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martes, 28 de octubre de 2025

El Monólogo «Una Rosa en el Tejado» será presentado en la sala «Pedro Quintero» del ICEC San Carlos, este jueves 30 de octubre a las 5:30 de la tarde

 



Monólogo «Una Rosa en el Tejado» en la sala «Pedro Quintero» del ICEC San Carlos


Por Carlos Hernandez

 OCT 22, 2025



San Carlos, octubre 22.- (La Prensa de Cojedes).- Este jueves 30 de octubre a las 5:30 de la tarde será la presentación de la obra teatral «Una Rosa en el Tejado», en la sala «Pedro Quintero» del Instituto de Cultura del Estado Cojedes.




Es una pieza del joven escritor Francisco Aguiar, un cojedeño radicado en Cartagena, Colombia, quien se encuentra de visita en su ciudad natal.



Se trata de un monólogo protagonizado por la joven actriz Marivic Jiménez y está dirigida por Miguel Michelena.



Es importante destacar que Aguiar es un cojedeño amante del teatro, de la literatura y las artes en general. Están todos invitados a la Sala «Pedro Quintero» del Complejo Cultural «Mauricio Pérez Lazo» de San Carlos.


Entrada a 3$ por persona.




https://laprensadecojedes.com/?p=10090


La pieza será interpretada por la actríz valenciana Marivic Jiménez





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Francisco Aguiar. Escritor venezolano (San Carlos, Cojedes, 1985). Licenciado en Educación Mención Castellano y Literatura por la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (UNELLEZ). Cursó en 2014 el Taller de Formación Teatral que auspició la Compañía Nacional de Teatro (CNT). La revista Memoralia publicó en 2015 su monólogo La Alcantarilla. En 2018 participó en el XXII Festival Internacional de Poesía Cartagena de Indias (FIPCA). La OIM – Colombia publicó uno de sus poemas, a mediados de 2019, en la antología que se titula Pido la palabraHa publicado entrevistas, artículos y notas, en revistas, periódicos y blogs. Autor del libro El cuento más largo. 

martes, 7 de octubre de 2025

Invitación a la presentación del monólogo "Una rosa en el tejado" de Francisco Aguiar este viernes 17 de octubre a las 6 pm

 




Estimados Liponautas


El Grupo Li Po tiene el agrado de invitarlos a la presentación del monólogo:

UNA ROSA EN EL TEJADO, monólogo de Francisco Aguiar


Esta pieza será presentada en el III Festival Local de Monólogos que se llevará a cabo los días 16,17 y 18 de Octubre en la Casa Cultural Nélson Mandela. Específicamente el viernes 17 de octubre de 2025, a las 6 pm. La entrada es gratuita.




La Casa Cultural Nélson Mandela está ubicada en la intersección de la calle Independencia (calle nº 102) con la avenida Boyacá (avenida 98).





https://www.instagram.com/centronelsonmandela/



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Enlaces relacionados:
















lunes, 15 de septiembre de 2025

UNA ROSA EN EL TEJADO, monólogo de Francisco Aguiar

 







Estimados Liponautas


Hoy tenemos el agrado de compartir con ustedes un monólogo del escritor cojedeño Francisco Aguiar. en este blog es la segunda vez que publicamos un monólogo de su autoría. el primer monólogo publicado fue LA ALCANTARILLA


Cat on a Hot Tin Roof (1958) Official Trailer 1 - Elizabeth Taylor, Paul Newman Movie HD

https://m.youtube.com/watch?v=AzogcorjLOI&pp=ygUobGEgZ2F0YSBzb2JyZSBlbCB0ZWphZG8gY2FsaWVudGUgdHJhaWxlcg%3D%3D


El titulo de esta pieza nos hizo recordar el filme del año 1958, Una gata sobre el tejado caliente protagonizados por Elizabeth Taylor y Paul Newman. Película basada en una obra de teatro de Tenesse Williams titulada Una gata sobre el tejado de zinc.


Disfruten de la obra


Atentamente


La Gerencia.



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ACTO ÚNICO




Escenario: cámara negra. Sobre el mostrador de la boutique: cajas con vestidos de novia, velos, coronas, una cartera y un celular. En los costados; maniquís exhibiendo prendas nupciales. En el lateral derecho: una mesa con una botella de whisky, un vaso, una rosa y una silla. En la parte superior; las cámaras de vigilancia que grabarán a Mercedes Oropeza hablándole a una audiencia imaginaria. Al abrirse el telón debe escucharse de fondo, al menos por dos minutos, Panis Angelicus de César Franck u otra pieza sacra de la iglesia católica. La luz es opaca, pero conforme se va deteniendo la música gana brillantez.



Mercedes Oropeza: Dicen que toda mujer debe salir de velo y corona de su casa. ¿Lo creen? ¿De verdad creen que casarse es un logro? (Reflexiva) Mi mamá lo creía y celebró, cual si fueran logros: sus bodas de algodón, de cuero, de seda y así hasta llegar a las de plata. (Va a la mesa. Prepara un vaso de whisky. Toma un poco) Dedicó veinticinco años de su vida, al dizque "sagrado sacramento del matrimonio" para que papá la cambiara por la hija de su mejor amiga. Una mujer treinta años menor que mamá… pero, créanme, eso no fue lo que causó su desasosiego, su crisis moral y alcoholismo. Lo causó el hecho de no haber celebrado - tal como lo hizo mi abuela - sus bodas de oro. (Pausa) La sentencia de que debía estar junto a mi padre hasta que la muerte los separara, a sangre y fuego, se grabó en sus entrañas.

En lo que a mí respecta ya voy para las bodas de estaño, es decir, dentro de poco se cumplirá una década de haberme casado con Rubén... con el Dr. Rubén Ramírez. (Pausa) Mercedes Oropeza de Ramírez ¿y qué he logrado? Pues una úlcera (Extiende los brazos) y esta prestigiosa boutique (Deja el vaso en la mesita). Soy la flamante propietaria de BELLEZA BLANCA. La boutique que tiene los mejores vestidos de novia de este país. (Señala con el índice a algún señor o señora). ¿Cierto que su hija se casó con uno de mis vestidos? Aunque, aquí entre nos, de nada sirvió pues me enteré que abandonó a su esposo antes de cumplir los seis meses de casada. (Se carcajea) Si al año de habernos casado se celebran las bodas de papel... su hija no celebró ni las bodas de capullo.

Perdón, perdón, creo que me extralimité. No fue mi intención burlarme. ¿En qué estaba? Ah sí, que mi boutique se llama BELLEZA BLANCA. Hermoso nombre, ¿no creen? Bauticé mi negocio de esta manera por el adagio que dice que "la belleza blanca es lo que da el cariz a la luna de miel". Por cierto, todos concordamos que lo mejor del matrimonio es la luna de miel y es, como bien sabemos, lo que menos dura. "Que todas las noches / sean noches de boda / que todas las lunas / sean lunas de miel". Ay, si se pudiera lograr el deseo de Joaquín Sabina. El deseo de ese soñador. Poeta tenía que ser.

De mi luna de miel quizá les hable más adelante, pero como soy diseñadora de modas quiero hablarles de mi vestido ¿les parece? (Se dirige al mostrador y levanta una de las cajas que contiene uno de los vestidos que debe entregar dentro de poco. La acaricia). Con un vestido de corte imperio y lindos encajes en tul me casé. Uno como este, ya que crea una línea limpia y fluida que cae suavemente hasta los pies. (Pausa corta). Para no aburrir diré que esas cajas contienen vestidos de corte princesa, sirena, redondo y trompeta o, mejor dicho, trumpet. (Avergonzada). Perdonen mi francés. No domino del todo el idioma del amor, pero en cuanto a los diseños - modestia parte - soy una verdadera autoridad.

La dueña de este vestido (Vuelve a mostrar la caja. La deja en su sitio) me comentó que no estaba segura de llegar hasta el altar con su prometido, de dar ese paso, puesto que ama a otro hombre. En ese comentario estaba su llamado de alerta, su voz de auxilio y saben qué le dije: "Que siga con esa cuchara, aunque le dé boquera". Le dije eso en vez de lo que anhelaba oír con todas sus fuerzas. (Pausa) Las palabras que deseaba oír le habrían dado el coraje de mandar todo a la mierda, de salir corriendo. (Camina frenéticamente por la boutique. Tiene una crisis) ¿Soy una mala mujer o simplemente estoy condicionada por mi madre, mi abuela, mi bisabuela y así ad infinitum? Reflexiónese la respuesta. El condicionamiento es lo que ha ocasionado mi úlcera, pues reprimo cada una de las infidelidades de Rubén. Por no arrojar platos o decir unas cuántas groserías - a modo de expresión - tengo una úlcera que me está matando.

Me arde aquí, aquí (Se toca el abdomen. Va hacia la mesa, levanta la silla, se sienta. Toma otro trago). No, no me vean así. Sé que el whisky no beneficia en nada a mi úlcera, pero a mí sí. Me desinhibe, me hace locuaz, me suelta. Tanto como para hablarle a esta audiencia imaginaria que en nada beneficiará a mis problemas existenciales. Pero a quién puedo hablarle: ¿A mi marido?, ¿a la alcohólica de madre?, ¿al zángano de papá?, ¿a la solterona de mi hermana?, ¿a mi perro? (Pausa larga. Suspira). Si al menos tuviera un perro... (Mira hacia una de las cámaras de seguridad de su boutique. La señala con el índice derecho. Se estremece). Menos mal que soy la única persona que tiene acceso a las cámaras de seguridad, pues cualquiera que me viera hablando sola, mejor dicho, hablándole a una audiencia imaginaria creería que estoy loca y a eso le tengo miedo... le tengo miedo al qué dirán. El qué dirán me aterra. ¡Por eso finjo que mi vida es perfecta! (Llora).

Les pregunto: ¿Soy un monstruo o una paradoja? (Se levanta de la silla y apoya sus manos sobre la mesa. Mira desafiante al público) Soy como el dantesco personaje que en su juventud tuvo el deseo vehemente de ser veterinario y terminó, tiempo después, convertido en el dueño del matadero más grande de este país. ¿Se dan cuenta de la paradoja que soy? (Pausa) Yo envío a las chicas que vienen a esta boutique a esa empresa desprestigiada que se llama matrimonio. Eso hago. Las envío al matadero, pero de algo hay que vivir. (Sarcástica) No me miren así. No olviden que el progreso se alimenta de carne humana y vaya que he progresado. Mis ingresos han aumentado de forma considerable. (Camina hacia el mostrador) Mi vida es tan desgraciada como la de cualquiera de ustedes, pero sufro con dinero. He allí la diferencia.

¿Recuerdan que les comenté que mi mamá lamentó no haber celebrado sus bodas de oro, tal como lo hizo mi abuela? Bueno, un día le pregunté a mi abuela que cómo hizo para soportar, durante más de cincuenta años, a Don Ramiro… ya que - por lo que me cuentan - era mujeriego y no conforme con eso: la maltrataba. Respondió: "Pues nada. Me quedé con la cuchara que elegí, aunque me diera boquera". (Pausa) Se fijan, fue lo mismo que le recomendé a la pobre muchacha dueña de este vestido (Señala una de las cajas que están sobre el mostrador). Como pueden ver es un asunto familiar. Algo de vieja data. (Pausa larga) Que el matrimonio a nivel mundial ha decrecido - y han aumentado los divorcios - lo sé. Pero el matrimonio jamás podrá erradicarse de la tierra y, como esto es así, personas como yo se lucrarán por siempre de las desgracias ajenas. (Sarcástica) Cuestión de números.

Con respecto a la solterona de mi hermana debo decir - ahora que lo pienso -: que tengo con ella una insospechada sociedad. (Cínica) Yo hago que las chicas se casen y ellas las divorcia. Aunque nunca me he llevado bien con María Eugenia, me he visto - en más de una oportunidad - entregando las tarjetas de presentación del bufete de abogados de mi hermana. (Pausa) OROPEZA Y ASOCIADOS. Le va muy bien. Le llueven clientas. (Pausa) Se especializa en dejar a los hombres en la calle. Si debe quitarles la casa, la empresa, el carro o lo que sea: lo hace con el mayor de los gustos. (Pensativa) No sé qué le habrá hecho Javier - el único novio que le he conocido -, pero lo que hizo debe ser muy grave, pues la misandria de María Eugenia es palpable. (Pedante) ¿No saben que es? Dios, qué incultura. Es lo opuesto de misoginia, es decir, si la misoginia es el odio o aversión hacia la mujer… la misandria es el odio o aversión hacia el hombre. En fin, mi hermana odia a los hombres. A todos.

¿Quieren que les hable de cómo Rubén me pidió matrimonio? (Va hacia su cartera. Saca un espejito y maquillaje. Se maquilla). Ya va. Ya va. La lloradera arruinó mi maquillaje y primero muerta que sencilla. ¿En dónde iba? Ah sí, que ustedes quieren que les cuente cómo Rubén me pidió matrimonio. Bueno, me lo pidió en el último año de mi carrera. Si mal no recuerdo ya les dije que soy diseñadora de modas. (Pausa) Me pidió que me casara con él en el cafetín de mi universidad. No me lo pidió en un restaurante lujoso como de seguro imaginaron. Sin embargo, fue lo mejor, ya que las chicas de las diferentes facultades que se encontraban merendando, desde ese momento, empezaron a mirarme con envidia. (Muestra el anillo de matrimonio. Lo acaricia) Nunca me lo quito y nunca me lo quitaré. Este anillo es mi mayor orgullo. Prosigo: en pleno cafetín - delante de todos - se arrodilló y me dijo: "Mercedes, ¿quieres ser mi esposa?". Como pueden entrever dije que sí y el recinto se llenó de aplausos. Ay, ¡qué bello recuerdo! Lástima que la rutina haya apagado el fuego inicial.

Por cierto, anoche tuve un sueño raro, un sueño de esos que rayan con el absurdo. (Toma la rosa que está en la mesa con delicadeza. La huele. Se dirige al proscenio) Soñé que estaba en el jardín de mi casa. Estaba amaneciendo y por el canto de las aves entreví que estaba a punto de llover. De repente me percato que en el tejado se encontraba una bella rosa. (Paladea) UNA ROSA EN EL TEJADO. Un ente decorativo, pero absurdo. Absurdo como yo. Como la vida misma. ¿Me comprenden? Visto desde otra perspectiva sería un sueño hermoso. Sin embargo, sé que no lo es. Sé que es mi inconsciente mostrando algo que no logro descifrar del todo. (Pausa) Yo no soy esta coraza. Soy la rosa que alguien cortó y colocó con sutileza sobre el tejado de una casa lujosa para que el mundo pueda apreciarla. ¿Ustedes aprecian la rosa que soy? (Triste) Espero que sí. (Coloca la rosa con delicadeza, en el proscenio, para que el público la aprecie).

Basta de cosas tristes. ¿Quieren que les cuente sobre el día más feliz de mi vida? Por lo que veo han esperado esta historia con ansias. (Transición. Las luces bajan intensidad. Evoca el pasado) A ver, ¿por dónde empiezo? Ah sí, empezaré por el Ford blanco que me paseó - por toda la ciudad - hasta llegar a la catedral. Un Ford Mustang descapotable propiedad de mi tío Steven. Un clásico. Una belleza. (Pausa) Me sentía una reina. En el trayecto la gente me saludaba y me llenaba de palabras cargadas de buenos augurios y bendiciones. De repente, al cruzar la esquina contigua de la plaza, apareció la catedral. El auto se detuvo. Me ayudaron a bajar. En esas mi padre me presentó su brazo y entramos a la casa de Dios (Se coloca un velo o uno de los vestidos de novia de la boutique. De fondo se escucha la Marcha nupcial. Danza por todo el escenario. Se detiene intempestivamente. Las luces vuelven a la intensidad normal. Prosigue su relato). En el altar - como es la costumbre - me entregó a mi prometido y el sacerdote empezó la ceremonia. Por cierto, Rubén estaba nervioso y cuando le tocó colocarme el anillo (Lo muestra) la mano le temblaba.

¿Qué más quieren que les diga? Ah sí, para cerrar con broche de oro: les diré que - en cuanto nos cayó la lluvia de arroz a la salida de la catedral - mi tío le entregó las llaves del descapotable a mi esposo para que nos dirigiéramos al festejo. (Pausa) Las latas, que estaban amarradas en la parte trasera del auto, durante todo el trayecto anunciaron con su delicado estruendo que iba pasando la mujer más feliz del mundo.

No he olvidado que debo hablarles de mi luna de miel. ¿Qué dónde fue? No coman ansias. Calma. Tengan calma. Acá les va: fue en Cancún. Nos hospedamos en el Hotel Emporio. (Pausa) Por si no lo saben es un hotel emblemático ubicado en el corazón de la zona hotelera. Es famoso porque tiene acceso directo a la playa y por ofrecer una experiencia de lujo y confort. ¿Quieren más detalles o voy directo al grano? Bueno, acá les va. En el Hotel Emporio perdí mi virginidad. (Con orgullo) Yo seguí los pasos de mi abuela - no como otras -. Yo sí llegué virgen al matrimonio. Me entregué a Rubén en cuerpo y alma. Me entregué como deber ser. (Pausa larga) Lástima que estuvimos en Cancún sólo cinco días.

¿Quieren que les dé un consejo gratis? No les revisen el celular a sus esposos. Era feliz hasta que me puse a buscar lo que no se me había perdido. Hallé fotos, conversaciones. Lo necesario para saber que desde hace año y medio me está poniendo los cuernos con una enfermera. No se fíen de las enfermeras. No se fíen de esa gentecita. (Pausa) Desde hace dieciocho meses mi vida ha sido un infierno. (Toma el celular del mostrador. Lo muestra) Y lo peor es que todo lo que le escribe esa maldita mujer puedo leerlo… hackeé el teléfono de Rubén para que eso ocurriera. Se encontrarán en El Hotel Central a las nueve de la noche y el infeliz me dijo que hoy le tocaba guardia en el hospital. (Fúrica) Mentira. Una vil mentira. ¿Saben qué me provoca? Me provoca confrontarlo. Decirle que lo sé todo. Mostrarle las evidencias. Pero no, seguiré fingiendo pues yo no quiero terminar como mi mamá. Yo sí celebraré mis bodas de oro. (Transición. Vuelve al mostrador. Deja el celular. Toma su cartera, la abre y saca una pistola. Deja la cartera en su lugar. Armada se dirige al proscenio. Mira desafiante a los espectadores) ¿Sigo con mi vida perfecta o me dirijo al hotel donde van a revolcarse este par de tortolos? (Pausa larga) Soy la rosa que alguien cortó y dejó de manera absurda en el tejado (acaricia la pistola) y mis espinas son estas balas. ¿Qué quieren que haga? ¿La mato a ella? (Dispara). ¿Lo mato a él? (Dispara). ¿O los matos a ambos? (Dispara en dos oportunidades. Conmocionada por lo que acaba de hacer deja caer el arma. Se dirige al público). Aquí no ha pasado nada. Volveré más tarde. Iré a borrar todo lo que quedó grabado (Señala hacia arriba) en esas malditas cámaras. (La luz decrece. Oscuridad).



Telón




UNA ROSA EN EL TEJADO, monólogo de Francisco Aguiar




Esta pieza será presentada en el III Festival Local de Monólogos que se llevará a cabo los días 16,17 y 18 de Octubre en la Casa Cultural Nélson Mandela. Específicamente el viernes 17 de octubre de 2025, a las 6 pm. La entrada es gratuita.



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La pieza será interpretada por la actríz valenciana Marivic Jiménez





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Francisco Aguiar. Escritor venezolano (San Carlos, Cojedes, 1985). Licenciado en Educación Mención Castellano y Literatura por la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (UNELLEZ). Cursó en 2014 el Taller de Formación Teatral que auspició la Compañía Nacional de Teatro (CNT). La revista Memoralia publicó en 2015 su monólogo La Alcantarilla. En 2018 participó en el XXII Festival Internacional de Poesía Cartagena de Indias (FIPCA). La OIM – Colombia publicó uno de sus poemas, a mediados de 2019, en la antología que se titula Pido la palabraHa publicado entrevistas, artículos y notas, en revistas, periódicos y blogs. Autor del libro El cuento más largo. 

sábado, 14 de diciembre de 2024

José Tomás Angola, teatrero de la Academia: Actualmente el drama venezolano solo pareciera entretener

 



José Tomas Angola, un teatrero en la Academia


José Tomas Angola retratado por Jorge Victoria


Entrar a la Academia: Entrevista a José Tomas Angola

POR Johnny Gavlovski E.




Un dramaturgo se incorpora a la Academia Venezolana de la Lengua. Pareciera un hecho lógico. Sin embargo, desde su fundación por el presidente de la República Antonio Guzmán Blanco, ha transcurrido casi siglo y medio sin que ese hecho pareciera posible. Es por ello que resulta un hecho histórico para las artes escénicas de Venezuela que José Tomas Angola Heredia (Caracas, 1967), ocupe un sillón, como miembro de número, en tan importante institución de nuestro país, especialmente cuando el estatuto de la AVL “velar por el mantenimiento de la integridad y corrección de la lengua” es una necesidad imperativa para el mundo hispanoparlante.


–¿Quisiéramos conocer tu opinión en cuanto a la importancia de la Academia hoy en día? ¿Está vigente?


-Aunque la Academia Venezolana de la Lengua fue fundada en 1883, 141 años después sigue siendo un protagonista del acontecer cultural del país. La Academia representa un bastión de nuestra cultura. Allí se estudia el idioma, se investiga nuestro lenguaje, pero también se promueve y difunde la literatura nacional. Cuando las universidades nacionales se ven casi paralizadas por la terrible crisis económica, social, política y hasta moral, esta corporación se mantiene trabajando activamente sobre nuestra lengua, publicando investigaciones, organizando premios y encuentros, representando a Venezuela en el exterior. Y podríamos preguntar: ¿por qué investigar nuestra lengua sería algo tan relevante actualmente? Porque conocer y comprender lo que hablamos y escribimos nos ofrece el chance de entendernos como habitantes de este país. Eso nos permite saber quiénes fuimos. Pero más importante es que nos posibilita descifrar quiénes somos. Mientras más oscuro se hace el presente, más necesitados estamos de esas claves culturales para vislumbrarnos como nación.

Miguel Otero Silva



–¿Cuál es la importancia para ti como dramaturgo, como hombre de letras, ser parte de la academia de la lengua hoy en día?


-Para cualquier escritor venezolano, ocupar un sillón de la corporación, entraña un gran honor y una gran responsabilidad. La tribuna de la Academia eleva el alcance de la voz de cualquier autor. Acompañas como colega a admiradas figuras, no solo de la creación literaria, sino también de la filología, la lingüística, la lexicografía. Sin embargo, pienso que lo más relevante de mi elección es el reconocimiento que por fin se le da al teatro. Aunque en la Academia hubo numerarios que escribieron dentro de este género literario, como Miguel Otero Silva, Pedro Emilio Coll o Rómulo Gallegos, no fueron dramaturgos puros o a dedicación exclusiva. Hacía falta zanjar esa deuda con la dramaturgia vernácula. En la literatura dramática venezolana hay un compendio histórico de la venezolanidad. Esa carta de navegación debe ser revisitada. Me he prometido que esta honrosa designación servirá para dar una mayor visibilidad a la dramaturgia y los dramaturgos venezolanos.


–Te asignan el asiento CH, y lo destacas en tus comentarios. La letra CH como el lugar imposible, hasta ahora, para el encuentro del teatro y la literatura. Se tiende a comentar que la literatura no es teatro, y el teatro no es literatura. ¿Cómo te ubicas ante esto?


-Antes que nada, soy un escritor. Eso ya describe lo que hago para vivir o lo que vivo para hacer. Un escritor, como todos los artistas que se asumen honestamente así, es una persona que transforma su existencia, sus emociones, sus sentimientos, pero también sus ideas y sus creencias en materia de arte. Y lo hace en un evidente esfuerzo por sacar de sí toda esa substancia que, mientras está en uno, solo tiene un valor personal e íntimo, pero en lo que emerge y se vuelve algo con dimensión pública y colectiva, deja de ser de tu propiedad. Ya no eres dueño de lo que escribiste. Forma parte de las lecturas y el universo personal de muchos otros. También eso pasa en la dramaturgia. Mientras escribes una pieza, eres un pequeño dios jugando con sus criaturas escénicas. Pero cuando la ves representada, te sientes como un extraño ante tu propio hijo. Lo que ves en el escenario nunca será lo que escribiste. Conserva su esencia, tus ideas y sentires, pero ahora es un texto ontológico. Allí hay una diferencia fundamental entre el teatro y la literatura. Mientras el drama es artefacto literario, palabras escritas, oraciones en un papel, no se diferencia en nada de los demás géneros. Pero en lo que salta del libro al escenario y se reconstruye desde el presente de los actores y su accionar, abandona su lugar entre la literatura y se hace otra cosa.


–De ahí que el teatro sea literatura, y algo más.


-La idea a la que me afilio es que el teatro no solo es literatura. Lo es, pero también es algo diferente. Está concebido no para establecerse estáticamente entre las páginas de un libro. Ha sido creado para respirar, andar y vivir sobre las tablas de un escenario. Algo que no pueden decir los demás géneros. La poesía y el teatro, al menos en la antigua Grecia, copaban todo el paisaje de lo que conocemos hoy como literatura. Y si aún seguimos haciendo teatro es porque nunca perdió su condición de escenificable.

YOYIANA AHUMADA LICEA. Imagen tomada de Poémame.

–La literatura es adaptable al teatro. De hecho, has dirigido poesía en escena. Recuerdo tu montaje “Polvo de hormiga hembra” de Yoyiana Ahumada.


–Yo matizaría tu afirmación. Diría que toda literatura es susceptible de ser transformada en espectáculo, pero no teatro. La dramaturgia, como género propio, tiene unas reglas y unos condicionantes que la definen como tal. Por ejemplo, la acción dramática es lo que se prioriza en el teatro. La poesía no tiene esa búsqueda. De por sí, la poesía tiende a lo contemplativo e interior, antes que al movimiento y lo exterior. El uso de imágenes y recreaciones plásticas no convierten un poemario en teatro. Permiten escenificarlo. Pero hay muchas cosas que se violentan en la poesía para que eso suceda. Se destruye el vínculo cercano y personal entre lector y poeta, donde el que tiene el libro en sus manos es quien se arriesga a su deconstrucción, interpretación y comprensión. En un espectáculo de poesía, ya los versos han sido traducidos, entendidos y procesados por otro, el director y los actores. Al presentarlo ante muchas miradas, la mecánica de asimilación por la audiencia podría estar muy pero muy distante de lo que el bardo quiso hacer. Solo toma el hecho de que, en la escenificación de un poema, los versos tienen asignada una voz, una forma de frasear, una intención, que es lo que propone el actor, y esto bien podría ser completamente distinto a lo que imaginó el autor al escribirlo.


Y tus poemarios. ¿Ves la posibilidad de teatralizarlos?


JTA: No lo he intentado. He hecho lecturas públicas de mis poemas, recitales, incluso otros los han declamado como Marc Caellas y Karina Sainz Borgo en Barcelona o Patricia Kolesnicov en Buenos Aires, pero en propiedad no han sido escenificados. Pienso que están muy anidados en lo poético y su traslado a la escena los desarmaría mucho. Como decía antes, la frontera entre lo literario y lo escénico está disuelta en el teatro. No existe porque su objetivo es la representación. Lo escritural de la dramaturgia tiene que ver con su necesidad de preservarse. En la antigüedad la transmisión y perpetuación de las piezas ocurrían de modo oral. De la memoria de uno a otro. Pero fue necesario otro mecanismo, y apenas se consolidó la escritura, el teatro ganó una herramienta comunicacional. Pero no es lo literario su fin. Es el medio para difundirse. Y allí hay una clara diferenciación con los demás géneros.


–Desde tu criterio ¿qué ocurre con la narrativa en su relación al teatro? ¿Es traspasable? 


–Sobre si es posible su cruce o hibridación con la narrativa, hay muchos testimonios a lo largo de las épocas. Por ejemplo, tanto la narrativa como el teatro comparten recursos expresivos. Los diálogos, los personajes. Pero las maneras de enfrentarlo uno y otro son muy diferentes. Igualmente, el teatro comparte con la poesía el registro lírico que en un tiempo fue muy importante. Se versificaba en los dramas como en los poemas. Por ello el mayor poeta en lengua inglesa es un dramaturgo, William Shakespeare. Durante el siglo XX, con las vanguardias y sus propuestas de rompimiento con lo clásico, cayeron muchas ideas y normas en todos los ámbitos del arte. El teatro padeció de la agresión contra la palabra. El absurdo, Artaud, el teatro pánico, los performances y lo intergenérico buscaron la reinvención del drama. Ni qué decir tiene que no lo lograron. El resultado fue el teatro postdramático que, aunque muy concentrado en la puesta, la acción y el espectáculo, no puede prescindir totalmente del texto. En Venezuela, en ese trance final del siglo XX, los dramaturgos que más pudiéramos enmarcar en el postdramatismo son los experimentales: Marco Antonio Ettedgui (1958-1981), con su obra alineada al performance y con el texto como excusa de la experimentación; las primeras obras de Rafael Alvarado, sobre todo “Ven y mírate” (1970); el Edilio Peña de  “El círculo” (1975) y “Resistencia” (1973); el Rodolfo Santana de “El gran circo del sur” (1974), la Elizabeth Schön de “La aldea” (1967) o el Gustavo Ott de “Passport” (1988)


–Entonces, ¿la dramaturgia no es literatura?


–La dramaturgia no es solo literatura. Lo es, pero la supera. No busca el asiento escrito y la comunicación interpersonal, sino la dinámica hablada y la experiencia colectiva. Esa es la gran diferencia que la ubica en otro espacio, más allá de lo literario. En la dramaturgia se ha cumplido un ciclo parecido al de la narrativa y la poesía. Luego de intentos renovadores por cambiarle su cara, siempre se regresa al origen y la esencia. En los tiempos que corren, en donde lo intergenérico intenta producir una nueva experiencia artística en la novela, muchos autores están tropezándose con el caos. Violentar los géneros hasta hacerlos irreconocibles, produce una alteración en la lectura y la comprensión del lector. Ya ocurrió con las experiencias de la Nouveau Roman de los años 50 en Francia. Todo aquel movimiento de Robbe-Grillet, Claude Simon (Premio Nobel, 1980), o Nathalie Sarraute que buscaba reinventar la novela aboliendo el tiempo, la acción o incluso los personajes, terminó desandando sus pasos.


–Tu discurso de entrada a la Academia gira en torno a lo divino y lo sacro. Esta temática ¿por qué cobra importancia para ti en este momento?, ¿por qué lo tomas como punto de partida?


–Considero que una de las grandes equivocaciones del pensamiento moderno y postmoderno fue la exclusión de lo metafísico del devenir humano. El materialismo dogmático se impuso y, por ende, se desechó lo que antiguamente era el centro del hombre: Dios. En la edad media, las grandes creaciones artísticas, en música, plástica, arquitectura y hasta literatura y teatro tenían como objetivo la adoración a Dios. A medida en que el renacimiento fue desplazando a lo divino, lo mundano cobró más valor. Pero el gran dilema de ese giro es que pasamos de darle atención a lo eterno y perfecto, para privilegiar lo transitorio y falible. La esperanza y la fe no tienen sentido cuando la materia de adoración es mortal. Si el hombre es el centro, la vida es un callejón sin salida y estamos lanzados hacia la nada. Esta errada suposición materialista es la que instala el pesimismo y el derrotismo en las sociedades. Sin Dios, la razón es incomprensible y la vida pierde su importancia. El nihilismo, la cultura de la muerte y el “aquí y ahora” terrenal vacían de futuro todo el pensamiento. Es por ello por lo que desde el siglo XIX hasta nuestros días, la depresión, la melancolía, las tristezas patológicas son el pan de cada día.


–Basta con mirar los clásicos.


–Exactamente. Cuando leemos un clásico, Shakespeare, Lope de Vega, Molière, Esquilo, e incluso clásicos modernos como Bernard Shaw o Arthur Miller, comprendemos que sus piezas no son simples enigmas. Hay respuestas poderosas y desafiantes ante la interrogante. Pero eso no es común en el teatro contemporáneo. Y cuidado, no hablo de moralejas o teatro educativo o dramas moralistas. Hablo de la vibrante respuesta del discurso humano ante los dilemas del mundo. Podremos estar de acuerdo o no con la respuesta, pero es una contestación. El “Guernica” de Picasso no es solamente una pregunta ante la guerra. No. Es la más contundente respuesta contra la guerra. En el discurso de incorporación, mi tesis es que lo divino y lo sacro es lo que define nuestra venezolanidad. A través de nuestro sistema de creencias, heredado de España y la colonia, podemos identificarnos culturalmente. Por ello en la dramaturgia, hasta escritores ateos o agnósticos se han valido de lo sacro, lo divino, para conectar con nuestra esencialidad.


–¿Que pertinencia tiene lo divino y sacro en el presente del teatro venezolano?


–Esa búsqueda es el paso que continua a mi discurso. Yo solo propongo una tesis y una revisión histórica, muy limitada por la extensión de un discurso. Pero lo que allí resuene es lo que debería hacernos preguntar, a dramaturgos y espectadores, ¿perdimos la metafísica en el drama nacional?, ¿lo superior, la esperanza, el bien perfecto están abolidos de nuestros escenarios? Si es así ¿Quiénes somos los venezolanos del presente? Interrogantes incómodas y de compleja resolución.

Elisa Lerner en agosto de 2013. Fotografía de Venlur. Tomada de Wikipedia

–Desde la Academia Venezolana de la Lengua, ¿a qué te compromete ser miembro de ésta frente a la situación actual del teatro en nuestro país?


–Dos serían las misiones más imperiosas. Darle visibilidad a la dramaturgia, la pasada y la presente, y tratar de reinstalarla en el territorio del arte. Actualmente el drama venezolano solo pareciera entretener. Su objetivo inmediato es puramente comercial y transitorio. He allí una enorme diferencia con lo que escribieron Cabrujas, Chocrón, Elisa Lerner, Uslar Pietri o César Rengifo. Ellos buscaban el eco de los tiempos, la comunicación con el futuro y el desentrañamiento de nuestra identidad. Para ello, lo que crearon debía emplazarse, como muchas obras hicieron, en el ánima del venezolano. Hoy escasamente sucede eso. Las piezas parecen pasar por los escenarios con la vertiginosa necesidad de producir taquilla y aplausos, para luego, con la misma velocidad, internarse en el olvido. Si no recuperamos el sentido de lo artístico en nuestra dramaturgia, y sus ganas de sobrevivencia, estaremos hablando de un teatro condenado a la muerte.



Tomada de Prodavinci



José Tomás Angola


Sillón Letra "Ch"

(Caracas, Venezuela, 1967)


Dramaturgo, poeta, narrador, director y actor de teatro. Comunicador social egresado de la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, 1989). Estudios de postgrado en el CIESPAL (Quito, Ecuador, 1991), el Freedom Forum de la Universidad de Columbia (NY. USA, 1995) y en el International Writing Program (IWP), Online Exchange, “Narrative Witness” (Caracas-Sarajevo) de la Universidad de Iowa (USA, 2015).

En poesía ha publicado “Una vaca en Nueva York” (1996), “Sin freno concebido” (2006) y “Los legajos del Marqués” (2015). Como narrador posee los libros de cuentos “Todas las ciudades son Isabel” (2010), “Esa noche llamada muerte” (2013) y “La mirada del suicida al caer y otros relatos” (2016). En dramaturgia ha editado “De teatro y héroes, El Molino y El Pasajero de la Fragata” (1999) y “Bombarderos sobre Londres” (2004), ambos en España. Ha publicado las biografías “Cuarenta años haciendo daño, Alfredo Escalante por Alfredo Escalante” (2005), “Don Luis Jugo Amador, un hombre honorable” (2016) y el libro de historia institucional “Universidad José Antonio Páez, 15 años de un sueño” (2014). Como compilador y antólogo firmó los libros “Antología esencial de Luis Beltrán Mago” (2008) y “Tres obras de teatro de Alejandro Lasser” (2009).

En 2019 obtuvo el Premio Isaac Chocrón, mención Autoría Escénica, por la dirección del montaje “Alta Traición”. En 2008 recibió la Medalla Vicente Gerbasi, otorgada por el Círculo de Escritores de Venezuela al conjunto de su obra. En 2005 obtuvo el premio de Cuentos de El Nacional en su 60° edición por “Todas las ciudades son Isabel”. En 2004 la mención en el VII Certamen Internacional de Teatro Breve Fernando Arrabal de Requena, Valencia, España, por “Bombarderos sobre Londres”. Es Premio Municipal de Teatro de Caracas en 2001, mención dramaturgia, por “El Pasajero de la Fragata”. En 1996 recibió la mención de la Bienal Nacional de Poesía “Miguel Ramón Utrera” del estado Aragua por “Una vaca en Nueva York”. Como actor y director teatral ha recorrido escenarios en México, Colombia, España, Suecia y Brasil. Sus piezas teatrales, que pasan de 20, han sido escenificadas en salas y festivales de Venezuela, México, Curazao, Francia, Estados Unidos y España. Su obra figura en antologías de poesía, dramaturgia, ensayo y narrativa de Estados Unidos, Argentina, España y Venezuela.

Ha dirigido más de 30 montajes de autores como William Shakespeare (“Medida por medida”, “Sueño de una noche de verano” y “El mercader de Venecia”), George Bernard Shaw (“Así mintió él al esposo de ella” y “César y Cleopatra”), Agatha Christie (“La ratonera”), Víctor Hugo Rascón Banda (“Aquí y en la hora”), Joel Joan (“¡Excusas!”), Xavier Puchades (“Azotea”), Arthur Schnitzler (“La ronda”), Enrique Vargas Ramírez (“Destino de unicornio”) o Sabina Berman (“Feliz nuevo siglo, Dr. Freud”), por mencionar a algunos internacionales. De dramaturgos venezolanos, a dirigido obras de Rómulo Gallegos (“El análisis” y “El milagro del año”), Eduardo Casanova (“El quijote cuerdo” y “Chirimoya Flat”), Elizabeth Yrausquín (“Los girasoles de silencio” y “La favorita del Rey”), Federico Pacanins (“Alta traición”), Marcos Prieto (“Implicados”) o Yoyiana Ahumada (“Polvo de hormiga hembra”) entre otros, además de 14 piezas de su propia autoría.

Fue profesor del Seminario de cuento venezolano en la Escuela de Letras de la UCAB. Ha dictado diplomados de Postgrado en el CERPE-UCAB y la Universidad Metropolitana de Caracas. Fue presidente del Círculo de Escritores de Venezuela y Director del Centro de Formación para el Teatro, Escénica, una escuela del Centro de Artes Integradas.

En 2024 fue elegido Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua, ocupando el sillón CH. 


 

Ficha tomada de la Academia de Lengua de Venezuela



José Tomás Angola designado miembro de número de la Academia de la Lengua
15 visualizaciones  7 nov 2024 




DISCURSO DE INCORPORACIÓN C... by Dimitri Lipo