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miércoles, 20 de septiembre de 2023

LA PLAYA PUEDE SER UN CALVARIO

Un poema de José Pulido

 




Se lo escribí al maestro Reverón hace unos años. No lo conocí, pero conocí a Juanita. La visité en un hospital y me dijo cosas. Ah, Juanita. Maravillosa ternura.


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LA PLAYA PUEDE SER UN CALVARIO

I

¿Cuántos días de Reverón hay en un cuadro de Reverón?

El doctor dijo que le toca tratamiento esta semana

su garganta repite los gritos de los otros 

que vuelan en zaguanes hediondos a creolina

Voy a pintar tu luz que ya no es tuya cuando el mar se la traga y la vomita

esa luz con leñas de aire y brasas de espejismo

colinas esmeraldas incendiadas en vapores salados

una luz que ya no es tuya se retuerce en la arena

Cocoteros surgidos del carbón igual que el horizonte

y la silueta de gordura dulce de aquella maja sin igual

muñeca que respira

La desesperación de toda orilla espernancada como una pregunta

nunca sospeché que Juanita se quedaría viviendo en la pintura

la última vez que pude verla era una maja de hospital

agonizaba y posaba con su acoquinado sonreír 

se podía creer que olía a trementina

Yo cumplía nueve años y no sabía que existían pintores desesperados

el sol tenía millones y millones de siglos y no ha debido creerse superior

yo ni siquiera sospechaba que un viejo se estuviera muriendo de tanto pintar

pero sé que la ausencia de todos sus paisanos 

no ha dejado de figurar en el degredo espiritual de sus esbozos

porque así se hizo el escudo de Aquiles para narrarlo todo

II

Atravieso minuto a minuto ese resplandor que se convierte en budare

y no me va a cocinar vuelta y vuelta todo entero

porque me amarraré como una hallaca de maíz por la mitad del cuerpo 

y solo podrá saborearme

cuando corra en los pasillos del doctor y de los que tienen mal de luna 

yo, el único con mal de sol, mordisqueado por la mitad de los pecados


Reverón. Naiguatá. 1924.

III

¿Cuántos días de Reverón hay en un cuadro de Reverón?

Queda café para mañana; ya se acabaron los frijoles y los plátanos

mandaron el recado de que su mamá viene a vivir con nosotros

las moscas han llenado de pecas asquerosas a todas las muñecas 

y su mamá está enferma

No te imaginas el intenso dolor que sintió al eliminar los colores

arráncate el cuero, arráncate la piel, jálate un arrebol en carne viva

renunciar al arcoíris de los óleos y las témperas 

es momificar las emociones

porque dejan de existir las trinitarias, las guacamayas, 

los mangos sonrojados 

Después leí que él fue desechando los colores

hasta quedar en soledad con el azul

y luego aquel sollozo inexplicable que se evaporó con la canícula

cuando decidió desprenderse del óleo celeste que representa el largo viajar hacia todo lo que es negrura

Su mamá está allá afuera diciéndole cosas al mar

cerrando sus postigos para que no entre el aire

trancando todos sus ojos para dejarle a usted el resto de la luz

¿Cuántos días de angustia de Reverón hay en un cuadro de Reverón?

IV

En cada gota de pintura caben desasosiegos para inundar un valle

Juanita inmóvil observa arrinconada

con el vestido entre las piernas espera la vaga intimidad sin caballete

sus muslos se han borrado dejando huérfanas a las polillas 

¿habrá un día en que me bese como el día que lo hizo?

¿fue un beso la mirada de sus ojos

cuando miraba en el espejo aquella cara 

que envejecía mirándome sin verme? 

¿y cuándo comeremos hervido de gallina?

Hoy vi un rabipelado Armando y no pude matarlo porque me dio tristeza:

tenía ojos de no haber comido.

Cuando su pobreza no subía al tren Reverón caminaba hasta Caracas

y se le llagaban los pies

y le brotaban los gusanos

un día de Reverón podía descomponerse

V

En 1924 todo se volvía  blanco y él estrenaba alivios 

Reverón desnudo pintaba sus maravillas en la playa

y las señoras que veraneaban huían inútilmente 

porque ya eran minutos en el yute sagrado 

con sus sombrillas y sus trotes de olorosos cabellos 

y aquellas hondas pupilas donde cayeron los azules 

La luz intensa entra en su cuerpo y lo envuelve en ceguera

busca las sombras frescas de una iglesia sin invertir un rezo

sombras donde Jesús enfoca su mirada dolorosa y comprueba 

que él y Reverón son el autorretrato de lo viejo

Podrás pensar un momento y sacar conclusiones porque en 1926

Armando Reverón solo pintó dos cuadros

¿Cuántos días de Reverón hay en un cuadro de Reverón?

el sufrir recalentado, el sufrir de la burla, el sufrir de tener amor y no tenerlo

porque cada cuadro se lleva las cálidas caricias, la alegría de Juanita

las utópicas comodidades del alma, el río de cariño que brotaba desde la boca silenciosa de su madre

Sufría porque no pintaba para vender ni para comer 

ni siquiera para mantenerse

Pintaba por el placer de descubrir 

que los colores surgirían cuando él revelara el vacío donde nacen

El sol se zambulle en los ojos fingiendo que lo hace en el mar

El sol evapora el espíritu haciéndose pasar por encandilamiento de cocoteros

Reverón dedicó su vida a pintar la transparencia dolorosa del día

porque solo así podía escapar de sus tinieblas

VI

Y cuando pasé por el museo contemplé que su alma seguía allí como secándose en una mata

en una tela con cuatro toques tan levemente blancos y el sol asombrado

ya casi devorados todos nosotros por las luces

en la calle vendían pinchos de carne asada 

y la ciudad curtía sus atmósferas con meados de cerveza

Esa tarde me reencontré con la viuda de un amigo que en paz descanse, 

y se puso a llorar mientras me contaba 

toda la tragedia de la operación y los gastos médicos.


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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores

Enlaces Relacionados:


Reverón, la locura, los psiquiatras y el arte.

Prólogo del libro Los Laberintos de la Luz




"MACUTO:

Una historia, un destino, un sueño"




Algunas palabras sobre El Castillete del pintor venezolano Armando Reverón, por Federico Vegas




QUERIDA SYLVIA

Un poema de José Pulido



EL NUEVO AÑO QUE SALE DE TI

Un mensaje de este mundo de José Pulido




SELVA INFANTIL PARA GERBASI

Un poema de José Pulido.




MI GATO SOLO.

Un poema de José Pulido.



CANTO DESPERDIGADO PARA UN SEÑOR.

Un poema de José Pulido a Rafael Cadenas.



LOS DIOSES FAMILIARES

Un Poema de José Pulido




CREO QUE VIAJAMOS AL FUTURO.

Un poema de José Pulido



TANTO SOÑAR Y SOÑAR.

Un Poema de José Pulido



ESOS VACÍOS CANTADOS .

Un Poema de José Pulido




EL BULEVAR un poema de José Pulido



MARILYN REPETIDA HASTA EL CANSANCIO.

Un poema de José Pulido.



NUNCA CONOCERÁS A HANNI OSSOT por José Pulido




NUESTRA POETA EN UNA ESTRECHA TARDE, un poema de José Pulido



COSAS DE ANTES, un poema de José Pulido



EN EL JARDÍN DE LAS HIGUERAS, un poema de José Pulido




MARILYN ENFERMA por José Pulido



CREO QUE TODO SE HA REVUELTO, SEÑOR.

Un poema de José Pulido.



CABRUJAS por José Pulido



Armando te fuiste y nos toca acompañarnos en este dolor.



viernes, 28 de diciembre de 2018

"EL NERVIO POÉTICO" O LA CARNE VIVA DE LA PALABRA






Ricardo Ramírez Requena



La obra de Alberto Hernández es ya ampliamente conocida. Aun así, necesitamos una recopilación de sus artículos y reseñas, una reedición de sus ensayos y en especial una antología seria de su poesía. Sabemos de sus andanzas por Caracas: sus estadías en El Paraíso y sus caminatas hasta Sabana Grande. De sus estudios de posgrado en la Universidad Simón Bolívar y de un tiempo en España. Ha ganado premios y ha sido publicado afuera. También ha sido traducido. Como vemos, ha hecho su labor y los años han dejado obra que leer en el camino. No sé qué más puede pedir un escritor. Su labor se ha realizado en los valles centrales de Venezuela, en donde se ha movido con diligencias entre Maracay y Valencia, y también Caracas. Alberto, como Montejo, pareciera ser un nativo de la antigua provincia de Caracas, más que de los Estados y divisiones ya republicanas. 

Muchos pueden pensar que el premio Anual Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana, ya termina de consagrarlo como escritor. En Venezuela debemos tener cuidado con la manera con que vemos los premios, en especial luego de los sesenta años. Son el destino de mármol de los escritores en estos parajes. Son un final, un capítulo que se cierra. Un acto floral con retreta de despedida. En el caso de Alberto, como en algunos otros, es bueno recordar que este premio es un reconocimiento a una obra singular en su currículum. Una que muestra, más que su consagración, su maestría. Pueden sonar similares, pero no lo son. Son diferentes. 

Una obra que muestre la maestría de un escritor es aquella que concentra más que su atención. Es aquella con la que paga una deuda, aligera, pesos, sostiene pesares. Una obra necesaria para vivir y, ante todo, para continuar escribiendo. Alberto lo hace a diario, de manera constante, parpadeando poco. Escribir es su café de la mañana, su guayoyo de la noche. No hay consagración en él, porque los poetas, a diferencia quizás de los novelistas, no se consagran con una obra, sino con la labor de muchos años. 

Hoy estamos aquí para atestiguar maestría: aquella presente en Alberto Hernández. 

Alberto Hernández. Fotografia de Alberto H Cobo.

En Venezuela hay un arte de la presentación de libros. Este arte nos enseña varias cosas: el texto leído debe invitar a la lectura de la obra que se presenta, no ha recordar las palabras que lo presentan; el presentador debe ejercer el don de la invisibilidad: que brille la obra de la que se va a hablar, incluso más que el autor. Y por último, que no atormente al lector, a quien escucha las palabras, en especial si está de pie. Seré breve. 

Un joven Eugenio Montejo (Caracas,19 de octubre de 1938 - Valencia, 5 de junio de 2008). Fotografía de Héctor López Orihuela

El nervio poético es una propuesta narrativa que trasciende la idea de una novela. Es un conjunto narrativo, donde la prosa y la meditación poética destacan sobremanera. Es un homenaje a Eugenio Montejo y a Pepe Barroeta, pero no desde una perspectiva biográfica: no son memorias, ni recuerdos, ni nostalgias de un poeta que recuerda tiempos hermosos con sus amigos. Alberto Hernández quiere ir a la profundidad del poema, y mostrarnos sin piel la carne de la poesía. Acomete un viaje a través de tiempos y lugares, en donde nos muestra los habitantes del país poético: los dos poetas mencionados, y aquellos que los rodean: Luis Camilo Guevara, Adriano González León, Diómedes Cordero, Caupolicán Ovalles, Rafael Cadenas, Vicente Gerbasi, por mencionar algunos, pero también los fantasmas de muchos poetas: José Antonio Ramos Sucre, Fernando Pessoa y sus heterónimos, en diálogo con Montejo y los suyos, Lautremont. Y los mismos poetas muertos que reciben homenaje: Pepe y Eugenio. Va abriendo el texto como un calidoscopio y haciendo zoom a cada persona, situación o lugar que menciona a través de la obra. No sobran las palabras en este libro: como un poema, están las que deben estar. Van al poeta en cuestión: Montejo, por ejemplo. De ahí, a los lugares que recorrió. De ahí, a sus heterónimos. De ahí, a sus propios poemas. Abre una puerta que abre una puerta que abre una puerta. 

José Barroeta. Fotografía de Héctor López Orihuela



Son lúcidas sus reflexiones constantes a través del libro. Indaga y abre la carne del poema. Por ejemplo:

El pensamiento poético arrastra mucho polvo viejo. Ya las metáforas existían antes de que el mundo apareciera como tal. Una esfera brillante, el ojo del universo: la mirada de Dios y todos los secretos que guarda aún en estos tiempos de tantísimos libros, unos legibles, otros insoportables, como éste, que no es libro y que es insoportable.

Es ese polvo viejo el que inunda cada página de este libro. Memoria, antigüedad. Como las muñecas de Reverón, la poesía es de temer. Es prima hermana de Las Parcas. Sabe lo que los dioses no quieren que sepamos. Y se calla lo que ellos quieren que sepamos. 

Reverón con muñecas. Fotografía de Victoriano de los Ríos, 1949-1954. Colección Fundación Museos Nacionales, Caracas.

Como postales, el libro va contándonos situaciones, épocas, poemas haciéndose. El nervio poético es eso: nos va contando, a través de flashes, de imágenes, cómo es que la poesía se va quitando la ropa sin apurarse. En Mérida, en Valencia. Nos muestra, en el lenguaje de los poetas, como una taquicardia va realizándose. En Caracas, en Puerto Malo. Nos va enseñando como se avanza hacia el morir y de nosotros, qué sobrevive. Ese hueso final. Lo que lo hace literatura, narración, prosa, es el encuentro del cuchillo con el nervio y el salto en nosotros: así es que se hace el poema. 

En el nervio poético leemos también un país, el que nos muestra la poesía. También el país de la enfermedad y el país de la muerte. Leeré tres extractos, que conectan estas ideas que señalo. 

Las paredes son el sarampión de las horas pico. El legado, el legado de un gigante, musitan unas señoras. Viva la gripe aviar, añade un loco egresado de una escuela capitalina. Me mordió un alacrán, chilla una muchachita linda y bella que no usa zapatillas. El país se pudre. La nariz de la vaca se abre y respira el asco de los asistentes. Una música de putas y cabrones viene de la miseria de un cubano que baila en pantaletas. Unas viejas gordas y de tetas colgantes corren para competir en las olimpíadas o en el Miss Venezuela. La res se queda en esqueleto. Las paredes se pudren. El país se pudre. Desde 1960 hasta 2014: el poema defeca, llora, el poema no puede ir al baño. El poema mira el fondo de la letrina. El poema quiere lanzarse a la letrina. El poema ladra como un gato. Una paloma de la paz gruñe como una tortuga. 

El país existe en toda la miseria de la carne podrida.

Acá podemos leer un lenguaje muy presente en la literatura venezolana de los años sesenta a los ochenta. Un lenguaje entre Bacon y Hopper

El segundo extracto, gira alrededor de la enfermedad: 

El cáncer y la poesía simbolizan la totalidad: vida o muerte. 

Se muere de cáncer. Se muere de poesía. Se muere en el cáncer. Se muere en la poesía. No obstante, las palabras se hacen portadoras de su extensión en el tiempo: la eternidad no aparece en vano. Se es eterno en la medida en que se es borrado. Se es eterno en la medida en que la memoria reconstruye el olvido. 

- Nadie muere de cáncer. Se muere de impaciencia, ha dicho un oncólogo dedicado a revelar los secretos de la poesía. 

La poesía recupera el todo y lo hace visible.

El tercero, es lo profético en la poesía, y el mandato de la poesía, en la voz de Pepe Barroeta:

Escucha, recuerda la profecía: Mira tu país, quémalo, arrásalo como sólo tú sabes hacerlo. Pon tus ojos a la disposición de la muerte; no olvides que la herida es lo único real. No olvides mis palabras que por ti se marchan del mundo de los desmesurados, del territorio de los grandes hacedores del fuego y que retornarán avanecidas y desgastadas por la molicie. Escucha siempre el ruido que dejó mi locura sobre las calles; atiende a esos silbos que brotaban de un hombre cuyo espíritu había crecido a punto de volcán. 

Vive de forma que los muertos de infancia se sobrecojan. Vive, pero mira tu país, quémalo, arrásalo con los ojos.

La vida, la tierra, la enfermedad, la muerte. Este libro de Alberto Hernández, no existe para brindarnos sosiego. Nos da las palabras para avanzar a través de la oscuridad. Y nos brinda lucidez y belleza. No mucho más. Pero, ¿querríamos algo más?

Los invito a leer esta obra, justamente galardonada por el jurado del Premio Anual Transgenérico.

Pienso que es un libro que llega a tiempo a sus lectores (no todos lo hacen y lo logran). 

Es, por lo menos, un libro que yo necesitaba, y doy gracias a Alberto por ello.

Tomado de Letralia


De izquierda a derecha: Ricardo Ramírez Requena y Alberto Hernández . Fotografia: Alberto H. Cobo


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Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Gallina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 

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Ricardo Ramírez Requena

Escritor y librero venezolano (Ciudad Bolívar, 1976). Es licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela (UCV). Dirige La Poeteca, biblioteca especializada en poesía. Participó en la Semana de la Narrativa Urbana (2010) y fue finalista del Concurso de Cuentos de la Policlínica Metropolitana (2011 y 2013). Textos suyos han sido publicados en España y México. Ha colaborado con publicaciones digitales como Los Hermanos Chang, Prodavinci y Ficción Mínima, así como en los suplementos Literales, del diario Tal Cual, y Papel Literario, de El Nacional. Ha sido profesor en diferentes universidades venezolanas. Ha publicado el poemario Maneras de irse, finalista del I Premio Equinoccio de Poesía Eugenio Montejo, y el diario Constancia de la lluvia, ganador del XIV Premio Anual Transgenérico (2014) de la Fundación para la Cultura Urbana.

domingo, 4 de junio de 2017

Reverón, la locura, los psiquiatras y el arte.

Prólogo del libro Los Laberintos de la Luz




Estimados Liponautas


Hoy domingo le acercamos el prólogo del libro Los Laberintos de la Luz. Reveron y los psiquiatras. El texto que podrán leer aquí fue realizado por el escritor valenciano Pedro Téllez. Desde esta entrada podrán descargar el libro y saborear comodamente su lectura desde su dispositivo de preferencia.

Deseamos disfruten de la lectura de la entrada y del libro.

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Prólogo

Refiere George Steiner que al traducir a Villon, Thomas Nashe había escrito: “... a brightness falls from her hair” (un resplandor sale de su cabello); el impresor isabelino se equivocó y escribió: “... a brightness alls from the air” (un resplandor sale del aire), ¡que se ha convertido en uno de los versos talismánicos de toda la poesía en lengua inglesa!

Es decir, que un error tipográfico, de transcripción, crea la innovadora imagen de la luz en el aire. Y ahora nos preguntamos qué está detrás de a luz de Reverón, que tanto interés ha despertado en críticos de arte y psiquiatras. ¿Será acaso el spaltung, desdoblamiento de las funciones psíquicas (que menciona Bleuler como una de las características más importantes de las esquizofrenias), desdoblamiento como errata, en la tipografía mental?

Castillete antes de 1999

Algunos psiquiatras ven en esa luminosidad un síntoma; otros, más bien una cura: Para Moisés Feldman, Reverón buscó en la luz el afecto que no tuvo en sus padres, y la falta de ese afecto parental le lleva a refugiarse en El Castillete. Rafael López Pedraza llama locura solar a lo blanco. José Solanes precisa: “La luz es lo que desea darnos a ver: eso que hace ver, la luz, eso quiere que veamos. Frente a la luz que ilumina y la luz que hace, es por la que hace que Reverón se decide”, e invitando el psiquiatra a que entremos en el cuadro dice: “Si la luz fuera penetrable, nos veríamos obligados en su claridad a caminar a tientas”. Para Rauskin “los objetos resultan un inicial pretexto para pintar la luz”. Báez Finol, su médico tratante, expone: “La época blanca de Armando, su renuncia al color, tiene explicaciones que, aunque aparentemente distintas, entrañan la misma raíz original en el mundo del subconsciente reveroniano. La fragmentación de su cuerpo, dividido en dos mitades a las cuales atribuía condiciones diferentes, lo desligaba de signos intelectuales superiores y le permitía hacer una elaboración artística a base de elementos completamente primitivos: pintar la luz que es representación de lo blanco, lo puro.

La Cueva. Armando reverón. 1920


Por otra parte, Reverón hacía abstracción de su propia sensualidad para verterla completamente sobre el lienzo”.

En relación con lo que entendemos por trastorno mental hoy, y la avanzada postura de los psiquiatras que escribieron sobre Reverón, casi cercana a la antipsiquiatría, es útil revisar la reciente edición de un manual diagnóstico: “Un trastorno mental es un síndrome caracterizado por perturbaciones clínicamente significativas en la cognición, emoción o conducta de un sujeto que refleja una disfunción en los procesos psicológicos, evolutivos y biológicos que subyacen a las funciones mentales. Los trastornos mentales están frecuentemente asociados a distrés significativo o discapacidad social y ocupacional o de otras actividades importantes de la vida. Una respuesta esperable o culturalmente aceptada a un estresor cotidiano o a una pérdida, como la muerte o una ruptura amorosa, no constituyen un trastorno mental. Una conducta de disidencia social (política, religiosa o sexual) o conflictos que son primordialmente entre un individuo y la sociedad tampoco constituyen un trastorno mental, a menos que sean el resultado de una perturbación como la señalada anteriormente” (traducción del Dr. Carlos Rojas Malpica). En la obra de Reverón (en la pintura y más en sus objetos y El Castillete) observamos una conducta de disidencia artística y un conflicto entre el individuo y la sociedad, pero que no son el resultado exclusivo de un trastorno mental. Pero también es evidente que padecía un trastorno que ameritó varias hospitalizaciones, con perturbaciones en su conducta, reflejo de una disfunción psicológica o biológica subyacente. Reverón escapa a clasificaciones como la del Manual diagnóstico y estratégico de los trastornos mentales (DSM5): ¿Cómo valorar la discapacidad social y ocupacional del artista más significativo de la primera mitad del siglo XX venezolano?¿Qué mejor ejemplo de disidencia artística y de conflicto entre el individuo y la sociedad que el del pintor de El Castillete? Que su obra no es producto de su perturbación es un acuerdo casi unánime de los psiquiatras que la comentan desde 1955.




Entonces tal vez sea necesario acudir a una de las primeras clasificaciones. En el Fedro de Platón dice Sócrates: “Hay dos formas de locura: la una que se debe a enfermedades humanas; la otra, debida a un trastorno divino de las reglas acostumbradas”. Y luego las clasifica: “La divina la dividiremos en cuatro partes, correspondientes a cuatro dioses, atribuyéndole a Apolo la inspiración adivinatoria; a Dionisos la música, a las Musas la poética, y a Afrodita y a Eros la cuarta. La locura de los enfermos por una parte, y la locura divina por la otra, la adivinación, la música, el arte y el amor”.

En Reverón la locura de los enfermos y la locura poética de las musas se complementan, y así lo destaca la mayoría de los psiquiatras que comentan cómo su obra rehabilita y reestructura al Yo. Reverón trataba de romper el aislamiento a través de la comunicación que posibilita la pintura o la fabricación de los objetos artísticos: comunicación conmigo mismo y con el otro.

José Solanes

Solanes concluía: “Si estuvo enfermo Reverón, digamos que la enfermedad lo protegió al quitarle todo afán por el aplauso inmediato y las recompensas en dinero; fue su dolencia lo que le dio la oportunidad de cultivar su parte de cordura y, sin pretender que se le comprendiera, el téson de perseverar hasta lo genial en la creación”. Si la enfermedad ayudó a su arte, así mismo el arte compensó su padecimiento. Feldman comenta la relación de arte y psicopatología que en Reverón fue autoterapéutica: “Creemos que el estilo de vida que escogió Reverón a partir de 1920, refugiándose en lo que sería posteriormente El Castillete, buscando cierto aislamiento y rodeándose de muñecas, animales, creando una atmósfera teatral, puede darnos las claves de una forma personal de terapia que el pintor ideó, en una atmósfera estimulante, creativa y al mismo tiempo la más apropiada para lograr un equilibrio en su salud mental”. El tercer elemento a considerar es la relación de Reverón con la psiquiatría y lo señala Calzadilla en su  ensayo Locura y sociedad: “Fue gracias a la intervención de la psiquiatría por lo cual Reverón alcanzó al fin una dimensión pública que se le regateaba. El problema de salud no es primero que el arte, pero está de por medio entre la obra y su creador”. Para Calzadilla, el informe del Dr. Báez Finol presentado en forma de conferencia en el Museo de Bellas Artes, en 1955, es uno de los discursos más lúcidos que sobre Reverón se han redactado. Esa exposición tendría lugar un año después de que Reverón fallece “víctima de la sociedad”.


Actualmente interesan tanto la pintura como los objetos, rituales y su estilo de vida.


En la última y más amplia retrospectiva de Reverón realizada hasta la fecha, la exposición de la Galería de Arte Nacional en 2013, bajo la curaduría de Juan Calzadilla, los objetos, documentales y fotografías ocupaban igual o mayor espacio que su obra pictórica. Entre los objetos, las muñecas despiertan un interés especial del público y la crítica más allá de la condición de modelos para su pintura. Las muñecas y juguetes empiezan a ser vistos como esculturas de materiales sencillos y a la espera de un discurso crítico, comparable al de su obra pictórica. Se ha hecho mucho énfasis en la interpretación de su delirio que divide su cuerpo en dos, una pura superior y una impura inferior, en relación con su pintura blanca. Pero hay también un delirio que ha sido poco comentado y que podría relacionarse con su obra como conjunto en la creación de un universo propio, y es el delirio de la androginia presente en su crisis de 1945.



Refiere en su informe Baéz Finol que Reverón ejecutaba continuos movimientos circulares dando vueltas sobre sí mismo a la derecha y a la izquierda, diciendo al mismo tiempo “yo no recuerdo cuándo actuaba como hombre y como mujer”, y luego girando a la izquierda expresaba “ahora soy hombre” y después girando a la derecha vuelve a decir “ahora soy mujer”.


Pedro Téllez. Fotografía de Yuri Valecillo

Recordemos que el término “andrógino” es tomado del griego y resulta de la combinación de las raíces “andro” (masculino) y “gyn” (femenino). El andrógino es el símbolo de la identidad suprema. Mircea Eliade hace una revisión del mito del andrógino, concluyendo que existe una profunda insatisfacción del hombre por su situación actual, sintiéndose desgarrado y separado de su unidad original. Esta separación constituye como una ruptura a la vez en sí mismo y en el mundo, sintiendo el deseo de recobrar esta unidad perdida, que es lo que pudo empujar  a Reverón en su delirio, y luego, ya sano, a concebir los opuestos como aspectos de una realidad única, pintando mujeres y paisajes, creando un nuevo mundo de objetos y animales en El Castillete. Recordemos que Freud, en el caso Schreber, describe el delirio de transformación en mujer de su paciente, que sucede con el fin de conseguir una fecundación encaminada a la creación de nuevos hombres.

Juan Liscano

Hasta aquí los psiquiatras. Como contrapeso o complemento del discurso psiquiátrico en esta compilación preparada por Juan Calzadilla, principal crítico de arte venezolano, se incluyen textos de grandes ensayistas como Juan Liscano, en cuya obra se elabora un profundo retrato de Reverón, nos adentra en su historia personal y su mundo mágico, al igual que en el punto crucial acerca de la amistad con Ferdinandov; cómo se desarrollan las influencias del artista ruso en buena parte de las extravagancias del Reverón de El Castillete, sacándolas del terreno de la psicopatología y reubicándolas en las comarcas del arte moderno.

Pedro Téllez

Descarga el libro pulsando aquí



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