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martes, 12 de agosto de 2025

Heidegger nunca dejó de ser un nazi


Hitler - Heidegger. Imagen tomada de Philosophy news.




De Hitler a Putin pasando por los rojipardos: lo que el nazi Heidegger le enseñó a Dugin


Conversamos con el pensado francés François Rastier, que ofrece en 'Naufragio de un profeta' una imagen inédita y tétrica del filósofo alemán a la luz de sus 'Cuadernos negros'




Por Daniel Arjona


05/09/2022 - 05:00


En 1916 Martin Heidegger tiene 27 años y escribe en una carta a su prometida Elfride: "La judaización de nuestra cultura y de las universidades es, en efecto, aterradora y creo que la raza alemana deberá encontrar la fuerza interior suficiente para llegar a lo más alto". En 1920, a los 31, se lamenta en otra misiva: "Todo está inundado de judíos y sanguijuelas". En 1932, ya con 43 años, vota por primera vez al partido nazi y al año siguiente se afilia. Es en 1933, ya con Hitler en el poder, cuando, recién nombrado rector de la Universidad de Friburgo a los 44 años, imparte su discurso de adhesión al nacionalsocialismo y, en otra carta, critica que su colega Karl Jaspers "siga ligado" a su mujer, que es judía. Pero justo después, como se creía hasta hace no mucho, repudiaba el régimen tras dimitir de su cargo y abandonar el partido. Sin embargo, como demuestran una serie de estudios recientes y la publicación en 2015 de sus ominosos 'Cuadernos Negros', no es que Heidegger dejara de ser nazi, sino, más bien, es que la Alemania de Hitler no le parecía "lo suficientemente nazi". Entre aquellos que se ocuparon de señalar, a la contra de un pensamiento occidental envenenado de heideggarismo —desde la izquierda de la deconstrucción a la extrema derecha de Dugin—, que el emperador de la filosofía del siglo XX iba desnudo, que su filosofía no escondía otra cosa que un nazismo feroz, encontramos nombres como los de Adorno, Marcuse, Cassirer, Julio Quesada o Emmanuel Faye. Y ahora es el lingüista y semiótico francés François Rastier (Toulouse, 1945) el que asesta el golpe definitivo al maestro oscuro en un libro tan breve como demoledor: 'Naufragio de un profeta. Heidegger hoy' (Laetoli, 2022). Hablamos con un Rastier, que asegura que "jamás he podido leer a Heidegger y a sus apologistas sin un malestar que no tiene nada de existencial mientras tantos autores ilustrados se encomendaban a él".

'Naufragio de un profeta', de François Rastier. (Laetoli)



PREGUNTA. Durante mucho tiempo se intentó perdonar el nazismo de Heidegger como un pecado de juventud. Pero, incluso antes de la publicación de 'Los cuadernos negros', como demostró por ejemplo Emmanuel Faye, bastaba leerle bien para saber que su nazismo era una convicción profunda. ¿Cómo es posible que tantos se engañaran así separando artificialmente al hombre del filósofo? 


RESPUESTA. A los 44 años, Heidegger no era ya un joven y tampoco un nazi ordinario. En tanto que rector de la Universidad de Heidelberg, presidió, por ejemplo, una ceremonia donde se realizó un auto de fe de libros. Una semana después del fin de su etapa del rectorado, se sentó en la Comisión para la Filosofía del Derecho al lado de Alfred Rosenberg, ideólogo del régimen nazi, y de Hans Frank, conocido más tarde por ser 'el verdugo de Polonia', para elaborar las leyes raciales de Núremberg. Sostuvo al Partido nazi hasta el final del Reich, y más tarde se aseguró con éxito, de manera velada y casi esotérica, la difusión de la ideología nazi. La separación entre el nazi ordinario y el filósofo genial es un cliché apologético que no tiene en cuenta ni los hechos históricos ni el análisis filosófico. Separar al nazi ordinario del filósofo genial es un cliché apologético que no tiene en cuenta la historia ni el análisis filosófico 


P. Y en 2014 llegan 'Los cuadernos negros', donde emerge como un nazi extremista. Usted explica que los heideggerianos se dividen en dos grupos: los que aseguran que no es para tanto y los que dicen: "Sí, ¿y qué?". Me interesan estos últimos, especialmente los de izquierda. ¿Qué les lleva a admirar su nazismo como una necesaria provocación filosófica? ¿Tal vez la fascinación por la violencia? 


R. Desde 1933, numerosos autores, como Marcuse, que fue alumno suyo, habían puesto en guardia, pero no fueron escuchados. El nazismo de la filosofía de Heidegger era un secreto a voces. Los escritos políticos eran conocidos, pero se evitaba ponerlos en relación con los escritos académicos. Sin embargo, algunos elementos decisivos fueron revelados en 2005 por Emmanuel Faye [en el libro 'Heidegger. La introducción del nazismo en la filosofía', traducción en Akal, 2009], gracias a los cursos de Heidegger que podían ser consultados en los archivos (todavía cerrados hasta 2046). La publicación a partir de 2014 de los 'Cuadernos negros', programada por el mismo Heidegger, que cubren un período de 40 años, expone su antisemitismo y la radicalidad de su nazismo: compara, por ejemplo, la Alemania vencida con un campo de concentración… para alemanes. Y, sin embargo, se continúa considerando que Heidegger es indispensable para 'pensar' la Shoah. Además de antidemocrático, el radicalismo universitario va de la mano de una fascinación por la violencia: desde Foucault, admirador de Jomeini, a Badiou, partidario de los jemeres rojos.


P. ¿Y qué tiene la filosofía de Heidegger para que Occidente, de los posestructuralistas franceses a la derecha más reaccionaria, lleve un siglo hipnotizado por ella? 


R. Heidegger impresiona por su grandilocuencia, se aprovecha de la fuerza del equívoco, de la ausencia de definiciones, que favorecen los comentarios indefinidos: dosifica las lecturas filosóficas de sus libros, y también lanza signos que los iniciados saben reconocer. 


P. ¿El ataque de la izquierda posmoderna a la razón y la ciencia habría existido sin Heidegger? R. Heidegger escribía en 1916 a su novia que quería llevar adelante una 'lucha a muerte' contra la razón. Como decía Goya, "El sueño de la razón produce monstruos". El movimiento de la deconstrucción, inspirado explícitamente en Heidegger, se ha convertido en un movimiento internacional, hegemónico en los medios intelectuales, en el que todas las tendencias están de acuerdo en deslegitimar la racionalidad en beneficio de lo vivido, lo sentido, etc. La extrema derecha siempre ha sabido leer a Heidegger y Dugin lo presenta como su principal inspirador 

Ulrich von Buelow, director del Archivo de Literatura alemana de Marbach, muestra uno de los ‘Cuadernos negros’ de Heidegger (2014) 
Getty


P. Por último, quiero saber si lo he entendido bien. Usted afirma algo terrorífico: que Heidegger no solo nunca dejó de ser un nazi, sino que se rio de todos los que le justificaban para convertirse, con los 'Cuadernos negros', en el padre del renacimiento del neonazismo y la extrema derecha actual, desde Le Pen a Dugin, pasando por el islamismo radical. ¿Es así? 


R. La extrema derecha siempre ha sabido leer a Heidegger y Alexander Dugin lo presenta como su principal inspirador. El nacionalsocialismo se presentaba por supuesto como revolucionario, incluso cuando Heidegger lo calificaba en ocasiones de "demasiado burgués". Más cerca de nosotros, el Partido Nacional-Bolchevique cofundado por Dugin, con Eduard Limónov, se inspiraba en esta retórica. Los islamistas de la escuela de Fardid, como Mahmud Ahmadinejad, se han inspirado también en esta teoría del poder. El antisemitismo y la hostilidad a la democracia son claramente factores de unidad entre los islamistas y la extrema derecha, como pudo verse con el encuentro de Hitler con el gran muftí de Jerusalén. Pero Heidegger no es el único, su amigo Carl Schmitt goza también de un gran respaldo tanto en la extrema derecha como en la extrema izquierda. Habría que señalar asimismo el interés por un buen número de autores nazis, como Bauemler o Klages (de quien Derrida tomó el concepto de logocentrismo), incluso Gadamer, su discípulo predilecto. En fin, hay que tener miedo de que los rojipardos tengan futuro.


Los hijos de Heidegger: Dugin y la extrema derecha europea


El proyecto identitario es también un punto decisivo de encuentro entre los nacional bolcheviques rusos y los rojipardos europeos. Los nazis, sin resignarse al pesimismo de Spengler, querían restaurar el destino de Occidente y regenerarlo en la Gran Europa Alemana, cosa por la cual Heidegger reconoce "la responsabilidad occidental" de los alemanes. Ahora bien, esta responsabilidad parece recaer actualmente en Rusia por razones políticas y étnicas. Desde hace mucho tiempo, medios de extrema derecha europeos han visto en Rusia la reserva genética de la raza blanca. En su discurso del 17 de abril de 2014, Putin ensalzó el "código genético ruso, tan flexible, tan resistente, nuestra ventaja competitiva", y el "hombre de mundo ruso" (Russkiy mir), movido por un "objetivo moral superior". Esta superioridad genética y moral funda el discurso de Alexandr Dugin, que se apoya principalmente en Heidegger, como lo manifiesta su obra 'Martin Heidegger. The Philosophy of Another Beginning'. En el pasado cofundador del Partido Nacional Bolchevique (nazbol), Dugin teoriza un neoeurasianismo inspirado en primer lugar por Carl Schmitt, Ernst Niekisch y Julius Evola. Recientemente, ha publicado una obra en la que reconoce a Heidegger como el único modelo para fundar una nueva filosofía ultranacionalista. Consejero de la Presidencia de la Duma y famoso como eminencia gris de Putin, dirige desde 2001 el movimiento Eurasia, que promueve un Imperio euroasiático, en suma, una Europa dominada por Rusia desde Dublín a Vladivostok. En una declaración, nuestro filósofo escribe: "Ucrania debe ser limpiada de sus idiotas" y apela a continuación al "genocidio" de esa "raza de bastardos". Dugin es muy bien acogido por los heideggerianos alemanes, como da fe especialmente su diálogo consensuado con Friedrich Wilhem von Herrmann, último discípulo y asistente del Maestro y principal editor, antes que Trawny, de su obra "completa". La extrema derecha alemana felicita a Dugin por querer "unir las formas más radicales de la resistencia nacional con las formas más radicales de la resistencia social". Además de sus encuentros con Von Hermann en Alemania, le han invitado a Hungría, a Grecia y a Francia, donde se presenta como amigo de Jean-Marie Le Pen. Sin embargo, el eurasianismo gana terreno, literalmente, en Ucrania, en las regiones de Crimea y el Donbás, así como en Moldavia, en Transnistria, etc. En estos puntos, las convergencias con nuestros rojipardos son numerosas. Badiou —que acaba de publicar un nuevo libro sobre Heidegger— declara lo siguiente: "Crimea es un símbolo de Rusia desde hace mucho tiempo" y justifica así la ocupación rusa: "Se tiene la sensación de estar en Rusia", mientras señala a los manifestantes de Maidán como partidarios del "separatismo ucraniano". Los prorrusos no son separatistas, se unen a Eurasia, mientras que Europa sería solamente en este asunto un "operador local" de la globalización. El odio a la democracia, a Europa y a Occidente sirve a un proyecto político general. Actualmente, es la escisión y la desaparición de la Europa autónoma y su integración en Eurasia lo que está en juego. Escisión en primer lugar de los Estados, en la Europa de los independentismos. Julio Quesada, por ejemplo, ha subrayado la popularidad del pensamiento identitario de Heidegger en ciertos independentistas vascos y gallegos. Luego, instituciones supranacionales contra las cuales los partidos de extrema derecha, por todas partes en auge, como en Eslovaquia y Hungría, hacen campaña ingeniándoselas para paralizarlas. Demostrar que el Ser-juntos (Gemeinwesen) es imposible en Europa en razón del "individualismo liberal y la regulación extraterritorial" ("durch liberale Individualisierung und exterritoriale Regulierung"), no siendo los ciudadanos más que selfis normalizados ("EU-normierte Selfies"), tal es, por otra parte, el discurso del último libro de Trawny, 'Europa und die Revolution'. 


Fragmento del libro 'Naufragio de un profeta. Heidegger hoy', de François Rastier, publicado por Editorial Laetoli, que acaba de salir a la venta en España.



https://www.elconfidencial.com/cultura/2022-09-05/martin-heidegger-nazismo-cuadernos-negros_3483419/

 



HEIDEGGER: ¿es el FILÓSOFO más IMPORTANTE del siglo XX?

https://m.youtube.com/watch?v=662FgCboiSg&pp=ygUYcm94YW5hIGtyZWltZXIgaGVpZGVnZ2Vy


Enlaces relacionados:


domingo, 8 de junio de 2025

¿Heidegger, ya volviste de Siracusa?

 

Imagen tomada de UNED

La aceptación del rectorado es el compromiso de dirigir espiritualmente esta escuela superior. La comunidad de los que siguen, profesores y alumnos, sólo se despierta y fortalece arraigando auténticamente y en común en la esencia de la Universidad alemana. Pero esta esencia sólo alcanza claridad, rango y poder si, ante todo, los propios dirigentes [i] son en todo momento dirigidos; dirigidos por lo inexorable de esa misión espiritual que obliga al destino del pueblo alemán a tomar la impronta de su historia.



¿De vuelta de Siracusa?


Esa pasmosa, tenaz, universal seducción que ha ejercido y ejerce la figura del “hombre fuerte” no sólo entre personas comunes y corrientes, sino entre representantes de la más conspicua intelectualidad, nunca dejará de sorprender


MIBELIS ACEVEDO DONÍS

07/09/2024 05:04 am



"La cultura no importa, Karl. Mira sus maravillosas manos". Quien así se solazaba en lo descrito era nada menos que Martin Heidegger. En conversación con Karl Jaspers, su íntimo y abismado amigo, el filósofo más influyente del siglo XX no ocultaba su estrambótica fascinación por el nuevo canciller alemán, Adolf Hitler. Corría el año de 1933, y Alemania era el hervidero que sabemos, el preámbulo de eventos que pondrían a la humanidad al borde del abismo. Tras un discurso en la Universidad de Heidelberg en el que Heidegger, rector de la universidad de Friburgo, había lanzado su apasionada arenga a favor del venidero Führer, un angustiado Jaspers lo increpó: “Si alguna vez compartimos algo que pueda llamarse impulso filosófico, ¡yo le imploro que se responsabilice de ese don! ¡Póngalo al servicio de la razón, de la realidad que tienen la valía y las posibilidades humanas, y no al servicio de la magia!”.



Martin Heidegger (marcado con una X) en un acto de propaganda nazi en noviembre de 1933 (Ullstein Bild). Imagen tomada de aquí.


Precisamente: esa pasmosa, tenaz, universal seducción que ha ejercido y ejerce la figura del “hombre fuerte” no sólo entre personas comunes y corrientes, sino entre representantes de la más conspicua intelectualidad, nunca dejará de sorprender. Jaspers usaba la palabra “magia”, y quizás no haya mejor forma de retratar el fenómeno, en tanto producto de una convicción que no responde a la lógica, sino a lo que prospera en la orilla opuesta: el mito y su embriaguez, la primitiva pulsión, el peso de la autoridad y la trampa que tiende al inconsciente; la subjetividad, el deseo, su semillero de sesgos y prejuicios. Lo irracional, en fin. Una posición que, adicionalmente, escapa a la dinámica simple del miedo y la coacción que somete a los más; y que en su lugar -he allí una peligrosa singularidad- parece (¿parece?) responder a una elección autónoma y consciente.


Filotiranos en cueros


La historia local ofrece también espejo de esa dislocación; y es la gestión de los positivistas en tiempos del gomecismo -José Gil Fortoul, César Zumeta, Pedro Manuel Arcaya y, particularmente, Vallenilla Lanz y su vibrante y bien urdida pieza sobre el “Cesarismo democrático”- una prueba emblemática de ello. Debido a una mezcla étnica en la que, según la tesis de Vallenilla, prevalecía el individualismo anárquico y los instintos disgregativos, la sociedad venezolana requería de un tirano civilizador, capaz de garantizar el orden y el progreso. Ese hombre fuerte -léase, Juan Vicente Gómez- se anunciaba entonces no como alternativa, sino como “única fuerza de conservación social”.

Vallenilla Lanz


En esas aguas turbias de la justificación del poder despótico, abrevó el propio Sartre, por ejemplo. En la revista Les Temps Modernes, escribía en abril de 1953: "La sociedad soviética, en peligro de muerte en medio de las democracias burguesas, debía imponerse una disciplina de hierro o desaparecer". El carismático, mundano, brillante autor de El ser y la nada -quien, tras la invasión a Indochina, acusó al general De Gaulle de promover un culto a la personalidad que lo hacía tan “fascista” como Hitler- paradójicamente también defendió y justificó a la Cuba de Castro, la China de Mao y, tempranamente, a la URSS de Stalin (aunque tuvo un momento de rebeldía cuando en 1956 criticó la invasión soviética a Hungría, ordenada por Jrushchov. “La URRS no ha colonizado ni explotado sistemáticamente a las democracias populares”, afirmó en 1957; “lo que es verdad es que las ha oprimido durante ocho años"). Eso no hizo que renunciara a su obstinada fe, no obstante. Como pasó con Heidegger y Jaspers, Sartre fue amargamente interpelado por su antiguo compañero de tertulias y cafés, luego rival intelectual, Raymond Aron. Ambos, Heidegger y Sartre, eran desnudados así en toda su ofensiva filotiranía.

Raymond Aron


Intelectuales en busca de religión


Con todo y su mirada desencantada, un liberal y digno hijo de la Ilustración como lo fue Aron rechazaba el determinismo marxista y creía en la emancipación, la modernización y el progreso. En el valor irrenunciable de la libertad como fuente de evolución humana. En la honestidad del filósofo y librepensador, capaz de juzgar la realidad en atención a sus señales inequívocas, tal como es y no como quisiéramos que sea. Acuciado por lo que percibe en Sartre como resultado de una insoportable frivolidad, Aron contraataca; escribe entonces El opio de los intelectuales (1955).


“¿Sigue teniendo sentido la disyuntiva izquierda-derecha?”, lanza como provocación y abreboca. La reflexión, una sofisticada arremetida contra ideas anacrónicas que volvieron a ponerse de moda en la Europa de posguerra, denuncia la insensatez con la que algunas mentes privilegiadas, “revolucionarios de gran corazón y cabeza ligera”, se entregaban a los galanteos del poder o picaban los anzuelos de populistas y demagogos. Filósofos que, en periodos de estallidos de fervor moral más bien cercanos al patriotismo jacobino, “preferían las formas al fondo” y optaban por la adicción al “estupefaciente ideológico”. Mismos que ignoraban -o decidían ignorar- los juegos que en ese sentido despliega todo régimen político para asegurarse cierto brillo y legitimidad narrativa. Hablamos de la propaganda y sus artífices; esa que, según Goebbels, -a quien la naturaleza brutal de los medios le tenía sin cuidado- “no es ni buena ni mala”, pues su “valor moral es determinado por el objetivo que busca".

Siracusa.


Siracusa, aunque mal pague


Para atender a esas tareas e inventar costuras ad hoc, surge este refinado militante, este miembro de la intelligentsia, este remozado intelectual orgánico obligado, en teoría, a asumir las funciones “organizativas” y “conectivas” en los procesos de producción de la hegemonía. En la práctica, casi siempre un validador de la utopía totalitaria y sus palabras sagradas; sea revolución y dictadura del proletariado, o apropiación a juro del Lebensraum, el “espacio vital” de la comunidad Wolk. Sea el estallido prometeico que anuncia al “hombre nuevo”, o el que reivindica la genuina voluntad de poder del “súper-hombre”, el Übermensch. Eso, en fin, dependerá de lo que dicte el César de turno, el proyecto que este encarna y el Zeitgeist al que astutamente responde.


En esa misma línea de pensamiento que Julien Benda rubrica con su “Trahison des Clercs” en 1927, Mark Lilla se inscribe con Pensadores Temerarios: intelectuales y política (2001). Las semblanzas de mentes formidables seducidas por el poder despótico, devotos de ídolos y fetiches como el propio Heidegger o Carl Schmitt, sirven para recordar los célebres viajes de Platón a Siracusa, a partir del año 388 a.C., gracias a la invitación de un discípulo, Dión; y su malhadado cruce, primero con Dionisio “el viejo”, a quien aspiraba a convertir en filósofo-rey; y luego con Dionisio “el joven”. Platón no sólo no pudo hacer de aquellos tiranos unos gobernantes virtuosos, sino que terminó perseguido y esclavizado. A santo de eso, Lilla rescata una anécdota: cuando Heidegger retornó a su trabajo docente en 1934, un colega le espetó un saludo que era más un mordisco que un retozo: “¿De vuelta de Siracusa?”. (Asesores con muchos menos quilates, autores de manuales para autoritarismos del siglo XXI, alcahuetes del despojo y la mentira oficial, hacen méritos para una estocada similar cuando a su regreso a España, sean recibidos por atónitos colegas).

Chomsky y Chávez



@Mibelis



https://www.eluniversal.com/el-universal/190251/de-vuelta-de-siracusa



Heidegger: Entre el existencialismo y el nazismo

https://m.youtube.com/watch?v=n-4YNGCLp_g



HEIDEGGER: ¿es el FILÓSOFO más IMPORTANTE del siglo XX?

https://m.youtube.com/watch?v=662FgCboiSg&pp=ygUYcm94YW5hIGtyZWltZXIgaGVpZGVnZ2Vy


Sobre Heidegger y su relación con el nazismo - Heidegger 2

https://m.youtube.com/watch?v=k9LMMeGnqjc&pp=0gcJCdgAo7VqN5tD



Enlaces relacionados:







martes, 18 de octubre de 2022

El Nazismo le temía al Jazz.

Las 10 reglas de los nazis para los intérpretes de jazz



LETRAS QUE EXPRESEN LA ALEGRÍA DE VIVIR, PROHIBICIÓN DE LOS EXCESOS NEGROIDES O DE LA SORDINA QUE CONVIERTE EL NOBLE SONIDO DE LOS INSTRUMENTOS DE VIENTO Y METAL EN UN AULLIDO JUDEO-MASÓNICO, SON ALGUNAS DE LAS RECOMENDACIONES QUE LOS CENSORES NAZIS IMPUSIERON A LOS INTÉRPRETES DE JAZZ EN SU ÉPOCA.


 
Swing Kids Trailer.



por Jimena O.  03/15/2012


Uno de los fenómenos sociales e históricos más curiosos es ese en el que un régimen autoritario se arroga el derecho de dictaminar sobre las manifestaciones artísticas que surgen bajo su gobierno, imponiendo medidas que intentan frenar una de las actividades que se consideran más plenamente libres, la creación artística, y, por otro lado, inmiscuirse abiertamente hasta en el último rincón de la vida cotidiana de sus ciudadanos.

En esta ocasión presentamos las 10 reglas del régimen nazi para los interpretes de jazz, recogidas por Josef Skvorecky, opositor checo recientemente fallecido, en sus memorias, destacando el minucioso trazado de los límites a los que los músicos debían ceñirse en este género impensable sin la improvisación y la espontaneidad que lo caracteriza. Aquí el listado.

1. Piezas con ritmo foxtrot (el así llamado swing) no deben exceder el 20% del repertorio de orquestas ligeras y bandas de baile.

2. En este repertorio del así llamado jazz tienen preferencia las composiciones en clave mayor y letras que expresen la alegría de vivir en vez de las letras sombrías de los judíos.

3. En cuanto al tempo, también se dará preferencia a composiciones enérgicas sobre las lentas (el así llamado blues); en cualquier caso, el ritmo no debe exceder cierto grado de allegro, en consonancia con el sentido ario de la disciplina y la moderación. En ningún caso serán tolerados excesos negroides en el tempo (el así llamado hot-jazz) ni en interpretaciones solistas (así llamadas breaks).

4. Las composiciones del así llamado jazz deben contener como máximo 10% de síncopa, el resto deberá consistir en un movimiento legato natural desprovisto de los reveses rítmicos histéricos característicos de las razas bárbaras y vehículo de oscuros instintos ajenos al pueblo alemán (los así llamados riffs).

5. Estrictamente prohibido utilizar instrumentos ajenos al espíritu alemán (los así llamados cencerro, flexatone, plumillas, etc.), así como todas las sordinas que convierten el noble sonido de los instrumentos de viento y metal en un aullido judeo-masónico (el así llamado wa-wahat, etc.).

6. También están prohibidos los así llamados breaks de percusiones que duren más de la mitad de un compás en un ritmo de cuatro cuartos (excepto en marchas de estilo militar).

7. El contrabajo debe tocarse exclusivamente con el arco en las así llamadas composiciones de jazz.

8. Puntear las cuerdas está prohibido por dañar el instrumento e ir en detrimento de la musicalidad aria; si un efecto del así llamado pizzicato es absolutamente deseable para el talante de la composición, debe tomarse estricto cuidado para que la cuerda no golpetee en sordina, que desde ahora está prohibida.

9. Los músicos tienen igualmente prohibido realizar improvisaciones vocales (el así llamado scat).

10. A todas las orquestas ligeras y bandas de baile se les aconseja restringir el uso de saxofones de todos los tonos y sustituirlos por el violonchelo, la viola o posiblemente un instrumento folclórico adecuado.

Por lo menos queda de manifiesto que aunque con cierta frecuencia lleguen a extremos ridículamente autoritarios, los censores deben conocer a fondo la materia que censurarán.


 
Swing Kids Ending (1993)






¿Qué música estaba prohibida por los nazis? | Migueldelys: La calle de las mentiras


Tomado de Pijamasurf.


21/10/2025

sábado, 12 de octubre de 2013

“El hecho de que fuéramos soldados bastaba para justificar los crímenes y las depravaciones y bastaba como base de una existencia en el infierno”.
Soldados del Tercer Reich, testimonios de lo indecible



Estimados Liponautas

En días pasados nuestro amigo PacoMan compartió esta vieja entrada por la plataforma de Facebook. Y las imágenes fueron censuradas a pesar de que registran hechos históricos que son imposibles de ocultar y de negar. PacoMan al compartir la entrada buscaba mostrar las similitudes de actitud entre los soldados del Tercer Reich y las vigentes actualmente en Estados Unidos y el ICE. Por esta razón decidimos editar el título de la entrada y cambiar la imágenes de cabecera para ver si era posible burlar la idiota censura de Facebook.

En el cuerpo de la entrada colocamos el título original de la entrada. Y colocaremos unos de videos relacionados con los asesinatos de ciudadanos estadounidenses por parte de ICE.




Este es el video de cuando un agente de ICE mata a una mujer en Minneapolis | Noticias Telemundo








Nuevo video clave en asesinato de Minneapolis por parte de ICE: Muestra nueva perspectiva









MINEÁPOLIS, EE.UU. | OPERATIVO FEDERAL termina con un FALLECIDO | RTVE Noticias



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“El hecho de que fuéramos soldados bastaba para justificar los crímenes y las depravaciones y bastaba como base de una existencia en el infierno”.
Así mataban los soldados de Hitler.
Soldados del Tercer Reich, testimonios de lucha, muerte y crimen.


Imagen de la ejecución de rehenes por la Wehrmacht. AP








Cabría esperar que cuando nos atrevemos a mirar al abismo, este educadamente nos permitiera retirar la mirada confortablemente: los monstruos están identificados y bajo llave.

Neitzel y Welzer se han empeñado en que el abismo nos devuelva la mirada y no nos gustará lo que nos mostrará. La verdad es que cualquiera, el vecino de su piso de arriba, su panadero… incluso usted es capaz de cometer actos atroces… solo necesitamos el contexto adecuado, como por ejemplo ser soldado en una guerra o que alguien le ordene cometerlos.

Los crímenes más atroces y absolutamente gratuitos no sólo son cometidos por  psicópatas, sociópatas o fanáticos ideológico-religiosos, también los cometen seres humanos perfectamente normales... como usted, amable lector.

Una vez que nuestra mirada rehúye el espejo en que se ha convertido el abismo, no podemos evitar que nos asalten nuevos interrogantes: Si los mamíferos superiores somos la cúspide de la evolución, ¿qué extraña ventaja evolutiva se esconde tras el comportamiento congénito que obliga al lobo a matar todas las ovejas de un cercado? o ¿al nuevo león dominante de la manada a matar todas las crías de la manda?... actos que otros animales más alejados de la cúspide evolutiva no comenten.

Dese un paseo por el lado oscuro y salvaje de la evolución, de la mano de Neitzel y Welzer.



by PacoMan


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Así mataban los soldados de Hitler

Un libro recoge inéditas escuchas secretas a los prisioneros alemanes Revelan una sorprendente brutalidad gratuita

  • Un libro recoge inéditas escuchas secretas a los prisioneros alemanes
  • Revelan una sorprendente brutalidad gratuita

 
Jacinto Antón  

Barcelona 6 ABR 2012



Me lo cargaba todo: autobuses en las calles, trenes de civiles. Teníamos órdenes de machacar las ciudades. Yo disparaba contra todos y cada uno de los ciclistas”. Así se despachaba el suboficial Fischer, piloto derribado de un caza Messerschmitt 109 en mayo de 1942 en una conversación con un colega en un centro de internamiento de prisioneros británico sin saber que estaba siendo oído por sus captores. “Hicimos algo muy bonito con el Heinkel 112”, explicaba otro aviador a un camarada en las mismas circunstancias y en tono jocoso. “Le instalamos un cañón delante. Luego volábamos sobre las calles a baja altura y cuando nos cruzábamos con coches encendíamos las luces y ellos se pensaban que tenían delante otro coche. Y entonces hacíamos fuego con el cañón”. “Reventamos un transporte de niños”, comenta creyéndose en la intimidad el marinero Solm, tripulante de un submarino. “Un transporte infantil… para nosotros fue todo un placer”. “En Italia, a cada lugar al que llegábamos, el teniente escogía al azar 20 hombres”, narra el cabo Sommer del regimiento blindado de granaderos número 29. “Todos para el mercado, se acercaba uno con tres ametralladoras –rrr…¡rum!- y todos tiesos. Así es como se hacía”. Sommer y su interlocutor, Bender, del comando de intervención número 20 de la Marina (una unidad especial de nadadores de combate con fama de duros), ríen a gusto…

Son algunos de los muchos testimonios terribles recogidos por los aliados en el marco de un programa de escuchas secretas sin precedentes que arrojó un material escalofriante sobre la forma de luchar y sobre todo de matar del Ejército alemán en la II Guerra Mundial. Ese conjunto de documentación inédito en buena parte ha sido diseccionado y estudiado ahora por dos investigadores alemanes, Sönke Neitzel, catedrático de historia moderna, y Harald Welter, psicólogo, ambos miembros del instituto de ciencias culturales de Essen, que han recogido su trabajo en el libro Soldaten (2011), recién publicado en España bajo el título Soldados del Tercer Reich, testimonios de lucha, muerte y crimen (Crítica, 2012).

  


Durante la II Guerra Mundial, Gran Bretaña y EE UU retuvieron a cerca de un millón de prisioneros alemanes (en las filas de la Wehrmacht combatieron 17 millones de soldados). De ellos varios millares fueron llevados a campos especiales preparados al efecto y sometidos a pormenorizadas escuchas. Cabe imaginar que a algunos de los oyentes les habrá costado mantener la frialdad profesional cuando oían por ejemplo explicar cómo el sargento primero berlinés Müller, tirador de precisión, se cargaba sistemáticamente en Francia a las mujeres que se acercaban con ramos de flores a los soldados liberadores aliados.

El Centro de Interrogación Detallada de los Servicios Combinados (CSDIC) británico levantó 16.960 actas de lo escuchado a escondidas a los soldados alemanes que suman cerca de 50.000 páginas, mientras que los estadounidenses también extrajeron mucho material de 3.298 prisioneros cuidadosamente seleccionados de la Wehrmacht y las Waffen-SS y recluidos en Fort Hunt, Virginia. La diversidad de los espiados es completa, con todos los currículos militares imaginables, desde soldados ordinarios, de tropa corriente, hasta generales. Los miembros de las unidades de combate y particularmente de los submarinos y de la Luftwaffe están especialmente representados.


Los prisioneros hablaban con total libertad entre ellos sin tener ni idea de que estaban siendo escuchados. Para animarlos, se introducía entre los cautivos a agentes, exiliados y prisioneros dispuestos a colaborar. Pero los mejores resultados se consiguieron colocando juntos a prisioneros de rangos similares y de la misma arma. Se pirraban los tíos por contarse unos a otros sus experiencias, sus vivencias de combate y los detalles técnicos de sus útiles de guerra, ya fueran aeroplanos, tanques, submarinos o morteros.






Con las escuchas, los aliados pudieron formarse una idea muy exacta del estado, la moral y la táctica de todos los ámbitos del Ejército alemán así como de detalles técnicos de su armamento. Lo que no imaginaban los servicios secretos es que más de medio siglo después, los historiadores y psicólogos iban a encontrar un filón dorado –o más bien gris pánzer- en esa documentación. Neitzel se topó con los antiguos expedientes en el Archivo Nacional británico. “Había actas y más actas”, dice en el prólogo de su libro. “Quedé absorbido por la lectura de las conversaciones y me sentí transportado de inmediato al mundo interior de la guerra”. Lo que más le sorprendió, dice, “fue la franqueza con la que hablaban de luchar, matar y morir”.

Autores como Joanna Bourke (An intimate history of killing, 1999) o Samuel Hynes (The soldier’s tale, 1997) ya nos habían mostrado qué fácil y hasta placentero puede ser matar para el soldado. Y Wolfram Wette había revelado la culpabilidad homicida y criminal del Ejército regular alemán destripando el mito de una Wehrmacht limpia en contraposición a unas SS que se habrían encargado de las tareas sucias y de perpetrar los asesinatos en la II Guerra mundial (La Wehrmacht, Crítica, 2006). Pero Neitzel y Welter van más allá en su forma de exponer y analizar el impulso violento de los soldados del III Reich.


Probablemente lo más perturbador de las escuchas es constatar que para matar no hacía falta estar especialmente adoctrinado ideológicamente ni brutalizado por la experiencia bélica. En los testimonios se oye a los militares explayarse sobre acciones terriblemente violentas de una gratuidad absoluta, llevadas a cabo en situaciones en las que no estaban sometidos a ningún estrés y cuando no llevaban suficiente tiempo luchando como para haberse librado de la capa de civilización que supuestamente impide cometer actos así. Son ya extremadamente violentos de entrada, sin necesidad de ninguna introducción en la barbarie. Tipos que ni siquiera son especialmente nazis. Es como para perder la fe en el ser humano. “El acto de matar a otros y la violencia extrema pertenecen a la vida cotidiana del narrador y de sus interlocutores”, señala Welter. “No son nada extraordinario y hablan sobre ello durante horas al igual que hablan de aviones, bombas, ciudades, paisajes y mujeres”.






Para mí, lanzar bombas se ha convertido en una necesidad”, dice un teniente de la Luftwaffe en una de las escuchas. “Emociona de lo lindo, es un sentimiento fantástico. Es tan bonito como cargarse a alguien a tiros”. En otra conversación, un aviador comparte el placer de cazar soldados solitarios desde su aparato “y también gente común”, que “corría como loca en zigzag”. El piloto llevaba solo cuatro días de campaña de Polonia y ya sentía gusto al matar por el simple hecho de hacerlo, con indiferencia de a quién alcanzaba. “Violencia autotélica”, la denominan Neitzel y Welter, matar por matar. Experimentar la sensación de ejercer ese último poder total, y sin castigo. “Esa clase de violencia no requiere de causa ni motivo”.

Macho, ¡no sabes lo que me llegué a reír”, dice otro aviador que hacía saltar casas por los aires. Y otro: “Abatimos cuatro aviones de pasajeros”. “¿Íban armados?”. “Nones”. El teniente Hans Hartigs, del escuadrón de cazas 26, sobre un vuelo en el sur de Inglaterra: “Nos cargamos a mujeres y niños de cochecitos”. “Los dejamos a todos tiesos, secos. Hombres, mujeres, niños, los sacamos de la cama a todos”, cuenta el cabo paracaidista Büsing de sus acciones en Francia tras la invasión de los aliados. A veces se esgrimen motivos de una irrelevancia atroz: “A un francés le pegué un tiro por detrás. Iba en bicicleta”. “¿Te quería capturar?”. “Ni por asomo. Era que yo quería la bicicleta”.






Soldados del Tercer Reich aprovecha el material de las escuchas para realizar una disección extraordinaria del Ejército alemán –desde el sistema de condecoraciones al trato a los prisioneros, la violencia sexual o las Waffen-SS, sin olvidar la participación de las unidades militares regulares en el genocidio judío o la diferencia de moral entre las diferentes armas-. La fe en Hitler –al que los soldados caracterizan con rasgos similares a los de una estrella del pop actual (!), la falta en general de conciencia entre las tropas de que se estuviera llevando a cabo una guerra racial como machacaba la propaganda, la importancia en cambio del grupo y la camaradería, el respeto que se daba a conceptos como el valor, la dureza y la disciplina y ¡al trabajo bien hecho!, o el juicio que se hace en las conversaciones de mandos como Rommel (“valiente, intrépido” pero “sin escrúpulos”), son algunas de las materias que examinan los autores.

Neitzel y Welter, que aportan ejemplos de militares de otras contiendas y sostienen que es un universal de la guerra que el soldado no necesita motivos para matar (“los motivos son indiferentes”, “mata porque es su función”), citan en el capítulo final el elocuente testimonio de un soldado alemán Willy Peter Reese, que cayó en la II Guerra Mundial. “El hecho de que fuéramos soldados bastaba para justificar los crímenes y las depravaciones y bastaba como base de una existencia en el infierno”.


El País

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by PacoMan

En 1968 nace en el barrio Bellavista de Les Franqueses del Vallès (Barcelona), pero reside en Málaga desde hace más de tres lustros.

Economista y de vocación docente, impartió en la Universitat Autònoma de Barcelona y en la Universidad de Málaga. Sigue impartiendo, para matar el gusanillo, en ESESA (Málaga) y en Vértice Business School (On-room).

En la actualidad, trabaja de Director Técnico en la corporación empresarial de una entidad financiera andaluza.

Aficionado a la Ciencia Ficción de toda la vida y activo en el Fandom desde siempre, hace muchísimo tiempo que no escribe ficción. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog: http://bypacoman.blogspot.com.es/



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