Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Lazo Martí. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Lazo Martí. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de enero de 2025

En SABANAS EN EL CIELO está el mismo Adhely con sus versos traídos en la chácara del corazón

 



Crónicas del Olvido

SABANAS EN EL CIELO, DE ADHELY RIVERO

**Alberto Hernández**

1.-

Un hombre de acento campesino viaja bajo el cielo abierto; frente a él, la planicie, la pampa, la llanura, la sabana desnuda, casi borrada por el espejismo. El hombre se desplaza a caballo y habla solo. Habla con el padre muerto, con el padre vivo en la memoria. Habla con sus difuntos y con sus vivos, con los que una vez lo despidieron para irse a la ciudad, como una vez le ocurrió a otro campesino y poeta llamado Ángel Eduardo Acevedo. Y ese hombre, muchacho aún, enhorquetado en esa bestia (como le decimos a los caballos en el llano) ha comenzado a pronunciar, a recitar  desde sus adentros (y no ha parado hasta ahora) el canto de ordeño, a ajustarle cuentas a las horas, a oír la voz del madrugador quien silba y declama unas rimas mientras soba con mano amable la ubre de una vaca. Y así viene el hombre. Otras veces va. O sea, va y viene de su tierra, porque Adhely Rivero viaja sobre un caballo imaginario, en carro propio o en autobús. Entonces el horizonte barinés se abre como mujer deseosa y el poeta respira la tierra y los ojos dibujan la sabana y el cielo con la misma fuerza con que Pancho Lazo la trazó en sus versos. 

Vuelve “La vida entera” a instalarse en la porfía de Adhely Rivero. Retorna una vez más sin haberse borrado el rastro trazado por el camino mientras el paisaje se hacía más entrañable, más cercano, pese a los extravíos en la ciudad, a los dones de la universidad, a los favores de la cátedra y las publicaciones de sus voces y silencios. En esa vida completa, en la que caben todas las sabanas y todos los cielos transitados, está la poesía de este hombre, de este hijo del Gadín y el Guadarrama, de Arismendi y sus relámpagos, del mar soñado y el desierto encontrado en cada médano mientras el pequeño estero se traduce en un verso. 




2.-

Desde “15 Poemas” hasta “La vida entera” la existencia de Adhely ha estado centrada en las sabanas de Arismendi, en el cielo que se refleja en las aguas de las lagunas, pero también en el ojo redondo de los caballos y las reses. Hay una imagen cercana: sabana y cielo son la misma mirada, el mismo lugar por donde andan los huesos de los muertos y las trashumancias de los vivos. Sabana y cielo se encuentran en todos los horizontes donde cabe el espíritu. Por eso, entonces, el Llano es parte de esa conjunción celestial de imágenes creadas por la poesía, por las palabras que el hombre enhebra desde su montura, desde la memoria ahora situada en la ciudad, en la tentación de la urbe, en la que no obstante sigue existiendo el Llano y sus poderosas expresiones convertidas en palabras, en susurros, en poemas y poesía. Poemas porque destacan su carácter aforístico, en algunos, y poesía, porque sorprenden muchas imágenes que nacen de la sensibilidad de quien respira el aire completo de las sabanas y se extasía con el cielo que lo cubre mientras celebra la faena en el monte, la de vivir y la de mantener viva la memoria plena de costumbres, de su característico acento y hasta de su manera de danzar, de celebrar la música y hacer de la compañía amorosa un espacio también próximo al paisaje. El amor femenino es también el logos que habita el alma del poeta, la de este poeta que sigue cantando con el mismo ahínco mientras el cielo se acerca a la tierra convertida en llanura. 





3.-

En la contratapa de “La vida entera”, el poeta Enrique Mujica escribe, entre otras cosas lo siguiente: “Poesía fundada en el claro de lo abierto para decirlo con la expresiva categoría heideggeriana de SER y TIEMPO o con la incondicionada y cruda visión del hombre mismo de las llanuras”. Palabras de un hombre de raíz llanera quien también ha cabalgado sus letras entre matorrales y caminos de nuestra planicie nacional. Y, en efecto, en el claro de lo abierto, bajo el cielo, reflejo de la pampa, como ella misma, calco del cielo. Y así el viajero, porque este libro de Adhely es una odisea, un viaje que lo trajo del monte a la ciudad, una marca imborrable que se mantiene en la manera de pronunciarse en voces, en la manera de mirar el mundo, en la manera de destacar su presencia ante el Otro, ese personaje que es el Dios de todos, el que lo acompaña cada vez que bendice el recodo del camino o saluda con su característica respiración. 

ADRIANO GONZÁLEZ LEÓNFotografía coloreada de José Sardá.



4.-

Publicado por Rubiano Ediciones en 2024, el poeta se encumbra con textos como éstos: “Adónde va uno después del Llano”, como si el Llano fuese la continuación de ese cielo que arropa la sabana. “Nada es realidad mientras dormimos”, porque el llanero, y si es poeta más, no suele dormir completamente: siempre hay un fantasma que lo visita. “Dios se está poniendo viejo…”, oración que dibuja la edad del mismo poeta, como aquella reclamación final de Adriano González León en su novela: “Estoy viejo”, y desde ese instante el relato de sus desequilibrios. Dios es también ese espacio entre el cielo y la tierra: Dios es la sabana, esa infinitud. Y por eso, “Así se le hacen los años a una persona…”, razón por la cual a la voz del poeta le gustaría confesar que “Ya no vengo del lugar de origen”, porque la ciudad se vierte olvido en muchos de los que el éxodo campesino se convirtió en ciudadano de toldos, tiendas y multitudes. Pero el poeta, a pesar de la incertidumbre, de su apostolado regional, de apego a la tierra, de su desapego a otras costumbres, tiene el ardor de criticar la realidad: es antipoder, enemigo del abuso, enemigo de quien se hace fuerza contra el otro, por eso, y más allá de no acercarse a ese poder, dice: “Voy a quedarme en la poesía/ para ver si podemos vivir”.



Telúrica, íntima, casera, universal, llanera, venezolana, mundial. Traducida, hecha conjunción de voces en otras latitudes, la poesía de Adhely Rivero no pierde el rumbo: “Que nunca dejen de enviarme un relámpago”, y se refiere a la tierra, al terruño abierto bajo el cielo cargado de energía, de los ríos que secundan sus deseos, sus viajes, su travesía por las palabras y por el polvo de tantos caminos, desde su natal Arismendi hasta Valencia, sin dejar de nombrar al padre, suerte de mímesis ontológica, de espíritu ambulante en el espíritu inquieto del poeta.

Avenida Cedeño de Valencia. Fotografía de Richard Montenegro


Ver a este hombre caminar por la calle Cedeño, detenerse en cualquier esquina de su ciudad, porque Valencia es su ciudad populosa como Arismendi su pueblo natal visto desde la quietud de las nubes, verlo –digo- entrar o salir de un edificio y observar su andar, nos permite advertir que estamos frente a un personaje de ayer que se incorpora a diario al hoy de estos avatares, de esta su memoria cargada de nostalgia, por eso siempre dice “ponerle poesía al viaje”.

Adhely Rivero, Carlos Osorio y Enrique Mujica


Desde su perspectiva, de la realidad que nos incumbe ha escrito: “Los gobiernos y los toreros son imbéciles”, y sigue su andar campesino con la mirada aguda, puesta en la verdad que acaba de mencionar. Y no deja tampoco de ser la tierra desde el polvo de sus muertos en los pequeños cementerios de la memoria, medidos con precisión para que puedan caber los parientes en sus tumbas. 

Orlando Araujo

Y menos deja de ser un compañero de viaje desde la pasión de Orlando Araujo. O un amante quien asume sus riesgos y los publica “en su óseo cajón de ternura”.

Ha llegado el poeta a sostener el aliento: mira desde la casa que imagina, en la que vivió de niño, el horizonte y silba con la boca seca: “El tiempo no se ahorra/ no se puede guardar para más tarde”.



En este libro está todo el poeta de sus libros anteriores. Es el mismo poeta de sus versos traídos en la chácara del corazón. Y por eso seguimos con él bajo el cielo abierto mientras todas las sabanas del Llano venezolano se convierten en poesía.





*******




Adhely Rivero nació en Arismendiestado Barinas,  Venezuela en 1954. Está residenciado en Valencia desde 1970. Licenciado en Educación mención Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. Fue Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, donde dirigió la Revista Poesía y coordinó el Encuentro Internacional Poesía de Universidad de Carabobo. Ha obtenido varios premios por su trabajo poético, entre ellos el Premio de Poesía Facultad de Ciencias de la Educación (dos años consecutivos) U. C. Premio ‘Miguel José Sanz’ de la Facultad de Derecho de la Universidad de Carabobo. Premio de Poesía de la Universidad de Carabobo. Premio de Poesía Universidad ‘Rómulo Gallegos’. Premio de Poesía ‘Cecilio Chío Zubillaga’ de Carora. Premio Único de Poesía 40 Aniversarios de la Reapertura de la Universidad de Carabobo. Ha publicado los libros: 15 Poemas (1984); En sol de sed (1990); Los poemas de Arismendi (1996); Tierras de Gadín (1999); Los Poemas del Viejo (2002); Antología Poética (2003); Medio Siglo, La Vida Entera (2005); Half a Century, The Entire Life, (2009): versión al Inglés de Sam Hamill y Esteban Moore. Poemas (Antología editada en Costa Rica) (2009): Compañera (2012). Poesíe Caré, Poemas queridos (2016), Versión al italiano de Emilio Coco, publicado en Colombia. Está representado en varias antologías nacionales y en la antología italiana La Flor de la Poesía Latinoamericana de hoy, tomo I, II, editada en Italia, 2016. Ha participado en diversos e importantes Festivales de poesía a nivel nacional e internacional, entre ellos, el Festival Internacional de Poesía de Medellín, Colombia, en 2007 y 2016. Festival Internacional de Poesía Al-Mutanabi en Suiza. 2008. Festival Internacional de Poesía de Bogotá, Festival Internacional de Poesía del Mundo Latino, México. Festival Internacional de Poesía de los llanos Colombo-Venezolano en Yopal, Colombia. Feria Internacional del Libro de Bogotá, Colombia, Feria Internacional del Libro de Caracas, Venezuela. Festival Internacional de Poesía de Venezuela. Festival Internacional de poesía de los llanos colombo-venezolano en Arauca, Colombia. Encuentro Internacional Poesía Universidad de Carabobo, Feria Internacional del Libro Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela. Bienal Internacional de Literatura “Mariano Picón Salas”, Mérida, Venezuela. Sus poemas han sido traducidos al inglés, portugués, italiano, alemán, francés y árabe. La revista POESIA le rindió homenaje en su número 156.

 


*******







Alberto Hernández

Nació en Calabozo, estado Guárico, el 25 de octubre de 1952. Poeta, narrador y periodista. Se desempeña como secretario de redacción del diario “El Periodiquito” de la ciudad de Maracay, estado Aragua. 

Fundador de la revista literaria Umbra, es miembro del consejo editorial de la revista Poesía de la Universidad de Carabobo y colaborador de publicaciones locales y  extranjeras. Su obra literaria ha sido reconocida en importantes concursos nacionales. En el año 2000 recibió el Premio “Juan Beroes” por toda su obra literaria.

Ha publicado los poemarios La mofa del musgo (1980), Amazonia (1981), Última instancia (1989), Párpado de insolación (1989), Ojos de afuera (1989), Bestias de superficie (1993), Nortes (1994) e Intentos y el exilio (1996). Además ha publicado el ensayo Nueva crítica de teatro venezolano (1981), el libro de cuentos Fragmentos de la misma memoria (1994) y el libro de crónicas Valles de Aragua, la comarca visible (1999).  Recientemente ha publicado «Poética del desatino» y «El sollozo absurdo».


Enlaces relacionados:


COMPAÑERA de Adhely Rivero





ADHELY RIVERO ENTRE LA LÍNEA Y LA SOMBRA




Invitación al "Recital de Poesía" con los escritores Carlos Ochoa, Adhely Rivero y Carlos Villaverde este 29 de noviembre a las 10 am en la Galería Braulio Salazar




ADHELY RIVERO Y SU ÉNFASIS DEL AGUA EN “TIERRAS DE GADÍN”




ADHELY RIVERO Y EL PAISAJE DE ARISMENDI




GENTE ÍNGRIMA: LA SOLEDAD COMO ENCUENTRO



ADHELY RIVERO EN SOL DE SED





GENTE INGRIMA, DE ADHELY RIVERO





Invitación a la presentación del libro "Sabanas en el cielo" de Adhely Rivero este jueves 24 de octubre en la FILUC 2024





LOS POEMAS DEL VIEJO: IMAGEN Y MEMORIA





A CIELO ABIERTO, EL OTRO PAISAJE DE ADHELY RIVERO




Las SABANAS EN EL CIELO de Adhely Rivero





Teófilo Tortolero, caliéntame con fiebre de tu buena compañía en Nirgua




LA VIDA ENTERA (THE ENTIRE LIFE) DE ADHELY RIVERO




JOSÉ PULIDO: LA VOZ DE ADHELY RIVERO VIENE CON MÚSICA SOLEMNE




LA POESÍA DE ADHELY RIVERO: ROSTROS Y FULGORES DE UN PAISAJE





POESIE CARE – POEMAS QUERIDOS de Adhely Rivero




El sutil hilo de la memoria poética de ADHELY RIVERO. 





Los 53 años de la Revista Poesía: Cauce y camino de los ríos encontrados



El poeta Adhely Rivero estará hoy, 28/06/2024, a las 11 AM en el programa radial "Mejor Vivir" de Arnaldo Rojas



Adhely Rivero: Cumplir 70 años... venirme a poner viejo ahora que me está gustando habitar bajo este cielo.




DAS SEELENFEL - CAMPO DEL ALMA. Un poemario bilingue Aleman-Español de Adhely Rivero




DAVID CORTÉS CABÁN: EL LIBRO DE CANOABO, DE ADHELY RIVERO proclama mediante la palabra bondadosa un sentido más lúcido y humano de la vida




UN HOMBRE SILBA CON LA BOCA SECA EN LA FRONTERA INVISIBLE DE ADHELY RIVERO



Disfruten el video del "Recital de Poesía" con los poetas Enrique Mujica, Carlos Ochoa y Adhely Rivero



"Recital de Poesía" con los poetas Enrique Mujica, Carlos Ochoa y Adhely Rivero el 7 de diciembre




La honda gratitud de Adhely Rivero hacia el entorno natural en su Mundo Poético



El poeta Adhely Rivero será homenajeado en la Filuc 2023



Los Poemas Queridos de Adhely Rivero



III Concurso literario de la Facultad de Derecho “Miguel José Sanz” en 1980



SEPARADOS EN EL TIEMPO Y EN EL ESPACIO (3)


viernes, 5 de enero de 2024

Alberto Hernández a José Pulido: La pobreza, ese látigo creado por el poder, nunca me alcanza porque la poesía siempre me rescata

 




Alberto Hernández, escritor venezolano: La pobreza, ese látigo creado por el poder, nunca me alcanza porque la poesía siempre me rescata.

Una entrevista de José Pulido



Me abruma el silencio dice el poeta Alberto Hernández


José Pulido domingo 16 de febrero de 2020





“El poeta es el centro ardiente de la vida de su época; nadie se relaciona tan intensamente con ella. Sólo el poeta es capaz de absorber la vida que lo rodea y expresarla entre acordes de música terrenal”. Lo escribió James Joyce y al apenas leerlo aparece la tentación de usarlo para describir al poeta, narrador y periodista Alberto Hernández. Aunque nosotros, por supuesto, lo conocemos más de lo que el ausente Joyce podría conocerlo. Es la única ventaja que le hemos sacado al autor del Ulises. Y no es poca. La amistad con Alberto Hernández es tan hermosa como la mejor novela.

Playa Grande. Choroní. Fotografía de Matthias Scholz


Alberto es la voz poética que a su vez difunde la poesía de otros. Es el cronista que respalda siempre la amorosa creación de los demás. Él es la humildad, la solidaridad, la total escasez de egoísmo. Y es un baluarte de la resistencia en esa sufrida Venezuela nuestra. Su voz se levanta desde la capital de la región donde yo nací y por ello me implico tanto en esta entrevista. Que quizá esté abrumada de amistad. Pero así se tiene que desarrollar. Los amigos no son una carga: son un camino.

Interior de la Plaza de Toros Maestranza César Girón en Maracay, Venezuela.Imagen de Bobjgalindo


Por la amistad es que, cuando escucho la palabra “Maracay”, pienso enseguida en Alberto Hernández, Harry Almela, la Maestranza, Las Delicias y en la certeza de que por ahí se va para Choroní, la cálida playa de los frescos arroyos.

Harry Almela y Alberto Hernández. Fotografía de Henry Cedeño. Imagen tomada de Aquí


(Pienso en la diamantina malcriadez de Harry Almela y el mimo hechicero disfrazado de Alberto Hernández; la editorial llamada La Liebre Libre; la poeta paisana digna de fe, Rosana Hernández Pasquier; Jesús Amado Esparza Suárez, el de las apasionadas sensaciones, Jorge Gómez Jiménez, el inquieto visionario; Eduardo Casanova, el de la memoria transparente; Ingrid Chicote, la poeta que trae los sonidos de mi casa, y pienso en su compadre, mi hermano Arnaldo, el tallador de santos, y en el inmenso Otilio Galíndez, el de la perfecta poesía cantada. Todos ellos son como la atmósfera de una melancolía. Y han estado a punto de escribir un evangelio en Maracay).



Entonces comienzo a preguntar y el poeta Alberto Hernández responde.


 



Nunca me he ido



¿Desde cuándo te fuiste de Calabozo?


En realidad, nunca me ido de Calabozo, porque siempre está en mis andares. Aunque sólo he vivido un año en mi ciudad. Nací en ella en el viejo hospital Las Mercedes. Pero fui engendrado en la cercana población de Guardatinajas y criado desde los cinco años en Valle de la Pascua, la tierra de mi padre.

Iglesia Santa Barbara de Guardatinajas. Fotografía de Rondoncamacho


No me he ido nunca de Calabozo porque Calabozo es la ciudad de Francisco Lazo Martí, Luis Barrios Cruz y Efraín Hurtado, entre otros, que no habiendo nacido allá, como Alfredo Coronil Hartmann, sostienen la crónica diaria de un orgullo que se concentra en las diversas actividades culturales y literarias que en la Villa de Todos los Santos se realizan a través del Ateneo de la ciudad. Y no me he ido de Calabozo porque parte de mi familia materna vive en la ciudad y mis amigos Rubén Páez Díaz, Gisela Egui, José Antonio Silva y Marcola Hernández, me llevaron de la mano para que nunca me fuera de sus calles y casonas.

Avenida Rómulo Gallegos. Valle de la Pascua. Fotografía de Gumer959


Tampoco nunca me he ido de Valle de la Pascua, donde creció mi infancia, donde están muchos de mis más hermosos recuerdos.



¿Desde cuándo escribes?


Tuve conciencia del “oficio” tardíamente, aunque, en Calabozo, precisamente, mientras estudiaba primer año de bachillerato, me publicaron un soneto en un periódico, Nuestra Tierra, dirigido por el negro Acosta. Ese texto lo cargaba siempre en la cartera y un amigo en Madrid me pidió para memorizarlo y lo perdió, no lo recuerdo. Conservaba en cuadernos poemas, relatos cortos, pensamientos. Pero nada más. No había nada serio.



Por supuesto, eso no era escritura. Eran impulsos bioquímicos del momento.

Pedagógico de MaracayInstituto Pedagógico de Maracay Rafael Alberto Escobar Lara (IPMAR)


Pero escribir, bueno, ya en el Pedagógico de Maracay. De muchacho en Valle de la Pascua, algunas lecturas de Andrés Eloy Blanco, Leoncio Martínez, Gallegos, Otero Silva, poemas sueltos que andaban por allí en algunas casas vecinas. Y las novelitas vaqueras que me ayudaron a escribir algunos cuentos y novelas. Todo eso me ha empujado a escribir. Mi padre jugó un papel fundamental. Él leía y escribía poemas muy de la época, un poco influido por Rubén Darío y otros poetas que él solía nombrar y hasta recitarlos.


En el Pedagógico de Maracay algunos profesores me empujaron a escribir. No puedo olvidar a los profesores Abel Torrealba y Francisco Rojas Pozo, entre otros. Y mucho antes, en Valle de la Pascua, a mi recordado maestro Rafael Vidal Guía. Esos señores me ayudaron a entender que había un gusanillo por allí echando vainas.


La palabra respetada

¿Y cuándo supiste a ciencia cierta que eres poeta?


Un día el profesor Abel Torrealba me calificó de poeta. Por supuesto, me inflé. Más tarde lo hicieron Manuel Bermúdez, Julio Miranda, Orlando Araujo, Luis Alberto Crespo, Alberto Patiño… eran tiempos de búsquedas, de muchos miedos, de tanteos.


Publicaba textos primerizos en los diarios de Maracay. Después en El Nacional (Papel Literario), en El Universal gracias a Patricia Guzmán; en El Diario de Caracas, gracias a José Pulido y Blanca Elena Pantin. Disfruto este recuerdo: la risa feliz de José Visconti y su grito: “¡Llegaron los poetas, que viva la locura!”, asomado desde su cubículo deportivo con la mirada puesta en la sala de redacción de Arte y Cultura. Ya se había ido Tomás Eloy Martínez. En El Globo con Eduardo Casanova. Y así, son tantas aventuras y amigos. Unos presentes y otros convertidos en figuras invisibles.


Pero decirme poeta, no. Nunca me he calificado como tal. Me parece como un acto de pedantería decir que soy poeta. Que lo diga quien lo crea así. Respeto mucho esa palabra. Sí, escribo poemas. Que haya poesía en ellos, bueno, eso me halaga. Y me hace sentir muy bien.


¿Cómo te alcanza la pobreza?


No me considero un hombre alcanzado por la pobreza. No tengo propiedades materiales. La pobreza es un destino terrible cuando se materializa. Ser pobre es un estar en el lugar no indicado. Como deja ver Juan David García Bacca: somos personas, pero a veces somos vistas como cosas, “cosificados”. La pobreza es una cosa. Nunca me alcanza porque no se lo permito. Respiro con palabras para que no me pongan al margen.



La poesía es un acto de rebeldía contra cualquier poder. Y la pobreza es un poder creado por otro poder. Cuando veo la ruina moral, la ruina humana traducida en cuerpo me envuelve la derrota que quieren que sea permanente. Entonces, llegan las palabras y me rescatan. Un rostro acuchillado por la miseria, que va más allá de ser pobre, traduce sin equivocación la perfidia y maldad humanas. Por eso creo que hay que motivar a quien hace de las palabras una herramienta para enfrentar todas las pobrezas.

La pobreza verbal está anclada en la miseria.


Llanos de Guárico. Tomada de Pinterest

 

¿Qué es el llano para ti?


El Llano, los llanos. Es una pluralidad de sentimientos y motivaciones. Es un legado. Es la herencia que mis abuelos y padres me han dejado. Los parientes míos que llegaron de Canarias y se instalaron en el fundo Los Isleños, por el lado de mi padre, esos que tienen sangre española e italiana, sumados a los de madre, también canarios y africanos, traducen desde su acento el Llano como figura real y literaria.




El Llano es un texto que nos recorre. Una poética del llano, la de Pancho Lazo Martí:


…el llano es una ola que ha caído, el cielo es una ola que no cae.


Mejor definición, no hay.

Y así la poesía: una extensión infinita. Muchos senderos, lugares que encontrar. El Llano, sus misterios, sus noches apretadas. Sus días en exceso soleados.

Mar seco y cielo. Agua y desierto. Silencio y poesía. Eso es el Llano para mí.



El idioma que hablo

Alberto Hernández y sus amigos


¿Cuál es tu gran pasión?


El idioma que hablo convertido en milagro. Es decir, la poesía, la escritura. Por allí se asoman siempre Sánchez Peláez, Eugenio Montejo, Rafael Cadenas, Elizabeth Schön, Miyó Vestrini, Hanni OssottSalvador Garmendia, Enrique Bernardo Núñez, Adriano González León… para nombrar sólo a algunos de mis amores venezolanos. Las palabras, el idioma español. Nuestro acento.

HANNI OSSOTT. Foto: Vasco Szinetar


Por supuesto, esa respuesta debe tener varios perfiles. Soy padre y como tal tengo en mis hijos y nietos la pasión más hermosa. Mis hijos son ese idioma que compartimos en poesía. Todos mis hijos son artistas, como muchos de mis sobrinos: el canto, la danza, la fotografía, la poesía… las palabras que nos unen y desunen a veces. Y vivir plenamente para poder disfrutar de esas voces, de esos sonidos e imágenes que nos elevan.

 

Alberto Hernández y Adriano González León

¿Qué le ha aportado el periodismo a tu poesía?


Hay una estrecha relación entre ambos oficios. Y digo oficio porque el periodismo, como la poesía, lo son, aunque se haya profesionalizado. Oficiar es darse. Es un servicio público. Y la poesía igual.


Del periodismo, el inmediatismo. El ojo presto a seleccionar lo que vale la pena escribir para revelar la verdad. Una verdad. La poesía es un ojo que lo mira todo: describe, detalla y hunde su puñal en lo más profundo. La poesía, al contrario, no tiene verdades. Ese inmediatismo favorece porque el que ejerce la poesía tiene la realidad tan cercana que la convierte en otro lenguaje, en otro estadio de conocimiento.


Una buena nota de prensa, concebida como proyecto verbal, podría acercarse a un poema. Ya los géneros han pasado por encima de los cánones. De manera que el periodismo ayuda a escribir, enseña a ver, a usar todos los sentidos. A perder el miedo.


¿Qué le ha aportado la poesía a tu periodismo?


Una mejor escritura. Una mirada más humana. La poesía, más allá de la ética, podría ser una maldición. El periodismo es una ética. Es un oficio donde se evidencia la realidad como evento terrible o auspicioso. Y la poesía también. Aunque no se mide la poesía con rasero de la moral. El periodismo informa, construye conciencia a través de un buen reportaje, de una opinión. Igual la poesía. Sólo que son técnicas diferentes en términos clásicos o tradicionales. Hoy día, en cambio, leo poemas como textos informativos o como reportajes. Una potente poesía joven está en eso y lo celebro. En estos tiempos aciagos la calle es un reportaje. Leo Patria, de Armando Rojas Guardia; Estado de sitio, de Rubén Osorio Canales; Salvoconducto, de Adalber Salas Hernández, Ojiva, de Néstor Mendoza; Los futuros náufragos, de Yéiber Román; Kerosén, de Valentina Fuentes; El jardín de los desventurados, de José Manuel López D’Jesús, y siento que el periodismo ha estado allí, como una enseñanza. Bien vale nombrar la experiencia de Miguel Otero Silva, Héctor Mujica, Sanoja Hernández, Oscar Guaramato, José Pulido, Uslar Pietri… el periodismo como otra mano para escribir poesía.




¿Qué le ha aportado el teatro a tu escritura?


La aventura. La acción, los diálogos. Si leo poesía en voz alta podría aparecer un personaje. Y ese personaje se traduce en lenguaje. Esa voz musical oficiosa, cuidada. Pero bueno, también aparecerán las opiniones de si es recitación o declamación, y las palabras “pavosa, retro”. La vieja universidad, tanto nuestra UCV como otras del mundo, tenían en sus programas la declamación como asignatura. Claro, no se va a parar usted a esta altura de la historia ante el público a engolar la voz o a hacer gestos teatrales. Claro, una cosa es la poesía y otra el teatro, pero se alimentan. Leer a Shakespeare o el teatro de Cervantes es declamar, en su original.


Hay una manera de leer, una manera de decir la poesía. Sin imposturas, sin monerías. No: se debe leer con claridad, con buena pronunciación. He ido a recitales de donde salgo mareado. El poeta o la poeta no saben leer. Medir los versos con la entonación. Oír, por ejemplo, a Neruda leyendo su poesía, es un verdadero sacrificio. Haber hecho teatro me enseñó a leer en voz alta. Así, la poesía es el personaje.


El silencio

¿Pensaste alguna vez que el país llegaría a estar como está?


A veces lo pensaba, pero como todo pendejo ilusionado, me desdecía. Con la madurez comencé a ver que algo iba a ocurrir. Yo venía de la militancia y había viajado un poco. Tenía como dirigentes a gente que estaba equivocada, pero era gente brillante, decente, leída. Escribía libros y sabía hablar. Esto que nos está pasando no tiene nada que ver con aquellas equivocaciones y con aquellos personajes ilustrados. En medio de la democracia hubo cambios de rumbo de algunos sujetos de esa dirigencia. Esto no tiene nada que ver con un Héctor Mujica, un Jesús Sanoja Hernández, un Moisés Moleiro, un Américo Martín, un Teodoro Petkoff… no, esta cosa es delincuencia común.

Teodoro Petkoff


Hoy, en medio de esta tragedia, hay que buscar la manera de salir de esto y repensar el país, hacerlo otro.





¿En qué lugares de tu caminar cotidiano sientes la falta de Harry Almela, y de tantos valores como él, que se nos han ido?


Coño, José, en el silencio. Me abruma el silencio. En la soledad. Con Harry visité muchos lugares del país. Leímos y discutimos. Harry Almela hace una falta muy grande. Por su inteligencia, su manera dura y a veces áspera de abordarlo todo y luego descubrirlo tierno frente a un niño o un amigo. Son tantos los compañeros de viaje que se han marchado con sus maletas a otro país del cual no retornarán.


En un café, en una sala de lectura, en las universidades, en las calles, en el nombre Mariara o Maestranza César Girón, en Instrucciones para armar el meccano, en muchos paisajes por donde camino se aparece un recuerdo y sonrío.

 

Iglesia de Mariara. Fotografía de Periergeia 



¿Hacia dónde va tu poesía?


No sé, querido amigo. Ella me llevará. No sé hacia qué lugar. Espero que me siga acompañando como sea: bien vestida, recién bañada, sucia, desnuda, loca, sorda o muda. Creo que seguiré el consejo de mi paisano y profesor Manuel Bermúdez, quien un día me dijo con su particular acento: “Tú eres poeta porque no eres sifrino”, y apuntó con el dedo hacia otro lugar. Por supuesto, risa para calmar la mirada de quien sigue siendo nuestro maestro.



Lo que se volvió poesía




¿Qué parte de Maracay se volvió poesía en ti?


Su gente. Hay lugares especiales, pero que hoy da dolor visitarlos. Esos inventos que Juan Vicente Gómez dejó como legado. Da pena sentirlos solos, inútiles. Quedan los recuerdos. Esta era una ciudad animosa, democrática, abierta, generosa. Lo sigue siendo, pero triste, desolada, embasurada, porque los invasores, para usar el título de una obra de teatro, han convertido la ciudad en un verdadero mercado de perversiones y negocios turbios.

Juan Vicente Gómez


Como toda ciudad militar, el asco es una normativa sanitaria.



¿Sufres la distancia, la separación de parte de la familia?


La separación…el éxodo, el exilio. Los hijos, los nietos, los amigos. Hace poco uno de esos casi atildados de la cultura de Maracay, solapado en una suerte de venganza personal y atávica, me dijo que no había exiliados, que había emigrantes económicos. Me dieron ganas de hablarle de Carlos Marx en el alemán que no hablo. Resulta que todo éxodo es político. La gente no se va porque no tenga qué comer, que es verdad que por eso se va, pero huye realmente por las criminales políticas económicas de los dictadores. La economía es manejada por entes políticos, por eso todo exilio, toda movilidad más allá de la frontera, lleva la marca política en la frente.


Hay mucha angustia y dolor. Los hijos y los nietos crecen en otros países mientras uno trata de crecer en el que nos hemos quedado. En el insilio que nos han impuesto. Son crecimientos, experiencias, aprendizajes. Todo aprendizaje tiene su lado doloroso.


Tomada de Letralia



*******


Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 



*******

José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.


Enlaces relacionados:
































26/12/2025
12/06/2024