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domingo, 17 de abril de 2022

Albert Camus: Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa



ALBERT CAMUS. Imagen tomada de Revista El Estornudo.



ESTÁ POR CONSTRUIRSE LA VERDAD


“La justicia no consiste en abrir unas prisiones para cerrar otras. Consiste, en primer lugar, en no llamar “mínimo vital” a lo que apenas si basta para hacer que viva una familia de perros, ni emancipación del proletariado a la supresión radical de todas las ventajas conquistadas por la clase obrera desde hace cien años. La libertad no consiste en decir cualquier cosa y en multiplicar los periódicos escandalosos, ni en instaurar la dictadura en nombre de una libertad futura. La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa. Está por construirse la verdad, como el amor, como la inteligencia. Nada es dado ni prometido, pero todo es posible para quien acepta empresa y riesgo. Es esta apuesta la que hay que mantener en esta hora en que nos ahogamos bajo la mentira, en que estamos arrinconados contra la pared. Hay que mantenerla con tranquilidad, pero irreductiblemente, y las puertas se abrirán. ¿Y por qué esperar a Navidad? La muerte y la resurrección son de todos los días. De todos los días son también la injusticia y la verdadera rebelión.”

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- ¿Cree usted lógico relacionar las dos palabras “odio” y “mentira”?

- El odio es en sí mismo una mentira. Se calla instintivamente con relación a toda una parte del hombre. Niega lo que “en cualquier hombre” merece compasión. Miente, pues, esencialmente, sobre el orden de las cosas. La mentira es más sutil. Sucede incluso que se miente sin odio, por simple amor a uno mismo. Todo hombre que odia, por el contrario, se detesta a sí mismo, en cierto modo. No hay, pues, un lazo lógico entre la mentira y el odio, pero existe una filiación casi biológica entre el odio y la mentira.


- En el mundo actual, presa de las exasperaciones internacionales, ¿no toma el odio frecuentemente la máscara de la mentira? ¿Y no es la mentira una de las mejores armas del odio, quizá la más pérfida y la más peligrosa?

- El odio no puede tomar otra máscara, no puede privarse de esta arma. No se puede odiar sin mentir. E inversamente, no se puede decir la verdad sin sustituir el odio por la compasión. De diez periódicos, en el mundo actual, nueve mienten más o menos (que no tiene nada que ver con la neutralidad). Es que en grados diferentes son portavoces del odio y de la ceguera. Cuanto mejor odian, más mienten. La prensa mundial, con algunas excepciones, no conoce hoy otra jerarquía. A falta de otra cosa, mi simpatía va hacia esos, escasos, que mienten menos porque odian mal.

- Rostros actuales del odio en el mundo. ¿Los hay nuevos, propios de las doctrinas o de las circunstancias?

- Por supuesto, el siglo XX no ha inventado el odio. Pero cultiva una variante particular que se llama el odio frío, en maridaje con las matemáticas y las grandes cifras. La diferencia entre la matanza de los Inocentes y nuestros ajustes de cuentas es una diferencia de escala. ¿Sabe usted que en veinticinco años, desde 1922 a 1947, setenta millones de europeos, hombres, mujeres y niños, han sido privados de hogar, deportados o matados? He ahí en lo que se ha convertido la tierra del humanismo, que, a pesar de todas las protestas, es como debemos seguir llamando a esta vergonzosa Europa.

- ¿Importancia privilegiada de la mentira?

-Su importancia proviene de que ninguna virtud puede aliarse con ella sin perecer. El privilegio de la mentira es que siempre vence al que pretende servirse de ella. Por ello los servidores de Dios y amantes del hombre traicionan a Dios y al hombre desde el momento que consienten en la mentira por razones que creen superiores. No, ninguna grandeza se ha establecido jamás sobre la mentira. La mentira, a veces, hace vivir, pero nunca eleva. La verdadera aristocracia, por ejemplo, no consiste en primer lugar en batirse en duelo. Consiste, en primer lugar, en no mentir.

La justicia, por su parte, no consiste en abrir unas prisiones para cerrar otras. Consiste, en primer lugar, en no llamar “mínimo vital” a lo que apenas si basta para hacer que viva una familia de perros, ni emancipación del proletariado a la supresión radical de todas las ventajas conquistadas por la clase obrera desde hace cien años. La libertad no consiste en decir cualquier cosa y en multiplicar los periódicos escandalosos, ni en instaurar la dictadura en nombre de una libertad futura. La libertad consiste, en primer lugar, en no mentir. Allí donde prolifere la mentira, la tiranía se anuncia o se perpetúa.

- ¿Asistimos a una regresión del amor y de la verdad?

- En apariencia, hoy todo el mundo ama a la humanidad (del mismo modo que uno puede amar que le sirvan un filete de ternera poco hecho) y todo el mundo posee una verdad. Pero es el extremo de una decadencia. La verdad pulula sobre sus hijos asesinados.

- ¿Dónde están los “justos” en el momento actual?

- La mayor parte, en las prisiones y en los campos de concentración. Pero también están allí los hombres libres. Los verdaderos esclavos están en otra parte, dictando sus órdenes al mundo.

- ¿En las circunstancias actuales, no podría ser la fiesta de Navidad un motivo para reflexionar sobre la idea de una tregua?

- ¿Y por qué esperar a Navidad? La muerte y la resurrección son de todos los días. De todos los días son también la injusticia y la verdadera rebelión.

- ¿Cree usted en la posibilidad de una tregua? ¿De qué clase?

- La que obtendremos al término de una resistencia sin tregua.

- Usted ha escrito en “El mito de Sísifo”: “No hay más que una acción útil: la que rehiciese al hombre y a la tierra. Yo no reharé jamás a los hombres. Pero hay que hacer “como si”. ¿Cómo desarrollaría usted hoy esta idea en el marco de nuestra entrevista?

- Yo era entonces mucho más pesimista de lo que soy ahora. Es cierto que nosotros no reharemos a los hombres. Pero no los rebajaremos. Por el contrario, los levantaremos un poco a fuerza de obstinación, de lucha contra la injusticia, en nosotros mismos y en los demás. No nos ha sido prometida el alba de la verdad; no hay contrato, como dice Louis Guillous. Pero está por construirse la verdad, como el amor, como la inteligencia. En efecto: nada es dado ni prometido, pero todo es posible para quien acepta empresa y riesgo. Es esta apuesta la que hay que mantener en esta hora en que nos ahogamos bajo la mentira, en que estamos arrinconados contra la pared. Hay que mantenerla con tranquilidad, pero irreductiblemente, y las puertas se abrirán.

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ALBERT CAMUS, entrevista publicada en Le Progrès de Lyon (Navidades de 1951). Obras Completas. Aguilar, 1959. (Publicado en FD, por primera vez, el 25 de agosto de 2006, bajo el título de LAS SERVIDUMBRES DEL ODIO).

Archivado en: -CONCIENCIA VIGILANTE — August 5, 2009 @ 10:09 am





lunes, 23 de noviembre de 2015

Jean Grenier: EL BUEN INTELECTUAL NO ES UN OBJETO DE TRÁFICO EN MANOS DE PARTIDOS Y GOBIERNOS, PUES TIENE CONCIENCIA DE SER UN OBRERO CON DERECHO A LA LIBERTAD DE PENSAMIENTO.






“El interés, la ambición, el amor propio les hicieron dar la espalda a lo que hubiera podido ser su vocación: ayudar, a los que sufrieron como ellos, a conseguir un poco más de comodidad y luz. En el caso contrario, se quedan de corazón y alma con los que dejaron material y socialmente, y trabajan todo lo posible para su liberación. Estos últimos merecen que se les honre, porque tienen la valentía más difícil. Conozco a algunos. Pero no los confundo con los que, después de mendigar los favores de la sociedad, se vuelven en contra de ella y, al no poder encontrar bastante pronto un puesto en el que se reconozcan sus méritos, incitan a la revolución por interés y hacen demagogia. Son gente que no tiene ninguna convicción, hombres que se venden. Sólo hablo de quienes actúan con sentimientos nobles”.

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La mejor definición que conozca de la cultura la dio el que dijo: la cultura es lo que queda en la mente cuando todo lo otro ha sido olvidado. La cultura, pues, no es exactamente la instrucción. Se puede ser instruido y no culto. La mayoría de los que hablan de la Ciencia y de lo que nos dice, no son cultos. Igualmente la falta de cultura puede muy bien acompañarse de un nivel elevado de civilización.

UN PUEBLO SIN INSTRUCCIÓN PUEDE SER CULTO POR SUS TRADICIONES Y SUS CREENCIAS, O POR SU SABIDURÍA POPULAR; PERO AL HOMBRE INSTRUIDO DE LA CIUDAD LE FALTA EL CONTACTO CON LA TIERRA QUE LO NUTRE

A la inversa, un pueblo sin instrucción puede, pese a todo, ser culto, por sus tradiciones y sus creencias, o por su misma sabiduría, la sabiduría popular. Sancho Panza, que es un analfabeto, está lejos de ser inculto. Lo que falta al hombre instruido y al hombre de las ciudades, es el contacto con la tierra que lo nutre.



Lo importante -dice Valéry- no es aprender, sino sumarse a lo que se aprende. Y esto no es tan fácil. Requiere el concurso del tiempo, del sentimiento, y no se qué inspiración. La cultura es una amistad con las ideas.

No fue entendida así en el siglo pasado. Creyeron que bastaba con abrir escuelas; tuvieron demasiada confianza en la progresión de las ideas por su propia fuerza, olvidándose de que las ideas no son nada sin los hombres. Veo dos obstáculos principales para el desarrollo de la cultura dentro de nuestra sociedad: la desigualdad económica y el individualismo. La primera redujo el número de hombres que pudieran participar de la cultura, el segundo empobreció a los mismos hombres cultos.

Antes que nada, es cierto que la gran división de los hombres, sobre todo desde junio de 1848, destruyó un medio armónico e hizo quimérica por mucho tiempo toda esperanza de fraternidad. Ahora bien, no hay cultura posible sin una armonía previa entre los hombres. Los grandes siglos de cultura son aquellos en que hubo comunicación entre los hombres, interpenetración de las profesiones, estima y confianza mutuas, por lo menos en Occidente.

Se buscaron remedios, no se encontraron sino paliativos. No bastaron las becas. ¿A qué llevaron? A la promoción social de niños felizmente dotados; no suprimieron la barrera, sino que permitieron que algunos la franquearan con más facilidad. Estos, al enfrentarse a una situación nueva, o bien traicionaron la clase de donde provenían, o bien se revelaron contra el Estado que les hizo salir de ella. Es un dilema del cual pocos escapan. Se olvidan de su vida pasada y, renegando del medio en el que se educaron, se vuelven lo que se llama “jefes” y se olvidan de que son “hombres”.

El interés, la ambición, el amor propio les hicieron dar la espalda a lo que hubiera podido ser su vocación: ayudar a los que sufrieron como ellos a conseguir un poco más de comodidad y luz. En el caso contrario, se quedan de corazón y alma con los que dejaron material y socialmente, y trabajan todo lo posible para su liberación. Estos últimos merecen que se les honre, porque tienen la valentía más difícil. Conozco a algunos.




EL BUEN INTELECTUAL NO ES UN OBJETO DE TRÁFICO EN MANOS DE PARTIDOS Y GOBIERNOS, PUES TIENE CONCIENCIA DE SER UN OBRERO CON DERECHO A LA LIBERTAD DE PENSAMIENTO. LA VALENTÍA MÁS DIFÍCIL, por Jean Grenier

HAY GENTE RESENTIDA Y SIN CONVICCIONES QUE, AL NO OBTENER DE LA SOCIEDAD UN PUESTO EN EL QUE SE RECONOZCAN SUS MÉRITOS, INCITAN A LA REVOLUCIÓN POR INTERÉS Y HACEN DEMAGOGIA

Pero no los confundo con los que, después de mendigar los favores de la sociedad, se vuelven en contra de ella y, al no poder encontrar bastante pronto un puesto en el que se reconozcan sus méritos, incitan a la revolución por interés y hacen demagogia. Son gente que no tiene ninguna convicción, hombres que se venden. Sólo hablo de quienes actúan con sentimientos nobles. Adquieren cultura, y el resultado es que están para siempre divididos entre dos mundos y tentados de abandonar a los suyos o de renunciar a esta cultura por la cual ascendieron.

Representémonos a un adolescente, que sale del pueblo en cuanto pudo realizar estudios, al precio de enormes dificultades y muchas veces en contra de los suyos. En primer lugar, tocará con el dedo en la escuela la evidencia de que la mayoría de sus compañeros fueron enviados allí solamente para adquirir buenas situaciones. La escuela no sirve en absoluto para formar hombres que puedan servir a los demás. La escuela no es un medio de cultura, es un medio de ascenso personal. Los exámenes no hacen sino malas selecciones, ya que un mal alumno siempre puede volver a presentarse hasta que lo aprueben.

Luego se dará cuenta de que, aunque le hayan afirmado lo contrario, muchas situaciones permanecen veladas para él. Hace falta dinero para estudiar Derecho, Medicina, y más aún para estudiar Ciencias Políticas: hacen falta relaciones familiares o políticas para ingresar en ciertas administraciones del Estado. La igualdad ante los diplomas no significa nada, mientras no se adquiera la igualdad ante las situaciones. Luego, aunque hubiese adquirido la mejor situación del mundo, se sentiría incómodo.

Uno de ellos definió muy bien aquello. Hijo de un pobre zapatero de provincia, pudo superar la condición de su padre, pero nunca se olvidó de sus orígenes ni de los deberes que tenía para con los de su condición. Sin embargo, cuando volvían a encontrarse, sentía en ellos cierta molestia: lo consideraban como un señor; todos sus esfuerzos no lograban disipar la mala inteligencia, parecía una sombra imperceptible que se extendía entre ellos y celaba incluso sus miradas. Había vuelto a la experiencia de Michelet, que decía admirablemente: “Lo difícil no es ascender, sino al ascender, seguir siendo uno mismo”. Y llegamos al punto realmente neurálgico: la cultura que debiera unir a los hombres, en realidad los separa.


Para aislar a los hombres, no solamente existen desigualdades económicas, sino también un deseo en quienes son cultos de separarse de los demás. No solamente hay un aislamiento que se impone, sino también uno que se crea. En el siglo XIX, la cultura, en especial la artística, fue una cultura individualista. Cuanto más uno se afirmaba, más trataba de quedarse solo. Es un movimiento general que, para decir verdad, se compensa con el deseo generoso de muchos escritores, artistas y sabios de ir al pueblo, Lamartine, por ejemplo. ¡Pero cuántos más se apartan en tu torre de marfil! El fin de todo eso es el diletantismo y el esteticismo que no solamente son plagas sociales, sino fuentes de relajamiento para el arte.

André Gide pretende que nuestra literatura tiene una invencible inclinación a los abstracto; llega hasta abstraerse de la humanidad. En verdad, creo que nunca pierde de vista lo humano, pero no siempre es accesible, porque su forma se ha vuelto demasiado aristocrática. Es la culpa de los humanistas del siglo XVI y de los preciosistas del siglo XVII. Es cierto que el idioma francés perdió ese verdor que se ha conservado en otras lenguas como el provenzal o el castellano.

EL INDIVIDUALISMO TRANSFORMÓ EL SABER VIVO EN BIBLIOTECAS Y LA BELLEZA EN MUSEOS; UNA VERDADERA CULTURA DEBE UNIR POR UN VÍNCULO ORGÁNICO AL HOMBRE CULTO CON LA SOCIEDAD ENTERA

El individualismo hizo mucho daño al espíritu mismo de los individualistas. Los esterilizó. Transformó el saber vivo en bibliotecas y la belleza en museos. El hombre ha sido desvinculado de su obra. No la contempló más que en espejos deformantes. Una verdadera cultura debe unir por un vínculo orgánico al hombre culto con la sociedad entera. No debería presentarse esta paradoja: o bien se sigue al Estado y se está contra el pueblo, o bien se queda con el pueblo y se está contra el Estado.

Entonces hay algo nocivo en la cultura actual, y me inclino a creer que este mal proviene de nuestra organización misma. Sin examinar ahora cuál puede ser el remedio (creo que reside más en un socialismo que en un estatismo, en un espiritualismo más que en un materialismo), estoy convencido de que el siglo XX puede curar el mal que padecía el XIX. Pero no estoy absolutamente seguro. Y ahora tendría muchas reservas que hacer sobre la manera actual de defender la cultura.

Se nos propone una cultura llamada proletaria, totalmente distinta a la cultura llamada burguesa, y que convenía sacrificar ésta a aquella. [...] En cuanto a mí no puedo aceptar esta concepción. ¿Con qué derecho excluir a tantos hombres insignes que nos precedieron, so pretexto de que no pensaban como nosotros, o sencillamente porque ni siquiera conocían los problemas que se plantearían en una época industrial imprevisible para ellos?

Y, sobre todo, ¿con qué derecho excluir a los obreros de la sabiduría universal? ¿por qué estrechar a gusto el campo de la cultura? ¿No tendrán derecho los obreros a conocer ellos también a los grandes pensadores, a los grandes artistas, sean quienes fueren? Si les cortan ese derecho, se les quita la libertad más valiosa; se les aleja de antemano de ciertas ideas so pretexto de que no conducen a la apoteosis de su clase social, se les impide desde un principio una visión que puede ser fecunda para su propia cultura.

No, no se puede proceder así, por interdictos y aprobaciones. Esto no es querer al pueblo, sino despreciarlo y herirlo. El pueblo no pide más que una cosa: que no se le prohiba nada, ni en el campo de la cultura ni en ningún otro. Además, sea cual fuere la revolución que se produzca en el orden social, algún día habrá que decidirse a asumir la herencia de la cultura de la humanidad.

Vimos cómo un partido revolucionario que empezara por rechazar esta herencia, la reivindicó luego, dando a esta herencia el sentido no de un medio de evasión, sino de posesión (Malraux). Tiene razón. El cristianismo tuvo que aceptar la cultura griega, el revolucionario tendrá que aceptar la cultura europea de antes de la revolución. Hombre nuevo, sí, pero injertado en el hombre antiguo.


¿Querellas de palabras? No: hay que elegir entre usar de la cultura en beneficio de un partido, o subordinar todo partido a una cultura. Existe un peligro aún más grave que ése. El peligro de una supuesta cultura proletaria hoy en día está alejado; y, no lo olvidemos, gracias a las protestas de los propios interesados. Queda otro peligro: el de una pretendida verdad proletaria. Esta adopta la forma, en la actualidad, de una ortodoxia marxista. Ejerce una espantosa tiranía, pero también ha suscitado muchas reacciones: “El arte que se somete a una ortodoxia, aunque fuere la más sana doctrina, está perdido”, declara Gide (“Regreso de la U.R.S.S.”). Lo mismo se puede decir de la ciencia, de la filosofía y de toda disciplina intelectual.



EL BUEN INTELECTUAL NO ES UN OBJETO DE TRÁFICO EN MANOS DE PARTIDOS Y GOBIERNOS, PUES TIENE CONCIENCIA DE SER UN OBRERO CON DERECHO A LA LIBERTAD DE PENSAMIENTO

Insistamos bien en este hecho de que, para difundir la cultura, no basta con abrir escuelas, crear bibliotecas y museos, incluso simples “casas de la cultura”. Es necesario también asegurar un mínimo de libertad intelectual e imparcialidad a quienes los frecuentan. Y, para eso, no basta con distribuir materiales, hay que permitir su examen, sin prevención ni prejuicio.

De lo contrario, se hace como estos padres de familia que declaran adorar a sus hijos, pero controlan cada uno de sus actos; que pretenden incluso dejarles toda libertad para elegir la opinión que quieran, pero dedican todo su tiempo a calumniar las ideas que no son las suyas y, por último, dejan entender que si sus hijos no comparten sus propias ideas, dejarán que se las arreglen solos. Se puede pensar en escapar de la autoridad paterna, pero ¿cómo pensar en escapar de la autoridad de un Estado que será totalitario?

Comprendo muy bien que sea estimulante el estar en un gran partido y el hablar en nombre de las masas (a las cuales se hace decir lo que se quiere). Pero un intelectual se equivocaría al creer que estará mejor considerado en un partido porque haya hecho declaraciones explícitas de ortodoxia. [...] Es evidente el grave peligro que se corre con un estado totalitario, sea cual fuere; porque dicho Estado, no sólo pretende estatizar las riquezas, por lo cual le felicitaría, sino también las conciencias, por lo cual le critico. El Estado no está hecho para eso; está hecho para permitir al máximo de ciudadanos disfrutar del máximo de cultura; a lo sumo, puede darle una orientación. Una cultura sin libertad intelectual no es más una cultura: es un bagaje inútil y pesado, un cuerpo sin alma.

Reconozco perfectamente que necesitamos una nueva cultura popular, que el reino del espíritu crítico ha pasado. No considero -como lo hace Gide- al no-conformismo como un signo de verdadera cultura. Pero no admito tampoco que se transforme esta voluntad de adhesión en aceptación de servilismo. No olvido que la Edad Media, tan de moda hoy en día, también tuvo su parte mala. [...] Los países en donde, durante la época de Justiniano, no subsiste más que “una fe, una ley, un Estado”, son justamente aquellos en donde el pensamiento está más esclavizado y aterrado.

Deseo de todo corazón con Guehenno que “la escuela de la diferencia”, es decir, la del siglo XIX, sea sustituida por “la escuela de la comunión”. Pero también deseo que no nos hagan pasar una esclavitud por una comunión. Mucho más que un salario conveniente, el obrero quiere su dignidad, y tiene razón. También tiene su dignidad el intelectual. Y ésta debe impedirle aceptar una cadena vergonzosa.

Contrariamente a lo que se repite siempre, no reivindica en absoluto el derecho a la libertad intelectual porque quiera ser distinto al pueblo; tampoco un pretendido refinamiento le impediría comprender las necesidades de la plebe; no, sólo tienen conciencia de que no es una mecánica en manos de partidos y de gobiernos, un objeto de tráfico, sino un obrero que, si reconoce sus deberes, reivindica también sus derechos, y el primero de todos es la libertad de pensamiento, sin la cual no hay cultura, porque no hay pensamiento.

* * *

JEAN GRENIER, Sobre el espíritu de ortodoxia, 1937. Monte Avila Editores, 1969. Jean Grenier, galardonado en Francia con el Gran Premio Nacional de Letras 1968, nació en 1898. Profesor de La Sorbona, en donde ocupó la cátedra de Estética y Ciencia del Arte, ha desempeñado también varios cargos docentes en otros lugares, entre ellos Argel, donde fue maestro de Albert Camus


Tomado de Filosofía Digital

Actualizada el 27/01/2024



miércoles, 16 de septiembre de 2015

LAS PIERNAS BIEN TORNEADAS DE LA ESCRITORA SOL LINARES








Estimados Amigos

Hoy compartimos con ustedes un texto escrito por el habitual complice del blog José Carlos de Nóbrega donde se acerca al más reciente libro de otra complice habitual de este espacio: Sol Linares, la autora de Chucenita nuestra tira dominical. De Nóbrega desde su castillo en Bella Florida, villa ubicada a la altura del retorno de la CABEL en la autopista de Valencia , la de Venezuela, nos ofrece una panorámica breve, salpicada de referentes cinematográficos, de la obra literaria de Sol Linares y su libro: La silla cruza las piernas, recientemente publicado por FUNDARTE.

Deseamos  disfruten de este texto donde se conjugan un par de sospechosos habituales de esta argonaútica travesía que desde hace tiempo venimos realizando.

Bienvenidos sean a las letras bien torneadas de
José Carlos De Nóbrega  y de Sol Linares.


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LAS PIERNAS BIEN TORNEADAS DE LA SILLA


José Carlos De Nóbrega

     A pesar del sustrato machista que anida aún en nosotros, la literatura escrita por mujeres funciona en mí como antídoto y bálsamo que curan el “yo” enamorado. El remedio presenta varias fórmulas que integran una deliciosa nomenclatura: Emily Brönte, su tocaya Dickinson, Susan Sontag, Clarice Lispector, Ana Cristina Cesar, además de las venezolanas Enriqueta Arvelo Larriva, María Calcaño, Ana Enriqueta Terán, Laura Antillano, Norys Nicoliello, Ximena Benítez, Annel del Mar Mejías y Sol Linares, entre tantas otras. En verso o en prosa, nuestras escritoras nos han arrullado con palabras mágicas al igual que la joven madre del film “La noche de San Lorenzo” (1982) de los hermanos Taviani. He de confesar mi entusiasmo de enjambre por la obra narrativa de la trujillana Sol Linares, una de nuestras mejores voces en tiempo real. Sus tres volúmenes de cuentos a la fecha [“Cuentafarsas” (2010), “La Circuncisa” (2012) y “La silla cruza las piernas” (2015)], nos obsequian textos que acarician vivaz y eróticamente la perfección. Valga una ojeada cómplice a “Bitácora de ti”, “La circuncisa” y “Cuento de la psicosis” respectivamente. Además, Sol ha incursionado en el cómic con “Chucenita”, esa pelirroja traviesa que nos importuna -por fortuna- en las páginas dominicales del diario “Correo del Orinoco” y en el blog del Grupo Li Po.


     “La silla cruza las piernas”, editado por Fundarte, es un conjunto maravilloso y personal presidido por la diversión lúdica, el sarcasmo y un aliento poético y vitalista de excepción. Constituye un acto de afirmación muy suyo que se verifica también en sus dos novelas “Percusión y tomate” (2011) y “La canción de la aguja” (2013). Más allá del tomacorriente y el enchufe como arquetipos lectores cortazarianos, el discurso narrativo se nos presenta como una red encantadora, contingente y muy bien dicha. Los referentes literarios, a la mayor gloria jesuítica si no S.J. con nosotros, no significan poses culteranas ni narcisistas, pues entrañan devoción amorosa y terrena por los nuestros, sin importar su ubicación topográfica o temporal. La literatura, eso sí, implica ubicuidad emocional y placentera tanto del que da como del que recibe a contracorriente de la muerte. Bien se centren los chismes o comentarios en Eurípides, Dostoyevski o Groucho Marx. Detrás de la conmovedora simplicidad de “El pupitre de un cínico”, se mixtura la candidez adolescente con la lectura salvaje e irreverente del Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce, por supuesto, para contrariar a la escuela en tanto aparato represor e ideológico del estado burgués o estalinista. No nos olvidemos, por ejemplo, de las peripecias de cuatro venezolanos cebando mate a partir de “Rayuela” que leímos en su segundo libro de relatos. La lectura y la escritura se amalgaman en un juego meta-poético que excede la preceptiva academicista y la aridez del discurso mediático. En “Hipnosis en silla de mimbre”, Loti [¿o Chucena?] considera las vicisitudes del oficio literario al inventar a su escritor fracasado y timador de sí mismo, esto es la inversión y elisión del punto de vista narrativo: “Sin ser un escritor me sentí un escritorzuelo”. La compasión satírica desdice el éxtasis egocéntrico y alienante del medio intelectual como tal.


     La brevedad de “La silla de Judas” se nos antoja un texto puente que nos remite a referentes disímiles como la dupla Van Gogh / Pérez Só, Héctor Murena y Miguel Otero Silva. La transfiguración ficcional del episodio bíblico del traidor, alude a la transubstanciación del objeto poético, el discurso ocultista y políticamente incorrecto, amén de la parodia literaria e histórica de fines inconfesables. Los convencionalismos culturales son trizados impíamente en “Crujiente como el nombre de Tarkovski”, pues la confundida protagonista expresa al lector su desazón y abulia sin cuartel. Lo intelectivo no puede deslastrarse de los gustos ni de las repulsiones, tal es la esencia que anima empresas dislocadas como las revistas literarias. 


 

     Si algo caracteriza a nuestra afanosa y obsesiva autora, es la configuración problematizadora e introspectiva de los personajes, sobre todo al exponerlos a situaciones límite que bordean el absurdo, la incomunicación y el desarraigo exógeno y endógeno. Hay atractivos vasos comunicantes con Cervantes [la noveleta del Curioso impertinente], Henry James [La lección del maestro] y Clarice Lispector [La Pasión según G.H.]. “Paraguas close up” conjuga un juego de seducción lésbico que se obstina al confrontar con la vacuidad cotidiana, situación sazonada con unas imágenes primarias y eróticas sin par, de donde la cópula de lo objetual y lo imaginario excita y extravía los sentidos: “Pero la mujer que esperaba se hallaba atascada dentro de un paraguas junto a una extraña que olía a peras”. Nos retrotrae las erecciones furtivas provocadas por la película “El Ansia” de Tony Scott, esta vez las vampiras Deneuve y Sarandon hacen el amor con Debussy de cortina musical. El motivo de la silla que unifica y se desparrama impunemente en el corpus narrativo, muta en la metáfora del dolor que es el contrapunteo

 

     Hay dos relatos esquizoides de vinculante e iluminada lectura: “La silla cruza las piernas” y “Cuento de la psicosis”. El primero posee un sesgo auténticamente dadaísta, prevaricador y juguetón. La terapia a la deriva, sin duda otro combate cuerpo a cuerpo entre Gigi y su Freud portátil, se registra en un discurso narrativo y clínico impregnado de la imaginería inmediata de Magritte, además de las películas corrosivas de Nani Moretti que carnavalizan al marxismo y el psicoanálisis en un mercado periférico. La disolución del yo se desarrolla en una sucesión de gags dignos de una comedia de las equivocaciones: “Porque Gigi es tonta para moverse en la realidad, pero dentro de su imaginación es fuerte, vil, despiadada”. El segundo constituye una de las mejores muestras del género psicologista en el país, lo cual emparenta a Sol Linares con el “Abigail Pulgar” de Mariño Palacio, los Sonetos Imbrios de Rafael José Muñoz o el relato “Luz, ceniza y espuma” del paciente A.S.M. que motivó la censura de la revista “Nanacinder” del Psiquiátrico de Bárbula. En este caso, el discurso psicótico se traduce en clave poética y desenfadada que nos solidariza y vincula con el Otro: “Acabó mi monólogo de flan sufrido, delirio, agua vacía derramada en mi piel, la foto de una voz planchada en el crepúsculo. Acaso, ¿no fue el vientre de mi madre mi primer manicomio? La boca del padre sabe a vela, a jabón cansado y sal”. Reiteramos la lectura atenta del cuento “La Circuncisa”, un texto magnífico que rinde un homenaje sentido a la obra de Clarice Lispector, uno de nuestros más grandes y profundos afectos.


     Sol nos invita a despedazar el ego en la latencia del Amor Loco, apelando a las más diversas y paradójicas vías, para posibilitar la ruptura de la homogeneización opresora del alma y sus entresijos. No en balde, Legión nos llamamos todos porque somos muchos. 



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José Carlos De NóbregaEnsayista y narrador venezolano (Caracas, 1964 - Valencia, 2023). Licenciado en educación, mención lengua y literatura, de la Universidad de Carabobo (UC). Forma parte de la redacción de la revista Poesía, auspiciada por la misma casa de estudios. En 2007 su blog Salmos compulsivos obtuvo el Premio Nacional del Libro a la mejor página web.

En 2015, fue profesor invitado por la Universidad de Salamanca para dictar un curso sobre literatura venezolana, auspiciado por la Cátedra Ramos Sucre de la USAL y el CENAL.


Ha publicado dos volúmenes de ensayo: Sucre, una lectura posible (Universidad de Carabobo) y Textos de la Prisa (Gobernación del estado Carabobo) en 1996. Los libros de ensayos Derivando a Valencia a la Deriva (2007) y Salmos Compulsivos por la Ciudad (2008, versión digital en www.letralia.com) han sido publicados por las editoriales “El Perro y la Rana” y “Letralia” respectivamente. En mayo de 2008, la Editorial Letralia publicó Para machucar mi corazón: Una antología poética de Brasil (serie Transletralia, versión digital en www.letralia.com), de la cual es el compilador y el traductor. En 2011 apareció el libro de ensayos Salmos Compulsivos, bajo el sello editorial Protagoni, c.a..


El Fondo Editorial Fundarte publicó el libro de cuentos El Dragón Lusitano y otros relatos, en 2013. En 2014,


Fundarte hizo públicas dos traducciones a saber: los libros de poesía Las imaginaciones / El soldado raso. de Ledo Ivo y la novela La Pasión según G.H., de Clarice Lispector. También tradujo Dispersión / Indicios de Oro, del poeta portugués Mário de Sá Carneiro.


Ha colaborado en diversas publicaciones periódicas: Poesía, La Tuna de Oro, Tiempo Universitario, Letra Inversa del diario Notitarde, Laberinto de Papel, Revista Nacional de Cultura, Imagen, suplemento Letras del diario Ciudad Ccs, el diario Vea y Fauna Urbana.


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Richard MontenegroPerteneció a la redacción de las revistas Nostromo y Ojos de perro azul; también fue parte de la plantilla de la revista universitaria de cultura Zona Tórrida de la Universidad de Carabobo. Es colaborador del blog del Grupo Li Pohttp://grupolipo.blogspot.com/. Es autor del libro 13 fábulas y otros relatos, publicado por la editorial El Perro y la Rana en 2007 y 2008; es coautor de Antología terrorista del Grupo Li Po publicada por la misma editorial en 2008 , en 2014 del ebook Mundos: Dos años de Ficción Científica y en 2015 del ebook Tres años caminando juntos ambos libros editados por el Portal Ficción Científica. Sus crónicas y relatos han aparecido en publicaciones periódicas venezolanas tales como: el semanario Tiempo Universitario de la Universidad de Carabobo, la revista Letra Inversa del diario Notitarde, El Venezolano, Diario de Guayana y en el diario Ultimas Noticias Gran Valencia; en las revistas tangibles y electrónicas hispanas Fantastic-Films NeutrónAlfa Eridiani, Valinor, miNaturaTiempos OscurosGibralfaro, Revista de Creación Literaria y de Humanidades de la Universidad de Málaga y en la revista cubana digital Korad y en portales o páginas web como la española Ficción Científica, la venezolana-argentina Escribarte y la colombiana Cosmocápsula.



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martes, 10 de diciembre de 2013

"El papel de escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren".

ALBERT CAMUS

Y SU DISCURSO DE ACEPTACIÓN DEL PREMIO NOBEL DE LITERATURA EN EL AÑO 1957









Estimados Amigos

Hoy compartimos con ustedes esta joya. Como ya recordaran este 2013 se cumple el primer centenario del escritor francoargelino (este adjetivo no le gusta ni a franceses ni argelinos) Albert Camus (Acerca de este sonido /alˈbɛʁ kaˈmy/ , Mondovi, Argelia Francesa, 7 de noviembre de 1913 - Villeblevin, Francia, 4 de enero de 1960). Por esta razón decidimos hacerles llegar su discurso de aceptación del Premio Nobel que  leyó en Estocolmo, Suecia un día como hoy pero en el año de 1957.

Albert Camus sigue siendo incomprendido en este mundo que se niega a ver mas alla de sus narices. Esperamos que con el tiempo el gremio intelectual y el mundo en general aprende a aceptar a alguien que realmente ejerció la libertad de pensamiento.

Deseamos disfruten de la entrada.




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Estocolmo, 10 de diciembre de 1957

Al recibir la distinción con que ha querido honrarme su libre Academia, mi gratitud es más profunda  cuando evalúo hasta qué punto esa recompensa sobrepasa mis méritos personales.  Todo hombre, y con mayor razón todo artista, desea que se reconozca lo que es o quiere ser. Yo también lo deseo. Pero al conocer su decisión me fue imposible no comparar su resonancia con lo que realmente soy. ¿Cómo un hombre, casi joven todavía, rico sólo por sus dudas, con una obra apenas desarrollada, habituado a vivir en la soledad del trabajo o en el retiro de la amistad, podría recibir, sin una especie de pánico, un galardón que le coloca de pronto, y solo, a plena luz? ¿Con qué ánimo podía recibir ese honor al tiempo que, en tantos sitios, otros escritores, algunos de los más grandes, están reducidos al silencio y cuando, al mismo tiempo, su tierra natal conoce una desdicha incesante?

He sentido esa inquietud, y ese malestar. Para recobrar mi paz interior me ha sido necesario ponerme de acuerdo con un destino demasiado generoso. Y como era imposible igualarme a él con el único apoyo de mis méritos, no he hallado nada mejor, para ayudarme, que lo que me ha sostenido a lo largo de mi vida y en las circunstancias más opuestas: la idea que me he forjado de mi arte y de la misión del escritor. Permitanme,  aunque sólo sea en prueba de reconocimiento y amistad, que les diga, lo más sencillamente posible, cuál es esa idea. 



Personalmente, no puedo vivir sin mi arte. Pero jamás he puesto ese arte por encima de cualquier cosa. Por el contrario, si me es necesario es porque no me separa de nadie, y me permite vivir, tal como soy, a la par de todos. A mi ver, el arte no es una diversión solitaria. Es un medio de emocionar al mayor número de hombres, ofreciéndoles una imagen privilegiada de dolores y alegrías comunes. Obliga, pues, al artista a no aislarse; le somete a la verdad, a la más humilde y más universal. Y aquellos que muchas veces han elegido su destino de artistas porque se sentían distintos, aprenden pronto que no podrán nutrir su arte ni su diferencia más que confesando su semejanza con todos.

El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo hacia los demás, equidistante entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse. Por eso, los verdadero artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar. Y si han de tomar partido en este mundo, sólo puede ser por una sociedad en la que, según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador, sea trabajador o intelectual.



Por lo mismo el papel de escritor es inseparable de difíciles deberes. Por definición no puede ponerse al servicio de quienes hacen la historia, sino al servicio de quienes la sufren. Si no lo hiciera, quedaría solo, privado hasta de su arte. Todos los ejércitos de la tiranía, con sus millones de hombres, no le arrancarán de la soledad, aunque consienta en acomodarse a su paso y, sobre todo, si en ello consiente. Pero el silencio de un prisionero desconocido, abandonado a las humillaciones,  en el otro extremo del mundo,  basta para sacar al escritor de su soledad,  por lo menos, cada vez que logre, entre los privilegios de su libertad, no olvidar ese silencio, y trate de recogerlo y reemplazarlo, para hacerlo valer mediante todos los recursos del arte.

Nadie es lo bastante grande para semejante vocación. Sin embargo,  en todas las circunstancias de su vida, obscuro o provisionalmente célebre, aherrojado por la tiranía o libre para poder expresarse, el escritor puede encontrar el sentimiento de una comunidad viva, que le justificará sólo a condición de que acepte, tanto como pueda, las dos tareas que constituyen la grandeza de su oficio: el servicio a la verdad, y el servicio a la libertad. Y puesto que su vocación consiste en reunir al mayor número posible de hombres, no puede acomodarse a la mentira ni a la servidumbre porque, donde reinan,  crece el aislamiento. Cualesquiera que sean nuestras flaquezas personales, la nobleza de nuestro oficio arraigará siempre en dos imperativos difíciles de mantener: la negativa a mentir respecto de lo que se sabe y la resistencia ante la opresión. 



Durante más de veinte años de historia demencial, perdido sin remedio, como todos los hombres de mi edad, en las convulsiones del tiempo, sólo me ha sostenido el sentimiento hondo de que escribir es hoy un honor, porque ese acto obliga, y obliga a algo más que a escribir. Me obligaba, especialmente, tal como yo era y con arreglo a mis fuerzas, a compartir, con todos los que vivían mi misma historia, la desventura y la esperanza. Esos hombres nacidos al comienzo de la primera guerra mundial, que tenían veinte años  en la época de instaurarse, a la vez, el poder hitleriano y los primeros procesos revolucionarios, Y que para completar su educación se vieron enfrentados a la guerra de España, a la segunda guerra mundial,  al universo de los campos de concentración, a la Europa de la tortura y de las prisiones, se ven hoy obligados a orientar a sus hijos y a sus obras en un mundo amenazado de destrucción nuclear. Supongo que nadie pretenderá pedirles que sean optimistas. Hasta llego a pensar que debemos ser comprensivos, sin dejar de luchar contra ellos, con el error de los que, por un exceso de desesperación han reivindicado el derecho al deshonor y se han lanzado a los nihilismos de la época. Pero sucede que la mayoría de entre nosotros, en mi país y en el mundo entero, han rechazado el nihilismo y se consagran a la conquista de una legitimidad.

Les ha sido preciso forjarse un arte de vivir para tiempos catastróficos, a fin de nacer una segunda vez y luchar luego, a cara descubierta, contra el instinto de muerte que se agita en nuestra historia. 



Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sábe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizás mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga. Heredera de una historia corrompida —en la que se mezclan las revoluciones fracasadas, las técnicas enloquecidas, los dioses muertos, y las ideologías extenuadas; en la que poderes mediocres, que pueden hoy destruirlo todo, no saben convencer; en la que la inteligencia se humilla hasta ponerse al servicio del odio y de la opresión—, esa generación ha debido, en si misma y a su alrededor, restaurar, partiendo de amargas inquietudes, un poco de lo que constituye la dignidad de vivir y de morir. Ante un mundo amenazado de desintegración, en el que se corre el riesgo de que nuestros grandes inquisidores   establecezcan para siempre el imperio de la muerte, sabe que debería, en una especie de carrera loca contra el tiempo, restaurar entre las naciones una paz que no sea la de la servidumbre, reconciliar de nuevo el trabajo y la cultura, y reconstruir con todos los hombres una nueva Arca de la Alianza.


domingo, 24 de noviembre de 2013

"Todas las coacciones del mundo no harán que una mente limpia acepte ser deshonesta."

Reglas para la libertad de prensa, por Albert Camus



Estimados Amigos

Lo prometido es deuda y hoy cumplimos con el compromiso adquirido con ustedes ayer. Aquí podrán leer el texto de Albert Camus ( Mondovi, Argelia Francesa, 7 de noviembre de 1913 - Villeblevin, Francia, 4 de enero de 1960) )que fue censurado el 25 de noviembre de 1939 en el diario «Le Soir Républicain». El tema tratado por Camus era la libertad de prensa y parece increíble que la Humanidad en estos setentas años haya podido visitar la Luna, enviar ingenios robóticos a otros planetas y que una sonda espacial el Voyager I haya abandonado el Sistema Solar para adentrarse en la oscuridad de un cosmos nunca hollado físicamente por nosotros y que su texto permanezca con una potente vigencia bifronte.

Este es un texto que todo comunicador social debe leer y que pareciera escrito para el actual momento que se vive en el país.

Esperamos disfruten de la entrada.


Richard Montenegro



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Reglas para la libertad de prensa

Albert Camus


En 1939, Albert Camus intentó publicar una defensa de la libertad de prensa en el diario argelino Le Soir Républicain, del cual era jefe de redacción. El artículo fue prohibido y permaneció inédito hasta hace poco. Tras más de setenta años, y aunque los medios han sufrido cambios jamás imaginados, las reflexiones del autor francés siguen vigentes.


Hoy en día, es difícil evocar la libertad de prensa sin ser tildado de extravagante, acusado de Mata-Hari o señalado como sobrino de Stalin.

Sin embargo, esta libertad es solo una entre las varias caras de la libertad a secas, y nuestra terquedad en defenderla puede ser entendida si se admite que no existe otra forma de ganar realmente la guerra.



Mata-Hari


Desde luego, toda libertad tiene sus límites, pero estos deben ser libremente reconocidos por todos. De los obstáculos actuales que pesan sobre la libertad de pensamiento ya lo hemos dicho todo, y no nos cansaremos de seguir haciéndolo hasta la saciedad. En particular, jamás estaremos suficientemente sorprendidos de que, una vez impuesta la censura, la reproducción de los textos publicados en Francia, y aprobados por los censores metropolitanos, le sea prohibida a Le Soir Républicain. Al respecto, el hecho de que un periódico dependa del genio o de la capacidad de un hombre es la mejor prueba del grado de inconciencia al que hemos llegado.

Uno de los buenos preceptos de una auténtica filosofía es el de jamás caer en lamentaciones inútiles ante un hecho que ya no puede ser evitado. En Francia, hoy en día, la cuestión ya no es saber cómo preservar la libertad de prensa, sino buscar cómo, ante la supresión de estas libertades, un periodista puede seguir siendo libre. El problema ya no le interesa a la colectividad, sino que concierne al individuo. 


Albert Camus, 1947. Henri Cartier-Bresson (Magnum Photos/Contacto)


Y precisamente, quisiéramos aquí definir las condiciones y medios por los cuales, en el seno mismo de la guerra y sus servidumbres, la libertad puede ser no solo preservada, sino también manifestada. Son cuatro: la lucidez, el rechazo, la ironía y la obstinación.

La lucidez supone resistir a las tentaciones del odio y el culto a la fatalidad. En el mundo de nuestra experiencia, todo puede ser evitado. La misma guerra es un fenómeno humano, que en todo momento puede ser prevenido o detenido por medios humanos. Basta con conocer los últimos años de la política europea para estar seguro de que la guerra, cualquiera que sea, tiene causas evidentes. Esta visión clara de las cosas excluye el odio ciego y la desesperación que deja hacer. Un periodista libre, en 1939, no desespera y lucha por lo que cree que es verdad, como si su acción pudiera influir en el curso de los acontecimientos. No publica nada que pueda incitar al odio o provocar la desesperanza. Todo eso está en su poder.

Frente a la marea creciente de la tontería, igualmente es necesario oponer cierta resistencia. Todas las coacciones del mundo no harán que una mente limpia acepte ser deshonesta. Ahora bien, para aquellos que conocen el mecanismo de la información, es fácil corroborar la veracidad de una noticia. Es a eso a lo que un periodista libre debe dedicar toda su atención. Si no puede decir todo lo que piensa, siempre es posible no decir lo que no piensa o lo que considera falso. De tal manera que un periódico libre se reconoce tanto por lo que dice como por lo que no dice. Si uno sabe mantenerla, esta libertad negativa es de lejos la más importante de todas, ya que prepara el acceso a la libertad verdadera. Por consiguiente, un diario independiente menciona el origen de sus informaciones, ayuda al público a evaluarlas, repudia el lavado de cerebro, suprime las invectivas, mitiga la uniformización de las informaciones con comentarios; en fin, sirve a la verdad de acuerdo con la medida humana de sus fuerzas. Dicha medida, por relativa que sea, al menos le permite rechazar lo que ninguna fuerza en el mundo podría hacerle aceptar: servir a la mentira.


Stalin


Así llegamos a la ironía. Podemos empezar diciendo que una mente con el gusto y los recursos para imponer la coerción es impermeable a la ironía. Por ejemplo, uno no se imagina a Hitler utilizando la ironía socrática. La ironía es un arma incomparable contra aquellos que tienen un poder excesivo. La ironía completa el rechazo en el sentido de que, más allá de rehusar lo falso, permite a menudo decir la verdad. Un periodista libre, en 1939, se hace pocas ilusiones en cuanto a la inteligencia de aquellos que lo oprimen. Es pesimista respecto al hombre. Una verdad enunciada con tono dogmático es censurada nueve de cada diez veces, mientras que la misma verdad dicha agradablemente será censurada por mucho cinco de cada diez. Esta disposición configura de manera bastante exacta las posibilidades de la inteligencia humana. También explica el que periódicos como Le Merle o Le Canard Enchaîné puedan con cierta frecuencia publicar los artículos audaces que conocemos. Pues en 1939 un periodista libre es necesariamente irónico, aunque muchas veces lo sea a pesar de sí mismo. Pero la verdad y la libertad son amantes exigentes, ya que tienen pocos pretendientes.

Sobra decir que la actitud mental que acabamos de definir brevemente no se podría mantener de manera eficaz sin un mínimo de obstinación. Numerosos obstáculos se oponen a la libertad de expresión. Pero no son los más severos los que pueden desalentar el ingenio. En Francia, por lo general, las amenazas, las suspensiones y las persecuciones producen el efecto contrario al que se buscaba. No obstante es preciso reconocer que existen obstáculos desalentadores: la constancia en la babosada, la apatía organizada, la falta de inteligencia agresiva, por citar solo algunos. Se trata del gran obstáculo que debemos vencer, y para ello la obstinación es la virtud cardinal. Por una curiosa aunque evidente paradoja, la obstinación se pone al servicio de la objetividad y de la tolerancia. 


Camus segun Eduardo Baptistão


Esas son un conjunto de reglas para preservar la libertad hasta en la servidumbre. “¿Y después?”, preguntarán. ¿Después? No nos apresuremos tanto. Si al menos en su esfera cada francés quisiera mantener todo lo que cree verdadero y justo; si quisiera, aunque modestamente, ayudar a mantener la libertad, resistir al abandono y dar a conocer su voluntad, entonces, y solo entonces, esta guerra se ganaría en el sentido profundo de la palabra.

Sí, con frecuencia la mente libre de este siglo hace sentir su ironía a pesar suyo. ¿Qué cosas agradables podemos encontrar en este mundo incendiado? Pero la virtud del hombre consiste en mantenerse frente a todo aquello que lo niega. Nadie quiere revivir dentro de veinticinco años la doble experiencia de 1914 y 1939. Entonces hay que probar un método totalmente novedoso, basado en la justicia y la generosidad. Sin embargo, ambas se expresan solo en los corazones libres y en las mentes todavía clarividentes. Por lo que formar esos corazones y esas mentes, o más bien despertarlos, es la tarea a la vez modesta y ambiciosa que le corresponde al hombre independiente. Hay que ceñirse a ella, sin mirar más allá. La historia tendrá o no tendrá en cuenta estos esfuerzos. Pero habrán sido hechos.




Tomado de El Malpensante