Poetas latinoamericanas Ida Gramcko, la chilena Stella Díaz Varín y la peruana Yolanda Westphalen
Las convidadas invisibles, historia de tres poetas silenciadas
La venezolana Ida Gramcko (1924-1994), la chilena Stella Díaz Varín (1926-2006) y la peruana Yolanda Westphalen (1925-2011) ejemplifican el olvido al que se ha sometido la vida, obra y trayectoria de muchas autoras latinoamericanas
MARÍA ALCANTARILLA
19 JUL 2021 - 11:34 VET
Mucho se ha hablado de la necesidad de revisitar aquello que se dio en llamar el boom latinoamericano, que, por una parte, se ha terminado asimilando como un fenómeno incompleto (debido a la llamativa ausencia de representación femenina. Rosario Castellanos, María Luisa Bombal, Nélida Piñón o Clarice Lispector —por citar solo a algunas de las excluidas entonces— dan buena muestra de ello) y que, por otra, ha mostrado sus costuras, más como un fenómeno mercadotécnico (otra forma de “vender” América Latina) que como un movimiento exclusivamente literario. Sin embargo, la historia en ocasiones “imparte justicia” y, hoy en día, narradoras como Samanta Schewblin, Guadalupe Nettel, Margarita García Robayo, Vera Giaconi o Mónica Ojeda no solo están rompiendo con las propuestas estéticas asimiladas como puramente latinoamericanas (hasta ahora en su mayoría masculinas) sino que han abierto una nueva puerta de comunicación con el mundo y, en cierta medida, están llevando a cabo un ejercicio de disolución de las fronteras —físicas y mentales—.
Con todo, en la actual tesitura, aún sigue presente un escalón que parece insalvable: el hecho de que se siga considerando a la poesía un género de segunda. En este sentido no son pocas las poetas nacidas en los años veinte que, como en una línea paralela, hubiesen debido brillar con la misma luminosidad con que lo hicieron, y aún lo hacen, figuras tan conocidas como Eugenio Montejo, Nicanor Parra, Pablo Neruda, César Vallejo, Drummond de Andrade o Lezama Lima. Silenciar de forma deliberada una gran parte del imaginario femenino aumenta nuestra deuda con la historia. Lo dejó dicho Machado cuando nos advertía de que solo existe la desesperanza cuando aparecen los tres símbolos de la nada: el silencio, la muerte y el olvido. La venezolana Ida Gramcko (1924-1994), la chilena Stella Díaz Varín (1926-2006) o la peruana Yolanda Westphalen (1925-2011) ejemplifican el olvido al que se han sometido, no solo sus vidas, sino sus obras y sus trayectorias profesionales.
Elizabeth Shön
Fe en el destino
“Vivía escribiendo, encerrada dentro de un cuarto —escribe Elizabeth Shön en su Relato sentimental sobre Ida Gramcko—. Le pregunté qué escribía y me dijo que eran poemas, y que los escribía desde siempre. ¿Cómo que desde siempre, Ida? Su mamá me contó entonces que cuando ella tenía cuatro o tres años y medio, empezaba a llamarla, le decía que corriera para dictarle una cosa, «una cosa que tengo aquí arriba en la cabeza». Eso era un poema”. Además de su sensibilidad precoz, Gramcko fue una de las primeras reporteras de periodismo policial en El Nacional y, en torno a 1948 —encomendada por el presidente Rómulo Gallegos—, ejercerá labores diplomáticas como encargada cultural (en realidad se desempeñó como encargada de negocios. Nota del editor) en la Unión Soviética. Nueve años después sufre un doloroso episodio de psicosis que se alargó más de lo esperable pero del que sigue manando una gran obra. No en vano, su propuesta podría emparentarse con la de Rilke, Santa Teresa de Ávila o William Blake. “No eres lo que se piensa —leemos enPoemas de una psicótica—. Eres lo que se ama. No eres conocimiento sino solo estupor. No eres el perfil sino el asombro. No eres la piedra sino lo inaudito. No eres la razón sino el amor”.
Voluntad de paso
“Quise estudiar en la universidad pero el jefe de la familia, que era mi hermano mayor, dijo que estudiar era una tontería, que la mujer debía estar en casa, casarse, tener hijos y mantener su hogar. […] Fue la primera vez que lloré, me acuerdo, sola, con un llanto que exprimía todo mi ser, porque al instante sentí mi vida completamente fracasada”, contaba Westphalen en 2006 para Gaceta Cultural del Perú. Y no se conformó a pesar de que, para ello, tuvo que pagar ciertos peajes (ser esposa y madre era más una imposición que una cuestión de libre albedrío). Terminó doctorándose en literatura en la Universidad Mayor de San Marcos, en 1976, con la tesis Interpretación y análisis de la novela Pedro Páramo, de Juan Rulfo. La emotividad de lo cotidiano, lo que habitualmente pasa desapercibido y que podría resultarnos incluso baladí a ciertos ojos poco experimentados, funda una obra en sintonía con lo que Chantal Maillard refiere: “¿Qué fue de aquella inocencia en la que la percepción, lo percibido y quien percibe era uno y lo mismo?”Westphalen escribe en Palabra fugitiva: “Desde tu infancia quieta llega a sepultarse / en la brisa / tu primera sonrisa. / Héme aquí sola / entre la niebla que presagia un viento interminable”.
Nihilismo rabioso
Hija de un padre relojero anarquista y de una madre descendiente de una familia francesa de alto abolengo, Stella Díaz Varín “La colorina” es una poeta controvertida que supo desenredarse de etiquetas generacionales para regalarle a su sociedad una voz comprometida con su firma. Y, aunque llegó a Santiago en el 47 para estudiar medicina y especializarse en psiquiatría —propósito que abandonó—, terminó por integrarse activamente en la Alianza de Intelectuales. Sin embargo, al tiempo, ese mismo grupo la expulsó alegando traición. Porque, si algo derramaba Díaz Varín era personalidad y voz propia. Al igual que Gramcko, su relación con la poesía es prematura, con un especial ensalce de la figura de su padre, que falleció cuando ella solo tenía siete años, razón por la cual, más tarde, advertimos su interés por las abandonadas, las viudas, las mujeres que han de desenvolverse en solitario. “De ella, la tentadora de la muerte durante ocho siglos, / la que en sus manos tiene dos trigales y en sus sienes de niña / una rama florecida de lágrimas, / de ella la novio que tendió sus velos por sobre los abismos / de ella la vencedora, la cercana / de esa mujer soy hija”.
“El poeta se aferra a las palabras como a un vientre”, nos dejó escrito Gramcko en Poemas de una psicótica. Pero las tres representan esta idea. ¿De qué otra manera podrían haberse emancipado de su tiempo si no fuese por esa férrea convicción en el oficio que las ha hecho, no solo universales, sino voces perennes en la historia? Desde el olvido de sus obras, desde un canon que, a sabiendas, omite su memoria, estas tres poetas siguen hablándonos en presente.
Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes esta entrevista realizada a Ida Gramcko (1924-1994) por el programa televisivo Entrelíneas, conducido por Antonio López Ortega. En el programa podrán disfrutar del respaldo a una exposición homenaje al Premio Nacional de Literatura 1977 Ida Gramcko hecha por la Biblioteca Nacional. Esta exposición homenaje fue hecha en 1990, por lo que deducimos que el programa fue transmitido en septiembre de 1990.
Entrelíneas, fue un programa producido por el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional y hecho en el Centro Au.diovisual de la Universidad Nacional Abierta. Fue transmitido por VTV y la Televisora Nacional Canal 5 de 1988 a 1992. Semanalmente se emitía un episodio (aproximadamente 216 episodios totales) y era un programa dedicado al mundo del libro.
Ahora copiaremos la manía de otro portal cultural venezolano que colocan hasta el nombre de la fotocopiadora que usaron. Y nos haremos autobombo por la magnífica labor que venimos haciendo desde hace años.Toda la labor de transcripción, montaje y selección de fotogramas ha sido hecha, como siempre se ha hecho, por nosotros. Y no podemos negar que somos muy buenos haciendo lo que hacemos...
Entrelíneas. Plantilla:
Instituto autónomo Biblioteca Nacional
Conducción:
Antonio López Ortega.
Producción ejecutiva:
Mercedes Coello
Luna Benitez
Consejo asesor:
Virginia Betancourt
Gustavo Luis Carrera
Consejo de programación:
Antonio López Ortega.
Francisco Pereira
Norma Arocha
Mercedes Coello
Dirección general:
Annabella Maso
Dirección de arte:
Nela Ochoa
Dirección de Campo:
Carlos Camacho
Carlos Rojas
Dirección de estudio:
Carlos Rojas
Dirección técnica:
Castillo Rizo
Producción:
Alberto Márquez
Asistente de arte:
Oscar Ikatti
Post-produccion:
Alberto Cova
Cámara:
Salvador García
Vinicio Morales
Federico Roig
Asistentes de cámara:
Harold Barreto
Bernardo Caripe
Iluminación:
Eduardo Alvarado
Víctor Echeverría
Jaime Hermoso
Sonido:
Néstor Díaz
Héctor Márquez
Orlando Márquez
Música original de Miguel Noya
El programa fue hecho en el Centro Audiovisual de la Universidad Nacional Abierta.
Muy buenas noches amigos de entre líneas la Biblioteca nacional viene desarrollando desde hace ya bastante tiempo un programa de celebración a los Premios Nacionales de literatura. Ya van en lo que serían los dos últimos años aproximadamente 10 entregas de este interesante premio. En este mes de octubre y con con una inauguración a partir del mes de septiembre se dedicó la exposición a Ida Gramcko, una de nuestras escritoras más sobresalientes y también diría yo, más desconocidas, más periféricas .
A través de una presentación del poeta Alfredo Chacón y también de Víctor Pereira, se compiló un excelente catálogo con una cronología, con una bibliografía y también con documentos iconográficos de Ida.
Con motivo pues de este nuevo evento, nos desplazamos hasta su casa, hasta su estudio, hasta su lugar habitual, su lugar íntimo. El lugar de una escritora perseverante, tenaz que no ha cesado de escribir y que se ha desenvuelto con igual Libertad en el campo de la poesía, del ensayo, del teatro e incluso de la reflexión del pensamiento. Veamos pues los de Ida, en su estricta intimidad, en su casa, sobre la poesía y sobre el acontecer poético.
En primer término yo, agradezco enormemente este homenaje a la gran creadora de la Biblioteca Nacional Virginia Betancoutr, a Eduardo Liendo y a los que hicieron la presentación como Alfredo Chacón y Víctor Pereira. Pero siento que este homenaje principalmente o esencialmente me compromete más no solo con mi propio oficio que es la creación, sino precisamente con la receptividad de los lectores, de los que me han leído y tendrán la paciencia de seguirme leyendo. En ese sentido pues me compromete el homenaje que me hace la Biblioteca
Básicamente es otorgar sentido a la vida y otorgar sensibilidad a la vida. Porque fíjate bien, Hablando nosotros diariamente hemos ido degradando el vocabulario. Yo me acuerdo que el profesor Rosenblat, decía que nuestro lenguaje cotidiano era una degradación del canto.
El hombre empezó por cantar, por danzar a sus ídolos en lo primitivo. Es decir hay que renovar, limpiar, despejar de nuevo el idioma. Y en este sentido yo, digo también que es el lenguaje original del Hombre porque lo primero que hubo en esto que llamamos mundo fue el canto y la danza y los ritos primitivos. Entonces lo primero que hizo el hombre fue cantar. Entonces en ese sentido yo creo que tenemos que renovar un poco retomar la actitud original y volver a fundar las cosas, volver a crear el mundo. Claro que no en un sentido geográfico. Crear el mundo como diálogo, como comunicación. Crear el mundo significativo. Precisamente yo creo que ocupa el lugar de La Rebeldía, de la subversión. Aquel lugar al que no convence lo tecnológico. Yo no tengo nada contra la técnica y creo que debe utilizarse pero la poesía vuelve por los fueros de la de la humanidad, de la sensibilidad, de la imaginación. Yo, por ejemplo soy una gran lectora de buena ciencia ficción y todo lo que es tecnológico. En ese sentido me atrae mucho pero creo que la posición del hombre básicamente es de humanización, de rescate de los valores más profundos. Porque fíjate que hoy en día con lo tecnológico el consumidor es el que está en primer lugar. Cualquier cosita nueva que aparece que sea muy curiosa y muy divertida y muy juguetona dispara el deseo de comprar, el afán de comprar es completamente casi neurótico. Entonces claro habría que retomar la la la las ideas del hombre, las sensaciones del hombre ante objetos más más generales o más frescos o más o menos en ese sentido menos maquinales, menos mecánicos. Entonces sí creo que la poesía y todo el arte en general tiene digamos indirectamente la función de revivir un mundo como el primer mundo, como el jardín del Edén en donde todo se nombraba por primera vez.
Claro que no lo podemos hacer exactamente como lo hacían los primitivos, porque somos personas que usamos teléfonos, tenemos televisor pero puede el artista retomar en un momento dado esa actitud primigenia de descubrimiento, de asombro ante las cosas.
Después de estos interesantes comentarios es importante ver la mención, oír mejor dicho la mención de los organizadores de esta exposición. Veamos pues la intervención de Eduardo Liendo, escritor y novelista reconocido quien fue el responsable por Biblioteca Nacional de la Organización de esta exposición
Hay materiales muy diversos. En primer lugar están expuestos todos sus libros, algunos son prácticamente curiosidades porque no se han reeditados desde hace algunos años.
Esta es una muestra hemerográfica muy interesante porque están trabajos periodísticos de Ida Gramcko desde la década del 40. Ida además de ser una extraordinaria poeta tiene la calificación de ser una de las primeras reporteras que ha tenido este país. Y algunos de esos reportajes como el que ella hizo sobre Teresa de la Parra, la gran escritora nuestra. A Juan Liscano le hizo un extraordinario reportaje, a Manuel Segundo Sánchez, a Aquiles Nazoa. Como les decía no son cosas recientes sino trabajos, artículos de la década del 40 y del 50. Esa labor en ella ha sido ininterrumpida. Después hay un registro fotográfico muy amplio de la vida, de la existencia de la poeta Ida Gramcko que es una mujer excepcional. Porque Ida Gramckco es uno de esos seres humanos que tienen un proceso muy interesante de autoconstrucción.
Ida Gramcko es una mujer que no fue tempranamente a la escuela. Ella confiesa que prácticamente aprendió a leer leyendo los avisos de los letreros en las calles de la ciudad. Ella es una autodidacta, fundamentalmente, hasta cierto momento de su vida. Es posteriormente, después de su su juventud cuando ella hace la libre escolaridad de la escuela y del bachillerato, se inscribe en la universidad, adquiere la licenciatura en filosofía, pasa a ser docente de la universidad. Creo que da filosofía del arte y mitología en la Universidad Central y entonces es como otra parte de su vida
Yo me di cuenta de que en muchos aspectos la gente cree que la obra de arte es una improvisación y creen todavía en la inspiración, en el trance y en el rapto. Yo creo que un creador es básicamente, no un Bohemio, sino un obrero y tiene por lo tanto que trabajar y que luchar mucho. Entonces haber estudiado desde el sexto grado, estudié en libre escolaridad y luego filosofía bueno fue una vía para entrar en conocimiento de una serie de autores que yo, en esa época conocía pero no muy a fondo. Entonces me preparé pues en ese sentido y creo que cada día estoy en el mismo temple preparándome, creo que básicamente el artista debe ser una persona enterada no solo de los de los libros o de los filósofos y de los pensadores. Sino de todos los problemas que hay en el mundo.
Habría que agregar a esto que Ida fue también una de las primeras diplomáticas mujeres. Incluso no solamente en Venezuela sino en el Continente. Fue agregado de negocios de Venezuela en Moscú en los años 40 y además es una escritora polígrafa, tiene obra teatral, tiene obra ensayística, todo su trabajo periodístico que es sumamente interesante y su obra poética que según la crítica es la que más la califica como creadora
Tuve la gran oportunidad de conocer era al poeta venezolano francés Roberto Ganzo, que es considerado en Francia como un gran poeta y él en verdad me abrió muchos Horizontes en ese sentido poético. Él tradujo mi libro La Vara mágica al francés. Luego en Moscú, el que era el jefe de la editorial del estado que se llamaba Fedor Kelin, que era un Ruso blanco que se quedó con la revolución. Era un visitante asiduo a mi apartamento, a mi hotel y él también me tradujo al ruso La vara mágica y me pidió una obra de teatro para títeres o muñecos para niños y yo se la hice. No sé qué pasó con eso porque vino La dictadura, yo me vine apresuradamente y las cosas quedaron. Así no que volví a saber de él. Era un tipo cultísimo que hablaba español perfectamente. Esas dos experiencias fueron muy positivas Pero además el contacto con lo que eran los bailes populares, las danzas populares soviéticas, el teatro para niños, el teatro para títeres donde montaban cuentos de hadas de una manera extraordinaria. Todo eso me sirvió de acicate también para escribir lo que hice posteriormente.
Por último a manera de complemento final, vamos a vamos a ver qué dice la crítica. Alfredo Chacón reconocido poeta e investigador literario y quien conociera a IdaGramcko en su juventud. Un conocimiento que fue aparentemente determinante. Igualmente una de sus contemporáneas Elizabeth Shön quien compartió con ella los primeros albores de esta vocación. Veamos sus comentarios:
Es verdad yo la conozco muy íntimamente y tan íntimamente que La tempestad (durante la filamación de la participación de Shön se desató un aguacero. Nota del editor)nos ha ayudado de fondo porque a ida uno de los músicos que más la conmueve es Wagner, y cuando usted público escuche los truenos piense que es la tempestad de Wagner, que no es otra cosa. Porque las dos, los dos son muy afines y no solamente en el sentido de que ella le gusta. Sino que Ida en su poesía es muy wagneriana porque ella es muy fuerte, muy cargada, muy exuberante como es Wagner. Así que no les asuste que esto ocurra.
Yo conocí a Ida desde muy niña y a mí una de las cosas que más me gustaba era verla caminar. Porque cuando ella iba por la calle, ella no caminaba, ella flotaba. Ella iba así como que la llevara el viento y indudablemente que es un fenómeno como poeta. Es un fenómeno y creo que es un fenómeno mundial, porque no es nada más que en América, es en el mundo entero. Ella nació siendo poeta y eso le trae como consecuencia que se diferencie tanto de los demás poetas. Porque los demás poetas buscan el lenguaje, luchan con el lenguaje, a veces hasta tienen un brollo, vamos a decirlo en estas palabras, con el lenguaje, Ida no. Ida cuando tenía 4 años, ella se sentaba en su cama y llamaba a su mamá y le decía mamá, mamá búscame un lápiz porque tengo una cosa aquí, en la cabeza que quiero decir, que quiero decir, que quiero decir. Entonces su mamá venía y ella le dictaba el poema porque ella no sabía escribir. Quiere decir que para ella el lenguaje vino con ella. No fue adquirido, no fue buscado sino está en ella y como yo no he visto en ningún otro poeta
Yo empecé a aprender a leer en los letreros de las calles. O sea que cuando llegué a un colegio de monjas donde no estuve sino un año, que ya fui muy pequeña ya yo sabía leer y escribir. Y hay una anécdota muy hermosa Que muchísimos años después yo estaba en Caracas, una mujer, una persona me dijo que yo había escrito en el pizarrón del colegio uno de mis primeros poemas, el poema decía:
en esa mata de verdosas hojas
como un alma blanca surge
un lirio encantador
es como tu niña y guirnalda
donde en el monte que floreció
Eso era poemas además escritos con letra manuscritas. Entonces yo estoy escribiendo desde que tengo prácticamente 3 años y claro ya mi desenvolvimiento posterior porque no tuve sino un año en ese colegio fue completamente de autodidacta, hasta que vine a estudiar ya entrada en años
Y lo más asombroso de su obra es que lleva una unidad interior increíble. Es como un solo río y de ese río se desbordan cascadas, se desbordan arroyos, se desbordan piedras, se desbordan sombras, es algo verdaderamente único. Por ejemplo en Umbral, ella creo que umbral lo hizo cuando tenía 13 años de edad 12 años de edad, una especie de Mozart. Ella dice así:
No, no no puede ser ni puedo tampoco ser
yo misma hasta que no haya saboreado toda,
toda la hiel amarga y el alcíbar
esto en una criatura de 12 años en Puerto Cabello es un fenómeno. Porque Puerto Cabello en aquella época, era una cosa de ignorancia sobre lo que era la poética, sobre incluso sobre lo que eran los problemas humanos. Y ya esa edad Ida lo estaba dando. Después en La vara mágica que es un libro bellísimo. (Truenos) no no se preocupen que este es Wagner que nos está acompañando Hay un poema que se llama La Cenicienta ella dice algo que la Define totalmente,Define totalmente su obra y al definir su obra se define ella también, porque nunca el escritor o el artista está separada de su obra
porque la vida siempre es ser algo
ser la rosa o la Fuente ser la casa o el árbol
y asombra que después que ella hace cantidades de libros entre los cuales se cuenta a "Poemas" que uno de los libros fundamentales de la literatura universal ella dice que: el alma es un poético proyecto. Es decir, ella tiene la sensación de que para ser poeta no se requiere de eso que llamamos inspiración, sino que hay un desarrollo, hay incluso una voluntad, hay una incluso también una predisposición para llevar a cabo todo lo que está por dentro y por eso es que ella pone: Es un poético proyecto.
Si, se trata pues de lo paradojal que pudiera haber entre lo reflexivo y lo sensible. Es decir yo, no creo que lo que básicamente importe en un ensayo sea lo racional sino lo consciente. Hay que diferenciar razón de consciencia. Hay una toma de conciencia de ciertos problemas de arte o una toma de conciencia de una visión del mundo determinada que uno va a dar. Entonces eso que podríamos llamar lucidez o conciencia también yo creo que es necesario para la poesía. Porque si la poesía es básicamente sensibilidad, imaginación e intuición también creo que ya es el momento en que el autor tome conciencia de lo que está haciendo. Yo no creo ya en inspiración, ni en raptos y ahora ni en eso que está tan de moda que es el inconsciente. Todo el mundo dice: Yo no tuve la culpa porque eso fue el inconsciente. Evidentemente que el inconsciente aportó material, pero el trabajo posterior, que es el del poema es un trabajo consciente
Por una parte Ida fue desde muy joven una reportera, fue una reportera fundadora del diario El Nacional. Ycomo tal rindió una labor enorme no solamente sobre figuras de la vida literaria y cultural sino sobre figuras de la vida nacional en general. Cuya relectura a través de una edición suficientemente bien concebida y realizada sería espléndida. Ida ha sido desde siempre desde ese momento una brillante articulista en varias secciones de la prensa venezolana sobre todo del Nacional durante largos y continuos años. Allí hay un seguimiento atento, demorado y realmente inteligente. Además volcado en una escritura de una espléndida calidad estilística todo lo que ha sido la cultura venezolana desde los años desde los fines de los años 40 en adelante, sobre todo los años 50, sobre todo fines de los años 40 y años 50.
Además Ida es una pensadora de la poesía como decía, cuya obra en ese sentido debe ser también reunida para que pueda ser vista como tal.
Otra fase importantísima de la vida literaria de Ida es la de dramaturgo. Ida Gramcko fue uno de los autores que irrumpió en el teatro venezolano en los años 50 y además a través de una forma muy poco usual del teatro hispánico en general contemporáneo como es el teatro en verso
Yo empecé, es decir ya desde que Fedor Kelin me pidió la obra yo usé un cuento de Hadas, "La hija de Juan Palomo" un cuento español para hacerlo en teatro. No sé si lo hicieron en títeres o lo hicieron teatro para niños. Y luego yo cuando vine a Venezuela empecé a tomar en cuenta leyendas venezolanas: Belén Silvera, posteriormente María Lionza, La mujer del catei, La Rubiera que también es una leyenda e hice obras de teatro basadas en el mito pues venezolano y claro todo eso contribuyó no a despertarme porque a mí ya me interesaba mucho ese aspecto que llaman popular porque arte es arte en cualquier aspecto pero en verdad fue un incentivo muy grande
Lo que ocurre con Ida, es que hoy en día me da la impresión que este tipo de poesía, que es una poesía que tiende a buscar y a ahondar en lo que es la vida, en lo que es el pensamiento, en lo que es el amor, en lo que es la muerte sobre todo. Es una poesía que pareciera no llegarle a a las personas y yo creo que verdaderamente lo que necesita hoy el hombre en este día, es casualmente investigar, indagar esos temas. Porque son los temas fundamentales de él mismo, no son abstracciones, son fundamentos de él mismo. Ida funda en el mundo un un universo poético, quizás uno de los más grandes universos poéticos que tiene nuestra América y lo que a mí me duele, es que hoy en día Ida no tenga el mismo lugar que que tiene un Vicente Huidrobo, un Pablo Neruda, un César Vallejo porque ella está dentro de esa categoría
En cada uno de los géneros sí se encuentran necesidades distintas de expresión. Porque. por ejemplo. a mí me parece que la poesía es un fenómeno mucho más sintético, mucho más condensado que la prosa que se extiende y se despliega. Es decir, en el teatro tú puedes utilizar, es lo que se utiliza personajes y los personajes con su drama particular singular. O sea hay un despliegue un desarrollo digamos de vida más figurativa y lo mismo sucede con la prosa. Claro que un ensayo también hay pensarlo mucho meditarlo y condensarlo Pero no es lo mismo trabajar en poesía, que en un artículo o que en un teatro, no. Hay un elemento humano que se da menos, más desplegado, menos sintetizado en esos otros géneros
Recordemos pues una vez más la exposición dedicada a Ida Gramcko, nuestro premio Nacional de literatura 1976, dentro de la serie de exposiciones bibliográficas, hemerográficas, sonoras y fotográficas de premios nacionales de literatura. Esta exposición, estará abierta a público durante todo el mes de octubre en la propia sede de Biblioteca Nacional, de bolsa a San Francisco.
Y ya que estamos situados en el campo de la poesía y del ensayo hagamos algunos comentarios editoriales de las últimas novedad que hemos recibido. Monte Ávila Editores dentro de su colección pensamiento filosófico ha editado dos libros uno de Heidegger, Martin Heidegger, poeta y mejor dicho filósofo fundamental de este siglo: Shelen y la libertad humana y por otro lado también en esta colección pensamiento filosófico Dieter Henrich Hegel en su contexto, otra traducción en este caso llevada por Jorge Díaz.
Las uvas del racimo de Javier Sologuren, el poeta peruano en esta hermosa colección Tierra Firme. Sologuren establece acá toda su obra de traducción de poetas algunos bastante desconocidos. Como su mismo nombre lo indica Las uvas del racimo viene a ser una Selección rigurosa del trabajo de traducción llevado a cabo por Sologuren desde muchísimos años, otro poeta fundamental de Perú.
La edición en Fondo de Cultura, también en la colección Tierra Firme, del Alfabeto del mundo de Eugenio Montejo, uno de nuestros poetas más fundamentales. Cabe decir que Montejo José Balza y algunos otros más son de los pocos autores y que habría mencionar también a Juan Nuño son de los pocos autores venezolanos publicados por la editorial mexicana.
También la Antología de la poesía hispanoamericana, la contraparte podemos decir del libro de Julio Ortega, esta vez abordada por Juan Gustavo Cobo Borda con una selección, un prólogo Y por supuesto las notas bibliográficas.
La muerte del estratega compendio de narraciones, prosas y ensayos de Álvaro Mutis en Fondo de Cultura económica uno de los poetas colombianos fundamentales residenciados ya desde hace un tiempo en México y de los más importantes también en España, donde Mutis ha tenido una resonancia tremenda en los últimos años
Vamos a darles pues las gracias a ustedes por su asistencia y e los esperamos muy cordialmente el próximo viernes en este mismo espacio Entrelíneas a esta misma hora y por este mismo canal. Muchísimas gracias por su atención, muy buenas noches y hasta la semana que viene
Elisa Lerner : Añoro una Venezuela donde impere la gentileza, no la desolación y el agobio.
Entrevista por José Pulido
Elisa Lerner: musa y voz de la república literaria
José Pulido domingo 20 de junio de 2021
Elisa Lernerpuede inundar tu existencia como si pudiera transformarse en una emanación líquida. Entra en la sangre, circula, ardiente y graciosa, irónica y cortante, despertando emociones. Y te hace ver la realidad con otra inteligencia. Eso es: ella nombra la realidad de otra manera y uno la percibe como si recibiera una civilización que se creía extraviada. Basta leer una sola de sus frases. Y si tienes la suerte de conocerla en persona la fascinación será determinante.
Nunca llegará un tiempo de olvido para la escritura de Elisa Lerner; no habrá jamás un alejamiento de lectores para ella. El ser humano siempre anda buscando una fascinante orilla donde recalar y descubrir lo que desconoce. Y la poética que predomina en su oficio de escritora es como un faro que tarde o temprano atrae a los exigentes. A los lectores que verdaderamente necesitan ese algo más que el arte de escribir logra añadir a las palabras.
Elisa Lerner: “Mi padre a su llegada se avecindó en Valencia. Ahí llegó mi mamá, al año nací yo. El gran afecto de esa breve familia, algo de su disciplina, quizá hicieron de mí una escritora”. Fotografía: Efrén Hernández. Imagen tomada de Crear en Salamanca.
Tampoco podrán comerse sus páginas y borrarlas de las bibliotecas los insectos que devoran el papel: termitas, pescaditos de plata, la polilla, los diminutos escarabajos, que atraviesan con troneras y grutas todos los tomos de la cultura universal. Porque las bibliotecas digitales son una memoria imposible de masticar. Y Elisa será protegida por las nuevas tecnologías. Es una señora sagrada. Su talismán, el cine, ha sobrevivido a todas las generaciones pesimistas, dictatoriales, equivocadas y catastróficas del siglo veinte y lo que va del siglo veintiuno.
La señorita que amaba por teléfono, Imagen tomada de Crear en Salamanca.
Su estilo
En la novela La señorita que hablaba* por teléfono se pueden encontrar muchos tesoros verbales:
En el rectángulo de la esquina seguía incólume la plaza de La República. Ahí el sol parece trajeado por nubes como arrancadas de un velo de novia. No es ese verdugo sin cordura tan frecuente en el trópico. Mi infancia cree recordar, entre los parterres, criadas de uniforme azul ligeramente grisoso y delantales blancos. Trastienda del deseo de los hombres sus traseros muy orondos, sol amigable y tibio instalado en lo bajo con intimidad de vida. Y como en las camareras inglesas de Mayfair una cofia igual de blanca: rosa amputada que ha encontrado cobijo en sus cabezas.
En mi personilla, el sufrimiento de la gordura y el sufrimiento del arte se convierten en la misma cosa. No ha sido la influencia de un Kafka o de un Cortázar lo que me ha conducido a un envidiado triunfo literario, sino henchidos platos de avena Quaker, rebosantes tazas de chocolate. Una mujer gorda no tiene a nadie a su lado. Una mujer gorda sueña siempre. Escribe siempre. ¡Triunfa!
Un trío cultural judío: Al frente Elisa Lernercuando recibió el Premio Nacional de Literatura en el año 2000, a la derecha Gustavo Arnstein y al fondo el dramaturgo Isaac Chocrón.
Voces que resuenan
De su escritura han hablado los seres más luminosos y elevados. Monstruos del habla, grandes escribidores. Pero ella ha permanecido casi encerrada en sí misma. No se aferra a esos reconocimientos, aunque los respeta.
En una carta fechada el 1 de febrero de 1979, Julio Cortázar le hizo aSusana Rotker este comentario: “Excelente el monólogo de Elisa Lerner. Díselo si la ves”.
Alicia Perdomo, quien analizó minuciosamente su escritura y personalidad, escribió lo siguiente:
La escritura de Elisa Lerner es importante porque, por una parte, el conjunto de su obra es una lectura de la historia cultural política y social de Venezuela. Elisa Lerner ha sido, y es, una sagaz lectora, y ha comprendido los procesos que mueven a esta sociedad. También, por otra parte, porque ella recurre a las estrategias literarias del siglo XX; recoge todos los géneros y los revisita logrando articular los vacíos historiográficos en la narrativa de su país.
Manuel Puig comentó un día, hablando sobre su amiga Elisa Lerner: “Comparto su realización estética y ese modo de usar la ironía sin quedarse ahí, yendo más allá”.
Eugenio Montejo especificó su admiración en un prólogo que podría servir para todos los libros de Elisa:
La escritura de Elisa Lerner parece estar guiada por un ojo que, sin distraerse propiamente de ver, se muestra destinado sobre todo a oír. Tal vez sea por esto que las palabras, además de sus significados, trasmiten la impresión de haber sido elegidas por su misterio acústico, por la forma como mejor se adaptan al tempo que gobierna cada párrafo. De los reconocidos dones de su escritura, por cierto, una de las más personalizadas y singulares con que cuentan nuestras letras, el distingo que más a menudo sobresale es el de su habilidad para armonizar las frases, el modo de afortunado acompasamiento mediante el cual se van nombrando las cosas.
Emir Rodríguez Monegal también valoró el oficio de Lerner, pero ella prefirió no escucharlo:
—Entre los dieciséis y los veintitrés años escribí un libro de relatos, pero en el camino se perdió. Y comencé a escribir crónicas y teatro y tenía una novela que se desarrollaba en Nueva York. Cuando conocí a Emir Rodríguez Monegal él se interesó en la novela, yo le leí unos capítulos y me dijo que ahí había una novela estupenda. Pero cometí el error de leérsela a otra persona, porque era como un elogio desmesurado ese comentario viniendo de Rodríguez Monegal para una joven venezolana, y la respuesta no fue buena, entonces me desanimé, no seguí el libro y eso me apartó de la narrativa. Después, quizá por la muerte de mi mamá, la enfermedad, los cambios en el país, me fui hacia la narrativa.
Estatua de Fray Luis de León frente a un patio de la Universidad de Salamanca, España.Fotografía de Victoria Rachitzky
Salamanca
Carmen Ruiz Barrionuevo, directora de la cátedra Ramos Sucre de la Universidad de Salamanca, “una mujer sumamente humana y muy sabia, entrañable”, escribió un ensayo diciendo, entre otras cosas, lo que se lee a continuación:
Elisa Lerner (1932) es un ejemplo, dentro de la literatura venezolana, de acentuada inquietud por el desbordamiento de los géneros de la escritura. Muy recordada por su faceta de dramaturga desde el estreno en 1960 de Una entrevista de prensa o La bella de inteligencia, también publicada en ese mismo año en la revista Sardio, grupo de vanguardia en el que se integró. Le han seguido otras varias obras dramáticas como El país odontológico (1966), La mujer del periódico de la tarde (1976), En el vasto silencio de Manhattan (1964), El último tranvía (1984) y Vida con mamá (1975), todas ellas recuperadas hace pocos años junto con La envidia o la añoranza de los mesoneros en un único volumen que, con el título de Teatro (2004), prologó Rodolfo Izaguirre.
Entre todos esos títulos, sin duda la que le ha dado mayor fama es Vida con mamá, en la que se entrelaza un ininterrumpido diálogo entre una hija y una madre de la ajada aristocracia venezolana, cuyo pasado se confronta con un presente inexorable. En ese espacio dramático, sobrio y desvaído, algunas imágenes olvidadas emergen como fantasmas irrecuperables de lo que ya pasó, como el “traje de novia”, atuendo que evoca distintas vivencias en las dos mujeres, y si la madre setentona destaca que las novias se tomaban retratos con collares “nítidos y disciplinados” en referencia al “ordenamiento a que estaban expuestos los que se casaban” (Teatro: 161), la hija, ya en la cuarentena, ironiza acerca del paradero de tan “dudosos collares” trascendiendo en una crítica que va más allá de sus experiencias cotidianas, pues se llega a preguntar inquisitiva: “El diálogo ¿siempre ha sido un desprestigio en el país?” (Teatro: 162). Tras ese intercambio de frases, chispeante, inconexo adrede, como muestra de su desacuerdo, brotan temas tan trascendentes como el paso del tiempo, la mudanza de las costumbres que ha relegado sus vidas a meras antiguallas: lo que pudo ser y ya no fue adopta en el recuerdo la forma de una visita eternamente esperada.
—En Salamanca dejé una extraordinaria amiga, la profesora, escritora, ensayista e investigadora, doña Carmen Ruiz Barrionuevo, fundadora junto a Gustavo Arnstein —y colaboración de José Balza— de la Cátedra de la Literatura Venezolana Ramos Sucre. Fue su directora durante muchos años. También, buena amiga, la profesora y fina poeta María Ángeles Pérez López—comenta hoy Elisa.
Elisa, Manuel Puig y Guillermo Cabrera Infante conformaron una amistad entre escritores que amaban el cine. Elisa recuerda al autor de Tres tristes tigres:
—El maestro Cabrera Infante estaba orgulloso de su origen judío. En una semana de homenajes que se le hizo en una fundación (creo ya desaparecida: Sánchez Ruipérez), recordó que su familia provenía de un pequeño pueblo español de origen judío. El pueblo se llamaba Cabrera. Recordaba con enorme afecto a sus amigos judíos de juventud en La Habana. Hollywood, en parte, creo que para él era una metáfora judía. Agradeció a las autoridades franquistas que no le hubieran dado residencia finalmente en España. Prefirió Londres como exilio y ver a los españoles estrictamente cuando le urgían compromisos en Madrid. En mí quizá apreciaba la mescolanza judía-caribeña. Le oí reír más de una vez las pocas veces que le llamé; en un momento no lo hice más, abrumada por cosas que debía resolver, y creyó que ya me había ido para Venezuela. Visité a Cabrera Infante en Londres y a veces le llamaba desde Madrid. Ahora entiendo más que nunca el serio dolor que le embargaba. Recuerdo que su último saludo para mí fue: “Lerner, Hollywood”.
Elisa Lerner: “Quizá sin darme mucha cuenta viví el país petrolero, pero también algo de la ilusión de libertad que se gestó todavía bajo la pobreza del posgomecismo”.
La breve familia
Viviste de alguna manera la Venezuela que fue refugio para los crudos recuerdos de los campos de concentración, del sufrimiento judío. ¿También lo escribiste?
No recuerdo haberlo escrito. O, muy de pasada. Mi padre llegó al país de seguro acorralado por la depresión económica del año 1929 del pasado siglo que dejó su nefasta secuela en un confín tan lejano como Nova Solitza, una pequeña ciudad de la Besarabia, entonces de Rumania, en la frontera con Rusia. Antes su hermano mayor había probado suerte por diez años en los States, regresó para casarse con una chica del lugar. Eran tres hermanos, luego emigró, aunque era el más mundano, a lo que ese momento era conocido como Palestina. Mi padre, de esencia tan religiosa, inexplicablemente tomó rumbo para Venezuela. El menor se quedó con los padres y corrió la peor de las suertes. Recién casado, murió junto a su joven mujer y sus padres me figuro ya no tan jóvenes, baleados camino del campo de concentración de Transnizia. De esta última noticia tan penosa me he ido enterando con mayor precisión al paso de los años. Mis padres eludían mencionar los “lagers”. Mi madre se resistía a viajar a los trópicos. Llego finalmente en 1931 con mi hermana Ruth, una niñita de tres años y medio. Ella era de una ciudad considerada importante, de habla alemana, Chernowitz (Bucovina); ahí habían convivido diversas culturas bajo el sabio mandato del Kaiser Francisco José, a quien evocaba amorosamente bajo el nombre de Kaiser Franciolo. Todo ese mundo idílico pareció terminar al final de la primera guerra mundial. Quizá con la guerra mi madre no llegó a culminar el “gimnasium” sino que vino la pobreza, la ruina para la familia. Ella sólo recuerda con algo de sosiego los viajes que para entonces pudo hacer en compañía de su progenitor a algunas ciudades checas. Desde entonces siempre amó Checoslovaquia. Mi padre a su llegada se avecindó en Valencia. Ahí llegó mi mamá, al año nací yo. El gran afecto de esa breve familia, algo de su disciplina, quizá hicieron de mí una escritora.
(Nota pertinente: Su padre se llamaba Noich Lerner, de Nova Solitza, ubicada en Rumania, pero ahora es territorio ruso, y su madre se llamaba Matilde NaglerPéretz, nacida en Chernowitz, la Pequeña Viena rumana, que actualmente le pertenece a Ucrania).
Viviste la Venezuela del petróleo y sus signos de modernidad en un país agrícola y también la escribiste.
Quizá sin darme mucha cuenta viví el país petrolero, pero también algo de la ilusión de libertad que se gestó todavía bajo la pobreza del posgomecismo. De esto último sí creo haber escrito algo. Durante los años de Pérez Jiménez me parece que, por momentos, vivimos un país del lucro. Pero aparecieron libros espléndidos de poesía como Elena y los elementos, deJuan Sánchez Peláez; Poemas, deIda Gramcko; La espiga amarga, deLuz Machado, y esa encantadora revelación que fue La gruta venidera, deElizabeth Schön. Pudimos leer la gracia de los relatos de donJulio GarmendiaenLa tuna de oro. Admirar al mismo don Julio que se paseaba vespertinamente como un fantasma desocupado a lo largo de la avenida Urdaneta. Además, fue el comienzo del teatro moderno en Venezuela con puestas en escena irrepetibles como las dirigidas por Alberto de Paz y Mateos. A comienzos de la década de los cincuenta aparecería la revista Signo con los estupendos reportajes nunca firmados de Ramón J. Velásquez. Durante ese tiempo de castigo los momentos fugaces de amistad por parte del doctor Velásquez (pasó tiempo en la cárcel) fueron hacia mí de aprendizaje y de clementes visitas para mi familia. Y, en el diario El Nacional, la columna diaria de Alejo Carpentier fue la mayor dádiva.
Elisa estudió la primaria en la escuela José Enrique Rodó, de Cipreses a Velásquez, y el bachillerato entre el liceo Fermín Toro (de primero a cuarto año) y el Aplicación de El Paraíso (quinto año). En el ambiente liceísta conoció a varios jóvenes que después integraron con ella el grupo vanguardista Sardio: Adriano González León, Luis García Morales, Guillermo Sucre y Rodolfo Izaguirre. El siempre visionario Izaguirre dijo en una ocasión: “Elisa era nuestra escritora antes de haber escrito nada”. Aunque su verdadera pasión era la escritura, ingresó en la Universidad Central de Venezuela, en los años cincuenta, para estudiar leyes. Dos de sus maestros fueron Rafael Caldera y Jóvito Villalba. Se graduó de abogada, pero se quedó ejerciendo como escritora).
Conociste la verdadera magia del séptimo arte y de alguna manera creaste una visión de conciencia crítica a través de sus historias, y la incorporaste a tu escritura.
No estoy tan segura. Cada uno por su lado, tanto mi mamá como mi papá, a veces juntos, me llevaron desde muy pequeña a una sala de cine quizá por añoranza. Lo tengo dicho: éramos una familia breve y, durante las proyecciones podíamos proveernos de una familia cercana. “Mira”, me decía mi mamá, “Luisa Rainer es judía, Paul Muni es judío, Norma Shearer está casada con Irving Thalberg que es un productor judío”. Lo de mi papá eran Charlie Chaplin y las películas de Nelson Eddy con Jeannette McDonald. El cine (aparte de que podía ser divertido) nos daba parentesco, pertenencia.
Tu narrativa ha sido desde un principio una voz original, culta, irónica, que le pone nombre a los hechos, a los gestos, a la experiencia, y esa originalidad fue reconocida en una etapa determinada de buenos lectores. Creo que si hubieras realizado tu obra en Europa o Estados Unidos habrías sido tan considerada como cualquier autor de los que han nominado, mencionado o ganado el Premio Nobel. Esa es mi opinión sincera de lector, ¿no lo has pensado alguna vez?
De manera alguna. Lo consideraría una extravagancia de parte mía.
¿Cuánta familia te queda?, ¿cómo haces para sobrevivir en un mundo tan cruel y duro como el que hoy tenemos?
Tengo dos sobrinas y tres sobrinas nietas. Tres fuera desde hace años. Trato de molestarlas lo menos posible. Si no tuviera glaucoma, esa distraída ceguera, desde tan temprano, quizá sobreviviría mejor. No tuve el lujo como herencia.
¿A qué se debe que tus novelas y todo lo que has escrito no ha sido traducido y lanzado al mercado internacional?
No me lo he preguntado.
Rafael Caldera, profesor de Sociología Jurídica, decía: “Doña Elisa Lerner, escritora”
Has expresado, has interpretado el país como nadie lo ha hecho, ¿cómo lo mencionarías hoy?
No me atrevo a tomar como cierto lo que dices. De seguro influyó haber vivido en una calle variopinta del centro de Caracas. A las maestras sabias que tuve en la escuela federal pública. A la temprana lectura del diario El Nacional con su prédica antigomecista y a favor de la república liceísta. A haber estudiado y compartido con estudiantes muy politizados durante mis años de secundaria. A la honda herida irreparable que causó a nuestra generación, yo acababa de cumplir dieciséis añitos, la caída de la presidencia de don Rómulo Gallegos. A que cuando comencé a estudiar primer año de Derecho y algunos profesores al pasar la lista decían: “Fulano, bisnieto de Rojas Paúl”, “Fulanita, tataranieta del general Urdaneta”, “Fulano, sobrino del doctor Jiménez Rebolledo, ministro de la Defensa del general Gómez”; al contrario, el doctor Rafael Caldera, profesor de Sociología Jurídica, decía: “Doña Elisa Lerner, escritora”. Todo a resultas de un pequeño trabajo que escribí para un seminario de la novela venezolana que, paralelamente, daba los sábados en la mañana el doctor Caldera. Más que un inmenso y anticipado elogio para la muchachita de dieciocho años cuyos padres no hablaban español en casa, afianzó en mí ese sentido de pertenencia que mi madre buscaba para su pequeña hija llevándola al cine.
"La sonrisa en don Rómulo Gallegos era una mariposa preciosa y no demasiado atareada. Desaparecía pronto del rostro”. Imagen tomada de Letras sobre Letras.
Sobre Gallegos
Elisa Lerner meditó bastante sobre lo que significó la caída de Rómulo Gallegos como presidente de la república:
“Pero algo maravilloso habría de ocurrir en los breves días presidenciales de 1948. Lo diré con las frases de una antigua pasión literaria. Para los jóvenes que apostábamos a ser escritores se ocultaron los machetes que arruinan la sangre de los bosques. ¿Quién lo creería? Era frecuente nuestra aparición en la primera página de los diarios. Se nos ilusionó, por un tiempo, con lo que nunca fuimos: un país para la inteligencia y la creación literaria (…). Respecto a la caída de Gallegos se invocan muchas buenas y malas razones. Es como en Rashomon, singular película japonesa que viera en mi juventud, donde cada quien adelanta una versión distinta, dispar, del crimen. Mi creencia es que Gallegos se viene abajo no por una razón política determinada. Responde, más bien, a que el alma nacional, para nada, es literaria. En este país, no en balde, los escritores somos almas en pena”.
(Después, Elisa contó esto, cuando recibió un homenaje en la Feria del Libro de Chacao: “No me di cuenta de que, de alguna manera, fui resarcida de un despecho primerizo cuando, hacia 1958, casi a rastras llevada por mi hermana, fui a conocer en su casa de Altamira a don Rómulo Gallegos recién llegado de su exilio mexicano. Con esto rindo justísimo homenaje a nuestro primer ciudadano cultural y esclarecido vecino del municipio Chacao. Mi timidez me dejó ver poco. Había un barullo de gente en el balcón. Pero, aún con talante que quería ser amable, quizá lo era, don Rómulo Gallegos semejaba estar sólo como una torre en la oscuridad. Era un viudo en toda la regla. Viudo de su amada esposa Teotiste y viudo de la traición del 24 de noviembre de 1948. Temo que nunca se recuperó. La sonrisa en don Rómulo Gallegos era una mariposa preciosa y no demasiado atareada. Desaparecía pronto del rostro”).
Pongo en este lugar otro fragmento del discurso que Elisa pronunció en la Feria del Libro de Chacao:
“Los escritores no están muy acostumbrados a homenajes o reconocimientos. Al contrario, casi siempre han sido inquilinos provisorios del país. Nada extraño que así suceda o haya sucedido. Las borrascas de la historia siempre quisieron asestarle un dardo fulminante a lo que fue lucha y afirmación civil; decorosa paciencia donde atesorar un futuro en el que cupiéramos todos en el espejo sin romperlo.
”La más bella página literaria, en definitiva, es esclarecimiento civil. Estupendos escritores de mi generación y otros de períodos anteriores rindieron su vida en medio de la mayor displicencia. Se suele escribir desde un coraje de soledad. No a la búsqueda de brillos para un abecedario pasajero. La lentejuela suele ser anecdótica. Un país es su varia gente, los pájaros —trabajadores incansables que vuelan entre cielo y tierra— y los árboles de las plazas saludando como pañuelos verdes cuando algún airecillo mueve la fronda. Pero, de igual manera, el país es la batalla de la tinta silenciosa del escritor donde, también, le va la sangre”.
Elisa Lerner sobre Manuel Puig: “Manuel no era dócil. No le gustaba todo el mundo. Era muy observador”.
Última pregunta, retornando a Manuel Puig
Creo que tú misma eres obra de tu imaginación y de tu don de escritora. Creo que tu talento milagroso que convierte palabras comunes en bellezas descriptivas y determinantes, sólo ha tenido un similar en Manuel Puig, en especial porque ambos supieron ver lo que significaba en la gente el lenguaje del cine. Él me dijo una vez que no sentía influencias literarias, que sentía más la influencia cinematográfica. Cuando le hablé de la amistad contigo, que nos era común, me dijo más o menos esto, según recuerdo: “Comparto su realización estética y ese modo de usar la ironía sin quedarse ahí, yendo más allá”.
¿Qué podía decir sobre sus muestras de afecto que no se desbordaban con facilidad? En Manuel, como es bien sabido, privaba una severidad tremenda y eso incluía la elección de sus amigos, de sus afectos.
Creo que la última vez que vi a Manuel fue en 1978 en Nueva York. Presentaban Vida con mamá, si mal no recuerdo, en la Universidad de California, y aproveché varios enlaces de avión para llegar a Nueva York y verme, sobre todo, con Manuel.
Sí, con Manuel y su mamá fui a la ópera, no recuerdo cuál, en el Lincoln Center. La mamá era una señora blanca, muy amable. No dejaba todo el tiempo, todo el tiempo, de darme las gracias por lo que yo había hecho por su hijo durante la estadía venezolana de medio año de Manuel. Yo me sentía confundida. Yo no había hecho nada. Fabulaciones de Manuel. Sí, creo que por un tiempo me encargó que me comunicara con la persona que en Caracas estaba a cargo de sus derechos de autor. Creo que un español muy simpático de apellido Verde. No recuerdo la editorial. Manuel no era dócil. No le gustaba todo el mundo. Era muy observador.
Manuel siempre me pareció guapísimo, el pelo sí comenzaba a escasearle; era de buen tamaño. Quizá ese cuerpo no lo acompañaba en la guapura. Porque, finalmente, era un cuerpo de hombre.
Cada mañana (durante esos días), Manuel me llamaba para puntualizar mi agenda. Recuerdo que me recomendó que fuera a ver a Greta Garbo en Mata Hari en el cine de la calle Bleeker, cine y calle muy conocidos por esta servidora.
Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.
Vive en Génova, Italia.
En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado acreadores y artistas.
(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este correo: jipulido777@gmail.com)
Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras.Ha sidoinvitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova.Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova.
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