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lunes, 4 de noviembre de 2013

Aprender a través del intercambio.

El Consumo colaborativo:

usuarios conectados para compartir









 por: nicolas.boullosa


Con Internet, cualquiera puede ofrecer su propia caja de herramientas o lenguaje de patrones personal, y obtener a cambio el conocimiento de otros, a menudo enriquecido por la experiencia colectiva.
Sabemos desde los 90 que la Red ha cambiado nuestra manera de acceder a la información y comunicarnos; también se ha convertido en un punto de encuentro global donde encontrar personas con afinidades e intereses similares, o complementarios.
Se comparte información, pareceres y aficiones instantáneamente y sin límites geográficos. También se enriquece el conocimiento propio con aportaciones de otros: el consumo colaborativo se refiere a este tipo de transacción, a menudo informal, potenciada con las herramientas de información instantáneas, parecida al que tendría lugar en el mercadillo o el rastro de nuestro barrio o ciudad, pero capaz de abarcar cualquier punto del mundo.
Es algo ya prometido hace más de una década por autores y empresas, explicado por Tim O'Relly y Chris Anderson, entre otros, convertido ahora una realidad para la mayoria.
El fanzine Whole Earth Catalog ofrecía en su lema comercial "acceso a herramientas" a quien adquiriese aquel ecléctico compendio cultural y tecnológico de los 60, en el que se hablaba de diseño, técnicas de construcción artesanales o los primeros pasos de la informática. Las redes sociales y plataformas de intercambio entre usuarios, tanto de bienes físicos como de servicios y conocimientos, profundizan en el objetivo de aquel fanzine contracultural.


3D printing living up to its hype? Rise & fall of MakerBot
https://www.youtube.com/watch?v=rxManA_BWcQ


Aprender a través del intercambio
Siguiendo el modelo de las aplicaciones web con arquitectura de usuario a usuario (peer to peer, P2P, como la aplicación de telefonía IP Skype), o el de las redes sociales y sitios web que facilitan el intercambio, el consumo colaborativo describe la tendencia crítica con el consumo excesivo que fomenta modelos económicos en los que bienes, servicios y conocimiento son canjeados a través del trueque, el mercadeo o el alquiler.
La colaboración, formal o informal, entre personas de todo el mundo ha hecho posible Wikipedia, o el uso extendido en todo el mundo de productos culturales que optan por una licencia Creative Commons, que explica a usuarios potenciales qué derechos intelectuales sobre su obra desea mantener el creador, en ocasiones en función del uso que se haga de ésta.
El ser humano ha usado el intercambio de conocimientos y herramientas (colaborando o de modo hostil, a través de la conquista o el guerreo) como método de progreso y fomento del bienestar desde las sociedades de cazadores y recolectores, explica Jared Diamond en Armas, gérmenes y acero
Internet acelera el proceso y lo devuelve al individuo, que vuelve a ser artesano y a la vez consumidor, y se interrelaciona instantáneamente con cualquier persona en cualquier lugar del mundo. Permanece la ligazón tradicional, delimitada geográficamente y por las circunstancias sociales del individuo, aunque se superpone al anterior un tejido de intercambio y colaboración social sin fronteras.



Un mundo de usuarios-creadores
Muchos de estos intercambios basados en la colaboración tienen lugar entre usuarios convertidos en creadores, capaces de ofrecer un producto o conocimiento a cambio de otro, a través de un contrato formal o informal. En ocasiones, se trata del trueque de productos o servicios, capaz de beneficiar a ambos usuarios.
No importa lo minoritario que sea un interés o afición; Internet ha facilitado que los creadores (que a su vez son usuario) contacten con usuarios (que a menudo son creadores) si existe un interés por un producto o servicio.
En lugar de poder acceder a sólo un puñado de productos y servicios diseñados para las masas, ahora podemos buscar aquello que se adecue más a nuestras preferencias personales (el director de Wired, Chris Anderson, llamaba a este fenómeno hace ya unos años The Long Tail, o la larga cola de las aficiones e intereses, tan variada como la singularidad del propio carácter humano).
Ya no hay tantos productos como los que caben físicamente en la tienda, ya que el coste de mantener un inventario inacabable en Internet se acerca a cero, y la recompensa de hacerlo es indudable: vender una unidad, digital o física, de muchos productos "oscuros" puede ser tanto o más rentable que vender un producto popular, ofrecido por todos. La especialización, en ocasiones hasta niveles inimaginables, es recompensada en un mundo interconectado.


Imprimir productos, crear robots, diseñar e "imprimir" muebles
Tendencias complementarias, como el abaratamiento de las impresoras tridimensionales de código abierto (por ejemplo, MakerBot, impresora ofrecida por la empresa neoyorquina de Bre Pettisa quien entrevistamos en este vídeo hace unos meses), aportan pistas acerca de otro fenómeno, el de los usuarios inconformistas que, al no encontrar el producto o servicio deseado, simplemente lo crean.
Internet también permite que distintas empresas o usuarios intercambien productos y conocimientos para convertirse en inventores o creadores, no tan alejados de los del Renacimiento o la Ilustración.
Massimo Banzi, uno de los responsables de Arduino, una plataforma de hardware libre basada en una placa electrónica que puede ser adaptada y programada para cualquier uso imaginable, nos explicaba en una reciente entrevista que su proyecto tiene el potencial de convertir a cualquier persona en un creador de robots.
Otros proyectos, como el ideado por la empresa Ponoko, ofrecen a sus clientes los productos que ellos mismos diseñan. Ponoko ha sido llamada la Ikea del futuro porque facilita a cualquiera el diseño específico de mobiliario, que se convierte en un pedido electrónico procesado por el centro de impresión de la empresa más cercano al usuario, donde los bits se convierten en átomos.


Átomos: el consumo colaborativo y los productos físicos
Por ejemplo, a lo largo de los años, he acumulado centenares de productos culturales, tales como libros, cómics, discos compactos y películas DVD. Sincerándome conmigo mismo, difícilmente consultaré la mayoría de estos productos de manera regular.
Existen varias maneras de sacar partido a estos productos, que puedo ofrecer a mi círculo, o donar a una biblioteca, o vender en un mercadillo, o intercambiar por otros productos o servicios.
Como en otros ámbitos que afectan nuestra vida personal y profesional, Internet ha favorecido que nuestro círculo de acción, centrado hace unos años en un ámbito social y geográfico muy delimitados, se convierta en global en la actualidad. 
Cada uno de nosotros podría explicar decenas de experiencias personales en las que el consumo colaborativo ha enriquecido su experiencia y, por qué no, su calidad de vida. Si antes preguntábamos a amigos cercanos acerca de un producto o servicio determinados, ahora es posible enviar nuestro mensaje personal a una audiencia dispersa que puede estar en cualquier lugar del mundo.

El rastro global
El consumo colaborativo no sólo se refiere a bienes físicos. Muchos hemos notado cómo una cantidad cada vez más importante de nuestra atención está relacionada con información almacenada remotamente, a la que accedemos desde el ordenador, el teléfono, el libro electrónico, etcétera.
Informarse, consultar información técnica, compartir cualquier tipo de conocimiento, leer cualquier clásico libre de derechos de autor instantáneamente sin necesidad de acudir a la biblioteca y otras muchas actividades son más sencillas. Tanto, que crecen riesgos como el déficit de atención, o la frustración de percibir que en el nuevo medio también existe el riesgo de sentirse abrumado por la descomunal cantidad de información y ruido existentes.
Lo que está claro es que, en un mundo interconectado, nosotros decidimos si queremos ofrecer nuestros libros, discos compactos y películas, o incluso productos creados por nosotros mismos. Porque habrá alguien interesado que quizá pueda ofrecernos algo a cambio que nos resulte extremadamente útil.

Átomos con bits: pensando en servicios (no en productos)
La impresora 3D de código abierto MakerBot, la placa madre Arduino, el servicio de "impresión" de muebles (o Ikea del futuro) representado por Ponoko, la tienda electrónica de diseño "social" de camisetas Threadless, o el servicio que convierte a cualquiera en pequeño inversor de emprendedores Kiva.org, entre otros ejemplos, ilustran la pluralidad del consumo colaborativo en Internet.
En *faircompanies, también hemos comprobado que los artículos y vídeos que ilustran distintas facetas del consumo colaborativo mantienen su popularidad más que cualquier otra temática. Nuestra guía de ropa rediseñada, escrita por Kirsten Dirksen es uno de los artículos más visitados y citados del sitio.
Para muchos, ha llegado el momento de prepararse para fabricar productos propios, o intercambiar productos y cualidades por otros bienes o servicios en que estemos interesados. Sea a través del trueque, el intercambio, la compra, el préstamo u otros modelos de transacción.
Internet también ha inspirado a comunidades y personas de todo el mundo, que intercambian experiencias como aquellas que fomentan, por ejemplo, el tránsito desde productos tangibles hacia servicios.



Bibliotecas de herramientas
Hasta ahora, las bibliotecas, impulsadas por el sector público, el privado o el tercer sector, se han especializado en facilitar la consulta y el préstamo universal de productos culturales. Con Internet, muchos de estos productos (libros, música, audiovisuales) pueden consultarse, total o parcialmente, sin necesidad de poseer una copia física.
En cambio, hay proyectos exitosos en los que las librerías prestan herramientas de todo tipo, para realizar labores artesanales, agrarias o técnicas de cualquier ámbito. A menudo, estas herramientas son difícilmente amortizables por un aficionado o alguien que las usará intensivamente durante un período limitado.
Los centros de intercambio o préstamo de herramientas y conocimientos artesanales, o ecológicos (como el compostaje, o la reparación de bicicletas), facilitan productos y herramientas que, de otro modo, tendríamos que adquirir o descartar. Un negocio que promete ahorro económico. Tanto para las empresas que quisieran reducir costes y vender su conocimiento, en lugar de productos con poco valor diferencial, como para los usuarios.
En Estados Unidos, ha florecido una red de bibliotecas que, en lugar de ofrecer sólo productos culturales, proporcionan herramientas, equipamiento y material instructivo para todo tipo de aficiones y oficios artesanales.


Consumo colaborativo
Se atribuye el término "consumo colaborativo" al consultor Ray Algar, que lo usó en un artículo publicado en 2007, que ya apuntaba que el intercambio, trueque, comercio o alquiler entre usuarios, tanto a través de herramientas sociales como usando plataformas de usuario a usuario, cambiaría nuestro modo de consumir.
Rachel Botsman y Roo Rogers lo han usado en el mismo sentido en el libro What's Mine is Yours ("lo que es mío es tuyo"), así como en la charla realizada por Botsman en el prestigioso ciclo de conferencias de la organización TED en mayo de 2010.

En defensa del consumo colaborativo. Rachel Botsman en Ted Talks

Botsman y Rogers hablan sobre los sospechosos habituales: la empresa para compartir vehículos Zipcar, el sitio de viajes entre usuarios Airbnb, la veterana lista de correo de intercambio de objetos entre usuarios Freecycle o el portal de préstamos P2P Zopa.
Pese a que su tesis no es nueva y ha madurado a lo largo de los últimos años, What's Mine is Yours reivindica el fenómeno con el nombre atrayente (consumo colaborativo, "collaborative consumption"), al que acompañan con un logotipo similar a la doble "C" de la fundación Creative Commons y sistema flexible y gratuito de licencias de derechos  de autor, con el mismo nombre.


Antes de la silla, tuvimos la necesidad de sentarnos
La difusión de la tesis del consumo colaborativo refrenda su atractivo. Quizá la tendencia contribuya a que las personas, ejerciendo de ciudadanos, consumidores y creadores, pensemos más en el verdadero valor de un producto, en el servicio (contenido) y no en el continente.
Como recordaba el diseñador catalán Juli Capella en una entrevista a *faircompanies, los productos deberían escapar de su coraza tangible y convertirse en "servicio".
Una silla existe porque hay una necesidad previa de sentarse. Suena a perogrullada, pero las sillas fueron diseñadas para permitir un tipo concreto de reposo al cuerpo humano, distinto al que experimentamos cuando nos reclinamos o nos tumbamos totalmente.
¿Qué ocurriría si un campo energético fuera capaz de copar nuestra necesidad de sentarnos? Siendo capaces de sentarnos en el aire, pagaríamos por el servicio (idea), no por los átomos. Un ejemplo llevado al extremo, pero suficientemente ilustrativo.
El consumo colaborativo promete acercarnos con mayor decisión al ideal de creación y consumo, en que un puñado de productos y servicios esenciales, diseñados con nuestra colaboración o adaptados a nuestras necesidades concretas, facilitarían nuestra vida.

Tomado de Faircompanies


































































Entrada actualizada el 08/03/2026
03 de agosto de 2022.



11/03/2026

martes, 1 de octubre de 2013

Muebles minimalistas, Adhesivo ecológicos, Autos con carrocería de bambú, Cuchillos artesanales y 6 productos más: 10 ideas para recuperar oficios. La hora de los artesanos



Uno de los libros que más influyó a Steve Jobs fue El dilema del innovador, del profesor de innovación Clayton Christensen: los buenos directivos empresariales, buscando el mayor beneficio posible, dejan a sus empresas a merced de la disrupción.
Tras su vuelta a Apple, Jobs trató de resolver el dilema. Lo logró, explica el profesor de Harvard James Allworth, yendo contra natura: hizo que Apple se centrara en sus productos, en lugar de en los beneficios trimestrales. A largo plazo, llegaron los beneficios y Apple no sólo superó a Microsoft, sino a todas las empresas tecnológicas.
Steve Jobs y Steve Wozniak en 1976

Los valores del artesano

Jobs aplicó los valores del artesano en sus productos y aplicó las técnicas del diseño a largo plazo a las economías de escala. La personalidad del artesano se expresa en la atención por el detalle, la mejora a partir de una intuición que parte de la experiencia, el gusto personal, la perseverancia en técnicas de edición.


Comercial "Piensa Diferente" de Apple 1997 (narrado por Steve Jobs) (subtítulos Español)

En su crítica para el New Yorker sobre la biografía de Steve Jobs escrita por Walter Isaacson, Malcolm Gladwell explica que Jobs era más la de un corrector, un retocador obsesionado por el detalle, que la de un inventor.


Maestros retocadores
Los artesanos, como Jobs, son maestros retocadores; eso sí, la mayoría carecen del olfato para el marketing de masas que Jobs controló meticulosamente.
En definitiva, explica Gladwell, Jobs se había especializado en tomar ideas de otros y mejorarlas con su toque e intuición personal.Un ejemplo: cuando Jobs vio los anuncios del iPad de James Vincent, le espetó directamente: "Tus anuncios son una mierda".
Vincent preguntó a Jobs qué quería, mientras el consejero delegado de Apple insistía en que el creativo le enseñara más cosas. Finalmente, Vincent le espetó: "Tienes que decirme qué quieres". Respuesta de Jobs: "¡Tienes que enseñarme más cosas, y lo sabré cuando lo vea!".

Productos que destilan personalidad

La dictadura creativa y "editora" de Jobs resolvió el dilema del innovador cuando el máximo directivo de la compañía se comportó... como un artesano. El alfarero que ama su trabajo no sabe que está ante el jarrón que confeccionaba hasta que, con una última pasada, lo ve ante él. Una intuición basada en la experiencia, el talento y circunstancias personales de quien decide.
Stephen Wozniak, cofundador de Apple, confirma la apreciación de Malcolm Gladwell. Wozniak declaró recientemente que, cuando entraba en contacto con cada nuevo producto de la empresa, podía desgranar las decisiones tomadas por Jobs, en una especie de juego de ingeniería inversa. "Era su personalidad, la que vendía en esos productos".
La historia de Steve Jobs es la del artesano que se adapta a las economías de escala. Muchos otros, sabiendo que las economías de escala son una contradicción per se para la personalidad del artesano, un artista al fin y al cabo, prefieren permanecer en la producción seriada y a pequeña escala. Retornar, en cierto modo, a la inocencia creativa previa a la Revolución Industrial.

El riesgo de centrarse en el largo plazo en la era del corto plazo

Otras empresas no han resuelto el dilema del innovador confiando en la mente de un artesano con excelentes dotes para el marketing, como hizo Apple con su fundador. No obstante, son empresas que prefieren centrarse en sus productos, en lugar de fijarse en la cuenta de resultados.
El ejemplo paradigmático es Amazon, que ha sido castigada por los inversores tras publicar sus -por otra parte buenos- últimos resultados trimestrales.
A los inversores no les gustó que Amazon invirtiera no sólo en su futuro, sino en crecimiento disruptor, que la situará a largo plazo por delante de sus competidores.
En otras palabras, si Amazon hubiera seguido el designio de sus inversores, obsesionados con los resultados trimestrales, no habría gastado en los 3 nuevos Kindle (que incluyen una tableta Android más barata que el iPad), así como en nuevos servicios para su plataforma "cloud computing" (nube computacional), Amazon Web Services, la mayor del mundo.

La ventaja competitiva de Europa

Volviendo a la mentalidad de artesano de Steve Jobs, el continente europeo ha olvidado su gran ventaja competitiva: tiene a varios de los mejores artesanos del mundo, muchos de ellos auténticos desconocidos, con salarios irrisorios o totalmente desaprovechados en su trabajo actual.
Europa cuenta con versiones multidisciplinares de Jonathan Yve, el diseñador británico de los principales productos de Apple, que dormitaba en la compañía hasta que Jobs le recuperó del ostracismo de su puesto burocrático. Pero, ¿están siendo reconocidas?
Para lograr el éxito, los artesanos más talentosos no necesitan contar con un mecenas que "edite" y publicite sus creaciones, al estilo de Steve Jobs. Sus productos, de calidad y artesanales, tienen clientela suficiente y, según Yvon Chouinard, fundador de Patagonia, no todas las empresas necesitan convertirse en grandes corporaciones para lograr el éxito.
Si Steve Jobs era mucho más un "ajustador" obsesivo que un inventor, como explica Malcolm Gladwell, murió sin compartir con el mundo el éxito de haber resuelto el dilema del innovador.

Un anuncio que se convirtió en manifiesto

La biografía autorizada de Isaacson tiene la virtud de explicar de qué manera llevó a la compañía que había creado y de la que había sido despedido a un éxito sin precedentes.
En una entrevista concedida a 60 Minutes, Isaacson explica que el icónico anuncio Think Different era, más que un mensaje de ventas, el manifiesto de quien había vuelto a la empresa de la que había sido echado para demostrar que el artesano podía ocupar el puesto del manager.
El anuncio, de 1997, era una carta abierta mostrando respeto a los inventores, los que habían sido capaces de resolver el dilema que obsesiona a los mejores directivos: ¿beneficios o producto?

El declive del artesano: Paul Smith alerta contra la muerte de los maestros

¿Qué ocurre cuando el artesano, el "ajustador", no crece en un entorno como el Silicon Valley de la contracultura, como el propio Steve Jobs?
El Reino Unido en particular y Europa en general haría bien en preguntar a veteranas personalidades del diseño como el modista y diseñador industrial sir Paul Smith.
Uno de los pocos diseñadores capaces de vestir a tres generaciones distintas de sibaritas del diseño intemporal inglés (irreverente y a la vez clásico, maduro y conservando la travesura juvenil), Paul Smith ha declarado que lamenta el declive de lo artesanal.
Cuando, en 2010, recibió a un periodista inglés para una entrevista, se lamentaba nostálgico de las cosas que ha perdido Gran Bretaña (sería extensible al resto de Europa) en las últimas décadas. Smith diseñó una bicicleta para conmemorar el 60 aniversario de la marca inglesa Mercian, aunque la bicicleta tiene para él un significado más profundo.

La triste historia de las bicicletas Mercia

"Miro a esta bicicleta y veo algo que fue fabricado en Inglaterra por un pequeño negocio. Y eso es algo que lamento: el hecho de que ahora haya tan pocas pequeñas empresas como esa. Me preocupa la presión que siente la gente joven para ganar una cierta cantidad de dinero y conseguir así un cierto estatus".
Ahora, "ser un picapedrero y labrar únicamente tanta piedra como tus manos puedan trabajar ha dejado de ser atractivo". Muchos empresarios de éxito europeos de sectores relacionados con productos considerados de lujo, tales como la moda y los complementos de gama alta (el mercado que ha convertido a Paul Smith en una marca global), han seguido la evolución del modisto inglés.
Pero la pregunta o, mejor dicho, el grito al cielo angustiado de Paul Smith tiene que ver con las nuevas generaciones y la tendencia que ha hecho que la fabricación de todos los productos y utensilios se haya trasladado a Asia, aunque siga diseñándose en otras partes del mundo. Smith tiene miedo de que él forme parte de la última generación que aprendió a diseñar porque, cuando él era joven, todavía había talleres de confección en Inglaterra.

Sobre desempolvar herramientas

La pregunta de Paul Smith a Europa: ¿hemos ido demasiado lejos y ya no habrá nuevas generaciones de artesanos capaces de crear las mejores empresas del futuro, o por el contrario aún hay esperanza?
Trato de responder a la pregunta angustiada de Paul Smith, que es la mía propia, exponiendo 10 diseños de artesanos o pequeñas empresas que conservan su actitud artesanal.
Dada la economía actual, la fortaleza de los países que cuentan con mayor patrimonio artesanal, aunque haya desaparecido, consiste en desempolvar la sabiduría de las viejas generaciones. Europa tiene una indudable ventaja competitiva en el futuro de la artesanía.
Y más cuando cada vez más expertos creen que la industria del futuro será más local, especializada, personalizada.
Mejor no competir con los países emergentes en economías de escala.
1. Simple Rustic, muebles minimalistas de Guillem Ferran (Les Guilleries, Cataluña)
El joven diseñador de muebles catalán Guillem Ferran ha logrado capturar en su estilo el anhelo de muchas personas por encontrar muebles de madera sencillos, ligeros, que conserven la rusticidad del material pero, a la vez, incorporen el aire intemporal del diseño sin ornamentos ni florituras.
Ferran reivindica la elegancia de la aspereza y el minimalismo. Sus muebles son tan contemporáneos que podrían formar parte de una exposición escandinava o japonesa y, a la vez, podrían integrarse en la cocina de una masía catalana y no extrañar a una familia viviendo en ella hace trescientos años.
Estilo mediterráneo destilado con destreza y madurez.
El adhesivo geco es una de las aspiraciones de la biomimética, la ciencia que estudia la naturaleza y aplica sus propiedades a diseños humanos.
Los lagartos de la familia gekkonidae (de ahí el apelativo "gecko"), destacan por la capacidad prensil de sus extreminades, lo que les permite sustentarse sobre cualquier superficie sin esfuerzo, incluso boca abajo.
Su ventaja biológica: la planta de sus extremidades incluye un gramaje microscópico de almohadillas adhesivas. La fuerza atractiva de su capacidad prensil, lograda en la naturaleza por la interacción electrostática de moléculas, ha sido reproducida en laboratorio.
La Universidad de Kiel ha confeccionado un adhesivo que se basa en el diseño prensil de esta familia de lagartos, el primer paso para su comercialización.
Un modo de relacionar artesanía e investigación.
3. Phoenix Roadster, un deportivo artesanal con carrocería de bambú (Alemania, Filipinas)
Por su estructura molecular, facilidad de crecimiento y escaso impacto ecológico, el bambú es una de las maderas recurrentes en el diseño industrial con sensibilidad mediomabiental.
Por su resistencia y efectividad para absorber golpes, el bambú ha sido usado en carcasas de ordenadores, paredes, techos y recubrimeintos de edificios, o incluso es empleado como estructura para andamios imposibles en Hong Kong y el resto de China.
En vehículos, varios diseñadores y compañías se habían atrevido a diseñar bicicletas con cuadro de bambú, pero el Phoenix Roadster es el primer vehículo motorizado con carrocería de esta madera.
Al ser un diseño conceptual, su aspecto es peculiar, conjugando de manera original la naturaleza del material y la propia forma del vehículo, que imita las ondulaciones de una hoja.
El bambú puede ser tan resistente y rígido como los polímeros de plástico más resistentes y se aproxima al acero y el aluminio. De ahí que el Phoenix Roadster, conocido ya como el "coche de bambú", sea más que un ejercicio conceptual.
Ha sido concebido por el diseñador filipino Kenneth Cobonpue, en colaboración con el alemán Albercht Birkner.
4. Cut Brooklyn, cuchillos artesanales, de calidad e intemporales (Brooklyn, Nueva York)
Hace tiempo que el escritor de Brooklyn Joel Bukiewicz ha estado interesado en la artesanía y el potencial, tan humano, de que una habilidad pueda convertirse en arte.
Debido a un profundo anhelo de convertirse en artesano (esto es, más allá de ser un escritor, oficio que bien podría ser definido como artesanía conceptual), Bukiewicz fundó Cut Brooklyn, una empresa que fabrica un tipo de utensilio que él mismo no encontraba fácilmente: cuchillos buenos y bien diseñados, capaces de durar toda la vida si se mantienen correctamente.
Bukiewicz se dedica, asimismo, a afilar cuchillos y a dar clases (de fabricación industrial a pequeña escala y de habilidades en el uso de cuchillos).
Bukiewicz vende, por tanto, otro tipo de historia, esta vez confeccionada con resistentes átomos.

viernes, 2 de noviembre de 2012

La familia Fellmer se alimenta de desechos de supermercados, viven sin dinero y llevan a Alemania a detenerse y pensar



Raphael Fellmer, Nieves Palmer y su hija Alma lucía. Foto: Laura Lucchini


Viven sin dinero y llevan a Alemania a detenerse y pensar

29 de enero de 2012 

La familia Fellmer se alimenta de desechos de supermercados; el fenómeno va en aumento

Por Laura Lucchini  | Para LA NACION


BERLIN.- Desde hace dos años Raphael Fellmer, de 28 años, y la española Nieves Palmer, de 26, se alimentan exclusivamente de productos que ellos definen "rescatados", es decir, salvados justo antes de ser destruidos.

Fellmer no tiene una cuenta de banco y vive totalmente sin dinero. Su experiencia está obligando a Alemania entera a reflexionar, justo en el momento en que, en Europa, el capitalismo enseña sus fallas por la crisis de deuda.

Fellmer y Palmer aseguran a LA NACION que, en dos años, a pesar de comer alimentos desechados, nunca les pasó nada: sin náuseas ni infecciones, esto, aun cuando Nieves estuvo embarazada de Alma Lucía, hoy de cinco meses. Ambos son veganos y se alimentan casi exclusivamente de productos que proceden de la agricultura biológica.

"Unas cuatro veces por semana, voy a inspeccionar, con la mochila, los contenedores de los supermercados biológicos; encuentro de todo, jabones, chocolates, cosméticos, además de lácteos, frutas y verduras que todavía se pueden consumir", explica Fellmer.

"Me llevo más de lo que necesitamos, el resto lo regalo a vecinos, amigos, necesitados. La idea es difundir el mensaje de que no sólo se tira una manzana de vez en cuando, sino que todo se tira", comenta.

Una convicción muy sencilla mueve a este joven hombre y a muchos que siguieron su ejemplo en una escena cada vez más grande de personas que se alimentan exclusivamente de los basureros de los supermercados.

Después de dos años de vida radical, y un viaje a México, realizado sin dinero, el mensaje de Fellmer empieza a llegar de manera amplia a la sociedad. Las universidades lo invitan a dar charlas y los diarios escriben sobre él. Desde www.forwardtherevolution.net informa acerca del "proyecto" que nació cuando todavía era estudiante en Holanda, junto con dos colegas: el francés Benjamin Lesagen y el italiano Nicola Zunino. Desde todo el mundo se suman cada vez más personas que viven sin dinero.

Se estima que cada ciudadano alemán tira a la basura por año 100 kilos de comida. El Instituto Austríaco de Economía de los Desechos calculó que el 45% de lo que los supermercados descartan se puede todavía consumir.

Según la ONU, en Europa se tira a la basura la mitad de todos los productos alimentarios que son parte del flujo comercial. El 30% se desecha antes de ser abierto.

Fellmer sabe que, todas las veces que "rescata" comida, incurre en un delito: la violación de propiedad. Esto lo indigna: "En Alemania es legal tirar comida, pero es ilegal rescatarla". "Es una falla en el sistema", se queja. Por esta razón está recopilando firmas para poder pedir al Parlamento alemán que lo deje exponer su causa. "La idea es establecer un sistema donde se aprovecha todo", explica Fellmer.

Fellmer y Palmer no optaron vivir sin dinero, sino por necesidad: ambos terminaron una carrera universitaria. Tampoco por inconsciencia: al hablar de su proyecto mencionan estudios e informes para corroborar su tesis y ofrecer pruebas de que no exponen a su hija a riesgos.

Viven en las afueras de Berlín, en una casa donde el propietario los deja estar a cambio de pequeños trabajos. Fellmer sólo se mueve a pie. Palmer es menos radical y gasta unos 30 euros al mes. Pagan el seguro médico de la hija con el subsidio de cerca de 145 euros mensuales que el Estado otorga a cualquier niño nacido en Alemania hasta que cumple los 20 años.

Son conscientes de que con su decisión se exponen a críticas. "No quiero ser simplemente un aprovechador", asegura Fellmer. "Intento integrarme a la sociedad a pesar de todo: ayudo en reparaciones, obras, arreglo computadoras, cuido animales", aclara. Saben que lo de rescatar comida no puede ser una solución para salvar el mundo a largo plazo, pero sirve para lanzar un mensaje. En el futuro, tienen pensado instalarse en el campo, quizás en Italia y vivir de lo que producen. En el caos de la crisis, ellos tienen algo claro: "Esto no puede seguir así"


Tomado de La Nación.





06/03/2026
26/06/2024