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jueves, 5 de octubre de 2017

Un Criollo en el reino de FelipeVI








Me hubiera gustado titular la entradilla Un criollo en la corte del rey Felipe uve 1 en claro homenaje a la estupenda novela de Mark Twain Un yanqui en la corte del rey Arturo (A Connecticut Yankee in King Arthur's Court, 1889) y al pseudónimo que ha escogido el autor del conciso, pero completo análisis de la situación: Un criollo en España. Pero he desistido, la cuestión es grave y posiblemente vaya a peor, y es más que posible que en estos tiempos de neo Contrarreforma  el humor sea mal interpretado.

Q. Novela firmada por Luther Blissett del del colectivo Wuming



Soy catalán y llevo 20 años viviendo en Málaga, mis padres, hermana y sobrinos viven en Barcelona. Había pensado escribir sobre la cuestión catalana, pero no soy imparcial. Los lectores del otro lado del charco, pueden perder matices que los de este lado damos por descontados. Tenemos la suerte de que un amigo sudamericano y residente en España desde hace bastantes años, ha realizado el esfuerzo de analizar la actuación del gobierno español frente al referéndum catalán manteniendo una posición equidistante. Prefiere no revelar su identidad, cuestión que respetaremos.

La situación en Cataluña cambia por momentos, tras el referéndum del 1 de octubre los acontecimientos se precipitan, acumulándose unos sobre otros. La política española y catalana está dedicada únicamente a esta cuestión. La aceleración de decisiones parece abocar a un choque frontal inminente. Posiblemente en unas horas este análisis quede obsoleto.


Les dejo con el amigo criollo, les deseo suerte a ustedes pero también a España y a Cataluña… la necesitaremos.


by PacoMan


 
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El fracaso del Gobierno español ante el referéndum catalán

La defensa de la libertad y la democracia han servido, sirven y servirán para justificar una amplia gama de barbaridades. La situación actual en España ante el anhelo independentista catalán no es excepcional: el Gobierno Catalán y el Gobierno de España justifican sus actuaciones como parte de la “defensa de la democracia”.  Pero la democracia de unos no se puede imponer a la de otros sin dañar la convivencia. Si una facción se impone por la fuerza, la fractura de esta convivencia se profundiza y las huellas de las demostraciones de fuerza son aún más difíciles de borrar.

En esta oportunidad, el uso de las fuerzas del Estado contra parte de su población evidencia el fracaso del Gobierno de España al hacer frente a un problema político escondiéndose tras las leyes, los jueces y las policías. Esto ha crispado las relaciones y las emociones. El diálogo, que requiere el reconocimiento del otro como un interlocutor válido, no puede ser fructífero en un momento en que las emociones y pasiones se apropian del debate.

Las consecuencias del fracaso político del Gobierno de Rajoy son imprevisibles.

Personalmente, lo que más me genera rechazo es el resurgimiento del nacionalismo patriotero y visceral, ese que simboliza en las banderas y gritos contra un enemigo interno la unidad de España. Este ambientillo da espacio a que aquellos que añoran el franquismo con una España “única, grande y libre”, cuelguen banderas franquistas en sus ventanas, se cuelen en las manifestaciones a favor de la unidad agitando banderas franquistas, alzando su mano derecha y cantando el “cara al sol”, uno de los himnos del franquismo. El resurgimiento de grupos de extrema derecha es un riesgo a considerar en este contexto, más cuando las consecuencias de la crisis económica aún son percibidas por la población.



La forma en que el Gobierno ha gestionado esta crisis (insisto, escondiéndose tras las leyes, jueces y las fuerzas policiales) ha generado el efecto inverso al que esperaban: lejos de causar miedo generó rechazo y mayor participación en la votación.

Nacionalismo patriotero, emociones viscerales, gobiernos crispantes y el uso de la fuerza por parte del Gobierno Español para intentar frenar una creciente participación ciudadana daña aún más la resentida convivencia interna y dificulta la posibilidad de poner calma en aguas tan revueltas como las de hoy.

El Gobierno de España tendrá que asumir su responsabilidad ante este fracaso. Aunque es posible que no lo vea como un fracaso, sino como un logro. De ser el caso, serán los partidos de oposición quienes deban pasarle la factura. No hacerlo los convierte en cómplices pasivos de esta situación.









20/07/2025