El filme '21 gramos' popularizó los versos del poeta venezolano
JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
13 FEB. 2008 - 18:30 VET
"La tierra giró para acercarnos, / giró sobre sí misma y en nosotros, / hasta juntarnos por fin en este sueño". En la película 21 gramos, Sean Penn recita estos versos a Naomi Watts en un restaurante chic. El personaje de Penn habla del autor de esas palabras como de su "poeta favorito". Pues bien, ese poeta es Eugenio Montejo, venezolano de 69 años, que acaba de publicar El cuaderno de Blas Coll (Pre-Textos). Montejo recuerda la primera noticia que tuvo de la película de Guillermo ArriagayAlejandro González Iñárritu que dio a su poesía una popularidad poco habitual para el género: "Recibí un e-mail en el que un chico me decía que iba a usar unos versos míos. Pensé: cosa de universitarios. Al poco me contaron que en una película de Hollywood citaban a un venezolano. El chico que me había escrito el mensaje resultó ser Arriaga, que me dijo luego que a Penn le costaba mucho pronunciar Eugenio. El sonido jota es una tortura para los anglosajones. En Londres, una profesora me dijo: 'Mejor te llamo Jeremy".
La memoria del escritor de Caracas sale del cine y tropieza con el pan que tiene en la mesa. Su padre tenía una panadería y él se refugiaba allí. "Me impresionaba", cuenta, "la harina por todas partes, el rito de poner el horno al rojo vivo, el sentido de la responsabilidad de aquella gente, trabajando toda la noche. Ése fue mi taller literario". Lo dice mientras da cuenta con parsimonia del menú que la Residencia de Estudiantes sirve en platos diseñados por Laura García Lorca. "Aquí la comida tiene memoria", apunta Montejo. "Seguro que esta merluza le gustaría a Juan Ramón".
Entre plato y plato, el poeta recuerda también el descubrimiento que marcó su infancia, el alfabeto: "Me fascinó que el universo cupiera en 28 caracteres". Y recuerda siempre la respuesta de un barbero de barrio en sus años de diplomático en Lisboa cuando él llamó analfabeto a un político: "No hable mal de los analfabetos. Ellos inventaron la escritura".
La comida desemboca en una naranja preparada, y la conversación, en la política. El autor de clásicos de la literatura latinoamericana actual como Adiós al siglo XX hubiera preferido seguir hablando de poesía, pero no se escabulle cuando se le pregunta por el Gobierno de su país: "Hay una regla de oro de la diplomacia: no hablar de cuestiones internas de tu país fuera de él. Si me siento autorizado es porque ha sido el Gobierno mismo el que, en la famosa cumbre de Chile, llamó fascistas a los estudiantes. Chávez viola todas las normas, empezando por el significado de las palabras. Cuando los estudiantes marcharon pacíficamente hasta la Asamblea Nacional los esperaban pistoleros motorizados. ¿No son éstos los que se parecen a los fascistas italianos?". A Eugenio Montejo le "complació infinito" el no en el referéndum constitucional, aunque prevé un futuro lleno de tensiones "ahora que al presidente se le ha confirmado, contra su deseo, la fecha de salida".
El comedor se va vaciando y el poeta recuerda el consejo medieval: "Ponello en las menos palabras que puedan ser". Y apostilla: "Eso es la poesía, ¿no?". Sí. Y el periodismo
Eugenio Montejo en la Residencia de Estudiantes. Madrid. Fotografía de GORKA LEJARCEGI
Menú del almuerzo en la Residencia de Estudiantes. Madrid
A continuación el dialogo de la película donde se recita el fragmento del poema: Paul Rivers (Sean Penn) Cristina Peck (Naomi Watts) PaulRivers: -Hay un número oculto en cada acto de la vida, en cada aspecto del universo, fractales, materia… hay un número que clama por decirnos algo…. te estoy aburriendo.
CristinaPeck: -No, no, yo…, lo siento.
Paul: -Lo se, lo que intento explicar es que los números son una puerta para entender un misterio que es mayor que nosotros. El modo en que dos personas desconocidas llegan a conocerse. Hay un poema de un escritor venezolano que empieza: “La tierra giró para acercarnos más, giró sobre si misma y en nuestro interior hasta que por fin nos reunió en este sueño” Cristina: -Muy bonito
Paul: -Tienen que ocurrir tantas cosas para que dos personas se conozcan. En el fondo, eso son las matemáticas.
La transcripcion del dialogo fue tomada de Jaquemate
Hoy le hacemos llegar el relato de como Guillermo Arriaga, llegó a conocer al poeta venezolano Eugenio Montejo (Caracas, 19 de octubre de 1938 - Valencia, 5 de junio de 2008) y de como obtuvo la autorización por parte del poeta pata incluir unos versos suyo en el guión de la película 21 gramos. Todo un relato muy campbeliano de viaje, de búsqueda y conformación del heroe. Ciertamente no sabemos que tanto de verdad y que tanto de reconformación de la realidad o de la memoria tiene la narración. Pero no podemos negar que el cuento tiene su encanto, más aún con el sabor nacionalista de tener como protagonista a un poeta local y que llegamos a conocer y a coincidir en algunas de las colas oficinescas de la Universidad de Carabobo. Montejo sabía de las taras propias del submundo universitario. Recuerden de como en este blog compartimos con ustedes una carta de Montejo dirigida al Director de Cultura de la Universidad de Carabobo del año 1974 en la entrada: Quisiera pedirte que gestionaras mi aumento, aquí en Lóndres estoy muy apretado. Una carta de Eugenio Montejo a Felipe Herrera Vial..
Arriaga dice que el uso del fragmento del poema de Montejo en la película 21 gramos le sirvió de impulso al escritor venezolano y lo hizo más conocido. Nosotros creemos que eso sucedió fuera de Venezuela. En nuestro país recordamos que cuando vimos la película junto con unos amigos, que eran empleados de la Universidad de Carabobo, la mención a un poeta venezolano les pareció curiosa y cuando les participamos que el poeta era Montejo no les provocó ninguna reacción porque no lo conocían. Venezuela es el país donde los escritores son conocidos solo si son políticos, funcionarios de cierto peso , escriben telenovelas o salen en televisión. Lo usual es que los escritores solo sean famosos entre escritores y unos cuantos lectores. Nosotros somos creyentes de que en Venezuela hay dos formas de medir la popularidad o fama los poetas: la primera con disgusto y la segunda con gusto. Con disgusto es cuando te meten en el canon y los estudiantes deben padecer la lectura de algún autor y con gusto cuando algún poema o fragmento se hace parte de la vida diaria como por ejemplo cuando un grafitero escribe con aerosol sobre una pared un verso de algún poeta o cuando recitan el poema de algún escritor en todas las radios por lo menos una vez al año como sucede con Las Uvas del Tiempo de Andrés Eloy Blanco todos los 31 de diciembre. Aunque es bastante curiosa la cantidad de visitas, unas 13.459 desde el año 2007,en el video del poema "En otro cuerpo" una grabación de su participación enel renombrado y muy cuestionado Festival de Poesía de Medellín. Comparenla con las 1334 Visualizaciones del poema "Terredad" que fue subido en 2021.
Conocen la expresión: "Un secreto a voces" para hablar de algo que todo el mundo conoce pero que nadie publicita o comenta, el equivalente en el mundillo literario de Venezuela sería "Un secreto mudo" porque los escritores solo son famosos dentro del gremio, un caso extremo de endogamia literaria. Exceptuando los casos que mencionamos hace unos momentos.
Un caso curioso dentro del vademecum cultural popular venezolano es el del poco aprecio por Sean Penn, como persona. Usualmente la mayoría de la gente solo lo recuerda porque usaba como pera de boxeo a Madonna. Así que no estamos seguros de como recibiría el público venezolano que Sean Penn, ese que machacaba a Madonna, recitara los versos de Montejo.
Esperamos que disfruten de la entrada
Atentamente
La Gerencia
En otro cuerpo (Eugenio Montejo, Venezuela)
13.459 Visualizaciones desde el 9 may 2007 hasta el 8 feb de 2026
Contaré aquí por qué elegí el poema de Eugenio Montejo en «21 Gramos» y cómo sucedió. Alguna vez, en casa de Jaime Aljure, mi editor, le dije que no encontraba poetas poderosos. Sacó un libro de Montejo y me leyó en voz alta un par de poemas.
Quedé prendado de la elegancia y la fuerza de Montejo. En una visita a Caracas, pedí su número de teléfono y después de varios días de dudarlo y como vil fan, me atreví a llamarlo. Apenas me escuchaba y me pidió volver a marcarle.
Al contestarme le dije que era un novelista mexicano y que deseaba conocerlo. Me citó, para mi horror, a las siete de la mañana en domingo en un café céntrico. Tenía una cena y dormiría tarde, pero se trataba de Montejo y no pensé cancelar.
Nos encontramos. Los únicos en el café a esas horas. Eugenio Montejo vestía impecable. Traje y corbata. Se aprestaba a un largo viaje. Se portó generoso y amable. Intercambiamos libros y nos despedimos.
En repetidos viajes a Caracas, pregunté en varias librerías por sus libros. No los habían reeditado. Una tristeza. Para mí el mayor poeta vivo y no era conocido en su tierra. En cuanta entrevista me hacían allá, no desaproveché para promover su obra.
Cuando escribí «21 Gramos» decidí hacerle un homenaje a su inmenso poema «La tierra giró para acercarnos». Lo incluí y se decidió producir la película. Le mandé un mail para contarle y respondió con un escueto mensaje de agradecimiento y de alegría por ello.
Cuando los abogados del estudio vieron que había incluido un poema, me informaron que era necesario un documento por escrito y notariado donde Montejo. Le escribí a Eugenio pidiéndoselo. No respondió. Desesperado intenté llamarle. Nada. Le mandé docenas de mail. Nada.
Los abogados americanos me advirtieron: «si no hay autorización por escrito, el poema no va». Le mandé más correos a Montejo implorando por el documento. Nada. «No va», insistieron los abogados. Pregunté qué podía hacerse.
La única alternativa era que yo entregara un documento notariado donde me hiciera responsable financiera y legalmente por cualquier demanda que el autor ejerciera contra el estudio. Lo entregué. No deseaba que el poema se excluyera de la película.
La película se exhibió en varios países y el nombre de Montejo empezó a ser conocido. Se reimprimieron sus libros en Venezuela con grandes tirajes, y el público venezolano se paraba a aplaudir en los cines cuando Sean Penn recitaba su poema.
Me sentí feliz del éxito del poema pero aún pendía sobre mí una posible demanda por incluirlo, hasta que una noche recibí una llamada. Era Montejo. Se disculpaba por no haber contestado los correos. Él pensaba que se trataba de un cortometraje estudiantil y que exagerábamos al pedirle un documento notariado. Que nunca pensó que Sean Penn fuera quien hiciese mención a su poema. Nos hicimos amigos. Juntos viajamos a Valencia, su ciudad, a presentar «Los elefantes nunca olvidan», cortometraje dirigido por Lorenzo Vigas y que yo produje.
Ese viaje en carretera, de casi dos horas y media, lo guardo como uno de los mejores de mi vida. Montejo me deslumbró con anécdotas y relatos sobre su vida, sobre Caracas, sobre Venezuela, sobre su brillante poesía.
Nos volvimos a ver en México y me llamó para invitarme a la entrega del Premio Octavio Paz que merecidamente le fue otorgado. Desafortunadamente, Eugenio murió al poco tiempo por cáncer pulmonar. Lamenté, y aún lamento, su partida. Le quedaban decenas de poemas por escribir.
En estos tiempos aciagos para Venezuela, nada mejor que releer a Montejo y recordar la belleza y claridad de su escritura.
A continuación el dialogo de la película donde se recita el fragmento del poema: Paul Rivers (Sean Penn) Cristina Peck (Naomi Watts) PaulRivers: -Hay un número oculto en cada acto de la vida, en cada aspecto del universo, fractales, materia… hay un número que clama por decirnos algo…. te estoy aburriendo.
CristinaPeck: -No, no, yo…, lo siento.
Paul: -Lo se, lo que intento explicar es que los números son una puerta para entender un misterio que es mayor que nosotros. El modo en que dos personas desconocidas llegan a conocerse. Hay un poema de un escritor venezolano que empieza: “La tierra giró para acercarnos más, giró sobre si misma y en nuestro interior hasta que por fin nos reunió en este sueño” Cristina: -Muy bonito
Paul: -Tienen que ocurrir tantas cosas para que dos personas se conozcan. En el fondo, eso son las matemáticas.
La transcripcion del dialogo fue tomada de Jaquemate
En la siguiente entrevista radiofónica que le hizo en su programa "¡Los Increibles!, el escritor Leonardo Padrón a Eugenio Montejo, este último recita los tres verso que recita Sean Penn, en el minuto 16:28.
Los Imposibles de Leonardo Padrón con Eugenio Montejo: Poesía para el mundo🌎
Un joven Eugenio Montejo (Caracas,19 de octubre de 1938 - Valencia, 5 de junio de 2008). Fotografía de Héctor López Orihuela. Tomada del libro "Rostro y Poesía". 1996
El 19 de Octubre fue el cumpleaños del desaparecido poeta venezolano Eugenio Montejo. Por esta razón decidimos compartir con ustedes esta entrevista como una forma de hacerle un pequeño homenaje a Montejo y de hacerles un obsequio a ustedes.
Deseamos disfruten de la entrevista.
*******
Pavana para una dama egipcia
Yo sé que un día aquí sobre la tierra no estaré nunca más. Habré partido como los viejos árboles del bosque cuando los llama el viento. Y esto que escribo no me lo dicta apenas una idea pues ya se ha hecho sangre de mis venas.
También sin meditar suelen los árboles tener claro su fin. Como toda materia guarda memoria de su nada póstuma. No es preciso pensar para decirse —cada quien a sí mismo— adiós por dentro. Con ver las hojas en otoño basta; con ver la tierra allá a lo lejos, roja, flotando en el abismo, sin nosotros, se aprende casi todo...
Yo sé que un día con tus egipcios ojos me buscarás sin verme aquí en la tierra, y no estaré ya más. Y no es la mente quien me lo dice ahora, sino tu cuerpo donde puedo leerlo; aquí en tus brazos, tus senos, tu perfume, porque lo eterno vive de lo efímero como en nosotros el dios que nos custodia con tanto enigma en su perfil de pájaro y su vuelo que siempre está a la puerta. -
Es el amor el destinado a salvar la poesía en todas las épocas.
Una conversación con el poeta venezolano Eugenio Montejo (Caracas,19 de octubre de 1938 - Valencia, 5 de junio de 2008)
Wendolyn Lozano Tovar
Lo eterno vive de lo efímero. Una conversación con Eugenio Montejo
Eugenio Montejo nació en Caracas, Venezuela, en 1938. Ha sido editor y
diplomático. Es autor de los siguientes libros de poesía: Élegos (1967), Muerte y memoria (1972), Algunas palabras (1976), Terredad (1978), Trópico absoluto (1982), Alfabeto del mundo (1986), Adiós al siglo XX (1992), Partitura de la cigarra (1999) y Papiros amorosos (2002). Asimismo, ha publicado dos colecciones de ensayos: La ventana oblicua (1974) y El taller blanco (1983), así como varios cuadernos de escritura heteronímica, entre los que figuran: El cuaderno de Blas Coll (1981), Guitarra del horizonte por Sergio Sandoval (1992), El hacha de seda
por Tomás Linden (1996) y Chamario por Eduardo Polo (2004). Antologías
de su obra poética han sido publicadas en Brasil, España, México,
Bogotá, Londres, Caracas y Valencia. En 1998 le fue concedido el Premio
Nacional de Literatura en Venezuela y en 2004 el Premio Octavio Paz de
Poesía y Ensayo en México. Los poemas que acompañan a esta entrevista
pertenecen a Geometría de las horas, antología realizada por Adolfo Castañón, recientemente publicada por la Universidad Veracruzana.
* * *
Wendolyn Lozano Tovar: La musicalidad cobra importancia en su poesía, con mayor énfasis en La partitura de la cigarra (1999). Me comentaba antes que ha experimentado cierto jamais vu con música que lo lleva a recordar cosas que en verdad no le han sucedido. ¿Cómo lo acompaña la música en su quehacer poético?
Eugenio Montejo:
Creo que el poema debe partir de una música que, por así decirlo, guíe
la significación de las palabras, que interfiera en el significado de
éstas y lo modifique hasta crear una representación distinta. En todo
verdadero logro poético la música cumple una parte importante. Tal vez
sea necesario repetirlo ahora pues desde comienzos del pasado siglo se
acentuó cierta “cerebración progresiva”, que ha antepuesto las
deducciones del intelecto a la necesidad de una armonía verbal. Ahora
bien, rozamos aquí un asunto que no se deja simplificar fácilmente. Una
música estereotipada basta para matar un verso. El aporte musical de un
poema ha de ser parte indiscernible de su hallazgo, al punto que no se
pueda hablar de una música y un significado en solitario, sino que ambos
resulten ser, por obra del poema mismo, una misma cosa. Mi maestro Blas
Coll decía que “la poesía no es verdad ni es mentira, sino lo que diga
su ritmo”. Cuando se comprueba el hallazgo, sea en un poema propio o
ajeno, puede ocurrir que su lectura nos induzca a acordarnos de cosas
que nunca nos han sucedido.
WLT:
Su poesía es una celebración de la vida y del instante presente. ¿Hacia
dónde torna los ojos Eugenio Montejo, hacia lo eterno o hacia lo
efímero? ¿De dónde surge su “Pavana para una dama egipcia”?
EM:
Creo que el sentimiento del tiempo ha marcado todo lo que he intentado
escribir. Me refiero a la percepción de nuestra efímera y frágil
existencia y a la impermanencia de cuanto nos rodea. Nada existe aquí
que al momento siguiente no pueda ser distinto. Siempre he pensado que
el sentido de percepción del tiempo varía de un ser a otro, y que en
algunos se aguza con un registro casi superior al de sus sentidos
naturales. Los místicos resaltan siempre la importancia del ahora como
lo único nuestro, el ahora, esa palabra que más que cualquiera otra de
nuestra lengua debería ser monosilábica.
El
poema “Pavana para una dama egipcia”, como otros que he escrito, se
confronta con estas afirmaciones que apunto arriba. Se nutre de una
visión circular del tiempo, por eso afirma que “con ver la tierra allá a lo lejos, roja, / flotando en el abismo sin nosotros / se aprende casi todo”.
El tiempo de nuestras postrimerías, en que erramos desasidos de todo,
ya parece haberse vivido o soñado y las palabras lo anticipan. El poema
cierra con una alusión a ese dios que espera siempre a la puerta con su
cara de pájaro, el venerado Toth, el dios egipcio de la escritura.
WLT:
Cavafis, el “poeta de la historia” como usted lo ha llamado, además de
rescatar la memoria va en pos del conocimiento como va Ulises hacia
Ítaca. ¿Podría decirse que Eugenio Montejo es un poeta que viaja hacia
sí mismo?
Toth, el dios egipcio de la escritura.
EM:
Cavafis es un gran poeta, un creador que ciertamente dialoga
poéticamente con la historia, lo cual viene a ser un recurso para
acentuar su devoción por la memoria. Es también, como se ha dicho, un
poeta de la vejez, un hombre que madura plenamente antes de
manifestarse, y que desconfía casi maniáticamente de cualquier intento
precipitado de publicación. Todos estos son rasgos que lo definen, pero
que no nos explican sus hallazgos, me refiero a la escritura de algunos
poemas que se han vuelto símbolos definitivos de toda una época.
Finalmente, en cuanto a mí, guardando las proporciones, no sé a cuál
Ítaca viajo, ni si ésta se encuentre dentro o fuera de mí mismo. El caso
es que vivimos tiempos de mayor peligro que los de Cavafis, tiempos de
amenaza atómica, y ello cambia el sentido del viaje y hasta la brújula
de que nos valgamos. Como dice Álvaro Mutis, la verdadera brújula es el
dolor y el sufrimiento para poder orientarse ante las situaciones y los
acontecimientos.
De izquierda a derecha: J. M. Villarroel París, Eugenio Montejo, Reynaldo Pérez Só, Alejandro Oliveros y Teófilo Tortolero
WLT: Si
nuestro cuerpo es furtivo y “es a medias tuyo, a medias mío y de la
tierra”, considera usted que estamos hechos de lo que el Cosmos está
hecho?
EM:
Sí, ya los antiguos hablaban de la correspondencia entre el macro y el
microcosmo. Sin embargo, el poema dialoga con otra verdad, aquella que
afirma que “una parte de la vida está en nuestras manos y la otra no”,
como decía Epicteto. La poesía viene a ser un diálogo entre la parte de
la vida que poseemos y aquella que no sabemos dónde se encuentra, un
diálogo con el misterio. Y ese misterio se comprueba en el amor, los
asombros, la memoria, la muerte y en todos los hechos de nuestra vida.
WLT:
Ese duende que lo ha acompañado en su juventud, ¿qué le decía? ¿Qué le
sigue diciendo usted a ese joven Montejo que de noche escribía poemas?
EM:
Su pregunta se refiere al poema “El duende”, el mismo que abre mi
último libro y que ha sido publicado y leído en México en forma
anticipada. El poema nació de un encuentro con una vieja calle donde
ciertamente viví un tiempo. Desde el balcón de un edificio que entonces
habitaba solía escribir por las noches. Sentí que, con el paso de las
cuatro décadas transcurridas ya no era yo ciertamente el mismo que
regresaba, sino el viejo duende de aquel muchacho, el que estaba con él
entonces agazapado en los pliegues del futuro. ¿Qué le decía? Los
duendes, más que hablar, miran siempre en silencio, aunque algo delata
su invisible presencia. Por lo demás, el poema tiene tres partes, aunque
allí se haya dado a conocer sólo la primera. En la tercera parte la voz
del poema la asume el duende directamente.
Epicteto
El DuendeEsta misma calle, pero antes,
a bordo de mis veinte,
de noche en noche, con tabaco y lámpara,
escribía poemas.
Alrededor la multitud dormida
soñaba con dinero
y alguna que otra estatua recosía
el azul de su sombra.
Nunca supe qué duende a mis espaldas
–volátil e insistente–
fijos los ojos me seguía
frase por frase y letra a letra.
No, no era aquel azul casi corpóreo
arrancado del mármol,
ni mi ángel de la guarda anochecido
y en ardua vela,
ni tampoco un espectro hamletiano,
veraz hasta el misterio,
ni ninguna presencia subitánea
de aquella época.
Nada de nada ni de nadie,
sino yo mismo, yo mismísimo.
Pero no aquél de entonces: –éste
que cifra ya sesenta,
–éste era el duende…
El que aquí vuelve buscándome de joven,
en esta misma calle, a medianoche,
y me llama
y no es sueño.
WLT:
Su poesía del ser y renacer de vidas antepasadas y futuras convergen en
una (“luz al fondo de sus ojos”). Si su mayor deseo fue nacer y cada
vez aumenta ese deseo, ¿de dónde proviene su motivación vital?
EM:
La primera parte de su pregunta concierne a la visión circular del
tiempo, por oposición al tiempo lineal que ha prevalecido en la cultura
de Occidente. En cuanto a la segunda, la remitiría a unos versos de otra
Pavana, donde se lee: “Pavana para mi vida aquí en la tierra / en esta
tierra que no atormenta tanto con la muerte, / sino con la belleza.”
Dicho
en otras palabras, el asombro ante la belleza del mundo es el que
retiene al hombre sobre la tierra y le estimula todos sus
emprendimientos. De una tierra más bien lóbrega, sin colores, sin
árboles ni pájaros, sería más fácil desprenderse.
WLT: Si “un solo amor puede salvarlo todo”, ¿podría la poesía salvar al amor?
EM: El penúltimo poema de mi libro Papiros amorosos
abre con ese verso. El poema se llama “Anillo”, pues comienza y termina
por el mismo verso. Cierta vez, un periodista, al interrogarme, me dijo
si no me parecía demasiado obvia la afirmación allí contenida. Le dije
que reparara en que abre y termina la secuencia del poema; puede parecer
al principio una trivialidad, como casi todas las palabras que convoca
el amor, pero está escrito de modo que el lector se interrogue al
término de su lectura si aún le parece trivial. Me pregunta finalmente
si la poesía puede salvar al amor. Pues creo todo lo contrario: es el
amor el destinado a salvar la poesía en todas las épocas. Y aún en la
difícil e incierta época que vivimos.
En la pelicula de 200321 Gramos escrita por Guillermo Arriaga y dirigida por Alejandro González Iñárritu leen el trozo inicial de un poema de Eugenio Montejo, especificamente La tierra giro para acercarnos. Aqui lo tienen completo:
La tierra giró para acercarnos
La tierra giró para acercarnos giró sobre sí misma y en nosotros, hasta juntarnos por fin en este sueño como fue escrito en el Simposio.
Pasaron noches, nieves y solsticios; pasó el tiempo en minutos y milenios. Una carreta que iba para Nínive llegó a Nebraska.
Un gallo cantó lejos del mundo, en la previda a menos mil de nuestros padres.
La tierra giró musicalmente llevándonos a bordo; no cesó de girar un solo instante, como si tanto amor, tanto milagro sólo fuera un adagio hace mucho ya escrito entre las partituras del Simposio.
A continuación el dialogo de la película donde se recita el fragmento del poema: Paul Rivers (Sean Penn) Cristina Peck (Naomi Watts) PaulRivers:
-Hay un número oculto en cada acto de la vida, en cada aspecto del
universo, fractales, materia… hay un número que clama por decirnos
algo…. te estoy aburriendo.
CristinaPeck: -No, no, yo…, lo siento.
Paul:
-Lo se, lo que intento explicar es que los números son una puerta para
entender un misterio que es mayor que nosotros. El modo en que dos
personas desconocidas llegan a conocerse. Hay un poema de un escritor
venezolano que empieza: “La tierra giró para acercarnos más, giró sobre si misma y en nuestro interior hasta que por fin nos reunió en este sueño” Cristina: -Muy bonito
Paul: -Tienen que ocurrir tantas cosas para que dos personas se conozcan. En el fondo, eso son las matemáticas.
La transcripcion del dialogo fue tomada de Jaquemate
Egresada de la Licenciatura en Derecho por la Universidad Iberoamericana. Ha
colaborado en despachos corporativos, así como en el sector público, en la
Secretaría de Educación del Distrito Federal.
Ha pertenecido a talleres de Creación Literaria dirigidos por maestros como
Antonio Tenorio Muñoz Cota, Maricruz Patiño y Andrés Acosta. Asimismo, ha
participado en diversos cursos literarios ofrecidos por Casa Lamm- México,
dirigidos por Hugo Gutiérrez Vega e Iván Portela.
Ha impartido clases de Derecho Positivo Mexicano, así como Talleres de
Expresión y Apreciación Literaria en el Instituto Cultural
México-norteamericano y el Colegio Hebreo Magen David.
Actualmente reside en Toronto, Canadá, donde ha impartido talleres
literarios para maestros de español en la Universidad de Toronto, así como
en la Universidad de York. Recientemente, su primera novela en inglés fue
seleccionada por el Muskoka Novel Marathon 2004. Su mayor interés reside en
la expresión poética. Evocación Poética (1995), Tiempo de Agua (2002) y
Poesía eres Mujer (2004) constituyen sus primeros trabajos poéticos.