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jueves, 26 de marzo de 2026

José Pulido: Maza Zavala era en sí mismo una Divina Comedia, donde el poeta guiaba al economista hasta desembocar en un amor único

 




EL ECONOMISTA QUE FUE POETA



Domingo Maza Zavala




José Pulido



Para recordar también a una persona que partió cabalgando sobre una callada tristeza: D.F. Maza Zavala

El doctor y profesor Domingo Felipe Maza Zavala era en sí mismo una Divina Comedia, en cuya trama el poeta enamorado de la economía guiaba al economista enamorado de la poesía. Ambos transitaron infierno, purgatorio y paraíso hasta terminar siendo un solo viajero desembocando en un amor único.

Domingo Felipe encarnaba al poeta y sus amigos lo llamaban, desde los años de liceo, DF, “Distrito Federal”. De esos amigos no quedan muchos ya. Pero el recuerdo ha sido registrado y encapsulado en el tiempo. “¿Qué vamos a hacer este fin de semana, Distrito Federal? Y DF respondía, sin levantar la cara del pupitre “leer a Rimbaud y estudiar matemáticas”.

El logotípico tandem: Maza Zavala, que la gente escribía mal casi siempre, servía para identificar al economista. Nadie se percataba de que esos apellidos conformaban una avalancha purificadora de la letra A. Sin embargo, resultaba más conocido en los predios universitarios y bancarios bajo el contundente apelativo de Maza. Pregúntenle a Maza. Que lo diga Maza.

La manera de vivir de los poetas lo convirtió, por supuesto, en un economista hondo y elevado de modo simultáneo. Para él no había mayores diferencias entre su profesión universitaria y su oficio existencial, porque la emoción es lo que determina la intensidad de la lucidez con que se actúa.

No hablo de cualquier emoción, sino de aquella contenida en ese silencio imprevisto que hace brotar la frase “acaba de pasar un ángel”. Un poco más que todo lo dicho: se trata de la emoción que puede sentir y albergar el ser humano cuando alcanza el grado supremo de buen lector.


Jorge Luis Borges decía respecto a ese tema:


“Primero sentimos la emoción y después la explicamos o tratamos de explicarla. Al mismo tiempo, para sentir esa emoción es necesario que uno sienta que corresponde a una emoción. Es decir, si leemos un poema como un juego verbal, la poesía fracasa; lo mismo si pensamos que la poesía es sólo un juego de palabras. Yo diría más bien que la poesía es algo cuyo instrumento son las palabras, pero que las palabras no son la materia de la poesía. La materia de la poesía —si es lícito que usemos esta metáfora— vendría a ser la emoción. Y esa emoción tiene que ser compartida por el lector”.

Antología hecha por Luis Pastori donde está inclúido Maza Zavala


LOS ECONOMISTAS


Cuando la magia comenzó a desaparecer como deseo de lo imposible porque se volvió realidad, surgió la ciencia de la economía aspirando a ser interventora del destino. Tal circunstancia bastó para que los economistas ocuparan el lugar de los magos, esos seres alucinantes, sospechosamente cuerdos, que siempre llevan una carta o un truco escondidos en la manga.


Un economista siempre es un mago con el público predispuesto, es un poeta frustrado en el morbo estadístico. La gente espera que el economista anticipe el talante del genio encerrado en la botella de la economía.


Los economistas están condenados a hacer equilibrios en el lomo de la indomable realidad, en la cima de lo concreto cuyo abismo insondable es el azar y eso, obligatoriamente, va creando una temperatura favorable a la fermentación de la poesía. Porque el azar, que tiene nervios, circuitos y pulsaciones en todos los lugares y en todos los seres, es como un verso escrito cuando los dioses escribían.


Adam Smith se desempeñó en sus inicios como profesor de literatura y ya todos saben que de su cabeza surgió la metáfora de la fulana mano invisible.


El ensayista con más arrastre hipnótico que ha tenido la humanidad fue Carlos Marx, quien se doctoró con una disertación sobre la filosofía de Epicuro.


Epicuro escribió, entre otras cosas, lo siguiente:


“Por ello, cuando decimos que el placer es el objetivo final, no nos referimos a los placeres de los viciosos -como creen algunos que ignoran, no están de acuerdo o interpretan mal nuestra doctrina-, sino a no sufrir dolores en el cuerpo ni estar perturbados en el alma. Porque ni banquetes ni juergas constantes dan la felicidad, sino el sobrio cálculo que investiga las causas de toda elección o rechazo y extirpa las falsas opiniones de las que procede la gran perturbación que se apodera del alma”.


La teoría de Marx predice la evolución socioeconómica del futuro y saca de su prolongada manga una carta del tarot económico, la carta de la plusvalía. Una cosa llamada plusvalía que ya no tiene creyentes, aunque cientos de grandes fábricas se fueron a China porque allá la mano de obra es regalada y los consumidores abundan como la verdolaga.

El y Jesús fueron dos judíos intensamente disidentes. Y diferentes.

El poeta oral con más poder de palabra que ha tenido la humanidad fue Jesús de Nazareth. El no fue economista pero vaticinó que siempre habría pobres. Resultó muy acertado y vigente porque los pobres se han multiplicado al juntarse con los pobres de espíritu.

Jesús contenía el conocimiento de todos los conocimientos y sólo podía transmitirlo en esencialidad poética.


LA POESIA DE DOMINGO FELIPE


"Pero voy hacia el ocaso con mi voz extendida/Y busco en el recuerdo el minuto extraviado".


Ese es uno de los versos escritos por Domingo Felipe y está publicado en el poemario Quinta estación, que editó Monte Avila hace un tiempo y fue una de sus alegrías más íntimas.


El era pura expresión, de ahí se saca que la poesía lo tenía en sus manos.


Domingo Felipe Maza Zavala era un creador estético un tanto solapado porque se lo exigía su cotidianidad. Pero no desistía de ser un hacedor de belleza a través del lenguaje, que al ser liberado retorna a sus orígenes poéticos.


Sus amigos más cercanos y los humoristas, que siempre lo admiraron y lo citaron, decían que Domingo Felipe Maza Zavala era feo por fuera y bonito por dentro. De haber sido al revés, la economía habría estado en manos de un demonio. Siendo feo por fuera y hermoso por dentro pasó la vida a punto de ser besado por esa princesa que es la poesía y que nunca terminó de besarlo para que se convirtiera en el príncipe de las letras que pudo haber sido.




LA ECONOMIA


Cuando era un muchacho que estudiaba economía, Maza Zavala escribió un cuento en el que elogiaba la bondad analfabeta y empobrecedora de la agricultura del conuco frente al poder inmensurable y corruptor del petróleo. En ese cuento mostraba vocación por la búsqueda de las palabras adecuadas y del sentimiento necesario.


Siendo economista, cada vez con más conocimientos en su haber, entendió que era sumamente importante para mejorar la existencia, reconducir el valor de uso y el valor de cambio que contienen el oro y el petróleo. Porque el valor de cambio se ha convertido a través del dinero en la máxima ambición y por ello, todo valor de uso se ha visto menoscabado y no puedes lucir la cadenita de oro porque te la arrancan y te arrancan la vida y ocurre lo mismo con el petróleo: no puedes usarlo para encender la lucidez de una sociedad porque te lo secuestran y te lo arrebatan.


En las entradas y salidas que protagonizaban en los mercados populares el ocumo y los plátanos, el arroz y las caraotas, la mayonesa y la margarina, Maza podía vislumbrar una hibernación colectiva o un principio de inconformidad histórica. Un estallido social podía solaparse en la ausencia de una taza de café y la caída de un banco viajaba en un susurro.


Es la poesía, viejo, es la poesía. Buscar la dimensión justa y enseñarle al hombre que el valor de vivir, pensar y de sentir, se elevan por encima de todos los demás valores. Y que la palabra no es un medio sino un fin. Es la poesía la que usó como guía existencial el maestro Maza Zavala, quien sólo fue llamado por su nombre: Domingo, un día lunes. El lunes de su funeral.


Es la poesía lo que hizo que llegara a la conclusión de que al final de todo hacer y de todo pensar, lo que nadie puede arrebatarte como una prenda de oro o un carro con todo y gasolina, es la dignidad. Es todo lo que podemos llevarnos a la tumba. Hombres útiles como Maza Zavala se la llevan y la dejan también en sus escritos, como para que nadie pueda olvidarlos. Aunque en última instancia sólo la poesía de la memoria produce flores en los terrones del olvido.


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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne



José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.


miércoles, 10 de diciembre de 2025

José Pulido: El poeta Alberto Hernández, ha vivido todos los exilios

 




Algo que escribí hace un tiempo para el poeta que siempre leo y cuya amistad nos honra. 


ALBERTO HERNÁNDEZ: 
EL EXILIO DE TODOS 

(Autor: José Pulido)

 
La vida del ser humano es dolor físico y dolor de otras índoles: dolor de lo que no se tiene, dolor de lo que se pierde, sufrir el desamor, impotencias ciudadanas, impotencias de lo efímero en tan duraderos universos. También es alegría propia y ajena; carcajadas y asombro, perplejidad y fiesta; ilusión y placeres; y hasta voluntad para celebrar el vacío. La vida del poeta es todo eso concentrado en cada palabra que escribe y pronuncia. El poeta es un cuerpo que se ha ido llenando de almas. El poeta trata de sacar a flote todas esas almas usando las palabras. 


En ese oficio tan único y apartado el poeta se aísla dentro de sí mismo y luego dentro de su casa. Por eso cuando sufre el exilio que lo aleja del país donde ha nacido y vivido, no lo siente ten definitivo. Sufre como Cristo en el Gólgota pero enfrenta su destierro con mejor talante que otros porque en definitiva sabe que el mundo entero es el barrio de todos. Incertidumbre, errancia y peregrinación se convierten en poesía: he ahí la mejor manera de exorcizar la enorme desgracia de no saber si has perdido un lugar placentario o si es el lugar quien te ha perdido a ti.

Es indiscutible que el país, el suelo nativo, la patria y la familia se cargan para arriba y para abajo como equipaje del cuerpo y la mente. Por dentro uno es un espejo, un río indígena donde se asoman los territorios y los seres queridos. Pero el exilio hace que se añoren los detalles, las minucias, lo que no parecía tener mayor importancia. 

Aunque el exilio ha sido percibido de modo muy diferente y a veces hasta paradójico, nunca dejará de ser un tema que remueve las tristezas en los hipocondrios de las noches y en las agrestes soledades de las ciudades desconocidas. Que solo son desconocidas mientras se perciben como tramas ajenas. Sin historias.

El poeta Alberto Hernández, quien ha vivido todos los exilios, ha escrito este libro cuyo canto hace valorar la existencia, la amistad, los recuerdos, la infancia, los detalles que conforman la aventura cotidiana y sencilla. 




 
LOS EXILIOS DE ALBERTO


Los exilios son muchos, sí, y están regados. El poeta los revela en este libro porque tiene la certeza mágica de que el exilio termina siendo uno solo y será compartido y se transformará en muralla de corazones para proteger el retorno futuro.

El poeta fue un solitario desprotegido cuando estuvo fuera de su país, ni siquiera tenía un abrigo grueso para cubrir su flacura llanera de beduino sin camello, en aquel frío donde todo se confabula para alborotar la desesperanza. Pero en su maleta siempre había un bastimento de amor. Un patio Hernández. Una cocina Hernández. Un abrazo Hernández.

Maleta, de Miguel Elías



Vivió las salas de espera, el temor a ser rechazado, la soledad de que nadie te conoce y no conoces ningún rostro. En este libro, el poeta hizo que la poesía definiera, para la posteridad, lo que se siente al cerrar un instante los ojos en un aeropuerto y escuchar el aleteo de las garzas y el llanto del becerro por encima de tantos motores. Las turbinas que truenan como tormentas de fin de mundo.

El llanero con cara de beduino y olfato sensibilizado por los aires con yerbabuena asoleada del Guárico, olió los pasos de Rocinante en aquellas calles salmantinas y sintió entre sus piernas los músculos agotados del valiente y noble caballo. Todo caballo se encuentra ubicado en el ayer. Cuando era un muchacho supo de espejismos y solípedos manchegos que compartían las ilusiones duras, cansonas, de la pobreza. El poeta escribe en su libro Los exilios:
 
“Bello caballo de toda la fealdad y todos sus silencios. 
¿Quién no es caballo montado en un caballo? 
¿Quién no es Don Quijote 
Subido en un caballo que se muere?” 

Estar solo y oler el llano, estar solo y oler el café que se cuela en la cocina de la casa y preguntar en medio de un sueño “¿colaste café, mamá?” no es lo peor para la soledad del hombre poeta que regresa a su habitación de extranjero: también puede tornarse desamparo escuchar amándose a los que se aman y llorar sin saber por qué se llora.




Este libro ha sido percibido y engendrado por uno de los corazones más nobles que el territorio venezolano ha permitido fructificar en medio de tanta penuria. Alberto Hernández ha observado detenidamente con sus ojos de niño todas las estructuras que la humanidad contiene. Ha visto mundo. Ha penetrado en el dédalo de la modernidad y del futuro y ha salido igual: humilde y sereno.

“Sorbo el agua de una botella y siento el mundo en la lengua. 

La ciudad aparece en mis ojos y el mapa se hace más pequeño. 
Entonces resuelvo quejarme y dormir en la estación del tren. 
Un policía me despierta en alemán”. 
 
Ha sido un amigo generoso en el cariño, cuya voz solidaria ha estado alentando los exilios del otro, las tristezas del otro, las luchas cotidianas que te distancian en el mismo municipio o en las diferentes rutas que asumen las aventuras de los fraternos. Ojalá que pudieran leer estos versos Harry Almela y Emilio Agra, exiliados en la otra vida, en el país abismal desde donde solo pueden comunicarse a través de las antenas deiformes de los recuerdos. 

Harry Almela y Alberto Hernández. Fotografía de Henry Cedeño. Imagen tomada de Aquí

Nueva York también aparece, no es solo Valle de la Pascua o Calabozo, no es nada más el calor con tufo de gasolina de Maracay. Es Nueva York cuando los amigos compartían el placer de escuchar las canciones que recorrían el barrio del mundo fichando a una generación. Llanero con frío, llanero beatle, John Lennon en la sentina donde se descomponen los sentimientos y se funden los sueños en el mismo dolor de todos los exilios.

“La ciudad olía a mierda. Yo olía a mierda. 
John Lennon olía a mierda. 
Emilio Agra olía a tabaco. 
Y el frío sobre nosotros. Dentro de nosotros. 
Entonces sonó el disparo”. 

Cuando no se reconoce el exilio del otro empeora el exilio propio. La soledad se torna más sola. El poeta Alberto Hernández, de los Hernández de Calabozo, sabe que es así y por eso su poesía es tan deslumbrante y conmovedora descubriendo lo que sabemos y no habíamos podido expresar, esbozar, definir. Basta con leer unos versos suyos:

“Un caballo mira 
de lado 
y detiene el cielo”

Quien lo lee con toda el alma puesta en ello, percibe lo mismo que estar en un país lejano y extraño y quedarse observando la maravilla de una catedral o de un paisaje con plazas deslumbrantes. En esa misma soledad capaz de admirar la belleza que te rodea de ausencias. 

Ilustración de Miguel Elías



La casa es el punto de comparación con todo. Se ve la aurora boreal y se piensa en el amanecer entrando en abanico por las ventanas del hogar que a su vez está lleno de colores, de peroles y bisuterías productos del encariñamiento. Se presencia un atardecer cuando casi es medianoche y se rememoran el fogón encendido y los cuentos de los mayores y el alma pregunta “¿estás colando café, mamá?”. 

He vuelto a casa. He vuelto a la memoria. 
Mi hogar queda muy lejos, más allá de todos los pulsos femorales. 
No tengo patria ni recuerdos. 
Sólo una esquina 
Donde ceno patatas picantes que destacan diagnósticos y reumas. 
A esta hora de la noche el olvido es una enfermedad incurable en algún lugar de mi esqueleto”.

Cualquiera estando lejos de la patria y de los amigos se pone a llorar con esta poesía, pero también se llena de fuerzas para ensalmarse con tanta belleza. No puede ser que un llanero urbano enflaquecido amigo de uno, haya escarbado tan profundamente su alma y haya extraído tanto fulgor. Pero Alberto Hernández es así de inagotable en su desangre de verdades y hermosuras palabreadas. 

No es para negar que se te aguan los ojos, hermano querido, y el pecho ronca con disimulo de tos. No es para negar que hace frío o que hay mucho viento frío por estos lados. 

Cromointerferencia de color aditivo, obra de Carlos Cruz-Diez en el Aeropuerto internacional Simón Bolívar de Maiquetía, estado Vargas. 




Y Alberto sigue y sigue y es verdad lo que dice y es poesía lo que augura y es belleza propia eso que nos clava como chinchetas de la niñez en la cartelera del pecho:
 
“Éramos mi madre y mi padre sobre una nube. 
Y las borrascas del mes de julio. 
Éramos la sombra de ese tamarindo que aún nos nombra. 
El anciano árbol enfermo, con su savia descompuesta 
Y sus maravillosos frutos. 
Eran Maritza Vargas y Luis Moreno en la misma casa. 
Éramos la fila en el grupo escolar. 
Éramos los varones sin camisa y descalzos. 
Eran ustedes, las niñas, de cola y peinado, blanca 
y sonriente tú, Eddy, la más bella. 
tu casa era bajita y también tenía patio. 
Y un tambor para el agua y muchas mariposas. 

Después el país nos hizo parte de un mapa repartido. 
Y no nos encontrábamos. 
Los dibujó el exilio en el mismo país. 
Y ahora tú, dormida para siempre 
mientras el polvo de la calle se levanta con 
tus pasos. 
Me quedan un solar y tus ojos. 
me queda el tiempo que una vez 
atajamos con las manos. 
qué largo es este exilio 
llevado como un saco atado a las espaldas."

¿No te digo? Alberto escribe cosas así, que te duelen y te entristecen, que te alegran y te dan ánimo. Que te llevan para otras instancias y te van colocando, con todo y gentilicio, en ciertas alturas que agradeces porque puedes amar intensamente lo que ves.






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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 



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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.




Enlaces relacionados:




































































miércoles, 11 de diciembre de 2024

José Pulido: La virgen del árbol seco de Patricia Guzmán es un templo de palabras, una colmena de rezos.

 





LA VIRGEN DELÁRBOL SECO

 

José Pulido

 

Intento que mis oídos retrocedan unos años atrás. Invento un río que se regresa. Es un ejercicio para atrapar en el aire de ayer la voz de Patricia Guzmán, porque su voz, ubicada con tímida dulzura entre el sol, la, si, permite recrearla de nuevo avanzando juvenil con una prisa de pasos cortos, de diligencias milagrosas, que buscaban cultura como resultado.

Patricia trabajaba en el periodismo y en la docencia, con donosura y exigencia, con recato y perfeccionismo; podía arriesgar todo en una pasión poética y jamás perder un segundo en una banalidad, aunque eso le costase la vida.

Digo esto deseando que sepa cuánto comparto su alegría de hoy, cuando aparece un nuevo libro suyo, con un largo y hondo poema que como todos los que ha escrito, será esencial en el forjamiento del lenguaje poético latinoamericano.





La virgen del árbol seco es un templo de palabras, una colmena de rezos. La fe como una cultura del espíritu, un casamiento del máximo deseo invisible con la vitalidad palpable de la naturaleza. La fe como un pensamiento del corazón donde la poesía entra y sale dando ánimos a la fragilidad de la esperanza.

Como invocada por Sor Juana Inés de la Cruz, Patricia está oyendo con los ojos, escucha lo sagrado en el vuelo de las aves que a su vez giran en torno a la virgen que está entronizada en la savia de todo amor, viajando en las fragancias vegetales.

Patricia escucha los pájaros creando un coro en torno a la señora que también va despertando la música en sus poemas, sus versos, sus rezos. Mira las voces que la llaman, escucha los colores que rodean y moldean los espacios como adornando el alma de la poeta que definitivamente, es un nido generoso. Ella es un nido previsto por el lenguaje, en medio de vuelos que bordan todas las direcciones: bandadas de sentimientos, siempre ensayando la honra de la virgen y el árbol.

Los pájaros son inmortales y Keats lo reveló. Siempre están cantando los secretos del mundo y eso sintió el poeta sufí Faridad Din y Attar, después de leer al sabio Avicena. Nuestra Patricia lo contiene todo y hace prevalecer el aliento femenino de la virgen y el esplendor maravilloso del niño, cuya pureza hace nido también en brazos de mujer.

Solo pondré aquí un verso del libro La virgen del árbol seco, pero al leerlo, escucharlo y sentirlo da una idea de lo que la poeta ha estado viviendo con su hermosa sensación de cantar para honrar lo bello y lo sagrado. En definitiva, señoras y señores, damas y caballeros: es poesía, toda la poesía que ha hecho posible la existencia de Patricia Guzmán.

 

 

A los pájaros fatigados de observar 

el comportamiento de la rosa que es sueño de nadie, 

pareciera que se les cierran los párpados


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Sobre Patricia Guzmán 

Poeta y ensayista, comunicadora social egresada de la Universidad Católica Andrés Bello con doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de La Sorbona de París. Fue directora de la Escuela de Comunicación Social de la UCAB y como profesora invitada impartió cursos en el Departamento de Estudios Hispánicos de Brown University (Providence, Rhode Island). 

En su trayectoria como periodista destacó en la dirección de secciones especializadas en Arte (El Nacional) y de los suplementos literarios Bajo Palabra (El Diario de Caracas) y Verbigracia (El Universal). 

Ha publicado en Poesía 

De mí, lo oscuro (Ediciones Con textos, 1987), 

Canto de oficio (Pequeña Venecia,1997), 

El poema del esposo (Pen Press,1999), 

La boda (Casa Nacional de las Letras Andrés Bello,2001), 

Con el ala alta.Obra poética reunida (El otro el mismo,2004), 

Soledad intacta (Bid & Co. Editor,2009), 

Trilogía (Hilos editora,2010) y 

El almendro florido (Kalathos Ediciones,2017). 

Dentro de su trabajo como investigadora de la poesía venezolana, además de su rigurosa lectura sobre la poesía de Hanni Ossott, destacan dos magistrales ensayos (prólogos) escritos específicamente sobre las obras poéticas de Ramón Palomares y Ana Enriqueta Terán, contenidos en dos volúmenes de la Biblioteca Ayacucho, ambos titulados “Ramón Palomares. Existir en lo innominado” y “Ana Enriqueta Terán. Voz relampagueante de misterio y belleza”. La poesía de Patricia Guzmán ha sido incluida en importantes antologías de poesía venezolana y en revistas y suplementos especializados de habla hispana. Sus poemas han sido traducidos al italiano, al francés y al inglés.

Ficha tomada de Prodavinci






Patricia Guzman, La Virgen del árbol seco

Presentado en el CC Los Galpones (Gisela Cappellin Ediciones) con intervenciones de Alfredo Chacón, Ana María Hurtado y Johnny Gavlovsky, este volúmen de la también periodista Guzmán cuenta con textos de Yolanda Pantin y Milagros Socorro.

517 Visualizaciones desde el 9 dic 2024 hasta el 4 de febrero de 2026

https://m.youtube.com/watch?v=3C1mRZHK22I



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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne



José Pulido:

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en Salamanca. En el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.