Ilustración de Rafael Gómez Alejos para la portada del libro ‘Voces íntimas. Entrevistas con autores latinoamericanos del siglo XX’, de Reina Roffé (Punto de Vista). /WMagazín.
La pasión de la lectura me viene desde muy temprano, mi madre me enseñó a leer cuando tenía 5 años y el primer libro que repasaba cada día, por cierto en voz alta, era la Historia Sagrada.
Deseo compartir en este texto, la devoción que me produjo la lectura de algunas páginas, por quienes las habían escrito.
La primera vez que degusté los poemas de Constantino Cavafis, sentí la necesidad vital de sentarme con él en una taberna del puerto, para hablarle de mis viajes, de las causas de mi exilio voluntario.
Pero entre los dos, existía una separación irremediable de tiempo y de distancia, entonces lloré, lloré de impotencia y de tristeza, por la imposibilidad de comunicarme con el ser, que creía, hubiera vislumbrado mi alma a través de las palabras.
En silencio, resonaron sus versos, mientras las lágrimas fluían de los ojos.
Dices; " Iré a otra tierra, hacía otro
mar
y una ciudad mejor con certeza
hallaré.
Pues cada esfuerzo mío està aquí
condenado,
y muere mi corazón
lo mismo que mis pensamientos
en esta desolada languidez.
....
No hallarás otra tierra, ni otro mar.
La ciudad irá en tí siempre. Volverás
a las mismas calles. Y en los mismos suburbios llegará tu vejez;
en la misma casa encanecerás
pues la ciudad es siempre la misma.
Otra no busques. No hay...
Afortunadamente, pude conocer y conversar muchas veces con otro de mis poetas amados: Eugenio Montejo. Recordarlo es meditar sobre el habla de los árboles, en el grito de los pájaros al atardecer, en Manoa, ese lugar que buscamos más allá del Orinoco y de los tepuyes.
Alguna vez, en una madrugada cuando salíamos de un bar de Sabana grande, nos topamos con ese gran narrador venezolano: Eduardo Liendo, quien entre otras cosas, compartió con nosotros, una anécdota de Montejo. Dijo que se lo había encontrado una mañana muy preocupado, con algo que sus dedos sostenían con cuidado, era un pichón que él había recogido en la acera, y juntos fueron a buscar una fuente para que el ave bebiera agua y sanara.
Eduardo Liendo (Caracas, 1941 – 2025) retratado por Jaime Ballestas. Fotografía tomada en los años 80 y que forma parte del libro "Retratos selectos" publicado en el año 2005.
Esa era la Caracas que perdimos, en los crueles aconteceres de los últimos 25 años
Montejo fue mi inolvidable profesor de las cátedras: Poesía I - II cuando cursé la maestría de literatura en el postgrado de la Universidad Central de Venezuela. Sus clases eran un acontecimiento intelectual y emocional, al finalizar, compartíamos un café, su lenguaje era siempre terso y profundo, yo lo llevaba después en mi carro, hasta su casa.
Estos son sus versos:
"La poesía cruza la tierra sola.
apoya su voz en el dolor del mundo
y nada pide.
_Ni siquiera palabras.
Llega de lejos y sin hora, nunca avisa;
tiene la llave de la puerta.
Al entrar siempre se detiene a mirarnos.
Después abre su mano y nos entrega
una flor o un guijarro, algo secreto,
pero intenso que el corazón palpita
demasiado veloz. Y despertamos."
Eugenio Montejo. Fotografía de Vasco Szinetar.
Eugenio Montejo fue un poeta universal, con un discurso que cae sobre las aristas del corazón, y lo estremece, porque nos recuerda la humanidad que nos sostiene, en un planeta azul que gira y gira.
Hernán Vargas Carreño, un poeta colombiano que soñaba con reunir toda la poesía de Montejo, en una antología bilingüe español portugués, me dijo, que éste era un poeta con una obra digna de un premio Nóbel.
Sigamos hablando de los escritores amados, conocí a Antonio Skarmeta, el autor de Ardiente paciencia, la novela que fue llevada al cine, sobre il postino, que le llevaba las cartas a Neruda durante su exilio en Italia. Andaba con mi amiga entrañable, Marisol Marrero, quien no sé si por accidente o decisión propia, trastabilló y cayó en brazos del novelista, mientras él reía de una manera jocosa.
Debo confesar que nunca he conocido a alguien con una personalidad tan cálida y tan arrolladora como la del novelista, dramaturgo, guionista de cine y televisión chileno, fallecido el año pasado.
Pablo Neruda, Juan Rulfo y Antonio Skarmeta.1969. Fotografía de Sara Facio
Nos contó de su cercana amistad con Neruda, lo que le permitía la confianza, de llevar a las chicas que él deseaba seducir, a visitar al bardo ya retirado, en su casa de Isla Negra.
En 1993 cuando Fernando Vallejo ganó el premio Rómulo Gallegos con su libro: El desbarrancadero, fui a almorzar con la ya mencionada amiga Marisol Marrero, a un restaurante de Los Palos Grandes. El portero que nos conocía, nos dijo si queríamos acompañar al novelista laureado, quien estaba muy solo en una mesa. Debo confesar que no había leído los libros de este autor colombiano residente en méxico, pero su físico muy delicado y su tímida personalidad no concordaban con las desafiantes propuestas de su narrativa.
Isabel Allende, Arlington, VA, 1981. Fotografía de Marcelo
Otra experiencia amable fue mi encuentro con Isabel Allende.
La lectura de su primer libro: La casa de los espíritus fue impactante, por eso asistí en 1984 a la firma de su segunda novela escrita en Caracas, donde ella vivía en esa época: De amor y de sombras.
Llegué a la librería Lectura del Centro Comercial Chacaíto muy puntual, ella era joven y atractiva, llevaba un chaleco rosado que no he olvidado. Había muy poca gente, lo que me dio la oportunidad de sentarme y conversar animadamente sobre su primera novela. Desde entonces, se convirtió en una de mis escritoras favoritas.
Debo confesar que la conmoción que la lectura de algunas páginas me produce, a veces, se transforma en fascinación, casi en un culto sagrado, lo que me impide aprovechar la cercanía con los escritores admirados, como hace la mayoría de las personas.
Creo que eso me pasó con Gabriel García Márquez, cuyo hermano Gustavo, mi vecino y el mejor amigo de mi marido, nos invitaba casi todos los diciembres a la casa de su madre en Cartagenade Indias. Allí conocí a casi todos los García Márquez, quienes llamaban: "rincón guapo" a la cocina inmensa, donde se reunían para desayunar. Sus conversaciones eran tan delirantes, como los cuentos del Nobel. Entre ellos, hice una amistad especial con el menor: Eligio Gabriel, quien también era escritor y falleció tempranamente.
Al Gabo lo conocí en Caracas. Compartimos en más de tres ocasiones. Cuando Gustavo se lo presentó a mi marido le dijo: Este es Ballestas, mi hermano, entonces él respondió:_ Si es tu hermano, me toca aceptarlo también como mío, lo abrazó con una sonora carcajada. Desde entonces tomó la costumbre de enviar sus cuentos inéditos, vía fax. Al llegar en la mañana a la oficina, el rollo de papel extendido por el suelo, nos indicaba un nuevo mensaje del patriarca del realismo mágico.
La segunda vez vino a Venezuela, con Jaime, el hermano que dirigía el Instituto del nuevo periodismo en la ciudad heróica, a quien invitamos a almorzar. Creímos que el Nóbel, por tener una agenda repleta, le era imposible asistir. Nos sorprendió que cuando Jaime le comunicó que los Ballestas lo habían invitado a un restaurante italiano, éste le dijo que era una oportunidad para llevar a la amiga que había traído: Susana Cato, una cineasta mexicana. La única condición que pidió fue que no asistiera ningún periodista.
Esa tarde inolvidable, Gabito no habló de literatura. Casi con voz profética, describió en un futuro que él no vería, la destrucción de la cultura occidental por los nuevos bárbaros, los seguidores del Islam.
Pidió como plato principal, pennes a los cuatro quesos, y nos dió, entre whiskys y vinos, una clase de como comerlos, tal como lo hacen los nobles romanos.
El siguiente encuentro ocurrió cuando el Gabo sufrió un aparatoso accidente, cuando iba de salida del país, al aéreopuerto de Maiquetía.
Gustavo vivía entonces, en la urbanización: Los Corales, cerca del mar. Esta vez, fui con un médico amigo que quería conocerlo. Napoleón Ascanio tocaba la guitarra magistralmente, y cantaba baladas italianas y rusas. Fue una velada inolvidable.
Me permití, esta vez, preguntarle sobre algunos personajes de Los cuentos peregrinos, en forma empática, GGM compartió eventos vividos, los cuales habían inspirado algunos, de esos relatos.
Doy gracias, porque por largos años pude intercambiar cartas con escritores famosos, pero, la oportunidad que agradezco infinitamente, es haber compartido largas conversaciones, fiestas inolvidables, con amigos escritores como: Luis Beltrán Mago, José Tomás Angola, Edgard Vidaurre, Carmen Cristina Wolf, Nora Carbonell, Magaly Salazar, Belkis Arredondo, Marisol Marrero, Anabelle Aguilar, y tantos otros que saben que están en mi corazón y cuya lista sería interminable.
Hago mía la canción de Violeta Parra: Gracias a la vida que me ha dado tanto.
Lidia Salas. Poeta y ensayista. Nació en la ciudad de Barranquilla, Colombia. Ha vivido en Venezuela por más de 40 años. Posee doble nacionalidad, colombo-venezolana.
Licenciada en Filología e Idiomas de la Universidad del Atlántico. (Colombia) Obtuvo su maestría en Literatura venezolana en la Universidad Central de Venezuela.
Autora de los siguientes poemarios: Arañando el silencio. Finalista del 1º Concurso de Poesía Libre de la Universidad de Córdoba. (Colombia) Ediciones Puesto de Combate. Bogotá. Colombia. 1984 Mambo Café Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela. Caracas.1994. Mención de honor del Concurso de Poesía del Ateneo “Casa de Aguas” (Venezuela) Venturosa. Premio Único del VII Concurso Nacional de IPASME. Caracas, Venezuela. 1995. Luna de Tarot Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela. Caracas. 2000. Este poemario fue llevado al teatro en la Semana del Poesía en Escena en Caracas.. Coautora con Elena Vera de la antología Quaterni Deni 1988. Katharsis. Editorial Lector Cómplice. Caracas. 2013. Ciudad de Azul y Vientos, libro digital (Amazon) Edición impresa: Editorial Lector Cómplice. Caracas, 2016. Autora de las siguientes plaquettes: Sedas de otoño (2006) e Itinerario Fugaz. (2007) Edición de la Universidad Nacional Abierta. .Su poema “Hechizo de isla” fue finalista en el III premio Internacional de Poesía Amorosa en Palma de Mallorca. España. Publicado en la Antología del Círculo de Bellas Artes de la misma ciudad. 2005.
Muestra de su obra ha aparecido en las siguientes antologías: Poetas en Abril. (1985.) Quienes escriben en Venezuela. Diccionario abreviado de escritores venezolanos (2004). El hilo de la voz (2004). Antología poética (Ediciones Círculo de Escritores de Venezuela. Caracas. 2005). Antología del Octavo Encuentro Internacional de Escritoras (2008) La mirada Femenina (Universidad Metropolitana. Publicaciones Arbitradas. Caracas.2008.) Sus ensayos han sido publicados por revistas nacionales e internacionales como A la Mar de la Universidad de California. USA. Ateneo y Caracola. Y en periódicos tales como El Nacional, Ultimas Noticias. (Caracas) El Impulso (Barquisimeto) y Frontera (Mérida).
Rosario Castellanos, Elena Garro, Clarice Lispector, María Luisa Bombal y Silvina Ocampo
"Las mujeres no escriben. Y cuando escriben, se suicidan": las escritoras latinoamericanas durante el Boom
Elena Poniatowska es una de las escritoras de la generación del Boom que más reconocimiento ha recibido, aunque fue posterior. FUENTE DE LA IMAGEN,RONALDO SCHEMIDT/GETTY IMAGES
Juan Carlos Pérez Salazar, @JCPerezSalazar
1 septiembre 2016
El recuerdo es de Cristina Peri Rossi, la gran escritora uruguaya: "Había una biblioteca que para mi era fundamental, la de un tío mío -comunista, soltero, intelectual-. Tendría unos mil libros que fui leyendo en los ratos que él no estaba, porque los tenía en su cuarto (...). Un día me dijo, muy severo: 'Imagino que todavía no has leído todos los libros que tengo, pero sí te habrás dado cuenta de cuántos libros de mujeres hay'".
"Y le dije: sólo tres. Hay uno de Alfonsina Storni, uno de Safo y uno de Virginia Wolf. Y me respondió: 'Mmmm. ¿Y te leíste las solapas para ver cómo murieron?'. Le dije: las tres se suicidaron. Y me contestó: 'Bueno, aprendé: las mujeres no escriben. Y cuando escriben, se suicidan".
Cristina pertenece a una generación fabulosa en las letras latinoamericanas, la que empezó a darse a conocer en la década de los 60 y explotó en toda su dimensión en los 70. La generación que hizo que muchos críticos y lectores consideren a la de América Latina como la gran literatura mundial de la segunda mitad del siglo XX.
Pero es posible que muchos de esos lectores y críticos, si se les pregunta por algún nombre de la época, mencionen a los sospechosos de siempre: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, José Donoso o Guillermo Cabrera Infante.
Todos hombres.
La leyenda dice que la poetisa Safo de Lesbos acabó con su propia vida. Pintura de Safo por Karl Agricola
Camadas extraordinarias
Pero paralela a esa extraordinaria camada de escritores -y muchas veces entrelazada a ella- había también un grupo excepcional de escritoras, muchas de las cuales incluso ahora solo son conocidas en sus países. Y a veces ni siquiera en ellos.
Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes son dos de los más grandes escritores latinoamericanos.
La escritora mexicana Carmen Boullosa ("Las paredes hablan" y "La mano de Lepanto"), de la generación inmediatamente posterior, es una apasionada del tema y recuerda bien esos años.
La escritora mexicana Carmen Boullosa, de una generación posterior al Boom
Foto de JUAN BARRETO.
"Me acuerdo que mi librero, cuando yo era jovencita, por supuesto que tenía a Donoso, García Márquez, Cortázar, Reinaldo Arenas. Muchísimos varones en español. Y tenía muchas autoras de otros idiomas: Katherine Mansfield, Virginia Woolf, Anaïs Nin, Emily Brontë, que habían alcanzado el prestigio literario para llegar al inocente librero de una jovencísima escritora.
"En cambio, no tenía -y ahora que lo pienso me parece casi un crimen- a Rosario Castellanos, que fue una grandísima autora estrictamente contemporánea a la gente del Boom... (La novela) 'Los recuerdos del porvenir' la publicó Elena Garro en 1963 (el mismo año que Cortázar sacó "Rayuela" y Vargas Llosa "La ciudad y los perros"). Y el Boom no las tomó a ninguna de las dos. Ahí es donde uno ve que es mucho el asunto de género".
"Porque es verdad que Elena Garroestaba más loca que una cabra, puso los pies donde no tenía por qué ponerlos, pero no fue el caso de Rosario Castellanos, que era muy respetada, embajadora de México en Israel. Murió en 1974, o sea que hubo tiempo para que la levantara el Boom. Y no lo hicieron".
"A uno lo suicidan"
A la colombiana Albalucía Ángel, un hombre también le habló de suicidio, aunque de una manera muy diferente a la del tío de Peri Rossi.
En una entrevista que le hice hace algunos años, Albalú (como la conocen en Colombia) contó lo que le dijo su amigo ÁlvaroCepeda Samudio (escritor colombiano, gran compinche de Gabo e integrante del famoso grupo barranquillero de La Cueva), cuando ella estaba en medio de una crisis por la presión y el rechazo que sentía por haber decidido ser escritora.
"Me dijo: 'No te dejes engañar, no te dejes suicidar'. Yo no le entendí. 'Es que a uno lo suicidan', me explicó. Tuve la fuerza de irme, porque yo iba a terminar probablemente como él, que sintió que la sociedad lo había acosado, Me decía mucho: 'Váyase, París es igual. Es uno el que no es igual'".
Cristina Peri Rossi reside en España desde los años 70. FUENTE DE LA IMAGEN,LIL CASTAGNET
"Yo entré a La Cueva invisible y así salí. Me acuerdo perfectamente de Germán Vargas, de (Ramón) Vinyes, me acuerdo del ambiente, de los gritos de Álvaro... Y esa fue la tuerca grande de mi existencia para realmente prensarme dentro de ese mundo y decir: ¡Yo voy a ser escritora!".
Luego volvería a reencontrarlo en Barcelona, en la época en que la ciudad no sólo era la capital de Cataluña sino de la literatura latinoamericana, pues allí vivían, además de Carmen Balcells y Carlos Barral(la agente y el editor claves del movimiento), Gabo, Vargas Llosa y Donoso. Y Julio Cortázar viajaba cada que podía desde París.
También vivían Nélida Piñon y Cristina Peri Rossi. Una muestra del cruce que existió entre escritores y escritoras de la generación del Boom, que algunas veces fue de colaboración.
A Albalú, por ejemplo, tanto Julio Cortázar como la que entonces era su esposa, Ugné Karvelis, intentaron -sin éxito- que se tradujera al francés su novela "Estaba la pájara pinta sentada en el verde limón".
Julio Cortazar. Caricatura de Julio Ibarra. Cortázar tuvo excelentes relaciones con varias de las escritoras de su generación.
Cristina Peri Rossi también recuerda con mucho cariño a Cortázar. "Es uno de los hombres con los que me he sentido más cómoda. Con afinidades muy grandes. Por ejemplo, en la época en que no existían las películas de Spielberg, él y yo amábamos los dinosaurios y nos pasábamos inventando cuentos de dinosaurios...".
Peri Rossi dice que no se sintió opacada por los escritores del Boom. "Yo no lo sentí personalmente. América Latina es muy diversa y en realidad me siento mucho más ligada a Argentina que a otros países. Por lo tanto me bastaba que hubiera unos cuantos escritores latinoamericanos... que no son los del Boom precisamente. Por ejemplo, yo admiraba mucho a Juan José Arreola, que me parece el gran renovador del cuento en América Latina, más que Borges".
"Yo casi que por manera de ser no me hago amiga de los escritores porque sean escritores. Yo le decía siempre a Julio: 'si hubieras sido de otra profesión -salvo militar o cura- habríamos sido amigos...'. Además porque a veces la escritura me parece el aspecto más interesante de una persona. Entonces yo no me sentí opacada, pero quizás porque soy una inconsciente, no sé".
Sin embargo, reconoce que "era muy difícil hablar de emociones y sentimientos con esa generación de hombres".
Vargas Llosa con Patricia Llosa, Donoso y su esposa Pilar Serrano, Mercedes Barcha, mujer de Gabo. Imagen tomada deEl Español
María Pilar Donoso, esposa del chileno José Donoso, es más severa en su texto "El Boom Doméstico" (apéndice al libro "Historia personal del Boom", de su marido) donde habla del machismo de los García Márquez y Vargas Llosa de esos años y cómo parecían no respetar intelectualmente a las mujeres.
La historia de Cambridge de la literatura femenina en América Latina. Un texto clave... que sólo se consigue en inglés. FUENTE DE LA IMAGEN,BBC MUNDO
En "La historia de Cambridge de la literatura femenina de América Latina" (publicada en diciembre de 2015, aún sin edición en español), hay un capitulo titulado "Boom y Boomito", donde se indica que resulta paradójico que un movimiento que fue en buena parte impulsado por una mujer (la editora y agente catalana Carmen Balcells), no incluyera a mujeres.
Carmen Balcells junto a algunos autores del boom latinoaméricano: García Márquez, Jorge Edwards, Vargas Llosa, José Donoso y Ricardo Muñoz Suay
"Como un producto de su tiempo, ella no estaba lista para ver que las escritoras latinoamericanas estaban escribiendo ficción cautivadora desde los años 50, aunque en una producción que permanecía aislada (...). Desde los 50, en Latinoamérica, en especial después de avances legales importantes como el voto femenino y la igualdad de derechos civiles, un número importante de mujeres acogieron el género de la novela".
"Es un gran mundo de mujeres olvidadas, bueno, salvoFrida Kahlo que ahora es casi la Virgen de Guadalupe, pero en general las otras eran muy olvidadas y no sólo eso, sino muy expuestas, consideradas locas. En México, las mujeres que se salían del camino establecido eran satanizadas y tenían una vida muy dura. Y acababan en cierto momento enloqueciendo de tanto que sentían que eso era lo que el público quería que ellas fueran. Que demostraran con su vida que ellas no eran normales".
Poniatowska -la última mujer en recibir el Premio Cervantes de Literatura y la segunda latinoamericana, tras la cubana Dulce María Loynaz- fue muy cercana a los escritores del Boom. "A mí me pareció muy bien el Boom, yo quise muchísimo al mexicano Carlos Fuentes. Quise muchísimo a Julio Cortázar y no se diga a García Márquez".
"Elena es única y es una grande", dice Carmen Boullosa. "Ha tenido una receptividad ahora del tamaño de lo que es ella, pero esa misma receptividad no la tuvieron Rosario Castellanos o Silvina Ocampo".
Es entonces que menciona a la mexicana Nellie Campobello, a quien yo no conocía.
"Nació en 1900, o sea que es un poquito anterior (al Boom), pero murió en los 80, secuestrada por su abogado y su propia secretaria para desvalijarla de sus propiedades. En los 60 publicó Mis Libros, ilustrado por José Clemente Orozco, el gran pintor. Y no la toman. Y no sólo eso, la abandona completamente el mundo literario y la dejan morir cautiva. En el más absoluto abandono y en el desamor total. ¿Por qué? Porque era mujer".
¿Ha cambiando la situación en los últimos años? A simple vista parece que sí. Elena Poniatowska es leída y respetada en el mundo entero. Y la figura de Clarice Lispector no hace sino crecer: la novela Contigo en la Distancia, de la chilena Carla Guelfenbein, premio Alfaguara de 2015, es una biografía novelada de la brasileña, y sus libros son reeditados y traducidos de manera constante.
Cristina Peri Rossi no ha dejado de producir y publicar, pero Albalucía Ángel (que paró de escribir a mediados de los 80) es raramente reeditada en Colombia.
Y advierte Carmen Boullosa: "A mi generación le tocó diferente... Pero no fue tampoco igual, ¿eh? Eso que quede claro. Una mujer tiene que ganar diez veces más bonos para que no la miren por encima del hombro. Y aún así lo hacen".