Hablar o escribir de un poeta requiere una especie de acto de fe en el trabajo creativo del escritor en cuestión.
El rápsoda nacido en San Carlos de Cojedes en fecha incierta y residenciado en la Valencia del rey desde hace décadas, tantas que ni Matusalén podría recordar. Es a la mirada de los tecnócratas de la vanguardia poética un rato espécimen poético extinto y por lo tanto digno de ignorar por considerarlo anacrónico y soez para la realidad poética tan acartonada de hoy día.
En Fáver Páez podemos encontrar un sin fin de enfermedades reales he imaginarias que lo han llevado a un auto exilio cotidiano en grado de reclusión, donde cada día debe derribar un molino de viento a la hora de abrir los ojos para así seguir construyendo una obra poética marcada a pulso de neurosis y con sabor a Diazepam con Tafil en cada verso.
Esto lo ha llevado magistralmente a superar el temblor mágico de su primer libro. [Para no morir del todo] obra que ganó los elogios de muchos y la crítica de otros .para Fáver Páez el trabajo poético se convirtió en un apostolado de vida y entre la métrica y el ritmo va definiendo una gama de sonetos escupidos con maestría casi mágica cabalgado cada vez más dentro de su mundo interior donde hace confluir sus ángeles y demonios en una sinfonía clásica.
Cómo clásicas son su coplas y octosílabos cargados de fuerza telúrica y misterio profano que elude a ese viejo ácrata que parece llorar y reír al mismo tiempo que con su humor necrofílico a sabido evadir hábilmente su inevitable encuentro con los poetas José Joaquín Burgos y Carlos Oraá que junto a un histérico Cristóbal Ruiz lo esperan al otro lado de la barra que algunos llaman eternidad.
Prof José Gregorio Medina
Homenaje a Faver Páez
86 Visualizaciones desde el 24 oct de 2018 hasta el 8 abr de 2026
Fue coordinador de la página "La Mirada Quincenal" en el extinto diario "El Espectador" de Valencia en el periodo 1993-94. Actualmente es director de la publicación cultural independienteURTEXT. Sus textos han aparecido publicados en la página de arte y espectáculos del diario "El Carabobeño", en la Revista "Tiriguá" revista cultural del estado Cojedes y en "Predios", la revista del sur entre otras publicaciones de Venezuela.
Monólogo «Una Rosa en el Tejado» en la sala «Pedro Quintero» del ICEC San Carlos
Por Carlos Hernandez
OCT 22, 2025
San Carlos, octubre 22.- (La Prensa de Cojedes).- Este jueves 30 de octubre a las 5:30 de la tarde será la presentación de la obra teatral «Una Rosa en el Tejado», en la sala «Pedro Quintero» del Instituto de Cultura del Estado Cojedes.
Es una pieza del joven escritor Francisco Aguiar, un cojedeño radicado en Cartagena, Colombia, quien se encuentra de visita en su ciudad natal.
Se trata de un monólogo protagonizado por la joven actriz Marivic Jiménez y está dirigida por Miguel Michelena.
Es importante destacar que Aguiar es un cojedeño amante del teatro, de la literatura y las artes en general. Están todos invitados a la Sala «Pedro Quintero» del Complejo Cultural «Mauricio Pérez Lazo» de San Carlos.
La pieza será interpretada por la actríz valenciana Marivic Jiménez
*******
Francisco Aguiar. Escritor venezolano (San Carlos, Cojedes, 1985). Licenciado en Educación Mención Castellano y Literatura por la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (UNELLEZ). Cursó en 2014 el Taller de Formación Teatral que auspició la Compañía Nacional de Teatro (CNT). La revista Memoralia publicó en 2015 su monólogo La Alcantarilla. En 2018 participó en el XXII Festival Internacional de Poesía Cartagena de Indias (FIPCA). La OIM – Colombia publicó uno de sus poemas, a mediados de 2019, en la antología que se titula Pido la palabra. Ha publicado entrevistas, artículos y notas, en revistas, periódicos y blogs. Autor del libro El cuento más largo.
El Grupo Li Po tiene el agrado de invitarlos a la presentación del monólogo:
UNA ROSA EN EL TEJADO, monólogo de Francisco Aguiar
Esta pieza será presentada en el III Festival Local de Monólogos que se llevará a cabo los días 16,17 y 18 de Octubre en la Casa Cultural Nélson Mandela. Específicamente el viernes 17 de octubre de 2025, a las 6 pm. La entrada es gratuita.
LaCasa Cultural Nélson Mandela está ubicada en la intersección de la calle Independencia (calle nº 102) con la avenida Boyacá (avenida 98).
Ramón Villegas Izquier. Nació en el Baúl estado Cojedes el 28 de diciembre de 1920 y falleció en Valencia estado Carabobo el 12 de abril de 1995. Fue docente, escritor y músico. Su obra más célebre se titula: Acuarelas infantiles / poesías para imaginar (1991).
Rafael Ortega. Pimpinela, Portuguesa, 1962. Músico, cultor, docente universitario, arreglista de música tradicional y académica, referente del Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Este cojedeño, nacido en Portuguesa, con el cuatro venezolano ha dado conciertos a lo largo y ancho del mundo.
Demetrio Silva. Nació en la población de la Sierra en 1944. Escultor, pintor, tallerista. Conocido por sus famosas esculturas de indígenas en varios lugares del estado Cojedes. Sus esculturas se hallan en San Carlos, la vía a Solano y en la Sierra.
David Noguera. Valencia, Carabobo, 1964. Licenciado en Danza Clásica. Maestro de Ballet con el método Vaganova. Ha representado a Venezuela en Rusia, Estados Unidos, Bulgaria, Italia, Inglaterra, entre otros. Actualmente es director de la Escuela Regional de Danzas Aída Sánchez de Mora del Instituto de Cultura del Estado Cojedes.
Héctor González. Tinaquillo, Cojedes, 1984. Periodista y escritor. Coordina en Cojedes la Escuela Nacional de Poesía Carlos Noguera, es corresponsal de Noticias Venevision y representa a la red social Futbol Connect en Venezuela. Autor de Marzo, ceibas y samanes (2024).
Mermin Valiente. San Carlos, Cojedes, 1991. Licenciado en Educación Mención Castellano y Literatura, Diseñador gráfico y poeta. Se ha desempeñado como corrector de estilo por varios años y actualmente está organizando sus sonetos para publicarlos.
Ricardo Cuba. Tinaco, Cojedes, 1967. Licenciado en Comunicación social y locutor. Cantautor, tiene 7 trabajos discográficos. Miembro de la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela (SACVEN). Condujo durante 10 años el programa de tv El llano y sus copleros. Actualmente conduce el programa de radio Llano, canto y lejanía por Visionaria 104.7 fm.
José Daniel Suárez. Cojedes, 1958. Músico, cantor, poeta, narrador oral, ensayista, investigador, dramaturgo y recopilador del folklore y de la narrativa oral de los llaneros. Ha sido galardonado con el Premio Nacional de Poesía Enriqueta Arvelo Larriva (1989) y el Premio Municipal de Poesía (San Carlos, Cojedes, 1993).
José Ramón Camacho. Caracas, 1966. Desde 1988 es un fotógrafo de renombre. Su pasión proviene de su padre que fue fotógrafo en la época del presidente Marcos Pérez Jiménez y confiesa que su primer maestro en la fotografía se llamó Jorge Tortoza. Reportero gráfico desde el año 2012. Ha llevado su vida profesional y artistica entre Caracas y Cojedes, siendo este último su lugar de residencia en la actualidad.
Félix Agudo. San Carlos, Cojedes, 1951. Cineasta. Escribió el guion, produjo y dirigió la película más importante que se ha realizado en el estado Cojedes, el cual lleva por nombre Teófilo, película que después de dos años de rodajes se estrenó en 1980. Por su aporte al cine regional y nacional el 9 de noviembre de 2013 se llevó a cabo en Cojedes la primera edición del Festival de Cine y Video Félix Agudo, en el cual el firme titulado Todo cobarde es valiente del colectivo Tinamuco resultó ganador. En la actualidad sigue con sus proyectos audiovisuales.
Isaías Medina López. San Carlo, Cojedes, 1958. Egresado de la ULA y la UCV. Profesor de Literatura y Doctor de la UNELLEZ. Su labor cultural está signada por la defensa de la representividad editorial del territorio cojedeño. Tiene 29 libros publicados (inclusive 7 re-editados y 17 compilaciones).
*******
Francisco Aguiar. Escritor venezolano (San Carlos, Cojedes, 1985). Licenciado en Educación Mención Castellano y Literatura por la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (UNELLEZ). Cursó en 2014 el Taller de Formación Teatral que auspició la Compañía Nacional de Teatro (CNT). La revista Memoralia publicó en 2015 su monólogo La Alcantarilla. En 2018 participó en el XXII Festival Internacional de Poesía Cartagena de Indias (FIPCA). La OIM – Colombia publicó uno de sus poemas, a mediados de 2019, en la antología que se titula Pido la palabra. Ha publicado entrevistas, artículos y notas, en revistas, periódicos y blogs. Autor del libro El cuento más largo.
Ismael Leañez (el señor barbado que está en el extremo izquierdo) donando un cuadro de su autoría en mi casa de estudios (la UNELLEZ) y que lleva por título: Ezequiel Zamora, tierra y hombres libres. Donó esta creación el sábado 14 de enero de 2012. La recibió el entonces Vicerrector de la universidad José Alberto Villavicencio.
LA
TRAGEDIA DE SER ARTISTA EN VENEZUELA
Cuando
alguien termina solo y en la miseria no es raro escuchar: “De seguro fue un mal
hijo”, “De seguro fue un mal padre”, “De seguro hizo algo malo y terminó así”.
Afirmaciones debatibles pues si la ley de causa y efecto se cumpliera a
cabalidad: dictadores y genocidas no tendrían – la historia registra casos –
posibilidad alguna de vidas longevas y apacibles.
Hago esta introducción para referir que hay quienes
terminan solos y en la miseria por el hecho de ser artistas en un país donde la
norma es desatenderlos. Para reforzar este enunciado daré unos ejemplos
genéricos y uno particular al hacer énfasis en cómo terminó el pintor Ismael
Leañez, mejor conocido por su pseudónimo Andrés de la Plaza.
¿Por qué los que realzan nuestro gentilicio, en
muchas ocasiones, mueren de mengua? ¿Por qué se les trata tan mal? Recuerdo las
palabras que en el 2012 refirió, con mucha alegría, Francisco Massiani al
enterarse de que le habían conferido el Premio Nacional de Literatura. “A mí,
que no tengo nada en la cartera, absolutamente nada, me van a dar un premio de
20.000 bolívares”. 20.000 bolívares, en el 2012, no era una suma grande. Ese
monto aproximadamente equivalía a 10 salarios mínimos, pero para Massiani – que
estaba quebrado – era una verdadera fortuna.
A nuestros cantantes y músicos, quienes los
contratan, les pagan – o pretenden pagarles – con comida y bebida, sobre todo
bebida… por eso muchos caen en el lugar común del alcoholismo. Mi padre era
cantautor de música venezolana y pudo palpar como muchos de los mejores
intérpretes de nuestra canta criolla y muchos de los mejores arpistas,
cuatristas, bajistas y maraqueros de su generación terminaron con cirrosis
hepática. Ahora pregunto, ¿fueron netamente responsables de terminar así? ¿O
fue la sociedad, a quienes brindaron tantas alegrías, la que los empujó a
terminar de esa manera?
A nuestros bailarines y coreógrafos, casi siempre,
los toman como relleno para que abran reinados de carnaval, fiestas patronales,
mítines políticos y el pago que les brindan (las 4 lochas) no alcanza ni para
costear el vestuario que usaron en la presentación. Caso que alguna agrupación
tenga la suerte de representar el país en Festivales de Danza Internacionales –
como la vez que Danzas Guazábaras nos representó en México – mientras están por
allá: los alojan en hoteles lujosos, comen en buenos restaurantes, visitan
teatros y sitios turísticos, pero al volver a sus casas se encuentran con la
nevera vacía.
Este cuadro fue expuesto en el Salón de Artes Plásticas de la Cámara de Comercio de Puerto Cabello en diciembre de 2022.
A nuestros poetas cada vez que se conmemora el Día
del Libro y del Idioma, el aniversario de Andrés Bello o que se realiza alguna
actividad de índole cultural, se les invita para que lean sus poemas y ellos
acuden gustosos. Cosa que está bien. Lo que está mal es que no reciben ningún
tipo de remuneración. Cuando mucho les dan un refrigerio, algún diploma o
alguna promesa de que publicarán sus obras. Es todo. Por eso cuando a alguien
le dicen: “Poeta, ¿cómo están tus cosas? Ese alguien suele responder, a modo de
chanza: “Más poeta serás tú”, porque en Venezuela ser poeta es sinónimo de
miseria.
A nuestros pintores, escultores, actores,
titiriteros, cineastas, en número considerable, también les ocurren cosas de
este tenor. Así pues, cuando alguien termina solo y en la miseria la gente, en
vez de decir: “De seguro hizo algo malo y terminó así”, debe plantearse que ese
alguien, tal vez, era un artista.
Dicho esto, mencionaré cómo conocí al pintor Ismael
Leañez, experiencias (dulces y amargas) que tuve por mi amistad con él y cómo
fueron sus últimos años de vida.
Lo conocí, en la época de mis estudios
universitarios, puesto que ambos estudiábamos Educación en la UNELLEZ – SanCarlos: él Matemática y yo Castellano y Literatura. Como nos veíamos en los
pasillos, en el comedor, en la biblioteca, en el autobús, nos hicimos amigos.
Amistad que se reforzó con la lectura del libro del profesor brasileño Julio César de Mello e Souza (Malba Tahan), que lleva por título El hombre que
calculaba, pues me ayudó a resolver los problemas matemáticos inmersos en la
obra.
Nuestra amistad, aclaro, no estuvo sujeta a
confesiones personales: nunca me refirió si tenía hijos, si era casado o viudo,
o si dejó en su Puerto Cabello natal algún ser querido, ya que básicamente nos
limitábamos a batirnos en el ajedrez o a hablar de literatura, de obras
plásticas, de historia.
Calle Colonial
Andrés de la Plaza – este era su nombre artístico –
estaba quebrado. Tan quebrado que vivía en condiciones miserables en el anexo
de lo que otrora fue un taller mecánico de la urbanización Limoncito.
Por sus condiciones económicas dependía, en muchos
sentidos, de la UNELLEZ (allá, en el comedor, podía almorzar y cenar) y de las
clases que brindaba a sus compañeros de curso menos aventajados pues estos,
para retribuir la gentileza, le brindaban empanadas y batidos en el cafetín o
le cancelaban las guías que sus profesores dejaban en reproducción.
Cuando había clases engordaba, pero cuando llegaban
los paros o las vacaciones se tornaba flaco y ojeroso pues rara vez vendía sus
cuadros. Con el paso del tiempo su aspecto se fue haciendo deplorable. No sólo
por quebrantos de salud, sino por su desaliño. Era común verlo con camisas
extremadamente anchas y descoloridas, y si a esto le sumamos su barba espesa
(nunca se rasuraba), cualquiera podía creer que ese hombre culto, ese pintor
egresado con honores de la Escuela de Arte Cristóbal Rojas, ese eximio
matemático, era un recoge latas.
Como vender cuadros no le dejaba beneficios, en
ocasiones, hacía murales en las instituciones educativas – a modo de
“colaboración” –, a pedido de alguna profesora. “Señor Ismael, ¿nos puede
colaborar con un bello mural para el liceo?". Repito, ¿por qué en
Venezuela se trata tan mal a los artistas? No sólo del espíritu vive el hombre.
El hombre necesita: vestidos, medicinas, comidas, albergue, en fin, todo lo que
describe Abraham Maslow en su famosa pirámide.
Recuerdo, claramente, el mural que realizó en la
entrada de la Escuela Granja Aníbal Dominici (un tractor arando la tierra) por
dos cosas: porque mostraba la utopía de cambiar las armas por arados y porque,
al poco tiempo, trabajadores de la gobernación estropearon la obra con basura
panfletaria.
Las actividades del espíritu son difíciles de tasar:
¿en cuánto un poeta puede vender un soneto?, ¿en cuánto un intérprete su
canto?, ¿en cuánto un pintor puede vender sus telas? Obvio que todas estas
cosas tienen un precio, pero el precio radica en el reconocimiento que se
tuviere. Si un artista no tiene un manager, un mecenas, un marchante, un editor
o alguien que de alguna forma le ayude, es muy difícil que surja. Sin embargo,
pienso que los artistas – si son buenos, claro está – deberían vivir de su
labor creadora.
El protagonista de estos asuntos frecuentaba el
pequeño gremio de los artistas plásticos del municipio y el Instituto de Cultura del Estado Cojedes (ICEC), quizá con la esperanza de que le permitieran
exhibir sus pinturas en la Galería Demetrio Silva o en la Casa La Blanquera.
Cosa que jamás ocurrió. Como tampoco logró graduarse de Licenciado en Educación
Mención Matemática. Aprobó los subproyectos, pero no pudo realizar las
prácticas profesionales ni el trabajo de grado por carecer de recursos
económicos.
El no poder egresar con sus compañeros de estudios
quebró su espíritu, así que salía poco del anexo donde vivía con dos perros tan
flacos y deteriorados como él. Pasaron los años y seguía allí. Intenté que le
brindaran ayuda en la Gobernación, en la Alcaldía, en el ICEC y nada.
Algunos vecinos de Limoncito, en ocasiones, le
llevaban sopas, sopas que ni probaba. Así que me di a la tarea de llevarle – a
diario –: leche, azúcar y periódicos pues sólo ingería, en pequeños sorbos, leche
ligeramente azucarada. Con respecto a los periódicos, estos sí los devoraba.
Estaba pendiente cuál era el nuevo presidente de Costa Rica, qué político iba
para tal Ministerio en nuestro país… si hubo un terremoto en Haití, si estalló una
guerra en algún país de África y cosas así. Llamó mi atención que hasta el
final estuvo interesado del acontecer del mundo, puesto que el mundo no estaba
interesado en él.
El nacido en Puerto Cabello, el 24 de septiembre de
1949, murió en San Carlos, en el anexo de lo que alguna vez fue un taller
mecánico de la urbanización Limoncito, una mañana de marzo de 2017. Murió
completamente solo. Cuando llegué del trabajo, ya los funcionarios del Cuerpode Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) habían
levantado su cadáver. Así que frente a tanta desolación me puse a llorar.
Como al momento del levantamiento del cuerpo los
funcionarios no encontraron ningún tipo de documentación, y ningún familiar se
pronunció al respecto, su destino iba ser una fosa común. No quise que
sucediera esto. Busqué entre las montañas de papeles que tenía, en el anexo que
habitaba, algún documento. Di con una copia de su cédula de identidad y la
llevé al CICPC para que vieran que no era un NN (Ningún Nombre) y así ganar
tiempo.
Hablé con Richard La Rosa (pintor de mi región) para
ver si el gremio podía gestionarle un ataúd. Cosa que fue imposible pues
lamentablemente el gremio de los artistas plásticos de Cojedes carece de
recursos. Hablé con Antonio Yuniz quien era, para ese momento, la Autoridad
Única del Instituto de Cultura y no recibí respuesta.
Ahora bien, como entendí que a nivel gubernamental
no iba a conseguir apoyo… recordé que en alguna oportunidad Ismael me dijo que
tenía un sobrino que se llamaba – si mal no recuerdo – Eduardo Leañez. Así que
me di a la tarea de escribirle a los Eduardo Leañez que conseguía en Facebook y
al cabo de unas horas di con lo que buscaba.
El sobrino vivía en los Estados Unidos, así que
intercambiamos números y le envié, por WhatsApp, la foto de la copia de la
cédula. Esta foto se la reenvío a un familiar de Puerto Cabello, mandó unos
dólares para el traslado y este familiar reclamó el cuerpo de mi amigo – en el
CICPC – para enterrarlo en un cementerio de la ciudad porteña, no sé cuál. Lo
que sé es que salvo mi persona nadie lamentó su muerte, nadie lo lloró.
Intento llevar mi destino de escritor con decoro.
Sólo espero no terminar como Andrés de la Plaza y como los tantos que tuvieron
la tragedia de ser artista en Venezuela.
Andrés de la Plaza.Pintor.Edo.Cojedes.Creadores Visuales de Venezuela
Francisco Aguiar. Escritor venezolano (San Carlos, Cojedes, 1985). Licenciado en Educación Mención Castellano y Literatura por la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora (UNELLEZ). Cursó en 2014 el Taller de Formación Teatral que auspició la Compañía Nacional de Teatro (CNT). La revista Memoralia publicó en 2015 su monólogo La Alcantarilla. En 2018 participó en el XXII Festival Internacional de Poesía Cartagena de Indias (FIPCA). La OIM – Colombia publicó uno de sus poemas, a mediados de 2019, en la antología que se titula Pido la palabra. Ha publicado entrevistas, artículos y notas, en revistas, periódicos y blogs. La OIM – Colombia
publicó uno de sus poemas, a mediados de 2019, en la antología que se titula Pido la palabra. Ha publicado las
siguientes obras: La Alcantarilla
(2015), El cuento más largo (2017), Sobre la migración venezolana (2023).