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miércoles, 25 de marzo de 2026

En contra de la Enshittification de Internet y a favor de las comunidades organizadas alrededor de intereses compartidos

 


DESIGN BY JASON SPEAKMAN. Imagen tomada de aquí.






EDITORIAL


La estafa de lo transaccional


Escrito por Ángel L. Fernández Recuero




Antes de que existiera internet, existían las sociedades científicas. Los hombres —y algunas mujeres, cuando se les permitía entrar— que poblaban la Royal Society o la Académie des Sciences del siglo XVII no publicaban sus hallazgos para monetizarlos ni construían una audiencia pensando en sponsors futuros ni en colaboraciones con marcas de telescopios. Publicaban porque el conocimiento, en su concepción del mundo, era un bien que se multiplicaba al compartirse. Antes de las KPI las personas eran felices.

Newton y LeibnizImagen tomada de aquí


La correspondencia entre Newton y Leibniz, por muy envenenada que estuviera de rivalidad y acusaciones apenas disimuladas de plagio, respondía a una lógica que hoy resulta casi incomprensible. La del trabajo intelectual con una dimensión inherentemente comunitaria. La de la idea que no termina de existir hasta que circula, hasta que alguien más la lee, la refuta o la mejora. El ego estaba ahí, desde luego, con peluca y alianzas. Pero operaba dentro de un marco donde el reconocimiento se ganaba contribuyendo al acervo común, no extrayendo valor de él ni convirtiéndolo en marca personal con newsletter semanal.



Esa misma lógica, traducida al lenguaje digital y accesible a toda la ciudadanía, fue la que animó a ese primer internet que tan bien se narra en la serie Halt, catch and fire Los grupos de noticias de Usenet, los primeros foros, las listas de correo temáticas, la cultura del hipertexto en sus años formativos y el IRC, todo aquello funcionaba sobre el mismo principio que había sostenido a las sociedades científicas durante siglos. Se compartía porque compartir era el mecanismo por el que el conocimiento crecía. Se enlazaba porque el enlace era un gesto de generosidad intelectual y no una estrategia de SEO para dopar nuestro pagerank. Se comentaba porque la conversación era, en sí misma, el objetivo y no un medio para aumentar la retención.


Halt and Catch Fire - Tráiler | Filmin

https://m.youtube.com/watch?v=oKxZP-bP5Ww



No había algoritmo que premiara la viralidad ni panel de analítica que midiera el alcance de tu brillante comentario sobre sistemas operativos. No había métricas que convirtieran la atención en divisa negociable. Había, simplemente, gente que encontraba en ese espacio algo que no encontraba en ningún otro lado. Una comunidad organizada alrededor de un interés compartido, sin porteros, sin intermediarios, sin nadie tratando de venderle nada o, al menos, sin que eso fuera el centro del asunto.


Tiempo después, en un momento difícil de fechar con precisión pero fácil de reconocer en retrospectiva, ese espíritu forjado en la red primigenia empezó a cambiar. No fue una revolución con manifiesto y fuegos artificiales. Fue una lenta infiltración de lógica contable en espacios que hasta entonces funcionaban con una gramática distinta. La del intercambio simbólico, la del regalo, la de la comunidad que comparte porque compartir es, en sí mismo, el punto y no porque haya un plan de monetización al final del túnel.


Aquello que los primeros teóricos de la web llamaban con cierta ingenuidad «economía del don» tenía sus limitaciones, sus jerarquías implícitas y sus propias vanidades —como bien saben los que se topaban con un wikipedista con mal café—. No era el Edén digital pero tenía algo que el ecosistema actual ha perdido casi por completo: altruismo. Los foros, los blogs, las primeras redes sociales funcionaban sobre una moneda que no era el euro ni el dólar sino el reconocimiento, la pertenencia, la reputación ganada a pulso en una comunidad de iguales que, como todas, podía ser insoportable y fascinante al mismo tiempo.



Subías algo porque querías compartirlo. Enlazabas porque te parecía interesante. Comentabas porque tenías algo que decir y porque, milagro, alguien podía responder con argumentos y no con .un avatar sonriente de tu cara con el pulgar levantado. La idea de que ese gesto pudiera medirse en un panel de métricas y convertirse en ingreso recurrente habría sonado, entonces, a ciencia ficción distópica o a capítulo rechazado de Black Mirror.



La transformación que se ha dado a lo transaccional tiene nombre y apellidos. Se llama «creator economy» y ha conseguido algo tan notable como colonizar el lenguaje del activismo cultural para describir lo que en realidad es la más clásica de las relaciones laborales precarizadas, pero con filtro. El influencer, el creador de contenido, el newsletter writer, el podcaster con Patreon, todos ellos han interiorizado que su presencia en línea es un activo económico que hay que gestionar con la misma frialdad con que un empresario gestiona su cuenta de resultados. Y con la misma ansiedad.


La audiencia ya no es una comunidad. Es capital. Los seguidores no son interlocutores. Son clientes potenciales, miembros de un tier, objetivos de conversión. Cuando alguien habla de su «embudo de ventas», de su «ARPU», de la «retención» de sus suscriptores, no está describiendo una relación humana ni una conversación estimulante sobre el Principio de Peter. Está describiendo un entramado de extracción. Y lo peor no es que esa infraestructura exista, sino que haya sido vendida como emancipación. Como si monetizar tu tiempo libre fuera libertad y no, precisamente, la abolición de la última frontera donde el tiempo era tuyo y no una oportunidad de negocio.


La llamada «sharing economy» completó el trabajo por el otro flanco. Uber, Airbnb y su progenie prometieron un mundo de intercambio entre pares, de recursos compartidos, de comunidad horizontal, casi de fraternidad con tarifa dinámica. Lo que entregaron fue algo bastante más banal. Mercados de trabajo precario gestionados por algoritmos, donde cada gesto de «compartir» se factura, se puntúa y se convierte en materia prima para el negocio de una empresa que cotiza en bolsa. La retórica cooperativa fue el envoltorio. La extracción de valor, el producto. El abrazo, con comisión.


Pero quizás el giro más profundo, y el más silencioso, es el que ocurre cuando ni siquiera hay transacción visible. Cuando algo es «gratis». Porque en el ecosistema actual, gratis no significa sin coste. Significa que el coste es opaco y diferido, como esas condiciones que nadie lee pero que todos aceptan con entusiasmo automático.


Cada like, cada comentario, cada segundo de atención sostenida alimenta modelos algorítmicos que generan beneficio para la plataforma de maneras que el usuario no ve, no entiende y, en la mayoría de los casos, no ha consentido de forma informada. El usuario cree que está participando en una comunidad vibrante cuando en realidad está trabajando gratis y feliz en su ignorancia.




Este proceso tiene un nombre que se ha popularizado en los últimos años. Se le llama Enshittification (mierdificación en la lengua de Cervantes) El término fue acuñado hacia 2022 y 2023 por Cory Doctorow, escritor de ciencia ficción, periodista y activista canadiense-británico especializado en derechos digitales y enemigo acérrimo de los oligopolios tecnológicos. Doctorow, vinculado durante años a Boing Boing y a organizaciones como la Electronic Frontier Foundation, lo utilizó para describir el ciclo por el cual las grandes plataformas digitales se vuelven progresivamente peores para todos los actores implicados a medida que priorizan la extracción de valor económico. Primero son generosas con los usuarios para crecer. Después favorecen a los clientes que pagan. Finalmente, cuando ya tienen suficiente poder de mercado, exprimen a ambos lados y degradan el servicio mientras maximizan beneficios. Eligió una palabra deliberadamente malsonante para romper la neutralidad del lenguaje empresarial y dejar claro que no se trata de pequeños fallos, sino de un modelo diseñado para producir esa degradación.




Frente a todo esto, sobreviven algunas aldeas irreductibles que merecen ser nombradas no como curiosidades arqueológicas sino como prueba de que otro modelo es posible y, de hecho, lleva décadas funcionando con dignidad tozuda. Un digno ejemplo es Menéame, el agregador de noticias ideado por el bitólogo Benjamí Villoslada y su amigo Ricardo Galli, que ha cumplido veinte años sin haber sido comprado, vendido ni rediseñado para optimizar el engagement hasta la extenuación. Este portal sigue operando con una lógica de votación colectiva que recuerda más a una asamblea de lectores que a un producto tecnológico de Silicon Valley con quinoa en la nevera.


QuinoaImagen tomada de aquí.


No hay algoritmo opaco decidiendo qué ves. Hay usuarios que votan lo que les parece relevante y una comunidad que, con todas sus peleas internas, sus ironías excesivas y sus sesgos propios, sigue siendo reconocible. También está Reddit, en sus subforos más especializados conserva todavía destellos de aquella cultura original, aunque la empresa lleve años intentando aplanarlos en favor de la monetización con la delicadeza de una excavadora. Los wikis temáticos, los foros de hardware, los espacios de fanfiction, ciertas comunidades de jugadores de rol por texto, todos ellos son territorios contralgorítmicos donde la participación sigue midiendo su valor en moneda simbólica y no en conversiones trimestrales.


Lo que tienen en común estos espacios es significativo. Son feos. Son difíciles de usar. No tienen aplicación móvil optimizada ni notificaciones diseñadas para crear dependencia con la precisión de un laboratorio conductista. No tienen un equipo de producto trabajando para maximizar el tiempo de sesión con gráficos ascendentes en pantalla gigante. Y precisamente por eso sobreviven como espacios donde ocurre algo parecido a una conversación real, donde el conocimiento acumulado en un hilo de diez años tiene más valor que el post viral de esta mañana que ya nadie recuerda.


Son, en ese sentido, los herederos directos de las sociedades científicas del XVII. Comunidades organizadas alrededor del interés genuino, sin porteros que cobren entrada y sin la obsesión constante por convertir cada interacción en flujo de caja.


Debemos también poner de manifiesto que hay una dimensión de este problema que va más allá de las malignas plataformas y los modelos de negocio basados en algoritmos opacos. Tiene que ver con algo más profundo de la cultura contemporánea y es que vivimos en una sociedad que publica más libros que lee, que produce más contenido del que es capaz de consumir. El narcisismo no es una patología individual que algunos usuarios padecen por exceso de selfie. Es la estructura misma que el ecosistema transaccional ha construido y premiado sistemáticamente durante dos décadas con eficiencia admirable.


La lógica del creador de contenido es, en el fondo, la lógica del escritor que publica su libro sin haber leído los de los demás —ahora con la IA puede que ni el suyo—, del conferenciante que solo asiste a las charlas donde habla él, del intelectual que tiene opiniones sobre todo y curiosidad por nada porque la curiosidad no escala bien. Lo que las plataformas han hecho es industrializar ese impulso y hacerlo rentable. Han construido una infraestructura perfectamente diseñada para premiar la emisión y penalizar la recepción, para recompensar el publicar y no el leer, el hablar y no el escuchar, el producir y no el pensar.


El resultado es un ecosistema de púlpitos saturado de voces que publican en substack obligadas a revisar las métricas para ser víctimas del autoengaño. Miles de podcast que no son más que conversaciones entre amigos que se quieren hacer los interesantes. Teselas infinitas de fotografías para conforman un album de nuestro superyo. Todos son espacios donde la atención es el recurso más escaso y nadie quiere gastarla en los demás porque todos están demasiado ocupados reclamándola para sí mismos con la convicción íntima de que lo suyo es imprescindible para el destino de la humanidad.


Esto no es un accidente. Se trata de diseño, de la evolución del conductismo al neurohacking. Una plataforma que premiara la lectura profunda, la conversación sostenida, el cambio de opinión razonado, no tendría métricas que vender ni titulares sobre crecimiento exponencial. No generaría el tipo de engagement que los anunciantes compran con sonrisa corporativa. La economía de la atención necesita producción constante, no reflexión. Necesita reacciones, no argumentos. Necesita que todos sean emisores todo el tiempo, porque los receptores no generan datos suficientemente valiosos ni titulares para inversores.


Lo más revelador es lo que ha pasado incluso con los espacios de resistencia. La gratuidad ya casi nunca es inocente. Cuando alguien da algo gratis en internet en 2025, la primera pregunta que se hace el receptor, entrenado por años de exposición al ecosistema, es «¿qué quiere a cambio?». El regalo se ha vuelto sospechoso. La generosidad necesita explicación, nota al pie y modelo de negocio adjunto. Dar sin esperar algo a cambio se ha convertido en una postura que requiere justificación, casi en un acto de rebeldía que debería cotizar en bolsa.


Eso es lo que se ha perdido, y es más de lo que parece. No es nostalgia por una web que tampoco era el paraíso que la memoria tiende a construir ni por unas sociedades científicas que excluían a la mayoría de sus contemporáneos con elegancia protocolaria. Es la constatación de que cuando toda interacción se piensa como potencial transacción, algo se rompe en la textura misma de lo social.




Los miembros de la Royal Society no necesitaban un algoritmo para saber que valía la pena compartir lo que habían descubierto, aunque algunos necesitaran reconocimiento y retrato oficial. Lo sabían porque habían leído a los que vinieron antes, porque participaban en una conversación que los superaba y que esperaban que los sobreviviera, algo difícil de medir en términos de conversión pero sorprendentemente eficaz para producir conocimiento duradero. Esa humildad, la de quien sabe que forma parte de algo más grande que su propio perfil y que su siguiente publicación patrocinada, es exactamente lo que el ecosistema transaccional ha hecho todo lo posible por exterminar con método y financiación. Y lo está consiguiendo con notable eficiencia



https://www.jotdown.es/2026/02/la-estafa-de-lo-transaccional/








domingo, 15 de febrero de 2026

Paolo Crepet: Ahora los jóvenes miran al futuro sin una perspectiva a largo plazo

 

Paolo Crepet. Imagen tomada de aquí 



Entrevista a Paolo Crepet: su nuevo libro sobre juventud, escuela y familia

El psiquiatra: «Hoy en día, los padres hacen lo mismo que sus hijos. Es la fraternidad la que crea un caos en roles que deberían restablecerse».
   

¿Cuál es la peor actitud hoy en día? Permanecer inmóviles ante las cosas que sabemos por experiencia que están mal.

La lección viene del psiquiatra y ensayista Paolo Crepet, quien advierte: «El mundo no ofrece nada agradable fuera de casa. Así que los niños, incapaces de encontrar la alegría y la voluntad de emprender, permanecen encerrados en sus hogares».


Es un retiro, o mejor dicho, un confinamiento. Necesitamos animarlos; no podemos simplemente darles la pasta en la habitación. Un padre no puede fomentar este comportamiento. Necesitamos llenar sus vidas de significado, para que puedan construir su propia historia e identidad, como lo hicieron las generaciones anteriores.


El tema de las redes sociales ha adquirido un tono dramático en la familia. ¿Cómo podemos abordarlo?

Las redes sociales están cambiando. Hubo un tiempo en que existía Facebook, ahora existen Instagram y TikTok. Pero pronto también quedarán obsoletas. Su vida está destinada a ser efímera, porque capturan la vida en el presente. Desafortunadamente, esta dinámica también se ha vuelto común entre los jóvenes, quienes miran al futuro sin una perspectiva a largo plazo. No tiene sentido que los adultos culpemos a las redes sociales si no actuamos con una visión de futuro.

¿Esta distancia entre padres e hijos es un problema de diálogo?

Si somos tan lacónicos y la comunicación se da por WhatsApp, no deberíamos esperar una gran comprensión. Las palabras se escriben, el razonamiento tras la comunicación no se da. Pero también es cierto que es realmente difícil cambiar de familia. Deberíamos empezar por la escuela. Tomemos el caso de los niños introvertidos o los que se aíslan. Si asisten a una escuela que ofrece actividades recreativas por la tarde, como danza, teatro u otras actividades, tienen más posibilidades de superar su malestar.

Hablemos de la escuela. ¿Qué papel debería tener?

Los padres recibimos una educación que ya no se encuentra en las escuelas actuales. Deberíamos preguntarnos por qué se destruyó una escuela excelente, que ha dado resultados tangibles. En mi humilde opinión, debería haber sido cambiada, mejorada y no destruida. La escuela también nos enseñó a reconocer la derrota, a afrontar los momentos de dificultad y decepción. Necesitamos recuperar el sentido del tiempo, escapar de la prisa del momento. Creo que esta generación perdida busca razones para soñar y volver a tener esperanza. Necesitamos palabras, conflictos sanos y visiones apasionadas.

Hablando de trabajos, cuando miras el lugar público promedio hoy en día, notarás dos cosas: los carteles de "se busca" y la alta edad promedio del personal...

Hoy hablamos de trabajar cada vez menos, de la semana laboral reducida. Trabajamos menos, pero al final ganamos aún menos. Esta suposición se basa en la ilusión de que lo que recibimos como herencia es más que suficiente para las generaciones futuras. Los adultos debemos aclarar que esto es un malentendido. Los jóvenes viven por reflejo; no lo cuestionan, lo aceptan. En esta situación cómoda, donde se les sirve con reverencia, ellos ya están aplastados. Además, tengamos en cuenta que encontrar trabajo y querer trabajar son dos cosas diferentes. Estamos abordando superficialmente la crisis que enfrenta el mundo laboral. La semana laboral reducida es un símbolo de las nuevas generaciones que se retiran de la participación social. Esta imagen debería ser aterradora, especialmente en el noreste, el corazón productivo del país. En cambio, se acepta.




¿Es “Take the Moon” una especie de manifiesto para las generaciones más jóvenes?

No se trata solo de querer hacer algo. Hoy en día, el mundo es mucho más fácil. Desde los auriculares de Apple hasta la inteligencia artificial, muchas innovaciones están revolucionando la vida de las nuevas generaciones, pero ciertamente no para su propio beneficio. De hecho, hay jóvenes que creen que el mejor trabajo ahora mismo es ser youtuber o influencer. Pero ¿quién permitió que esta creencia se arraigara? Si escribo estos libros, es porque creo que hay una solución, y está en la crianza.

¿Qué deben hacer entonces los padres?

Ofrecer una visión de futuro y no ceder a las ideas de las masas. Conquistar la luna significa demostrar que eres único. Es innegable que los adultos tenemos la responsabilidad de dar ejemplo: profesionales, políticos, directores ejecutivos. Reflexionar es responsabilidad de todos. Intentar encontrarle sentido a la situación, comprender lo que está sucediendo. Por ejemplo, preguntarles a tus hijos si tienen un plan de vida. Es una pregunta que vale la pena hacer, pero que los padres suelen evitar por miedo a la respuesta. Yo tendría más miedo de no preguntarla.

Su último libro se publicó recientemente y ya se está vendiendo muy bien. ¿Qué mensaje transmite?

Conozco a tanta gente y me pregunto qué podrían querer de mí. Sin duda, guía, esperanza, quizás incluso una luz que encienda los corazones de jóvenes y mayores. Hay sed y hambre de palabras, de pensamiento. Buscan herejía en un mundo codificado. Solo puedo decirles lo que me he dicho a mí mismo durante años: "Toma la luna". Sé ambicioso, busca tu singularidad.

Hay que mantener la frente en alto y seguir soñando. El peligro reside en la calma emocional, en la resignación, en quienes siembran pereza y confusión como si fuera la regla del marketing más vanguardista de la existencia. Oponerme a todo esto es mi deseo, mi misión, la razón por la que sigo vagando por las calles y los teatros. Busco libertad, pasión, valentía. Todo lo demás es aburrimiento.








Ospite: Paolo Crepet | Lo Specchio | RSI Info



miércoles, 24 de septiembre de 2025

Julio Albalad, director del INTEF de España: El proceso de enseñanza no puede sustentarse en la motivación, al alumno hay que exigirle esfuerzo y responsabilidad

 

Julio Albalad (INTEF): "No tengo redes sociales"




Julio Albalad es el director del Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y Formación del Profesorado, dependiente del Ministerio de Educación. Por tanto, el principal responsable de la transformación digital que están sufriendo o disfrutando (ahí está el debate) los centros educativos en nuestro país y en todo el mundo, o casi.


JOSÉ Mª DE MOYA

Martes, 29 de octubre de 2024


Teníamos verdadera curiosidad por recibir a Albalad porque es un tecnólogo, digámoslo así, atípico. En primer lugar, porque no es tecnólogo sino profesor de Historia, «aunque –confiesa– siempre me han gustado los cacharros».

En segundo lugar, porque no oculta su crítica al abuso que los jóvenes hacen del móvil y de la redes sociales. Crítica que se lleva a casa porque, también nos confiesa, sus hijos de 7 y 9 años tardarán un buen tiempo en disponer de móvil y de acceso a las redes. Y que se aplica a sí mismo porque reconoce no tener redes sociales (lo confirmamos: ni siquiera LinkedIn): «Así tengo más tiempo para leer». Y como hay para todos, tampoco oculta su crítica a la industria por el solo hecho de que sus beneficios crecen en la medida en que consiguen que nuestros hijos/alumnos pasan más tiempo enganchados.

En tercer lugar, porque tiene una visión moderadamente crítica de esa absolutización del enfoque competencial de la enseñanza. «Mi objetivo no es que los alumnos consigan un empleo, ni siquiera formar trabajadores», dice. Y ahí es donde aparece ese profesor de Historia que fue, preocupado por la formación humanística de sus alumnos, por el pensamiento crítico que les ayude a interpretar el mundo…

Y en cuarto lugar, porque tampoco se entusiasma fácilmente con los cantos de sirena de las metodologías activas que frecuentemente acompañan a los procesos de digitalización. Es consciente de que pueden ayudar a la motivación en algunos casos, pero reconoce que el proceso enseñanza aprendizaje no puede estar sustentado en la motivación del alumno, sino que hay que exigirle esfuerzo y responsabilidad. Así es Julio Albalad, sentido común en estado puro o, lo que es lo mismo, muchas horas de aula a sus espaldas.



https://www.magisnet.com/2024/10/julio-albalad-intef-no-tengo-redes-sociales/




domingo, 10 de noviembre de 2024

Poesía digital: Cuando la lira se tañe en teclas en un ágora de silicio donde no puedes tocar al espectador

 



La poesía en tiempos de algoritmos: la nueva era de los poetas digitales


En plataformas como Instagram y TikTok, los poetas del siglo XXI encuentran un espacio único para compartir sus versos y conectar con un público inesperado, adaptando su arte a las dinámicas rápidas del mundo digital



Por

Celeste Sawczuk



25 Oct, 2024 08:20 a.m.

Actualizado: 26 Oct, 2024 07:03 a.m. EST



En un entorno donde la inmediatez prima, los poetas contemporáneos han aprendido a jugar con formatos breves y dinámicos, adaptando la cadencia de sus versos a la velocidad de las redes sociales, sin perder la profundidad - (Imagen Ilustrativa Infobae)



Cuando hablamos de poetas, seguramente la imagen que a uno se le viene a la cabeza es de una persona sentada en frente de una máquina de escribir o con una lapicera en mano, junto con muchos papeles con versos tachados, escribiendo sin cesar. Seguramente, es una persona grande. La imagen que el cerebro crea hasta tiene colores opacos y añejos. El primer contacto que muchos tienen de la poesía es en la escuela, y los poetas que se enseñan, la mayoría, vivieron y murieron en siglos pasados. ¿Pero, qué pasa con la poesía en el siglo XXI? ¿Todavía hay público que le guste la poesía?



En un mundo saturado por el contenido digital, donde el algoritmo decide qué se ve y cuándo, la poesía parece haber encontrado un espacio particular. En redes sociales como Instagram y TikTok, se ha gestado una nueva forma de compartir y consumir poesía, a menudo en formatos breves y visualmente atractivos, lo que contrasta con la idea clásica de la poesía como un arte solitario y reflexivo.


Estos poetas digitales encuentran un público que quizá no está acostumbrado a consumir poesía de la manera tradicional, pero que responde a su inmediatez y capacidad para conectar emocionalmente a través de fragmentos de texto, imágenes y vídeos cortos. Infobae entrevistó a poetas que han conquistado algoritmos con sus rimas y versos, desafiando los límites de las palabras escritas, llegaron a conmover a miles de usuarios.


Florencia Piaggi 


Florencia Dapiaggi, autora de “Ella es mi chica solar”, tallerista y poeta reconocida en internet bajo el usuario de @flordapiaggi, opinó que “la poesía, al trabajar con una condensación de los sentidos y al ser más breve que otros tipos de literatura, es increíblemente maleable para emplazarla en las redes sociales”.


Con sus versos breves y cargados de sentido, Florencia ha sabido aprovechar la maleabilidad de la poesía en redes sociales para construir una comunidad - (Florencia Piaggi vía @flordapiaggi)


Valentin Carrera


Otro poeta nativo de internet, conocido como Valentin Carrera o también @valencarrera_ y autor de “Cuando el mundo me habla de vos”, comentó que “la mayor parte de difusión de poesía contemporánea está en redes sociales. Los escritores emergentes no suelen ‘probar suerte’ en primera instancia con editoriales, como tal vez sucedía años atrás; sino que lo hacen compartiendo sus textos en esos mares algorítmicos con la esperanza de que llegue a las playas de algún nuevo lector”.



Leila Torres, talleristas, periodista y poeta conocida bajo el usuario de @leipoesia, contó que “las redes sociales permitieron la proliferación de distintos tipos de contenidos de manera masiva. La poesía también tiene un lugar ahí: hay muchos autores que comparten sus escritos y muchos lectores conectados”.


La poesía es un género que se consume muchísimo más porque hay espacios conquistados por los y las poetas, que nos permiten acercarnos a un público lector que por ahí en otra época nunca se hubiera acercado a la poesía, o no saben ni de qué se trata. Las redes permiten una cercanía y fluidez que es difícil de lograr en otros ámbitos”, expresó Sofía Sol Veronelli, escritora y poeta independiente que publica sus escritos sus redes bajo el usuario de @soldeinviernook; y además es autora de “Mi media naranja soy yo”.


Asimismo, Valentina Lobo, poeta y creadora de un taller conocido como @museoestrellas_, manifestó que en la actualidad se encuentran cada vez más poetas y gente interesada en lo mismo, desde las redes sociales hasta los eventos presenciales. “Puedo apreciar el interés genuino por este arte”, dijo Lobo.

Valentín desafía las expectativas del algoritmo, resistiendo la inmediatez con versos profundos, a la vez que se adapta al ritmo frenético de las plataformas para compartir su visión poética - (Valentin Carrera vía @valencarrera_ )


De igual forma, Diapiaggi comentaba que “para los jóvenes, hoy en día las redes sociales funcionan como una ventana para darnos a conocer en lo que amamos. Yo pude llegar a publicar en una editorial porque ya había construido una comunidad en las redes que probara que había gente que no solo quisiera leerme a mí, sino que estaban interesados en la poesía como género”.


Las comunidades que se generaron a partir del crecimiento de las redes sociales va más allá del género poesía. Desde hace años, la comunidad de bookfluencers - usuarios que recomiendan libros en diferentes plataformas - ha generado un alto impacto y atrajo a jóvenes a la lectura, como ha estado mostrando las últimas ediciones de la Feria Internacional del Libro con números récords en visitantes. “El hecho de que el arte pueda ser un movimiento popular, al alcance de quienes deseen encontrarlo, y no solo de algunos pocos, es sin dudas digno de un brindis”, opinó Carrera.


Sofía Sol Veronelli


Más allá de que las redes sociales a muchos poetas les ha servido como herramienta para crear su propia comunidad y darse a conocer, estar expuestos a que cualquier persona llegue a consumir su contenido tiene un lado b donde la retroalimentación puede llegar a ser negativa algunas veces. Veronelli comentó que a veces uno de los retos de publicar en internet sus poemas es dejar su intimidad al descubierto. “El desafío constante creo que es desnudarte demasiado. Cada vez que comparto lo que escribo me estoy exponiendo de cierta manera”. Lobo, de igual modo, confesó que “a la hora de compartir, está el desafío de mostrarme vulnerable y real ante el mundo”.


Por otro lado, el “hate” en este sector del algoritmo también existe. “Cuando empecé en 2019 ya había mucha violencia en las redes, pero sinceramente creo que si tuviera que empezar hoy lo dudaría mucho más. Estamos viviendo una época de mucha agresión verbal en las redes”, confesó la autora de “Ella es mi chica solar”.


A través de sus textos, Sofía se conecta con un público que quizá nunca antes se había acercado a la poesía, logrando que sus palabras florezcan en el vasto campo digital - (Sofía Sol Veronelli vía @soldeinviernook)


Además, otro desafío que los creadores de contenido en general enfrentan es los cambios de dinámicas de algoritmos. “Es la necesidad de adaptación a formatos breves y dinámicos que se ajusten a las expectativas que hoy tienen las redes sociales. La poesía, al menos en su estado más “puro”, necesita de un espacio y un tiempo determinado para desarrollarse, mientras que las plataformas tienden a premiar lo inmediato y lo visual. La constancia y el ritmo también es una presión que demandan las redes, lo que suele interferir con la espontaneidad que puede tener un proceso creativo”, admitió el autor de “Cuando el mundo me habla de vos”.


A su vez, Torres compartió la postura de los algoritmos y lo efímero: “las plataformas digitales permiten a artistas emergentes compartir su trabajo a nivel global sin depender de formatos tradicionales. Esto democratiza el acceso al arte y amplía las oportunidades para creadores diversos. Pero se puede tender a la banalización del arte por la forma que tenemos de estar en las plataformas: suele primar el scrolleo y una forma muy efímera de consumir. En esa abundancia de contenidos de poesía, detenerse a leer un poema y que te movilice, es difícil pero no imposible”.


Es por eso que muchos la poesía en redes sociales tiene múltiples formatos. Aunque la mayoría de los poetas que se entrevistaron publican y eligen el formato por “intuición”, Florencia compartió la fórmula que muchas veces utiliza: “Si es un poema más rítmico en la cadencia, suelo preferir recitarlo. Si es un poema que juega con el espacio, por ejemplo, me gusta poder mostrar eso a través de una foto”.


Por si fuera poco, las tendencias cambian demasiado rápido en el presente. Pero si le preguntas a un poeta qué espera del futuro de la poesía, hay varias respuestas. Algunos están esperanzados por la aceptación que hay en redes del género, como lo expresó la autora de “Mi media naranja soy yo”: “Lo que pienso es que la era digital viene a cambiar las reglas sobre lo que ya existía, y por supuesto que la poesía no quedará exenta. Me parece que es bueno. El poema es algo cotidiano y la necesidad del poema, también es cotidiana”. Hay otros que ven un futuro borroso como Flor: “Genuinamente no lo sé. Siempre me costó imaginarme el futuro. Son cosas de poeta, solo vemos el pasado y el presente.



Tomada de Infobae


Enlaces relacionados:

Los nuevos poetas digitales




domingo, 9 de mayo de 2021

UN MANIFIESTO CYBERPUNK





por Christian As.Kirtchev traducido por AuRiL

Somos las mentes electronicas, un grupo de rebeldes de pensamientos libres.

Cyberpunks. Vivimos en el Ciberespacio, estamos en todos lugares, no tenemos límites.

Este es nuestro manifiesto. El manifiesto cyberpunk.

I.Cyberpunk  

1/ Esos somos nosotros, lo Diferente. Ratas de la tecnología, nadando en el océano de la información. 

2/ Estamos cohibidos, pequeños chicos de colegio, sentados en el último pupitre, en la esquina de la clase. 

3/ Somos el adolescente que todos consideran extraño. 

4/ Estamos estudiando hackear sistemas operativos, explorando la profundidad de su extremos.


 5/ Nos criamos en el parque, sentados en un banco, con un ordenador portatil apoyado en las rodillas, programando la última realidad virtual. 

6/ Lo nuestro está en el garage, apilado con la porquería electrónica. El hierro soldado en la esquina de la mesa y cercana a la radio desmontada- eso es lo nuestro. Lo nuestro es una habitación con ordenadores, impresoras zumbeantes y modems pitando.

 7/ Somos aquellos que vemos la realidad de forma distinta. Nuestro punto de vista muestra más de lo que la gente ordinaria puede ver. Ellos solo ven lo exterior, pero nosotros vemos lo interior. Eso es lo que somos- realistas con gafas de soñadores.

 8/ Somos aquellas personas casi desconocidas para el vecindario. Personas, entregadas a sus propios pensamientos, sentadas día tras día ante el ordenador, saqueando la Red por algo. No salimos frecuentemente de casa, solo de vez en cuando para ir al cercano estudio de radio, o a un conocido bar a encontrarse a algunos de los pocos amigos que tenemos, o encontrarnos a algún cliente, o al camello de la esquina,... o simplemente para dar un paseo.

 9/ No tenemos muchos amigos, sólo unos pocos con los que nos vamos de fiesta. Todos los demás que conocemos están en la Red, en el otro lado de la línea. Los conocemos de nuestro canal favorito de IRC, de los newsgroups, de los sistemas que frecuentamos :

10/ Nosotros somos aquellos los que nos importa una mierda lo que los demás piensen de nosotros, no nos importa lo que aparentamos o lo que la gente diga sobre nosotros en nuestra ausencia.

 11/ La mayoría de nosotros viven escondidos, siendo desconocidos para todos menos a aquellos que inevitablemente están en contacto con ellos.

 12/ Otros aman la publicidad, ellos aman la fama. Ellos son conocidos en su mundo underground. Sus nombres se escuchan con facilidad allí. Pero todos unidos somos una sola cosa- nosotros somos los cyberpunks. 

13/ La sociedad no nos entiende, somos los "raros" y los "locos", personas que a ojos de la gente normal que viven lejos de la información y las ideas libres. La sociedad niega nuestra manera de pensar- una sociedad, viviendo, pensando y respirando de una única manera- un tópico. 14/ Ellos nos desprecian porque pensamos de forma libre, y el pensamiento libre está prohibido. 15/ El cyberpunk tiene una apariencia externa, el carece de movimiento. Los cyberpunks son personas que, comienzan desde lo normal y saben lo que todos conocen, hasta el artista "tecnomaníaco", hasta el músico que toca música electrónica, a los superficiales escolares. 16/ El cyberpunk ya no es un genero de literatura, tampoco es una ordinaria subcultura. El cyberpunk es en si misma una nueva cultura, hijos de la nueva era. Una cultura que une todos nuestro intereses comunes y vistas. Nosotros estamos unidos. Nosotros somos los cyberpunks.



II. Sociedad  

1/ La sociedad la que nos rodea está atascada en el conservadorismo y en el "todo para ellos", mientras se hunde lentemente en las arenas movedizas del tiempo.

 2/ Sin embargo, algunos obstinados rehúsan a creer esto, lo obvio es que vivimos en una sociedad podrida. Las llamadas reformas que nuestros gobiernos utilizan para enorgullecerse, no son más que un pequeño paso adelante, que podrían ser hechas más satisfactoriamente con un salto. 

3/ La gente teme lo nuevo y lo desconocido. Ellos prefieren lo antiguo, lo conocido y lo que ellos mismos han comprobado. Ellos temen lo que lo nuevo pueda acaecerles. Ellos temen perder lo que ya tienen. 

4/ Su temor es tan fuerte que esto es proclamado enemigo revolucionario e idea liberal- es un arma. Este es su error. 

5/ Las personas deben dejar sus temores atrás y seguir adelante. En el sentido de que lo poco que ahora tengas podrá multiplicarse en el mañana. Todo lo que ellos tienen que hacer es cerrar sus puños y sentir lo nuevo; dar libertad a los pensamientos, ideas, a las palabras: 

6/ Durante siglos las generaciones han sido educadas de una misma manera. Los ideales son lo que todos buscan. Se olvida la individualidad. La gente piensa de una misma forma, siguiendo un modelo impuesto en ellos desde su juventud, la "educación-modelo" para todos los niños : y, cuando alguno se atreve desafiar la autoridad, es castigado. " Esto es lo que pasa cuando expresas tu propia opinión y esta es diferente a la del profesor ".

 7/ Nuestra sociedad está enferma y necesita ser curada. La cura es un cambio en el sistema.... 



III. El Sistema  

1/ El Sistema. Con siglos de antigüedad, basada en principios que no son validos actualmente. Un sistema que no ha cambiado mucho desde su nacimiento. 

2/ El Sistema está equivocado. 

3/ El Sistema debe imponer su verdad sobre la nuestra para poder mandar. El gobierno necesita que nosotros la sigamos ciegamente. Por esta razón, vivimos en un eclipse informativo. Cuando las personas adquieren más información de la que da el gobierno, no pueden distiguir cuál es correcta y cuál no. Así que la mentira se hace verdad- una verdad, fundamental para todo lo demás. Así los líderes controlan con mentiras a la gente ordinaria que carecen de la noción de cual es la verdad y ciegamente siguen al gobierno, creyéndolos.

 4/ Nosotros luchamos para liberar la información. Nosotros combatimos por la libertad de expresión y de prensa. Por la libertad de expresar nuestros pensamientos libremente, sin ser perseguidos por el Sistema.

 5/ Incluso en los países más democráticos y desarrollados que pretenden ser la cuna de la libertad de expresión. La mala información es una de las principales armas del Sistema. Un arma que ellos dominan muy bien.

 6/ La Red es la que nos ayuda a expandir nuestros pensamientos libremente. La Red sin barreras ni limites de información.

 7/ Lo nuestro es tuyo, lo tuyo es nuestro.

 8/ Todo el mundo puede compartir la información, sin restricciones. 

9/ La encriptación de información es nuestra arma. Así las palabras de la revolución pueden expandirse ininterrumpidamente, y el gobierno sólo puede intentar adivinar.

 10/ La Red es nuestra esencia, en la Red somos los reyes.

 11/ Leyes. El mundo está cambiando, pero las leyes son las mismas. El Sistema no está cambiando, sólo unos pocos rasgos para revestirse a los nuevos tiempos, pero en el fondo es todo lo mismo.

 12/ Nosotros necesitamos nuevas leyes. Leyes, que se ajusten a los tiempos en que vivimos, con el mundo que nos rodea. No leyes construidas en las bases del pasado. Leyes, para hoy, leyes, que se ajusten al mañana. 

13/ Las leyes que sólo se refieren a nosotros. Leyes que desesperadamente necesitan revisión.



IV. La Visión  

1/ A algunas personas no les importa lo que sucede en el mundo. A ellos les importa lo que suceden en su alrededor, en su micro-universo.

 2/ Estas personas sólo pueden ver un futuro oscuro, porque ellos sólo ven la vida de ellos mismos ahora. 

3/ Otras personas, se muestran más concienciadas en lo que ocurra globalmente. Ellos están interesados en todo, en la perspectiva del futuro, en lo que va a pasar en el mundo. 

4/ Ellos tienen una actitud más optimista. Para ellos el futuro es limpio y más bonito, pueden ver en esto a un hombre más maduro en un mundo más amplio.

 5/ Nosotros estamos en el medio. Estamos interesados en lo que ocurre ahora y en lo que va a ocurrir el día de mañana.

 6/ Observamos la Red, y la Red esta creciendo y haciéndose más amplia. 

7/ Pronto todo en este mundo será absorbido por la Red: desde los sistemas militares hasta el PC de casa.

 8/ Pero la Red es la casa de la Anarquía.

 9/ No puede ser controlada y en eso radica su poder.

 10/ Cada hombre será independiente en la Red. 

11/ Toda la información estará aquí, cerrada en el abismo de ceros y unos. 

12/ El que controla la Red, controla la información.

 13/ Vivimos en una mezcla del pasado y el presente. 

14/ El mal proviene del hombre y el bien de la tecnología.

 15/ La Red controlará al pequeño individuo y nosotros controlaremos la Red. 

16/ Pero, si tu no controlas, serás controlado. 

17/ La información es el PODER! 



V. ¿ Dónde estamos ?  

1/ ¿Dónde estamos? 

2/ Todos nosotros vivimos en un mundo enfermo, donde el odio es un arma y la paz un sueño.

 3/ El mundo crece lentamente. Es difícil para un cyberpunk vivir en un mundo subdesarrollado, con gente alrededor suya que observan su fuerte desarrollo

 4/ Nosotros vamos hacia adelante, y ellos nos empujan hacia atrás. La sociedad nos suprime. Sí, suprimen la libertad de pensamiento. Con crueles programas de educación en colegios y universidades. Machacan a los niños con sus puntos de vista y castigan y niegan todo intento diferente.

 5/ Nuestros hijos crecen educados en este viejo y aún no cambiado sistema. Un sistema que no tolera la libertad de pensamiento y demanda una estricta obediencia a las reglas...

 6/ Viviríamos en un mundo muy distinto de este si las personas hicieran escalones y no huecos.

 7/ Es difícil vivir en este mundo, cyberpunk. 

8/ Es como si se hubiera detenido el tiempo.

 9/ Vivimos en el lugar correcto pero no en el tiempo correcto. 

10/ Todo es tan ordinario, la gente es la misma, sus actos también lo son. Como si la sociedad sintiera una necesitad intensa de vivir atrás en el tiempo.

 11/ Algunos intentan encontrar su propio mundo, el mundo Cyberpunk, y encontrándolo, construyen su mundo. Construyen sus pensamientos que cambian la realidad, se entregan a estos y viven en un mundo virtual. Los inventos, crean la realidad : 

12/ Otros, en cambio, se acostumbran el mundo tal y como es. Ellos siguen viviendo en el, aunque no les guste. Ellos no tienen otra elección que esperar que el mundo se mantenga bien y siga hacia adelante 

13/ Lo que intentamos hacer es cambiar la situación. Estamos intentando ajustar el mundo presente a nuestras necesidades y visiones. Para adecuarlo a su máxima función y olvidar la basura. Cuando nosotros no podemos, simplemente vivimos en este mundo, como los cyberpunks, no importa lo difícil que sea, cuando luche la sociedad nosotros los contrarrestaremos. 

14/ Nosotros contruimos nuestros mundos en el Ciberespacio. 

15/ Un montón de ceros y unos, un montón de bits de información. 

16/ Construimos nuestra comunidad. La comunidad de los CYBERPUNKS.

¡Unidos! Luchemos por nuestros derechos

Somos las mentes electronicas, un grupo de rebeldes de pensamientos libres. Cyberpunks.

Vivimos en el Ciberespacio, estamos en todos lugares, no tenemos límites.

Este es nuestro manifiesto.

El manifiesto cyberpunk.

14 de Febrero de 1997



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