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miércoles, 17 de diciembre de 2025

2025: LA UNIVERSIDAD DE CARABOBO SIGUE DESTRUYENDO SUS LIBROS.
¿Qué vaina es ésta?

 


¿Qué vaina es ésta?


¡Vamos hacía delante o para atrás !

Qué alguien me lo explique...de manera clara !


Trabaje durante 25 años en la Universidad de Carabobo, como obrero, limpiador y recogedor de basura, Recuerdo todos los días Mi amada y respetada Alma Mater. A la cual le debo tanto, la que me cobijó y logró comprender muchos pasajes de mi vida y del país.

La Casa que acoge a las Sombras. El gobernador Lacava de saco colorado y a un costado la rectora de la UC, Jessy Divo de Romero.
  
Logré empaparme de ideas sobre el socialismo verdadero, no esa entelequia opresiva que pregona el PSUV y Nicolas Maduro. Allí conocí a muchos estudiantes y profesores buenos, de verdad verdad atípicos, pensantes y críticos, polémicos...



No puedo aceptar que un atajo delincuentes cobijados cómo "Autoridades Universitarias" y alcahuetas disfrazados de representante gremiales hayan permitido el ultraje que se ha cometido contra la dignidad y solemnidad Universitaria. Su infraestructura ha sido violentada, sus laboratorios asaltados y desmantelados por el hampa común y la otra hampa...no tan común.

A la IZQUIERDA Orlando Baquero organizador de la muestra Rostros de Letras y funcionario del centro de interpretación Histórica de la UC. En el centro Jessy Divo de ROMERO , RECTORA DE LA UC y a la derecha Pablo Aure, SECRETARIO DE LA UC.

En este gobierno se le ha declarado la guerra al pensamiento, sobre todo si es crítico.




Hoy me enteré que la biblioteca de la Facultad de Ingeniería fue desmantelada, sus libros botados a la basura, simple material de reciclaje. Tesis, ascensos, libros científicos, muchos años de investigación a un perol de basura. La misma suerte le toco a la biblioteca de la FACULTAD DE CIENCIAS DE LA SALUD Dr. Witremundo Torrealba, también destrozada y saqueada.



Vamos en retroceso pero...no sabíamos cuánto 



Cuándo dejamos de amar el conocimiento, cuándo dejamos de sentir curiosidad, creo que, hemos perdido el rumbo y sentido de la vida. 

Ruggiero Rescuing Angelica by Gustave Doré




Atentamente, 


Alexis Hernández Castillo


Grafiti ubicado en la avenida Bolívar frente al rectorado de la Universidad de Carabobo





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lunes, 17 de agosto de 2020

“LA LADRONA DE LIBROS”, DE MARKUS ZUSAK




Crónicas del Olvido.


El incendio provocado  en la Biblioteca central de la Universidad de Oriente (UDO)  consumió una colección bibliográfica de casi 120.000 ejemplares, valorada en más de un millón de dólares y con un peso cultural incalculable.


Mientras queman la Biblioteca Central  de la UDO, en la Universidad de Oriente, retomo este texto de 2018.


**Alberto Hernández**


**Para mi nieta Nathalia Soteldo**

1

Por la ventana entra la luz del patio. Es una luz intensa, casi líquida. Se derrama sobre la cama donde reposamos yo y un montón de libros. Tengo la espalda suturada y una prótesis de titanio habita mis vértebras lumbares. A mi alrededor las voces de mis hijos y de mis dos nietos mayores, Nati y Daniel. Están en brazos de sus padres. Y yo desde mi levitación horizontal los saludo. Ellos sonríen, se aproximan y me besan.

Los días corren lentos. El dolor ha ido desapareciendo, aunque una contractura muscular puso a prueba mi reconocida cobardía ante los apremios del cuerpo.



Ya tranquilo, estiro el brazo derecho y me hago de algunos de los tomos que duermen conmigo en la gran cama de mi hija Rebecca. Veo la portada y me sorprenden los ojos azules de una niña quien lee un libro titulado La ladrona de libros, de Markus Zusak, pero no es cierto. Es un juego gráfico en el que una niña sostiene el libro con ese nombre. Juego de espejos, de transfiguraciones. Ella es la misma, su otra con la mirada que me ve.

De portada oscura, abro sus páginas y leo el libro.


Liesel Meminger (Sophie Nélisse) cogiendo un libro de la casa del alcalde en la película La ladrona de libros. Imagen tomada de Cine de escritor.


2

Nathalia es muy curiosa. A su corta edad, cinco años, se aproxima a mi cama y me saluda con una sonrisa que me alivia. Entonces ve los ojos de la niña —imagino los de Liesel Meminger, la autora del primer libro robado: “Manual del sepulturero”. Ella me pregunta cómo se llama ese libro.

La ladrona de libros —le respondo.

—Quiero verlo —me dice.

—¿Ya sabes leer?

—No, pero quiero verlo.

Y así fue. Lo vio. Se lo llevó al recibo y al rato lo trajo de regreso.

—Me gusta ese libro.

—Pero si no los has leído.

—Pero cuando aprenda lo leeré.

—Claro que sí, siempre estará allí para ti.



3

Cada vez que Nati viene a casa me habla de La ladrona… Toma el pesado volumen en sus manos de la biblioteca y me dice que le lea algo.

Hasta ha dormido con él cuando se queda en casa. En esta casa de libros.

Ya puedo caminar. Me siento con ella y lo hojeamos. Le leo unos párrafos y ella cree entender.

De esa aventura con Nati han pasado ocho años. Ya tiene trece y estudia bachillerato en un liceo de Montevideo. Me acaba de escribir y me dice que ya ha leído el libro dos veces, porque consiguió un ejemplar en préstamo en la biblioteca de su escuela.

La niña se emparenta con una historia tan terrible. La de unos personajes niños que viven en medio de una sociedad dominada por Adolfo Hitler. Niños testigos de la quema de libros en las calles de Alemania. Niños que ven el fanatismo de los primeros años del nazismo y el comienzo de la persecución contra los judíos. Niños que roban libros de la casa de un alcalde para leerlos o guardarlos. Niños que andan juntos, alemanes arios y alemanes judíos, a escondidas, porque los soplones son capaces de todo.

El relato escrito para jóvenes, como otros libros donde impera ese clima de la historia, se ampara en la solidaridad, en el encuentro de personas que se protegen de los militares nazis, de los nazis civiles. Personajes que ocultan a un joven judío en el sótano de una casa mientras la lectura los enaltece, los fortalece.

Toda una aventura que mi nieta Nathalia Valentina ha sabido llevar en su vida de niña y ahora de adolescente. Lectura que la hará firme, más bella de espíritu. Más decente, más ser humano.



4

Doy las gracias a ese autor australiano, nacido en Sídney en 1975, quien cuenta esta historia que se hizo extensa pero que recoge un trozo de esa dolorosa experiencia europea.

Y mientras Nati lee “La ladrona de libros”, Oriana, otra de mis nietas, vuela con “El principito”. Ya veremos qué sale de allí.

La Ladrona de libros. Trailer.



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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Gallina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 



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lunes, 31 de octubre de 2016

La biblioteca en la mira





Estimados Amigos

La polemica sobre la destrucción de los libros en la Universidad de Carabobo continúa vigente y por esta razón compartimos con ustedes este texto de nuestro amigo Carlos Yusti.

Deseamos disfruten de la entrada aunque trate un tema tan oscuro como los bibliocaustos .

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Carlos Yusti

Jueves 27 de octubre de 2016


El escritor y siquiatra Pedro Téllez ha expuesto la destrucción de la biblioteca del Departamento de Salud Mental de la Universidad de Carabobo: “…más de 10.000 valiosos libros reciclados como papel o algo peor, sólo dejaron los esqueletos de una docena de estanterías metálicas: ya no están los tomos de la Enciclopedia Latinoamericana de Psiquiatría, ni clásicos de la fenomenología, primeras ediciones de Philippe Pinel del Siglo de las Luces, fundador de la psiquiatría, o los traducciones de Freud, Kraepelin, sus refundadores; la tesis de grado en su original del médico y nuestro primer crítico literario Jesús María Semprum, primeras ediciones de Sardio y del Techo de la Ballena, libros de Antonin Artaud dedicados a José Solanes

A la derecha Orlando Baquero organizador de la muestra Rostros de Letras y funcionario del centro de interpretación Histórica de la UC

En fin: una maravillosa mezcla de psicología, sociología y literatura, una biblioteca que era cuatro bibliotecas, tirada a la basura” (“La Universidad de Carabobo destruye sus libros”). Por ironías del destino este acto de idiotez terrorista suprema coincide con dos hechos, el primero fue una exposición de fotografía: “Rostros de letras: 26 lectores que hacen país”, en la sede del Centro de Interpretación Histórica, Cultural y Patrimonial de la Universidad de Carabobo (antigua Facultad de Derecho). Exposición que se editaría después como libro. El otro hecho es que el lema de la Feria Internacional del Libro de la Universidad de Carabobo 2016 (Filuc) es “Bibliotecas en la mira” y, según palabras de sus organizadores: “Con este lema nos planteamos un doble objetivo: revalorizar los roles de las bibliotecas y señalar las posibles amenazas que ellas afrontan en la dinámica social de hoy”.



Nuestra querida Universidad de Carabobo es un caldo de cultivo (me refiero a las autoridades pasadas, presentes y futuras) de ignorancia doctorada, política de la más baja estofa y las triquiñuelas liliputienses de un microcosmos de poder en ocasiones disfrazado de izquierda liberal, pero que en el fondo es sólo un ejército chapado del conservadurismo más rancio. Es decir, la godarria valenciana con ínfulas. Por ese motivo no me extraña que vendan las bibliotecas enteras para reciclarlas como pulpa de papel. Como tampoco es inverosímil muchos años ha de la máquina de escribir, que uno de los rectores que tuvo la UC, y de cuyo nombre no quiero acordarme, mostrando la maqueta de lo que sería la nueva universidad y ante la intriga de algún despistado asistente que preguntó dónde estaría el edificio de la Biblioteca Central, tan campante dijo que ese edificio no estaba proyectado en la maqueta “porque a futuro no habría libros en papel, sino libros virtuales, y en tal caso una biblioteca central carecía de sentido alguno”. Palabras más, palabras menos.



Como es lógico, en el libro Rostros de letras: 26 lectores que hacen país, aparece la actual rectora Jessy Divo de Romero. Por supuesto alguien que lee presupuestos, cartas, memos y demás papelería administrativa es en definitiva lectora. Con los restantes lectores del libro pasa igual, pero verdaderos lectores apenas hay tres o cuatro. Lo escrito por Alberto Manguel le calza a estos lectores de medio pelo: “Confundimos información con conocimiento, terrorismo con política, juego con habilidad manual, valor con dinero, respeto mutuo con tolerancia altiva, equilibrio social con comodidad personal. Creemos que estar contentos (o creer que estamos contentos) es ser felices. Quienes están en el poder nos dicen que para sentir placer tenemos que olvidarnos del mundo, someternos a normas autoritarias, dejarnos subyugar por míseros paraísos, deshumanizarnos. Pero el auténtico placer, el que nos alimenta y nos anima, tiende a lo contrario: a tomar consciencia de que somos humanos, de que existimos como pequeños signos de interrogación en el vasto texto del mundo. Quienes tenemos la fortuna de ser lectores sabemos que es así, puesto que la lectura es una de las formas más alegres, más generosas, más eficaces de ser conscientes”.

 Jessy Divo de Romero

Quemar libros hoy es de mal gusto, aparte de lo llamativo y subrayado por eso es mejor reciclarlos, sin mencionar que nuestro espíritu ecologista lo agradece mucho. La ignorancia no es el leitmotiv que mueve a los destructores de libros, sino el miedo. Leer es un encuentro con la inteligencia, el placer, la memoria y todo eso, junto o separado, de alguna manera es aterrador y deslumbrante para cualquier mente acunada en su confort de estrechez, en esa comodidad de blanco o negro y en el cual los grises no existen. El lema de “Bibliotecas en la mira” de la Filuc 2016 responde a esa fuerza que alienta a todo destructor de libros. Y me hace pensar en esos rifles peliculeros con mira telescópica y altamente tecnologizados para siempre dar en el blanco.

Ruggiero Rescuing Angelica by Gustave Doré

Uno, que nació en un barrio y que se hizo lector por su cuenta y riesgo, sabe que los libros son objetos que despiertan temor y respeto al unísono. En el barrio de mis andanzas juveniles por lo general andaba con un libro y los frotaesquinas que tiene todo barrio me veían y notaban que mi única arma era una libro; luego alguno decía: “Estudia y lee para que no seas como nosotros”. En un fragmento del poema Orlando Furioso, de Ludovico Ariosto, Atlante se enfrenta a la bella hechicera Bradamante y lo único que tiene para defenderse de los ataques es un libro. Manguel ha escrito que “compartir el conocimiento del mundo y de nosotros mismos: éstos son algunos de los poderes (y peligros) que encierran los libros, y algunas de las razones por las cuales los amamos y los tememos”.

Pedro Téllez. Fotografía de Yuri Valecillo

Toda biblioteca es en ocasiones más subversiva que sus conspicuos dueños. Borges, que era gran lector, pero algo constreñido y un poco facha en sus alocuciones orales, imaginó esa biblioteca total donde había grupos dedicados a destruir los libros, destrucciones que apenas causaban daños ya que la biblioteca era infinita, o como lo escribe el escritor argentino en las líneas iniciales del cuento: “El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente”.



Hoy esa biblioteca total podría ser la Internet y quizás el libro desaparezca de su forma física como la conocemos, pero los libros seguirán ahí en la memoria humana y quizá en un futuro las bibliotecas del mundo se convertirán sólo en museos del libro, pero la lectura seguirá forjándonos, amasándonos y moldeando nuestro sentido de humanidad e inteligencia a pesar del poder y sus burócratas cancerberos.


Tomado de Letralia

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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


 Tomado de Letralia


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martes, 25 de octubre de 2016

2016: LA UNIVERSIDAD DE CARABOBO DESTRUYE SUS LIBROS


Arco de entrada al psiquiátrico de Bárbula. Actualmente es el arco de entrada de la Universidad de Carabobo



Estimados Amigos

Hoy tenemos el gusto de regalarles este texto del escritor y médico Pedro Téllez que nos entristece. Lo que leerán a continuación muestra la esquizofrenia cultural que padece nuestra Universidad de Carabobo frente a los libros. Téllez nos pone al tanto de como la UC destruyó la Biblioteca del departamento de salud mental sin derramar lágrima alguna, ademas de ponernos al tanto de la destrucción por los pobres criterios bibliotecarios que se manejan en el alma mater carabobeña.

Curiosamente este triste suceso es muy similar al que hace algunos años se dio en el estado Miranda cuando Diosdado Cabello fue gobernador y que reseñamos en este blog en la siguiente entrada:


También podemos citar el triste papel que la gobernación de Francisco Ameliach ha tenido desde que asumió al cargo. cuando se perdieron libros de gran valor en la biblioteca de la Casa Paéz cuando defenestraron tristemente a Luis Ovalles Urriola y el cierre de bibliotecas públicas y el triste estado de la biblioteca pública central Manuel Feo la Cruz como expusimos en esta entrada:

Reflexiones Urbanas. El paro atravesado



También le participamos a todo ustedes que este texto fue publicado en el diario Notitarde y que fue victima de la censura. El articulo salió publicado en la versión papel, era demasiado caro recogerla, pero en la versión web del diario solo duro una hora colgado. Desde las 12 am hasta la 1:00 am del día 23 de octubre. Verifiquen entrando a la sección Lectura tangente pulsando aquí y vean que este brilla por su ausencia




Por estas razones decidimos compartir con ustedes este texto porque es necesario defender el patrimonio cultural de nuestra localidad.




Lean con profundidad y saquen sus conclusiones.

Atentamente

La Gerencia

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Venimos de la Universidad de Carabobo y a la Universidad de Carabobo vamos, nunca hemos dejado de ser estudiantes, de pre o post grado, por eso nos duele escribir las líneas que siguen. En realidad, la Universidad no es una sino dos: Hay la universidad Dra. Jekyll y la universidad Sra. Hyde, (recordando a Stevenson). La Universidad de Carabobo Dra. Jekyll  organiza la FILUC: 17a Feria Internacional del libro. Universidad de Carabobo Sra. Hyde replica: “Bibliotecas en la mira (y con el dedo en el gatillo)”. Mitad Ariel, mitad Calibán


Esta edición junto con el original francés fue destruido

En las recientes vacaciones de agosto se destruyó la totalidad de la biblioteca del Departamento de Salud Mental de la Universidad de Carabobo: mas de 10.000 valiosos libros reciclados como papel o algo peor, solo dejaron los esqueletos de una docena de estanterías metálicas: Ya no están los tomos de La enciclopedia Latinoamericana de Psiquiatría, ni clásicos de la fenomenología, primeras ediciones de Philippe Pinel del siglo de las luces, fundador de la psiquiatría, o los traducciones de Freud, Kraepelin, sus re fundadores; la tesis de grado en su original del médico y nuestro primer critico literario Jesús María Semprum, primeras ediciones de Sardio, y del Techo de la Ballena, libros  de Antonin Artaud dedicados a José Solanes. En fin: una maravillosa mezcla de psicología, sociología y literatura, una biblioteca que era cuatro bibliotecas, tirada a la basura. 


Un libro de 1804 destruido por la Universidad de Carabobo.

Este crimen, cuyos autores intelectuales son las autoridades, ocurrió exactamente un mes antes de la 17ª Feria Internacional del libro cuyo tema central son las bibliotecas. 



La Universidad de Carabobo  Dra. Jekyll publicó los ensayos de Fernando Báez. Empieza: “Los intelectuales han sido los más grandes enemigos de los libros”. Desde ya discrepamos. 


ERANOS  yearbook

En el caso de la “Universidad de Carabobo Sra. Hyde” ha sido producto  de la ignorancia, desidia, falta de universitas. No se debe a ningún mito apocalíptico o biblioclastia. Recordamos otros antecedentes: La extinta biblioteca “Boris Zerpa” de sociales de la Facultad de Educación, allí se botó entre otros la colección completa de los  ERANOS  yearbooks, desde los años treinta hasta los últimos números en los ochenta, (lo que no hizo la Segunda Guerra), también desapareció con todos sus volúmenes la biblioteca de geografía “Ramón Tovar” de la misma facultad con el pretexto de la mudanza; así en 2006 (el mismo año de edición de la Hoguera de los Intelectuales) se purgó de libros marxistas o sobre la Teoría de la Dependencia la biblioteca de la Facultad de ciencias económicas y sociales FACES, no por su contenido o herejía sino por viejos o con hongos. Nos quejamos de que no hay Biblioteca Central: está en el vacio dejado, donde hoy brillan por su ausencia los miles de libros desaparecidos en estos últimos diez años, década de la decadencia.   



Hay héroes tras los estantes, hombres y mujeres que crean bibliotecas, las hacen crecer y cuidan. Fue el caso de la biblioteca del Departamento de Salud Mental y se debió al esfuerzo de sus profesores. Lo privado se hizo público: Los libros del poeta y médico Rómulo Aranguibel que perteneció a Sardio fueron donados por sus hijos a través del Dr. Vicente Pontillo y el Dr. Efraín Sedek. Por eso llevó su nombre la Sala. La artista Rosalia Solanes entrega la biblioteca médica de su padre José Solanes, fundador del Departamento, así como los hijos del Dr. José Mata de Gregorio del Hospital Vargas lo hicieron con la suya. Manuel Matute de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría y último presidente de la celebre peña cultural la República del Este aportó ejemplares de gran valor histórico, por intermedio de los doctores Carlos Rojas Malpica y Néstor de la Portilla. Esto es importante: buena parte de los libros se trasladó de Caracas a Bárbula en reconocimiento a la trayectoria humanística de la Escuela de Valencia, que es como se conoce a la tradición carabobeña de los estudios psiquiátricos. Colaboraron también con sus propias publicaciones. La doctora Isabel Téllez se ocupó en sus últimos años de la clasificación. En los espacios de la biblioteca se escuchó charlar (oportunidad de oír a los que leemos), a Jean Garrabe, José María Poveda, Caupolican Ovalles, Adriano González León, Francisco Alonso Fernández, Sergio Villaseñor entre otros ilustres visitantes que elogiaron la calidad de la colección. Eso no fue en vano. No podrán quemar la impronta que deja el papel, la marca de agua de Henry James leído semana a semana en esa biblioteca, en los tiempos libres entre clase y clase, Los Papeles de Aspern, el Arte de la Novela, la Otra Vuelta de la Tuerca, La Lección del Maestro que cambiaron mi vida y me hicieron mejor médico. Tampoco podrán borrar la imagen de mi padre profesor leyendo como un estudiante mas, tomando notas  -lo veía sin que me viera-  en una de las mesas de la maravillosa Biblioteca del Departamento de Salud Mental. 

A ellos gracias.

    

Pedro Téllez. Fotografía de Yuri Valecillo


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