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viernes, 20 de marzo de 2026

Alberto Hernández: Las Instrucciones para armar el meccano de Harry Almela son la justificación de un viaje causado por una patria descompuesta

 




Las Instrucciones para armar el meccano de Harry Almela


Alberto Hernández. Instrucciones para armar el meccano



I

Los honrados años de la infancia se reconstruyen bajo la bóveda de los cielos nocturnos. Se presume un lago, el asombro de un niño, el relato inocente en la superficie, la mirada acerca de los héroes fijados en una pared del cine en los años lejanos. Una corriente lenta hacia la oscuridad semeja un río mientras el medio siglo se consume en las marcas de la piel.

Un hombre, un poeta, confirmación de la patria encarnada en una muchacha adolescente, como motivo para desafiar páginas de un libro anterior y entrar definitivamente en estas Instrucciones para armar el meccano (Fundación para la Cultura Urbana, Caracas, 2006), en las que Harry Almela retorna airoso, niño y adulto, profanador de licencias, entre fábulas y meriendas, encaramados en un brocal.

El niño que escribe este libro es el mismo de los cincuenta años, el que no se cansa, el de la cicatriz en la frente… ante el espejo, a pesar de su capricho de ocultarse”.





II

La patria se gana o se pierde. En estos desganados años de contienda, en los que la poesía adquiere la fuerza del silencio o de la bulla callejera, el poeta Almela ha estimado regresar del exilio, del actual, éste en el que abunda la destreza de la memoria. Se podría afirmar, con todo el temor al yerro, que Harry Almela no ha dejado de estar en esa estación etaria, en el límite, entre la ventana abierta y el viejo arte de inventar retornos.

Hace poco, a propósito de su anterior libro, este cronista escribió: La patria también es un sueño al amanecer. El destello de una muchacha que camina sin ropa interior”. En este de hoy, el autor no extravía ese destello, el de la patria en la niñez, en la lejanía de algunos años, de ese medio siglo que avanza hacia la madurez y escancia el brindis de una poesía cada día más robusta.

MeccanoImagen tomada de aquí.


Instrucciones para armar el meccano es la justificación de un viaje, el de esa épica vital y literaria producida por el desarraigo, el despertar de nuevos mundos, la ruptura y revisión de un país ahora enfrascado en eternizar sombras y precipicios. En Dedicatoria para decir adiós se resume el ardor de la pérdida, la puesta en marcha de unos verbos en pasado: Es preciso escuchar eso/ que me llama/ cada noche desde el remoto día/ del dolor.// Y te pido perdón maestro,/ perdón por no seguir tus pasos. Esta primera incineración, este relámpago remoto, indica el rompimiento, la muerte de una infancia, porque el verano también pasa./ Y los caballos. Existe la punción, la rasgadura. El poema es también esa patria descompuesta, asomada con nombre y apellido. El poeta hombre y niño sabe hablar de horas convertidas en muros.



III

Sí, la lectura nos conduce a tiempos movedizos. La nostalgia nos acomoda en un lugar de esta casa que es el mapa. Nos arredra, nos empuja hacia un lugar del origen, hacia los espantos de calles oscuras, orillas donde Todo es recuerdo y principio,/ cartílago dudoso, fragua sin uso, y a sólo una pausa, Ahora hay licor y picadura,/ manchas en la piel a los cincuenta años. El niño que sigue siendo enfrenta al adulto que escapa hacia el lado remoto de la memoria.

Ya todo está perdido./ Vendrá el duro viento sobre la escuela.// Me iré del pueblo./ Vagaré por amplios y recientes caminos.// Miraré las estrellas.// Intentaré descifrar/ las huellas inútiles/ de gaviotas en la arena.// Amaré. Seguro que amaré// Sabré de tibiezas/ entre sábanas en un amanecer.// Probaré el licor y el cigarrillo./ Buscaré en los libros/ el sosiego que nunca habré de conocer.// Llegaré al próximo siglo/ ya cansado de la vida.// Para desaparecer hastiado en la penumbra.



La infancia, ese umbral del mundo, tiene sus paisajes, sus relámpagos, algunos apagados. El poema experimenta los legados de aquella otredad. Frente a Moisés, el bíblico, Almela convierte a Mariara en el centro del Universo. Acerca, con una mano en la oscuridad, el rostro de Charlton Heston: Porque fuiste el único profeta en ver cara a cara/ el áspero rostro de Dios. Y más próximo a la breve existencia del asombro, la poesía se instala en la permanencia de la casa, la otra casa, la patria más chica. Los viajes, los asuntos del tiempo trastocado. La Tierra siempre gira alrededor de un poema. Quien diga la contrario desconoce las mareas, de allí que Harry Almela, dueño de una voz que nos hinca y anima a la vez, también es propietario de una particular manera de borrarnos, amputarnos y completarnos con su sintaxis. Cada poema de este libro es un lector o todos los lectores.

IV

Y si el mundo es un verso en cada dolor, en cada instante de Harry Almela, muy cierto es que el escribir lo hace precipicio, abismo de su respiración. ¿Cómo armar el meccano? ¿qué instrucciones exactas para no entender que la biografía de una comarca atiende a un lago, a un almendrón, al mismo patio del poeta Utrera, a una madre que en la cocina traza el milagro de un pedazo de pan. Y de todo eso, de esas cabales instrucciones, la escritura constante, teorética de la carne y el espíritu. Entonces me dijeron:/ vete por allí, a decir lo que debes,/ a cantar lo que no has vivido/ y deseas con ardor. Así se hizo este poemario, con la vida vivida y la por vivir, con la sombra de un árbol mientras la patria heroica se sumerge en la rabia y los sueños, en la melancolía, en la revelación de los oficios, en la tardanza del silencio.

¿Cuántos viajes hacen falta en un libro para que el poema ocupe todo el dolor por la tierra prometida y luego olvidada en la carrera precipitada de un tren? Un niño viaja. Regresa adulto, tocado por la bruma de un cuerpo impune, despojado, anudado a la culpa.

Comienzo y fin, entrada y salida. En medio de estos extremos, la niñez, la madurez, el brillo de un día, la podredumbre del universo y sus bellezas. Un poema hace este libro, un solo poema lo consagra. Es todo un alfabeto, una confusión: ¿Y qué haremos ahora,/ al final del camino?.

Me toca celebrar por este hermoso trabajo de mi amigo Harry Almela. Me toca hacer un alto y desenfrenar tantos asuntos, como estos que amargan y ahogan: Hoy te veo sentado en la puerta de Galina,/ quejándote en voz baja:/ ¿A dónde se llevaron el país, poeta?/ ¿Cuál fue la luz que desobedecimos?/ ¿En cuál vuelta de juego nos extraviamos?. A modo de respuesta: la infancia siempre retorna, duele en su inocencia, como aquella patria que una vez se encontró con Pérez Bonalde.



El espíritu de nuestros más antiguos padres sabrá armar el meccano y hacerse en el silencio necesario.

Bienaventurados
Lectura de poemas, presentación del libro "Instrucciones para armar el meccano"
475 Visualizaciones desde el 22 nov 2006 hasta la fecha de publicación de la entrada



https://laliebrelibre.wordpress.com/guarimba/resenas/meccano-alberto/


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Harry Almela


(Caracas, 1953 – Mariara, 2017) Licenciado en Educación, mención Literatura, por la Universidad de Carabobo (1990). Ensayista, escritor, poeta, editor y narrador venezolano.


Coordinó, en 1992, el Taller de Creación Literaria, mención Poesía, del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), en donde además se desempeñó como investigador. Fundó, en 1991, la editorial La Liebre Libre, activa hasta 2003. En 1996 asistió al Curso para Profesores de Lengua y Literatura Española en el Instituto de Cooperación Iberoamericana, de Madrid, y realizó el Curso de Posgrado en Técnicas Editoriales en la Universidad de Barcelona. Colaborador asiduo de publicaciones venezolanas como Papel Literario, del diario El Nacional.


Ganador del Premio Bienal de Poesía Francisco Lazo Martí (1989), el 46º Concurso de Cuentos del diario El Nacional (1991), la Bienal de Poesía José Rafael Pocaterra (1994), la Bienal de Literatura Casa de la Cultura de Maracay (1994), la Bienal de Literatura Miguel Ramón Utrera (2004) y la Bienal de Poesía Abraham Saloum Bittar (2014), entre otros reconocimientos. Fue becario de la Fundación John Simon Guggenheim, de Nueva York (2009).


Autor de Poemas (1983), Ventana de emergencia (1990), Cantigas (1990), Muro en lo blanco (1991), Fértil miseria (1992), Frágil en el alba (1994), El terco amor (1997), Los trabajos y las noches (1998), Palabra o indigencia (2000), La patria forajida (2006), Instrucciones para armar el meccano (2006) y Los daños colaterales (2019, edición póstuma de La Poeteca), entre otros.


https://cultura-urbana.com/autores/harry-almela/



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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Dirigió el suplemento cultural Contenido, del diario El Periodiquito (Maracay), donde también ejerció como director, secretario de redacción y redactor de la fuente política. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. En 2020 fue designado miembro correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua por el estado Aragua.  Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000) y Relatos fascistas (2012),; cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Además ha publicado los libros de ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981) y Notas a la liebre (1999); la novela La única hora (2016) y los libros de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999) y Cambio de sombras (2001). 

Publica regularmente en Crear en Salamanca (España), en Cervantes@MileHighCity (Denver, Estados Unidos) y en diferentes blogs de Venezuela y otros países. Sus ensayos y escritos literarios han sido publicados en los diarios El Nacional, El Universal, Últimas Noticias y El Carabobeño, entre otros. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al italiano, al portugués y al árabe. Con la novela El nervio poético ganó el XVII Premio Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana (2018).

Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 



Enlaces relacionados:

5/4/2026

sábado, 30 de septiembre de 2023

LOS REGLAMENTOS DE LA AMISTAD DE JOSÉ PULIDO PARA HARRY ALMELA

 

Harry Almela (foto de Henry Cedeño). Imagen tomada de Crear en Salamanca


Un poema que le escribí a Harry hace tiempo. Lo pongo de nuevo para recordarlo con insistencia: hace pocos días fue su fecha de nacimiento


LOS REGLAMENTOS DE LA AMISTAD 


Esta es la manera de querer a Harry Almela

con las calles de tierra del corazón

con el sol obstinado de tanto recibir candela 

en las sarcásticas esquinas de Mariara y Maracay

Quererlo desde una paraulata cantando,

desde la alegre pelea de los azulejos 

que desangran caimitos 

en los patios de la poesía hecha con pájaros inventados

por Alberto Hernández el demoledor de jaulas

Que si nos vemos para lo del libro y todos salimos de nuestros lugares

en autobuses maldecidos latigueados de barro

con señoras que hablan solas de sus oficios bárbaros

y sujetos recién salidos de la penitenciaría 

que te aniquilan con ojos asesinos buscando el oro inexistente

(Desde el autobús podías ver a las mujeres que venden panelas de San Joaquín como si estuvieran espantando mosquitos o diciendo “vengan para acá” y esa debería ser una buena idea para la venta, presentación o bautizo de escrituras: ponerse en la carretera a sacudir libros como La Ilíada o En busca del tiempo perdido. Y otra alternativa que le hubiera gustado a Harry: hacer rumas de novelas y poemarios al lado de los montones de mangos de hilacha y mangos de bocado que adornan las autopistas)

Y deseando pasar raudos el espejismo de La Encrucijada

porque una vez bebimos ahí un café con leche como le gustaba a él

para que la torta ensoberbecida de azúcar se muriera

Esta es la manera de querer a Harry Almela

con el alma enratonada de tanto leerlo

y recordar su espíritu de Jesucristo adolescente más inverosímil 

cada vez que aparece una franela sudando en el universo paralelo

Con ganas de correr porque es un aguacero a punto de mojarte

es un montón de truenos vibrando en las planchas de zinc

es un ladrido de Dios en las esquinas de quedarse dormido al mediodía

es un hermano sagrado y pendenciero 

de puñales hablados que te va a regañar

y te va a jalar los pies cuando estés creyendo en alabanzas

Querer a Harry Almela es un ejercicio natural del cosmos

-todos sus amigos lo aplaudimos en la Maestranza de la poesía-

la última vez que nos vimos nos abrazamos nos retratamos

y cada uno se fue por su lado

Ajá: este es el lado que usamos para recordar.


Interior de la Plaza de Toros Maestranza César Girón de Maracay




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Harry Almela


(Caracas, 1953 – Mariara, 2017) Licenciado en Educación, mención Literatura, por la Universidad de Carabobo (1990). Ensayista, escritor, poeta, editor y narrador venezolano.


Coordinó, en 1992, el Taller de Creación Literaria, mención Poesía, del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), en donde además se desempeñó como investigador. Fundó, en 1991, la editorial La Liebre Libre, activa hasta 2003. En 1996 asistió al Curso para Profesores de Lengua y Literatura Española en el Instituto de Cooperación Iberoamericana, de Madrid, y realizó el Curso de Posgrado en Técnicas Editoriales en la Universidad de Barcelona. Colaborador asiduo de publicaciones venezolanas como Papel Literario, del diario El Nacional.


Ganador del Premio Bienal de Poesía Francisco Lazo Martí (1989), el 46º Concurso de Cuentos del diario El Nacional (1991), la Bienal de Poesía José Rafael Pocaterra (1994), la Bienal de Literatura Casa de la Cultura de Maracay (1994), la Bienal de Literatura Miguel Ramón Utrera (2004) y la Bienal de Poesía Abraham Saloum Bittar (2014), entre otros reconocimientos. Fue becario de la Fundación John Simon Guggenheim, de Nueva York (2009).


Autor de Poemas (1983), Ventana de emergencia (1990), Cantigas (1990), Muro en lo blanco (1991), Fértil miseria (1992), Frágil en el alba (1994), El terco amor (1997), Los trabajos y las noches (1998), Palabra o indigencia (2000), La patria forajida (2006), Instrucciones para armar el meccano (2006) y Los daños colaterales (2019, edición póstuma de La Poeteca), entre otros.


https://cultura-urbana.com/autores/harry-almela/


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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores


QUERIDA SYLVIA

Un poema de José Pulido



EL NUEVO AÑO QUE SALE DE TI

Un mensaje de este mundo de José Pulido




SELVA INFANTIL PARA GERBASI

Un poema de José Pulido.




MI GATO SOLO.

Un poema de José Pulido.



CANTO DESPERDIGADO PARA UN SEÑOR.

Un poema de José Pulido a Rafael Cadenas.



LOS DIOSES FAMILIARES

Un Poema de José Pulido




CREO QUE VIAJAMOS AL FUTURO.

Un poema de José Pulido



TANTO SOÑAR Y SOÑAR.

Un Poema de José Pulido



ESOS VACÍOS CANTADOS .

Un Poema de José Pulido




EL BULEVAR un poema de José Pulido



MARILYN REPETIDA HASTA EL CANSANCIO.

Un poema de José Pulido.



NUNCA CONOCERÁS A HANNI OSSOT por José Pulido




NUESTRA POETA EN UNA ESTRECHA TARDE, un poema de José Pulido



COSAS DE ANTES, un poema de José Pulido



EN EL JARDÍN DE LAS HIGUERAS, un poema de José Pulido




MARILYN ENFERMA por José Pulido



CREO QUE TODO SE HA REVUELTO, SEÑOR.

Un poema de José Pulido.



CABRUJAS por José Pulido



Armando te fuiste y nos toca acompañarnos en este dolor.


20/03/2026

lunes, 9 de mayo de 2022

Harry Almela a Marisol Pradas: Mis enemigos políticos dicen que soy un buen lector...
.

 






Harry Almela: Mis enemigos políticos  dicen que soy un buen lector...

Una entrevista de Marisol Pradas




Harry Almela: "El lector pone la otra mitad del poema"


El próximo miércoles 15 de octubre de 2008 , de la colección Llámalo amor, si quieres aparecerá el libro de Laura Restrepo, "Olor a rosas invisibles", el 22 será el turno para Rayma, la humorista que se expresa todos los días en El Universal, con Latidos de humor y el 29 aparecerá el quinto titulo, Del dulce mal, una antología de poesía amorosa venezolana, que preparó el poeta, editor e investigador, Harry Almela.



Del dulce mal tiene poemas de más de ciento cuatro autores venezolanos que sorprenden, lo cual habla del trabajo generoso que realizó este intelectual, lleno de chispa creativa y humor cuando se conversa con él.



Parece una antología muy personal nacida tras muchos años de lectura...

Eso es una falacia de mis enemigos políticos que piensan desprestigiarme... que dicen que soy un buen lector...





¿Cómo nació este libro?


A mediados del año 2007, Leonardo Padrón, me propuso en principio hacer una antología de poesía amorosa para esta colección. Sucede que paso a ser conocedor del tema, en tanto que algunos libros míos, de creación directa, tocan o rozan el tema amoroso. Luego está el hecho de esa inmerecida fama que tengo de buen lector. Hay allí un elemento subjetivo, por supuesto, que es la relación personal que mantengo con Leonardo, desde hace más de veinte años (se dice rapidito). siempre hemos coincidido en escenarios, en lecturas. Tenemos una relación muy cálida y productiva en muchos terrenos. Esos tres elementos influyeron en la realización de este trabajo.



Luego está el hecho de que he leído mucho sobre el tema en términos teóricos tanto de los poetas venezolanos como de otros países. La antología resultó ser como un revisitar esos sitios de lectura y de conocimiento, y también descubrir algunos a autores que ni tenía idea que habían trabajado sobre el tema amoroso.



Pensé el libro también, ya no en términos de lo que gustase a mí solamente, si no que pensé en dos tipos de publico, uno para la gente que busca libros de auto ayuda. O sea que los lectores pudiesen encontrar un texto que les sirviese de acompañamiento en algún momento de se aventura personal amorosa, el encantamiento, el encuentro, el extrañamiento, la distancia; el simple guayabo. A partir de esas variables comencé a estructurar la antología.



Cuando se leen los autores se encuentran sorpresas porque se sienten imágenes distintas... no se trata de poesía amorosa cursi como uno se imagina al principio que puede ser...

Eso tiene que ver un poco con la historia de la poesía venezolana, que ha tenido distintas épocas y etapas. Creo que ese sentimiento de que la poesía amorosa es cursi es completamente acertado. Hay una frase célebre de Fernando Pessoa que dice que "todas las cartas de amor son cursis".

De repente el asunto se puede convertir en cursi porque como decía Rainer María Rilke es un tema en donde hay una extensa y gran tradición. Ante ello, puede ser complicado agregar una nota nueva. El tema amoroso en el poema es lo más difícil de asumir, tanto desde el punto de vista de la escritura, como de sus posibles logros. Recuerda que a fin de cuentas, lo que hace el escritor es poner la mitad del poema, el lector le pone la otra mitad. En ese intercambio es que surge el poema que puede servir, por decirlo de alguna manera, o no, a los lectores.



En Del dulce mal lo que hay es un compendio de la poesía venezolana desde las primeras vanguardias, como es el caso de Gerbasi, Ramos Sucre o Paz Castillo , hasta las más recientes versiones del tema amoroso, que están muy relacionados con la experiencia urbana.



No hay ningún poema suyo...


Es que es un libro serio... Una de las cosas que siempre le agradecí a Leonardo es que me permitió no poner un poema mío allí... La mejor cosa que tiene ese libro es que no hay un poema mío.



¿Cuanto ha pasado desde el poemario suyo "El terco amor" que ganó el premio de la Bienal de Literatura José Rafael Pocaterra (1994) hasta ahora?


Ese libro es lo que es. ¿Qué quieres que te diga?



¿Tuvo algo de cursilería?


No, me gustaría creer que no. En todo caso, los poemas que uno escribe terminan siendo totalmente distintos a los poemas que la gente lee, cosa que es también importante decirlo. Allí lo que hay es una historia de un desprendimiento afectivo.



¿Está escribiendo poesía?


Se está escribiendo allí un libro que es como fragmentario. No tengo claro para dónde va el asunto. Luego de publicar ocho o diez libros de poesía, a estas alturas resulta como medio complicado. Presumo que es un libro de viajes, de resumen acerca de mi visión sobre el país. Presumo que siempre estará presente las cosas que están presentes en las cosas que yo escribo, que es el tema de infancia, las referencias culturas, los viajes, las lecturas, los amigos. Ahí a poco a poco. No tengo ninguna prisa en eso porque estoy ahorita muy interesado en tratar de entender cómo es que funciona la poesía la poesía en este país. En su capacidad de intentar representar al país. Esa es un poco mi preocupación en este momento, más allá de la subjetividad..., a fin de cuentas la subjetividad no es algo que pueda interesarle mucho a los lectores...



O interesarle más... Los columnistas se leen por su subjetividad.


Claro, pero una cosas es escribir un trabajo de opinión, en la que habrá un primera persona que toma posición ante un hecho..., pero con la poesía es un poco más complicado. Si yo tuviese que llevar un poema amoroso a una columna qué carrizo le importa al lector que yo tenga un guayabo o que le gusta la vecina de al lado. Un columnista no escribiría una nota acerca de eso. En cambio en el poema si tendría que hacerlo. Entonces es la misma pregunta: ¿qué tanto le puede importar a un lector conocer de las subjetividades? Probablemente le interese saber cómo es que esa subjetividad es capaz de poner en palabras una sensación o un sentimiento con las cuales el lector se pueda identificar. Hasta allí estaría bien. Lo demás es como muy gratuito. Por eso es que desconfío mucho de la poesía que se regodea en la primera persona



Escritor y promotor cultural, licenciado en Educación, mención Literatura, por la Universidad de Carabobo. Dictó el Taller Literario de la Casa de la Cultura de Maracay (1983-1987). Coordinó el Taller de Creación Literaria, mención poesía, del Centro de Estudios Latinoamericanos ´Rómulo Gallegosª en la ciudad de Caracas (1992) y prestó servicios como investigador en dicho Centro (1993-1995).



En el año 1996 asistió al Curso para Profesores de Lengua y Literatura Española en el Instituto de Cooperación Iberoamericana con sede en Madrid y realizó el Curso de postgrado en Técnicas Editoriales en la Universidad de Barcelona, España.



Fue integrante del Taller de Poesía del Centro de Estudios Latinoamericanos ´Rómulo Gallegosª (1981-1982).



Ha dictado distintos seminarios, talleres y conferencias. Su obra ha obtenido diversos reconocimientos: Premio Bienal de Poesía ´Francisco Lazo Martíª (Ateneo de Calabozo, 1989), con el poemario Cantigas; Premio del Concurso Bienal de Literatura del Ateneo de El Tigre, mención narrativa (Ateneo de El Tigre y el Diario Antorcha, 1990), con el relato Anotaciones para un intento de regreso; Premio del 46 Concurso de Cuentos del diario ´El Nacionalª (1991), con el texto Arcanos para un nuevo paisaje y Premio Bienal de Literatura ´José Rafael Pocaterraª, mención poesía (Ateneo de Valencia, 1994), con el poemario El terco amor. Con el libro Una casa entre los ojos, acerca de la poesía de Luis Alberto Crespo, obtuvo el Premio de Ensayo de la Bienal de Literatura ´Miguel Ramón Utreraª (1995), auspiciado por la Secretaría de Cultura del Estado Aragua.



Fundó la editorial alternativa La Liebre Libre, nacida en 1992, en periodo de stand by desde el 2002. Fue una experiencia gratificante al igual que ahora lo es su blog http://laliebrelibre.com.ve/ (Notitarde, 11/10/2008, Confabulario).-


Tomado de Azul Fortaleza.


Harry Almela lee dos poemas
Harry Almela lee dos poemas en el Festival de Poesía de Maracaibo 2014. En el video le acompañan Carlos Ildemar, Wafi Salih y Armando Rojas Guardia.
288 Visualizaciones desde el 24 oct 2017 hasta la fecha de publicación de la entrada



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Harry Almela


(Caracas, 1953 – Mariara, 2017) Licenciado en Educación, mención Literatura, por la Universidad de Carabobo (1990). Ensayista, escritor, poeta, editor y narrador venezolano.


Coordinó, en 1992, el Taller de Creación Literaria, mención Poesía, del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), en donde además se desempeñó como investigador. Fundó, en 1991, la editorial La Liebre Libre, activa hasta 2003. En 1996 asistió al Curso para Profesores de Lengua y Literatura Española en el Instituto de Cooperación Iberoamericana, de Madrid, y realizó el Curso de Posgrado en Técnicas Editoriales en la Universidad de Barcelona. Colaborador asiduo de publicaciones venezolanas como Papel Literario, del diario El Nacional.


Ganador del Premio Bienal de Poesía Francisco Lazo Martí (1989), el 46º Concurso de Cuentos del diario El Nacional (1991), la Bienal de Poesía José Rafael Pocaterra (1994), la Bienal de Literatura Casa de la Cultura de Maracay (1994), la Bienal de Literatura Miguel Ramón Utrera (2004) y la Bienal de Poesía Abraham Saloum Bittar (2014), entre otros reconocimientos. Fue becario de la Fundación John Simon Guggenheim, de Nueva York (2009).


Autor de Poemas (1983), Ventana de emergencia (1990), Cantigas (1990), Muro en lo blanco (1991), Fértil miseria (1992), Frágil en el alba (1994), El terco amor (1997), Los trabajos y las noches (1998), Palabra o indigencia (2000), La patria forajida (2006), Instrucciones para armar el meccano (2006) y Los daños colaterales (2019, edición póstuma de La Poeteca), entre otros.


https://cultura-urbana.com/autores/harry-almela/


martes, 18 de mayo de 2021

POR LA FERAZ CAMPIÑA DE HARRY ALMELA



Fotografía de Rubén Darío Carrero



Crónicas del Olvido

POR LA FERAZ CAMPIÑA

-Alberto Hernández-

1.-

“...Y unos cuantos labriegos que hablan mal de la tierra”, nos lee en voz alta el poeta Sergio Medina, quien hecho epígrafe le da nombre a este ensayo de Harry Almela, con el que nos internamos en una inteligencia fluida, cuya sintaxis nos avisa de un territorio aún virgen, sin lectura, porque “A falta de interlocutores válidos, el corolario de estas indigencias es demasiado evidente: somos un país sin proyecto”.

El libro que escribe el poeta Almela, ganador de la Bienal Nacional de Literatura “Augusto Padrón”, 2001, es un aparte de esta imagen detenida en esta terrenal angustia. “Espacios y cultura en Aragua” celebra a Sergio Medina, pero más allá del acto sensible de agregarlo a la reflexión, se trata de un trabajo en el que la historia de un lugar se desliza por la memoria para hacerse cultura. 

Harry Almela nos invita a leer mediante la construcción de un imaginario para poder trazar el mapa y el territorio de una geografía portátil. Desde estas perspectivas nos verificamos. Plurales, comenzamos a sentirnos en un espacio cuyos códigos culturales son de reciente data, lo que no los desmerita, pero sí nos avisa de su precariedad en tanto que no han sido estudiados lo suficiente, o la calidad del abordaje dice muy mal de los cronistas.

Maracay, el espacio que nos acerca y nos conmueve, es sitio de reposta, para seguir con el acento de nuestro autor, quien resume en seis los tipos de ciudad fundacional: “el fuerte militar, el puerto, el sitio de reposta, la ciudad sobre la otra ciudad, las misiones y la ciudad de extracción”.

 Sergio Medina en 1911. El Cojo Ilustrado. Imagen tomada de Wikipedia.



2.-

Decir sitio de reposta atiende a “sitio para descanso y recambio de vituallas y aparejos en los años posteriores a la Conquista, la aldea debió ser paso obligado de los viajeros que se dirigían hacia el Oeste y al Sur del país, viniendo desde Caracas”. Es decir, lugar de paso, enclave de aprovisionamiento. Un caserío que sólo respondía a seguir siendo una cuadrícula mudable entre los pueblos coloniales de Carabobo y los de Aragua. Entonces Tapa-tapa era el comienzo, el primer intento donde un grupo nutrido de familias recurrió a los buenos oficios del obispo Diego de Baños y Sotomayor para que el significado del tigre de Los Tacarigua se erigiera en parroquia. Como no contó con el nombre de un fundador, Maracay sigue siendo la porfía del anonimato en el que cabemos todos.

Retrato del obispo Diego de Baños y Sotomayor.Autor: José Lorenzo Zurita.Imagen tomada de ARCA



Me afinco en una parte de este importante trabajo de Harry Almela. Es el relacionado con las haciendas, donde se consolida el futuro socio-cultural de Maracay. Luego de enumerarlas, el autor señala de las tales haciendas: “su función era básicamente administrativa o de recreo. Los amos hicieron poco para contribuir a la creación de circuitos culturales”. En este sentido, los propietarios de las casas de campo sólo motivaron el intercambio mercantil con las metrópolis y dejaron a un lado el comercio interior. Más les interesó adquirir riquezas desde afuera que fomentarla en el propio lugar de sus fundaciones. Por supuesto, esta práctica no consolidó “una burguesía regional, cuya riqueza se basara en nuestra producción agrícola y pecuaria”. Nos explica el ensayista que los propietarios de la tierra no estaban interesados en “una idea de lo nacional, entendido como la consolidación de un mercado”. De allí, verdaderamente, que los vestigios que nos quedan están representados en una cultura arquitectónica del campo. Cultura material que poco alimentó los saberes de la población.


3.-

Al acentuar el asunto de las casas de campo, el autor destaca el carácter panorámico de la mirada. Es decir, desde el ojo del amo nació una manera de desdén. Esta sólo se ocupó de vigilar el trabajo: “Nuestras casas de hacienda no son casas coloniales, en el sentido estricto del término. Su distribución arquitectónica estaba al servicio de las labores económicas, de extracción y de receso. Los pasillos externos, con arcos y abiertos al mundo, permitían la instrumentalización del panóptico, la posibilidad de observar la faena”

En la literatura venezolana nos tropezamos con ejemplos varios. Cumboto, de Díaz Sánchez. En Pobre Negro, de Gallegos. Sólo la ambientación musical. El sonido del látigo había quedado rezagado en las marcas de los desnudos bajo el sol. Es decir, los propietarios no procuraron alimentar una cultura que los representara. Mientras el patrono observaba, cuidaba y vigilaba, los trabajadores -los que vivían alrededor de las haciendas o en pequeñas e improvisadas covachas- tomaban la noche para celebrar el santoral, continuar el agasajo genésico, librarse del cansancio ancestral a través de los cantos y las danzas. Esta realidad crea la confrontación campo/ ciudad, que aún se siente en algunas localidades de Aragua y de muchos estados del país. 

La lectura de la campiña continúa, se hace evidencia en la diferencia entre mapa y territorio, donde se construye el imaginario, la fuerza vital de una fabulación que tiene en Rafael Requena un extraño protagonista. 

Juan Vicente Gómez. Imagen tomada de Wikipedia.


Pasando páginas, Gómez es la obligada mención. Si el 5 de marzo de 1701 es la fecha que registra la creación de la parroquia, es Juan Vicente Gómez quien recrea, modela, amasa e inventa la ciudad de Maracay. Dejadas atrás las haciendas, o mejor dicho, para recreo y siembra, la ciudad comienza a dibujarse, a cuadricular su presencia urbana. La metáfora arquitectónica, como la llama Almela, verifica el trazado de un conglomerado humano venido de otros lugares. Los llegados del resto del país se traen sus costumbres, mapas y territorios. Instalan acentos e inauguran barriadas. El General lo ve todo: “Ya instalado en el valle, Gómez convalida la ejecución de importantes proyectos para la ciudad, los cuales marcarán su destino y su vocación para siempre”.

Harry Almela. Foto Henry Cedeño. Imagen tomada de Medium.



4.-

Nos queda el sabor del texto de Sergio Medina, nos queda el traquetear del ferrocarril, nos queda la verdura en la mirada. Desde su yo asombrado, el poeta nos lee en voz alta: “Viajo en el tren de Aragua. / Cestos de frutas. Flores. / Hácenme compañía/ la ojinegra muchacha de Turmero o de Cagua,/ con labios de rosada frescura de sandía,/ y unos cuantos labriegos que hablan mal de la tierra,/ así como en los cuentos criollos de Pocaterra/ y Urbaneja Achelpol./ Por la feraz campiña corre la cinta de agua/ de un río bajo el sol”.

Del río, la miseria, y de aquella mirada perfecta para imaginar una ciudad, los gobernantes cegados por el poder. La ciudad ya no es la feraz campiña, sino la feroz comarca donde los movedizos antojos precipitan la desmemoria, la vuelta a superadas insanias. La ciudad es un pedestal vacío donde no cabe el inmenso legado de Francisco de Miranda en lugar de la dudosa grandeza histórica de Ezequiel Zamora. La ciudad no quiere ser el retorno a un disparo en la sien en los campos de Cojedes. La ciudad no debe ser el cántico de venganza en el que nos miramos en los ojos de los ahorcados, en la sangre de los degollados. 

Este libro de Harry Almela es una verdad incontrovertible. Es un libro que se celebra desde el silencio a la que ha sido sometida la ciudad. También nos celebra como sufrientes de sus calles por donde no corre un río sino el bullicio miserable de quienes no la conocen y la maltratan.

(27-11-2002)


Fotografía de Sindo Reza Nóvoa



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Harry Almela


(Caracas, 1953 – Mariara, 2017) Licenciado en Educación, mención Literatura, por la Universidad de Carabobo (1990). Ensayista, escritor, poeta, editor y narrador venezolano.


Coordinó, en 1992, el Taller de Creación Literaria, mención Poesía, del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), en donde además se desempeñó como investigador. Fundó, en 1991, la editorial La Liebre Libre, activa hasta 2003. En 1996 asistió al Curso para Profesores de Lengua y Literatura Española en el Instituto de Cooperación Iberoamericana, de Madrid, y realizó el Curso de Posgrado en Técnicas Editoriales en la Universidad de Barcelona. Colaborador asiduo de publicaciones venezolanas como Papel Literario, del diario El Nacional.


Ganador del Premio Bienal de Poesía Francisco Lazo Martí (1989), el 46º Concurso de Cuentos del diario El Nacional (1991), la Bienal de Poesía José Rafael Pocaterra (1994), la Bienal de Literatura Casa de la Cultura de Maracay (1994), la Bienal de Literatura Miguel Ramón Utrera (2004) y la Bienal de Poesía Abraham Saloum Bittar (2014), entre otros reconocimientos. Fue becario de la Fundación John Simon Guggenheim, de Nueva York (2009).


Autor de Poemas (1983), Ventana de emergencia (1990), Cantigas (1990), Muro en lo blanco (1991), Fértil miseria (1992), Frágil en el alba (1994), El terco amor (1997), Los trabajos y las noches (1998), Palabra o indigencia (2000), La patria forajida (2006), Instrucciones para armar el meccano (2006) y Los daños colaterales (2019, edición póstuma de La Poeteca), entre otros.


https://cultura-urbana.com/autores/harry-almela/


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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés.