDE



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LA ESPÍA, de GUILLAUME APOLLINAIRE



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Bai Juyi (Po Chü-i): el poeta que lideró la campaña del Nuevo Verso en la antigua China


"Arriesgando mi vida, di un paso al frente dando mi opinión honesta al emperador por el mejor interés de nuestra dinastía".

Han Yu: fundador del movimiento de prosa clásica en la antigua China


CARTA DEL EXILIADO de Li Po


A UN AMIGO QUE PARTE

UN POEMA DE LI-PO


Dos versiones del poema de Li Po sobre la despedida de un amigo.


La poesía China en El Arpa Jubilosa,

sección dedicada a la poesía en la desaparecida Revista Tricolor.

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