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viernes, 10 de octubre de 2025

BLUE, VALERIA Y LOS FURORES UTERINOS

 



Estimados Liponautas



Hoy le hacemos llegar una antigua narración hecha por nuestra amigo Paco Mancera Romero, que hoy lanzamos al bravío mar de silicio. 



El título original de la narración es "BLUE", pero debido a brevedad decidimos modificarlo ya que no queríamos que el público llegara a pensar en "Las pistas de Blue" popular programa infantil de televisión.

 Disfruten de la entrega.


Atentamente


La Gerencia.        


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BLUE



Paco, el teniente. Estadio: 6 meses y 4 días antes de la Folgación.

Paco, era un viejo veterano de mil batallas, luchando siempre como soldado de fortuna; un mercenario como los millones que pueblan la historia humana. Nunca lo admitiría, pero ya estaba más que harto de ese tipo de vida, pero no sabía cómo salir de ella: ni económica, ni laboral, ni afectivamente. Su fiel pelotón era su única familia. Afortunadamente, en este nuevo contrato, se reclutó a la unidad completa. La misión era sencilla, controlar el perímetro de la base operativa, vigilar y defender el grupo de civiles de la expedición, tanto dentro de la base como en sus tareas prospectivas. De ser necesario se realizarían misiones de reconocimiento y exploración. No se preveía presencia de tropas hostiles, ni tan siquiera de otras tropas.

Valeria, la ninfómana. Estadio: 2 meses antes de la Folgación.

Valeria, ya había aceptado que su lujuria la obligaba a salir corriendo de allí donde se estableciera. Irremediablemente su insaciable apetito carnal le obligaba a tener algún encuentro sexual que o bien: era indebido, ilegal, inmoral y/o reprobable, forzándola a huir para no sufrir las consecuencias de saciar su ávida vagina. Esta vez tuvo hasta suerte, acabó enrolándose en una nave espacial que iba a un olvidado planeta. La expedición era una más de esa infinidad de viajes a lugares ignotos, en la busca de fortuna. La avaricia es uno de los poderosos motores que mueven al ser humano, al progreso de la humanidad. Un avance en el sendero de la acumulación de riquezas; tener cosas y más cosas, muchas de ellas inútiles. Valeria fue contratada como auxiliar de indagaciones y extracciones, los reclutadores le dieron muy poca, por no decir ninguna información, a cambio, no le hicieron ninguna pregunta, ni una sola.  

Steve Nemo, el armador de la expedición. Estadio: 2 días antes de la Folgación.

Steve, el jefe y promotor de la expedición estaba realmente ansioso ante el inminente desembarco. Según lo esperado, los escáneres profundos habían ratificado la idoneidad del planeta. Decidió llamarlo Blue, antes que nadie lo bautizara con un nombre malsonante. Y toda la dotación acabó llamándolo Blue, básicamente porque era todo azul. De un azul que volvía loco o helaba el corazón a quien lo contemplaba. La variedad de azules del planeta era infinita. Nadie pensó que la elección del nombre podría expresar la tristeza que finalmente acabaría sintiendo el planeta, al materializarse las intenciones del grupo humano, que se aproximaba en una veloz nave. 

Imagen hecha, usando IA, por Ignacio Platero. 


Paco. Estadio:  3 meses tras la Folgación.

Tras desembarcar la intervención del pelotón fue de manual: perfecta, eficiente y rápida. Estaban organizados en cuatro binomios con mucha experiencia en combate real: el sargento mayor Miguel Ángel con su hermano, el cabo primero Javier eran expertos en el arte de la defensa de perímetros. El dúo de los soldados de primera Carlos y Damián eran los mejores para las incursiones en territorio hostil en misiones de búsqueda y destrucción. El binomio “jarrillo de lata”, ya que eran perfectos para cualquier misión, el refuerzo soñado, estaba compuesto por el soldado Nacho y el cabo José. Y por último el dúo de soldado de primera y experto en comunicaciones Rafa y el teniente Paco, eran el mando táctico y el segundo refuerzo. Todas las misiones fueron éxitos rotundos, el campamento estaba asegurado y no se detectó amenaza alguna. Se estaba bien en Blue, eso sí, era demasiado azul. 

Judith, amante de Valeria: 4 meses tras la Folgación.

Judith era una de las mineras civiles de la expedición, se le asignó como auxiliar a Valeria. Nunca había tenido relaciones lésbicas, pero la mera presencia de su auxiliar la excitaba sobre manera. El cuerpo de la ninfómana emitía feromonas como lava un volcán. Valeria fue capaz de retener su furor uterino y maniobró para que Judith se cociera en su propia calentura, acrecentándola con poses forzadas que ceñían el uniforme a su lujuriosa figura, invadiendo el espacio personal de Judith y sobando continuamente su cuerpo en aparentes roces accidentales. A la semana del desembarco, ya mantenían tórridos y sonados encuentros sexuales en las horas de descanso, que todo el cuartel escuchaba. Esas prácticas amatorias diarias fueron subiendo la temperatura a todo el personal de la expedición y consecuentemente aumentando la tensión sexual no resuelta. A los cinco meses del desembarco la actividad sexual del campamento era frenética: mineros, pelotón militar y personal de logística tenían una actividad fornicadora nunca vista. Para Judith y la gran mayoría de la dotación, fue la etapa más feliz de sus vidas, perdieron sus temores y complejos, y disfrutaron por primera vez de una vida sexual plena, explorando todas las vías de la sexualidad humana… y algunas alienígenas.

Steve. Estadio: 5 meses tras la Folgación.

Steve ha sido, es y será un mierda, con todas sus letras: un cabrón, un abusador, un ventajista y un riquísimo heredero, que nunca se esforzó por nada, salvo para organizar esta misión. Llevó una vida disoluta y consentida por sus padres. Tocó fondo, tras su poliadicción a todas las drogas del universo. En un momento de lucidez se alistó en la armada estelar, fue asignado a las misiones de exploración y cartografiado del espacio. Steve era una mala persona, pero no era tonto, sino todo lo contrario. Se ganó que le adjudicaran la tarea de escanear planetas en larga profundidad. Sorprendentemente hizo un buen trabajo, clasificando y evaluando todos los planetas que iban descubriendo. Hasta que detectó el planeta SR-3012-ZW; pequeño, habitable por humanos y lo más importante: con trazas compatibles con una gran cantidad de Tanzanita, un mineral azul que las grandes corporaciones usan para sus armas PEM. Steve vio una gran oportunidad de negocio. Falseó el informe del planeta SR-3012-ZW, lo registró como inhabitable, con trazas de hierro y fosforo. Con ese registro se garantizaba que nadie prestaría atención al que acabó siendo su planeta, su planeta Blue. Durante el resto de su servicio militar hizo un trabajo de escaneo profundo inmaculado y perfecto. Se licenció con honores. 

Como no encuentren vetas de Tanzanita en Blue, su expedición será un completo fracaso y habrá perdido una pequeña fortuna.

Estadio: 7 meses y 23 días tras la Folgación. El primer contacto.

Valeria

Por primera vez en su vida sentía que se estaba adaptando a un lugar. El campamento en Blue, resultó ser un conjunto de fornicadores en grado sumo, donde Valeria era una más: que no llegaba a destacar. No eran así antes de llegar, sólo ella tenía ese instinto primario. Debió ser el planeta, las emanaciones de Blue, lo que ha conseguido sacar ese carácter, esa lujuria que todo ser humano encarcela, fruto de la educación y la estigmatización social. Incluso con Judith se habían intercambiado los papeles, ahora ella era la acosada por su lujuriosa pareja. Sin duda eran los momentos más felices de su vida.

La expedición no iba bien, habían escrutado el cuadrante más prometedor de Blue, en la búsqueda del valiosísimo mineral azul y no habían encontrado ni rastro de Tanzanita.

Ese día Judith fue asignada a una nueva búsqueda en un sector ya explorado, ya que las lecturas de los escáneres se habían alterado y querían saber a qué era debido. Valeria no fue asignada a esa misión.  

Judith. 

Ni rastro de Tanzanita, el nivel de tensión iba en aumento en la base. Menos mal que al caer la noche, el placer sexual la suavizaba, todos en el campamento tenían sexo a diario. Pensando en las barbaridades que le iba a hacer a Valeria en cuanto la viera, se encontró frente un hermoso cristal color cobalto. No era lo que buscaban; la Tanzanita es más morada. Se sintió completamente atraída por el mineral, su percepción se nubló, no escuchó las órdenes de retroceder de Nacho y José, los soldados que los custodiaban. No sirvió de nada. Judith alargó su mano y entró en contacto con el cristal. Este comenzó a emitir un bello resplandor. El resto de la expedición comenzó a sentir una sensación de pulsión sexual. Judith perdió la consciencia mientras florecía una radiante sonrisa en su cara. 

Los soldados intentaron reanimarla, despertarla, pero todos sus esfuerzos fueron fallidos. Finalmente decidieron romper el contacto, arrancando a Judith de la roca por la fuerza, pero no lo consiguieron. De hecho, Nacho resbaló, pero José se quedó enlazado a Judith con la misma actitud que ella demostraba: una sonrisa perenne en los labios y la pérdida de la consciencia. Mientras el resto de la comitiva comenzó a sentir que su deseo sexual crecía, pero sin urgencias, placenteramente y de forma continuada. Nacho decidió reportar por radio la situación a la base e imponer un perímetro de seguridad de cinco metros del cristal. Y se dispusieron a esperar la llegada de los refuerzos, mientras observaban la situación, es decir el “enganche” de humanos y mineral. 

Imagen tomada de aquí


Paco. 

Acudió a la llamada con el resto del pelotón. Antes había comunicado la situación a Steve Nemo. Llegaron, Nacho le informó de lo que había pasado. Verificó que el constructo, creado por el mineral, Judith y José “enganchados” los unos a los otros, emitía un placentero deseo sexual en un radio de unos cuatro metros.

Paco ordenó formar una fila india por binomios: Damián y Carlos primero, los hermanos Miguel Ángel y Javier detrás y por último Rafa y el mismo. A Nacho lo mantuvo a cargo de los civiles. La idea era tirar del cabo José hasta romper el contacto con Judith. A su orden, todos comenzaron a tirar con todas sus fuerzas, el cabo comenzó a ennegrecerse y sus rescatadores a arder, finalmente se rompió el enganche. Todos cayeron hacia atrás y comenzaron a combustionar de forma instantánea. Aunque el soldado Nacho intentó socorrerlos fue inútil, en menos de un minuto sólo quedaron unas estructuras óseas donde antes había siete hombres. Judith seguía dulcemente enganchada al cristal azul cobalto. 

Steve.

Steve llegó a los cinco minutos del inicio de la gran hoguera que había costado la vida a todo su cuerpo de ejército, salvo al soldado Nacho. Por imperiosa necesidad lo ascendió a teniente. El nuevo mando militar le reportó lo que había ocurrido y lo que había podido deducir:

1.- La minera Judith se sintió atraída irresistiblemente hacia el cristal de color cobalto.

2.- Mientras esperaban al teniente Paco y sus hombres, el resto de los mineros y auxiliares habían encontrado dos cristales más con las mismas características del primero. 

3.- Intentar romper el enganche entre una persona y el cristal produce una fuerte repulsión calórica. Cuyo primer efecto es enganchar al socorrista al socorrido de forma similar al enganche inicial.  Sí se ejerce suficiente fuerza se consigue romper el enganche humano-humano, pero rescatado y rescatadores se combustionaban de forma espontánea. 

4.- El cristal segrega unas emanaciones que generan una fuerte reacción sexual en los humanos expuestos a ellas. Una vez establecido el enganche, el cristal emite una mayor pulsión de apetito erótico. 

Los enfermeros y las dos médicos comenzaron a analizar en profundidad (pero sin contacto) el estado de Judith. Mientras intentaban medir el espectro de las emisiones del cristal de color cobalto. 

Nacho, teniente. Estadio: 9 meses y 4 días tras la Folgación.

Asumir la responsabilidad militar del campamento no fue un trago de su gusto. Dedicaba la mitad de su tiempo a entrenar a los siete nuevos aprendices de soldado, reclutados entre el personal civil y la otro mitad del tiempo evitando que los residentes en Blue se engancharan voluntariamente a los cristales color cobalto, que llamaban coloquialmente orgasmatrones

Diariamente revisaba a los enganchados y remitía su informe a la doctora en jefe de la expedición. Para no sufrir los efectos de atracción de las emanaciones se ponía una suerte de casco fabricado exprofeso para repeler esas influencias. Todos los enganchados mostraban la mejor de sus sonrisas y sus cuerpos se mantenían en perfecto estado: jóvenes en un continuo orgasmo. 

El teniente Nacho deseaba la llegada del reemplazo, volver a casa y gastarse la paga ganada con el dolor de la pérdida de sus camaradas de armas. Para eso había que continuar vivo y desenganchado otros 6 meses más.

Barbarella (1968) - The Sex Machine Scene | Movieclips


Valeria. Estadio: 12 meses tras la Folgación.

Ver a Judith, ahí, enganchada al orgasmatrón le generaba una sensación ambivalente. Por un lado, se sentía fatal por verla inerte, y ella misma había perdido una buena compañera sexual, aunque en honor a la verdad, ya la había sustituido por varios nuevos amantes. Por otro lado, la cara de satisfacción plena que lucía, la tranquilizaba, verla tan radiante, tan atractiva, le aumentaba la curiosidad de probarlo ella misma. Alguna vez intentó quitarse el casco, pero rápidamente alguno de los nuevos soldados se lo impedía. 

Era consciente que más tarde o más temprano, buscaría un orgasmatrón no vigilado y se engancharía. La promesa de placer era demasiado grande para no caer en ella; ella la reina ninfómana de Blue.

Judith. Estadio: 13 meses tras la Folgación.

Y de repente se desenganchó, la sensación de placer total desapareció súbitamente y la reemplazó un vació inmenso, una pérdida absoluta. Intentó volver a engancharse, pero su cerebro recibió una descarga de asco, dolor y repulsión. El teniente acudió a ayudarla a levantarse, informó al campamento. Rápidamente llegaron los enfermeros y la evacuaron a la enfermería. 

Nacho reportó al campamento que el orgasmatrón de Judith había dejado de emitir las ondas de placer sexual y el resplandor. La temperatura del cristal había bajado unos tres grados y a simple vista daba la sensación de haber disminuido de tamaño. 

Ni la presencia de Valeria era capaz de calmar la profunda sensación de pérdida que sentía. Todas las pruebas a las que fue sometida daban resultado correctos, de hecho, eran los mejores resultados que había reportado su cuerpo en toda su vida. Estaba mejor nutrida, era más alta y esbelta, incluso más bella; con un cabello más sano y un brillo fulgente. Pero Judith estaba triste y amargada. Había perdido el flujo continuo, armonioso y equilibrado del placer: un orgasmo eterno. 

Pasados unos días, Judith intentó engancharse con algún orgasmatrón y pese al servicio de vigilancia que el teniente Nacho había organizado, lo consiguió alguna vez. Pero instantáneamente recibía una descarga de nauseas, repudio y odio, que la hacía retroceder espantada.

A la semana de su desenganche, Judith, al defecar excretó un cristal cobalto; un nuevo orgasmatrón

La conclusión de las doctoras fue, que durante su enganche se fue gestando el nuevo cristal dentro de su sistema digestivo. Una vez repuesta, Judith intentó volver a engancharse a algún orgasmatrón. Pero nada, no percibía nada, ni repulsión, ni ese exquisito placer, por más veces que lo intentó no obtuvo nada. Las tinieblas sumieron en la mayor oscuridad el pensamiento de Judith. Perdió las ganas de follar, de comer, de beber, de respirar, en suma, de vivir. Ni la constante vigilancia de Valeria, ni los antidepresivos, ni nada de este mundo, pudo evitar que Judith se quitara la vida tres días después de traer a Blue un nuevo orgasmatrón.

El suicidio de Judith desnortó a Valeria. Culpa, rabia, impotencia y sobre todo una morbosa curiosidad la atraía irremediablemente a engancharse a uno de los cristales cobalto no custodiados. Las doctoras comenzaban a pensar que la repentina afloración de los orgasmatrones estaba relacionada directamente con la frenética actividad sexual del campamento.

Tras el entierro de Judith en un camposanto que ya acumulaba ocho tumbas, y sin pasar por su taquilla, Valeria consiguió engancharse a un orgasmatrón.

Steve. Estadio: trece meses tras la Folgación. El 2º desembarco.

Los acontecimientos desarrollados tras el primer enganche despertaron en Steve el instinto empresarial, creía encontrarse ante una oportunidad de negocio única. Transformó la segunda expedición a Blue no en un reemplazo de la primera, sino en un crecimiento sustancial de la dotación humana y material del campamento. La guarnición militar alcanzó los 75 miembros que dirigía el recién ascendido coronel Nacho. No había reemplazo para los mineros y sus ayudantes de la primera expedición, pero si un grupo de 100 operarios básicos, capaces de construir depósitos, viviendas, fábricas o laboratorios. Pero lo que llamaba la atención era la gran cantidad de personal científico: desde exogeólogos, médicos, químicos, ingenieros… hasta economicistas. Todas las ramas del conocimiento pragmático humano estaban representadas en Blue.

Steve ofreció la renovación de los contrato al personal superviviente, tanto a los que no habían tenido enganches como a los que sí y no se habían suicidado. Pocos volvieron a casa. 

La cantidad de información, pruebas, análisis y experimentos que se desarrollaron con los enganchados, con los post enganchados no excretados y los que ya había traído un nuevo orgasmatrón a Blue: fue descomunal. No cabía llevarse a engaño, el principal objetivo de Steve era rentabilizar el simpar descubrimiento para aumentar su ya ingente fortuna, no reestablecer la salud a los afectados. Envasar el reclamo que los orgasmatrones emiten para atraer a lujuriosos humanos y después venderlo a un alto precio, ese era el objetivo primario. De conseguirlo tendría entre manos un negocio digno de un imperio. Pero su ambición no se detenía ahí, para ello no reparó en gastos en la búsqueda de todas las posibles fuentes de lucro que se pudieran imaginar. Y las había, vaya si las había, la industria del sexo es la segunda que más dinero mueve en el universo, tras la industria del armamento. 

Valeria. Estadio: catorce meses y 6 días tras la Fulgación.

Valeria se desenganchó de su orgasmatrón, sin dificultad aparente. Como ya se había implementado la monitorización de todos los enganchados, las alarmas sonaron en la unidad rápida de intervención. Valeria fue trasladada en volandas a la enfermería. Las pruebas mostraron que estaba bien. Eso sí los orgasmatrones no segregaban rechazo ante ella, de hecho, iniciaban el proceso de enganche, que los técnicos abortaban inmediatamente. Valeria no mostraba sentimiento de pérdida ni angustia, simplemente parecía que se había despertado de un sueño reparador y satisfactorio. Pero lo más trascendente fue que no había incubado ningún nuevo orgasmatrón. Su sistema digestivo estaba limpio de cristales de color cobalto.

Valeria era feliz, ya había sido antes feliz en el planeta Blue. Pero ahora tenía la certeza que iba a seguir siéndolo. La experiencia de su simbiosis con el orgasmatrón había dimensionado su existencia y avidez de sexo a otra fase, a otro nivel. 

Con la ayuda de los doctores aprendió a controlar el ansia sexual y a decidir cuándo se enganchaba y cuándo se desenganchaba. A dominar a voluntad, el baño de placer sin coste que ofrecía el planeta Blue. Una simbiosis entre mineral y animales que permite al primero expandirse y a los segundos encontrar un placer inalcanzable por otros medios. 

Steve. Estadio: 38 meses y 11 días tras la Fulgación.

Steve seguía siendo el mierda que siempre fue. Pero ahora era el mierda más rico del universo. Y Valeria fue la clave de su éxito. Su naturaleza ninfómana la había dotado de unas habilidades que resultaron determinantes con los orgasmatrones. El ejército de técnicos y científicos desplazados a Blue, rápidamente dieron con las sustancias y procedimientos necesarios para replicar la capacidad de cortar el enganche a voluntad del cliente y engendrar o no, un nuevo orgasmatrón. Eso y una efectiva, y cara, muy cara, campaña de marketing convirtió Blue en el paraíso de los mega millonarios que deseaban darse un regalo de placer, en un entorno paradisiaco. Entorno que Steve no tuvo problema en crear, haciendo desaparecer la belleza monolítica azul de Blue. Blue padeció, como sólo un planeta puede hacerlo, el deterioro causado por Steve y sus secuaces.

Steve incluso fundó y dotó de recursos una cátedra de Economicismo, donde se formaban las mentes más prometedoras en ese campo. El sexo, mejor dicho, el placer sexual es una palanca, otro motor que mueve a los humanos y estos a la humanidad. Ahora, Steve, el mierda de Steve tiene la llave del control efectivo sobre la humanidad. 

by PacoMan


Motörhead - Orgasmatron (Official Audio)





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by PacoMan (Paco Mancera Romero)

En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico (aunque no sabemos a cual equipo de fútbol asesora, las cursivas son nuestras).


Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po




viernes, 26 de septiembre de 2025

La llama del arcángel Uriel



"Angel Wing", Alas de ángel, una fusión de galaxias en el momento de su colisión.
Imagen tomada del Cronista.





Estimados Liponautas


Hoy le hacemos llegar la mas reciente narración hecha por nuestra amigo Paco Mancera Romero, tomada de la página habitual.

 Disfruten de la entrega.


Atentamente


La Gerencia.        


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Por Paco Mancera Romero


Si encuentra este manuscrito, por lo que más quiera, difúndalo por todos los medios posibles a todo el mundo. Es necesario que se sepa lo que está pasando en este planeta infernal. Por Dios se lo pido.


Primera anotación


El piloto nos avisó: “Venid, merece la pena verlo”. Efectivamente era singular. No fui capaz de deducir si el planeta recibía o emitía un potente rayo anaranjado que iluminaba el tenebroso espacio que lo rodeaba. Dada la distancia a la que nos encontrábamos el fenómeno debía ser descomunal, una de las siete maravillas del universo. El planeta no era gran cosa, un tipo III con una densa atmosfera respirable, lo que permitía que la vida de base chon[1] se adaptara perfectamente. Eso era lo poco que sabíamos del planeta al que nos acercábamos. Nos preparamos con los equipos de seguridad y material para el desembarco. Los marines se adentraron en sus lanzaderas de asalto, con la aparatosidad que sólo los militares saben desplegar. No éramos la primera misión que nuestra empresa organizaba a este planeta perdido, pero si esperábamos ser la primera en volver.


Inmediatamente comenzaron los problemas en la nave. Los sistemas comenzaron a fallar, el impulso y la gravedad nos acercaban peligrosamente al planeta. El piloto hizo lo que pudo, redujo la velocidad antes de estrellarnos. El impacto fue colosal, todos perdieron la vida salvo yo, tuve muchísima suerte, aún hoy no sé cómo y porqué me libre de morir. Los retorcidos hierros y plásticos de la destrozada nave hicieron las veces de tumba de la tripulación. Ninguna lanzadera militar llegó a salir del hangar. Enterrar los cuerpos me habría exigido un tiempo y un equipo del que no disponía, ni tampoco tenía ningún sentido hacerlo.


Me alejé de los restos del desastre y provee suerte con las comunicaciones. Nada, los transmisores estaban muertos. De hecho, todo el material con el más mínimo componente electrónico estaba inoperativo. No sabía qué hacer, casi con seguridad el planeta estaría desierto. Me adentré en el denso follaje, por ocuparme, por hacer algo y distraer mi mente para no caer en la desesperación.


Anduve y perdí la noción del tiempo. Posiblemente daba vueltas. No iba a durar mucho: Sin forma de orientarme, sin conocimientos del entorno, con poca comida y sí encontraba agua, no tenía forma de saber si era potable, ni como potabilizarla. Escribo estas notas, por intentar no caer en la desesperación.


Segunda anotación. Algunos días después.


Efectivamente querido lector, tiene usted razón, algo debió ocurrirme, en caso contrario no estaría narrando en pasado mis desgracias en este mundo. Le ubico, y así me organizo mentalmente: estoy en un planeta supuestamente olvidado, perdido dirían algunos y probablemente deshabitado. La corporación Weyland-Yutani, mi empresa, había fletado hasta tres naves expedicionarias, contando con la mía. Y evidentemente las tres fallidas. Personalmente se me escapaba el porqué de estas expediciones. Yo fui el primero de los economicistas en aceptar formar parte de esta tercera expedición, el sueldo no era malo y aunque no entendí nada de lo que tenía que hacer: acepté. No fui, ni de lejos, al primero al que se lo propusieron. Seguramente, en sus negativas pesaría bastante la leyenda urbana que circulaba sobre otras catastróficas expediciones de caza y captura de unos hambrientos xenomorfos.


Tuve la inmensa suerte de ser encontrado por una patrulla militar. Al final, los más que sospechosos rumores sobre el interés de la competencia en el planeta, eran ciertos. El parche en sus hombros los identificaba: Tyrrell Corporation. No reconocí el extraño armamento que portaban. Y lo que me dejó sin habla es que no tenían vehículos, caminaban.


Me llevaron a su base y fui tratado como un espía o algo parecido. No tuvieron ni que preguntarme, yo solito desvelé el propósito de la misión que tenía asignada, donde chocó la nave y cualquier dato que pensé que pudiera interesarles. Canté desde el primer momento, más y mejor que cualquier diva de la ópera. La verdad es que la remuneración de mi contrato no era tan elevada y para disfrutarla es mejor estar completo, vaya de cuerpo entero y no en cachitos como una vulgar macedonia.


Tercera anotación. Dos semanas después.


Tras mi interrogatorio y registro de mis pertenencias, me dejaron tranquilamente encerrado en un calabozo aislado. Me imaginé que estarían verificando mi historia. No dejaba de pensar ¿Qué riesgo le suponía un economicista como yo? Incluso creí que se habían olvidado de mí. Por mantener la esperanza, por no desmoronarme, escribo en primera persona, en pasado y refiriéndome a usted querido, futuro e improbable lector.


Cuarta anotación. Dos meses después.


El resto de este mundo de pesadilla resultó ser un paraíso, al menos el trozo que conocí. Supongo que finalmente, debieron verificar mi historia y considerar que un economicista empleado de Weyland-Yutani no suponía un riesgo y me ofrecieron “un empleo” a cambio de mi libertad y comer como un ser humano. Acepté.


Tardé muy poco en descubrir que la fauna nativa era escasa y de poca potencia física. Fue fácil, en primer día de trabajo, tuvimos que ir andando (yo, y el resto de los trabajadores) a la mina. Pico y pala, y venga, a extraer y cargar el mineral en unos simples carros, que nosotros mismos teníamos que empujar hasta unos amplios almacenes del asentamiento. Todo ello bajo la atenta mirada de los soldados que nos custodiaban.


Los mandamases de la base llamaban tanzanita al mineral azul y púrpura que arrancábamos del planeta con nuestro sudor. No lo había oido en mi vida, ni nadie sabía para que podía servir. Debía ser muy valioso, mantener el asentamiento lleno de humanos debía ser costoso, muy costoso, sobre todo cuando el trabajo lo podían hacer más rápido unos cuantos robots y un par de replicantes Nexus 6. Descubrí que cada seis meses (según la forma de contar el tiempo terrestre) los almacenes se vaciaban. Mientras todos los civiles estamos en la mina. Cuando se acercaba esas fechas los militares se mostraban muy nerviosos. Algo lógico, ya que la mitad de la dotación era sustituida, a la vez que nos reabastecían.





Quinta anotación. Cinco meses después.


No era un preso dentro del recinto, pero no era un hombre libre fuera de él. Entre los demás siervos, porque eso es lo que éramos: siervos, el ánimo estaba por los suelos. Eran reacios a hablar, pero poco a poco me fui ganando su confianza. Todos eran presos que habían aceptado reducir su condena a cambio de realizar trabajos forzados. Nadie les avisó que serían trasladados a este mundo para extraer la tanzanita. Ningún siervo había vuelto a casa, subiéndose en esa supuesta nave que recogía el mineral, traía suministro y relevaba a la mitad de los soldados cada seis meses. Nadie había cumplido su condena y aún faltaba mucho tiempo para que el primero lo hiciera. Eso era lo que pensaban los más optimistas.


Aún no había despuntado el día, cuando fuimos atacados. Pequeñas explosiones, pero muy destructivas llenaron el aire de polvo y un fuerte olor a quemado. Las armas que portaban los enemigos producían fogonazos que lanzaban pequeños trozos de metal. Los soldados de la Tyrrell repelían la agresión con armas parecidas. Ni rayos láser, ni escudos de electroplasma, ni fluido de ondas, no se usaron ninguna de las armas usuales. Los soldados de ambos bandos iban muriendo. Bueno, también murieron siervos. Eso me dejó perplejo, absolutamente desconcertado ¿Por qué no había robots? ¿Dónde estaban los drones? ¿Y los cazas? ¿Dónde estaban los blindados? ¿Y los haces de infrarrojos disparados desde los satélites? Nada, nada de eso se usó, nada de eso había. Sólo bombas de manos y los lanza fragmentos de metal.


Vencimos, bueno repelimos el ataque. Finalmente, algunos siervos recogimos del suelo las armas de los soldados caídos. Y por emulación, copiando lo que hacían los nuestros, comenzamos a luchar.  El enemigo retrocedió, llevándose sus caídos, pero un par de cuerpos se quedaron en el campo de batalla. Eran idénticos a nuestros soldados salvo que el uniforme era distinto y en el parche del hombro derecho ponía: Cyberdyne Systems[2].


El arrojo que demostramos los siervos gustó a los mandos militares. En honor a la verdad, me sorprendí a mí mismo, jamás pensé que me lanzaría a una batalla. Este planeta me está cambiando. Bueno ya me ha cambiado.


Sexta anotación. Ocho meses después.


Tras la escaramuza, la disciplina y las duras condiciones a las que estábamos sometidos se relajaron. Ya no éramos siervos, ahora éramos trabajadores. Incluso recibimos cierta formación militar, aprendimos que el arma que usábamos se llamaba fusil y disparaba, (no lanzaba) balas.


Me costó litros de cerveza convencer al teniente que nos instruía. Aunque antes me comentó que el rayo naranja del planeta le recordaba la llama oro-rubí del arcángel Uriel. Me gustó mucho el nombre; Uriel suena poderoso. No quiso explicarse más de la cuestión del arcángel. De hecho, creo que contestó a mi insistente pregunta, por desviar el tema de conversación. “No usamos armas más sofisticadas porque simplemente no funcionan”. Y sí, también nos permitían acceder a la cantina a tomar cerveza. Era una mejora, una gran mejora. Y eso que a mí nunca me gustó la cerveza, definitivamente Uriel me ha mutado.


Séptima anotación. Doce meses después


El tiempo pasa despacio en Uriel, pero incluso aquí, acaba pasando. Llegaron nuevas naves que retiraban el mineral, nos reabastecieron, relevaban a la tropa e incluso llegaron nuevos trabajadores. Estos respondían al esquema ya conocido: presos que aceptan reducir su condena por trabajos forzados, pero sin ser avisados que sería en otro planeta, que sería en Uriel. Los nuevos soldados traían nuevas armas, pero con el mismo principio de funcionamiento que las anteriores. Eso sí, más rápidas, más ligeras, más eficientes a la hora de matar enemigos. Siempre se nos ha dado bien lo de matarnos entre nosotros.


No hubo más ataques. Aunque nuestros militares salieron a una incursión en terreno de Cyberdyne Systems, tardaron dos semanas en volver. Sufrieron bajas, pero se les veía contentos, venían cargados con bolsas que por su volumen no podía ser de tanzanita. Nada se filtró, salvo que habían muerto once de los nuestros.


Octava anotación. Diecisiete meses después.


Querido e improbable lector, retomé la escritura de estas reflexiones por puro aburrimiento. Cada día me apetece menos escribir. He entrado en una asfixiante monotonía. Hace tiempo que ya no me preocupa mi suerte personal. No veo factible que me dejen volver con algunos de los presos-obreros cuando cumplan su condena. Soy un empleado de Weyland-Yutani que lleva retenido más de cuatro años por tropas de Tyrrell Corporation en un planeta olvidado, en medio de una mina esclavista, mientras los guardias se entretienen con incursiones al campamento de Cyberdyne Systems.


Novena anotación. Veinticuatro meses después.


Ayer se fueron los primeros presos-obreros a casa. Tengo dudas, nunca sabré si llegaron o no. El mundo fuera de esta base sigue exactamente igual, al menos eso es lo que se desprende por los comentarios de los nuevos presos, e incluso de los soldados de reemplazo. Nadie conoce este planeta, lo que se hace aquí y su porqué. Es como si a su vuelta los soldados, y navegantes de las naves de abastecimiento no dijeran nada… absolutamente nada.


Décima anotación. Treinta meses después.


Todo se va renovando, para quedarse exactamente igual. Se produjo otro ataque que también repelimos. Nuestras bajas fueron importantes, tanto en la tropa como entre los mineros. Hasta la llegada del siguiente reemplazo las guardias de vigilancia tuvieron que realizarse con algunos mineros armados como complemento. Lógicamente la producción se redujo bastante. Al menos, a los ojos de los mandamases, la base era más importante que la producción.


Pero el motivo de esta entrada es que he concebido un plan para mandar mis anotaciones a casa. Al descargar la tanzanita en los almacenes observé que había un cajón metálico que era renovado cada vez que se vaciaba el almacén. Tras varios intentos conseguí abrirlo. Contiene un artefacto que va marcando una línea en un rollo de papel grande, muy grande. No sé qué es, pero parece un medidor que deja detalle de sus medidas. Lo importante es que hay el suficiente espacio libre en el cajón para dejar mi manuscrito. Seguro que algún operario de la Tyrrell Corporation recogerá esas medidas y algo hará con ellas. Al hacerlo tendrá que ver mi paquete. Pondré algún mensaje del tipo: Por favor difunda el contenido de este documento. Ahora sólo me falta esperar la llegada del próximo carguero espacial y que recoja la tanzanita. Aún falta tiempo, lo que me permitirá pulir mis conjeturas economicistas sobre Uriel, para eso me contrató Weyland-Yutani y no para apresar a cualquier lamentable alienígena, con el que nos cruzásemos.


"Ángel de Einstein", anillo de Einstein. Imagen tomada del Debate


INFORME SOBRE EL PLANETA URIEL


Por el economicista ███████████████████[3] número de colegiado ███-█-██ del Colegio nº 423 (Maseru)


Hechos verificados:


Los equipos, vehículos, robots y armas con componentes electrónicos no funcionan en el planeta ni en su entorno.


Uriel presenta un extraordinario y descomunal fenómeno visual (rayo naranja), que tendrá otras consecuencias no contrastadas, tanto en su superficie como en su entorno.


En Uriel están asentadas las megacorporaciones: Tyrrell Corporation y Cyberdyne Systems. La primera con un campamento minero protegidos por tropas armadas. No hay certezas sobre el campamento de Cyberdyne Systems, salvo la existencia de tropas armadas. Ambas empresas entran periódicamente en episodios de conflicto armado con bajas humanas.


Una tercera megacorporación: Weyland-Yutani ha mandado misiones armadas para establecer una base permanente en el planeta, por ahora sin éxito aparente.


Deducciones. Parece ser que:


El mineral que se extrae: Tanzanita, debe ser valioso para las corporaciones. Mantienen emplazamientos humanos de extracción, al no ser posible realizarlo con los más usuales y rentables robots.


Las tres megacorporaciones compiten entre ellas de forma privada y secreta; evitando que la humanidad esté al tanto de este planeta y lo que se hace en él.


La tanzanita está detrás del mal funcionamiento de cualquier equipo electrónico y del fenómeno visual de Uriel.


Existen naves de Tyrrell Corporation que son inmunes al fenómeno descrito anteriormente o al menos consiguen aterrizar y despegar de Uriel.


Extrapolación. Fantaseando un poco:


Las megacorporaciones sobre el planeta desean crear una tecnología para dominar el efecto sobre los equipos electrónicos, una suerte de PEM[4] sin necesidad de una explosión atómica. Lo que sería una formidable arma que modificaría la forma actual de combatir.


Fin del informe.


Postfacio del editor de la 2ª edición.


La primera edición del presente texto y sus diecinueve reimpresiones generaron un gran revuelo mundial. Ya ha pasado mucho tiempo de la fatídica explosión que mató a Carlos Piegari destruyendo completamente las oficinas de su editorial. Aún restan ecos de la gran campaña de negación y desvinculación con la traumática desaparición del editor de Neaconatus por parte las tres megacorporaciones implicadas. Negación que aún hoy mantienen con poca credibilidad social.


Instantáneamente con la primera publicación, un importante grupo de conspiranoicos hicieron suyas las conclusiones de este documento. Grupo que lenta, pero constantemente, ha ido creciendo. Crecimiento que se ha vuelto exponencial, desde que el reputado físico Isaac Krugman publicó su obra Las propiedades electromagnéticas de la tanzanita constreñida. Con el más que sugerente subtítulo: Un primer acercamiento al control temporal y espacial de los PEM que genera. donde se evidenciaba la capacidad de este mineral de generar un pulso electromagnético a voluntad en extensión y duración.


Ha sido un placer y un honor trabajar en la segunda edición de este texto que, se ha convertido en piedra angular de un movimiento contestatario a la barbarie que suponen las guerras, donde humanos matan humanos.


También es cierto que ya se han puesto en marcha varios proyectos privados y públicos para protegerse de los efectos perniciosos de PEM locales y salvaguardar el buen funcionamiento de los sistemas electrónicos, tanto civiles como militares. En el mejor de los casos, estamos asistiendo a un nuevo capítulo de la eterna lucha entre el escudo y la lanza.


[1] Nota del editor de la 1ª edición. CHON es un acrónimo mnemotécnico de los cuatro elementos más comunes en los organismos vivos: carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. En el cuerpo humano, estos cuatro elementos componen alrededor del 96 % del peso.


[2] Nota del editor 1ª edición. La megacorporación Cyberdyne Systems Corporation cambió su nombre al nombre muchos más sencillo: Skynet, nombre que sigue usando en la actualidad (el texto en cursiva ha sido añadido por el editor de la 2ª edición).


[3] Nota del editor de la 1ª edición. Se suprime el nombre y número de colegiado para mantener la privacidad del autor y de sus allegados, ante posibles represalias.


[4] Nota del editor de la 1ª edición. PEM es la abreviación de pulso electromagnético. Tras una explosión nuclear se genera una gran cantidad de energía electromagnética, gran parte en radiación gamma que es altamente penetrante e interactúa con la materia irradiando, ionizándolo todo, incluido el propio aire circundante. La radiación gamma se consume rápidamente y crea un campo electromagnético zonal de kilómetros de diámetro que daña e inutilizaban todos los aparatos electrónicos.



https://neaconatus.wordpress.com/2025/08/27/la-llama-del-arcangel-uriel/




       

Uriel - Soul Thing

https://m.youtube.com/watch?v=9Ipjlwj16Qo&pp=ygUSdXJpZWwgbcO6c2ljYSByb2Nr


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by PacoMan (Paco Mancera Romero)

En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico (aunque no sabemos a cual equipo de fútbol asesora, las cursivas son nuestras).


Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po