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domingo, 5 de mayo de 2013

Baba Pascal Camara, el chófer que salvó la biblioteca andalusí de Tombuctú





Baba Pascal Camara custodió el Fondo de la destrucción yihadista

 

José Naranjo  

Tombuctú 3 FEB 2013


El 6 de abril de 2012, seis días después de la caída de Tombuctú en manos yihadistas, Ismael Diadié y su familia abandonaron la ciudad. El responsable de la Biblioteca Andalusí o Fondo Kati, que alberga miles de manuscritos —muchos de ellos vinculados a la historia de Al Andalus—, se llevaba consigo una parte de este importante legado y el resto lo dispersaba de manera discreta.

Unos pocos papeles se quedaron en Tombuctú al cuidado de Baba Pascal Camara, chófer y amigo de Ismael, que recibió la visita de los radicales hasta en cuatro ocasiones. En diez meses no se movió de allí ni de día ni de noche, protegió las instalaciones, que han recibido la financiación de la Junta de Andalucía, y guardó celosamente su secreto

La primera vez que los yihadistas se acercaron al Fondo Kati fue el mismo mes de abril, al poco de su llegada a la ciudad. Se presentaron en tres 4x4 unas doce personas. “Esta es una biblioteca judía”, le dijeron a Camara. Parte de los documentos que se conservan en la Biblioteca Andalusí hablan del comercio judío e incluso algunos están escritos en hebreo, tal y como recoge el libro escrito por el propio Ismael Diadié Los judíos de Tombuctú. No cabe duda de que los yihadistas querían destruir los manuscritos. Sin embargo, encontraron poca cosa. “Rompieron los papeles de la administración y algunas fotos. Estuvieron aquí mismo, dentro de la biblioteca y subieron a la casa de Ismael. Yo no estuve arriba porque permanecí en todo momento junto a los documentos que quedaban”, asegura Camara.

En junio volvieron otra vez. Baba Pascal Camara se había llevado a casa de un vecino la fotocopiadora y había escondido las fotos y carteles que colgaban de las paredes. “No les gusta que se represente el rostro humano”, asegura. No sabe a qué grupo pertenecían, si AQMI o Ansar Dine, pero entre ellos “había argelinos, malienses y hasta un blanco”. Probablemente Baba Pascal Camara se refiera al ciudadano francés identificado como miembro de Ansar Dine y que grabó un vídeo amenazante contra Francia.

Los yihadistas regresaron hasta dos veces más. La familia de Camara se había ido también de la ciudad junto a Ismael Diadié, así que estaba solo. El despacho donde se gestiona el centro fue saqueado y estuvieron a punto de llevarse un ordenador, pero finalmente lo dejaron allí. “Todo el barrio los vio venir varias veces, pero la biblioteca ha logrado salvarse”, añade.

Salvo varios cientos que fueron quemados por los yihadistas antes de irse, el resto de los 100.000 manuscritos que se reparten en una treintena de bibliotecas por toda la ciudad y algunos pueblos de alrededor están también a salvo. “El centro Ahmed Baba alberga unos 40.000 manuscritos, pero casi todos están en Bamako porque su director se los llevó de manera discreta. Lo que quemaron los radicales fueron varios cientos de manuscritos que se encontraban en las nuevas instalaciones construidas por el Gobierno sudafricano y que ya habían sido digitalizados, así que su contenido no se ha perdido”, asegura Sane Chirfi Alpha, director regional de Turismo de Tombuctú e historiador.

A juicio del historiador Sane Chirfi Alpha, lo que buscaban los radicales era “generar un impacto, llamar la atención de todo el mundo. El ejemplo lo tuvimos con los mausoleos. Una vez entraron en el cementerio y rompieron varias puertas. Nada más. Sin embargo, días después de que la Unesco declarara que el patrimonio histórico de Tombuctú estaba en peligro fue cuando empezaron a destrozar los mausoleos. Fue como decir ‘aquí estamos y podemos hacer lo que queramos”.

Al igual que ocurriera otras veces en el pasado, el importante patrimonio documental de Tombuctú ha logrado salvarse frente a circunstancias adversas. Papeles de hace cinco o diez siglos o incluso más, de cuando Tombuctú se convirtió en el gran centro intelectual islámico de África, que hablan del Corán y de actos jurídicos, pero también de medicina, farmacopea, matemáticas o poesía. Muchas familias conservan antiguos manuscritos porque, según un viejo dicho de Tombuctú, “hay que dejar que la historia se cubra de polvo”.

Tomado de El país

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martes, 23 de abril de 2013

Un vigilante y un bibliotecario salvaron los manuscritos milenarios de Tombuctú







01/02/13 


  • El profesor Abdoulaye Cissé y el anciano guardia de seguridad Abba Alhadi sacaron de Tombuctú 28.000 pergaminos de contrabando ocultos en carros tirados por burro

  • Los islamistas cumplieron su amenaza de atacar las bibliotecas de la ciudad, aunque apenas pudieron quemar unos centenares de manuscritos, precisamente los que habían sido digitalizados



Una bella noticia dentro del horror del conflicto armado que afecta a Mali. Miles de manuscritos antiquísimos fueron salvados de la destrucción provocada por los islamistas radicales en Tombuctú gracias a un bibliotecario y un anciano guardia de seguridad. Los nombres de estos héroes para la cultura y el Patrimonio de la Humanidad son Abdoulaye Cissé y Abba Alhadi, respectivamente. Un artículo de The Wall Street Journal ha sacado su hazaña a la luz.


Los islamistas salafistas habían amenazado con destruir los más de 100.000 manuscritos antiguos de la Edad Media que había en la ciudad. Documentos que incluyen información sobre medicina, botánica, leyes, astronomía e incluso textos de Al-Ándalus como desveló Manuel Pimentel a lainformacion.com en una entrevista. Antes de abandonar la ciudad por la acción militar de las tropas francesas,  cumplieron con su amenaza, pero por fortuna para el patrimonio cultural del país, sólo pudieron quemar unos pocos.


Muchos pergaminos estaban en las bibliotecas particulares de los habitantes de Tombuctú, que preferían guardar con ellos ese tesoro cultural, y para evitar que los islamistas se apoderasen de ellos los escondieron en los sitios más recónditos, desde cajas de Nescafé a las paredes de las casas. Evitar la quema de los documentos de las bibliotecas públicas fue más difícil, y ahí entran en juego Cissé y Alhadi.


Cissé, profesor de Historia y director en funciones del Instituto Ahmed Baba de Tombuctú de Altos Estudios e Investigación Islámica, explicó cómo salvaron de la quema los documentos. “Sabía que lo que teníamos aquí estaba amenazado, así que dije que teníamos que sacarlo fuera”.


La amenaza pendía sobre el patrimonio cultural de Tombuctú desde que los rebeldes islamistas tomaran la ciudad en abril de 2012. Pero en diciembre del año pasado, el cariz que empezó a tomar la situación parecía anticipar un final trágico para la biblioteca.

Evacuación de los pergaminos de la biblioteca


El 30 de diciembre, algunos rebeldes dijeron al guarda de seguridad que iban a transformar la biblioteca en una escuela coránica en breve. Entonces, Cissé tomó la decisión de salvar los más de 28.000 documentos que había en su biblioteca.


¿Cómo sacarlos de la ciudad? Lo hicieron en carros tirados por burros, con los que se dirigieron al río Níger para allí trasladar los pergaminos a botes que se dirigieron a la primera ciudad hacia el sur en manos del Gobierno de Mali, Mopti. Para ocultar los manuscritos en los carros, utilizaron sacos vacíos de arpillera para grano.


El proceso les llevó dos noches en las que trabajaron casi en la más absoluta oscuridad. Desde Mopti, los documentos fueron trasladados más tarde a Bamako, donde han sido puestos a salvo en la Universidad de la ciudad.


Antes de huir de Tombuctú por la presión de las fuerzas francesas y malienses, los salafistas entraron al final en la blibioteca defendida por Cissé y Alhadi, pero sólo pudieron destrozar el mobiliario y unos pocos centenares de documentos, precisamente los que estaban digitalizados.


Tomado de La Información


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