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viernes, 26 de enero de 2024

En el duelo entre la ciencia y la Postverdad lo que más nos hace falta son las relaciones humanas, no el consumo.

 

Los participantes de Scientists for Future protestan en silencio por el clima. | Foto (detalle): POP-EYE/Stefan Mueller © picture alliance



CONFIANZA EN LA CIENCIA

De incertidumbres y esperanzas dudosas


Scientists for Future



¿Hay verdades objetivas? ¿Pueden ayudarnos a combatir el cambio climático? Dos miembros de Scientists for Future nos hablan de la relación entre la sociedad y los científicos, y de por qué a ellos normalmente no les gusta dar recomendaciones concretas.



Sra. Bühler, Sr. Landschoff, ¿ustedes dirían que se ha reducido la confianza en la ciencia en los últimos años, en particular en cuanto al cambio climático?


Janica Bühler: En los últimos años he tenido la sensación de que la confianza en la ciencia más bien ha subido. Durante la pandemia de coronavirus, por ejemplo, el podcast del Prof. Dr. Drosten ha tenido bastante éxito, y muchas personas lo escuchan. El discurso climático ha pasado un poco a segundo plano durante la pandemia; antes tenía la sensación de que cada vez más conocidos me pedían que les aclarara el contexto. Por otro lado, también es cierto que el otro extremo se ha radicalizado. Hay gente que cree que los científicos solo dicen tonterías. En general, me queda la sensación de que hay más personas que confían en la ciencia y pocas, pero lamentablemente muy ruidosas, que la contradicen. 

Janica Bühler


Jöran Landschoff: Estoy de acuerdo. La verdad es que la ciencia está en crisis desde inicios del siglo XX. Antes se creía que la ciencia era algo fundamentalmente positivo. Ni siquiera se planteaba la posibilidad de su mal uso. Pero con las catástrofes del siglo XX quedó claro qué tan peligrosa puede llegar a ser. El régimen nazi también se entiende como una perversión de la ciencia ilustrada: los científicos y los médicos hicieron experimentos con personas en nombre de la ciencia y justificaron el racismo. Luego se desarrolló la bomba atómica. Todo eso son cosas que socavaron la confianza en la ciencia, y con razón.


¿Quedan aún verdades científicas en tiempos de la postverdad?


Jöran Landschoff: Justo a esta pregunta me refiero cuando hablo de que se socavó la confianza en la ciencia. Voy a poner un ejemplo: ahora está habiendo grandes debates sociales sobre género y racismo, pero también sobre la verdad. Hay un montón de argumentos y de investigaciones con perspectivas de lo más dispares. Se puede llegar a distintas conclusiones con los mismos datos. Eso lo reconoció la ciencia hace poco menos de cien años y con esa reflexión se ató la soga al cuello. De ahí viene la postverdad. Pero claro que tenemos sistemas de control. Nuestro mundo académico se basa en que nos leemos todo mutuamente y en que presentamos nuestros argumentos de forma pública, justo para que la gente los pueda criticar.


Janica Bühler: Por “verdad” nos referimos a varias cosas. En primer lugar está la “verdad” objetiva de las matemáticas. En algún momento acordamos ciertos axiomas, y a partir de ellos se pueden demostrar verdades subsecuentes. Es el típico “2+2=4”. Sin embargo, en cuanto uno se especializa o intenta aplicar ese conocimiento, tiene que hacer muchos supuestos o trabajar con incertidumbres. Ahí ya no hay verdades objetivas y siempre se tienen que incluir los supuestos y las incertidumbres en la interpretación. Justo por eso en las ciencias naturales usamos, entre otras cosas, mucha estadística y cálculo de errores, en los estudios hay grados de probabilidad y barras de error. Pero que los resultados solo sean probables bajo ciertos supuestos no significa que sean falsos. 


¿Qué tendría que suceder en la sociedad, los medios, la política y también de parte de los representantes de la ciencia, para promover el reconocimiento del conocimiento científico?


Janica Bühler: Suena un poco trillado, pero cada quien tiene que aprender a manejar esos datos. Cuando venía saliendo de la física cuántica, tuve que aprender a interpretar datos climáticos. Vería con muy buenos ojos que se enseñara (más) estadística en la escuela. Sin un conocimiento básico de ella te pueden tomar el pelo muy fácil. Además, los procesos científicos deben ser más transparentes. En eso está habiendo progreso: el podcast del Prof. Dr. Drosten ha captado y explicado muchas incertidumbres bastante normales e importantes para cada ciencia, y seguro por eso tiene tantos seguidores.

Jöran Landschoff


Jöran Landschoff: Sí, justo es importante manejar las incertidumbres de forma transparente. La población probablemente incluso lo recompense con más confianza. En la ciencia misma yo pediría que lleváramos nuestras investigaciones más al límite para ver en qué situaciones valen los resultados y en cuáles ya no. En los medios y en la política debe haber una comunicación más abierta sobre lo que significa que algo esté “científicamente comprobado”. Eso no significa que ya sea correcto y no se pueda desmentir nunca.


¿Quizá por la urgencia sea más importante hacerle caso al conocimiento científico y entenderlo justo en el caso del discurso climático? ¿Será la única manera en la que pueda haber un cambio?


Jöran Landschoff: Sería muy fácil contestar con un “sí”. Pero si nos fuera tan fácil, no seríamos científicos. La gente no cambia su conducta por ver una gráfica sobre la temperatura. Muchas personas siguen creyendo que faltan datos, pero los datos están disponibles para todos. Solo hay que deducir lo que hay que hacer a partir de ellos. Y eso no lo puede hacer la ciencia. Claro que sabemos que tenemos que reducir las emisiones y, por ejemplo, comer la menor cantidad de carne posible. Pero cada cambio esconde efectos secundarios, y las cosas se complican muy rápido.



Janica Bühler: En el caso específico del cambio climático, sabemos desde hace mucho que el calentamiento está provocado por una mayor cantidad de gases invernadero en la atmósfera, que el aumento de la temperatura fue causado por los seres humanos y que las consecuencias podrían ser desastrosas. Por eso no nos podemos quedar solo escuchando y perdernos en los detalles de la investigación; hay que actuar para evitar ciertas consecuencias, aunque en principio yo también contestaría la pregunta con un “sí”. 


Scientists for Future se declara a favor de las recomendaciones de acción directa y apoya algunas de ellas. ¿Qué función desempeña la iniciativa en el discurso climático, y cuál debería desempeñar?


Janica Bühler: Nosotros formamos parte de la escena del activismo climático en Alemania. Nos consideramos comunicadores entre los distintos grupos. Los activistas de Fridays for Future se han movido mucho en los últimos años. Nuestra labor es más bien de apoyo. Nosotros fundamentamos científicamente las huelgas. Pero hay que tener cuidado: no todos somos científicos climáticos e incluso los que lo son están muy especializados, como yo, por ejemplo. Nosotros como individuos tampoco somos expertos en todo lo que pasa en el sistema del clima. Por lo tanto, mi opinión personal no está mejor fundamentada en ciertos temas que la de un político o un ciudadano bien informado. Por eso apreciamos que las ramas de la ciencia más dispares estén presentes en nuestra red.


Jöran Landschoff: Eso también ha provocado que hagamos labor educativa. Como grupo regional de Heidelberg, tenemos una lista de oradores expertos que compartimos cuando nos la piden. También queremos ir directamente a las escuelas a informar a los alumnos. En el mundo académico mismo también queremos despertar consciencia sobre el cambio climático. Así nos salimos del papel clásico de científicos, pero lo tratamos abiertamente.


La crisis del coronavirus puso muchas cosas patas arriba. Por un lado disminuyen un poco las emisiones; por el otro, aumenta el uso de cubrebocas desechables, guantes de plástico, etc. ¿Cómo creen que salgamos de la crisis? ¿Son optimistas o pesimistas respecto al desarrollo


Jöran Landschoff: Yo siempre soy más bien pesimista. A pesar de los movimientos sociales, se ha demostrado que la política, la economía y la sociedad son sistemas bastante rígidos. Se habla de cosas comprobadas aunque nunca se hayan comprobado. Por ejemplo, es obvio que tenemos un gran problema de consumo. ¿Y la respuesta es que debemos seguir aumentando el crecimiento económico? Además no hay un gran interés por impulsar la producción ecológica de bienes ni por las cadenas de suministro locales. Para mí, el manejo de los grandes mataderos durante el verano fue sintomático. Ahí hay una catástrofe social y ecológica a la vista de todos, y no cambió prácticamente nada.



Janica Bühler: Yo creo que hay que verlo por separado. Este año demostró que tanto consumo quizás no lleve a la felicidad. Para muchas personas, la pandemia fue una experiencia existencial. Nos obligó a reconocer que lo que más nos hace falta son las relaciones humanas, no el consumo.

 

Otros sucesos pasados también me han dado esperanza: por ejemplo, el agujero en la capa de ozono. En la primera conferencia al respecto se acordaron medidas totalmente insuficientes. Ahora se ha vuelto natural que no se emitan clorofluorocarbonos (CFC). Claro que, desde el punto de vista político, el cambio climático es mucho más complejo, pero algo está cambiando. También hay avances positivos en la transición energética. Puede que a los inversionistas no les interese mucho la sustentabilidad, pero incluso ahí se ve que cada vez financian menos empresas sin una gestión de riesgos realista y que no se preparen para el cambio climático. Sigue siendo demasiado lento, pero hay avances.


Jöran Landschoff: Es cierto, y si no me quedaran esperanzas a pesar de todo, no sería integrante de Scientists for Future.

 

diciembre 2020

Fridays For Future + Scientists for Future - Save this world - Charity song





Jöran Landschoff


Jöran Landschoff es lingüista y doctorante en la Universidad Ruprecht-Karls de Heidelberg. Janica Bühler es doctorante en el Instituto de Física Ambiental de Heidelberg. Ambos son miembros de Scientists for Future Heidelberg. Scientists for Future es una asociación interdisciplinaria de científicos comprometidos con un futuro sustentable.


Traducción: Del alemán por Hugo López Araiza Bravo


Copyright: © Goethe-Institut e. V., Online-Redaktion


Tomado de la Revista Humboldt


martes, 16 de enero de 2024

LAS BIBLIOTECAS VERDES SON AQUELLAS QUE REACCIONAN A LOS CAMBIOS SOCIALES

 


Dachgarten der Warschauer Universitätsbibliothek. | Foto (Detail): © Adobe


BIBLIOTECAS VERDES

“Tenemos que reaccionar a las transformaciones sociales”

EV

 Eleonore  von Bothmer





Mucho más que un lugar para lectores apasionados: ¿la biblioteca del futuro tendrá una huerta en la terraza y un café de reparaciones en el sótano? Tim Schumann, colaborador de la biblioteca Heinrich Böll del barrio de Pankow, Berlín, y cofundador de la Red de Bibliotecas Verdes explica por qué las bibliotecas públicas tienen que redefinir su papel.


Hace poco usted escribió ensayo en el que bosquejó una “utopía concreta” para las bibliotecas. Allí las abejas zumban en el techo verde y en el sótano se reparan bicicletas. En las salas de lectura hay gusanos que descomponen los residuos orgánicos y personas mayores se juntan con refugiados en diferentes acciones y actividades. ¿Es eso lo que está detrás del concepto de Bibliotecas Verdes?


Tim Schumann trabaja en la biblioteca Heinrich Böll del barrio de Pankow, Berlín, y es colaborador de la Red de Bibliotecas Verdes  Tim Schumann trabaja en la biblioteca Heinrich Böll del barrio de Pankow, Berlín, y es colaborador de la Red de Bibliotecas Verdes. Foto: © privat


Me gusta la definición general de que una biblioteca verde es aquella que reacciona a los cambios sociales, y lo hace en combinación con el nuevo papel de las bibliotecas, sobre todo de las públicas, que están evolucionando a lugares donde lo importante no sólo son los libros sino también las personas y su interacción. Las bibliotecas verdes acercan a los visitantes a temas como el clima, la protección del medio ambiente y la sustentabilidad y no sólo con libros, también mediante actividades. Ese es el aspecto social. Un aspecto arquitectónico puede ser la instalación de placas solares en el techo, y que en los espacios verdes haya jardines que atraigan abejas y que adentro se use la menor cantidad de energía posible.

 

¿De dónde viene originalmente el concepto de Bibliotecas Verdes?


Por lo que sé la idea surgió en los Estados Unidos a comienzos de los años setenta. En principio se trataba de una construcción más ecológica, pero pronto el aspecto humano pasó a ser lo central. Por ejemplo, se comenzó a promover con información que la gente llevara una vida sustentable. A principios del tercer milenio la idea fue llegando poco a poco a Alemania.


¿Por qué las bibliotecas son especialmente adecuadas para la implementación de principios de sustentabilidad?


Las bibliotecas son cada vez más eso que se conoce como “tercer lugar”. Es decir, un lugar donde la gente puede estar y “pasar el rato”, donde familias completas pueden pasar la tarde y alumnos y alumnas pueden hacer sus tareas. Esa es nuestra característica distintiva: poner a disposición de modo amplísimo un lugar que se puede usar gratis.

 

Y si la “utopía concreta” se hace realidad, también se podrá pedir prestada una perforadora (en la biblioteca de las cosas) o una bicicleta (en el taller)…


Exacto. Compartir cosas es algo que refuerza la cohesión social y las bibliotecas públicas están predestinadas para eso. Como biblioteca tenemos que reaccionar a enormes tareas sociales. Hay mucho potencial en el establecimiento de Bibliotecas Verdes que se planteen metas sociales altas.



¿Hay algo como pioneros de la Biblioteca Verde?


Hay muchos proyectos estupendos, también en el plano internacional. La biblioteca municipal de Osnabrück, por ejemplo, tiene proyectado construir una “casita” que será una Biblioteca Verde Juvenil. En Dinamarca se integraron duchas para las personas sin hogar. Ahí pesa mucho entonces el aspecto social. Otras bibliotecas son casas pasivas o tienen placas solares en el techo. En Senegal hay una biblioteca que recoge el agua de lluvia y con eso se riega el jardín.


¿Son esos los proyectos que le interesan a la Red de Bibliotecas Verdes y a la iniciativa Libraries4Future?


La Red de Bibliotecas Verdes se propone fortalecer el tema sustentabilidad y hacer que las bibliotecas de Alemania, Austria y Suiza tengan un papel mucho más activo. En concreto se trata de intercambios y de anclar institucionalmente los temas de sustentabilidad y protección del medio ambiente. Todavía la red está en formación y buscando su propia estructura. Además, durante la pandemia del Coronavirus todo se ha dado de modo virtual. A pesar de todo, nuestros encuentros tuvieron buena resonancia. Los Goethe-Institut, por ejemplo, estuvieron muy bien representados. La iniciativa Libraries4Future funciona de modo global, pero en un nivel más individual.

Kampagnenfilm #Libraries4Future




¿Qué se debate, por ejemplo, en esos encuentros?


Un tema, por ejemplo, es la envoltura de los libros, que en cierto modo es algo sagrado en las bibliotecas. Con las envolturas se quiere proteger los libros, pero obviamente son de plástico. Entonces se plantea en seguida la pregunta: ¿realmente es necesario? Como biblioteca pública a menudo tiramos libros, pero ahora separamos la parte interna de la envoltura exterior. De otro modo, todo termina siendo residuo especial.


¿Es bien recibida la idea de una biblioteca que no sólo presta libros sino que al mismo tiempo se entiende como servicio social?


Los usuarios y usuarias a veces preguntan: ¿qué es todo esto? Pero como dije, se trata del nuevo papel de las bibliotecas, que acercan no sólo los libros sino a las personas entre sí, ya que son portadores y portadoras de saber. De este modo, la biblioteca sigue siendo fiel a su misión de transmitir conocimiento. También recibimos reproches de que abandonamos nuestro papel neutral. Pero debemos reaccionar a los cambios sociales y no tenemos tiempo para la neutralidad. Si me pregunta, le diré que no estamos frente una crisis climática sino al borde de un colapso climático. Tenemos que actuar y ayudar a las personas a abordar esos cambios. Como biblioteca podemos y debemos hacerlo.


febrero 2021




Eleonore von Bothmer es periodista y traductora independiente. 


Traducción: Nicolás Gelormini


Tomado de Revista Humboldt


Alemanes ¿ratones de biblioteca?


El auge de los libros impresos en Alemania



La Biblioteca del Año ! Que ver en Stuttgart ? StadtBibliothek






Bibliotecas Verdes 2021 - Proceso de construcción



¡Ganamos! La Biblioteca EPM es la Mejor Biblioteca Verde del Mundo - Fundación EPM





domingo, 3 de diciembre de 2023

Un buen flujo de ciclistas en una ciudad garantiza un saludable corazón urbano

 

Imagen tomada de Ciclosfera

Estimados Liponautas

En una sociedad como la nuestra donde impera el malgasto de recursos a causa del consumismo desenfrenado que nos envuelve un buen flujo de ciclistas en una ciudad garantiza un saludable corazón urbano y una razonable manera de disminuir el consumo de combustible, la contaminación y el incremento de de la basura. Aunque cuando hablamos de Venezuela, donde  vivimos una situación muy particular ya que el salario mínimo mensual en Venezuela es de 130 bolívares que son aproximadamente equivalentes a 3,70 dólares y la bicicletas nuevas en promedio están valuadas sobre los 150 dólares. No porque la mayoría de los venezolanos ganemos un salario miserable, eso se ve reflejado en un menor despilfarro y malgasto de recursos, ya que hay una minoría poblacional con ingresos muchísimos mayores que viven el consumismo galopante a todo dar. Solo hay que ver la cantidad de Toyotas Thundra y otros carros más costosos rodando por las calles en Venezuela.


A pesar de que en Valencia y Venezuela veamos mas ciclistas , eso no implica que el corazón de nuestro país esté saludable...


Atentamente 


La Gerencia

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“La movilidad en bicicleta es un sismógrafo de la urbanidad”


 Judith Reker

La explanada de la estación de Nørreport en Copenhague, Dinamarca.

Fotografía (detalle): © Rasmus Hjortshøj – COAST









¿Cómo será el tráfico en las ciudades del futuro? En la exposición “Fahr Rad! Die Rückeroberung der Stadt”, el Museo Alemán de Arquitectura de Fráncfort enseña por qué todos los caminos llevan a la bicicleta.

 

El primer carril bici rápido de Alemania recorre nada menos que 101 kilómetros entre las ciudades de Duisburgo y Hamm, en Renania del Norte-Westfalia. Con un ancho mínimo de cuatros metros, ofrece espacio a ciclistas y peatones, sin apenas cuestas. Fotografía (detalle): © Opterix, Johannes Kassenberg





En todo el mundo, las ciudades están ganando tamaño y densidad: desde 1950 se ha duplicado la población urbana, y desde 2007 vive en centros urbanos más de media humanidad. Según estimaciones de la ONU, para 2050 serán ya dos tercios. Para que la vida en las ciudades siga siendo vivible, hace falta mucho espacio, en forma de plazas y superficies verdes y sin edificar. Pero está también la cuestión de las redes viarias, que en los centros urbanos, con frecuencia antiguos, están llegando ya a sus límites. La exposición Fahr Rad! Die Rückeroberung der Stadt  (“¡En bicicleta! La reconquista de la ciudad”) del Museo de Arquitectura de Fráncfort mostró cómo la bicicleta podría ser el medio de transporte del futuro examinando ciudades como Copenhague, Nueva York, Karlsruhe y Oslo. Conversamos con sus comisarias, Annette Becker y Stefanie Lampe.


El nuevo tren de tranvía que une desde 2015 las ciudades estadounidenses de Portland y Milwaukie, está flanqueado por espacio de unos doce kilómetros por vías ciclistas y peatonales. Foto (detalle): © C. Bruce Forster



“La reconquista de la ciudad”... La frase suena como si se tratara de restaurar un estado de cosas que existió alguna vez. ¿Es que nuestro futuro está en el pasado? 

 

Annette Becker: “Reconquista” se refiere esencialmente a la oferta de espacio. Hace poco vi un óleo del siglo XIX en el que aparecía representada una calle de París que sigue siendo utilizada hoy. Por la calle, grande, circulaba un carruaje. Uno nada más. Esa era a finales del siglo XIX la intensidad de tráfico para la que están hechas muchas de nuestras calles. Pero entretanto, por supuesto, han cambiado muchas cosas. Por eso se trata de reconquistar, en concreto de reconquistar espacio. 

 

La nueva plaza de la estación de Nørreport, en Copenhague, Dinamarca, ofrece abundante espacio despejado y 2.500 plazas para aparcar bicicletas.
Foto (detalle): © Lars Rolfsted Mortensen




Barbara Lenz, que investiga el tráfico rodado, ha escrito que “reconquista” suena aquí casi como una campaña militar.

 

Becker: Para nosotras no se trata de hacer trabajo de lobby en favor de la circulación en bicicleta. Pero sí nos llamó la atención un punto decisivo mientras revisábamos tantísimos proyectos internacionales de movilidad a la altura de los tiempos: la circulación en bicicleta es un sismógrafo de la urbanidad. Cuando en una ciudad se puede ir en bicicleta sin problemas, cuando, por tanto, hay buenos carriles ciclistas y, también, superficies verdes suficientes, son indicadores de que esa ciudad tiene alta calidad de vida. Por eso le vemos sentido a intentar que se imponga esa ciudad preparada para la bicicleta.

 

El Passeig de St Joan de Barcelona, España, se sometió a una reforma pensada ante todo para peatones y ciclistas, con abundantes puntos de asiento y superficies verdes y para jugar.Foto (detalle): © Adrià Goula

¿Qué opinión predomina al respecto en la sociedad alemana? ¿Existe consenso acerca de que lo que queremos conseguir es un espacio público preparado para la bicicleta?

 

Becker: No es un tema que interese directamente a todo el mundo. Para muchas personas, el interés principal está en cómo resolver su propia movilidad personal. Pero así, por supuesto, usted no podría hacer que se desarrolle una ciudad, ni ninguna comunidad. Yo diría que hay consenso acerca de que de alguna manera tenemos que mejorar nuestra movilidad, una conciencia que termina llegando seguro cuando todas las mañanas hay que meterse en un largo atasco para llegar a la ciudad. 

 

El Lightpath de la localidad neozelandesa de Auckland transforma seiscientos metros de infraestructura para una autopista en una vía ciclista en zona urbana.Foto (detalle): © Monk Mackenzie Architects

Stefanie Lampe: Hay que añadir otro aspecto: casi todas las ciudades están creciendo, el siglo XXI va a llamarse también el siglo de las ciudades. Cada persona en su propio automóvil: esto ha dejado simplemente de ser una opción con la actual intensidad del tráfico. Muchas iniciativas ciudadanas, como los denominados “Radentscheide” (referéndum por la bici), muestran que cada vez más gente se está dando cuenta de que algo hay que hacer aquí. En estos referéndum, ciudadanos comprometidos de muchas ciudades alemanas están exigiendo la mejora de la circulación en bicicleta. En Berlín se ha logrado ya la primera ley sobre la bicicleta. Se aprobó en 2018 y ordena que la ciudad fomente la circulación en bicicleta. 

 

Becker: Para nosotras no se trata de demonizar el automóvil. Nuestra intención es una coexistencia pacífica. Pero el factor decisivo de esta coexistencia pacífica lo forman los espacios de nuestras calles, y no son algo que usted pueda ampliar. 

 

En Lillestrøm, Noruega, el aparcamiento de bicicletas Sykkelhotell ofrece 394 plazas en 500 metros cuadrados.Foto (detalle): © Ibrahim Elhayawan

Además del problema de espacio, ¿qué otros argumentos hay en favor de la bicicleta?

 

Becker: Es rápida y no tiene complicaciones, y es divertida. 

 

Lampe: Es saludable y silenciosa. Y por último: el medio ambiente. Aunque, en cualquier caso, el aspecto medioambiental no es lo que hace que la gente utilice la bicicleta. Así se ve en encuestas hechas en ciudades muy ciclistas como Groninga o Copenhague: si la gente usa la bici, lo hacen porque –por lo menos en trayectos más bien cortos– es el medio de transporte más rápido y más práctico. 

 

El Parque Buffalo Bayou es todo un oasis urbano en la ciudad estadounidense de Houston: la zona verde se extiende por 64 hectáreas, con más de 14.000 árboles, y es a la vez un importante canal urbano para la prevención de inundaciones. Foto (detalle): © Jonnu Singleton/SWA

Hablemos de estética: ¿serán nuestras ciudades más bonitas cuando el espacio público esté más marcado por la bicicleta? 

 

Lampe: Pensamos que el espacio público será más bonito, sí. Me parece que hemos encontrado buenos ejemplos que así lo demuestran. Siendo un museo de arquitectura, dimos importancia, por supuesto, a exponer proyectos urbanísticos de alta calidad estética.

Un puente, una escuela de primaria y un parque público: tal ofrece el área del puente Dafne Schippers de Utrecht, de unos 100 metros de largo, en los Países Bajos. Foto (detalle): © Jeroen Musch


 

Entre los ocho ejemplos de Europa y también otras zonas elegidos para la exposición, ¿hay uno cuya estética las haya entusiasmado en particular?

 

Lampe: Barcelona.

 

Becker: Barcelona. El bulevar Passeig de St. Joan es sencillamente increíble. Un proyecto en el que convergen de manera modélica planificación urbanística, planificación viaria y, sobre todo, arquitectura paisajística, para crear nuevos espacios de estancia con mucha calidad. Con muchos puntos de asiento, nuevas superficies verdes y para jugar, el espacio público se revaloriza para todos, no solo para los ciclistas. En cuestiones de diseño, hay ciudades que siempre están ahí en posición puntera, y Barcelona es una de ellas sin la menor duda. 

 

En sus 312 metros de largo, el puente de Moreelse, en la localidad holandesa de Utrecht, permite transitar a peatones y ciclistas desde el parque del mismo nombre y el centro antiguo del oeste de la ciudad hasta la zona urbana en crecimiento y el nuevo distrito de negocios al este.
Foto (detalle): © cepezed - lucas van der wee



En Alemania, el término “espacio público” tiene también una connotación filosófica. Filósofos como Jürgen Habermas o Hannah Arendt han estudiado lo público como un factor político entre otros aspectos. Simplificando la pregunta: si hubiera menos personas circulando por una zona en automóvil, es decir, aisladas entre sus propias cuatro paredes, ¿tendría esto importancia para la comunicación social? 

 

Lampe: Consideramos con toda claridad que existe potencial para un cambio. La bicicleta es también, a este respecto, un medio social de transporte. Con la bici no me estoy desplazando en una cápsula de acero, sino que interacciono con el espacio y las personas que hay en torno. En sentido literal, estoy experimentando de otra manera el espacio urbano, lo estoy percibiendo de otra manera. Aquí interviene también el cambio de velocidad: cuanto más rápidamente atravieso un espacio, tanto menos voy a percibir de él. 


Para finales de 2018 está prevista la terminación del edificio de aparcamiento para bicicletas en la estación de Utrecht, que ofrecerá espacio para 13.500 bicicletas.
Foto (detalle): © Ector Hoogstad Architecten – Petra Appelhof




julio 2018

Judith Reker es periodista freelance y reside en Fráncfort del Meno.

Traducción: Augusto Gely Alonso

Copyright: Texto: Goethe-Institut, Judith Reker. Este texto ha sido publicado bajo licencia Reconocimiento-CompartirIgual 3.0 Alemania Lizenz.

Tomado de Revista Humboldt


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jueves, 21 de septiembre de 2023

A menor diversidad ecológica habrá mayores brotes de enfermedades infecciosas

 

Deforestación para plantar soja en el Chaco, en América del Sur (© Jim Wickens / Ecostorm & MPD01605 / Flickr - Collage Rainforest Rescue - CC BY-SA 2.0). Imagen tomada de Salva las Selvas.


Estimados Liponautas


Hoy compartimos con ustedes esta nota de la Revista Humboldt que nos parece bastante relevante. Si algo es claro en la actualidad es la tendencia indetenible por parte de nosotros  de invadir los pocos espacios silvestres que aún existen y de complicar la sobrevivencia de otras especies al modificar o asesinar su entorno vital. Esos espacios aislados ante la humanidad por periodos de tiempo indeterminados pueden ser y son un saco que almacena diversas enfermedades infecciosas desconocidas y que traeremos a nuestra sociedad por nuestra indetenible manía de encajar en el suelo virgen nuestra pua urbanizadora infecciosa.  Pero ya pasamos una larga cuarentena por una pandemia, quizá ya nos acostumbramos a vivir enclaustrados con grilletes digitales.

Es muy probable que tengamos mas espacio libre para disfrutar, claro las próximas epidemias acabara´n con unos cuantos de nosotros. Tengamos la mascarillas a la mano, ahora vendrán con nuevos diseños y con WiFi incorporado...

Esperamos disfruten de la entrada


Atentamente


La Gerencia.


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Pérdida de ecosistemas y brote de enfermedades


 María Toledo-Garibaldi


Tras la rápida tala de selva tropical para las plantaciones de aceite de palma, como sucede aquí en Borneo, se ha observado un aumento de los casos de malaria. 



Tras la rápida tala de selva tropical para las plantaciones de aceite de palma, como sucede aquí en Borneo, se ha observado un aumento de los casos de malaria. | Foto (detalle): Zoonar | Georg A © picture alliance




Existen muchas pruebas de que la pérdida de biodiversidad en los ecosistemas puede influir directamente en el surgimiento de enfermedades como el COVID-19. Parte de la solución está en aprender y adoptar prácticas sostenibles a pequeña y gran escala.


Los humanos estamos destruyendo los ecosistemas a un ritmo alarmante. Con la pérdida de biodiversidad, perdemos también los llamados servicios ecosistémicos, o sea, las muchas formas en que la naturaleza sostiene la vida humana. Estas incluyen, por ejemplo, la reducción de la contaminación del aire, la regulación de la temperatura, la filtración y purificación el agua y la polinización de cultivos. Además de la pérdida de estos servicios, la deforestación o la contaminación de los mares podrían tener otras repercusiones negativas y directas en la vida humana, como los brotes de enfermedades infecciosas.


En la mayoría de los ecosistemas existen virus, bacterias, hongos y parásitos que pueden causar enfermedades en la gente. Esto no quiere decir que los ambientes naturales son necesariamente fuentes de infección o lugares de riesgo para las personas. Todo lo contrario: Un ecosistema saludable, como un bosque que no ha sido alterado significativamente por el ser humano, ha desarrollado “defensas” ante la mayoría de patógenos que ahí habitan. Un ecosistema con alta diversidad de especies es más resistente a los impactos de los patógenos microbianos, porque hay más probabilidades de que algunas de las especies del ecosistema ya hayan desarrollado resistencia a la enfermedad. En un ecosistema saludable, si una especie resistente desaparece, otra nueva llega a ocupar su lugar. Ahora, en el escenario opuesto, ¿qué sucede en un ecosistema no saludable, deteriorado o destruido?


Si un ecosistema no es saludable, ya sea por la pérdida de biodiversidad, pérdida de hábitat, cambio de uso del suelo, contaminación o invasión de especies exóticas, es probable que esos biotopos y las especies que viven en ellos sean más vulnerables a los patógenos.


El brote de enfermedades forma parte de la historia de la humanidad. Sin embargo, me parece que cada vez hay más patógenos peligrosos para el ser humano, capaces de provocar más enfermedades. Esta percepción ha llevado a científicos como Kate Jones del University College en Londres o Andrew P. Dobson de Princeton University, a hipotetizar que puede existir una relación entre la pérdida de ecosistemas y su biodiversidad y los patógenos emergentes.


Equipos de veterinarios, biólogos de la conservación y ecólogos están tratando de entender la relación entre el uso agrícolo de la naturaleza y el surgimiento de enfermedades infecciosas. Por ejemplo, la organización EcoHealth Alliance ha desarrollado diversos proyectos de prevención de surgimiento de enfermedades infecciosas bajo una perspectiva de conservación de ecosistemas clave. Su proyecto “Predict” ha recolectado alrededor de 140,000 muestras de especies de vida silvestre consideradas de alto riesgo en Bangladesh, Costa de Marfil, República Democrática del Congo, China, Egipto, India, Indonesia, Jordania, Liberia, Malasia y Tailandia, para crear una base de datos de virus, con la intención de que, si uno llegara a infectar a los humanos, se pueda identificar más rápidamente. Otro de sus proyectos se dedica a estudiar los ecosistemas desde una perspectiva de manejo de flora y fauna silvestre, para evitar que los patógenos microbianos abandonen los bosques a través de huéspedes, como los humanos, lleguen a las urbanizaciones cercanas y eventualmente desencadenen la próxima pandemia.


La malaria, el Zika, el dengue, el chikungunya y la fiebre amarilla son enfermedades transmitidas por mosquitos, cuya incidencia, especialmente en regiones subtropicales, se ha relacionado con eventos de deforestación. Esto sucede porque las áreas recientemente deforestadas, con su combinación ideal de luz solar, agua y temperaturas cálidas, son el caldo de cultivo ideal para los mosquitos portadores de enfermedades. Esto, a su vez, pone en riesgo a las poblaciones cercanas. Por ejemplo, un estudio del 2009 detectó que la deforestación en el Amazonas peruano y las alteraciones ecológicas asociadas conducen a la presencia de larvas Anopheles darlingi -los huéspedes del patógeno que causa la malaria-, lo cual aumenta el riesgo de malaria para los habitantes de la región. En la isla de Borneo también se registró un aumento dramático en los casos de malaria tras la rápida deforestación para plantaciones de aceite de palma.   


Adicionalmente, el Instituto Internacional de Investigaciones Ganaderas (International Livestock Research Institute) reportó en 2012 que más de dos millones de personas en el mundo han muerto a causa de enfermedades zoonóticas, es decir, aquellas que son transmitidas de animales a humanos, como el SIDA, el Ébola y el Nipah.


Además, el Instituto Internacional de Investigación Pecuaria informó ya en 2012 que más de dos millones de personas en el mundo han muerto por enfermedades zoonóticas, aquellas que se transmiten de los animales a los humanos, como el sida, el ébola y el virus Nipah.


El VIH, por ejemplo, cruzó la barrera entre especies al pasar de los chimpancés a los humanos y la teoría más aceptada de cómo sucedió es que cazadores de carne de animales salvajes contrajeron el virus después de matar y comer carne de primates. En la actualidad, aproximadamente 38 millones de personas son portadoras del patógeno del VIH, que puede desencadenar el síndrome de inmunodeficiencia adquirida SIDA. El Ébola también pudo haberse introducido en la población humana por contacto estrecho con órganos, sangre y secreciones de animales infectados, como murciélagos frugívoros, chimpancés, gorilas, monos, antílopes o puercoespines. El virus de Nipah, que suele causar meningitis, se aisló por primera vez en Malasia en 1999 y se cree que se transmitió de murciélagos frugívoros a cerdos de granja, y posteriormente de cerdos a humanos.


En el caso del virus SARS-COV2, que causa la enfermedad COVID-19, los científicos aún no saben exactamente cómo infectó por primera vez a los humanos. Estudios apuntan a dos posibles teorías sobre su origen. Una es que el virus pasó de murciélagos a humanos a través de algún animal hospedero intermedio, ya que no hay casos documentados de transmisión directa murciélago-humano. La segunda teoría es que el virus podría haberse transmitido directamente a los humanos, residió entre ellos por un tiempo sin llamar la atención y, finalmente, evolucionó hacia su forma patógena actual, en la que continúa mutando. Según esta teoría, el coronavirus podría haberse transmitido de un pangolín a un humano.


Los ejemplos presentados buscan ilustrar cómo el surgimiento de enfermedades causadas por patógenos microbianos podría verse favorecida por la manera en que el ser humano trata a la naturaleza y los problemas medioambientales resultantes. Aunque esto sigue siendo controvertido en la comunidad científica, las investigaciones mencionadas apuntan a una conexión en ese sentido. El modelo extractivo y explotador de los recursos naturales, que incluye la urbanización, la deforestación, el desarrollo agrícola, la minería y el comercio de vida silvestre, se ven agravados con el cambio climático.

Imagen tomada de Salva las Selvas.


La solución no es simplemente mantener los ecosistemas intactos y sin humanos, ya que es imposible. Una respuesta a los crecientes problemas ambientales que nos afectan cada vez más es aprender y adoptar prácticas sostenibles aplicables a pequeña y gran escala. Es importante entender que existe una conexión inexorable entre la salud de los ecosistemas y la salud y bienestar humano. Todas las personas somos responsables de mantener un planeta saludable por nuestra sobrevivencia y la de todas las especies.

abril 2021

María Toledo-Garibaldi


María Toledo-Garibaldi es candidata al doctorado en silvicultura de la Universidad de Toronto. Durante más de diez años su trabajo de investigación se ha enfocado en ecología vegetal en diferentes tipos de vegetación de México, así como estudios ecológicos y de planeación del bosque urbano de la Ciudad de México. Por sus proyectos, María ha recibido diversos premios y reconocimientos, como el Doctoral Research Award por parte del International Center of Development Research (Canadá), Women for Climate de C40 Cities (Francia-México), así como financiamiento del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y del Instituto Mexicano de Cinematografía (México). María Toledo ha trabajado como docente en universidades de México y de Canadá y cuenta con diversas publicaciones en revistas científicas y de divulgación de la ciencia, así como entrevistas en diversos medios de comunicación.  


Tomado de Revista Humboldt