Se hace tarea difícil dar entrada a la
entrevista a Michael Onfray , básicamente porque ya lo hace de forma impecable Ferney
Rodríguez al motivar la entrevista que Luisa Corrandi le realiza al polémico filósofo
francés Michael Onfray.
Partiendo del hecho que comulgo con la frase
de Luis Buñuel “Soy ateo, gracias a Dios” ha sido reconfortante leer la
siguiente entrada.
No abundan las manifestaciones, ni textos de
proselitismo ateo, por ello la imagen que se tiene de los ateos está
distorsionado. Michael es rotundo, en su opinión las religiones cristianas,
musulmanas y judía detestan: a las mujeres, la sexualidad, la libertad y la
inteligencia.
El profesor francés brilla en esta entrevista,
quizás por la torpeza de la entrevistadora. Llegué a pensar que las preguntas
estaban pactadas, para mayor lucimiento de Onfray, pero no es así ya que se
puede palpar el enfado del entrevistado ante los prejuicios e ideas
preconcebidas de la entrevistadora sobre los ateos.
Deseamos que disfruten con esta entrevista:
by PacoMan
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“Las religiones viven de la angustia y del miedo de los hombres”.
Una entrevista al Filósofo Michael Onfray
Diferentes caminos han llevado a
cientos de hombres y mujeres inteligentes por la opción no-religiosa.
Grandes personajes fueron agnósticos como Thomas Henry Huxley, Charles
Darwin, y Stephen Jay Gould, o ateos como Richard Dawkins, Carl Sagan,
Steven Pinker. Un estudio llevado a cabo por Larson y Whitam en 1998
reveló que el 93% de los científicos más eminentes de los EEUU no creían
en un Dios personal, y este resultado es muy similar en los científicos
del Reino Unido, según otra investigación. A pesar de lo anterior en la
mente de la mayoría de las gentes el adjetivo de ateo es relacionado
negativamente.
Tras la publicación en 2007 de un artículo en el diario colombiano El Tiempo
sobre la comunidad no creyente de Colombia (agrupada principalmente en
el foro de Escépticos Colombia), se preguntó a los religiosos su opinión
sobre este sector de la sociedad, a lo cual respondieron que “ellos
mantenían ideas ya superadas en el siglo pasado”. Pero a pesar que los
ateos son una minoría y que reciben el descrédito y el ataque de los
bien financiados líderes religiosos, los ateos no son una especie social
extinta. Cabe notar que la mayoría de los Premios Nobel de ciencia son
ateos, al igual que la mayoría de la élite intelectual del mundo. Uno de
estos intelectuales es el filósofo francés Michel Onfray.
El filósofo Michel Onfray empezó su vida
de forma difícil. Nació en un hogar muy pobre, y a los diez años fue
abandonado por su madre en un orfanato. A los 28 años sufrió un infarto,
y más tarde dos derrames cerebrales. Onfray vive de forma sencilla y
alegre. Tiene bloqueada su cuenta, para recibir solo lo que recibiría de
jubilación un obrero agrícola. Ve que la vida debe llevarse de manera
que pese más el ser que el tener.
Para Michel Onfray las religiones son
únicamente instrumentos de dominación y de alienación. Afirma que los
tres monoteísmos profesan el mismo odio a las mujeres, a la sexualidad y
que detestan la libertad. Actualmente trabaja en la Universidad de
Caen, Francia y es autor de 35 libros, de los cuales Tratado de ateología es uno de los más conocidos por el público hispano. A continuación se presenta un fragmento de la entrevista hecha por Luisa Corradini en Paris el 2007 para el diario argentino La Nación.
Usted afirma que no fue el
orfanato lo que lo convenció de que Dios no existe porque a los diez
años ya lo sabía. Sin embargo, suele decir también que los adultos que
creen en Dios se equivocan. ¿Qué tenía usted a los diez años que un
adulto -incluso analfabeto- no tenga a los cuarenta? ¿No es un poco
pretencioso de su parte?
No veo por qué debería ser pretencioso o
qué es lo que yo tendría de más. Yo no hablo en esos términos. Son los
suyos y es su propio juicio de valor. Para ser claro: creí en Dios
mientras creía en el Papá Noel. A partir de cierta edad, todo eso me
pareció irracional, sin sentido. Eso no quiere decir que fuera un
superhombre o un genio precoz. Probablemente solo se trate de
temperamento, de carácter inadaptado a las fábulas.
Usted escribe “los monoteísmos
detestan la inteligencia”. Pero entonces, ¿qué hacer con todos los
genios de Occidente que practicaron alguna de las tres religiones del
Libro?
Yo hablo de “monoteísmos” y no de
“monoteístas”. El monoteísmo es una ideología que, en sus principios,
detesta que la gente piense o reflexione y prefiere que obedezca y que
se someta a la Ley, a la palabra de Dios y a sus Mandamientos. Que hay
monoteístas inteligentes, no esperé su pregunta para saberlo. Y tampoco
he dudado de la inteligencia de ciertos monoteístas cuando son
inteligentes.
Dejemos a un lado la Iglesia
como institución e incluso la Biblia. ¿Cómo sabe usted que, en verdad,
Dios no existe? Podría perfectamente existir. ¿Cómo saberlo? ¿No cree
que aceptar la duda sería una actitud más filosófica?
La duda no es filosófica, es
metodológica y prepara el terreno a la solución filosófica. En otras
palabras, se duda un momento en un movimiento que debe concluir en una
certeza. Descartes solo utilizó la duda de esa forma. Conformarse con la
duda es detenerse a mitad de camino. Además, la duda es una
deshonestidad intelectual. Aquellos que reivindican la duda no tienen
problemas en reivindicar la certeza de esa duda. La coherencia del
escéptico debería llevarlo hasta a dejar de hablar. Un filósofo tiene la
obligación de hacer llegar su pensamiento a algún lado. En todo caso,
aquellos que afirman algo (por ejemplo, la existencia de Dios) son
quienes deben demostrarlo. De lo contrario, bastaría con afirmar
cualquier cosa (que los unicornios existen, por ejemplo), pedir a su
interlocutor que pruebe que lo que uno dice es una necedad y, frente a
su incapacidad para demostrarlo, concluir que lo que se está diciendo es
verdad. De esa forma se podría afirmar que las mesas giran solas, que
los platos voladores existen, que los horóscopos dicen la verdad.
Usted critica a “los hombres que
se embriagan de ilusiones”. ¿Está mal? ¿Y si eso les permite ser menos
infelices? Usted escribe: “El camino de la verdad filosófica es largo y
difícil”. Pero hay muchísima gente que nunca tendrá la posibilidad de
hacer ese camino. ¿Por qué negarles su propia forma de consuelo a
aquellos que creen en algo superior?
Prefiero una verdad que duele a una
mentira que calma. Pero cada uno puede preferir el opio de la ilusión a
la realidad. Yo le reprocho a la ilusión enemistarnos con la única
certeza que tenemos: la vida es aquí, aquí y ahora. Las religiones nos
invitan a vivir en la expiación, con el pretexto de que vivir como si
uno estuviera muerto aquí nos abrirá la vida eterna una vez muertos. Yo
consagro gran parte de mi tiempo -sobre todo cuando creo universidades
populares abiertas a todos-, a ofrecer una alternativa filosófica a la
propuesta religiosa. Creo que es necesario popularizar la filosofía para
reconciliar al hombre consigo mismo, con su cuerpo, su vida, los otros y
el mundo, sin que tenga que pasar por todas esas ficciones religiosas.



