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viernes, 1 de mayo de 2026

José Pulido, escritor venezolano a Dalila Itriago: Ahora que soy de la Academia de lengua, ya no puedo decir tantas groserías

 


Imagen tomada de aquí




Estimados Liponautas

Hoy es el primero de mayo, el día del trabajador, fecha que conmemora la ejecución de los Mártires de Chicago en 1888. Como en la introducción de la entrevista a José Pulido se menciona el primero de mayo y la posibilidad de un aumento salarial en Venezuela, decidimos repetir el montaje de esta entrevista ya publicada en este blog, sólo que decidimos agregarle información sobre la gran mentira de un aumento salarial en la Venezuela decretado por  los gemelos fantásticos bajo la tutela del Chávez catire septentrional.



LOS GEMELOS FANTÁSTICOS LOS SUPER AMIGOS

El salario mínimo se mantiene anclado en 130 bolívares, hubo un incremento en los bonos esas fichas de hacienda del siglo XXI con las que nos pagan y nos mantienen atados de manos ante el arrollante futuro.

Hoy todos los venezolanos están decepcionados ante las reiterativas mentiras dichas y violaciones de derechos 



hechas por el régimen liderado por los Gemelos fantásticos que tristemente siguen avaladas por la furia ciega del Chávez catire septentrional.




Pero ya es hora de dejar de hablar de nuestro salario opresivo.

Así que los dejamos con la entrevisa a José Pulido.

Esperamos disfruten de la entrada.

Atentamente

La Gerencia

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José Pulido: “Soy un trovador de la calle”



Dalila Itriago


MAYO 3, 2023

 

"Quién querrá un país donde tú no puedes salir a la calle porque te matan para robarte un tomate".




Mientras muchos esperaban que el Primero de Mayo en Venezuela se anunciara el aumento del salario mínimo y este anhelo nunca llegó; en Italia, un poeta venezolano, de 78 años de edad, recibía una noticia que jamás había previsto.


Era algo más que un sueldo, un incremento del ticket de alimentación, o un bono de guerra, en la cual seguramente en su vida querrá participar.




Era un abrazo y un beso enviado a través de un correo electrónico. Un acuerdo, un gesto de admiración, un reconocimiento a su trabajo. Era, en fin, el amor.


Horacio Biord Castillo, poeta y presidente de la Academia Venezolana de la Lengua, le comunicaba al periodista y poeta José Pulido que Rafael Cadenas había sido escogido miembro honorario de la Academia Venezolana de la Lengua, y así mismo los miembros correspondientes Fanuel Díaz Acosta por el estado MirandaJuan Carlos Chirinos por Trujillo, y él por Aragua.

Juan Carlos Chirinos (izquierda) fue electo miembro correspondiente de la Academia Venezolana de la Lengua por el estado Trujillo; Fanuel Hanán Díaz por Miranda



“Es un honor para la corporación contar con el aporte de estos distinguidos intelectuales y escritores. Bienvenidos sean”, escribió en un tuit la Academia.


Con esa excusa llamé a Génova para saber de los buenos amigos José y Petruvska Simne (su esposa y compañera por más de 50 años), quienes no encuentran reparo para querer, enseñar o ayudar.

"Con mi amor", escribió José Pulido debajo de esta foto: su esposa, la periodista Petruska Simme.


Más firmes que las laderas del Ávila. Resistentes a pandemias, virus, inflación, mudanzas, manifestaciones, protestas. Ellos siguen intactos, gallardos, buenos.


Son esos seres que quizás lleguen a comprobar que sí es posible vivir en Júpiter. De pronto porque su secreto es que vienen de otra galaxia y no nos lo han contado.


Son la referencia. La constatación de que se puede vivir, crecer, y disfrutar, sin dañar a nadie. Son, como se decía antes, “gente”. En la tristeza, en la adversidad, tras la muerte, los despechos, el abandono, o el dolor, Pulido y Petruvska siguen allí; y todavía ríen.


–¿Cómo se siente tras conocer la noticia de su ingreso a la Academia Venezolana de la Lengua?


-Me siento bien, me siento contento, porque la pasión mía es el lenguaje, es la escritura, son las palabras, y el hecho de que la Academia Venezolana de la Lengua me abra las puertas y me incorpore a ese grupo de personas que aman también el lenguaje, me hace sentir acompañado.


Aun no estando allá, siento que estoy en un lugar donde además hay gente que yo admiro y leo mucho, que son amigos. Es como si de repente le fortalecieran la tribu a uno.


– ¿Usted pasa a ser individuo de número de la Academia?


-No. Está el individuo de la Academia, que tiene un sillón y una letra; y el miembro correspondiente. Rafael Cadenas es el miembro honorario y nosotros, Fanuel Díaz Acosta por Miranda; Juan Carlos Chirinos por Trujillo, y yo, por Aragua, somos los miembros correspondientes por estados.


– ¿Cómo imagina su accionar desde Europa?


-La Academia es un órgano rector de la actividad lingüística y literaria. Yo soy un narrador, pero estoy fundamentalmente trabajando e investigando la poesía. Los aportes que yo haga en esos terrenos, la poesía y la narrativa, le sirven a la Academia porque todo lo que escribo es un trabajo de investigación lingüística.


Busco que las palabras no pierdan vigencia, no pierdan valor. Ahora, me imagino que habrá tareas específicas y me dirán “puedes ayudarnos en tal cosa” y yo lo haré.


No puedo ir a Venezuela, no voy a ir, pero sé que puedo hacer cosas útiles en función de lo que la Academia necesita porque, al fin y al cabo, lo que uno sabe hacer es escribir y eso lo puedo hacer desde aquí.


En octubre iré a Salamanca, como poeta invitado, y es indudable que en ese encuentro estaré también representando a la Academia.


-Usted me dijo que se sentía honrado por el anuncio. Sin embargo, admite que no creyó que sucedería. ¿Por qué?


-Con toda honestidad te diré que yo vivo y siempre he vivido muy al margen, muy aparte, de las instituciones en donde predomina el investigador: el hombre o la mujer sabia.


Se trata de grupos de alta inteligencia, de una trascendencia que fácilmente se comunica a nivel internacional. La Academia Venezolana está relacionada con la Real Academia Española. Entonces, a mí me parece que son tareas superiores. Yo soy un trovador de la calle. Yo soy un poeta de la calle.


– ¿Qué significa para usted ser “un trovador de la calle”?


-Nunca fui un investigador serio como ellos. Yo trabajo el lenguaje de otra manera. No es que menosprecie su labor, sólo que ellos hacen un trabajo especial. La mayoría de los integrantes de la Academia han hecho carrera lingüística. Yo no.


Yo trabajo la lengua como un amante apasionado pero muy de la calle. He sido más formado por toda esa angustia. Yo quiero que la gente entienda lo que es la poesía, y quiero, además, nutrirme con los sentimientos que hay en la calle.


Nunca pensé en ser miembro de la Academia. Solamente fui un miembro de un gremio periodístico, el Colegio Nacional de Periodista, porque era mi trabajo.


Yo sé que hago unos aportes al idioma, pero estoy aprendiendo todos los días. Ahora, quienes están en la Academia, esos lingüistas, esos no están aprendiendo. Ellos nos están enseñando.


– Con tantos años de trabajo en las salas de redacción, así como en la escritura de sus novelas, poemarios, y biografías, puede contarme cuál es el mayor hallazgo que ha descubierto usted del español.


-Voy a decir algo que sería mejor que lo dijera otro y no yo, porque siempre me sonará feo: en la poesía yo estoy apostando a algo que podría resultar interesante algún día.


En la poesía, de pronto, yo puedo jugar con varios planos, con varios tiempos, con varias propuestas en un poema. Y siempre trato de que, primero, si el poema no logra alcanzar poesía, al menos se presente como un objeto en donde el idioma esté bien cuidado.


Puede que el poema no consiga lo que yo quiero, pero siempre será una estructura en la cual el español está bien resguardado y bien representado.


Al menos eso hago, en un principio; pero siempre quiero ir más allá. Quiero que ese poema logre desatar poesía, y eso sólo se logra cuando encuentra lectores que entran en él o que dejan que ese poema entre en ellos.


Yo quiero que el poema sea como una pastilla: o que te quite el dolor o que te lo cause.


– ¿Qué hallazgo tiene del idioma?


-Primero, no me aparto del castellano. Podría vivir en 60 países distintos, escuchando otros idiomas, y me resisto a que el castellano salga de mi cabeza.


Desde niño oí palabras en castellano que ya no se oyen. Descubrí algo que todos los lingüistas saben, pero yo no lo sabía: cada palabra, una sola palabra, contiene todo lo que existe. Una sola palabra puede contener la historia y la sabiduría de la humanidad. Puede ofrecer rastros de una civilización.


Cuando supe eso, entendí que puedo nombrar una palabra y darle otro sentido; porque la respeto, porque la valoro, porque sé todo lo que significa. Porque sé todo el camino que ella ha recorrido.


¿Por qué en nuestro país no se aprecia a quien escribe? 

Porque creen que cualquiera puede hacerlo. Creen que como todo el mundo habla, todo el mundo utiliza las palabras como es, y esto no es así.


Cuando tú te das cuenta de que una palabra no son sólo cuatro o cinco letras, o cuatro sílabas; entiendes que ella es como una especie de cofre. Es un tesoro con cosas buenas y cosas negativas. Entonces, tú empiezas a unirlas, a indagar qué efecto puede causar una con otra.


Ese es uno de los trabajos con el lenguaje, pero el poeta no sólo hace eso…


Yo puedo soñar algo que me insinúa una palabra o una acción. Me digo: “Cónchale, yo soñé esto y quisiera hacer algo con eso”.


De repente se me atraviesa algo en el día o me acuerdo de algo que tú dijiste caminando por el Ávila. Entonces, esa palabra actúa con la que yo tengo agarrada y se vincula con la que viene de la calle. Allí me asombro porque llegan unas imágenes que no había pensado y se revuelven con el sentimiento de uno.


Tratar de escribir eso y que tenga olor, color, sabor, trascendencia, me parece interesante.


Es un trabajo que nadie te paga, pero es mejor que si alguien te pagara, porque si yo logro un buen poema, que contenga poesía, y un día tú lo lees y ese poema te salva la tarde o te da fuerzas para seguir viviendo mañana; eso es una gran felicidad para uno.


Con sólo imaginarlo me da felicidad. ¿Por qué? Porque estás utilizando palabras que todo el mundo carga por allí, por la calle, y las bota, las tira al suelo. Uno las agarra y puede hacer cosas hermosas con ellas.


– ¿Recuerda cómo se acercó al lenguaje y a la literatura?


-Creo que mi aporte a la Academia puede ser encontrarle el origen a algunas palabras, porque yo he escuchado muchas palabras. Sé que cuando las oí resonaban desde África, desde los indígenas nuestros, pero también desde los pueblos que llegaron a Venezuela: los sefarditas, los moros. Palabras que se repetían y se convirtieron en algo normal.


Las mujeres tenían una manera de conversar que de pronto provocaban que una palabra fuese muy dulce, o de pronto una palabra era fuerte. Otras te despertaban la curiosidad y las ganas de quedarte sentado con ellas.



Mamá nos llevaba a donde unas amigas que vivían en Güigüe (estado Carabobo). Eran unas negras preciosas, como mi mamá. A mi hermano y a mí nos encantaban. Eran unas señoras muy cercanas a la descendencia de esclavos y oían ópera. Eso me asombraba.


Ellas tenían un libro que yo quería leer. Un día me dijeron que me lo iban a prestar, pero si lo leía y devolvía luego. El libro era La Divina Comedia y estaba en italiano.


Por supuesto ese libro a mí me parecía mágico y en Villa de Cura, donde nací, nadie sabía qué libro era ese.


– ¿Qué autores de habla hispana deben ser indispensables para cualquier lector y mucho más para quienes deseen escribir?


-Borges. Él no sólo representa la inteligencia y la cultura sino también una manera fácil y transparente de conocer lo complicado; y en poesía, Alejandra Pizarnik.


Al escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia lo recomiendo porque quien lo lee, siente más deseo de seguir leyendo y de allí se llega a García Márquez, a Cortázar, a todos ellos.


Le confieso a Pulido que no he leído al autor mexicano, y me dice que al terminar la conversación me enviará uno de los libros de este escritor “porque tengo que leerlo”.  Cumplió. También envió uno de la canadiense Anne Carson.


– ¿Qué le ha dejado la literatura a usted y, al mismo tiempo, qué le ha dado usted a ella?


-La literatura, en general, me ha servido para conocer no solamente los diferentes modos en que la gente ha vivido tragedias y comedias sino también los diversos modos en que los autores han abordado esas novelas y han manejado ese lenguaje.


Ello me ha servido para la poesía porque al conocer todo eso, la poesía me dice: “Mira, vamos a tratar de causar la misma impresión de Don Quijote con un poema de una página”.


Puedo generar una impresión inolvidable con un poema. Tan inolvidable como leer a Don Quijote. Ese es el reto.


Ahora, a la poesía yo le he dado mi vida. Y lo que ella haya tomado de allí solamente será visto y apreciado por quien lea la poesía con ganas de sentirla porque esa es una vaina de emociones, de sentir, de sentimientos.


Pulido ríe y bromea. Me dice en tono cómplice que ya no puede decir tantas groserías “porque pertenece a la Academia”.


Me asombra descubrir cómo ese niño nacido en el año 1945 en Villa de Cura, donde según le contaron no había siquiera un libro para leer en su infancia, haya escrito siete novelas: Pelo Blanco, (1987); Una mazurkita en La Mayor, (1989); Los Mágicos, (1999); La canción del ciempiés, (2004); El bululú de las ninfas, (2007); El requetemuerto, (2012); y Ponzoña de paisaje, (2015).


Dos libros de entrevistas: Muro de confesiones, (1985); y La sal de la tierra, (2004).


Dos libros de cuentos: Los héroes son villanos tímidos, (2013); y Vuelve al lugar que se te ha señalado, (1995).


Cuatro biografías, tres de ellas dedicadas a los pintores Braulio SalazarOswaldo Vigas y Luis Domínguez Salazar, y una al director de orquestas Gustavo Dudamel.


Además de los poemarios Esto, (1971); Paralelo Lelo, (1971); Peregrino de vidrieras, (2001); Duermevela, (2004) y Nunca es un artificio el viejo exilio, (2015).


Por su poemario Los poseídos recibió en el año 2000 el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía.


Recientemente, algunos de sus poemas fueron incluidos en el libro El puente es la palabra, Antología de poetas venezolanos en la diáspora. Compilación de  Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Cáritas de Venezuela.

Participó en Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.


Barralibros.editores le publicó el poemario Heridas espaciales y mermeladas caseras.


Editorial Ítaca publicó Los espacios del adiós y otros poemas. Además de la novela Ponzoña de paisaje, en su segunda edición.


Borella Edizioni editó su poemario Cada ciudad dice que sí grita que no, en italiano y español.


Y Manuscritos madrileños, de Editorial Pavilo, editó El canto del tuqueque, poemas de animales, (un libro coeditado junto a Enrique Viloria Vera).


Como si fuera poco, los miembros del jurado del I Premio Internacional de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz del año 2022 decidieron, por consenso, otorgarle una mención honorífica por su obra En la sombra sin fondo.


Nada de esto lo deslumbra o envanece. Sigue siendo el señor amable y sencillo que habla con asombro. Como si todavía se mantuviera en él la misma alegría que sintió cuando tenía diez años de edad y leyó: “Nel mezzo del cammin di nostra vita/mi ritrovai per una selva oscura/ che’ la diritta via era smarrita”.


A la mitad del viaje de nuestra vida me encontré en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto”, la cita del Dante al inicio del Infierno, en La Divina Comedia.


“¿Qué proyectos literarios está desarrollando usted en la actualidad?”, le pregunto; y me cuenta que está revisando una novela.


“Estoy corrigiendo una novela desde hace años, y estoy trabajando en un poemario para que sea el último. No es que estoy diciendo que me vaya a morir, pero estaré listo…


No importan las ganas que yo pueda tener de escribir, con 90 o con 100 años. ¡Ojalá pueda vivir 120 años! No es que diga que me voy a echar a morir, lo que digo es que quiero que el último libro de poesía se haga a tiempo.


No voy a echar a perder lo que hice antes porque me ponga tonto o se me olviden las vainas; a menos que haga un poema sobre el olvido. Uno tiene que ser sincero con uno mismo”, acota.


– ¿Cuál podría ser la función del escritor en este momento, cuando se habla, incluso, de textos escritos por inteligencia artificial y se multiplican a diario los coach o influenciadores en todas las redes sociales?


-Lo importante es la obra que tú hagas. Cuando aparece un verdadero lector, tiene que aparecer un verdadero escritor, un verdadero poeta.


Si la gente supiera de escritura y de poesía como sabe, por ejemplo, de beisbol, se llenarían los estadios para escuchar recitales de poesía.


La gente entiende de fútbol, de beisbol, de boxeo, y no quiere entender de poesía. ¿Quién se lo pierde? ¡Quien no quiere entender!


Imagínate tú perderte los poemas de Yehuda Amijai o perderte la poesía de Anne Carson. Algo todavía peor: perderte El libro de horas de Rainer Maria Rilke.


Yo me angustio por los millones de jóvenes que se pierden Romeo y Julieta. Son capaces de nombrar la obra, pero jamás la leen.


Todo está en la obra. Si tú eres un carpintero, tienes que tratar de ser el mejor carpintero.

Imagen tomada de Flickr


-Hace algunos años, para otra entrevista, usted me dijo que “ser poeta es asumir un modo de existencia en el que se goza el martirio de descubrir quién es uno mismo, de sopesar las pocas cualidades y las escasas posibilidades que se tienen, ante los muchos defectos y las miles de trabas que te petrifican en cada uno de los instantes que quieres volar…” ¿Logró descubrir quién es usted?


-Eso es algo que uno descubre todos los días, pero mientras más viejo eres más descubres porque te vas despojando de banalidades o muletillas.


Llega un momento que descubres que puedes pasar un día de lo más alegre nada más que con un pan, leyendo un libro, o viendo un paisaje.


Tal vez eso tiene que ver con la vejez, pero la vida de todo ser humano, desde que nace y comienza a caminar, es un tratar de conocerse, aunque no lo diga.


Sobre todo, se trata de ser uno mismo.


Yo no quiero ser como Simón Bolívar ni como Brad Pitt. Puedo admirar a muchos, pero tengo que tratar de dar lo que yo puedo dar, y dar lo mejor posible. Eso forma parte de conocerse a uno mismo, y la poesía a mí me ha ayudado mucho. Primero porque me obligó a ser humilde. Me hizo entender la importancia de ser humilde para poder aprender. Si tú no eres humilde, tú no aprendes de verdad.


-También me dijo en aquella ocasión que sabía que no regresaría al país. ¿Sostiene todavía esa afirmación tan tajante?


-Sigo pensando lo mismo. Yo no voy a volver. No puedo volver. Primero, no voy a sacar la edad que tengo: yo podría irme a pie para Venezuela, pero soy asilado.


Tengo asilo en Italia, tengo papeles italianos, y con ellos puedo moverme por toda Europa; pero no puedo ir a Venezuela. No tengo papeles venezolanos. Tampoco tengo dinero para arreglar eso. Después, si me voy para allá pierdo el asilo italiano.


A estas alturas, no puedo perder ese asilo. Mi esposa y yo tenemos aquí un seguro extraordinario. Tenemos médicos al lado de la casa. Si sentimos un dolorcito, viene una ambulancia y nos lleva a un hospital que parece una clínica.


En Venezuela no podría pagar un médico y además quién me daría empleo a mí, si allá hay tanta gente joven trabajando por tres lochas o gratis. Y sobre la violencia venezolana, la detesto.

No te imaginas el sacrificio tan grande que eso significa para mí, porque yo amo mi país, Venezuela.


Yo me recuerdo todos los días de cada calle, de cada amigo. Del que se me murió, y del que sigue vivo. Así como recuerdo cada esquina, cada pueblo. Igual mi esposa. Pero no. Esa es la realidad: no puedo regresar.


Si estuviera de paso aquí y fuera un hombre de dinero, voy y vengo; pero no. En primer lugar, no tengo los recursos. Segundo, detesto lo que ocurre en el país.


Detesto que un hombre salga a secuestrar, a violar, o a matar gente, sin darse cuenta de que no está queriendo a su país; porque a un país así quién querrá visitarlo.


Quién querrá un país donde tú no puedes salir a la calle porque te matan para robarte un tomate.


Me pregunto: ¿Cómo es posible que mis hermanos de ciudadanía hagan eso? Eso no lo entiendo y no lo soporto. Creo que eso va para largo, como en Cuba, Nicaragua, o Rusia. Esas cosas van a durar.



Tomada de Hispanopost


José Pulido.Octubre 19, 2023
Lectura realizada en el Instituto Fray Luis de León, Salamanca, España



Tercera lectura en el Instituto Fray Luis de León, como parte de XXVI Encuentro de poetas Iberoamericanos, Salamanca, España. octubre 21, 2023

#iorestoacasaequestaseravileggounapoesia. marzo  28, 2020




#PoesiaEnVozAltaPorVenezuela. marzo 21, 2020



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José Pulido a Maritza Jiménez: Todo periodismo es cultural




José Pulido, narrador, poeta y periodista, en 1999: Salvador Garmendia fue el que me hizo leer a los venezolanos







José Pulido: En un país donde los autores no se leen entre ellos, solo en la poesía puedo ser totalmente sincero




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José Pulido: Blade Runner, Es un filme cuya posmodernidad solo es superada en belleza por Cien años de soledad.




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José Pulido: El periódico que sueño sería un oficiante de la sabiduría, apegado a los Derechos Humanos, creyente del arte y la cultura, que jamás renunciara a la dignidad y a la honestidad.




José Pulido: No puedo regresar a Venezuela, un país donde te matan para robarte un tomate, pero mi gran felicidad es lograr un poema que te de fuerzas para seguir viviendo mañana




José Pulido, poeta y periodista: Cada vez que se le pregunta a los venezolanos que quieren para el país, Venezuela pare una catástrofe





El poeta venezolano José Pulido: Busco constantemente lo fulgurante, que muchas veces radica en lo sencillo.



PARA EL POETA JOSÉ PULIDO: “Venezuela es un canto trágico marcado por la nostalgia”

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José Pulido: entre la magia y un pasado que regresa en palabras


viernes, 14 de noviembre de 2014

¿Es cierto que Venezuela tiene el salario mínimo más alto de América latina?






El salario mínimo mensual en Venezuela en enero 27 de 2024 es de 130.000 Bolívares digitales, que al cambio oficial del Banco Central de Venezuela (36,14 bolívares por dólar) equivale a 3,6 dólares mensuales 


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Es un verdadero placer presentar el ejercicio de economía aplicada que Asdrúbal Oliveros y Gabriel Villamizar han realizado con el salario mínimo venezolano en comparación con los salarios mínimo de los países vecinos. Más aún cuando este se incrementará un 15% este próximo 1 de Diciembre. Pero el salario mínimo per se, no es un dato interesante, lo realmente interesante es cuanto se puede comprar con él; su poder de compra, lo que los economistas medimos con el salario mínimo real. 

Tomado de la Organización Internacional del Trabajo (OIT)




Lo que nos reporta más información es su evolución en el tiempo. La siguiente tabla nos permite hacernos una clara idea de como han ido evolucionando los salarios mínimos reales a lo largo de estos diez últimos años. 

Tomado de Panorama Laboral 2013 – América Latina y el Caribe (OIT)


Sin embargo la comparabilidad entre los salarios mínimos reales de los países se reduce a comparar sus distintas tasas de variación anual, es decir si ha crecido o disminuido más o menos que el de otro país. Aquí, el uso de números índice sólo facilita el cálculo de las variaciones anuales.

Para realizar una verdadera comparación entre países es necesaria su conversión a una única moneda, siendo el dólar el mejor candidato.

Convertir los salarios mínimos de los distintos países a dólares permite comparar los importes, pero no su poder de compra. Para eso tendríamos que fijar una cesta de consumo, como por ejemplo la Canasta Alimentaria Normativa (CAN) que mide el INE venezolano. Obviaremos los problemas que aparecen al establecer una única cesta de consumo para distintos países: productos que en algunos países no existen o no se comercializan por distintos motivos. 

Una verdadera comparación del poder de compra del salario mínimo, nos obligaría a calcular, para cada uno de los países, cuántas de estas cestas de consumo se pueden comprar con el salario mínimo. Obviamente para ello deberíamos usar los precios de estos productos en cada uno de los países analizados.  Así si habríamos tenido en cuenta los distintos costos de la vida en los distintos países.



En el artículo de Oliveros y Villamizar no se realiza ese último análisis, sin duda por falta de información tan desagregada. Por lo que nos tendremos que contentar con una lista de salarios mínimos expresados en dólares.

La cuestión del tipo de cambio que permita pasar de las monedas nacionales al dólar se evidencia fundamental. Más aún cuando este tipo de cambio es fijo, como por ejemplo el tipo de cambio del Bolívar (VEB) está fijado por el gobierno venezolano, y la compra o venta de las divisas se deben realizar en una agencia gubernamental. Si a todo esto le añadimos que existe más de un tipo de cambio oficial, la problemática se convierte en exponencial. Afortunadamente Oliveros y Villamizar nos explican con facilidad estas cuestiones en su artículo. Cabe comentar que en el resto de países comparados la situación respecto al tipo de cambio es bien dispar: desde Argentina, donde también el tipo de cambio está fijado por el gobierno, existiendo hasta 15 tipos distintos. Cuestión que exigiría un tratamiento similar al Peso (ARS) argentino realizado por los autores al Bolívar. Perú tiene un sistema de flotación sucia, es decir el Banco Central de Reserva del Perú fija una bandas de cotización del Nuevo Sol y en caso que el tipo de cambio fijado libremente en el mercado las sobrepasara, obligaría al Banco a actuar en el mercado de divisas (vendiendo o comprando dólares) para que el tipo de cambio volviera al interior de la banda de fluctuación fijada. La mayoría de los países tienen un tipo de cambio flotante, es decir fijado más o menos libremente en los mercados de divisas, lo que plantea el problema de que valor del tipo de cambio tomar: el de un día concreto, una media mensual, anual... Y por último el caso de Ecuador que no requiere su conversión, pues su moneda es directamente el dólar. 

La conclusión de los autores, expresada en el último párrafo del presente artículo es demoledora: el gobierno influye directamente en el bienestar de sus ciudadanos mediante la fijación de distintos tipos de cambios a las distintas importaciones. 


La primera condición necesaria para el cumplimiento de esta afirmación es que la economía venezolana sea absolutamente dependiente del exterior, es decir se importa todo (o casi). Merece la pena hacer hincapié en cómo ha llegado la economía venezolana a esta absoluta dependencia exterior. La explicación más sencilla (y muy simplificada) es que la economía venezolana padeció el mal holandés hace tiempo y ahora se encuentra con sus secuelas. Las exportaciones de petróleo venezolanas produjeron una fuerte entrada de divisas, fruto de lo cual revalorizó el tipo de cambio (se hizo más barato el dólar), abaratando los productos importados frente a los productos venezolanos. La consecuencia a medio plazo fue la desaparición de las empresas productoras venezolana. Pasado el tiempo, las importaciones han llegado a ser tan importantes que es probable que hayan superado el efecto positivo de las exportaciones de petróleo, sobre todo si el precio del crudo ha caído o lo ha hecho la producción de este oro negro. Pudiéndose producir la rocambolesca situación que ahora las brutales importaciones obliguen a una devaluación del tipo de cambio (encarecimiento del dólar) que hipotéticamente favorecería las ventas de los productos venezolanos frente a los importados, pero ya no queda industria autóctona que los pueda producir. 


El efecto del tipo de cambio en el bolsillo de los venezolanos es evidente si estos consumen un producto importado, a mejor tipo de cambio aplicado en su importación más barato es adquirirlo. ¿Cómo afecta a los productos producidos en Venezuela? La economía es tan dependiente del exterior que incluso la producción de bienes locales requiere de la importación de algún factor productivo clave o fundamental: materias primas, maquinaria, trabajo cualificado… De tal suerte que un tipo de cambio desfavorable encarezca el coste de producción, incremento que se traslada al precio final que paga el consumidor. Por esta razón, si el gobierno aplica un tipo de cambio más favorable a la importación de estos inputs productivos estratégico, puede reducir el coste de producción. Bajo estas premisas ahora si es comprensible la importante capacidad del gobierno de abaratar aquellos productos que desee  (y con ello incrementar el bienestar de los venezolanos que los consuman). Simplemente tiene que aplicar un tipo de cambio más favorable a las importaciones de los productos (o insumos) pertinentes. 

La segunda condición necesaria: todo lo anterior será cierto SI Y SÓLO SI la reducción de los costes de producción (vía mejora del tipo de cambio) se traslada completamente al precio final de venta: el que paga el consumidor. Es decir que los empresarios no intenten mantener los precios (en lugar de reducirlos) para incrementar su beneficio, los trabajadores no intenten incrementar sus salarios aprovechando el “hueco” dejado por la reducción de costes o que el gobierno no intente incrementar los impuestos indirectos que graban estos productos aprovechando el menor coste de producción.


by PacoMan


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¿Tiene Venezuela el salario mínimo más alto de América Latina?; por Asdrúbal Oliveros y Gabriel Villamizar



En reiteradas oportunidades voceros del Gobierno han defendido como un logro social importante el incremento del poder de compra del trabajador venezolano. Tras el aumento del salario mínimo decretado en mayo, el presidente de la República, Nicolás Maduro, aseguró que el salario mínimo de los trabajadores venezolanos se posicionó como el mayor de América Latina (algo negativo si se ve desde la óptica de la competitividad de la industria nacional).


Calculado a la tasa oficial de VEB 6,3/US$ (una de las tres tasas oficiales existentes en la actualidad), el salario de VEB 4.251 equivale a US$674 al mes, lo que hace que las aseveraciones del Presidente se cumplan. Sin embargo, cabe preguntarse ¿por qué se calcula el salario a ese tipo de cambio y no a otro?

¿Un costo de vida a VEB 6,30/US$? Por lo general, el Gobierno calcula el costo de vida de los trabajadores (y por lo tanto su poder de compra) a la tasa de cambio de importación (o de producción) de los bienes usados en el cálculo de la Canasta Alimentaria Normativa (CAN) que mide el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).


La CAN es un indicador estadístico que mide el costo mensual de un conjunto de alimentos que “cubren la totalidad de los requerimientos nutricionales” de una familia de cinco miembros, y que sirve de referencia para la fijación del salario mínimo, las mediciones de pobreza y la formulación de políticas de subsidios.

Hay que señalar que la CAN toma en cuenta el menor costo posible al que se pueden adquirir los alimentos en cuestión, que representan apenas 19,1% de los bienes medidos en el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC).



Sacando cuentas. El problema surge cuando toca asignar uno de los cuatro tipos de cambio que actualmente coexisten en nuestra economía al 80,9% restante de la canasta INPC que no toma en cuenta el Gobierno al momento de fijar la política salarial. La multiplicidad de rubros (13 en total) y de tipos de cambio hace que el cálculo del salario en dólares de los trabajadores venezolanos sea todo un reto.


De esta forma, nos hemos dado a la tarea de calcular un tipo de cambio ponderado que refleje el costo en dólares de los bienes consumidos por el venezolano promedio. El primer paso consiste en tomar en cuenta la manera en que se financian las empresas que producen bienes y servicios en cada uno de los 13 rubros (alimentos y bebidas no alcohólicas, bebidas alcohólicas y tabaco, vestido y calzado, alquiler de viviendas, servicios de la vivienda, equipamiento del hogar, salud, transporte, comunicaciones, servicios de educación, restaurantes y hoteles, y bienes y servicios diversos), es decir, cuantos dólares adquieren a través de Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex), Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad I), Sistema Cambiario Alternativo de Divisas (Sicad II) y paralelo, de manera de determinar el tipo de cambio ponderado por rubro.


El segundo paso es considerar los tipos de cambio estimados y el peso de cada rubro sobre la canasta INPC, de manera de poder calcular el tipo de cambio que enfrenta el consumidor venezolano.


Estimamos que para 2014 el consumidor venezolano enfrente un tipo de cambio cercano a VEB 26,7/US$, como resultado principalmente de un tipo de cambio de VEB 14,7/US$ para los alimentos y las bebidas no alcohólicas, un tipo de cambio de VEB 33,7/US$ para el vestido y calzado y de VEB 10,2/US$ para los servicios de transporte.



Como siempre, los cálculos dejan factores sin considerar que se deben mencionar: no se incluyen los efectos de la escasez, muy elevada en algunos rubros alimenticios, factor que pudiera en algunos casos modificar levemente las ponderaciones de la canasta; no se toma en cuenta el sobreprecio al que deben enfrentarse los consumidores cuando adquieren productos en comercios informales; y por último no se toman en cuenta los costos de transacción (tiempo perdido en averiguar dónde se encuentran los productos y en la espera por obtenerlos), que pueden ser medidos en tiempo de horas de trabajo perdidas. A pesar de ello, la estimación de tipos de cambio ponderado permite identificar rubros que por su peso en la canasta de consumo o por el elevado tipo de cambio al que se transan pudieran estar causando una pérdida del poder de compra del salario en dólares.


Dime un tipo de cambio y te diré cuanto ganas. 

 Como se mencionó con anterioridad, a un tipo de cambio de VEB 6,3/US$ el salario mínimo del trabador venezolano se acerca a los US$674 mensuales, monto que comienza a disminuir a medida que se utiliza un tipo de cambio mayor. Es así como US$674 al mes se convierten en US$354, al usar un tipo de cambio Sicad I (actualmente de VEB 12,0/US$), lo que se traduce en una pérdida de 46,2% de poder de compra; se convierten en US$85 al usar un tipo de cambio de Sicad II (VEB 50,0/US$), una pérdida de 87,4%; o en tan sólo US$43 al usar el tipo de cambio paralelo al momento de escribir estas líneas, una pérdida de poder de compra de 93,7%.


Ahora, al usar un tipo de cambio ponderado de VEB 26,7/US$, el salario del trabajador se cifra en US$157 al mes, un monto que está 76,7% por debajo del estimado por voceros gubernamentales.



De primeros a últimos.  

Así como el sueldo se desinfla a medida que se toman en cuenta tipos de cambio más altos o tipos de cambio que consideran toda la canasta de consumo, los “logros” sociales se disuelven y las posiciones en las clasificaciones internacionales se pierden.


Si se toma en cuenta el tipo de cambio de VEB 6,3/US$, Venezuela se ubica como el país con el mayor sueldo mínimo de América latina con US$647 al mes, superando por US$197 (43,7%) a Argentina, y por US$439 (211,1%) a Bolivia, país que ocupa el último lugar.


Si se toma en cuenta el tipo de cambio que enfrenta el consumidor venezolano, de VEB 26,7/US$ para este año, Venezuela se ubica con un sueldo mínimo de US$157, colocándose de último entre estos países.




Un ancla selectiva puede más que un aumento de sueldos. 

 El aumento del salario mínimo ha sido una de las medidas utilizadas por el Gobierno para mitigar el incremento del costo de vida de los trabajadores, producto en parte del incumplimiento en las metas de inflación, lo cual no constituye una opción viable en vista de la indexación de los costos laborales (mayores salarios se traducen en mayores costos laborales y por lo tanto en mayores precios de los bienes).


Consideramos que siendo el Gobierno quien controla el flujo de divisas hacia el sector privado y, por lo tanto, hacia los distintos sectores industriales cuenta con el poder para abaratar el costo de vida de los trabajadores venezolanos si redirige recursos o implementa programas que ayuden a incrementar la productividad hacia los rubros que enfrentan un mayor tipo de cambio ponderado como equipamiento del hogar y vestido y calzado o hacía aquellos que tienen un mayor peso sobre la canasta de consumo como alimentos y bebidas no alcohólicas, transporte o alquiler de viviendas. Esto contribuiría enormemente a apreciar el tipo de cambio que enfrentan los trabajadores y a aumentar así su poder de compra externo.


Tomado de Prodavinci


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En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.


Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.


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