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domingo, 15 de diciembre de 2024

Violeta Rojo a Rafael Osío: Todavía no hemos visto desaparecer El miedo, pero Venezuela volverá a ser Altamira.

 



Estimados Liponautas


El pasado jueves 12 de diciembre murió a los 65 años la escritora Violeta Rojo (1959) , reconocida estudiosa del género de la minificción, a causa de un cáncer.


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Violeta Rojo: “Doña Bárbara ganó las elecciones en 1998”


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I

Estoy pensando en exilarme,

En marchame lejos de aquí

A tierra extraña donde goce

Las libertades de vivir:

Sobre los fueros: hombre-humano

Los derechos: hombre-civil.

Por adorar mis libertades

Esclavo en cadenas caí;

Aquí estoy cargado de hierros,

Sucio, famélico, cerril,

Enchiquerado como un puerco,

Hirsuto como un puerco-espín.

Harto en el día de tinieblas

Asomo fuera del cubil

Bien la cabeza, bien un ojo,

Bien la punta de la nariz;

Temeroso de un escarmiento,

Encorvado, convulso, ruin,

-como ladrón que se robase

Sólo el reflejo de un rubí-

Por mirar brillando en el patio

El claro sol de mi país.


“Balada del preso insomne” (Fragmento), por Leoncio Martínez 

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La escritora y especialista en literatura venezolana habla de cómo estamos escribiendo sobre lo que le pasó a nuestra nación, desde adentro, desde afuera, desde los bandos y desde la emoción


Rafael Osío Cabrices


01 de febrero de 2020


Foto: Gabriela Mesones Rojo


"Todos los fenómenos históricos son extremadamente complejos y jamás tienen explicaciones sencillas"



Quien crea que los estudiosos de la literatura viven en una torre de marfil habrán de sorprenderse por el testimonio de la profesora y escritora Violeta Rojo: “Estos años han sido para mí de mucha rabia y dolor y ver mi país destruido por esta marabunta me llena de furia. Eso ha hecho que mis áreas de investigación también estén afectadas: la minificción prácticamente desapareció, nuestra narrativa toca constantemente temas que me afectan. Antes eran mis temas de trabajo, ahora tienen un componente de congoja que me los dificulta. El análisis literario debe hacerse con una cabeza fría que yo ya no tengo y quizás por eso no puedo escribir sobre mis temas. Siempre podría dedicarme a asuntos del siglo XVIII, por ejemplo, pero no puedo evitar vincular los espantos de la guerra a muerte, la huida a Oriente o los asesinatos de Boves con nuestras guerras, huidas y asesinatos actuales. Todo lo que vivo genera un eco que retumba en cualquier cosa que leo: ya sea una novela policial en Mongolia donde encuentro el Arco Minero, un poema de Leoncio Martínez sobre un preso insomne o un libro de Orlando Figes”.

La emigración a Oriente (óleo de Tito Salas, 1913)


Esta conversación apenas se asoma (es un tema enorme por explorar) al registro de la catástrofe nacional en la literatura escrita por venezolanos que publica adentro y afuera del país, desde la perspectiva de una especialista en narrativa venezolana del siglo XXI, teoría literaria y minificción, que ha publicado varios libros de ensayo y antologías sobre estos temas. El más reciente: Las heridas de la literatura venezolana y otros ensayos (El Estilete, 2018). 


Nacida en Caracas, Violeta es Doctora en Letras y Magíster en Literatura Latinoamericana por la Universidad Simón Bolívar y Licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela. Fue Research Fellow en Kingston University (Reino Unido) en 2000 y 2001. Es profesora titular de la Universidad Simón Bolívar de Caracas, y ha sido profesora invitada en la Universidad del Comahue (Argentina), la Universidad de los Andes y la Universidad Central de Venezuela. Es individuo correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española desde 2013 y dirigió la Revista Argos entre 2002 y 2005.



Leo muchísimos libros sobre el stalinismo, por ejemplo, y estoy segura de que sigo sin tener la más pálida idea de lo que fue vivir realmente el miedo de la época. Por muy potentes que sean, y aunque nos conmuevan mucho, seguro que vivir esas realidades —con el horror interrumpido por algún chiste, la desesperación en la que se mezcla la esperanza, el dolor suspendido por algún pequeño placer, porque la vida es así— no es igual a la sombra que se plasma en una novela. Cuando vemos una película sobre un evento histórico terrible, tenemos una experiencia muy dura durante cien minutos. Nos puede quedar rondando, podemos quedar muy afectados, pero la verdad es que salimos del cine, nos tomamos una cerveza y vamos a cenar. Los que viven eso no tienen la posibilidad de salir”.   


Últimamente siento que hablamos mucho de la literatura hecha por venezolanos que se publica afuera, y sobre todo de Karina Sainz Borgo y Rodrigo Blanco Calderón. Luego vamos a hablar de lo que se está escribiendo en la diáspora, pero comencemos por el origen de todo: ¿qué se está publicando en Venezuela hoy, en narrativa, teatro, poesía?


Aquí vivimos dos países intelectuales: la cultura del régimen y la de quienes lo adversamos. Un espanto, porque no nos mezclamos y escasamente nos comunicamos; quienes se mueven en ambos mundos supongo que son vistos con sospecha. Pero en literatura somos tres países. Está el de los escritores y editoriales oficiales, en el que no sabemos bien qué se publica. Luego está el país de los escritores que seguimos aquí, con casi ninguna posibilidad de publicar. Quedan muy pocas editoriales y no creo que publiquen más de dos libros de ficción o poesía por año. Se escribe un ensayo medio político, medio periodístico, que se publica mucho más. A veces pienso que son libros con fecha de expiración, porque la ola de los acontecimientos va demostrando que sus premisas no tenían mucho agarre. De ensayo propiamente dicho, análisis literario o historia se está publicando muy poco, a menos que tenga ese elemento “actual”. Finalmente está el mundo de los escritores venezolanos que viven afuera, que tienen una vida editorial normal, nunca fácil, pero que escriben y publican. 

Comercial HARINA PAN - Empresas POLAR-VENEZUELA



¿Qué escriben esos tres países, ya no en términos de géneros sino de temas?


Los del régimen no suelen escribir narrativa realista, hasta donde sé, y si la escriben está inmersa en la doctrina oficial. He leído varias novelas históricas de algunos de ellos y, con excepciones, hablan sobre un pasado glorioso que nunca existió. Los opositores que viven aquí escriben novelas realistas, a veces demasiado para mí. Quizás son crónicas largas, más que novelas. Lo ficcional es una excusa para contar una experiencia, explicar el problema económico, social, médico, educativo. Los de la diáspora escriben también ese tipo de novelas, quizás haciendo énfasis en su circunstancia migrante, contando el extrañamiento en una suerte de literatura comparativa entre países. No siempre, claro: varios autores no son literales ni cronísticos, no explican cómo se arma la carpeta Cadivi ni que aquí se paga la gasolina con un cambur porque no hay efectivo, no escriben para asombrar a los europeos con nuestro neorrealismo mágico o nuestra “fábula del deterioro”, para usar el término de Miguel Gomes. Claro que no es lo mismo vivir aquí que verlo desde afuera. Tampoco es lo mismo vivir en Caracas que en Maracaibo, no es igual Cumaná que Lechería. Ni es igual ser venezolano y vivir afuera, sufriendo la diáspora, el ser extranjero, la xenofobia en algunos lugares, haber dejado la biblioteca, la casa familiar e incluso algún animal querido. Esas son experiencias muy dolorosas que no conozco y que estoy segura que no son menos graves porque sea fácil conseguir Harina Pan. Quizás lo único que nos une a los de afuera y los de adentro es tener la familia dispersa, experiencia que, ahí sí, no era nada venezolana. En cualquier caso, lo que sí he notado es el inmenso orgullo cada vez que un compatriota publica en una editorial reconocida, o cuando son publicados en otros idiomas. Creo que a los venezolanos que quieren leer sobre Venezuela les da igual si el autor está afuera o no. 



Siguiendo la línea de tus propios ensayos sobre el género, me pregunto si la memoria personal, la autobiografía o el diario están funcionando como recursos entre la gente allá para procesar la crisis, la transformación del país, el empobrecimiento individual y colectivo, el miedo. Yo sé que muchos emigrados se pusieron a escribir, empujados por la necesidad de entender y de contar lo que están viviendo. ¿Sabes si está pasando eso con los venezolanos de adentro?


Los manuscritos que he leído (poesía y narrativa) hacen mucho énfasis en contar lo que nos está sucediendo: la crónica y lo autorreferencial permean la narrativa, en una suerte de crónica autoficcional con elementos periodísticos; la poesía insiste en nuestros dolores. Es una literatura de mímesis y catarsis al mismo tiempo, a pesar de lo absurdo que pueda sonar. Para mí rara vez es agradable. Las novelas “explicativas” me cuentan lo que ya viví, y me aburren o me hacen revivir eventos tan dolorosos que el placer estético desaparece. Comprendo que todos necesitamos explicar y explicarnos lo que pasa, cosa que suele suceder en todos los países que han sufrido crisis, guerras, descalabros. Ahí están, sin abundar demasiado, el estudio sobre el lenguaje de Victor Klemperer, el psicoanalítico de Viktor Frankl o la Suite Francesa de Irene Némirovski, escritos prácticamente en medio del espanto o poquísimo tiempo después. Pero, como yo no entiendo qué pasó aquí, porque no hay explicación racional para el caos cotidiano, la enorme magnitud de la destrucción y, sobre todo, porque era innecesario desbaratar el país por poder o dinero, sabiendo que pudieron tenerlos sin crear este cataclismo, me complace que los escritores traten de encontrar sentido, origen y causas a la sistemática demolición del país. Pero eso no quiere decir que no sienta que muchas de esas explicaciones son demasiado esquemáticas y simplistas y que el asunto es mucho más complicado. Todos los fenómenos históricos son extremadamente complejos y jamás tienen explicaciones sencillas. A mí que me digan: es que Venezuela siempre ha sido así (y una analiza la historia y no ve ese correlato) o es que los venezolanos somos de tal manera (cuando los determinismos nunca me han convencido), o que me hablen de la oscuridad allá y la luz aquí, o que se pongan positivistas, no me funciona. No es solo que no esté de acuerdo con ciertos planteamientos aunque admire la manera en que se hacen, o el vuelo retórico, o la visión diferente; es que no me dicen demasiado. Claro que quizás soy yo y el problema no son los libros sino la lectora. Esto también va para el auge de la literatura autorreferencial que se está escribiendo adentro y afuera. Es otra manera de contar y tratar de comprender, relatando día a día cómo vivieron el desastre. Algunas veces siento que se dramatiza demasiado y que ha habido cosas peores, pero a lo mejor eso es una equivocación y hasta una injusticia de mi parte.   


¿Cómo es eso de que se dramatiza demasiado?


Mi familia vivió la guerra civil española, tengo amigos que vivieron la postguerra en Alemania, The Troubles en Irlanda del Norte, los ”años de plomo” en Euzkadi, las cruentas dictaduras de Chile y Argentina, el conflicto armado en Colombia. Algunas de esos eventos pueden parecer peores, pero no lo son. Cada tragedia es única y pavorosa para quienes la viven. Esto no es solamente una dictadura, es una tiranía en la que puedo decirte esto, que en otros lugares no podría, pero en esos sitios no tenían hiperinflación, o tenían hiperinflación, pero no escasez, o tenían escasez, pero duró menos tiempo, o duró más tiempo, pero no hubo destrucción. Esta es nuestra tragedia nacional, particular y personal y con eso no hay puntos de comparación. La vivimos y la sobreviviremos, antes de lo que pensamos, pero eso no significa que no nos haya cambiado la vida, que los años no se nos hayan ido luchando contra los monstruos cotidianos, que hayamos visto cosas que hubiéramos preferido no ver jamás, y que quizás se nos haga difícil olvidar la degradación de personas, lugares, instituciones, usos y costumbres. Es un problema heracliteano, el país que perdimos (por la ida o por el desastre) es irrecuperable. 


Con los cierres de librerías y el fin de la importación de novedades, más la dificultad de publicar allá, ¿cómo se está leyendo en Venezuela? ¿Mercado de libros usados, redes de intercambio? ¿Se aprovechan las bibliotecas que los emigrados dejamos atrás?


Fíjate que con tu pregunta me doy cuenta que nunca he pedido prestado un libro a los emigrados. Me sería difícil, las bibliotecas son algo muy privado y es delicado pedir un libro que uno sabe que duele tanto tener lejos. Casi todas las librerías venden libros usados, las que lo hacían antes y las que jamás lo habían hecho. Los precios me parecen demenciales. Aquí un libro usado cuesta lo mismo que un libro de bolsillo nuevo afuera. En cuanto a las novedades, el precio es internacional. Con los sueldos venezolanos, comprar un libro es un esfuerzo económico sustancial. Afortunadamente yo tengo una gran biblioteca, mi pareja otra, los amigos de aquí nos intercambiamos libros y los libros digitales solucionan mucho. Las bibliotecas universitarias, que tanto usé, están en el mismo estado que el país. 

Primera edición de Doña Bárbara por la editorial Araluce



Como investigadora de nuestra literatura y como venezolana que vive allá, ¿te sientes satisfecha con lo que nuestra literatura ha hecho hasta ahora para registrar, traducir lo que hemos vivido en estos años? ¿O crees que la gran literatura, o la gran novela, sobre la Venezuela devastada por el chavismo está todavía por venir?


Esa no es una pregunta para mí. No soy mujer de un solo libro. Nunca me ha convencido eso de que hay una novela (o un libro) que es el definitivo y el determinante para demostrar algo. Un libro es una visión, y la realidad suele ser múltiple, caleidoscópica, compleja y necesita muchos libros, películas y fotografías para entenderse. No creo tampoco en el concepto de la “gran novela”, que me parece que es algo muy de la literatura de Estados Unidos. Según tengo entendido, el concepto de la “gran novela americana” viene desde el siglo XIX y tenía que ver con explicar, casi pedagógicamente, cómo era Estados Unidos. Obviamente, esto está más vinculado a un deseo que a una realidad y la gran novela que explique un país sigue sin escribirse. Dicho lo cual y siendo contradictoria, elegiría una novela positivista y maniquea, Doña Bárbara puede explicar el gomecismo y también este desaguisado que nos ocupa. Para mí, ya lo he dicho otras veces, Doña Bárbara ganó las elecciones en 1998 y ahora manda Ño Pernalete. Todavía no hemos visto desaparecer El miedo, pero volveremos a ser Altamira.


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Rafael Osío Cabrices

Periodista basado en Montreal. Editor jefe de Cinco8 y Caracas Chronicles.


Tomada de Cinco8








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“Balada del preso insomne”, por Leoncio Martínez






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26/04/2026
19/09/2025

martes, 8 de octubre de 2024

José Ignacio Cabrujas a José Pulido : VENEZUELA NECESITA UN CONGRESO QUE SEPA ESCUCHAR

 

José Ignacio Cabrujas. Foto coloreada.


Estimados  Liponautas

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes una entrevista hecha por nuestro amigo el escritor José Pulido al dramaturgo José Ignacio Cabrujas en abril de 1992 apenas un par de meses después del primer intento de golpe al presidente constitucional de Venezuela Carlos Andrés Pérez. Realmente la entrevista nos dejó insatisfechos ya  que las respuestas de Cabrujas relacionadas con la crisis venezolana de ese momento y que dieron inicio a la tragedia que hoy vivimos, nos parecieron genéricas, vagas, tibias en el sentido bíblico del término. Actitud muy encuadrable dentro de la actitud general de la "Intelectualidad Venezolana" de esa época. Una afirmación terrible, a nuestro parecer, por parte de Cabrujas es la siguiente:"Fíjate lo mal que lo hicieron los oficiales del intento de golpe. Son unas personas que no saben disparar bien, que no tienen cultura de disparos. Serán brillantes estudiantes de economía, pero cultura de cañonazos no tienen ninguna.". Dice eso con un desparpajo brutal al hablar de una rebelión que provocó muertos Y lo más triste es que esa gente terminó cañoneando la vida del venezolano, destruyendo la economía del país y multiplicando la economía de ellos por medio de la corrupción.

La entrevista tiene otra información de interés anecdótico que pueden ser relevantes en la historia de la cultura popular venezolana. 

Ahora nos daremos a la búsqueda de una entrevista de Cabrujas de finales de 1992 para poder contrastar sus opiniones.

Pero la insatisfacción es nuestra, por lo que recomendamos lean, disfruten... y si gustan juzguen el material.


Atentamente

La Gerencia


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Una entrevista que le hice en el año 1992 a José Ignacio Cabrujas (+). La fotografía es de Vasco Szinetar


ESTE PAÍS YA NUNCA MÁS VOLVERÁ A SER EL MISMO


Hombres con monos de mecánico cruzan la calle. El asfalto está agrietado en algunos sitios y hundido en otros; arrimados a las aceras conviven carros de cauchos pinchados, con kioscos y tarantines donde venden perros calientes y otras comidas para el apresurado almuerzo de los obreros. Allí muy bien podía ambientarse el romance imposible entre una obrera de la fábrica de zapatos y el hijo del dueño de la empresa; ella se convertiría en dirigente sindical para defender sus derechos. El hijo del empresario le reclamaría el hecho de que pelea con mucho fervor la firma de un contrato colectivo, mientras que por su amor apenas si llora un poquito, escondida tras la máquina de hacer tacones.

No es muy difícil que se defina una telenovela en ese escenario y que alguien la escriba con buen sabor: cerca de allí, a la vuelta de la esquina, en el Edifico de Marte TV, José Ignacio Cabrujas inventa historias de amor todos los días.

–Pase adelante –dice una señorita recepcionista y muestra a Cabrujas metido en un cuartico junto con otros escritores. Están rodeados de computadoras que parecen señoras impacientes bajo las manos de unos masajistas. El escritor se levanta y busca una oficina cómoda para hablar. Una dama con porte de persona que toma decisiones, le cede la suya y José Ignacio se sienta al lado del escritorio, justamente donde un fax comienza a silbar advirtiendo que ahí viene el mensaje. Una lengua de papel aparece y baja lentamente como un ofidio. 

Desde hace un año escribe en El Diario de Caracas y leerlo se ha convertido en una de las costumbres más interesantes del domingo. Sus escritos son la radiografía semanal del país, y resultan leídos con avidez y admiración porque ordenan el caos con un tono propio, con una estética latinoamericana. Y Cabrujas es un látigo verbal. Qué duda cabe.

Por una parte, él escribe del país político, social y cultural en su sección de El Diario y por la otra construye el país de los sueños realizables que tanto atrapa a los televidentes.


–El trabajo de escribir telenovelas está condicionado a que guste –dice.


–Al escritor que publica libros no le importa demasiado si lo leen

–Los escritores se liberaron de la relación con el público y tienen muy sólidas razones. El Ulises de Joyce no le gustó a nadie, pero tú sabes que fue trascendental. Hoy en día un escritor exitoso es sospechoso. Le dicen best-seller. El oficio de escribir telenovelas está completamente ligado a la putería: obligatoriamente tiene que gustar y se escribe para eso, sin castidad ni reservas.


–Ustedes trabajan bajo una constante medición.

–Sí. Bajo la diaria interrogante de qué paso ayer. La pregunta es respondida por el librito rojo que llega a los canales como a las doce y media del día. Yo me negaba a creer en ese librito. Pero me convencieron. Entendí que la opinión de ochocientas personas puede obedecer a una tendencia.


–Verdaderamente: ¿Por qué escribe telenovelas?

–Porque me gusta.

Raúl Leoni en 1965. Fue presidente de Venezuela entre 1964 y 1969.


–¿Y antes de que ocurriera eso?

–Al principio fue por ganarme la vida.

Cabrujas cuenta que cuando gobernaba Leoni, él y unos amigos publicaron la revista “Etcétera”, dedicados a vivir de ese trabajo. Un día los arrestaron y estuvieron en la cárcel casi un mes.

–Fue una prisión tan boba que yo todavía no sé por qué nos metieron presos. He hecho teorías acerca de eso pero el asunto es que me metieron preso y empecé a sentirme culpable. Supe que tenía un pecado y que además se me había olvidado. Eso es lo más terrible que le puede pasar a un pecador: que se le olvide su pecado.

Eva Moreno y Edmundo Arias en La tirana, novela de RCTV


–¿Fue torturado?

–No estaba mal. Me daban tres comidas al día y me permitían ir dos veces al baño. Un día me llevaron al despacho de un tal capitán Sánchez. Me saludó y yo le pregunté “Mire ¿qué pasó? ¿Por qué estoy aquí? ”  Y el tipo se echó a reír. Yo le preguntaba y él se reía como indicándome que me estaba pasando de vivo.

Un día me mandaron a la barbería: “Aféitate, ponte bonito” y de pronto estaba en la avenida Urdaneta, más preso que el carrizo, porque no sabía qué hacer. José Antonio Gutiérrez, “Telaraña” (+), me habló de la posibilidad de un trabajo en RCTV: “Yo he hablado con ellos, se harán los disimulados con lo que te pasó” y así comencé a escribir los últimos setenta capítulos de La Tirana, con Eva Moreno(+) y Edmundo Arias.


–Para un intelectual eso fue duro, por los prejuicios, ¿no?

–Me sentía trabajando en un prostíbulo, pero luego comencé a interesarme por la dinámica que ocurría en mi vida haciendo televisión. Hay millones de espectadores que ven lo que haces y tienes la posibilidad de decir algo. Por último, entiendes la libertad que te da: eres libre, no tienes que depender sino de tu propio trabajo que es un trabajo que produce dinero.

Jacobo Borges. El Nacional. 04-09-1987. José Estrella.


–Usted aprendió que el dinero es importante.

–En esa época hablaba mucho con Jacobo Borges y él, que siempre ha sido un atormentado, tenía el gran tormento del dinero, no porque fuera ambicioso sino porque vivía una situación económica maltrecha. Él me decía: “El dinero es la única libertad, si tienes dinero nada te puede pasar. Para poder ser libre tienes que tener dinero”.

Yo dije: “déjame hacer de la vida entonces dos parcelas. Una atadura es la televisión, con pérdida de la imagen intelectual (el tipo que te dice: “vi esas grotescas telenovelas, eres un traidor”, etc.) que unas veces me molesta y otras me deprime. Pero el resto es libre.

Yo he jugado un juego que he ido entendiendo. Hoy en día me preguntan por qué hago TV y respondo “porque quiero”. Tuve una época en que jugaba. Hoy me emociona escribir en televisión.


–También tiene la satisfacción intelectual de la opinión periodística.

–Sí. Me hace feliz que me llamen por teléfono el domingo o que en el supermercado Los Campitos alguien me diga “Te leí”. Casi es una especie de bienestar físico.


–Debe ser agotador escribir “El País según Cabrujas”

–La tortura para mí, es de qué voy a escribir. Yo escribo en función de los demás, de por dónde va la cosa. El periodismo de opinión tiene que ser eso. La inquietud personal no juega para mí ningún papel. Quiero sentir lo que está sucediendo y tener claro qué es lo que el lector quiere saber.

Ugo Ulive, José Ignacio Cabrujas y Omar Gonzalo


–¿Tiene usted un método?

–Cuando escribo esa columna pienso en determinadas personas. Pienso en Ugo Ulive y me digo “Ugo me está leyendo” y entonces empiezo a escribir como si estuviese hablando con él. A veces pienso en José Antonio Guevara y escribo para que él me lea. En otros instantes pienso en que Arturo Uslar Pietri me está leyendo y escribo como si hablara con Uslar Pietri. Deseo que lo que escribo le interese a la persona. Ese es el mecanismo que tengo. De todas maneras me divierto mucho. Tardo como tres días escribiendo esa columna.



–Su trabajo de opinión le ha proporcionado peso político ¿aceptaría ser candidato para ocupar un puesto en el Congreso?

–Ser parlamentario me quitaría independencia. Cuando pasas a tener la culpa tienes que cargar con el muerto. El Congreso es una cosa terrible para mí. Allí hay un tipo diciendo un discurso mientras otros están leyendo, hablando por teléfono o la fracción de un partido se encuentra reunida. Es insólito. Me dijeron que ahí se habla para que conste en un registro que hablaste, aunque haya sido en medio de la apatía general. Esto revela que el Congreso es un desastre.


–Qué debe ser eliminado, según opinión muy actual...

–La razón fundamental para que este Congreso sea eliminado es ésa. Hay que hacer un nuevo Congreso y decir: artículo primero: es obligatorio oír. Si al congresante se le paga y goza de privilegios, de una placa, de una inmunidad para que abuse, es a cambio de que se siente y oiga. ¿Cómo crear leyes si ahí nadie oye? Yo creo que no oyen para que no los vean oyendo a otro y no los crean pendejos.

GOLPE DE ESTADO 4 FEB 92



–¿Qué sucederá ahora en Venezuela?


–Estaba pensando en eso. El día del pito la presión bajó. Quizás se equivocaron de instrumento porque soplar es difícil, pero el asunto es que hacía menos ruido.


Golpe de Estado en Venezuela - Mensaje del Presidente Carlos Andres Perez - DiFilm (1992)




–Es como si hubiese pasado todo el agite

–Yo creo que el país no va a ser el mismo. Los venezolanos en su inmensa mayoría están contra este Gobierno, pero se ha perdido la cultura de la oposición. Los partidos de oposición carecen de convocatoria y no tienen cultura de oposición. En Europa la gente sabe cómo tumbar un gobierno sin que pase ninguna catástrofe. Aquí hubo una cultura de tumbar gobierno a los cañonazos pero pasaron 34 años sin disparar cañones. Fíjate lo mal que lo hicieron los oficiales del intento de golpe. Son unas personas que no saben disparar bien, que no tienen cultura de disparos. Serán brillantes estudiantes de economía, pero cultura de cañonazos no tienen ninguna.


–¿Usted cree que algo cambió sustancialmente en el venezolano?

–El país ya no es el mismo: hay un sedimento, algo que se va a expresar en el desenlace de esta situación, sea cual sea. Yo creo que el país cambió radicalmente y fue un cambio sostenido que no ha salido a la luz.




–Su obra “Acto Cultural” será leída en el Odeón de París, ¿va a estar presente?

–Voy a ir a darme bomba, pero tengo una gran desconfianza cuando me invitan a un festival en Europa. Esas invitaciones son, en el fondo, actos de cortesía de una total incomunicación. Yo soy un escritor parroquial: a mí no me importa la relación con los extraños para nada. Yo tengo la ambición, como todo el mundo, de que una obra mía sea exitosa en uno de esos países grandotes que te dan nombre y respaldo. Pero siempre hay como un equívoco. Yo siento que mi obra es mejor que eso que estoy viendo allí. El público te observa, te trata cortésmente, pero no es la misma comunicación afectiva que siento en Caracas. Es como hablar con una persona que no te entiende, que no te comprende.


–Es algo que va más allá de la diferencia idiomática

–Todo lo que tu escribiste se te agrieta, se te convierte en un desaliento. Yo me siento ciertamente estúpido. Esto que me parecía tan emocionante, tan inteligente y que me felicité tanto por haber escrito, se convierte en otra cosa. Como si fueras un animal que están viendo por la placa de un microscopio desde otra cultura. Uno empieza a perder efecto. Yo por eso no soy universal.


–Europa ¿acompleja?

–Las veces que he ido a Europa y he tenido relación con el público europeo ha sido una desilusión. Los europeos quieren verte como ellos desean. Sin restarle ningún mérito (porque eso sería una idiotez), yo tengo la sospecha de que Gabriel García Márquez escribió exactamente lo que querían oír de nosotros los europeos. Si no somos pintorescos, no somos; si no somos primitivos, no somos; si no somos milagrosos, no somos. Yo nunca he creído que seamos pintorescos, primitivos ni milagrosos.


–¿Cómo es el latinoamericano según Cabrujas?

–Somos una gente cultísima. Nosotros somos más franceses que los franceses. Somos gente terriblemente culta. Pero los europeos no quieren que seas culto, ellos quieren verte primitivo.




–Hace unos meses dijo que está escribiendo una novela.

–Este año la termino. La titulé “Camaleón”. Tomé a Pedro Centeno Vallenilla como modelo.



–¿Por qué a él?

–De niño yo creía que él era el mejor pintor del mundo. Cuando me dijeron que no, que por el contrario era considerado aborrecible, sentí un gran desaliento. Me dijeron, además, que Goya era mejor que él y yo no podía creer eso. Goya no pinta tan bonito. Después, con los años, me di cuenta de que Goya tiene fuerza, que es perturbador y que Pedro Centeno no lo es. Sin embargo, ha podido pasar a la historia: Botero lo hizo pintando gordos y Pedro Centeno todo lo que pintaba era marico. Es sensacional, realmente genial, que él pintara unos toros que gracias a su imaginación se convertían en unos amanerados. Pero lo que sucede al personaje de mi novela no le ocurrió a Centeno Vallenilla. Sólo lo tomé como modelo. Camaleón es un hombre que puede transformarse en otro durante diez minutos y hasta durante una hora.


Cabrujas deja de hablar cuando nota que el papel del fax se ha resbalado por sus piernas y va hacia el piso. “Que mensaje tan largo”, comenta.

Afuera, una mujer joven vestida con una bata azul claro, en cuya espalda dice “Fábrica de zapatos La Nube”, pide una hamburguesa con todo. Aquí la puerta se abre y un huracán perfumado arranca la tira del fax.

La obrera come pensativa la hamburguesa acartonada y ni siquiera dirige una mirada al edificio para ver a este hombre prodigioso. Pensará que es un señor de oficina. Ella ni siquiera se imagina que muchas ilusiones, de las que giran en su pecho, han sido proyectadas por él. Mucho menos sabrá que es el único hombre capaz de hacerla millonaria y feliz. Un motorizado que pasa le susurra un piropo encendido y le toca una nalga fugazmente. Ella le suelta una maldición gitana con mentada de madre. Lo más delicadamente posible, por si acaso esté mirándola alguien importante.

(El Diario de Caracas, 24 de abril de 1992)



José Ignacio Cabrujas (+). Fotografía de Vasco Szinetar







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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores


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Una entrevista de José Pulido


viernes, 17 de julio de 2020

CABRUJAS por José Pulido







Estimados Amigos.

Un día como hoy 17 de julio, pero de 1937 nació, en Catia, Caracas, el dramaturgo venezolano José Ignacio Cabrujas (se nos fue un 21 de octubre de 1995 en Porlamar, Margarita), hoy compartimos unas palabras escritas  por el poeta José Pulido el pasado 3 de junio de 2020 a las 9:43.

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Este es una especie de homenaje que escribí en el 2018 para José Ignacio. Algo que no puede expresar la admiración que uno sentía: solo sirve para recordarlo.




CABRUJAS


No pienso molestarme en averiguar lo que haces
en ese teatro mal pintado
yo te conozco, te he visto en la esquina
tú eres el hijo del sastre

En ese momento
gritó como un tenor el vendedor de chicha
y se hizo la plaza
con su estatua en el medio
el sol fructificó el faro de una escena
y se abrieron los telones para ser añorados

el humo subió aludiendo al polvo acumulado en el teatro
todas las pasiones levantándose
resonaron las teclas y de repente se apartó una silla
con sus ruedas de oficina
el cigarro ascendía
y esto fue la pura verdad: cuando José Ignacio Cabrujas habló
todo estaba en su voz, inclusive Oswaldo Trejo y Jacobo Borges
vibraban troquelando las dudas del futuro

Te alimentarás con lo que Orfeo deje caer sobre la azotea de Catia
azotea es azotea y Catia es Orfeo
ajá ¿y después?
mientras decías ajá
con tu vozarrón de cigarrón chocando matas
comenzaron a ensuciarse y a secarse varios ríos y al preguntar
¿y después?
cayeron monumentos
pero también hubo gente cantando,
escribiendo, componiendo, actuando,
retratando, bailando, pintando, construyendo
y tú serás quien defina por qué Caracas
es un descomunal despecho
ajá: ¿Y qué es lo distinto?
lo distinto es que vas a ver una bola de hierro en el aire
derribando a un ángel que toca trompeta
encima de una cúpula
mientras el joven Rodolfo Izaguirre está a punto
de tristeza como si a la patria
se le hubiese muerto Rocinante

y lo dirás en tiempo de ópera
y tendrá valor todo cuanto digas

demolieron el hotel Majestic
para levantar las Torres de El Silencio
que ya parecen un olvido

en la azotea de Catia un muchacho se balanceaba
escuchando Nessun dorma
y en ese entonces nadie podía adivinar
que la demoledora redondez celestial
caería confundida sobre su propia cúpula
en la piscina donde el nadador abría sus brazos


José Pulido




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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne



José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.


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