Poeta de la joven democracia norteamericana, de la Guerra de Secesión –durante la que trabajó como enfermero voluntario–; de la naturaleza y de la ciudad, que recorrió confraternizando con tranviarios, carpinteros, vendedores, bohemios, cargadores, menesterosos y gentes de toda condición
Una edición especial de Hojas de hierba, de Walt Whitman (1819-1892), fue el regalo navideño de Bill Clinton a Mónica Lewinsky durante su relación. Algo que, según las palabras de la entonces becaria en la Casa Blanca, significó mucho para ella. Tratándose del escritor que canta a la democracia y a la libertad, incluyendo la libertad sexual con versos muy explícitos, el regalito de marras tenía mucha miga.
Whitman es el arquetipo del americano hecho a sí mismo del siglo XIX, como lo fuera Benjamin Franklin cien años antes. Nacido en el entorno campestre de Long Island, su infancia rural y el traslado de la familia a Brooklyn, donde convivían granjas con los talleres de una incipiente industria frente a la isla de Manhattan, marcarían su amor a la naturaleza y su poesía urbana. Autodidacta, su avidez por la lectura y su afición al teatro y a la música le dotaron de una gran cultura, lo que le permitió ganarse la vida como maestro de escuela y periodista. Esta última condición, de reportero inquieto y gran observador de los problemas de la ciudad y sus gentes, le dio el profundo conocimiento de la sociedad de su tiempo que plasmaría en Hojas de hierba.
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Considerado el padre del verso libre, que en España entraría de la mano de la Generación del 27, Hojas de hierba supuso una revolución estilística y temática, cuya influencia perdura hasta hoy. La ausencia de métrica y rima la compensa el poeta con un ritmo prosódico, aliteración y repetición dando a sus versos una gran musicalidad y, sobre todo, flexibilidad para una mayor expresividad y profundidad al no someter el fondo a la tiranía de la forma. Melómano y asistente habitual a la ópera en calidad de periodista, confesó que nunca podría haber escrito Hojas de hierba sin la emoción, arrebato e inspiración operística.
Poeta de la joven democracia norteamericana, de la Guerra de Secesión –durante la que trabajó como enfermero voluntario–; de la naturaleza y de la ciudad, que recorrió confraternizando con tranviarios, carpinteros, vendedores, bohemios, cargadores, menesterosos y gentes de toda condición. «Walt Whitman, un cosmos, de Manhattan el hijo,» dice en uno de sus versos.
Desconocido en el panorama literario, autopublicó Hojas de hierba con escaso éxito y duras críticas no solo por su revolucionario e incomprendido estilo poético, sino por sus referencias sexuales no siempre sutiles. Aprovechando sus contactos, publicó astuta y anónimamente críticas elogiosas a su propio libro titulando la primera de ellas, con descarado autobombo, «¡Por fin, un bardo americano!». Tuvo, además, audacia de enviar un ejemplar a Emerson (otro icono del movimiento hippie), respetado intelectual y escritor y principal figura del trascendentalismo americano. La elogiosa respuesta de Emerson ha pasado a la historia como la carta más famosa de la literatura norteamericana y situó a Whitman en el mapa literario de su época, pues no dudó en publicarla en el periódico neoyorquino Tribune sin permiso del autor.
El libro presentaba un daguerrotipo suyo con aspecto de un trabajador cualquiera de Brooklyn; con una mano en la cintura y la otra metida en el bolsillo de un pantalón de trabajo, camisa con el cuello abierto mostrando la camiseta debajo y sombrero de ala ancha. Una estética muy alejada de la de sus respetables contemporáneos, como Emerson o Longfellow, con sus levitas negras. Celoso de su imagen, el poeta demostró ser el mejor publicista de sí mismo.
¿Cómo se convierte un poeta del siglo XIX en icono y referente para los beat de los años cincuenta y del movimiento flower powerhippie de los sesenta?
Como Emerson, su padre literario, Whitman fue un estudioso de la filosofía hindú, que tanto influyó en el movimiento pacifista y contracultural beat, muy especialmente en Allen Ginsberg, y posteriormente en los hippies. Su poema Pasaje a la India ensalza la comunión entre hombre y naturaleza en un viaje espiritual y místico. El poeta se veía a sí mismo como apóstol de la democracia y la libertad, de la armonía entre pueblos y culturas, defensor de la mujer, de la abolición de la pena de muerte y de la esclavitud, de los desfavorecidos, de las mejoras de las condiciones laborales y consuelo de los afligidos. Un activista en el sentido moderno del término.
Su Canto a mí mismo canta a la libertad, al cuerpo y al alma, a la naturaleza, a la solidaridad, al amor libre –incluyendo el homosexual–. Todo ello, impregnado del pensamiento trascendentalista americano, resultaba muy inspirador y sugerente para aquellos universitarios rebeldes, pacifistas y contestarios que se manifestaban contra la guerra de Vietnam y que expandieron su inconformismo por el mundo occidental.
Su poema A los Estados, no ha perdido vigencia:
A los Estados, o a cualquiera de entre ellos, o a una ciudad
cualquiera de los Estados, le digo: Resistid mucho, obedeced poco,
Una vez admitida la obediencia sin protesta, es la servidumbre total.
Una vez esclavizada totalmente, ninguna nación, Estado
o ciudad de la Tierra volverá a reconquistar su libertad.
María José López de Arenosa es filóloga y miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles
Richard Ford en la Biblioteca Jaume Fuster de Barcelona.Foto:Antonio Moreno
Estimados Liponautas
Los escritores suelen escribir bien, así que cuando sus peroratas son dirigidas hacia otra área sus ideas pueden estar tan mal o bien dirigidas como las de cualquier hijo de la panadera...
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La Gerencia
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Richard Ford: "Me reía con Carver de nuestro supuesto realismo sucio"
16 diciembre, 2015 01:00
Laura Fernández
Richard Ford ha resucitado en Francamente, Frank (Anagrama) a su peculiar 'alter ego', Frank Bascombe, el periodista deportivo que luego fue agente inmobiliario y ahora se ha convertido en un jubilado al que le asustan las caídas en el hielo, para hablar del huracán Sandy y todo lo que destruyó, y también de todo aquello que hace de la vida "una imprevisible maravilla".
Como Frank Bascombe, Richard Ford (1944) fue hijo único de padres mayores. Padres que le adoraban. Padres que nunca se tomaron muy en serio nada de lo que ocurría. "Crecí entre un montón de adultos", dice. Todos ellos le fascinaban. Se fijaba, desde niño, en todo lo que hacían y en cómo lo hacían. Trataba de descubrir por qué lo hacían. Luego, toda esa gente empezó a morir. "Empecé a tener que ir a un montón de entierros. Incluido el de mi propio padre, que murió cuando yo tenía 16 años", recuerda. La muerte, la muerte que acecha a Frank Bascombe, temeroso de resbalar, un día, en las escaleras del porche (porque un poco de hielo puede ser tan letal como un francotirador, a una determinada edad, o eso se repite, una y otra vez, el ex periodista deportivo y ex agente inmobiliario, lo más parecido a un álter ego que Ford ha tenido jamás), y no volver a ser el mismo, o no volver a ser en absoluto, está presente, desde el principio, en todo lo que escribe. Y lo está especialmente en ésta, en mucho sentidos, elegíaca antología, o los cuatro relatos que dan forma a una peculiar novela en cuatro partes que Ford quiso titular Let Me Be Frank With You, juego de palabras que en español se ha convertido en Francamente, Frank (Anagrama), y que, en su versión original, apela al artificio que constituye toda novela, por más realista que ésta sea.
"En los 60 hubo una generación de escritores, de la que formaron parte William Gass, Donald Barthelme y Robert Coover, que jugaban con esa idea de lo metaliterario. Yo crecí en esa época, consciente de que la literatura es artificio. Que nadie te está ofreciendo un ojo de la cerradura por el que mirar, sino que tú, como lector formas parte de una experiencia artística e intelectual cuando lees un libro. Así que con el título pretendía invitar al lector a vivir esa experiencia, a jugar a ese juego conmigo", dice el escritor. Está sentado a una butaca negra y sigue con la mirada a todo aquel que pasa junto a él, hasta que éste, sea quien sea, desaparece. Lleva encima una libreta, una diminuta libreta de bolsillo interior de americana, en la que anota frases que podría haber dicho Bascombe si en vez de un personaje "hecho de palabras" ("porque eso es lo que es", dice, "no soy la clase de escritor que considera que sus personajes están vivos, Frank Bascombe no existe", aclara), fuese un tipo de carne y hueso, y tuviese que enfrentarse a: 1) Tipos que regresan para pedirle cuentas por la que casa que les vendió y que ahora se ha llevado el huracán; 2) Curiosas ex inquilinas de la casa en la que vive que regresan para echar un vistazo al lugar en el que crecieron; 3) Ex mujeres que se han retirado a una residencia aquejadas de una enfermedad de la que no podrán escapar y 4) Amigos que en realidad nunca lo fueron y que quieren confesar un desliz antes de adentrarse en el Más Allá.
Para mí, la vida es una especie de carnaval. No me tomo nada demasiado en serio. Ni a mí mismo"
He aquí lo que esconden los cuatro relatos incluidos en Francamente, Frank, el regreso no esperado de Frank Bascombe, el tipo que protagoniza El periodista deportivo, El Día de la Independencia y Acción de Gracias. Ford, que creció en Jackson, Mississippi, en la misma calle que William Faulkner, en la misma manzana que Eudora Welty, que dijo de él que era "un chico inteligente pero un poco salvaje", recuerda que cuando ganó el Pulitzer (por algo que jamás volverá a escribir: una novela larga, muy larga, como El Día de la Independencia), le preguntaron qué le parecía que un tipo de Jackson, Mississipi ganara el Pulitzer y él respondió: "¿Que qué me parece? ¡Ni siquiera soy el único de mi manzana que lo ha hecho!".
Pregunta.- ¿De veras no tenía previsto resucitar a Frank? ¿Por qué tomaba entonces todas esas notas sobre cosas que podría haber dicho?
Respuesta.- Frank ha sido desde el principio una especie de herramienta. Como una voz que está ahí todo el tiempo. Un instrumento que me mantiene alerta. Me obliga a prestar atención a lo que me rodea. Para muchos escritores, lo verdaderamente valioso es el pasado. Para mí lo es el presente. Estar vivo es un milagro, y hay que celebrarlo. Como he dicho, crecí rodeado de gente adulta y llegó un momento en que esa gente empezó a morir. Aquello me enseñó a apreciar lo que tenía: la vida. Todo me parece interesante. Pero no lo que ha pasado, sino lo que está pasando ahora mismo. Para mí, la vida es una especie de carnaval. No me tomo nada demasiado en serio. Ni siquiera a mí mismo.
P.- ¿Fue el huracán Sandy el que le impulsó a hacerlo, en cualquier caso?
R.- Sí. Lo cierto es que jamás pensé que resucitaría a Frank. Pero luego ocurrió lo del huracán Sandy y verdaderamente me impactó. Pensé que, dado que Frank conocía bien Nueva Jersey, podría ser un buen narrador para la historia. Aún no sabía qué quería escribir, pero sabía que tendría algo que ver con las consecuencias del huracán. Los escritores vamos de un lado a otro en busca de algo que contar, y las ideas toman forma en tu cabeza sin que seas consciente de por qué lo hacen. Yo estaba en Nueva York cuando el huracán destrozó la vida de toda esa gente. Fui a la zona, vi lo que había pasado, me quedé sin palabras, y me dije que tenía que escribir sobre eso. Porque de eso va la literatura. La literatura tiene que sacudirte. Tiene que decirle al lector: '¡Eh, un momento! ¡Aquí está pasando algo! Deja lo que estás haciendo y echa un vistazo'.
La literatura tiene que sacudirte. Tiene que decirle al lector: '¡Eh, un momento! ¡Aquí está pasando algo! "
P.- ¿Por qué tomó la forma de cuatro relatos? ¿Por qué no escribir una novela?
R.- No creo que tenga la energía suficiente para sumergirme en una novela como las que he escrito. Tengo 72 años, no quiero embarcarme en cosas complicadas. No sé si voy a seguir vivo mañana. Prefiero ponérmelo fácil. Así que escribí un relato. Y luego escribí otro y cuando tuve un tercero me dije que el número tres no me gustaba y que escribiría un cuarto. Luego mi editor quiso que escribiera un quinto y yo le dije que no podía volver a ese momento. Cada libro tiene un momento. Se genera una atmósfera a su alrededor cuando lo escribes y cuando dejas de escribirlo, esa atmósfera se esfuma. Ya no puedes volver.
P.- Raymond Carver decía cosas maravillosas de usted, y fueron grandes amigos además de contemporáneos, de los dos se dijo que lo suyo era realismo sucio, aunque usted no ha estado nunca a gusto con la etiqueta.
R.- La verdad es que no. Solía reírme con Carver de nuestro supuesto realismo sucio. Fue muy divertido, en realidad. Fue cosa de la revista Granta. Cuando nos juntábamos decíamos: '¿Qué tienen de sucias nuestras historias? No hay sexo, no hay violencia, ¿qué es lo que les parece sucio?'. En cualquier caso, sirvió de algo. Hoy en día aún se habla de Carver.
P.- Ha hablado antes de otros escritores, escritores como Donald Barthelme y William Gass, ¿influyeron en algún sentido en su obra?
R.- Por supuesto. Leerlos me hizo descubrir que el realismo no es realismo en absoluto. El realismo no existe. La novela es artificio y hay muchas maneras de ser verosímil. Una historia crea la ilusión de realidad, pero es sólo eso, ilusión. No hay más verdad en mis historias que en las historias de Barthelme. Ambas son igualmente artificiales. He discutido mucho sobre ello últimamente con Colm Toibin. Para él, sus personajes existen, para mí, no. Son eso, personajes. Están hechos de palabras. Como todo lo que les pasa.
P.- ¿Y qué me dice del sentido del humor en sus historias? ¿Diría que existe un humor sureño?
R.- No sé si existe un humor sureño, aunque sí sé que el humor está presente en la literatura de William Faulkner y en la Flannery O'Connor, pero no es exclusivo de los escritores del sur, por supuesto. En mi caso, procede de muy distintos sitios. Por un lado, del cine. Cuando era niño podía llegar a ver tres películas al día. Y todas eran comedias. Luego están mis padres, que reían mucho, y se lo pasaban en grande. Y luego el lugar en el que crecí, en el que todo era absurdo. Crecer en un sitio en el que te dicen que las cosas son de una determinada manera cuando cada día tú compruebas que son justo lo contrario, es una buena manera de convertirte en un escritor que prefiera el humor, y el absurdo, a cualquier otra cosa.
A los americanos no les interesa la política, lo único que les interesan son los eslóganes"
P.- En Francamente, Frank, hay una presencia constante de la muerte, pero también del pasado, el pasado que simbolizan todas esas casas, el hogar perdido de quienes sufrieron las consecuencias del huracán, pero también del propio Frank, que se refiere a menudo a su pasado en el barrio en el que ahora vive, Haddam.
R.- La casa es tu refugio. El lugar al que vuelves, donde duermes, donde discutes con tu mujer. Es el lugar en el que inviertes más de todo: dinero y energía, sentimientos. Sabemos que estamos aquí de paso, pero nunca pensamos en la posibilidad de que ese refugio desaparezca. Para toda esa gente que perdió su casa en el huracán, todo desapareció. El lugar en el que habían visto crecer a sus hijos de repente ya no existía. Quería reflexionar al respecto, de ahí que en casi todos los relatos la casa sea importante. Y luego está la idea del hogar, que es una idea distinta. Uno puede sentirse en casa en cualquier parte, siempre que esté con alguien querido. La idea del hogar es algo más conceptual que físico.
P.- Bascombe es un demócrata convencido. Hay comentarios políticos en todos y cada uno de los relatos, pero se refiere, obviamente, al ex presidente Bush, y también a Obama, ¿qué cree que opinaría Bascombe o qué opina usted de alguien como Donald Trump?
R.- Oh, no creo que represente una verdadera amenaza. Nunca será elegido. Ni en las primarias de su partido, ni en las generales, en el caso de que llegara a presentarse como candidato republicano. En realidad no le interesa nada relacionado con la política, al propio Trump, sólo está ahí. Y cuando pierda, se irá. Desaparecerá. A menos que quiera quedarse y convertirse en una especie de agitador. En cualquier caso, su sola presencia asegura que los demócratas vuelvan a salir elegidos.
P.- ¿Cree que Hillary Clinton será la próxima presidenta de Estados Unidos?
R.- Creo que no ha hecho nada para serlo, pero lo será si Donald Trump sigue ahí. Si en vez de Donald Trump hubiera tenido otro rival, no le hubiera costado demasiado acabar con ella, pero no ha sido así. En cualquier caso, a los americanos no les interesa la política, lo único que les interesan son los eslóganes. Las pegatinas para el guardabarros del coche, que ahora están muy de moda. Todo el mundo tiene una. O un montón de ellas. Así es como dejan claro lo que opinan del mundo.
P.- ¿Ha cambiado mucho América desde que publicó El periodista deportivo?
R.- Bueno, entonces era 1986. No había internet, no había móviles, no había toda esa comunicación instantánea que tenemos hoy. Donde había pequeñas tiendas de barrio ahora hay sucursales de cadenas. Los viejos edificios se han convertido en aparcamientos para esas nuevas tiendas. Han subido los impuestos. Todo el mundo parece tener más dinero. Al menos, en Nueva Jersey. Pero también ha ocurrido que Nueva Jersey se ha hecho menos distinguible. Cuando yo llegué aquí, en 1976, era un lugar singular, muy distinto al resto, y ahora es como cualquier otra ciudad. Respecto a América, y la forma en que ha cambiado espiritualmente, no sabría decirlo. Estoy cerca de saberlo, pero aún ando preguntándomelo.
P.- ¿Quizá en la próxima novela? ¿Un nuevo Bascombe?
R.- Habrá un nuevo Bascombe, pero no será la próxima novela. La próxima novela la protagonizará un profesor. No sé. Pero, si sigo vivo para cuando la acabe, escribiré un nuevo Bascombe, sí. Y lo ambientaré en San Valentín. Bascombe hará un viaje en una de esas enormes autocaravanas. Será invierno. Uhm. Sí.
Durante mucho tiempo, empezar a escribir antes del amanecer se volvió una necesidad. Tenía hijos muy chicos y necesitaba usar el tiempo antes de que dijeran “mamá”, y eso era alrededor de las cinco de la mañana. Muchos años después, cuando dejé de trabajar como editora en Random House, me quedé en casa por un par de años. Descubrí cosas sobre mí misma en las que nunca había pensado antes. Al principio no sabía cuándo quería comer, porque siempre había comido cuando era el momento del almuerzo, la cena o el desayuno. Los chicos y el trabajo habían condicionado todos mis hábitos. No conocía los sonidos de mi propia casa, me sentía un poco desorientada. Esto ocurría alrededor de 1983, estaba ocupada escribiendo "Beloved", y eventualmente me di cuenta de que tenía la cabeza más clara, tenía más confianza y en general era más inteligente a la mañana. El hábito de levantarme temprano, que había formado cuando los chicos eran muy pequeños, ahora se convirtió en mi elección. No soy muy brillante ni muy ingeniosa cuando cae el sol.
Siempre quise ser una lectora, no pensaba en ser escritora. Creía que todo lo que era necesario escribir ya se había escrito, o se escribiría. Sólo escribí mi primer libro porque tuve la sensación de que ese libro faltaba, no existía, y quería leerlo cuando estuviese terminado. Soy una lectora muy buena. Amo leer. Es lo que hago, realmente. El elogio más importante en el que puedo pensar es escribir algo que pueda ser leído. La gente dice “escribo para mí” y suena horrible y narcisista, pero de alguna manera, si uno sabe leer su trabajo, es decir, con la necesaria distancia crítica, eso te hace un mejor escritor y editor.
Me di cuenta de que tenía el don de ser escritora muy tarde en la vida. Siempre pensé que tenía la facilidad porque la gente me lo decía, pero su criterio solía no ser el mío. No me interesaba lo que decían, en verdad, no significaba nada. Cuando estaba escribiendo "Song of Solomon", mi tercer libro, empecé a pensar que esto sería una parte central de mi vida. Otras mujeres lo han hecho en la historia, pero es difícil para una mujer decir “soy escritora”. Bueno: ya no lo es, pero ciertamente lo fue para las mujeres de mi generación, mi clase y mi raza. El punto es que una se está moviendo hacia afuera del rol de género. No estás diciendo soy una madre, soy una esposa. O, si estás en el mercado de trabajo, soy una profesora, soy una editora. Cuando te movés hacia “escritora”, ¿qué significa? ¿Es un trabajo? ¿Es una forma de ganarse la vida? Es intervenir en un terreno que no resulta familiar, en el que una no tiene una procedencia. En aquel momento, personalmente no conocía a ninguna otra mujer escritora exitosa; el terreno parecía reservado para los varones. Así que una esperaba ser una especie de persona pequeña en los márgenes. Era casi como si hubiese sido necesario un permiso para escribir. Cuando leo biografías y autobiografías de mujeres, incluso relatos de cómo empezaron a escribir, casi todas tienen esta pequeña anécdota que habla del momento en que alguien les dio el permiso de hacerlo. Una madre, un esposo, un maestro, alguien, dijo OK, adelante, podés hacerlo. Eso no quiere decir que los hombres nunca hayan necesitado ese empujón; con frecuencia, cuando son muy jóvenes, un mentor dice: sos bueno, y ellos van hacia adelante. Eso si, la autorización se daba por hecho. Yo no podía. Era todo muy extraño. Así que incluso cuando sabía que escribir era central en mi vida, que era donde estaba mi mente, donde me sentía mas a gusto y donde se encontraba el mayor desafío, no lo podía decir. Si alguien me preguntaba, ¿a qué se dedica?, yo no decía, oh, soy escritora. Decía soy editora, soy maestra.
Es importante saber para quién se escribe. Cuando alguien como Frederick Douglass escribía un libro, estaba escribiendo para gente blanca, legítimamente, porque quería que se comportaran, quería liberarlos. Esos eran sus lectores. Para mi no lo son. Tolstoi no escribía para jovencitas de Ohio. Escribía para rusos, ¿o no? Yo escribo para, acerca de y sobre gente negra. Y si lo que escribo es lo suficientemente bueno, va a ser leído y apreciado por gente que no es afroamericana. Esa es la manera sencilla de explicarlo. Pero también hay una cuestión central: creo que somos interesantes. Lo que la gente fuera de Estados Unidos, particularmente en Europa, piensan de mi país, lo que les gusta en general, es algo que viene de la cultura negra. Es el jazz. Es incluso el lenguaje. No se puede pensar en este país sin nosotros. ¡Yo no lo visitaría! Aparecí con mi primer libro tratando de decir: “El rascismo duele de verdad. Si querés ser blanco y no lo sos, si sos joven y vulnerable, puede matarte”.
Leí muchas narrativas sobre la esclavitud para "Beloved", pero no tanto para obtener información porque sabía que debían ser autenticadas por los patrones blancos, que no podían decir todo lo que querían porque no podían alienar a su público; tenían que guardar silencio sobre ciertas cosas. Iban a ser todo lo buenos que podían dadas las circunstancias y también revelar lo más posible, pero nunca iban a decir cuán horrible era. Decían: “bueno, fue realmente espantoso, así que vamos a abolir la esclavitud y la vida puede seguir”. Sus narrativas debían ser muy modestas. Así que aunque investigaba los documentos y sentía familiaridad con la esclavitud --al mismo tiempo que me sentía abrumada--, quería que se sintiera de verdad. Quería traducir lo histórico a lo personal. Pasé un largo tiempo tratando de entender qué tenía la esclavitud que la hacía tan repugnante, tan personal, tan indiferente, tan íntima y sin embargo tan pública.
En la lectura de algunos documentos noté frecuentemente referencias a algo que nunca se describía con precisión. La “cosita”. “El pedazo”. Esta "cosa" se ponía en la boca de los esclavos para castigarlos y hacerlos callar, al mismo tiempo que les permitía trabajar. Pasé mucho tiempo tratando de averiguar qué forma tenía, cómo se veía. Me la pasaba leyendo testimonios que eran como “le puse el pedazo a Jenny” o lo que cuenta Equiano, que dice, “fui a la cocina y vi a una mujer sentada junto a las hornallas que tenía un freno en su boca”. Y me preguntaba, ¿qué es eso? Alguien me lo explicó y me dije: nunca vi algo tan horrible en toda mi vida. No podía imaginarme la cosa: ¿era similar al freno de los caballos o qué?
Finalmente conseguí unos dibujos en un libro que describía las torturas de un hombre a su esposa. En Brasil y en otros lugares de Sudamérica también los conservaban como recuerdo. Pero mientras estaba investigando se me ocurrió algo: que este artefacto, este objeto personalizado de tortura, era un descendiente directo de la Inquisición. Y me di cuenta de que, por supuesto, no era algo que se pudiese comprar. No se puede pedir por correo el objeto personalizado para tu esclavo. Tenés que confeccionarlo. Hay que ir al patio y reunir algunos elementos y construirlo y después ajustarlo a la persona. Todo el proceso tenía una característica muy personal para la persona que lo fabricaba y también para la persona que lo llevaba puesto. Después me di cuenta que describirlo nunca iba a poder ser efectivo: que el lector no necesitaba tanto verlo, necesitaba saber cómo se sentía. Me di cuenta de que era importante imaginar a ese artefacto como un instrumento activo y no simplemente como una curiosidad o un hecho histórico. De la misma manera, quería mostrarles a los lectores no cómo se veía la esclavitud, sino cómo se sentía.
(*)La primera escritora afroamericana ganadora del Nobel murió el lunes pasado
Toni Morrison en sus propias palabras
Autora de novelas imprescindibles como Beloved y La canción de Salomón, fue además una voz central en la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Este texto incluye reflexiones sobre su vida y su obra tomadas de entrevistas que le concedió a The Paris Review y Granta.
Paul Auster: Me hubiera gustado ser mucho más abierto
16/03/2012
Auster y Francis
En Diario de invierno (Anagrama y Edicions 62) evoca episodios de su vida: el descubrimiento del sexo, recuerdos de sus padres, sus ataques de pánico, su primer matrimonio fallido, y el largo y feliz matrimonio actual... En la entrevista, al sol y con gafas oscuras, me trata de banal con sutileza en dos ocasiones. "Me siento como Elena Francis" (consultorio radiofónico para mujeres)", dice cuando le pregunto qué ha entendido sobre el amor. Y cuando lo hago sobre las cosas que admira, señala: "Vuelvo a ser como Elena Francis, pero admiro la ternura y la generosidad". Sólo consigo desbaratarle la sonrisa cuando le planteo si es de los que miran el circo o de los que bajan a la arena a pelear.
Ima Sanchís
Tiene algo bueno envejecer?
Probablemente no. A partir de una edad te vas preparando para la muerte, pero te sientes más vivo que nunca.
¿Qué le ha construido?
El
intenso amor de mi madre cuando era pequeño y lo que me sucedió a los
14 años estando en un campamento de verano: íbamos caminando por el
bosque cuando nos sorprendió una tormenta eléctrica. Al chico que estaba
a mi lado lo fulminó un rayo.
Le podía haber sucedido a usted.
Sí.
Cuanto mayor me hago más me doy cuenta de la importancia de ese hecho.
Asumí que cualquier cosa puede suceder en cualquier momento.
¿Cómo era ese amor materno?
Me
dio consistencia moral: cómo ser una buena persona y tratar a la gente
amablemente. Y como me apoyó mucho, me dio el sentido de que podía hacer
lo que me propusiera. De joven no tuve miedo de vivir la vida. Pero ahí
hay una paradoja.
¿En qué consiste?
Cuando unos padres te dan todo lo que pueden y te forman cuanto puedes, a la que estás listo para volar no quieres volver atrás.
La figura de la madre acostumbra a estar muy presente en los escritores.
Samuel
Beckett, uno de mis escritores favoritos, tenía una relación fatal con
su madre y en su biografía hay una historia que me encanta: en una
ocasión, a los 14 años, saliendo de un partido de cricket, no tenía
dinero para volver a casa. Como era tan tímido, no se atrevió a
pedírselo a nadie y decidió recorre a pie los 15 kilómetros. A mitad de
camino estaba agotado y se durmió sobre sus bultos.
...
Lo
encontraron a media noche. La madre estaba tan enfadada que lo envió a
dormir sin cenar. El padre, a escondidas, le hizo algo de comer y se lo
llevó.
Paul Auster & Siri Hustvedt. Imagen tomada de Pinterest.
Usted también fue un gran tímido.
Muy tímido. Cuando a los 20 años leía mis poemas temblaba y jamás miraba al público.
La
sufrí a los 30. A los 40 estaba felizmente casado. Tuve una primera
mujer pero acabó en divorcio. Luego unas cuantas relaciones intensas que
no cuajaron, pero conocí a Siri (su esposa) y cambió todo.
¿Y qué ha entendido del amor?
Que
existe cuando tú quieres más para la otra persona que para ti mismo.
Siri es muy muy inteligente y tiene dos modelos acerca del amor y del
matrimonio: las relaciones mecánicas y las relaciones orgánicas. A
menudo las relaciones mecánicas empiezan con una gran pasión, pero como
todas las máquinas acaban fallando. Las relaciones orgánicas no paran de
cambiar.
¿Cuestión de cintura?
Hay que estar
siempre alerta respecto a lo que está experimentando el otro y lo que
estás experimentando tú. Pero me siento como Elena Francis.
Curioso sentimiento, ya que lo explica en su libro.
...
Los escritores suelen tener grandes egos. ¿Cómo llevan dos egos en casa?
No
trabajamos en el mismo espacio. A las 5 de la tarde nos reunimos y
tenemos muchas otras cosas en qué pensar: qué cenaremos, quién lava los
platos, quién va a comprar...
¿La primera en leer sus manuscritos es su mujer?
Sí,
y tengo plena confianza en sus juicios y viceversa. Admiramos mucho el
trabajo del otro, pero somos honrados, decimos lo que pensamos.
¿Ha temido al fracaso?
Sí,
y he tenido bastantes. La vida es en gran medida fracaso. Pero para mí
el fracaso es un acicate: me invita a fracasar mejor la próxima vez.
Siri Hustvedt, Sophie Auster y Paul Auster. Imagen tomada de TriunfoArciniegas.
Bueno, no le va tan mal...
No me quejo, pero soy consciente de que un mismo libro una persona lo puede adorar y otra, considerarlo una porquería.
¿Cuál ha sido su gran decepción?
Han sido cosas pequeñas: amigos cuyos actos no esperaba.
¿Y de sí mismo?
Me hubiera gustado ser mucho más abierto.
¿Fue hippy?
Era
lo opuesto a un hippy. Perteneciendo a la generación de las drogas,
jamás me he drogado. Las drogas me daban miedo, a mi alrededor hubo
muchos que murieron y otros que se volvieron muy locos.
¿Sobrevuela?
No, cada día siento rabia por cómo estamos dejando el mundo.
Me
gusta mucho. Lo que están haciendo me parece extraordinariamente
inteligente y muy nuevo en el discurso político, un movimiento sin
líderes ni plataformas para expresar el descontento, que es el primer
gran paso para hacer cambios.
¿Ha estado en la plaza?
No.
¿Mejor juzgar que participar?
¡En
absoluto!, yo trabajo mucho con el PEN para que saquen a escritores de
la cárcel, he ido contra la guerra de Iraq..., ¡por favor!
¿Qué busca en la literatura?
Cada vez que abro un libro busco que me cambie la vida, aunque no suele suceder.
¿Y en la propia?
La conexión. Un libro es quizá el único lugar del mundo en el que dos extraños se pueden encontrar.
Tras el esfuerzo que supuso sacar el Neutron número 5
de setiembre 2015: Bichos malos en el
cine donde yo participé con Proyecto
Fórmico (publicado en esta su web amiga el 5 de setiembre de 2017,
consultable en este enlace), quizás el ensayo de cine
del que me siento más orgulloso, el bueno de Txema Gilnos fue llamando a sus
colaboradores para proponernos un nuevo reto. En este caso se trataba de
escribir algo con absoluta libertad, lo que nos diese la gana. Finalmente el
proyecto vio la luz en el Neutron número 6 el de mayo de 2016 y yo colaboré con
el artículo que sigue a continuación.
Recuerdo perfectamente su génesis. De un tiempo a esta
parte la mayoría de productos de ocio que adquiero los han realizado amigos.
Tengo esa suerte. En este caso en concreto el gran Carlos Díaz Maroto es el
responsable del libreto que acompaña el lanzamiento en DVD de Historias para no dormir de Chicho
Ibañez Serrador por la Editorial 39 escalones. Ni que decir tiene que lo
primero que hice fue leerme el magnífico libreto. Hoy día no he acabado de ver
la magnífica serie de Chicho. Es algo común, leo los prefacios, ensayos
firmados por mis amigos y pocas veces acabo leyendo el resto del libro.
En aquella ocasión algo me chirrió en los comentarios
de Carlos. Lo investigué, ni que decir tiene que me lo paso mucho mejor
indagando que escribiendo. Para mi escribir es un tormento, actividad ingrata e
insana. Los resultados de aquellas indagaciones aparecen en el Anexo de este
artículo. Las investigaciones, las indagaciones tienen efectos colaterales a
veces muy deseables. En esta ocasión descubrí el episodio La mano (Demon with a Glass Hand, 1964, Byron Haskin) el resto lo
podrá comprobar en el artículo que sigue a esta entradilla. Sin embargo en
aquellos momentos estaba buceando en los materiales necesarios para vestir una
idea sobre la excelsa Los Pájaros
(The Birds, 1963, Alfred Hitchcock). Idea que había estado comentando con
Carlos Díaz Maroto. Pero este artículo irrumpió con tal virulencia que aparqué
el de los pájaros y ahí siguen, en el parking acompañando a otro grupito de
mítico artículos o cuentos jamás escritos y que me revisitan cada tanto, como
fantasmas en navidad, para atormentarme por mi desidia. En este caso concreto
se ubicó entre el postergado ensayo: Batman
es republicano… y Superman monárquico y el proyecto de cuento Marsuf y El Príncipe. Se da la
agradable circunstancia que tras 26 años de demora he empezado a escribir ese
cuento. ¡Qué desilusión! ¡Qué pesadumbre! El borrador no llega ni a la décima
parte de lo valioso que lo imaginaba en mi cerebro. Una vez en el procesador de
texto, el relato se expande y me tiraniza con el camino a seguir. A la mierda las
brújulas y demás señalizaciones preconcebidas. Es el propio texto el que elige
su camino. Ahora mismo estoy en el dolorosísimo parto, esta entradilla es un
descanso emocional de tan devastadora tarea. Es posible que Marsuf y su
príncipe no lleguen a buen puerto, que se hundan y retomen su lugar entre el
Batman republicano y Los Pájaros, el tiempo y mi dolor lo determinarán.
Mientras tanto les dejo con las influencias de Harlan Ellison en Blade Runner.
Un placer como siempre.
by PacoMan, Málaga a 21 febrero 2020.
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Harlan Ellison, flanqueado por Leonard Nimoy y William Shatner, en el rodaje de uno de los capítulos de la serie Star Trek. Imagen tomada de aqui.
Se ha escrito mucho
sobre la influencia del escritor y guionista norteamericano Harlan Ellison[i]
en Terminator (The Terminator, 1984, James Cameron),pero nada o casi nada[ii]
de su influencia en Blade Runner (1982,
Ridley Scott).
Los dos capítulos
de Rumbo a lo desconocido
guionizados por Harla Ellison que influyeron en el Terminator de Cameron son precisamente de la segunda temporada, en
particular el primero: Soldado (Soldier, dirigido por Gerd Oswald)
estrenado el 19 de Septiembre de 1964 y el quinto: La mano (Demon with a Glass
Hand, dirigido por Byron Haskin[iii])
estrenado el 17 de Octubre de 1964 por lo tanto James Cameron tenía 10 años y a
Ridley Scott le faltaba un mes para cumplir los 27 años, cuando vieron por
primera vez estos episodios. En el anexo desarrollo la curiosa historia de cómo
llegó a ser emitido este capítulo (La
mano) en España.
Argumento de Soldado: Dos soldados del futuro se
hallan combatiendo cuando por efecto secundario de una explosión son enviados
al pasado (nuestro presente… bueno el de 1964). Uno de ellos, Qarlo Clobregnny (interpretado
por Michael Ansara) llega primero, mientras que su antagonista queda retenido
en un remolino temporal. Qarlo es interceptado por las autoridades americanas
(¿por qué todos los alienígenas y viajeros temporales siempre llegan a los
EE.UU.?). Todo el empeño de Qarlo es recuperar el ardor guerrero adormecido en los
humanos del presente (¿ardor guerrero adormecido en 1964?…recordemos que, en esos momentos, los EE.UU.
estaban inmersos en plena guerra del Vietnam). Ardor guerrero necesario para
estar preparados para luchar en la guerra futura, guerra en la cual él estaba
combatiendo cuando fue lanzado a 1964. Sin embargo el remolino temporal se
atempera y su enemigo, por fin, llega a la Tierra “del presente”, produciéndose
la inevitable confrontación mortal, donde finalmente Qarlo se sacrifica para salvar
a la familia que lo tenía acogido.
Es evidente la influencia que este capítulo ha ejercido en Terminator. Menos evidente es la influencia de Demon with a Glass Hand; tanto es así, que incluso la serie The Big Bang Theory (The Big Bang Theory, desde 2007 hasta la actualidad, creada por Chuck Lorre y Bill Prady) en el capítulo de la temporada séptima: The Mommy Observation (estrenado el 13 de Marzo de 2014), ningunea la influencia de La mano[iv] en Terminator.
Argumento de La mano: Un hombre; Trent (interpretado
por Robert Culp, bien conocido en España por su papel en El gran héroe americano (The
Greatest American Hero, 3 temporadas, entre 1981 y 1983, creado por Stephen J. Cannell) nacido hacía 10 días se
encuentra desorientado, sin recuerdos y perseguido por los Kyben, alienígenas con
aspecto humano (eso sí, un poco risible). La mano izquierda de Trent es una
mano robótica de cristal, a la que le faltan tres dedos y que le va a informando, guiando y asesorando.
En realidad la mano es un ordenador que guarda información en sus cinco dedos.
Trent acaba descubriendo que ha sido enviado al pasado para salvar a la
humanidad, desde un futuro donde esta ha sido derrotada en 90 días por los Kyben.Éstos poseen los tres dedos que faltan para
completar la mano de Trent. Lo persiguen, pues la mano robótica es la clave para encontrar a
los 70.000 millones de humanos que han desaparecido de la Tierra tras su
conquista. Los Kyben son enviados de dos en dos desde el futuro a través de un
Espejo del Tiempo, para cazar a Trent en el presente. Tras una ardua y continua
lucha con los Kyben que van llegando y gracias a un hábil ardid (dejarse matar…para luego revivir) consigue destruir el
Espejo del Tiempo (lo que frena inexorablemente la llegada de más Kyben desde
el futuro) y arrebatarles los tres dedos que completan su mano de cristal. Es
una victoria agridulce ya que la mano le revelaque él es un robot, que los 70.000 millones de humanos han sido
convertidos en corriente eléctrica y conservados en un alambre y que este
alambre se encuentra enrollado en su torso. La guerra la perdió la humanidad
pero no sin antes liberar una plaga que destruirá todo tipo de vida; tanto la
humana como la de los Kyben. Por esa la razón la humanidad ha hibernado cibernéticamente
en el pecho de Trent, a la espera que transcurran la docena de siglos
necesarios hasta que la Tierra pueda volver a ser habitable y poder volver a
ocuparla.
Se aprecia que la
influencia de este argumento en la película Terminator es como mínimo tangencial… pero existir: existe.
Influencia en Blade Runner.
La influencia es
más estética (diseño de producción) que argumental, aunque algún efecto si tuvo
en este área. Y más concretamente en el diseño de producción de una de las
subtramas de la magistral película de Scott.
Casi un personaje más en la película de Scott. Curiosamente este edificio que fue diseñado
para disfrutar de la máxima luz solar, en ambos films, aparece oscuro,
tenebroso y porque no decirlo ominoso.
Sus magníficas escaleras y pasillos
lucen magistralmente y muy apropiadas para cualquier obra de ciencia ficción,
no en vano su arquitecto se inspiró en Mirando
atrás desde 2000 a 1887 (Looking
Backward: from 2000 to 1887) escrito por Edward Bellamy y publicado en
1887.
Pris es una
replicante interpretada por Daryl Hannah. Modifica su maquillaje una vez que se
establece en el apartamento de Sebastian
(interpretado por William Sanderson) sito en el edificio Bradbury. El diseño de
producción de La mano está resuelto
con muy pocos medios… seguramente el alquiler el edificio Bradbury y la
fabricación de la mano robótica consumió todo el presupuesto. Para solventar la
caracterización de los alienígenas se optó por un simple, pero efectista,
efecto del maquillaje; consistente en ensombrecer el contorno de ambos ojos, lo
que se acentúa al estar el resto de la cara muy blanquecina.
Hay que admitir
que este efecto se multiplica cuando los Kyben aparecen con una media en la
cara. Ciertamente no se llega a aclarar porque unas veces los alienígenas
aparecen con la media en la cara y otras veces no.Pris no llegó a lucir medias en la cara
(prefirió hacerlo en el lugar más usual: sus piernas), pero es cierto que
intentando esconderse de Dekcard (interpretado por Harrison Ford) se disfrazó
de una novia muñeca, cubriendo su cara con un velo, lo que le da un aspecto
semejante a los Kyben con media en la cara.
3.- La persecución
dentro del edificio.
Ambos protagonistas:
Trent y Deckard, son implacablemente perseguidos por los Kyban y por Roy, un
replicante modelo Nexus 6 (interpretado por Rutger Hauer). En esta persecución,
un Kyben y el propio Trent atraviesan una ventana del edificio mientras pelean.
Roy
atravesará una pared con su cabeza para atemorizar aún más a Deckard. Ambas
persecuciones acaban en la cornisa del tejado del edificio Bradbury. SI bien es
cierto, que en La mano el zénit
argumental no se alcanza en el tejado, sino cuando es revelada su condición de
robot a Trent, lo que le condena a la más absoluta soledad, la soledad del
guardián y albacea de la humanidad.
4.- La búsqueda del
sentido de la vida.
Trent y los Nexus 6
nacen adultos, no en vanos son robots, y acaban preguntándose por el sentido de
sus vidas. Trent, que se cree humano, pues desconoce que es un robot, busca
afanosamente su misión en la vida: proteger la vida de la humanidad. La
replicante Rachael (interpretada por Sean Young) desconocía que era un robot,
la revelación de su condición le pone en la senda de la eterna búsqueda de los
humanos (parece ser que compartida por los futuros robots): dotar de sentido su
existencia. Los demás Nexus 6, si saben que son robots, ellos buscan alargar su
efímera vida, misión en la que fracasan. Sin duda alguna la aceptación final de
Roy, que como todo buen héroe griego se enfrenta a la irrevocabilidad de su
destino para sucumbir finalmente a él, nos depara una de las escenas más líricas
e impresionantes del cine. El alegato a favor de la vida en boca de un robot en
pleno trance de su final, sirve de inspiración al estupefacto Deckard, que
hasta ese momento había llevado una vida vacua, una vida asemejada a la de un
robot.
En conclusión, una
influencia más estética que argumental, pero ¿no es de eso de lo que se trata?
¿Qué diferencia fundamental hay en el argumento de Blade Runner y el de los clásicos dramas griegos?
ANEXO: LA EMISIÓN DE LA MANO EN ESPAÑA.
Inicio el anexo comentando
que he conocido este episodio gracias a la reedición de la mítica serie
española Historias para no dormir de
Chicho Ibáñez Serrador recientemente reeditado en DVD por la editorial 39
escalones y que se acompaña con una magnífica guía de capítulos elaborada por
el colaborador habitual de Neutrón:
Carlos Díaz Maroto. La serie estuvo en antena tres temporadas iniciándose el viernes
4 de febrero de 1966 a las 23:15 horas por UHF (canal 31, lo que con el paso
del tiempo devino en La 2 de TVE). A la siguiente semana pasó a la VHF (La 1 de
TVE actualmente) precisamente con el capítulo que nos ocupa: La Mano con un más que evidente doblaje
latino al castellano. Por lo tanto, podemos concluir que se emitió el viernes
11 de Febrero de 1966 a las 23:15 horas. Díaz Maroto explica lo siguiente en su
comentario sobre este capítulo:
“… tal como refiere Chicho en la presentación, en
realidad se trata de “una película americana de ciencia ficción”; en concreto,
un episodio de la mítica serie Rumbo a lo
desconocido(The Outer Limits; 1963-65), y uno de sus mejores episodios, ya emitido por TVE dentro de la propia
serie como “El demonio de la mano de cristal” …”
Nota: El resaltado
en negrita es mío.
Gracias a la estupenda hemeroteca virtual de La Vanguardia [vi]
puedo decir que en realidad el estreno en TVE (la única cadena de televisión en
esos momentos en España) fue esta emisión de La mano en Historias para no
dormir. La serie Rumbo a lo desconocido
inició su emisión el viernes 4 de Noviembre de 1966 a las 21:45 horas en UHF
(nótese que son casi nueves meses después), sustituyendo en la programación a Dimensión desconocida. La serie se
emitió todos los viernes hasta el domingo 22 de Enero de 1967 que pasó a
emitirse los domingos a las 10:15 horas en UHF hasta su finalización: el domingo
3 de septiembre de 1967, siendo sustituida en la parrilla por Gama 67.
Historias para no dormir se
adelantó en 9 meses a Rumbo a lo
desconocido; seguro que en más tiempo, en concreto, yo calcularía que en 1
año y 9 meses. No en vano La mano es
el quinto episodio de la segunda temporada y lo razonable es suponer que TVE
respetaría el orden original de emisión de los capítulos de ambas temporadas.
Es fácil imaginar
que ocurrió. Volviendo a citar a Díaz Maroto en sus comentarios sobre el
capítulo:
“… Según parece, la emisión fue debido a que la
producción de la serie se retrasó y hubo que emitir esto (ver nota).
Nota: En la
presentación del capítulo primero Chicho anunció que se recurriría a esto
cuando no diera tiempo en una semana a rodar el episodio previsto, y refirió en
concreto que se emitirían telefilmes “americanos, ingleses o alemanes”. Que
sepamos no volvió a darse esa circunstancia. …”
No dio tiempo a
rodar el capítulo siguiente: La bodega,
una adaptación del cuento de…. ¡Como no! de Ray Bradbury: ¡Muchachos! ¡Cultiven hongos gigantes en el sótano! ( Come Into My Cellar, Boys! Raise Giant
Mushrooms inYour Cellar!, 1962) seguramente por su duración ya que se debió
emitir en dos episodios. TVE salió del impasse como había avanzado Chicho
tirando de película extranjera, en este caso La Mano; pues TVE ya habría adquirido los derechos de emisión para
España, para reemplazar en la parrilla a la exitosa Dimensión Desconocida. No parece lo más sensato reponer un capítulo
ya emitido previamente, en el segundo capítulo de una nueva serie (Historias para no dormir) y aún más, si
recordamos que con este capítulo concretamente, se dio el salto de la UHF a la
todo poderosa VHF en una España inmersa en pleno franquismo, sin excesivas alternativas
de ocio… ni dinero con que pagarlo.
by
PacoMan
[i] NOTA: Los cuatros enlaces a páginas de internet que aparecen en estas
notas al pie eran operativos el 31 de enero de 2016.
Nacido en 1934, Harlan ha escrito infinidad de cuentos y novelas fantásticas,
básicamente de ciencia ficción. Es más conocido por su faceta de guionista de
series de televisión como: Star Trek, Babylon 5, Dimensión desconocida (The Twillight Zone) y la serie que nos
ocupa The Outer Limits.
Sin embargo no
quisiera dejar de destacar su importante aportación a la revolución en la
ciencia ficción que supuso la publicación de la antología de cuentos
seleccionados por él: Visiones peligrosas
(Dangerous Visions, 1967) que supuso
el nacimiento de la New Wave… efímera Nueva Ola, pero que ha dejado profunda
huella en todo lo que vino después en la Ciencia Ficción.
[ii] Mark Hodgson posteó el 16 de septiembre de 2011 en su blog de reseñas
de películas y series de televisión la entrada: Demon With a Glass Hand (1964)
– a monochrome Blade Runner, artículo donde se avanzan muchas de las
influencias que enumero en este artículo.
José Pedro Urraburru en su blog:
TVCLASICA.COM ubicó la entrada: “…
Nosotros controlamos la emisión. …”título que homenajea el impactante inicio de la serie Rumbo a lo desconocido. En este post
sobre la serie menciona el capítulo que nos ocupa, haciendo hincapié en que Blade Runner filmará parte de sus
escenas en el edificio Bradbury.
[iii] Haskin es también el director de Cuando
ruge la marabunta (The naked jungle;
1954) y protagonista principal de mi artículo: Proyecto Fórmico publicado en el anterior número de Neutrón.
[iv] Enlazo un interesante artículo sobre el capítulo: Soldier que concluye con el video de la escena de The Big Bang Theory que nos ocupa:
[v] El Bradbury Building se construyó en 1893 y está situado en el 304 de
la South Broadway intersección conWest
3rd Street en el centro de Los Ángeles, California (EE.UU.). Este soberbio
edificio ha aparecido en docenas de películas, capítulos de series y
videoclips. El edificio se llama Bradbury pero no en honor al escritor de
Ciencia Ficción Ray Bradbury (que nación en 1920… 37 años después de su
construcción) sino en honor de su propietario: el millonario Lewis L. Bradbury.
El edificio fue diseñado inicialmente por Summer Hunt y modificado por George
Wyman.