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martes, 7 de mayo de 2024

María Calcaño a Jacinto Fombona Pachano: Yo no tengo dónde sembrar mi angustia.

 




Estimados Liponautas

Hoy compartimos con ustedes una carta que María Calcaño le escribió a Jacinto Fombona Pachano. El documento lo tomamos del blog de nuestro amigo  Luis Alejandro Contreras llamado Letras contra Letras. Solo nos falta la fuente del documento.

Disfruten de la entrada.

Atentamente

La Gerencia.


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María Calcaño le escribe a Jacinto Fombona Pachano / María Calcaño, poema. Lectura.

 




Una carta plagada de gracia, ludismo, arrojo, vitalidad, una marea de vitalidad, como su poesía. 

Me eximo de agregar algunas palabras, por los momentos, pues me temo que el introito sería más largo que la propia carta. Las dejaré para un post scriptum...

¡Salud!

Luis Alejandro Contreras


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María Calcaño le escribe a Jacinto Fombona Pachano


¿Cabe el enojo en dos unidades que vivían una misma luna?


Señor Jacinto (me han dicho que usted es un santo): ¡Va a decir, es una frívola! ¡No señor!. Nada de eso. Simplemente, una pobre mujer. ¡Qué amargura para decirle esto, Jacinto, digo, señor! Bueno, le prometo ser más juiciosa. No vuelva a darse esas fugaditas al campo si no quiere verme gritar todo un día. ¡Soy muy malcriada! Por allí me dijo uno: «¡oh, malcriada infinita! ven. Te lo dice este eremita de tu corazón». Bah, ¿qué le importan a usted estas cosas? Pero soy una gran habladora y si usted me escucha… Verdad? Ya me lo dijo. Sepa usted que me estoy riendo. Yo si sé reír. Y como dice Tirso que reía Elena de Troya: «es un temblor de amor en los labios» (no me pregunta cómo soy, pues es mi lado terrible, no me quiera ver cuando ría).


Voy a decirle, a veces me pongo triste. ¡Parece usted tan feliz! ¡Parece tan tranquilo! ¡Tan asentado! inclinada sobre sus cartas estoy horas y horas. Abismada, como en la orilla de los ríos o ¡al pie de plata de las cascadas dulcísimas!, y tengo pena con usted, tan reposado, y esta intensa se le ha metido por el costado con sus vértigos y sus revoluciones. Pero, ¡qué bien lo aprecia mi corazón, Jacinto! ¡Qué bien lo quiere la melancolía de esta agitadora!


Parece ser que somos dos amigos que nos separamos, hace mucho tiempo de locuras. Lo he entretenido mucho y le pido perdón. ¿Qué preguntas? dios, ¿que cómo soy?: embuste. Usted sabe cómo soy. ¿No has tenido en tus manos mis años? Oh, silencioso de mis noches erradas. Para buscarme usted las manos, se ha refugiado en su mujer. ¡Lástima que no alcance usted estos brazos míos, salvajes y crujidos! la otra noche soñaba con usted. Era para morir de rabia. Estaba usted muy viejo. Eso fue antes de su salida para el campo. y todo se perdió: en el sueño se puso viejo de verdad. ¡Fue el diablo seguramente que nos pegó ese susto! Que me jugó esa de traérmelo a usted, Jacinto, y de llevárselo otra vez. ¡Humo de la profundidad de mi sed de visiones, sería el mejor incienso que yo podría darle!; este sueño está prohibido recordarlo por miedo a que se deshaga.


No se debe meter a Satán en estas cosas. Somos gente de Dios. Tengo muchas cosas que decir, entre todas le adelantaré esta: ¡Me hace usted falta! Soy más espontánea que usted. Tengo un deseo avaro. Unas ganas locas de hacerme llamar por usted. Una señorita que lo conoce, hablaba la otra noche de usted. Una muchacha muy inteligente. Yo la acosaba a preguntas: ¿cómo es, muy buenmozo, Mery? Es moreno, divino, chica (Me imagino que ríe usted, ¡qué bueno!). Yo ahora estoy muy seria. Me dejó en la luna. Estoy muy disgustada con ella ¡porque le tiene un fervor...! y se llevó el libro que usted me obsequió y me va a estropear todas las mariposas de este año, las más lindas y extrañas que cazamos. Soy una loca por las mariposas, ¿sabe? Tengo que advertirle que esta niña es preciosa, y me dirá usted, pero no me aclaró nada… y yo quedé como loca. Ella es de labios gruesos y los mueve ligeramente. ¿Le gustan a usted las bocas así?


No sabe cómo me tiene usted de contenta, de feliz. Me ha dado una cosa, me lo ha anunciado usted. Para lucir los paisajes de los adivinos. ¿No me adivina ahora usted? ¿Recuerda su maliciosa carta de buena suerte? ¡Qué de cosas me trajo, dios mío! Buenas. Entre todas, un gato negro, tan pequeño que me cabe en los senos. Él no sabe nada, es inocente. Si llegara a saber dónde se acuesta. También me trajo mi abate (no vaya a pensar en el Padre Villalobos: Éste es un bruto. tiene nueve queridas.) Mi abate es lindo. No sé a quién quiero más, si a él o al gato. Éste me araña, pero sus uñas no van cazadas a daño. ¡Cómo sabe divertir en la noche terrible a los insectos! a los gatos lascivos y agazapado, con los ojos como filos de las charcas de colores, interrogando, diminutos…


En la navaja loca de los plenilunios mi gato me sigue, me enseña a decir buenas palabras. ¿Por qué cuando estoy escuchándolo a usted no se me quita de las piernas y me restriega, y me hace cosquillas, y me pone en un estado diabólico, algo juguetona, para usted, mi querido amiguito?


Usted es bueno y no le gustan estas cosas, ¿me perdona este rato? ¿Verdad que somos muy amigos, Jacinto? Bueno, ¿me va a decir la verdad? ¿No se confesó usted después de mandarme la última carta?


Voy a decirle una cosa. No debería, pero allá va: he llegado a imaginar que esa carta no era de usted. Por qué, no sé. La leí más de mil veces. Comparé letras y letras. Y al fin como que llego a creer que sí fue de usted. Sólo puedo decir que me hizo reír mucho, mucho. Se burla usted, ¿no? a veces reímos de felicidad. Yo no duermo mucho. Paso las noches desveladas, siempre leyendo, escribiendo. Pero esa noche, le juro que dormí como mi señor marido: ¿trajo opio su carta? ¿Usted no duerme mucho? Yo odio la gente que vive para dormir y que duerme la siesta, en la mañana, más que avergonzada, me habría cortado de buena gana los párpados, como en el origen del drama japonés.


¡Qué mañana de sol la que precedió a esta carta! Aún no ha llegado la que usted me anuncia. Pareciera que no la ha escrito. Yo le escribiré al recibirla, para comunicarle qué vamos a resolver. También hablaré de la portada. Nunca me ha gustado. Yo sé dibujar. ¿Verdad que ya estoy muy compuesta? ¿Muy obediente? Pero usted sí es verdad que sabe ponerse serio (¡el muy cruel!). Yo no tengo dónde sembrar mi angustia. ¡Ya verá usted las flores más extrañas, las más dolorosas! Aquellas que pondrían mi voz en diamante. ¡Cubriendo lágrimas en los hoyuelos de las piedras!


María Calcaño.


Tomada de Letras contra Letras


miércoles, 16 de agosto de 2023

Juan Ramón Jiménez: Yo estaré siempre al lado del pueblo

 

Juan Ramón Jiménez en Cuba. 1937. Imagen tomada de Cervantes Virtual.


Juan Ramón Jiménez, un sucinto auto de fe, tomado de su epistolario. Año de 1937. / Guarida de los poetas: Lecrura

 


Juan Ramón Jiménez escribió, escribió y escribió. La letra salió de su mano tal como entraba y salía el aire en sus pulmones, mientras anduvo por estos predios mundanos. Este tomo, en el cual se vierten algunas de las innumerables cartas que escribió, me acompaña desde muy joven. Siempre lo he leído, tal como me gusta leer un epistolario o un poemario, saltando entre sus páginas. Hace tiempo que estaba esperando que volviera a él. Lo he disfrutado como el primer día. Juan Ramón fue un ser sumamente vilipendiado por colegas en el arte de versar. Claro que él tampoco dio cuartel jamás. Un asunto de honra muy andaluza y, también, muy hispana. Provocaría transcribir al menos una decena de sus cartas. Mas, por el momento, nos contentamos con dar a la luz esta breve carta escrita a Corpus Barga -Andrés Rafael Cayetano Corpus García de la Barga y Gómez de la Serna (1887-1975)-, dado que en tan pocas palabras deja estela de ese sentido de honra y nobleza que hemos comentado.


Salud, Luis Alejandro Contreras Loynaz.


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Corpus Barga. Imagen tomada de Negritas y cursivas.



Sr. D Corpus Barga Ministerio de Instrucción Pública 


Relaciones Culturales.


 Muchas gracias Corpus Barga, a usted y a esa Junta de Relaciones Culturales, por su afectuosa carta. 


Yo creo que en esta mala guerra española el individuo debe ayudar, en la medida de sus mejores fuerzas, al pueblo y al estado, no ellos al individuo. Todo el apoyo moral y material debe ser para los idealistas o los deberosos que están peleando para pan y, aunque esto sea lamentable, para las armas necesarias. Y creo también que el español que en estos instantes o siglos gaste en sí más de lo que necesite para vivir corrientemente, es un ladrón material y moral de España y su pueblo.


En lo moral yo estaré siempre donde siempre estuve, al lado de la democracia y especialmente del pueblo, ciudad o campo. En lo material, con una pequeña renta estranjera de mi mujer y con lo que los dos ganamos trabajando, vivimos y ayudamos a los que podemos. 


Mi único deseo, ansia, necesidad es España.  Pero, ¿qué utilidad tendría yo, enfermo y viejo, ahora en España a cambio de lo que consumiera? Me parece que soy muy útil fuera y en país oficialmente desafecto, donde el peligro también existe rodeados, como estamos de <<españoles>> indeseables y cerriles. 


Recuerdos a todos mis amigos y enemigos. 


Juan Ramón Jiménez 


La Habana 15 de octubre 1937. 


Tomada de Letras contra letras


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Luis Alejandro Contreras Loynaz


Publicaciones: Voces Nuevas 1998-1999, Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, Edit Torino, Caracas, 2000. Contracorrientes, BID&CO Editor, Colección Manoa, Caracas, 2006. Cuadernario, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, Bogotá, 2007.


Enlaces Relacionados:


EL PAÍS QUE TENÍA: Un poema de José Pulido que nos movió los cimientos.


sábado, 12 de agosto de 2023

EL PAÍS QUE TENÍA: Un poema de José Pulido que nos movió los cimientos.




31 de enero de 2022

  · 

EL PAÍS QUE TENÍA Un poema de José Pulido que nos movió los cimientos.

Una antesala para celebrar la poesía de José. Nos tomó por sorpresa este país en pasado. Y nos sacudió la tierra. De allí mis palabras de aquella hora, que tomaron un derrotero un tanto extra literario, mérito del poema. Debido a la fuerza de lo dicho, nos hizo revisar nuestro pasado inmediato y logró además alebrestar nuestro fuero interior. Porque la poesía no se ocupa únicamente de cantar lo bello, sino de señalar aquello que desatendemos; que no es sólo el nervio de la hoja, sino, incluso, las vilezas que -a veces por patentes o evidentes- pasan desapercibidas.

A continuación su comentario previo al poema del país que se tuvo. Luego su poema. Y para cerrar lo que generó en un servidor … 


Luis Alejandro Contreras Loynaz


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“…Este poema es del 2017 y lo repito para no dejar de estar molesto. Cada vez que estoy tranquilo me digo “no puede ser” y debo retornar a la molestia que me causa todo lo injusto que nos ha tocado y nos sigue tocando vivir. Lo acompaño con una foto de mi teléfono…”

(JP)

EL PAÍS QUE TENÍA

El país que tenía se fue de mí

se llevó el agua clara y los sabores

con que hicieron mis huesos y mi sangre

y borró las palabras que formaron mi espíritu

el país que tenía apagó el cariño mayestático

que circulaba como energía eléctrica

en los corazones de la gente común

y prohibió ilusionarse con el futuro

la decencia surgida por temor a los cielos

se derritió como cera ante al ardor del oro

mi país huyó con la moral entre las piernas

y solo puedo recordarlo como si hubiera muerto

ya no puedo reconstruirlo con nostalgias

ni con las imágenes que cicatrizan en mis sueños

cuando hagan uno nuevo no podrán comprender

por qué hay habitantes que parecen sacados de raíz

hay un país geográfico que jamás se va

pero se deteriora igual que la columna y las rodillas

y otro que se desvanece

en el ayer soporífero de las plazas

El país que tenía se fue de mí

yo no lo abandoné, yo no estaba grabado en él

son sus marcas las que lleva mi alma

desde la época en que la leche recién ordeñada era normal

yo nunca fui importante

para ese país fugitivo

yo apenas era un trámite

y hasta me cambiaron el nombre

porque cualquiera podía ser

empleado del destino


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A JOSE PULIDO Y EL PAÍS QUE TENÍA

UNO.  Creo que nunca le tuvimos, querido José. Es mi percepción. Él nos tuvo a nosotros, acaso para su desgracia, pero nosotros (no todos, pero el grueso de nosotros) no le tuvimos. O le tuvimos para echarlo por la borda de una nave en la que ya íbamos sin rumbo. Es lamentable, pero es así. Sólo una cosa podría confortarnos. Y es que, tomando -para ampliar- aquella frase de Aquiles Nazoa, hay una Venezuela física y espiritual. Esa Venezuela desdibujada que han convertido en un esparadrapo de nación, no es el país físico y espiritual, eso es una farsa montada sobre una realidad física y espiritual. Esa farsa desconflautada sólo tiene un valor o peso específico ante los ojos de terceros, porque el cinismo pacta con la perversidad y se vale de la materia para imperar. Basta con que una minoría cuente con el poder de avasallar para que impere sobre una mayoría. Y quienes no tienen alma ni espíritu, sino una cáscara vacía entre pecho y espalda, por supuesto, no cuentan con antenas, poros ni vellos para captar el trasfondo de las cosas. Lo único que captan, como una criatura muy primaria, acaso un protozoario o un platelminto, es lo que pueden devorar y defecar. Son, como dice en algún lugar, Alan Watts, un tubo por el que entra y sale el mundo, no más, sin otras consideraciones ni relaciones con el espíritu del mundo (o anima mundi). Con todo y tamaña ola de adversidades, presiento que la Venezuela espiritual aún existe y goza de buena salud. Se quedó injertada en un ramito de nuestro fuero interior. De no ser así no estaríamos leyendo este poema que mueve los cimientos de lo que hemos sido, somos e intentamos seguir siendo, más allá de toda expoliación. Un fuerte abrazo y gracias por compartirnos ese país que, acaso, no volverá, pero que nos habla de ese otro país que existe y habla en tu voz y en las voces de cada uno de nosotros, porque es un país que nos crece por dentro, como aquel árbol del que una vez hablara el viejo Pound. 

Y DOS. Acaso no quiera yo perder las esperanzas. Por eso me digo, todos los días, que el país lo llevamos cada uno en el pecho, mi querido y doblemente admirado José. Estoy de acuerdo contigo en que ese país del panadero que visitaba las casas desde las 3 am y dejaba pan y leche, puerta por puerta, donde nadie era capaz de robarse lo que ese hombre del reparto dejaba, ese país de cantadores que eran los vendedores ambulantes de escobas y escobillones, entre otros enseres y de los cuales uno no salía de su asombro ante la cantidad innumerable de mercancía que acarreaban en su carretilla, el de los amoladores y zapateros que se tomaban su cafecito preparado por la vecindad que visitaban, ese país ya no es. Al tanto estamos de que tú no has versado de una muerte espiritual de todo ser nacido acá. Pero es que tu poema me ha llevado a pensar en ello. Disculpa si mis palabras apuntan hacia otro derrotero, pero ha sido tu poema, lo remarco, el que me ha clavado el espuelazo. Y a pesar de que no logro creer que toda persona nacida en estas latitudes se haya dejado arrastrar por la perversidad, aunque las carencias y el hambre sean acaso capaces de hacer salir al lobo que se ampara detrás de la jungla de cada corazón. Hoy precisamente hablábamos de eso en casa. La diáspora le duele al que se queda. Y el que se queda le duele a la diáspora. Por ello quiero creer (o, al menos, seguir intentándolo) que ese país no ha muerto, que lo llevamos, cada uno, injertado en nuestros corazones y que cada corazón despide el aroma de nuestro humus. 

Me resisto a doblar la cerviz ante esa avalancha que se ha llevado todo por delante... 

Un abrazo!


Luis Alejandro Contreras Loynaz


https://letrascontraletras.blogspot.com/2022/01/el-pais-que-tenia-un-poema-de-jose.html





Publicaciones: Voces Nuevas 1998-1999, Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, Edit Torino, Caracas, 2000. Contracorrientes, BID&CO Editor, Colección Manoa, Caracas, 2006. Cuadernario, Común Presencia Editores, Colección Los Conjurados, Bogotá, 2007.

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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores

Enlaces Relacionados:


EL PAÍS QUE TENÍA

Un poema de José Pulido




QUERIDA SYLVIA

Un poema de José Pulido



EL NUEVO AÑO QUE SALE DE TI

Un mensaje de este mundo de José Pulido




SELVA INFANTIL PARA GERBASI

Un poema de José Pulido.




MI GATO SOLO.

Un poema de José Pulido.



CANTO DESPERDIGADO PARA UN SEÑOR.

Un poema de José Pulido a Rafael Cadenas.



LOS DIOSES FAMILIARES

Un Poema de José Pulido




CREO QUE VIAJAMOS AL FUTURO.

Un poema de José Pulido



TANTO SOÑAR Y SOÑAR.

Un Poema de José Pulido



ESOS VACÍOS CANTADOS .

Un Poema de José Pulido




EL BULEVAR un poema de José Pulido



MARILYN REPETIDA HASTA EL CANSANCIO.

Un poema de José Pulido.



NUNCA CONOCERÁS A HANNI OSSOT por José Pulido




NUESTRA POETA EN UNA ESTRECHA TARDE, un poema de José Pulido



COSAS DE ANTES, un poema de José Pulido



EN EL JARDÍN DE LAS HIGUERAS, un poema de José Pulido




MARILYN ENFERMA por José Pulido



CREO QUE TODO SE HA REVUELTO, SEÑOR.

Un poema de José Pulido.



CABRUJAS por José Pulido



Armando te fuiste y nos toca acompañarnos en este dolor.



jueves, 28 de junio de 2018

Mariano Picón Salas: La dolencia de la época es haber hecho de la vida un maratón hacia el dinero



Picón Salas durante el discurso inaugural de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Venezuela, 1946.


Mariano Picón Salas, Discurso inaugural de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Venezuela

Caracas, 12-X-1946




Trataré de decir en sencillas palabras que no pesen, rehuyendo el discurso engalanado, los problemas que nos plantea y las finalidades que le asignamos a la nueva Facultad de Filosofía y Letras. Una vez me atreví a afirmar en un ensayo que en Venezuela acontecen las cosas mágicamente, y que de pronto ese misterio numen, ese «Dios de Colombia» de que habló Bolívar resuelve o nos lanza cuestiones de tan vívida urgencia que ya no es posible sino enfrentarse a ellas, con rapidez que anhela el saldo de muchos años de olvido y de postergación. Siempre hubo en la historia venezolana, a pesar de la prédica derrotista y desengañada de los sembradores de cenizas, un impulso de ascenso social y espiritual, y por ello lo que yo llamaría la «sorpresa del pueblo», la voz y el reclamo de una patria olvidada y escondida, vino a refutar los cálculos y previsiones mezquinas de quienes hubieran mantenido el país como en eterna minoría de edad, ofreciéndole los bienes de la civilización con la usura del cuentagotas.

Si los profesores que vamos a enseñar en la nueva escuela mirásemos la cuestión desde nuestro solo ángulo, habríamos aconsejado de inmediato la antigua fórmula de las antiguas universidades: limitar la matrícula y sembrar de escollos y trámites el camino que conduce a la inscripción universitaria.

Antigua sede de la UCV en 1911. Actualmente el Palacio de las Academias.

Pero sin que tuviésemos que erogar, como la famosa Universidad de Harvard, más de cien mil dólares para una encuesta previa sobre las necesidades presentes de la educación superior, se nos reveló una realidad que seguramente inspirará más de un trabajo y actitud universitaria en los días que comienzan.

Por vocación yo soy cazador de pequeños hechos sociológicos, me gusta ver saltar la liebre del problema y advertir cómo se resuelve, con este «ahora o nunca» que debe ser el signo de toda generación decidida. Mucha más gente de la que esperábamos llenó los formularios de la Facultad de Filosofía por dos simples razones: primero, porque se siente hoy como nunca la deficiencia de la Universidad puramente profesionalista y se requiere -por sobre la técnica del médico o del ingeniero- lo que yo llamaría una inicial técnica humana que si no ofrece beneficio económico aspira a lo que vale tanto como eso: un arte de vivir y de comprender, un espíritu de fineza en el más estricto sentido pascaliano; y, segundo, porque son estos días laberínticos que vive el mundo, de crisis y socavamiento de costumbres y tradiciones, este estrépito sin finalidad, de este no saber a dónde se marcha que es el terrible signo de la civilización contemporánea. Cuando hablamos de que el excesivo profesionalismo universitario debía corregirse con más amplia fundamentación cultural, y que era necesaria esta Facultad de Filosofía, decíasenos que de surgir, ella, sólo sería el refugio de algunas pocas gentes líricas y descentradas, o de escasos jóvenes a quienes el turbulento entusiasmo de la edad y el gusto de las palabras nuevas, torna -como es explicable un poco pedantes, y que el país tan urgido de técnicos, no hallará mayor provecho social en auspiciarla.

Es decir, se miraba el problema de la formación del hombre con el lente del más angosto positivismo; de un positivismo marchito en todas partes, pero que en Venezuela podía aún esgrimirse como viviente novedad. Hubo, además, en algunos políticos la falsa creencia de que el proceso educativo era separable y divisible en aisladas etapas, y que siendo cuestión primera la lucha contra el analfabetismo de las grandes masas, podría pensarse en la Filosofía y en las Letras cuando todos los venezolanos de todos los sitios escribiesen y leyesen. Pero nadie se preguntaba si al abandonar un aspecto de la educación para desenvolver otro, no se corría el riesgo de que al cabo de algunos años habría más lectores que buena lectura venezolana.

Era exactamente lo mismo que si en el famoso día del Génesis que abrió la historia de la humanidad de acuerdo con la tradición sacra, Jehová se contentase con hacer los pies y el tronco de Adán, reservándose la cabeza para otro sábado de mayor sosiego.

Pero el soplo de Jehová, el soplo de la cultura –podemos decir- metafóricamente dirige a la vez, los pies y la cabeza del hombre. No se trata de procesos aislados o sucesivos sino paralelos y simultáneos. A la educación fragmentadora hay que oponer siempre la imagen de la educación integradora. Y que no era un proyecto vago y nebuloso el de la Facultad, vino a enseñárnoslo con una de sus habituales sorpresas, el pueblo venezolano.

La abundante matrícula, la cantidad de solicitudes, telegramas, cartas que se han acumulado en estos días en nuestra mesa de trabajo, demuestra que estos estudios obedecen a una necesidad nacional y tan auténtica, como cualesquiera otras.

Y aquí rozamos el nervio vivo de un asunto, cargado de especial problemática. ¿Qué es lo que se propone tanta gente que se incorpora a los cursos humanísticos o que pide -cuando tiene sus títulos y certificados en orden- que se le acepte, por lo menos, como oyentes de las aulas? ¿Es que todos desean ser escritores o filósofos con mengua y descuido de otras actividades urgentes en el país como las técnicas e industriales?

No fue menor la sorpresa -y sobre este asunto quiero reflexionar hoy- que nos ha dado la Facultad de Filosofía y Letras. Pensando en estos últimos años en el proceso de crecimiento económico de la nación, en el desborde de negocios que nos trajo la explotación petrolera y la abundancia de divisas, alguien observaba si no era tentativa quimérica hacer un sitio en los estudios universitarios para el pensamiento puro, para las humanidades clásicas, para aquellos altos goces de espíritu que no pueden expresarse en las estadísticas de producción o en los índices de ganancia financiera. La dolencia de la época -como ustedes lo saben- es haber hecho de la vida un maratón hacia el dinero, un pragmatismo esterilizador de otras formas más altas de existencia, que acaso explique por qué hay en este mundo de nuestros días tanto residuo de angustia, tanta nostalgia de felicidad y auténtico equilibrio humano; tan estruendosa quiebra de valores, tanta neurosis.



El hombre mira todo, menos el aseo y armonía de su alma. Sofrosine y Eutimia, dos maravillosas virtudes griegas, huyeron de días en que emerge, sin duda, con ruido de convulsión el perfil de una nueva edad, parece buscarse, asimismo, la explicación integradora, el nuevo hilo de Ariadna que nos conduzca por las tortuosas y contradictorias encrucijadas de nuestra alma individual y de nuestra psique colectiva. No es un problema localizado en las latitudes geográficas; es de todo el universo.

Aun aquellos países como los Estados Unidos que gastaron tanto dinero en educación y que parecían tan seguros de la opulencia material y el rumbo de sus universidades, experimentan una igual crisis; se dan cuenta de que frente a la Universidad que da títulos y ofrece profesiones remuneradas, hay que injertar otra que atienda tanto como al adiestramiento económico a las grandes incógnitas del hombre, a este «¿Cómo?» y a este «¿Para qué?» por el que se clama con desgarrada angustia.

Leed -para que advirtáis lo profundo y universal del problema- el informe de la Universidad de Harvard.

Porque en estos años recientes de guerra, de fascismo, de generales convulsiones, casi nos precipitamos en la inhumanidad y en la infrahumanidad, en el colapso de todos los valores, volvemos a decir la vieja palabra Humanitas buscándole el urgente sentido de completación estética y moral del hombre.

Sabemos que acaso no cabrán en las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras todos los alumnos que se han inscrito. La propia técnica de un buen trabajo docente nos obligará a dividirlos en grupos y a distinguir entre los que tienen constancia y aptitudes para la investigación y aquellos que sólo se satisfacen con las conferencias, las clases y las lecturas mínimas. En la más democrática selección humana, los inconstantes deben dejar su sitio a los esforzados; los tardos y perezosos, a los responsables y diligentes.

Pero ha aparecido en la Universidad de Caracas (llamada actualmente Universidad Central de Venezuela) un alto problema público que los directores universitarios no pueden ya sino considerar a riesgo de no cumplir con la esperanza de nuestro pueblo: el de tanta gente que pide al instituto una orientación espiritual, y el estudiantado que advierte que el hombre no sólo vive para el usufructo de una profesión, sino también para comprender el mundo en que se mueve, las ideas que orientan su época; para tener acceso a aquellas altas formas de perfección y casi diría de suma felicidad –la única felicidad que no engaña- que nos dan los grandes libros, los grandes pensadores, las obras de arte.

Con fe en este pueblo venezolano, tan ágil, tan despierto, eterno Anteo a quien no derribó definitivamente ninguna derrota; pueblo que desde todos los rincones de nuestra patria está gritando su enorme anhelo de mejorar y aprender; pueblo al que en los últimos años hemos visto ganar una creciente epopeya de conciencia, iniciamos la tarea.

Nos acompañarán en ella; ofrecerán a la juventud venezolana su mayor experiencia en este género de disciplinas, algunos ilustres maestros españoles. Aquella España de la Junta de ampliación de estudios, de las promociones magníficas que antes de estos diez últimos años de guerra y universal tribulación, buscaban en todas las universidades de Europa: en Upsala como en Marburgo, en Lieja como en Heidelberg, los nuevos métodos y las nuevas formas del pensamiento contemporáneo, constituye para nosotros una obligada escala en el camino de nuestra recuperación cultural.

Juan David García Bacca


Hombres como Juan David García Bacca y como Eugenio Imaz, que ahora son nuestros huéspedes, nos han enseñado con edificante escolaridad, que en la vieja lengua de nuestros padres, es posible decir y ordenar todo lo que el angustiado hombre de hoy sabe acerca del universo.

Eugenio Imaz


Espero que así como hoy visitan nuestras cátedras maestros españoles, mañana puedan hacerla -y es el desiderátum de toda universidad bien organizada maestros de otras lenguas y latitudes. Ninguna nación, ningún instituto de cultura pudo renovarse sin este intercambio de hombres, de técnicas, de conocimientos.

Lo necesitó la Universidad de París de una fecha tan lejana como el siglo XIII para ordenar los grandes monumentos de la escolástica medieval, y el Salema de Federico II de Hohenstaufen para que el Occidente se incorporase a la medicina y la matemática de los árabes; lo requirió la Rusia de Pedro el Grande y el Berlín de los primeros Hohenzollern; lo requieren todavía -con la más ejemplar diligencia- las universidades de los Estados Unidos.

El mejor nacionalismo, el más eficiente, no es el que queda atado a los límites de las colinas o de la frontera acústica de las campanas parroquiales, sino el que abre para los pueblos el camino de la Universidad. Sabiendo qué hicieron y cómo aprendieron los otros, surge el espíritu de emulación, sin el cual todo patriotismo sería narcisista y se ahogaría como el joven del mito en el estanque inmóvil. Quien sólo se ve a sí mismo, ni siquiera se ve, porque nuestro ser define su individualidad en el contacto con los otros. Hasta el espejo es ya, una proyección; un salir de sí.

Amor y amistad, móviles del mundo según el verso dantesco, surgen de este yo que encuentra a un tú con quien compartir y con quien dialogar; de esa completación de nuestro propio ser que se nos había perdido, de acuerdo con el mito platónico. Y como el amor y la amistad, la cultura es también colaboración, debate y encuentro.

Quienes sin visión histórica se amurallan en su nacionalismo cultural-que a veces parece tan sólo justificación de la propia pereza, porque resulta naturalmente más fácil ser el primer matemático de Upata y el primer metafísico de El Hatillo, que serlo de toda Venezuela- olvidan que hasta una empresa tan entrañablemente cargada de nacionalidad como nuestra Revolución de Independencia, se fecundó y fue posible porque a través de una ideología mundial, descubrieron los hombres de entonces sus soterrados derechos.

¿Qué libros leyeron Sanz, Miranda y Bolívar; qué problemática del mundo suscitaron en nuestro gran Precursor y nuestro gran Libertador, las sociedades y el pensamiento de Europa; qué idiomas tuvo que aprender Palacio Fajardo para alegar fuera de las fronteras nacionales, la justicia de nuestra causa? Paradójicamente la primera batalla por nuestra libertad política: la de las ideas, se ganaba en los periódicos de 1810 con citas de Rousseau y Montesquieu, con frases de Locke y de David Hume. Un William Burke, escritor irlandés trasladado a Caracas, era uno de los inspiradores de la Gazeta (de Caracas), primero de nuestros grandes periódicos insurgentes; y en el equipaje de Miranda y en la cabeza milagrosa de Bolívar había muchos planes de reforma social que les comunicara en Londres, en 1810, aquel curioso utopista y legislador, enamorado a distancia de nuestra América, que se llamaba Jeremías Bentham.

En mi pequeño libro de literatura venezolana traté de probar que por conocer también a  Maupassant y a Daudet, y por haber hecho una previa excursión cosmopolita por las literaturas de la generación de 1895, escribieron ya, con tan segura maestría, los primeros cuentos criollos.

Ni siquiera el propio país o el pueblo en donde nacimos pueden entenderse si no se compara con otros; si carecemos de paralelo o de perspectiva. Desde este punto de vista, la «realidad venezolana» no es precisamente la que mira el hombre desde el estrecho valle en que está sumergida su aldea, sino la que resulta de cotejar muchos fenómenos venezolanos con otros de la época y del universo entero.

Que en estos claustros se trabaje con fe y generosidad por esa Venezuela universal; grande no tan sólo por su territorio y su ingente riqueza promisoria y por su heroica historia vivida, sino grande asimismo, por la cultura que debe crear y por la nueva historia que debe hacer, es el más sencillo y también más ardiente voto que se me ocurre ahora. Recuerdo unas frases de Hegel:

«La edad florida, la auténtica juventud de un pueblo, es el período en que el espíritu es todavía activo. Los individuos tienen entonces el afán de conservar su patria, de revisar el fin de su pueblo. Cuando esto se consigue, comienza el hábito de vivir. Así como el hombre perece con el hábito de vivir, así también el espíritu del pueblo se agota en' la costumbre y el goce de sí mismo. Cuando el espíritu del pueblo ha llevado a cabo toda su actividad, cesan la agitación y el estímulo; se vive en el tránsito de la virilidad a la vejez, en el simple disfrute de lo adquirido. Se inicia un opaco presente sin necesidades. El pueblo, renunciando a diversos aspectos de su fin, se contenta con el ámbito menor; no se inician nuevos propósitos, se estanca en la satisfacción del fin alcanzado, se cae en la costumbre donde ya no hay vida alguna; se camina hacia la muerte natural. La vida pierde su máximo y supremo interés, pues el interés sólo existe donde hay lucha y antítesis.»

A la juventud que viene a estas aulas y a los profesores que trabajamos en ellas nos incumbe, pues, la tarea de animar ese cotidiano impulso, ese viviente hacer y rehacer; esa historia que no se empozó porque sigue creciendo y circulando, que Hegel ha llamado la «edad florida de los pueblos».

Facultad de Ingeniería.