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martes, 23 de diciembre de 2025

Alberto Hernández: Alacranes, la novela de Rodolfo Izaguirre, es la metáfora de un país fallido, maltratado por regímenes que se apoderan de todo hasta de la vida de sus habitantes

 



Tuve muchos amigos pero en la hora actual lo que tengo son más años y menos amigos. Dolorosamente, muchos han desertado con la complicidad de la Muerte. ¡ No me permitieron dar yo la vida por ellos !
De mis siete hermanos, pongamos por caso, solo quedo yo para decirlo. Tengo sobrinos, primos cercanos y lejanos, pero los veo poco. Es una fórmula mágica para que la familia exista y se mantenga unida. Me encontraba con mis hermanos dos o tres veces al año, sosteníamos gratas conversaciones y nos abrazábamos. Recuerdo al jesuita Mikel de Viana (hoy en Deusto) exclamar en la plaza de mi comunidad: “¡ La familia es un peo permanente !”. 
Ver a la familia una o dos veces al año es razonable. En cambio, sentimos más llevadera la familia que vamos adquiriendo. Veo, converso, paso más tiempo con mi amigo que con mi hermano más cercano. Sin embargo, he perdido a muchos viejos compañeros que creía eran amigos. Me refiero a los que quedaron anclados en el sarampión comunista juvenil y se volvieron adictos al chavismo y siendo poetas de altos vuelos no vacilaron en cuadrarse ante el comandante oscuro y ominoso y decirle:”¡ Ordene, Comandante !” o afirmar que hoy el mejor poeta venezolano es Hugo Chávez ... 
Dejaron de ser los amigos que tuve en el mundo de la cultura: cineastas, poetas, intelectuales y artistas plásticos. 
Dejaron de frecuentar mis pasos que igualmente eran los pasos suyos y no los volví a ver. Tienen, desde luego, el derecho de ser comunistas, chavistas o maduristas ... pero no puedo explicar, aceptar o perdonar que sean Rigolettos del sátrapa ... 
Mi caso no es único, pero el hecho es que dejaron de ser mis amigos porque cada vez que Chávez se ofuscaba llamándonos escuálidos, fascistas, traidores o vendepatrias en ningún momento alzaron la voz para decirle al caudillo que el fascista era él; decirle: Comandante, conocemos a Rodolfo Izaguirre desde hace más de sesenta años y nos consta que no es un fascista ni ningún traidor a la patria sino un venezolano que paga los impuestos, adora al cine, está bien casado y se empeña en escribir crónicas amables.
¡ Pero no lo hicieron ! Dejaron que Chávez siguiera ladrando sus ofensas, decapitara las jerarquías culturales, me negara la vida y prolongara la jactancia de sus equivocaciones en la mayor catástrofe política, económica, social y cultural en la historia del país.
¡ Antiguos amigos que chapoteando en el pantano de un necio socialismo permanecen callados ! ¡ Cómplices ! No han tenido el valor de distanciarse de la perversidad y de la brutal arrogancia del narcotráfico ... Doblegaron el espíritu ... ¡ Disolvieron su dignidad en aguas podridas ! 
¡ Se alejaron de la poderosa energía del arte y sucumbieron !
No los menciono porque ellos conocen sus propios nombres. 
Les llevo una gran ventaja porque a ellos los arrastra la Muerte, pero yo en cambio, moriré pronto porque tengo noventa años y, sin embargo ... ¡ pertenezco a la vida !



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Crónicas del Olvido

ALACRANES”, DE RODOLFO IZAGUIRRE

**Alberto Hernández**



1.-

Todo ser humano vive con un alacrán. Toda persona o personaje tiene el carácter del alacrán cedido por la realidad o la ficción. Un alacrán representa –simbólicamente- el accionar de quien forma parte de una narrativa del mal. La metaforización de la maldad, de lo espectral, suele ser parte de poéticas que –tanto en poesía como en narrativa- constituyen el constructo que las hace posibles. Sus referentes están en la representación de iconos, sujetos que la historia ha convertido en emblemas, en consignas o escenografías en las que se mueven los actantes confirmados por el tejido narrativo, la trama donde se activan estos símbolos, reales, oníricos o recreados por quien los elabora, los traza, los entrega en medio de verosímiles o inverosímiles eventos.  

Cada personaje es su propio alacrán. Su propia maldad o locura.

2.-

Releo “Alacranes” (Letras de Venezuela/ Dirección de Cultura de la UCV/ Imprenta Universitaria, Caracas 1968), de Rodolfo Izaguirre. Y aclaro: releo, pero con otros ojos, con otro entendimiento. La leí en los años 70 cuando era un adolescente. Ahora lo hago como si fuera el primer intento. 

Rodolfo Izaguirre y su hijo Boris.



Aunque cada vez que uno abre un libro no es el mismo libro ni es el mismo lector. Los libros cambian con el tiempo. También el lector. Los libros se transfiguran, porque el lector cambia y hace que la historia sea otra, aun cuando haya sido la misma que se instaló en la memoria y ahora emerge con un nuevo diseño, con una marca de agua diferente. 

Antonio Márquez Salas. Imagen tomada de aquí.


La novela de Rodolfo Izaguirre ganó, en 1966, el Premio de Prosa “José Rafael Pocaterra. El jurado estuvo compuesto por los narradores Antonio Márquez Salas y Guillermo Meneses, quienes consideraron que la obra se hizo acreedora a este premio “por la severa elegancia de su prosa, por el ambiente de poesía y dramatismo que la hace excepcional, por la agudeza de la observación y la capacidad de transferir a formas de arte la singular y viva experiencia de aspectos sorprendentes de la ciudad”.


Guillermo Meneses. Imagen tomada de aquí


 
Alacranes”, para aquellos días de bozo inaugural, se me presentaba como un crucigrama, lo que en el fondo realmente es, porque quien juega con las palabras, quien construye significaciones, produce en el otro la misma impresión de cuando ese alguien, lector ahora, resolvía el reto de los adjetivos, sustantivos, verbos y demás voces que nos ofrecía ese diagrama o recuadro de blancos y negros. O como un rompecabezas que debería armar. 

El alacrán está moviéndose entre las vigas del techo, se arrastra con su negra ponzoña en alto y la tenazas abiertas, negro, marrón oscuro, confundido con las cañabravas, hasta perderse entre ella y reaparecer más allá, cada vez más grande y gordo y, de pronto, encontrarse una mañana en patio, en medio de un ´circulo de llama azul y más allá del calor los niños que contemplan como se debate el bicho en el fuego…” (p. 13)

Una novela como “Alacranes” produce diversas reacciones, toda vez que la ruptura del tiempo y el espacio genera muchos viajes, muchos cambios, como si el lector estuviese frente a una pantalla: la película juega a los planos, desplazamientos, disfuminaciones, cambio abrupto de paisajes y diálogos. El film narra y describe y es capaz de convertir una imagen visual en una espiritual, como ocurre con todos los lenguajes artísticos. Pero en literatura la conversión sucede de otra manera: la lectura crea un vacío entre el plano de los personajes que encontramos en las páginas y los que arriban para ser reflexionados. Y todo gracias al cine. Los códigos del cine, su técnica, fueron traídos a la literatura. Autores como John Dos Passos, Faulkner, entre otros, fueron artífices de ese legado que hoy forma parte de la novela y hasta de los relatos más breves. 

3.-

“…pero lo que pasa es que nadie puede resistir tanto tiempo al tiempo, sobre todo cuando se vive entre muertos” (p. 34)

Se mueven el espacio y el tiempo. El narrador se desplaza de un lugar y de un tiempo como si jugara a armar figuras: se trata de anécdotas que se salen de la lógica, que se recrean en la lucidez misteriosa y hasta mágica de quien en la obra es personaje. O personajes que ambulan por una casa que está a punto de derrumbarse. El sueño respalda a la realidad. La ficción, la metaficción y la realidad se juntan para confundirse y hacerse un nuevo estamento narrativo. El texto se metamorfosea: transmigra, reencarna entre salto de tiempo y espacio hasta hacerse un conjunto fragmentario que se convierte en una metáfora. 

Así era esa casa: llena de alacranes. Todos tienen. Edelmira, incluso, con la diferencia de que ella se los llevó para la hacienda y no quiso dejarlos en la casa. La única que no llegó a tenerlos se marchó temprano y en lugar de un bicho ponzoñoso lo que quedó de ella fue una muñeca desguañingada sobre la colcha de la cama”. (p. 37)

Mujeres fantasmas se pasean por la casa, mientras los dos hombres aparecen y desaparecen del relato. El abuelo y Evaristo representan la fuerza, la violencia, los vicios, la tortura, el pasado y el presente político de un país que aún era un paisaje rural y hoy es el retrato de ese pasado. 

Cada sujeto lleva un alacrán en su interior. Símbolo de la maldad, del descrédito, de la maledicencia, del odio y hasta de amores desconocidos. 

La estructura de la novela tiene rasgos cinematográficos. Quien escribe esta novela es un hombre conocedor del cine. Es más, es un hombre de cine. El ritmo de la escritura, las rupturas indican que el autor está experimentando un texto desde su conocimiento del cine, desde su razonar como teórico del cine. El tejido dramático así lo indica, compuesto con elegancia en el uso de la lengua apegado al color local, a la Venezuela dominada por una demencia política que tiene en Evaristo la representación del torturador, el borracho machista que roba y maltrata hasta convertirse en un cadáver inflamado en el río Caroata. Un cadáver putrefacto: símbolo de lo que representa su gobierno. Un régimen que en el pasado encerró a sus mejores hijos en La Rotunda y luego en el Trocadero, como ahora en las mazmorras del siglo XXI: El antiguo El Dorado, Tocorón, Tocuyito, La Tumba del Helicoide, entre otras cárceles que han sido convertidas en cuevas para presos políticos.

Otros, cumplen un largo viaje por entre las tejas de los techos vecinos; los que avanzan desde casa de las Figueredo, por ejemplo, las mujeres locas de más abajo, y buscan meterse como ellas en el sueño de la casa y en los cerrados ojos de los muchachos con el único propósito de clavarles los aguijones en el corazón, y luego, los que a diario vienen con Evaristo desde los cuartos del Trocadero, los peores, los muy malignos, los sospechosos de crueldad y odio soterrado” (p. 44).

El poder, representado en diferentes tiempos, no cambia: es el mismo poder, el mismo crimen, los mismos abusos, la misma sangre derramada. 

“-No hagas caso, Edelmira, de lo que dicen. Eso de las torturas es pura mentira. Es una maniobra política de nuestros enemigos para desacreditar la Revolución que hemos hecho. No hagas caso –dice Evaristo, mientras se sirve agua de la pimpina y desaparece en su boca el trozo de carne ensartada en el tenedor”. (p. 67)

4.-

Pero si bien es cierto que los personajes son fantasmas que habitan en estas páginas, es la casa el verdadero personaje, que podría ser una imagen del país. Es una casa viva, orgánica, vegetal, animal, humana, fantasmal, memorial, sufriente.

Y las vecinas “bailamuertos”, las Figueroa, la abyección del afuera de la casa. El país atrasado, burdelero, trastocado por la persistencia de gobiernos militares (la narrativa nos lo dice de acuerdo con el contexto cronológico). Corren días de Gómez, días de Pérez Jiménez: regímenes maltratadores que se apoderan de todo hasta que, finalmente, son echados por quienes los pusieron en Miraflores

“-Se nos compara con la Gestapo, pero ¿quieres que te figa una cosa? Yo quisiera incluirme entre los que forman el gobierno, entre los que formamos parte de la Gestapo ésa de que se habla en los debates de la Constituyente, sin tener qué avergonzarme (…) Este país lo que necesita es eso –dice Evaristo dando con el puño un golpe en la mesa-. Un látigo. Este país es de los hombres que gobiernan”. (p. 68).

Los alacranes entran y salen de los cuerpos vivos y muertos. Cada alacrán es una narrativa. Cada alacrán es un carácter. Cada uno representa una dolencia, una muerte en casa, una muerte volátil, una vida muerta. Los alacranes simbolizan el alma de una casa, el espíritu de un país que no ha terminado de perfilarse como Nación.

Un país fantasma, fallido, habitado por muertos, los mismos muertos que Juan Rulfo inventó en “Pedro Páramo”. Años después en “Celestino antes del alba” y “El palacio de las blanquísimas mofetas”, de Reynaldo Arenas, el lector pudo sentir el mismo ambiente, la misma atmósfera, donde la muerte vive, donde la muerte se solaza en el hecho de ser un ente crítico. 

Esta es una novela metáfora. Una novela imagen, reflejo de ella misma, de los personajes que aún hoy siguen ambulando por la gran casa en la que habitan. La casa que se derrumba con unos muertos en su interior, con la excepción de alguien que agarra sus maletas y tira la puerta para escapar de tanta incuria.

Mujeres muertas. “una casa de viejas muertas, de beatas malignas llenas de alacranes”. (p.96). Mujeres vivas. Alacranes que brotan por sus ojos, por todos los huecos del cuerpo. Alacranes que caminan por las paredes, que se queman en el patio y terminan clavándose su propio veneno. 

Esta muestra magistral de Rodolfo Izaguirre se sigue escribiendo , porque su autor, según ha dado a conocer, trabaja el mismo texto desde algún tiempo. 

Los alacranes no mueren, se transforman. Casa de espectros, de la locura, país de fantasmas ambulantes.


      Promo Espacio Arte | Ensayista y escritor Rodolfo Izaguirre | VALETV Canal 5
48 Visualizaciones desde el 28 may de 2018 hasta la fecha de publicación de la entrada.








Rodolfo Izaguirre: Ensayista y crítico cinematográfico venezolano.


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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 


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lunes, 20 de mayo de 2024

José Napoleón Oropeza: Un Líder Cultural del Ateneo de Valencia, la Venezuela

 



NOTAS AL 2024

¿Memorias del futuro pasado?

Estas notas fueron escritas en 2002 (según indica la fecha de creación del archivo y que, además, ha sobrevivido a la  migración a cuatro computadoras). Recuerdo que nacieron con el propósito de optar a alguna beca para cursar estudios de pregrado en Estados Unidos.

Yo ya me había graduado de ingeniero casi un año antes, pero no tenía inconvenientes incluso de cursar de nuevo la misma carrera porque el agobio del «no hay futuro», me consumía como a Sarah Connor las llamas de sus pesadillas.


Era una competencia con pocas probabilidades de éxito, sin embargo, pasé hasta la segunda ronda y en esa vuelta tocaba hacer un ensayo sobre algún líder local y exponer por qué esa persona era un ejemplo a seguir. Escogí a José Napoleón Oropeza porque en aquella época yo participaba en un taller de lectura poética en el Ateneo de Valencia (al que jamás llamaré MUVA) y me pareció, que, a pesar de todos los escollos, Oropeza había logrado mantener el Ateneo a flote sin desvirtuar su propósito.

 
Para el Reflujo, tome MUVA

Sé que este texto puede parecer demasiado amable —la gestión de Oropeza tuvo sus bemoles—, pero la suma de sus aciertos creo que fue positiva y eso es lo que quiero rescatar ahora que el escritor nos ha dejado.

Después de que nuestro Skynet local ha mantenido por años su política de tierra arrasada, seguimos aquí, construyendo desde lo íntimo, desde lo privado, en el cine, la literatura, la música, incluso en las iniciativas públicas se cuela el espíritu crítico. El propósito del ateneo de Oropeza sigue en pie, vive en quien lee, pinta o escribe sin ánimo de complacer, sino de resistir.

Así que, si estás leyendo esto, tú eres la resistencia.


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Javier Domínguez

“No sigas el camino, en lugar de eso,

ve donde no exista uno y deja una huella”

  Ralph Waldo Emerson

 

            El tema del liderazgo y los líderes ha sido estudiado desde diversos ángulos desde el siglo XX. Se pueden tener tantas definiciones como autores se consulten, ningún concepto de liderazgo parece ser concluyente,  existen puntos de coincidencia y divergencia entre los investigadores, así por ejemplo, para Antonorsi y Szilágyi el líder es un guía “persona que conduce y enseña a otra el camino, es una persona que dirige y enseña a otra para hacer o lograr lo que se propone”.1 Sin embargo, para Maxwell el líder es la persona que puede influenciar a otras: “después de más de cuatro décadas de observar el liderazgo en mi familia, y después de muchos años de desarrollar mi propio potencial, he llegado a esta conclusión: el liderazgo es influencia”.2 Aunque ambas son diferentes, las apreciaciones se complementan y de ahí se puede argumentar que el liderazgo es la capacidad de motivar y enseñar a otros a trabajar por un objetivo común. Tanto el equipo de trabajo como el líder forman una dupla simbiótica en la cual el líder conduce a la meta a través de varios pasos, según Antonorsi y Szilágyi éstos son:

 

  1. Definir la realidad. ¿Dónde estamos?
  2. Compartir una visión. ¿A dónde vamos?
  3. Armar el equipo. ¿Quiénes vamos?
  4. Guiar al equipo. ¡Vamos!
  5. Celebrar los logros. ¡Llegamos!

 

            Este es un esquema que puede verse dentro de la gestión del Dr. José Napoleón Oropeza quien se ha desempeñado como presidente del Ateneo de Valencia durante once años. Oropeza nació en Puerto Nutrias, Estado Barinas en 1950, vive en Valencia desde los quince años. De inteligencia precoz, aprendió a hablar latín fluidamente a los trece años y da sus primeros pasos en la literatura a través de la poesía. A los diecisiete recibe un  premio literario en el liceo José Rafael Pocaterra por un ensayo sobre la novela Cubagua -obra que él considera fundamental dentro de la narrativa venezolana- gracias a este reconocimiento entra a trabajar en el Ateneo de Valencia. A los diecinueve gana el Concurso de Cuentos de El Nacional, con la obra La muerte se mueve con la tierra encima. En 2002 vuelve a ganar este certamen con el cuento Entre la cuna y el dinosaurio. Obtiene su doctorado en Londres a finales de los años setenta y actualmente se desempeña como profesor de postgrado de la facultad de educación de la Universidad de Carabobo, el rol de docente ha acompañado a Oropeza durante toda su vida. A lo largo de su carrera como escritor ha publicado alrededor de doce libros y ha sido más reconocido por su labor como escritor que como gerente cultural. La intención de este ensayo es la de enseñar esta otra faceta de Oropeza como ejemplo de una gerencia pública eficiente.



            Como ya se señaló, Oropeza se inicia en el Ateneo a los diecisiete años, desde entonces se ha desempeñado en varios cargos dentro de la institución lo cual le permitió concebir su propio concepto acerca de la función de los ateneos y museos. Según sus propias palabras la función del ateneo es: “debe ser el gran vaso comunicante entre todas las instituciones... es el espejo de la comunidad y debe ser su gran líder” así mismo “deberían ser los espejos de la democracia en el sentido de la alternabilidad, la oportunidad de que la gerencia la efectúen miembros de la junta directiva de manera alterna.” Oropeza es electo como presidente del Ateneo en Marzo de 1991. En aquel entonces gana las elecciones con un programa muy concreto de trece puntos el cual se ha desarrollado desde el inicio de su gestión. La llegada de Oropeza no es entonces casualidad, ocurre como consecuencia de una visión muy clara de lo que se deseaba. Él logró transmitir sus esperanzas y sueños de una forma tan clara que logró hacer que los demás los tomaran como propios, entonces se puede comprobar que la influencia es ciertamente uno de los elementos fundamentales del liderazgo. Desde sus primeros días como presidente, Oropeza se fijó como misión modernizar la labor del Ateneo, porque éste permanecía anclado a una visión atrasada del quehacer cultural.  Sin embargo, mantuvo los programas permanentes como el Salón Michelena, la Bienal Pocaterra, los Cuadernos Cabriales y la biblioteca Enrique Tejera. De esta forma, se inició un proceso de cambios, conservando los logros de las gestiones anteriores. Oropeza identificó realidad del momento, decidió lo que debía modificarse y aquello que debía permanecer, cumpliendo así el primer paso del modelo enumerado al principio (¿dónde estamos?). El primer año de Oropeza al frente del Ateneo se inició con metas específicas entre las cuales se destacan:

§  Ampliación de la sede, hasta lograr la construcción de un edificio de ocho (8) niveles que albergue: biblioteca, cafetín, salas de exposición, espacio de usos múltiples, dependencias administrativas, depósito, auditórium y espacio para talleres.

§  Reorganización curricular de la casa de los talleres.

§  Reorganización de la biblioteca y restauración de los volúmenes históricos.

§  Creación del teatro infantil Cataplum.

§  Creación del circuito de títeres Correcaminos e implantación de módulos en diversos sitios del Distrito Valencia.

§  Cursos de formación y capacitación para el personal que labora en el Ateneo.

 

Con estos objetivos, el nuevo presidente fijó las metas de los próximos años, basado en ideas propias y ajenas, las cuáles transmitió a su equipo de trabajo. De esta forma, Oropeza pasa al segundo paso del esquema (¿a dónde vamos?) con metas claras y precisas.


            Luego de rodearse de un equipo de profesionales en las áreas administrativas y artísticas, formó una estructura organizacional horizontal, se rediseñaron los talleres creativos para la comunidad y así nació Fundataller, en un modesto local alquilado en la parroquia San José. Esta nueva fundación se encargaría de ser un semillero de nuevos artistas en las áreas de narrativa, pintura, fotografía, escultura, poesía. Además de ser un puente con la comunidad para seminarios literarios y de apreciación artística. Así Oropeza cumple con el tercer paso del esquema (¿Con quién vamos?) al rodearse de un equipo de trabajo que lejos de opacar su labor, ha sido la clave de su éxito dentro del Ateneo.


            En el transcurso de once años el Ateneo se ha enfrentado con el sempiterno problema del presupuesto, actualmente funciona con un gasto de doce de millones de bolívares mensuales, este ha sido el presupuesto desde 1996 (es decir, de $25,500 en 1996 a $12.500 en el 2002), sin embargo, la administración eficiente y la búsqueda de otras fuentes de financiamiento dentro de la industria privada (patrocinantes, donativos de materiales, etc) ha permitido no sólo mantener a flote la institución, sino llevar a cabo los programas de modernización. Otra solución ha sido el autofinanciamiento a través de iniciativas como la Librería Cubagua.  Esto demuestra una visión que va más allá de detenerse ante los problemas y llevarse las manos a la cabeza, la actitud del presidente ha sido la búsqueda constante de soluciones inmediatas y permanentes. La guía de los líderes en momentos difíciles es vital para mantener el entusiasmo dentro de las organizaciones. En este sentido, Oropeza ha sido un magnífico guía para el personal del Ateneo. Lo cual lo encaja perfectamente con el cuarto paso del esquema principal (¡Vamos!).



            Si bien para Oropeza aún quedan muchas metas por cumplir, es interesante hacer un balance de los avances durante su gestión, los proyectos enumerados al inicio de su programa se materializaron en el Museo Salón Arturo Michelena, finalmente inaugurado en noviembre de 2001, la estructura consta de seis pisos, salas de exposiciones, áreas administrativas, presidencia, terrazas, biblioteca y centro de documentación. La reorganización de los talleres dio como resultado la cátedra de estudios libres Ida Gramcko, Fundataller pasó a instalarse definitivamente en la calle posterior al Ateneo y ahora se conoce como la casa de los talleres. Así mismo en el año 1994 se iniciaron los cursos de apreciación artística que evolucionaron hasta permitir la creación del Centro Piloto Luis Eduardo Chávez en 1999. Este instituto tiene como misión la formación de profesionales en diversas áreas del arte y gerencia cultural, además de los talleres individuales de fotografía, dibujo, pintura, orfebrería y teatro. Sus egresados obtienen títulos avalados por el Ministerio de Educación Cultura y Deporte como Técnicos Superiores Universitarios en Arte. Como líder del Ateneo, Oropeza ha llegado lo suficientemente lejos como para celebrar sus logros, cerrando así el círculo del esquema inicial (¡Llegamos!).


            En el año 1999, Oropeza fue electo como presidente de la asociación de ateneos de Venezuela, desde ahí quiso transmitir su visión al resto de los ateneos del país y así nació la visión de los Museos sin Muros, es decir, diseñar instituciones culturales con el fin de establecer una relación geográfica y ecológica con la comunidad, además de tener una estructura organizativa que facilite el contacto con el hecho cultural. Sin embargo,  debió dejar el cargo por motivos de salud.


            Oropeza se ha definido así mismo como un soñador de grandes metas, tanto en su rol de artista, gerente y maestro, ha demostrado siempre ser una persona inspiradora que ha sabido rodearse de los mejores valores humanos en cada una de las áreas de su vida. Obviamente no se amilana ante los obstáculos y prefiere superarlos manteniendo la vista fija en su objetivo. Se ha involucrado con cada uno de los empleados del Ateneo de Valencia y conoce muy bien a su equipo de trabajo. Además disfruta de sus éxitos y ha demostrado que la gerencia pública eficiente es posible. Por estos elementos se puede concluir que José Napoleón Oropeza es un líder de la difusión cultural que sin duda ha dejado una huella para ser seguida.

 





1 Antonorsi B. Marcel y Szilágyi Alejandro. Liderazgo (concepto, proceso, maestría personal).  Visión compartida. Caracas.

2 Maxwell, Jhon. Desarrolle al líder que está en usted. Editorial Caribe. 1996.



En Persona: José Napoleón Oropeza
215 Visualizaciones desde el 7 oct de 2014 hasta el 22 de ene de 2026



José Napoleón Oropeza

Puerto Nutrias, 1950 – Valencia, 2024. Narrador y ensayista. Licenciado en Educación egresado de la Universidad de Carabobo (1972). Doctor en Literatura por el King’s College London (1982). Fue profesor de la Universidad de Carabobo en la Cátedra de Teoría y Análisis Literario de la Maestría de Literatura Venezolana. Como gestor cultural, presidió el ateneo de Valencia (1991-2007) y la Federación de Ateneos de Venezuela (1991-1994).


Su obra narrativa comprende diversos títulos: Parte de la noche (Cuentos. Universidad del Zulia, Maracaibo, 1971), La muerte se mueve con la tierra encima (Cuentos. Monte Avila Editores, Caracas, 1972), Las redes de siempre (Novela. Monte Ávila Editores, Caracas, 1976), Ningún espacio para muerte próxima. Cuentos 1969-1976  (Cuentos. Monte Ávila Editores, Caracas, 1979), Las hojas más ásperas (Novela. Monte Ávila Editores, 1980), El bosque de los elegidos (Novela. Fundarte, Caracas, 1986) Entre el oro y la carne (Novela. Editorial Planeta Venezolana, Caracas, 1990), La guerra de los caracoles (Cuentos.  Monte Ávila Editores, Caracas, 1991), Testamento de un pájaro (Novela. S.d., 1992 – Universidad de Carabobo, 1999), La carta que contenía arena (Cuentos. Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2002) Entre la cuna y el dinosaurio. Cuentos completos 1972-2002 (Cuentos. El otro, el mismo, 2006)), Las puertas ocultas (Novela. Bid&Co Editor. 2011), El cielo invertido (UCAB – Bid & Co Editor, Caracas, 2016), La lluvia inconclusa (novela. Rubiano Ediciones, 2022) y El huésped invisible. Cuentos. 2002-2015 (Monte Ávila Editores, Caracas, 2023). Su obra literaria abarcó también la poesía, el ensayo y la crítica destacándose con títulos como: Para fijar un rostro y El habla secreta.


Premio de Poesía Alberto Arvelo Torrealba (s.d., 1970). Premio Único de Cuentos de la Universidad del Zulia (s.d., 1971 y 1972). Premio Único del Concurso Anual de Cuentos del diario El Nacional con su cuento La muerte se mueve con la tierra encima (1971). Premio de Prosa de la Universidad de Carabobo (s.d., 1971). Premio de Novela Guillermo Meneses por su novela Las redes de siempre (1975). Premio Municipal de Prosa Manuel Díaz Rodríguez (s.d., 1983). Premio CONAC Narrativa (s.d., 1987). Premio Cuarenta años de la Universidad de Carabobo (s.d., 1999). Premio Bienal de Literatura Orlando Araujo por el libro El habla secreta. Rostros y perfiles de la poesía venezolana del siglo XX y XXI (primera parte. 2001). Premio de Cuentos de El Nacional por el texto Entre la cuna y el dinosaurio (2002). Doctorado Honoris Causa en Educación, otorgado por la Universidad de Carabobo (2007). Premio de la Crítica a la Novela por su novela Las puertas ocultas  (2011). Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua (2015). Premio Nacional de Cultura Mención Literatura por su trayectoria literaria (2021-2022).  Premio Nacional de Literatura por su obra El habla secreta. Rostros y perfiles de la poesía venezolana del siglo XX y XXI (segunda parte. 2023). ​


Su obra ha sido incluida en diversas antologías y muestras de narrativa venezolana.



https://ficcionbreve.org/autor/jose-napoleon-oropeza/



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Javier Domínguez. Valencia. Venezuela.

Narrador. Autor de los libros de cuentos “El camino de los hilos” (2005) y “Mundos diagonales” (2015). Y la novela inédita “Crónicas del triunfo”.

2do. Lugar en el XI Concurso de cuentos de La Policlínica Metropolitana 2017. Caracas. Venezuela.



Actualmente es coordina el taller de narrativa “Escribe tu cuento” en la Fundación La Letra Voladora. Además de colaborar con microcuentos en el sitio web www.microcuentos.es





























































































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12/12/2025