Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Mujica Láinez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Manuel Mujica Láinez. Mostrar todas las entradas

viernes, 6 de enero de 2017

La adoración de los Reyes Magos

Un cuento de Manuel Mujica Láinez.






Queridos amigos de nuestra página


Hoy traemos a lectura un cuento exquisito del narrador argentino Manuel Mujica Láinez. Se trata de "La Adoración de los Reyes Magos".



Leemos aquí la descripción de un momento místico, mitad ensoñación, mitad realidad, mitad deseo realizado, en la que un sirviente de una iglesia en una ciudad de Argentina, está limpiando los tapices que adornan la capilla mientras el capellán entona la misa.








A Cristóbal, el sordomudo que sueña mientras repasa con el plumero las monumentales paredes y mobiliario de la iglesia de Santa Clara, le atrae en especial el tapiz que reproduce una imagen pintada por Rubens en la que los reyes magos adoran al niño Jesús recién nacido.



Si recurrimos la pintura, de fácil acceso gracias a Internet, veremos que hay multitud de personas ricamente vestidas, y ángeles en el aire del establo. Una imagen impresionante.








En el relato de Mujica, Cristobal tiene una alucinación o epifanía en la que participa del antiguo y legendario suceso.



Estupenda imagen que logra forzar nuestra imaginación a otras percepciones. Apropiado para estas fechas de alucinada visión del pasado.



Graciela Bonnet

*******


 Manuel Mujica Láinez


Hace buen rato que el pequeño sordomudo anda con sus trapos y su plumero entre las maderas del órgano: A sus pies, la nave de la iglesia de San Juan Bautista yace en penumbra. 
La luz del alba -el alba del día de los Reyes- titubea en 1as ventanas y luego, lentamente, amorosamente, comienza a bruñir el oro de los altares. 

Cristóbal lustra las vetas del gran facistol y alinea con trabajo 1os libros de coro casi tan voluminosos como él. 

Detrás está el tapiz, pero Cristóbal prefiere no mirarlo hoy. 

De tantas cosas bellas y curiosas como exhibe el templo, ninguna le atrae y seduce como el tapiz de La Adoración de los Reyes; ni siquiera el Nazareno misterioso, ni el San Francisco de Asís de alas de plata, ni el Cristo que el Virrey Ceballos trajo de Colonia del Sacramento y que el Viernes Santo dobla la cabeza, cuando el sacristán tira de un cordel. 

El enorme lienzo cubre la ventana que abre sobre la calle de Potosí, y se extiende detrás del órgano al que protege del sol y de la lluvia. 

Cuando sopla viento y el aire se cuela por los intersticios, muévense las altas figuras que rodean al Niño Dios. 

Cristóbal las ha visto moverse en el claroscuro verdoso. 

Y hoy no osa mirarlas. 

Pronto hará tres años que el tapiz ocupa ese lugar. 

Lo colgaron allí, entre el arrobado aspaviento de las capuchinas, cuando lo obsequió don Pedro Pablo Vidal, el canónigo, quien lo adquirió en pública almoneda por dieciséis onzas peluconas. 

Tiene el paño una historia romántica. 

Se sabe que uno de los corsarios argentinos que hostigaban a las embarcaciones españolas en aguas de Cádiz, lo tomó como presa bélica con el cargamento de una goleta adversaria. 

El señor Fernando VII enviaba el tapiz, tejido según un cartón de Rubens, a su gobernador de Filipinas, testimoniándole el real aprecio. 

Quiso el destino singular que en vez de adornar el palacio de Manila viniera a Buenos Aires, al templo de las monjas de Santa Clara. 

El sordomudo, que es apenas un adolescente, se inclina en el barandal. 

Allá abajo, en el altar mayor, afánanse los monaguillos encendiendo las velas. 

Hay mucho viento en la calle. 

Es el viento quemante del verano, el de la abrasada llanura. 

Se revuelve en el ángulo de Potosí y Las Piedras y enloquece las manti1las de les devotas. 

Mañana no descansarán los aguateros, y las lavanderas descubrirán espejismos de incendio en el río cruel. 

Cristóbal no puede oír el rezongo de las ráfagas a lo largo de la nave, pero siente su tibieza en la cara y en las manos, como el aliento de un animal. 

No quiere darse vuelta porque el tapiz se estará moviendo y alrededor del Niño se agitarán los turbantes y las plumas de los séquitos orientales. 

Ya empezó la primera misa El capellán abre los brazos. 

y relampaguea la casulla hecha con el traje de una Virreina. 

Asciende hacia las bóvedas la fragancia del incienso. 

Cristóbal entrecierra los ojos. 

Ora sin despegar los labios. 

Pero a poco se yergue, porque él, que nada oye, acaba de oír un rumor a sus espaldas. 

Sí, un rumor, un rumor levísimo, algo que podría compararse con una ondulación ligera producida en el agua de un pozo profundo, inmóvil hace años. 

El sordomudo está de pie y tiembla. 

Aguza sus sentidos torpes, desesperadamente, para captar ese balbucir. 

Y abajo el sacerdote se doblega sobre el Evangelio, en el esplendor de la seda y de los hilos dorados, y lee el relato de la Epifanía. 

Son unas voces, unos cuchicheos,. 

desatados a sus espaldas. 

Cristóbal ni oye ni habla desde que la enfermedad le dejó así, aislado, cinco años ha. 

Le parece que una brisa trémula se le ha entrado por la boca y por el caracol del oído y va despertando viejas imágenes dormidas en su interior. 

Se ha aferrado a los balaústres, el plumero en la diestra. 

A infinita distancia, el oficiante refiere la sorpresa de Herodes ante la llegada de los magos que guiaba 1a estrella divina. 

- Et apertis thesaurus suis -canturrea el capellán- obtulerunt ei munera, aurum, thus et myrrham. 

Una presión física más fuerte que su resistencia obliga al muchacho a girar sobre los talones y a enfrentarse con el gran tapiz. 

Entonces en el paño se alza el Rey mago que besaba los pies del Salvador y se hace a un lado, arrastrando el oleaje del manto de armiño. 

Le suceden en la adoración los otros Príncipes, el del bello manto rojo que sostiene un paje caudatario, el Rey negro ataviado de azul. 

Oscilan las picas y las partesanas. 

Hiere la luz a los yelmos mitológicos entre el armonioso caracolear de los caballos marciales. 

Poco a poco el séquito se distribuye detrás de la Virgen María, allí donde la mula, el buey y el perro se acurrucan en medio de los arneses y las cestas de mimbre. 

Y Cristóbal está de hinojos escuchando esas voces delgadas que son como subterránea música. 

Delante del Niño a quien los brazos maternos presentan, hay ahora un ancho espacio desnudo. 

Pero otras figuras avanzan por la izquierda, desde el horizonte donde se arremolina el polvo de 1as caravanas y cuando se aproximan se ve que son hombres del pueblo, sencillos, y que visten a usanza remota. 

Alguno trae una aguja en la mano; otro, un pequeño telar; éste lanas y sedas multicolores; aquél desenrosca un dibujo en el cual está el mismo paño de Bruselas diseñado prolijamente bajo una red de cuadriculadas divisiones. 

Caen de rodillas y brindan su trabajo de artesanos al Niño Jesús. 

Y luego se ubican entre la comitiva de los magos, mezcladas las ropas dispares, confundidas las armas con los instrumentos de las manufacturas flamencas. 

Una vez más queda desierto el espacio frente a la Santa Familia. 

En el altar, el sacerdote reza el segundo Evangelio. 

Y cuando Cristóbal supone que ya nada puede acontecer, que está colmado su estupor, un personaje aparece delante del establo. 

Es un hombre muy hermoso, muy viril, de barba rubia. 

Lleva un magnífico traje negro, sobre el cual fulguran el blancor del cuello de encajes y el metal de la espada. 

Se quita el sombrero de alas majestuosas, hace una reverencia y de hinojos adora a Dios. 

Cabrillea el terciopelo, evocador de festines, de vasos de cristal, de orfebrerías, de terrazas de mármol rosado. 

Junto a la mirra y los cofres, Rubens deja un pincel. 

Las voces apagadas, indecisas, crecen en coro. 

Cristóbal se esfuerza por comprenderlas, mientras todo ese mundo milagroso vibra y espejea en tomo del Niño. 

Entonces la Madre se vuelve hacia el azorado mozuelo y hace un imperceptible ademán, como invitándolo a sumarse a quienes rinden culto al que nació en Belén. 

Cristóbal escala con mil penurias el labrado facistol, pues el Niño está muy alto. 

Palpa, entre sus dedos, los dedos aristocráticos del gran señor que fue el último en llegar y que le ayuda a izarse para que pose los labios en 1os pies de Jesús. 

Como no tiene otra ofrenda, vacila y coloca su plumerillo al lado del pincel y de los tesoros. 

Y cuando, de un salto peligroso, el sordomudo desciende a su apostadero de barandal, los murmullos cesan, como si el mundo hubiera muerto súbitamente. 

El tapiz del corsario ha recobrado su primitiva traza. 

Apenas ondulan sus pliegues acuáticos cuando el aire lo sacude con tenue estremecimiento. 

Cristóbal recoge el plumero y los trapos. 

Se acaricia las yemas y la boca. 

Quisiera contar lo que ha visto y oído, pero no le obedece la lengua. 

Ha regresado a su amurallada soledad donde el asombro se levanta como una lámpara deslumbrante que transforma todo, para siempre.



Manuel Mujica Láinez

En "Misteriosa Buenos Aires"


******* 


Graciela Bonnet


 Nació en Córdoba, Argentina, en 1958. Es Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela (1984). Ha trabajado 25 años como correctora de pruebas y supervisora de ediciones por contrato para todas las editoriales venezolanas, entre ellas Monte Avila, Planeta, Biblioteca Ayacucho, ediciones de la Casa de la Poesía, Pomaire, Eclepsidra, Santillana, Editorial Pequeña Venecia, La Liebre Libre. Experiencia de tres años como redactora free lance para una editorial de libros de autoayuda. Escritora fantasma (sin firma) realizó investigaciones para crear libros, novelas, tesis y monografías.Es dibujante amateur. En 1997 el grupo editorial Eclepsidra publicó su poemario "En Caso de que Todo Falle." En 2013 editorial Lector Cómplice editó "Libretas Doradas, Lápices de Carbón" En el año 2000 participó del encuentro de Mujeres Poetas en Cereté, Colombia.



Enlaces relacionados:


Sonia Chocrón: Melchor, mi padre Rey Mago, quiso a Venezuela como si hubiera sido su casa desde siempre




RUTA DE LOS REYES MAGOS 2022 EN VALENCIA, LA DE VENEZUELA



POR SI PIDO MI NIÑO JESÚS.

UN POEMA DE FÁVER PÁEZ



Los Gordos de Navidad:Consuelos para tontos



La Navidad de Snoopy y Charlie Brown



Navidad Desolada, de Jules Laforgue




La Navidad es el misterio del amor que nos transforma.







JESUS, JOSE Y MARIA. Un cuento de Oscar Guaramato



Los tres reyes magos. 
  
 Un cuento de Manuel Aquiles Padrón G.



Happy new year:





Kogarashi en español es Pacheco




¡Feliz Navidad, gilipollas!





BUEN PASTOR: Una navidad con sabor a Far West





Belén. 





SOLSTICIO DE INVIERNO: 21 de Diciembre. 

YULE, LA NAVIDAD PAGANA



"Navidad en Ganímedes".
Un cuento de Navidad de Isaac Asimov



UN CUENTO DE NAVIDAD: EL REGALO por Ray Bradbury

 


Un cuento y un programa televisivo de Ciencia ficción: LA ESTRELLA, por ARTHUR C. CLARKE










Navidad… 






Una visión venezolana de la Navidad:




"Día de Reyes", "A flor de luz", "Diez de Enero", "Cuatro" y "Legendario". Poemas de Tomasa Ochoa



Felices Fiestas les desea el grupo Li Po


Actualizada el 19/12/2022

miércoles, 25 de febrero de 2015

Manuel (Manucho) Mujica Láinez es el escritor porteño por excelencia

Casi toda la verdad




Estimados LiPonautas

Hoy es miércoles, día de los estrenos cinemátograficos en Venezuela y el día donde este blog publica material inédito en la red o absulatemente original.


*******


Como lo anunciáramos hace poco, haremos entrega de algunos capítulos del libro "Casi toda la verdad" de Walter Rodríguez, editado por Espasa en Caracas, en 2002.


Esta será nuestra manera de difundir un trabajo muy interesante y de acercarles la visión poco frecuente del librero, del conocedor y del dilettante que es el señor Rodríguez, conocido por muchos en Venezuela, en el ámbito de los libros. 



Los datos biográficos del autor pueden leerse al final de esta entrada, sin embargo, deseo recalcar que la escogencia del género "memorias" me resulta acertadísima en el caso de Walter, que a lo largo de su vida ha conocido infinidad de escritores importantes, auténticas figuras legendarias y nada mejor que recoger esas memorias y compartirlas con todos los que sienten interés y gusto de conocer así sea tangencialmente, algunos detalles personales de esas figuras casi míticas. 





El libro está compuesto por sesenta capítulos, cada uno dedicado a un autor diferente: Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Juan Liscano, Reinaldo Arenas, Javier Marías, Carlos Fuentes, por ejemplo. Sorprende la variedad de nombres importantes y trascendentes de la literatura hispanoamericana, pero también de otras lenguas, como es el capítulo dedicado a Yukio Mishima o a Truman Capote.


Hoy presentaremos el capítulo donde Rodríguez relata sus impresiones sobre Manuel Mujica Láinez, un gran escritor argentino, cuya obra monumental fue llevada a la ópera. Sin embargo, no es un autor de masas. Es un raro y precioso descubrimiento. 




Si se me permite, recordaré a mi vez que hace casi cuarenta años la feliz casualidad me llevó a compartir unos momentos con Mujica Láinez en los salones del Jockey Club de Córdoba, Argentina. Él tuvo la amabilidad de firmar un recuerdo para mi, que apenas era una jovencita a la que le gustaba leer. 



Leamos el relato de Walter Rodríguez, y disfrutemos sus conocimientos sobre el tema de los libros y los autores. Me siento agradecida ante este libro, que es un tesoro inapreciable.


 Graciela Bonnet

*******



MANUEL MUJICA LÁINEZ


EL LUJO DE LA PALABRA



Probablemente, decir que Manuel Mujica Láinez «Manucho» es uno de los escritores argentinos más argentinos que conocí, puede parecer una barbaridad, porque más argentino que Borges o el mismo Sábato o Adolfo Bioy Casares, uno puede estar seguro que no hay, pero lo digo porque si bien es cierto que a Borges se le considera el literato, el hombre de la gran literatura, a Mujica Láinez se le reconoce como el novelista argentino por excelencia, porque gran parte de su obra está dedicada a indagar sobre la idiosincrasia argentina. Tal parece que la literatura fue no sólo un espacio sino su destino desde muy joven. Y gracias al oficio indagó en los campos de la escritura como biógrafo, periodista y traductor y más tarde, novelista, cuentista y crítico de arte. Sus novelas y cuentos, quitando quizás Bomarzo que es una historia del Renacimiento florentino y que junto a El unicornio y El escarabajo conforman, digamos, su trabajo cosmopolita, son en su mayoría recuerdos de su infancia de sus casas, sus lugares, su familia, sus amigos o parte de la historia tanto personal como de su país, será por eso que a libros como Aquí vivieron lo consideran una creación puramente argentina.

Oscar Wilde


Manucho fue un personaje absolutamente exótico y más que exótico, extravagante, usaba chalecos llamativos y un monóculo, siempre con una frase aguda e ingeniosa a flor de labios, una capa negra como Oscar Wilde, las manos enjoyabas y un bastón. Por su conocimiento de idiomas fue incorporado al diario La Nación como cronista viajero, por lo que recorrió medio mundo, Asia incluida. Además, se desempeñó como funcionario del Museo de Relaciones Exteriores y director general de Relaciones Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores. Era un escritor de gusto refinado, amante de las letras y de las artes, que pertenecía a la raza de criollos con mentalidad europea. 

Museo Manuel Mujica Lainez - La Cumbre - 

Vivía en una especie de palacete en la provincia argentina de Córdoba junto a su esposa Anita de Alvear, proveniente de la aristocracia nacional y de rancia prosapia, pero por esos misterios que tiene la fama, el éxito o como quiera llamársele, Manucho no era muy querido en su país, algunos dicen que porque era muy afrancesado; otros dicen que ser bisexual en un país tan machista tenía un costo muy alto para aquel entonces, y para otros, que era demasiado extravagante para una sociedad con tanto sentido del ridículo como la argentina.

La casa de Manucho en la sierra de Córdoba



Lo cierto es que sus libros son realmente hermosos, Mujica Láinez se desborda en el regodeo de la palabra lujosa, en la descripción de joyas, de telas, de ambientes suntuosos, quizás por eso también lo llamaron afrancesado. La literatura francesa es como el cine francés, dice mucho en pocos trazos, o sea, que en una escena que pasa rápidamente o con pocas palabras, se logra, con gran delicadeza, expresar una idea y creo que así escribía Mujica Láinez, con frases cortas, trazos cortos pero densos en los que decía muchas cosas. A lo mejor eso es algo que le dejó supuso por París cuando era adolescente, educación que por cierto concluyó en Inglaterra, país del que poco y nada se puede saber en sus libros.



Fue amigo de Borges, a pesar de la gran diferencia que había entre ambos, pero supongo que en el fondo tenían en común que los dos eran aristócratas en su manera de ser, en sus literaturas o mejor dicho, en sus puntos de vista desde el cual avizoraban la literatura. Hay también una comunión en ambos, cuando identifica uno en el otro la consecusión y el logro de la belleza.

Por lo menos podemos reconocer a Borges, a Sábato y a Manucho


A Mujica Láinez sus amigos y su público lo respetábamos mucho, pero desafortunadamente en Hispanoamérica no tuvo la relevancia de otros escritores argentinos — estoy pensando en Bioy Casares por ejemplo— aunque claro, uno no puede dejar de lado que Manucho era extravagante, exótico, aristócrata y muy ilustrado. Quizás por eso, su muerte nos tocó a todos sus admiradores, y aunque sean dramas de la vida, si se quiere cotidianos, uno nunca se acostumbra, yo, por lo menos, no me acostumbro, aunque esté lejos, en otro país, en otro continente, sigo sintiendo lo personal la muerte de un gran escritor que haya conocido, como en la muerte de Borges, la de Truman Capote o la del uruguayo Carlos Martínez Moreno, como sentí la de Octavio Paz o la de Carpentier o la Miguel Otero Silva, Neruda, en fin, tantos que murieron.

Miguel Otero Silva


Mujica Láinez es el escritor porteño por excelencia, estaba co prometido con la ciudad de Buenos Aires, la ópera Bomarzo, de Alberto Ginastera se basó en su libro; aún recuerdo el bochorno cuando la  dicta- dura argentina la prohibió, pero como cosa extraña, a la música, no al texto basado en la historia de los Orsini en el siglo XVI en Florencia. La excusa, de la prohibición, decía algo con la palabra obsceno, y Mujica Láinez concluyó que si permitieron el libro y prohibieron la ópera basada en ese mismo libro, lo obsceno era la música.



Dicen que su obra es similar en nivel de calidad a Rayuela de Cortazar, y sin embargo, no todo el mundo lo ha descubierto. En Europa nunca se publicaron sus obras, excepto sus dos últimos libros.



Cada cuento de Manucho es como un cuadro, recuerdo uno de ellos en especial. Trata de una cabellera larguísima de mujer, que súbitamente cobra vida autónoma. Pero El unicornio me encantó, es el que más me ha gustado de todos sus libros, es un libro mágico que cuenta la historia Morgana, el hada de todas las hadas. En cambio, Un novelista en el Museo del Prado es un libro que no resultó muy significativo, no en el sentido de lo que se espera de algunos escritores en sus últimos años, como Sábato con Antes del fin o como Onetti en Para que no me olvides.



Cuando conocí a Manucho, me dio la impresión de que estaba frente un señor con una linda sonrisa, sí, pero a la vez con algo como cierta pedantería con la que ponía distancia a los demás. Esa sonrisa nunca la abandonaba, pero era una sonrisa superficial; no sé por qué sentí que tenía que hacer un esfuerzo, que de alguna manera se violentaba para poder codearse con la plebe, quiero decir, con nosotros.


Walter Rodríguez Pilatti



Alberto Ginastera: Bomarzo (1967) Atto I°


*******



 Graciela Bonnet

Nació en Córdoba, Argentina, en 1958. Es Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela (1984). Ha trabajado 25 años como correctora de pruebas y supervisora de ediciones por contrato para todas las editoriales venezolanas, entre ellas Monte Avila, Planeta, Biblioteca Ayacucho, ediciones de la Casa de la Poesía, Pomaire, Eclepsidra, Santillana, Editorial Pequeña Venecia, La Liebre Libre. Experiencia de tres años como redactora free lance para una editorial de libros de autoayuda. Escritora fantasma (sin firma) realizó investigaciones para crear libros, novelas, tesis y monografías.Es dibujante amateur. En 1997 el grupo editorial Eclepsidra publicó su poemario "En Caso de que Todo Falle." En 2013 editorial Lector Cómplice editó "Libretas Doradas, Lápices de Carbón" En el año 2000 participó del encuentro de Mujeres Poetas en Cereté, Colombia.

 
Y su blog es: Graciela Bonnet Vertiente Recíproca


*******


Walter Rodríguez Pilatti nació en 1940 en Bella Unión, Uruguay. Desde 1975 vive en Caracas.


A los diecisiete años comenzó a trabajar en el mundo del libro, en la Feria de Montevideo, y ya no abandonó el medio editorial y de las librerías, para continuar después en Caracas donde se ha convertido en la figura emblemática de la librería Lectura desde hace muchos años.


Ha sido presidente de la Cámara Venezolana del Libro durante tres períodos; miembro de la Junta Directiva de Fundalibro, y posteriormente del Centro Nacional del Libro; directivo de la Fundación Kuaimare del Libro Venezolano y vicepresidente del GIE (Grupo Interamericano de Editores). Siempre presente en ferias internacionales, congresos y todo lo relacionado con la vida literaria y cultural.

 

*******

 

Enlaces relacionados:

































































































































































































12/12/2025