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CRÓNICAS DEL OLVIDO
El habla secreta (segunda parte), de José Napoleón Oropeza
Alberto Hernández lunes 24 de mayo de 2021
El habla secreta (segunda parte), de José Napoleón Oropeza (CoberGroup / Seguros Caracas / Ipapedi, 2020).
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En el prólogo de la primera parte de El habla secreta, publicado por la Dirección de Medios y Publicaciones del Departamento de Producción Editorial de la Universidad de Carabobo en julio de 2011, su autor, José Napoleón Oropeza, escribió:
Cuando los filósofos o poetas presocráticos nos propusieron la síntesis e indagación del universo tomando como centro cosmogónico la imagen del agua, de la tierra, del fuego o del aire, abrieron la puerta del conocimiento a una especulación de la materia que admitía, en el proceso, la derivación de esas imágenes —tierra-aire-fuego-agua— en otros signos equivalentes a su fuerza centrípeta...
Sin descanso, Oropeza se concentró en estos elementos en compañía del silencio y la soledad, mientras el río de Heráclito sustanciaba la vida y las palabras y se resumían en líneas arteriales para dar a conocer la circulación espiritual del hombre: la poesía.
Así, los elementos, ataviados de voces, se hicieron ecos, resonancias, tiempo y espacio. La poesía le añadió a la vida otra vida. Le insufló aliento eterno. La de nuestro país encuentra en José Napoleón Oropeza a un buceador, a un investigador que entra y sale de los poemas como entra y sale del imaginario de sus reflejos.
El que estudia este oficio, el de escribir, soñar, vivir o morir, es también parte de los sueños.
Aire, agua, fuego, tierra: amasados en el ojo que lee. Revelados en la extensión de las horas, en la historia personal de cada creador.
En ese primer volumen, ganador del Premio I Bienal Nacional de Literatura Orlando Araujo 2001, nuestro ensayista ha estudiado a poetas venezolanos del siglo XX. Largo sería enumerarlos al comienzo de este escrito dedicado al segundo volumen, razón por la cual al final serán dados a conocer los nombres de los autores estudiados por José Napoleón Oropeza.
2
La segunda parte El habla secreta, rostros y perfiles en la poesía venezolana de los siglos XX y XXI, editado esta vez por CoberGroup, Seguros Caracas y el Instituto de Previsión Social del Personal Docente y de Investigación de la Universidad de Carabobo (Ipapedi), en Valencia, 2020, recoge estudios de autores de poesía de relevancia nacional e internacional de distintos rostros y perfiles, como ha sido la intención del autor en todos los estudios, tanto en el primero como en el segundo y los venideros.
La continuación es una permanente porfía. El que estudia este oficio, el de escribir, soñar, vivir o morir, es también parte de los sueños: escribe para saberse parte del poema, porque la poesía es de quien lee y es leído. De esta manera, Oropeza cuando analiza disfruta; cuando escribe respira, y con él todos los poemas y los autores tratados en estas páginas.
Para darle inicio a este libro, José Napoleón Oropeza se vale de la metáfora del arca de Noé, su construcción, su espacio donde caben todos los milagros, todos los silencios, todos los miedos, todas las esperanzas, todas las palabras.
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| Miguel Ramón Utrera. Fotografía de Sandra Bracho. |
Esa imagen revelada da cuenta entonces de un ensayo en el que Oropeza se embarca para trabajar con denuedo y densidad el trabajo poético de Miguel Ramón Utrera desde “Los nombres de la noche y el paisaje”; de María Calcaño con el título de “Los árboles salvajes de su poesía”; “Ceremoniales y cantos a la muerte”, en Miyó Vestrini; “Relámpagos y puertas”, en Antonia Palacios; “El cielo sin aldabas”, en Martha Kornblith; “Múltiples mares y un mismo caracol”, en Edda Armas; “La palabra como piedra y nube”, en Belkys Arredondo Olivo; “Espejos y caminos para nombrar a un árbol”, en María Clara Salas, y “La luz transmutada en un fulgor de piedra”, en Lázaro Álvarez.
Se dice y confirma un esfuerzo intelectual que merece la atención de los lectores del país, porque no se trata de dos volúmenes que revisan las voces de nuestra poesía. Son cinco los volúmenes que poco a poco se irán integrando a las bibliotecas de los lectores venezolanos.
En el prólogo de esta segunda aventura verbal, el autor expresa:
Tras la meta propuesta, hemos realizado un arqueo e inventario de nombres de algunos poetas venezolanos que, a través de dos o más obras, han mantenido un discurso coherente y sólido en la novedosa indagación formal de un determinado tema. Ello nos permite —al mismo tiempo, quizá— intuir los hallazgos individuales en cada uno de los creadores, el “atisbo” de luz mantenido y desarrollado en sus indagaciones, ofreciendo la posibilidad de fijar un itinerario de las tendencias formales de la poesía venezolana de la actualidad y el aporte de una propuesta individual en el proceso del devenir histórico de nuestra poesía.
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| Martha Kornblith |
Seguirán apareciendo volúmenes, porque aún quedan muchos autores que ya José Napoleón Oropeza ha estudiado.
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La primera parte, un poco más voluminosa, acerca al lector a autores como Salustio González Rincones, José Antonio Ramos Sucre, Fernando Paz Castillo, Vicente Gerbasi, Enrique Arvelo Larriva, Luz Machado, Ida Gramcko, Ana Enriqueta Terán, Juan Liscano, Juan Sánchez Peláez, Rafael Cadenas, Rafael José Muñoz, Ramón Palomares, Alfredo Silva Estrada, Víctor Valera Mora, Gustavo Pereira, Rafael Ángel Insausti, Eugenio Montejo, Luis Alberto Crespo, Teófilo Tortolero, José Barroeta, Reinaldo Pérez So, Hanni Ossott, Alejandro Oliveros, Rafael Arráiz Lucca, Armando Rojas Guardia, Yolanda Pantin y Harry Almela.
Una obra que ha mantenido al profesor y académico valenciano inmerso en el mundo de tantos poetas durante varios años. Madrugadas para saber de las sombras y luces de autores que han hecho de sus existencias sonidos y música, ávidos de voces que alimenten la imaginación y provean a los lectores de belleza y pensamientos.
Seguirán apareciendo volúmenes, porque aún quedan muchos autores que ya José Napoleón Oropeza ha estudiado. Ya están escritos esos tomos que serán dados a la luz cuando también se sepa que nuestro país se sostiene anímicamente sobre ecos, revelaciones, secretos, misterios, amores y odios, sobresaltos y quietudes.
Habrá tiempo para trabajar cada uno de los ya publicados tomos de esta necesaria aventura.
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José Napoleón Oropeza
Puerto Nutrias, 1950 – Valencia, 2024. Narrador y ensayista. Licenciado en Educación egresado de la Universidad de Carabobo (1972). Doctor en Literatura por el King’s College London (1982). Fue profesor de la Universidad de Carabobo en la Cátedra de Teoría y Análisis Literario de la Maestría de Literatura Venezolana. Como gestor cultural, presidió el ateneo de Valencia (1991-2007) y la Federación de Ateneos de Venezuela (1991-1994).
Su obra narrativa comprende diversos títulos: Parte de la noche (Cuentos. Universidad del Zulia, Maracaibo, 1971), La muerte se mueve con la tierra encima (Cuentos. Monte Avila Editores, Caracas, 1972), Las redes de siempre (Novela. Monte Ávila Editores, Caracas, 1976), Ningún espacio para muerte próxima. Cuentos 1969-1976 (Cuentos. Monte Ávila Editores, Caracas, 1979), Las hojas más ásperas (Novela. Monte Ávila Editores, 1980), El bosque de los elegidos (Novela. Fundarte, Caracas, 1986) Entre el oro y la carne (Novela. Editorial Planeta Venezolana, Caracas, 1990), La guerra de los caracoles (Cuentos. Monte Ávila Editores, Caracas, 1991), Testamento de un pájaro (Novela. S.d., 1992 – Universidad de Carabobo, 1999), La carta que contenía arena (Cuentos. Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2002) Entre la cuna y el dinosaurio. Cuentos completos 1972-2002 (Cuentos. El otro, el mismo, 2006)), Las puertas ocultas (Novela. Bid&Co Editor. 2011), El cielo invertido (UCAB – Bid & Co Editor, Caracas, 2016), La lluvia inconclusa (novela. Rubiano Ediciones, 2022) y El huésped invisible. Cuentos. 2002-2015 (Monte Ávila Editores, Caracas, 2023). Su obra literaria abarcó también la poesía, el ensayo y la crítica destacándose con títulos como: Para fijar un rostro y El habla secreta.
Premio de Poesía Alberto Arvelo Torrealba (s.d., 1970). Premio Único de Cuentos de la Universidad del Zulia (s.d., 1971 y 1972). Premio Único del Concurso Anual de Cuentos del diario El Nacional con su cuento La muerte se mueve con la tierra encima (1971). Premio de Prosa de la Universidad de Carabobo (s.d., 1971). Premio de Novela Guillermo Meneses por su novela Las redes de siempre (1975). Premio Municipal de Prosa Manuel Díaz Rodríguez (s.d., 1983). Premio CONAC Narrativa (s.d., 1987). Premio Cuarenta años de la Universidad de Carabobo (s.d., 1999). Premio Bienal de Literatura Orlando Araujo por el libro El habla secreta. Rostros y perfiles de la poesía venezolana del siglo XX y XXI (primera parte. 2001). Premio de Cuentos de El Nacional por el texto Entre la cuna y el dinosaurio (2002). Doctorado Honoris Causa en Educación, otorgado por la Universidad de Carabobo (2007). Premio de la Crítica a la Novela por su novela Las puertas ocultas (2011). Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua (2015). Premio Nacional de Cultura Mención Literatura por su trayectoria literaria (2021-2022). Premio Nacional de Literatura por su obra El habla secreta. Rostros y perfiles de la poesía venezolana del siglo XX y XXI (segunda parte. 2023).
Su obra ha sido incluida en diversas antologías y muestras de narrativa venezolana.
https://ficcionbreve.org/autor/jose-napoleon-oropeza/
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Las Instrucciones para armar el meccano de Harry Almela
Alberto Hernández. Instrucciones para armar el meccano
I
Los honrados años de la infancia se reconstruyen bajo la bóveda de los cielos nocturnos. Se presume un lago, el asombro de un niño, el relato inocente en la superficie, la mirada acerca de los héroes fijados en una pared del cine en los años lejanos. Una corriente lenta hacia la oscuridad semeja un río mientras el medio siglo se consume en las marcas de la piel.
Un hombre, un poeta, confirmación de la patria encarnada en una muchacha adolescente, como motivo para desafiar páginas de un libro anterior y entrar definitivamente en estas Instrucciones para armar el meccano (Fundación para la Cultura Urbana, Caracas, 2006), en las que Harry Almela retorna airoso, niño y adulto, profanador de licencias, entre fábulas y meriendas, encaramados en un brocal.
El niño que escribe este libro es el mismo de los cincuenta años, el que no se cansa, el de la cicatriz en la frente… ante el espejo, a pesar de su capricho de ocultarse”.
II
La patria se gana o se pierde. En estos desganados años de contienda, en los que la poesía adquiere la fuerza del silencio o de la bulla callejera, el poeta Almela ha estimado regresar del exilio, del actual, éste en el que abunda la destreza de la memoria. Se podría afirmar, con todo el temor al yerro, que Harry Almela no ha dejado de estar en esa estación etaria, en el límite, entre la ventana abierta y el viejo arte de inventar retornos.
Hace poco, a propósito de su anterior libro, este cronista escribió: La patria también es un sueño al amanecer. El destello de una muchacha que camina sin ropa interior”. En este de hoy, el autor no extravía ese destello, el de la patria en la niñez, en la lejanía de algunos años, de ese medio siglo que avanza hacia la madurez y escancia el brindis de una poesía cada día más robusta.
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| Meccano. Imagen tomada de aquí. |
Instrucciones para armar el meccano es la justificación de un viaje, el de esa épica vital y literaria producida por el desarraigo, el despertar de nuevos mundos, la ruptura y revisión de un país ahora enfrascado en eternizar sombras y precipicios. En Dedicatoria para decir adiós se resume el ardor de la pérdida, la puesta en marcha de unos verbos en pasado: Es preciso escuchar eso/ que me llama/ cada noche desde el remoto día/ del dolor.// Y te pido perdón maestro,/ perdón por no seguir tus pasos. Esta primera incineración, este relámpago remoto, indica el rompimiento, la muerte de una infancia, porque el verano también pasa./ Y los caballos. Existe la punción, la rasgadura. El poema es también esa patria descompuesta, asomada con nombre y apellido. El poeta hombre y niño sabe hablar de horas convertidas en muros.
III
Sí, la lectura nos conduce a tiempos movedizos. La nostalgia nos acomoda en un lugar de esta casa que es el mapa. Nos arredra, nos empuja hacia un lugar del origen, hacia los espantos de calles oscuras, orillas donde Todo es recuerdo y principio,/ cartílago dudoso, fragua sin uso, y a sólo una pausa, Ahora hay licor y picadura,/ manchas en la piel a los cincuenta años. El niño que sigue siendo enfrenta al adulto que escapa hacia el lado remoto de la memoria.
Ya todo está perdido./ Vendrá el duro viento sobre la escuela.// Me iré del pueblo./ Vagaré por amplios y recientes caminos.// Miraré las estrellas.// Intentaré descifrar/ las huellas inútiles/ de gaviotas en la arena.// Amaré. Seguro que amaré// Sabré de tibiezas/ entre sábanas en un amanecer.// Probaré el licor y el cigarrillo./ Buscaré en los libros/ el sosiego que nunca habré de conocer.// Llegaré al próximo siglo/ ya cansado de la vida.// Para desaparecer hastiado en la penumbra.
La infancia, ese umbral del mundo, tiene sus paisajes, sus relámpagos, algunos apagados. El poema experimenta los legados de aquella otredad. Frente a Moisés, el bíblico, Almela convierte a Mariara en el centro del Universo. Acerca, con una mano en la oscuridad, el rostro de Charlton Heston: Porque fuiste el único profeta en ver cara a cara/ el áspero rostro de Dios. Y más próximo a la breve existencia del asombro, la poesía se instala en la permanencia de la casa, la otra casa, la patria más chica. Los viajes, los asuntos del tiempo trastocado. La Tierra siempre gira alrededor de un poema. Quien diga la contrario desconoce las mareas, de allí que Harry Almela, dueño de una voz que nos hinca y anima a la vez, también es propietario de una particular manera de borrarnos, amputarnos y completarnos con su sintaxis. Cada poema de este libro es un lector o todos los lectores.
IV
Y si el mundo es un verso en cada dolor, en cada instante de Harry Almela, muy cierto es que el escribir lo hace precipicio, abismo de su respiración. ¿Cómo armar el meccano? ¿qué instrucciones exactas para no entender que la biografía de una comarca atiende a un lago, a un almendrón, al mismo patio del poeta Utrera, a una madre que en la cocina traza el milagro de un pedazo de pan. Y de todo eso, de esas cabales instrucciones, la escritura constante, teorética de la carne y el espíritu. Entonces me dijeron:/ vete por allí, a decir lo que debes,/ a cantar lo que no has vivido/ y deseas con ardor. Así se hizo este poemario, con la vida vivida y la por vivir, con la sombra de un árbol mientras la patria heroica se sumerge en la rabia y los sueños, en la melancolía, en la revelación de los oficios, en la tardanza del silencio.
¿Cuántos viajes hacen falta en un libro para que el poema ocupe todo el dolor por la tierra prometida y luego olvidada en la carrera precipitada de un tren? Un niño viaja. Regresa adulto, tocado por la bruma de un cuerpo impune, despojado, anudado a la culpa.
Comienzo y fin, entrada y salida. En medio de estos extremos, la niñez, la madurez, el brillo de un día, la podredumbre del universo y sus bellezas. Un poema hace este libro, un solo poema lo consagra. Es todo un alfabeto, una confusión: ¿Y qué haremos ahora,/ al final del camino?.
Me toca celebrar por este hermoso trabajo de mi amigo Harry Almela. Me toca hacer un alto y desenfrenar tantos asuntos, como estos que amargan y ahogan: Hoy te veo sentado en la puerta de Galina,/ quejándote en voz baja:/ ¿A dónde se llevaron el país, poeta?/ ¿Cuál fue la luz que desobedecimos?/ ¿En cuál vuelta de juego nos extraviamos?. A modo de respuesta: la infancia siempre retorna, duele en su inocencia, como aquella patria que una vez se encontró con Pérez Bonalde.
El espíritu de nuestros más antiguos padres sabrá armar el meccano y hacerse en el silencio necesario.
https://laliebrelibre.wordpress.com/guarimba/resenas/meccano-alberto/
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Harry Almela
(Caracas, 1953 – Mariara, 2017) Licenciado en Educación, mención Literatura, por la Universidad de Carabobo (1990). Ensayista, escritor, poeta, editor y narrador venezolano.
Coordinó, en 1992, el Taller de Creación Literaria, mención Poesía, del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), en donde además se desempeñó como investigador. Fundó, en 1991, la editorial La Liebre Libre, activa hasta 2003. En 1996 asistió al Curso para Profesores de Lengua y Literatura Española en el Instituto de Cooperación Iberoamericana, de Madrid, y realizó el Curso de Posgrado en Técnicas Editoriales en la Universidad de Barcelona. Colaborador asiduo de publicaciones venezolanas como Papel Literario, del diario El Nacional.
Ganador del Premio Bienal de Poesía Francisco Lazo Martí (1989), el 46º Concurso de Cuentos del diario El Nacional (1991), la Bienal de Poesía José Rafael Pocaterra (1994), la Bienal de Literatura Casa de la Cultura de Maracay (1994), la Bienal de Literatura Miguel Ramón Utrera (2004) y la Bienal de Poesía Abraham Saloum Bittar (2014), entre otros reconocimientos. Fue becario de la Fundación John Simon Guggenheim, de Nueva York (2009).
Autor de Poemas (1983), Ventana de emergencia (1990), Cantigas (1990), Muro en lo blanco (1991), Fértil miseria (1992), Frágil en el alba (1994), El terco amor (1997), Los trabajos y las noches (1998), Palabra o indigencia (2000), La patria forajida (2006), Instrucciones para armar el meccano (2006) y Los daños colaterales (2019, edición póstuma de La Poeteca), entre otros.
https://cultura-urbana.com/autores/harry-almela/
5/4/2026