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jueves, 12 de septiembre de 2024

Miguel Marcotrigiano a José Pulido: Venezuela se ha venido convirtiendo en un dolor que impulsa mis ganas de abandonarla

 


No escuches


No golpees dentro


El llanto no es real


La verdad se ausenta del poema


Toda la vida llora


en la profundidad del latido


Cada golpe de sangre


reposa en las sienes


No debe ser el corazón


quien diga


escucha lo de más adentro


lo que resuena sin sonido


camina por la sequía


cuando entres al quirófano


que arda la vida


aunque no sople la llama


No digas


No escribas


MIGUEL MARCOTRIGIANO: “NO PUEDO VER NADA POSITIVO EN ESTOS DÍAS”. ENTREVISTA DE JOSÉ PULIDO



28 Dic 2020





MIGUEL MARCOTRIGIANO:


“NO PUEDO VER NADA POSITIVO EN ESTOS DÍAS”


 


Quién sabe cuántos gatos, cuántos libros, cuántas clases y cuántos poemas han debido transcurrir para que llegara este momento en el cual, Miguel Marcotrigiano, con una personalidad bien definida, escribe:


 


“Realmente es muy difícil vivir sin juzgar. Ese ejercicio que recomiendan los budistas de tratar de pasar el día sin emitir juicio alguno, es de lo más difícil que me ha tocado hacer. No llega a transcurrir la mañana y ya he pasado por el filtro de mis conceptos cualquier cosa: el día, el tráfico, alguna persona, yo mismo. ¿Cómo lograr esa perfección desde la imperfección? ¿De qué tamaño es el deseo que ni siquiera cabe en la envoltura del más diminuto de mis sueños?”


 


Ser intensamente lúcido y poeta es vivir a la intemperie.


 


Tener conocimientos y sabiduría de hombre civilizado es igual a moverse en contra de la corriente. Y de la poesía ni hablar: molesta, ofende o estorba a quienes no comprenden por qué existe algo que les parece innecesario.


 


“Todo se resuelve en experiencia poética para los espíritus sensibles. Y para el que no comprende, todo es burdo y vulgar, incluyendo lo sublime”. Eso escribió el poeta colombiano Jaime Jaramillo Escobar.


 


Y es una frase que sirve para hablar del poeta venezolano Miguel Marcotrigiano, cuya escritura suele vapulear al lector propiamente dicho, y cuya poesía estremece a quien ahonda en ella, porque es sincera y crucial. Él es un poeta enfermo de sinceridad y su voz puede ser cruda y bella como la de un niño.


 


Miguel Marcotrigiano sufre lo mismo que el país, pero multiplicado porque su cuerpo y su espíritu no se esconden de las calamidades, no se mimetizan para evitar las tragedias y aunque su don de la palabra es una bendición, carece de significado para quienes no entienden la poesía, para quienes se incomodan ante la poesía porque su esencia siempre es una tempestad.


 


En todo caso, he ahí a un ser humano que ejerce la docencia estando desempleado y nunca renuncia a la poesía, aunque mil penas lo acorralen, porque esa es su manera de existir. Y cada poema que escribe es como un instrumento que se queda sonando a la espera de quien quiera escucharlo.


 


Esta es mi aflicción


¿la ves?


La tengo aquí


latiendo


entre las manos


Maúlla con fuerza


me hiere con sus garras


se resiste


La tengo en la mira


me reta con su ojo ciego


Esta es la angustia


en carne viva


Sabe de mis secretos


escupe sobre mi plato


Luego se duerme


horada mis sueños


destila su bilis


Acecha


hasta el próximo zarpazo


 


Este poema aparece en el libro La meditación, en cuya presentación Alexis Romero afirma que “Miguel se debía este encuentro con la verdad de la belleza, con la verdad del asombro de vivir, con la alegría del dolor y el agradecimiento a la migaja cósmica que es la vida. Un escritor, un maestro, un hombre que vive con amorosa y leal ferocidad”.


 


Marcotrigiano marca un área de respeto con la calidad de sus poemas, con la seriedad que ha puesto, desde los años noventa, en la realización de sus talleres de poesía. Su labor como profesor en las aulas universitarias se detuvo porque el sueldo de un profesor universitario en Venezuela no alcanza ni para pagar el pasaje en el autobús.


 




CURRÍCULO BREVE



Miguel Marcotrigiano L. (Caracas, 1963). Escritor, crítico y docente. Licenciado en Letras (UCAB, 1987), Magister en Literatura Venezolana (UCV, 1992), estudios doctorales en Letras (Universidad de Salamanca, España, 2005-2007). Pertenece a la promoción poética de los años 90 venezolanos. Sus poemas han sido incluidos en antologías de su país, Argentina, Colombia, España y Francia. Su obra poética se encuentra en los siguientes títulos: Concierto vegetal a la luz de la luna (Mérida, 1991), De Arcanos y otros signos (1994), El mismo juego (1994), Dípticos (1995), Esta sombra que nos habita (2005), Ocurre a diario. Poesía reunida 1991-2005 (2006), Orfandades (2011), La soledad del náufrago (2012) y Fosa Común (2015, 2016); La meditación (Lector cómplice, 2017). Su trabajo ensayístico está recogido en Las voces de la Hidra. La poesía venezolana de los años 90 (Mucugligo-UCAB, 2002); De orilla a orilla. Estudios de literatura española y venezolana (UCAB, 2010) y Poesía y suicidio en Venezuela. El caso de Martha Korblith (Fundación Celarg, 2012).


 


LA ENTREVISTA


 

A 8068 kilómetros de distancia, hemos logrado esta entrevista. Aunque desde hace muchos años no nos vemos, siento una admiración constante por la poesía de Marcotrigiano.


“Cada vez que leí a Shakespeare, me pareció que desmenuzaba el cerebro de un jaguar”, apuntó en uno de sus cuadernos el casi olvidado Lautreamont. Y con algo parecido se encuentra quien absorbe la voz de un autor que posee los sonidos oscuros, esos que fueron objeto de pasión y devoción para Federico García Lorca:


“Estos sonidos negros son el misterio, las raíces que se clavan en el limo que todos conocemos, que todos ignoramos, pero de donde nos llega lo que es sustancial en el arte”.


Miguel Marcotrigiano posee las notas enigmáticas de esa afinación. Quizá no se lo proponga, pero están ahí y es necesario que viva con esa especie de virtud que fascina a sus lectores más sensibles, mientras a otros les hace decir, sencilla y llanamente “Miguel no es una perita en dulce”.


 


“EL MIEDO A LO DESCONOCIDO AVANZA”


 


-Tu poesía eres tú ¿cuándo comenzaste a detallarte, a analizarte, a sentirte que escribías y vivías poesía? ¿Qué marcó en tu infancia el destino poético?


 


-Luego de publicar mi primer libro, comencé a analizar la procedencia del lenguaje poético en mi escritura. De mi padre, profesor universitario formado en Roma, vino el gusto por la lectura. La escritura está indisolublemente vinculada a la lectura. Vino por imitación, seguramente, porque lo veía metido en sus libros.


 


Por otra parte, mi madre (alfabetizadora) nos cantaba nanas y boleros al pie de la cama, cuando se acercaba a dormirnos y a rezar para que nosotros repitiéramos la oración. De ahí, quizás, elemento melódico y sagrado del que se apopió la poesía. Lo demás, asociaciones de imágenes de la infancia, los cuentos infantiles y su vinculación con los mitos.


 


-Tu poesía es la palabra como puente entre la realidad y el sentir, los caminos que recorres con la palabra, los caminos que conoces y los que desconoces ¿qué quieres salvar con la palabra poética? ¿qué es lo que te importa más al escribir un poema? ¿qué te produce miedo en la ciudad?


 


-A medida que pasan los años, el miedo a lo desconocido (quizás) avanza. A la muerte, a la incertidumbre, a no poder estar seguro de lo que hago.  No sé si la palabra poética sea un puente entre dos realidades.Y no creo que la poesía salve si no que nos condena. Es una trampa de la mente en la que caes y ya no puedes salir. Es una cosa en sí misma, la poesía. La escritura del poema, en cambio, es parte de un oficio que asumimos sin esperar nada a cambio. No podemos evadirla. Es necesaria. Vital, diría yo. Pero no vital para salvar la vida sino en el sentido que forma parte de quien la escribe. Como un órgano más.


 


“SOMOS EL PAÍS QUE SUFRIMOS”


 



-Tu poesía es el país y la gente del país y el tiempo pasando y haciendo lo que ha hecho con el país y la gente del país ¿cómo vives y sientes tu país en estos tiempos?


 


-El país se ha venido convirtiendo en un dolor. Como bien dices es lo que nos ha tocado, sin considerarlo ni bueno ni malo. Aunque siempre con unas ganas enormes de salir de él. Lo que ocurre es que el país al que pertenecemos se lleva a cuestas a donde quiera que vayamos. Los últimos poemas que he escrito pertenecen a un libro que tiene que ver con el conglomerado al que pertenezco. Está tan entronizado en el pecho que ya es imposible desprenderse de él, entre otras cosas porque somos el país que sufrimos. La gente se podrá ir del país, pero los poetas no escapan a él. Puedes llegar a otro lugar y adaptarte lo mejor posible y sentirte más tranquilo y feliz, inclusive. Pero el país se niega a abandonarnos. Anidó en el pecho, por decirlo de alguna manera, y allí se incrustó.


 

-Hay gente siempre definiendo lo que es poesía y hasta apropiándose de la poesía, aunque es tan inatrapable ¿tienes una idea que te defina lo que es poesía?


 

-Para mí la poesía es una manifestación estética. No es otra cosa. Una forma de interpretar el mundo según nuestras competencias del intelecto. Exige esfuerzo, conocimiento, estudio. No hay poetas ágrafos ni espontáneos ni ingenuos. Los que dicen lo contrario tienen una aproximación –esta sí- ingenua al fenómeno. Por eso hay tantos malos poetas o falsos poetas. En la juventud, por ejemplo, hay muchos espontáneos que sin conocimiento del asunto pretenden a escribir poesía y hasta se autodenominan poetas.


 

-¿Qué piensas del mundo en este tiempo, de la humanidad en este tiempo?


 


-Es una pregunta que exige respuestas amplias y abarcadoras. Tendré una idea de esta al final de mi vida, cuando ya no tenga sentido decirla.


 

-¿Qué duele más hoy en día? ¿qué te conmueve más? ¿Ves algo apocalíptico o es solo una cuestión de que el ser humano supere sus ignorancias? Sus intereses…


 


-Desde mi perspectiva la visión es apocalíptica, pero supongo que es similar a la del individuo que se vio retratado a sí mismo durante las guerras mundiales o las grandes catástrofes. No puedo, por otra parte, ver nada positivo en estos días que nos toca sufrir.


 


“LA VIDA, EN GENERAL, SE ME ESCAPA” 


 


-¿Qué parte de la vida no puedes explicar, qué se te escapa?


 


-La vida, en general, se me escapa. Mi campo de visión no es tan amplio. Solo veo la partecita que me toca ver y, además, estoy tan cercano a ella que no la puedo apreciar en su totalidad. Mientras más te acercas a un hecho, un individuo, una realidad, en fin, más se distorsiona su imagen. Así que para mí la vida, en su totalidad, es imposible de explicar. Apenas sí, mediante mi forma de entendimiento, que es poética.


 


-¿Cuál es tu gran pasión?


-No lo sé. Las pasiones van mutando a medida que vivimos la realidad con el paso del tiempo. Más que pasiones diría que son obsesiones. Así que no es una sola, sino que son varias y dependen en gran medida del tiempo y el lugar que nos toca en turno. Entre las constantes, si es a lo que te refieres, puedo nombrar la infancia, el amor y la muerte. No en sentido amplio y general, sino enmarcado en las versiones particulares como las veo.


 


-¿Estás muy cerca de ti o te mueves como si estuvieras en un lugar que no te corresponde?


 


-Uno siempre se aleja del centro para explorar otros estadios. Todos somos una suerte de exploradores de la vida y sus diversas manifestaciones. Por tanto, no pertenecemos a ningún lugar, ni siquiera al que creemos que nos define, ese lugar metafórico que creemos ser. Esto no tiene que ver con el tema del país o la pertenencia a lugares geográficos, sociales o culturales. Sino solamente con el yo como epicentro de lo que nos definiría como individuos.


 


-¿Qué lugar ocupa la religión en tu vida?



-No sé si religión sea el término preciso. Pero creo en algo superior, un concepto de Dios, muy vinculado con el catolicismo. He explorado el budismo y otras formas de creencias “religiosas”, pero siempre vuelvo a la creencia católica. Así fui formado y, aunque no he sido un discípulo fiel y cumplido, está en mí como pocas creencias de esta naturaleza. Mi madre nos educó en esa fe y es difícil desprenderse de ella. Ni siquiera he pensado en hacerlo. De hecho, ya he explicado que mi poesía proviene de ese espacio sagrado de los rezos y plegarias de mi madre a los pies de las camas de sus hijos. Difícil separarse de ese espacio sagrado.

 


-¿Dónde vives? ¿casa? ¿apartamento? ¿perros? ¿gatos?


 


-Me haces esta pregunta justamente en un proceso de mudanza. Tengo más de veinte años viviendo solo en lugares rentados. Las circunstancias me obligan a regresar al apartamento de mis padres. Mi madre ya no vive, pero es un regreso a ella, a la zona de mi infancia y juventud. Los últimos diez años he habitado el anexo de una casa que debo dejar por razones mundanas. Será un viaje de retorno a esa zona entrañable y ya no tan grata de Caracas. La ciudad ha cambiado y, por más que existen los recuerdos, ya no reconozco el lar de otrora.


 


Los gatos han sido mis mascotas desde que pude tener una. Sin embargo, en esta casa he aprendido a convivir con los perros. Es una urbanización de quintas y esta es la mascota predominante. Confieso que poco tolero a los canes, pero tienen su encanto. Pienso en aquellos que tienen mascotas impensables (serpientes, cuervos, murciélagos, lagartos) y concluyo que todo es cuestión de empatía y tolerancia.


 


Ahora, como dije, regreso a un apartamento y esto implica convivir con los vecinos, que están más cerca y presentes que en las casas. A fin de cuentas, todo es cuestión de costumbres.



-¿Qué haces en esta etapa de peste y dramas?


 

-Diseño y dicto mis cursos, asumo trabajos temporales relacionados con mi formación. Corrijo manuscritos, escribo –poco- mato el tiempo leyendo e investigando. Los talleres y cursos que he diseñado durante la pandemia han sido muchos. Cada uno de ellos es un aprendizaje y una incursión en la palabra de otros y la propia. De resto intentar sobrevivir. Ya no estoy empleado sino que trabajo bajo la figura de contratos muy breves, semestrales. Leo poco de lo que quisiera o por distracción simple, porque la economía apremia. La insulina, para tres meses apenas, implica invertir cada vez $50 y bajo este esquema de ingresos no me puedo permitir distracciones ni divagaciones que son buena parte de mi naturaleza.

 



-¿Cómo ha cambiado dentro de ti la ciudadanía, en un país que ha cambiado tanto?


 

-Supongo que habrá algo permanente, cosa que define nuestro ser. Lo que cambian son las circunstancias, no la esencia. Sigo sintiéndome venezolano y, en cierta forma, europeo, italiano por mis raíces, aunque no hablo la lengua y la leo muy básicamente. Esto, y un poco verse como “ciudadano del mundo”, sin fronteras definitorias, miembro de una especie bastante desacreditada. Difícil verse como asiático o africano, pero sí como miembro de la raza. El mundo cada vez está más sin fronteras, salvo las políticamente establecidas por las naciones, pero nos vemos como pertenecientes a una placa, a una especie, nos vemos como humanos y reconocemos nuestras características egoístas de tal conglomerado biológico social. Pervive, como he dicho, para bien y para mal, ser venezolano y me reconozco en sus características definitorias, si las hay. Y estoy conforme a medias. Mi madre nació en Trinidad y Tobago, hija de padres venezolanos. Pero muy niña se trasladó la familia a la isla de Margarita y de allí su esencia oriental. Hay mucho de eso en mí. Mi padre llegó a Venezuela en diciembre de 1957. En ese instante se enamoró del país. Y ese amor agridulce me lo trasvasó. No sé si esto responde a la pregunta.


 


-¿Cuál es tu sueño más preciado en este tiempo?


-Material, regresar a España y vivir en algún pueblito de Castilla y León, quizás en la ciudad misma que recuerdo como habitable, Salamanca. No cuento con los recursos para ello así que estoy un poco resignado. Espiritual, encontrar cierta estabilidad emocional. Vivo sumido en la tristeza de sufrir en un lugar y en una época poco favorable a mis intereses personales y profesionales. Quisiera irme de Venezuela, aunque nunca antes lo había deseado, buscando algo que no tengo en este momento y no sé si lo encontraré en otra parte. Mientras, habitar la poesía.



Ya no recuerdo si el agua


calmaba la sed


sé que la sombra era grata


Esos días de pleno sol


mostraban los espejismos


de las palabras


¿Quién de la familia recuerda ya


al muerto de La Caranta?


¿Sus orientaciones para que el niño sanara?


Llegaba puntual a las 8 p.m.


se sentaba en la mecedora


y hablaba a los dueños de casa


El farmaceuta preguntó


¿quién recetó esa pócima?


¿a quién?


¿con qué fin?


Si administran esto tal como se indica acá


el pequeño será cautivo de las sombras


vendrán por él los duendes


y dejará de ser verdad


los vivos no soportan esta dosis de leyendas


Tomada de Crear en Salamanca



Ucab, homenaje Premio Nobel de Literatura 2011, Miguel Marcotrigiano
144 visualizaciones  9 nov 2011




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José Pulido. Fotografía de Gabriela Pulido Simne

José Pulido

Poeta, escritor y periodista, nació en Venezuela, el 1° de noviembre de 1945.

Vive en Génova, Italia. 

En 1989 obtuvo el Segundo Premio Miguel Otero Silva de novela, Editorial Planeta. En el 2000 recibió el Premio Municipal de Literatura, Mención Poesía, por su poemario Los Poseídos. Ha publicado cinco poemarios y nueve novelas. Desde el 2018 el Papel Literario de El Nacional creó la Serie José Pulido pregunta y publica las entrevistas que ha realizado a creadores y artistas.

(Ha fundado y dirigido varios suplementos y revistas de literatura. Si se requiere información detallada sobre estas publicaciones, favor solicitarla a este  correo: jipulido777@gmail.com)

Forma parte de la Antología Por ocho centurias, XXI Encuentro de Poetas Iberoamericanos, Salamanca, España, entre otras. Ha sido invitado a festivales en Irak, Colombia, Brasil, Chile, España y Génova. Participó, en 2012, como invitado de los Encuentros de Poetas Iberoamericanos que se celebran en SalamancaEn el 2018 y en el 2019 invitado al Festival Internacional de Poesía de Génova. 

Publicaciones más recientes:

El puente es la palabra. Antología de poetas venezolanos en la diáspora.

Compilación: Kira Kariakin y Eleonora Requena, para Caritas.

Poeti Uniti per il Venezuela, Parole di Libertà  (Poetas Unidos por Venezuela, Palabras de Libertad) publicado por Borella Edizioni, evento respaldado por la Associazione culturale Orquidea de Venezuela, con sede en Milán.

Poemario Heridas espaciales y mermelada casera editado por Barralibro Editores.




Enlaces relacionados:

Poesía y suicidio, un libro de Miguel Marcotrigiano: Un recorrido por “La escritura como profesión y el suicidio como vocación y forma de vida”




30 / 50 (Aproximación antológica a los poetas vinculados con la UCAB en sus 50 años).



Manuel Vázquez Montalbán a José Pulido: El lector de hoy está bajo la influencia audiovisual y eso ha modificado su capacidad de recepción



Ramón Ordaz a José Pulido: Aquí todo es nostalgia, porque la incertidumbre es nuestra reina de belleza. A ella cantamos




ERNEST MARAGALL, el escultor catalán que dejó su alma y corazón en Venezuela

Una entrevista de José Pulido




JULIO BOLÍVAR, poeta venezolano, a José Pulido: La sensación de estar secuestrado en Venezuela es inevitable




Sonia Chocrón: Si te digo la verdad, querido José Pulido: me siento rehén del espanto




Solange Rincón a José Pulido: La escritura me conduce hacia la autorrealización




Rafael Arráiz Lucca a José Pulido: Chávez ha traído un despertar de la sociedad civil y de la conciencia política de los venezolanos




Rodolfo Izaguirre a José Pulido: Yo de niño hice el mismo juramento que Scarlet O´Hara.




Alberto Hernández a José Pulido: La pobreza, ese látigo creado por el poder, nunca me alcanza porque la poesía siempre me rescata




Francisco José Aguiar, escritor y migrante venezolano, a José Pulido: Me aferraré a la escritura hasta el día de mi muerte




Román Chalbaud a José Pulido: Yo me siento orgulloso del trabajo que hacemos en RCTV.



PEDRO LEÓN ZAPATA: SOY UN PINTOR INDEFINIDO QUE CARECE DE RECETAS

Una entrevista de José Pulido




EDDY MERCKX: Un ciclista que corre en el equipo de la ferretería…

Un llavero de José Pulido




Miguel Rodríguez a José Pulido: Los empresarios venezolanos estaban acostumbrados al subsidio y a estar pegados en la ubre del Estado




Milagros Mata Gil a José Pulido: Yo no lo veré, pero Venezuela resurgirá y será un mejor país




Evguéni Evtuchenko a José Pulido: Cuando hay tanto sufrimiento alrededor es inmoral ser completamente feliz.




LINDSAY KEMP a José Pulido: El artista debe correr el riesgo de que su arte sea considerado un insulto




JULIO CORTAZAR a José Pulido: LO CONFIESO, TENGO MOMENTOS DE DESÁNIMO




Carlos Ayesta, fotógrafo venezolano, a José Pulido: La fotografía es la síntesis emocional de una situación vista a través de una cámara




Tadeusz Kantor a José Pulido: El Estado no tiene ningún poder para dar la libertad




William Styron, escritor estadounidense, a José Pulido: Me satisface estar en Venezuela.




Manuel Scorza a José Pulido: "He sido estafado sistemáticamente por la editorial Monte Avila..."




Manuel Puig a José Pulido: Yo trato de escribir para el lector que tiene mis mismas limitaciones.




USLAR PIETRI a José Pulido: Me han propuesto en todas partes para el Premio Nobel menos en Venezuela.




Luis Beltrán Prieto Figueroa a José Pulido: La poesía es un mensaje y el mensaje debe llegar limpio a las personas.




JACOBO BORGES, pintor venezolano,a José Pulido: Vivir es lo más importante y pintar es parte de la vida.




Vasco Szinetar, fotógrafo venezolano, a José Pulido: EL RETRATO ES UNA EXPLORACIÓN DEL SILENCIO.




CAROLINA HERRERA, LA DISEÑADORA VENEZOLANA, a José Pulido: Me gustan los colores de Jacobo Borges.




RUBÉN MONASTERIOS CON LA AREPA DE SU GENIO LE HIZO LA SUPLENCIA A CORÍN TELLADO.

Una entrevista de José Pulido.




CUANDO BLANCA ELENA PANTIN, LA POETA EDITÓ A MIYÓ VESTRINI, LA NARRADORA.

Una entrevista de José Pulido.




El escritor venezolano Adriano González León a José Pulido: No todos nuestros actos están destinados a la eternidad.




Rolando Peña, El príncipe negro, a José Pulido: Por fortuna existe el arte para librarnos del horror de la verdad.




Francisco Herrera Luque a José Pulido: Escribo del pasado porque le rehúyo al presente




Arthur Miller: No hay nada nuevo que pueda decir sobre Marilyn

Una entrevistade José Pulido









































miércoles, 11 de marzo de 2020

Poesía y suicidio, un libro de Miguel Marcotrigiano: Un recorrido por “La escritura como profesión y el suicidio como vocación y forma de vida”


Anne Sexton


CRÓNICAS DEL OLVIDO

Poesía y suicidio, de Miguel Marcotrigiano

Alberto Hernández

“Querido amigo,
tendré que hundirme con otros cientos
en un ascensor de carga al infierno.
Seré una cosa ligera.
Entraré en la muerte
como alguien que perdió sus lentes.
La vida se ha medio agrandado.
El pez y los búhos son hoy feroces.
La vida se inclina hacia atrás y hacia adelante.
Ni siquiera las avispas pueden encontrar mis ojos”.

Anne Sexton: “Nota de suicidio”.

1

La más convincente nota suicida es la que nunca se escribe y trama todo para que parezca una angelación. Así lo he venido pensando desde la infancia cuando una mañana descubrí el cuerpo muerto de Luis Arévalo, colgado de una alcayata detrás de la puerta de su cuarto. Desde la ventana por la que me asomé pude ver sus ojos apagados, perdidos, su lengua oscura y su cuerpo totalmente estirado, como si el suelo lo aspirase.

Comienzo con este recuerdo porque el niño de aquella edad —nueve o diez años— no entendía cómo un hombre, que la mañana anterior tomó café frente a mi familia, horas después aparece ahorcado después de dejar el trabajo de obrero en el lejano paisaje de un pueblo donde me levanté.

Luis Arévalo nunca escribió una nota suicida. No supo hacerlo. Tampoco era poeta. Fue un suicida desde que nació porque llevaba la marca en su silencio, en la manera de mirar y despedirse todos los días en el patio de mi casa en Valle de la Pascua.

Ahora, urgido por los libros, por la muerte ajena, la provocada por propia mano, reviso el pasado de aquella que aún me perturba. He estado cerca de conocidos y amigos suicidas y autodestructivos, esa lenta agonía que termina con una explosión, y me inclino a pensar sobre sus poemas o sobre sus tormentos.

El suicidio es una de las aventuras más reveladoras del ser humano. Es una muerte muchas veces pensada, ingeniada, elaborada, calculada, administrada. Detrás de la calma de un sujeto podría estar aposentada la muerte con vocación vigilante. Es la muerte que comienza como un signo y termina como un símbolo. Es la muerte que desemboca en la razón de quien suprime el mundanal ruido y se recoge en la mansedumbre del silencio. Podría decirse que es la única muerte donde la poesía tiene espacio abierto, toda vez que se trata del tema más trabajado por el verbo de quien más tarde habrá de dejar las líneas de una despedida, porque no es una sola: el poeta/suicida alterna la agonía vital con el poema y en él se vacía hasta la muerte. Cada poema escrito es un acto suicida, la aliteración de un amago que se convierte en acto íntimo, solitario, individual, como el mismo acto de crear el poema.

Quien escribe poesía y es habitado por tantos yos, termina matando el único que lo acosaba: los otros viven en el poema. Ser presa de ese ego manifiesta el deseo de ser su propio ejecutor: el ahogo, el veneno, el corte de las venas, el disparo en el pecho o en la cabeza, entrar en el mar para perderse en su fondo y la poesía, tentación que recurre a la melancolía, a la depresión, a la cueva oscura y deja cerca el papel donde explica, se disculpa, exonera o culpa. O es el caso de quien se suicida y deja la duda, la pregunta funeraria, el silencio en el aún vivo, otra manera de ser muerte.



Miguel Marcotrigiano fue seducido por el tema. ¿Y quién no? Da para estudiar, desentrañar misterios, encajarse en el discurso del “obstinado”, del desahuciado, del desamparado, del angustiado, del que no quiere nada con la vida. El suicidio y su lenguaje: signo y símbolo de quien tiene en la muerte “una realidad al alcance de la mano”.

Poesía y suicidio, publicado por la Editorial Académica Española en 2012, es el título que escogió nuestro autor para entrar en este vertedero de escombros anímicos, porque de alguna manera la muerte es una convocatoria que el agónico transforma en un montón de notas dolorosas, forenses, pero también en materiales que servirían para prologar la indagación de la muerte como estilo de vida.

Miguel Marcotrigiano

Luis Arévalo, aquel lejano y anónimo personaje —que el niño que fui descubrió ahorcado—, es el síntoma, la denotación de un recuerdo que queda como la nota final que nunca escribió.

Podría afirmar que las notas suicidas son prólogos de la acción misma de darse muerte. En el caso de quienes no la escriban, su vida es una representación de lo que habría de suceder y de lo que los sobrevivientes le añadan a esa experiencia final.



2

Marcotrigiano divide su estudio en tres partes: “Palabra y acto del suicidio”, “Biografía de autores suicidas” y “Estudio de la poesía de Martha Kornblith, capítulo en el que sustenta su investigación.

Gelindo Casasola. Fotografía de Gabriel Pilonieta


Por estas páginas pasan los nombres de Gelindo Casasola, Carlos Rodríguez Ferrara y la misma Kornblith como poetas que dejaron una obra poco extensa, pero que en ella reflejaron la intensidad de su existencia.

La base de la indagación del académico caraqueño engarza con la tesis la obra suicida y el acto suicida, rótulo que da pie para revisar —por ejemplo— la travesía de Arnold Ludwig, quien es citado por Misrahi, y quien estudió la vida de “1.005 escritores y otros artistas y profesionales de éxito del siglo XX”, con la cual pudo concluir que eran sujetos psicóticos, depresivos, pacientes con desórdenes afectivos y con tendencia al abuso de drogas o alcohol. Igual, concluyó que muchos de ellos sufrían de trastorno bipolar, razón por la cual es opinión casi general que los escritores, pero sobre todo los poetas, son atacados por la melancolía o depresión maníaca.

Recoge nombres conocidos de creadores que fueron víctimas de esa sombra que es la depresión: Van Gogh, Mahler, Gauguin, Rossetti, Händel, Porter, Balzac, Poe, Shelley, Byron, Hölderlin, Dinesen, Hemingway, Plath. Muchos de ellos autodestructivos. Se añaden los nombres de Larra, London, Pavese, Lowry, Quiroga, Kennedy Toole, Reinaldo Arenas, Benjamin, Chatterton, José Asunción Silva, Virginia Woolf, Maiakovski, Alfonsina Storni, Anne Sexton, Pizarnik, Ajmátova, Lugones, Mishima, Artaud, Nerval, Celan, Dylan Thomas, Primo Levi, entre otros.

Y una expresión tajante: “La escritura como profesión y el suicidio como vocación y forma de vida” redondea el epílogo lapidario de quienes escogieron ese camino.

Nuestro autor afirma también:

La vida simbólica que ofrece la literatura parece cobrar mayores dimensiones en la poesía, puesto que ésta tiene la propiedad de transformarse en una ficción que, a la vez, constituye una suerte de interioridad activa o en actividad.

Martha Kornblith


3

Esta inflexión, que podría servir de entrada o epígrafe a un trabajo sobre el mismo tema:

…la poesía constituye un simulacro y la vida y la muerte se disputan ese territorio en ella.

El poeta suicida vive en un constante afán por desaparecer con su verbo, desde el mismo poema, por dejar el paisaje que lo atormenta, por deshacerse de los fantasmas que a diario lo visitan.

La adicción pesimista juega un rol importante en su decisión de dejar de existir.

La imagen de Nerval colgado de un poste de luz mientras la nota suicida es sacudida por el viento revela que quien se quita la vida acomete el último poema, en este caso, romántico. La de Paul Celan mientras se hunde en las oscuras aguas del Sena. La de Hemingway al momento de ponerse el cañón de la escopeta en la boca. Cada uno signado por un temblor profundo y el deseo de deshacerse de la vida lo más rápidamente posible. Para el suicida la agonía no es nada sublime. Para el poeta suicida es el silencio absoluto el que lo salva de su sique. Borrar el poema, borrarse de su yo trascendente.


Sylvia Plath
Dos textos de poetas citados por Marcotrigiano, que se quitaron la vida y dejaron una obra imprescindible en el mundo de las letras: Sylvia Plath y Cesare Pavese:

La mujer alcanza la perfección. / Su cuerpo muerto porta la sonrisa del deber cumplido./ (…) Sus pies desnudos parecen estar diciendo: / Hemos llegado hasta aquí, es el fin.

(***)

Basta de palabras (…) La muerte tiene una mirada. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos (…). Bajaremos mudos por el torbellino…



4

Para arribar a su objetivo, al mundo fronterizo de Martha Kornblith, nuestro ensayista e investigador repasa los nombres de los poetas e intelectuales venezolanos que se suicidaron: Augusto Mijares, Gloria Stolk, Carlos Rangel, Argenis Rodríguez, Arturo Uslar Braun. También menciona a José Antonio Ramos Sucre, Elías David Curiel, Ismael Urdaneta, Luisa E. Larrazábal, César Dávila Andrade, Alirio Ugarte Pelayo…, de quienes hace una semblanza de su existencia y de su contenido poético donde el signo de la muerte marca la mirada del suicida.



Martha Kornblith dejó tres títulos: Oraciones para un dios ausente (Monte Ávila Editores, 1995), en el que Marcotrigiano estudia la muerte, la palabra, la memoria y la locura. En ese material uno de los poemas revela la cicatriz permanente de la autora: “Clínica Monserrat”.

Salvo las horas del miedo
también era posible reír.

Menciona al poeta José Asunción Silva , uno de los suicidas más insignes de la poesía latinoamericana.



En esa clínica, ubicada en Bogotá, nuestra autora vivió una temporada para rehabilitación psiquiátrica. La tragedia familiar, las muertes de sus seres queridos, detonaron su esquizofrenia.

En otro aparte de su angustia:

…suicidarme se ha convertido en mi divertimento, mi vocación.

En su segundo trabajo, El perdedor se lo lleva todo, editado por Pequeña Venecia (Caracas, 1997), el colombiano Vargas Vila asoma su rostro invitado por Marcotrigiano: “Cuando la vida es un martirio, el suicidio es un deber”. El juego como metáfora, como experticia de la banalidad.

Y cierra con su último y definitivo libro, el anterior y éste publicados post mortem: Sesión de endodoncia (Eclepsidra, Caracas, 1997), en el que el desamparo es la imagen que atestigua el postrer aliento de la joven poeta venezolana nacida en Perú.

El material de Marcotrigiano contiene opiniones y referencias de la crítica nacional, en el que se observan diferentes posiciones, calificaciones y perfiles de quienes abordaron su obra completa o alguno de los libros mencionados.

La mayoría de los autores definieron la poesía de Martha Kornblith como confesional, conversacional, narrativa, de breve extensión, “sentida y sufrida”, dolida, de un “descuido formal y honestidad”.

Marta Sosa dice que es una poesía donde habita una “impudicia confesional”. Yolanda Pantin y Alicia Torres: “Una escritura desde la conciencia de la enfermedad”.



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El autor de Poesía y suicidio expresa:

Un esquizofrénico, al cometer suicidio, no actúa contra su propio yo. Por tanto, no debería hablarse, en sentido estricto, de suicidio en un caso como este. ¿Quién dicta el poema? ¿Quién da la orden fatal? Las respuestas seguramente se hallarán en el entramado “sígnico” de su obra.

(Desde la mirada opaca de Luis Arévalo el niño dejado atrás se pregunta: ¿cuál yo decidió que aquel hombre iletrado decidiera escribir la nota suicida con el silencio de su cuerpo?).




Tomado de Letralia

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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Gallina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés.