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viernes, 29 de abril de 2022

Lin Yutang: "El hombre que no tiene la costumbre de leer está apresado en un mundo inmediato...".

El placer de la lectura.


Estimados Liponautas

Hoy tenemos el gusto de compartir con ustedes un texto de Lin Yutang, sobre la lectura, un escritor que frecuentemente habitaba con frecuencia nuestras bibliotecas. Si nos acompañase en estos momentos seguramente nos diría muchas cosas interesantes sobre la actual esclavitud a la que gustosamente nos sometemos con ese grillete que llamamos smartphone o teléfono "inteligente" .

Disfruten de la entrada.


Atentamente

La gerencia.


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El placer de la lectura.


La lectura, o el goce de los libros, ha sido considerada siempre entre los encantos de una vida culta y es respetada y envidiada por quienes se conceden rara vez ese privilegio. Es fácil comprenderlo cuando comparamos la diferencia entre la vida de un hombre que no lee y la de uno que lee. El hombre que no tiene la costumbre de leer está apresado en un mundo inmediato, con respecto al tiempo y al espacio. Su vida cae en una rutina fija; está limitado al contacto y la conversación con unos pocos amigos y conocidos, y sólo ve lo que ocurre en su vecindad inmediata. No hay forma de escapar de esa prisión. Pero en cuanto toma en sus manos un libro entra en un mundo diferente, y si el libro es bueno se ve inmediatamente en contacto con uno de los mejores conversadores del mundo. Este conversador lo conduce y lo transporta a un país diferente o una época diferente, o descarga en él algunos de sus pesares personales, o discute con él una forma especial o un aspecto de la vida de que el lector nada sabe. Un autor antiguo le pone en comunión con su espíritu muerto largo tiempo ha, y a medida que lee comienza a imaginar qué parecería ese autor antiguo y qué clase de persona sería. Tanto Mencio como Ssema Ch'ien, el más grande historiador chino, han expresado la misma idea. Poder vivir dos horas, sobre doce, en un mundo diferente, y restar los pensamientos al reclamo del presente inmediato es, claro está, un privilegio que deben envidiar las personas que están encerradas en su prisión corporal. Tal cambio de ambiente es en verdad similar a un viaje, en su efecto psicológico.

Sasha Grey leyendo  El elogio a la Locura



La mejor fórmula sobre el objeto de la lectura, a mi juicio, fue dada por Huang Shanku, un poeta Sung y amigo de Su Tungp'o, que dijo: "Un sabio que no ha leído nada durante tres días, siente que su conversación no tiene sabor (que se hace insípida), y su cara se hace odiosa al mirarla (en el espejo)". Lo que quiso decir es que la lectura da al hombre cierto encanto y sabor, que es el objeto de la lectura, y sólo puede llamarse arte a la lectura con este objeto. No se lee "para mejorar el espíritu", porque cuando se comienza a pensar en mejorar el espíritu o la mente, desaparece todo el placer de la lectura. Estas son las personas que se dicen: "Debo leer Shakespeare, y debo leer Sófocles, y debo leer Cervantes, para poder ser un hombre culto". Estoy seguro de que un hombre así no será culto jamás., Una noche se forzará a leer Hamlet de Shakespeare, y saldrá de ello como de un mal sueño, con el único beneficio de poder decir que ha "leído" Hamlet. Todo el que lea un libro con sentido de obligación es porque no comprende el arte de la lectura.

Este tipo de lectura con fines de negocios es igual a la lectura de los archivos y antecedentes, por un político, antes de pronunciar un discurso. Es apenas pedir consejo e información de negocios, y no leer.

Leer para cultivar el encanto personal del aspecto físico y del sabor en la palabra, es pues, según Huang, la única especie de lectura que se puede admitir. Este encanto del aspecto debe ser interpretado, evidentemente, como algo más que la belleza física. Huang no se refiere a la fealdad física en su frase. Hay caras feas que tienen un encanto fascinador y caras hermosas que son insípidas para quien las mira. Entre mis amigos chinos hay uno cuya cabeza tiene forma de una bomba y, sin embargo, verle es siempre un placer. En cuanto al sabor del discurso, todo depende de la forma de leer. Que uno tenga sabor o no cuando habla, depende de su método de lectura. Si un lector obtiene el sabor de los libros, demostrará ese sabor en sus conversaciones, y si tiene sabor en sus conversaciones no podrá menos que tener sabor en lo que escribe.

Por ende, considero el sabor, o el gusto, como la llave de toda lectura. Sigue necesariamente de ello que el gusto es selectivo e individual, como el gusto en la comida. La forma más higiénica de comer, es, al fin y al cabo, la de comer lo que gusta, porque entonces tiene uno seguridad de la digestión. Cuando se lee, como cuando se come, lo que hace bien a uno puede matar a otro.

Por lo tanto, no puede haber libros que uno debe leer. Porque nuestros intereses intelectuales crecen como un árbol o fluyen como un río. Mientras haya savia adecuada ha de crecer de algún modo el árbol, y mientras haya agua del manantial el río seguirá corriendo. Cuando el agua choca con un escollo de granito no hace más que girar a su alrededor; cuando encuentra un valle bajo y placentero se detiene y se extiende por un rato; cuando se encuentra en un hondo estanque de la montaña está contenta de quedar allí; cuando se encuentra en unos rápidos, corre adelante. Así, sin esfuerzo alguno, sin propósito determinado, llegará seguramente un día al mar. No hay en el mundo libros que se deban leer, sino solamente libros que una persona debe leer en cierto momento, en un lugar dado, dentro de circunstancias dadas y en un período dado de su vida.
 

Llego a creer que la lectura, como el matrimonio, está determinada por el destino o autores. Aunque haya cierto libro que todos deben leer, como la Biblia, hay un momento para hacerlo.Cuando los pensamientos y la experiencia de una persona no han llegado a cierto punto para leer una obra maestra, la obra maestra sólo le dejará mal sabor en el paladar. Confucio dijo:"Cuando se tienen cincuenta años se puede leer el libro de los cambios", lo que significa que no se debe leer a los cuarenta y cinco años. El sabor extremadamente suave de las frases del mismo Confucio en las Analectas, y su madura sabiduría, no pueden ser apreciados hasta que el lector ha madurado.La lectura, pues, no es un acto simple; tiene dos caras: el autor y el lector. La ganancia neta proviene tanto de la contribución del lector, por medio de su propia visión íntima y su experiencia, como del autor mismo. Con respecto a las Analectas de Confucio, el confucianista Ch'eng Yich'uan, de la época de Sung, dijo: "Hay lectores y lectores. Algunos leen las Analectas y sienten que nada ha ocurrido; a algunos nos complace uno o dos renglones, y otros comienzan a sacudir las manos y a danzar inconscientemente." Considero que el descubrimiento del autor favorito es para cada uno el acontecimiento más crítico en el desarrollo intelectual.
Hay algo que se llama afinidad de espíritus, y entre los autores de los tiempos antiguos y modernos debe tratar uno de encontrar a aquel cuyo espíritu sea semejante al suyo. Sólo de esta manera se puede obtener algo realmente bueno de la lectura, Hay que ser independiente y buscar a los maestros. Nadie puede decir quién será el autor favorito de cada uno; quizá no lo pueda decir el mismo lector. Es como el amor a primera vista. No se puede decir al lector que ame a este o aquel autor; pero cuando ha encontrado el autor que ama, lo sabe por una especie de instinto. Conocemos casos famosos de descubrimientos de autores. Hay sabios que han vivido en edades diferentes, separados por muchos siglos, pero con modos de pensar y de sentir tan semejantes que al reunirse en las páginas de un libro parecían ser una sola persona que encontraba su propia imagen. En la fraseología china decimos de estos espíritus semejantes que son reencarnaciones de la misma alma, como se decía de Su Tungp'o que era una reencarnación de Tschuangtsé o de T'ao Yuanming1, y de Yuan Chunglang, que era una reencarnación de Su Tungp'o dijo que cuando por primera vez leyó a Tschuangtsé tuvo la sensación de que desde la niñez había estado pensando las mismas cosas y asumiendo los mismos puntos de vista. Cuando Yuan Chunglang descubrió una noche a Hsu Wench'ang, un autor contemporáneo a quien no conocía, en un librito de poemas, saltó de la cama y llamó a gritos a su amigo, y su amigo empezó a leer y gritó a su vez, y luego ambos leyeron y gritaron de tal modo que el sirviente quedó muy intrigado. George Eliot dice que su primera lectura de Rousseau fue un choque eléctrico. Nietzsche sintió lo mismo acerca de Schopenhauer, pero Schopenhauer era un maestro enojadizo y Nietzsche un discípulo de mal talante, y era natural que el alumno se rebelara más adelante contra el maestro.

Tal concepto del arte de leer destruye por completo la idea de la lectura como deber y obligación. En China, se alienta a menudo a los estudiantes a que "estudien amargamente". Hubo un famoso sabio que estudiaba amargamente y quien se clavaba un punzón en la pantorrilla cuando se dormía de noche mientras estudiaba, Hubo otro que hacía que una sirvienta estuviera a su lado mientras él estudiaba, de noche, para despertarle cada vez que se dormía. Esto es una insensatez. Si alguien tiene un libro ante los ojos y queda dormido mientras un sabio autor antiguo le está hablando, hace bien en irse a la cama. Ni el pinchazo de un punzón en la pantorrilla ni las sacudidas de la sirvienta le harán bien alguno. Un hombre así ha perdido todo sentido del placer de la lectura. Los sabios que valen algo no saben qué quiere decir "estudiar con empeño". Aman los libros y los leen porque no pueden evitarlo, nada más.

¿Qué es, pues, el verdadero arte de la lectura? La respuesta, muy sencilla, consiste en tomar un libro y leer cuando se tiene ánimo. Para gozarla cabalmente, la lectura debe ser del todo espontánea. Toma uno un volumen de Lisao o de Omar Khayyam, y se va de la mano de su amor a leer a la orilla de un río. Si hay buenas nubes en el cielo, se puede leer las nubes y olvidar los libros, o leer los libros y las nubes a la vez. A ratos, una buena pipa o una buena taza de té hace el momento más perfecto. O acaso en una noche nevosa, sentado ante el fuego, cuando canta una marmita de agua en el hogar y hay una buena bolsa de tabaco al alcance de la mano, uno reúne diez o doce libros de filosofía, economía, poesía, biografía, y los apila en el diván, y después, holgazanamente, los hojea y se enfrasca suavemente en aquel que más atrae su atención en ese momento. 


Chin Shengt'an considera que uno de los más grandes placeres de la vida es leer un libro prohibido tras puertas cerradas y en una noche de nieve. El ánimo para leer ha sido perfectamente descrito por Ch'en Chiju (Meikug): 

"La gente antigua llamaba `volúmenes suaves' a los libros y pinturas; por lo tanto, el mejor estilo para leer un libro o abrir un álbum es el estilo holgazán! Con este ánimo, se tiene paciencia para todo." Ya lo dice el mismo autor: "El verdadero maestro tolera errores de impresión cuando lee historia, tal como un buen viajero tolera los malos caminos al trepar una montaña, o quien va a contemplar la nieve tolera un puente muy frágil, o quien elige vivir en el campo tolera la gente vulgar, o quien se decida a mirar las flores tolera el mal vino."

La mejor descripción del placer de la lectura la he encontrado en la autobiografía de la más grande poetisa de China, Li Chi'ingchao (Yi-an, 1081-1141). Ella y su marido solían ir al templo, donde se vendían libros de segunda mano y copias de inscripciones en piedra, el día que él recibía su estipendio mensual como estudiante en la Academia Imperial. Entonces compraba un poco de fruta, al regreso, y una vez en casa empezaban a pelar la fruta, y a examinar juntos las otras compras, o a beber té y comparar las variaciones en ediciones diferentes.

En su esbozo autobiográfico conocido como Posdata de Chinshihlu (libro sobre inscripciones en bronce y en piedra), la poetisa dice:

"Yo tengo mucha memoria y, sentados a solas después de comer en el Salón del Regreso a Casa, solíamos hacer un pote de té y, señalando a las pilas de libros en los estantes, decíamos en qué línea de qué página de qué volumen de cierta obra se presentaba un pasaje determinado, para ver quién acertaba, y el que ganaba tenía el privilegio de beber primero su taza de té.

 Cuando uno de los dos adivinaba, alzábamos muy alto la taza y rompíamos en carcajadas, tanto que a veces se derramaba el té sobre nuestros vestidos y no lo podíamos beber. ¡Qué contentos estábamos de vivir y envejecer en un mundo así! Por eso teníamos alta la cabeza, aunque vivíamos en la pobreza y el pesar... Con el tiempo nuestra colección aumentó, y los libros y objetos de arte se apilaron en mesas y escritorios y camas, y los gozábamos con los ojos y con la mente, y proyectábamos y discutíamos sobre ello, saboreando una felicidad muy superior a quienes gozan de los perros y los caballos y la música y las danzas..."

Li escribió esto en sus últimos años, muerto ya su marido, cuando era una anciana solitaria que huía de un lugar a otro, durante la invasión del Norte de China por las tribus Chin



Tomado de la Revista de Artes


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Traducción de Luis Gregorich.


domingo, 3 de julio de 2016

DISTOPÍA EDITORIAL

Post-apocalipsis para los libros publicados (o no)






La presente entrada se generó como un debate sobre un texto aparecido en las redes sociales sobre la situación editorial actual y que se reproduce integro más abajo. El autor del texto es el escritor español de ciencia ficción Víctor Conde. En el artículo,que sigue a continuación de esta entradilla, Bernie Ohls analiza detalladamente el texto de Conde aportando gran cantidad de información actual de la industria editorial española.

Damos la bienvenida al blog a Bernie y esperamos que sea la primera de múltiples aportaciones. Bernie es librero de profesión, aficionado a la ciencia ficción y asiduo a las reuniones de la TerMal. En particular preparó este artículo para debatirlo en la reunión de Junio de la TerMal. Lo cierto es que nuestro carácter latino y las bebidas espirituosas ingestadas impidieron que Bernie expusiera completamente sus tesis. Le interrumpimos para iniciar un tremendo debate multicolateral que se quebró en distintos corrillos con discusiones simultáneas lo que imposibilitó resumir las ideas expresadas y mucho menos extraer alguna conclusión.

Comparto con Víctor Conde el hecho de que la industria editorial española está en crisis… como siempre lo ha estado y siempre lo va a estar. Siempre se han lanzado una cantidad inasumible de novedades por parte del mercado. No existe mejor ejemplo de competencia salvaje por la atención del lector, que la que establecen las novedades editoriales. La inmensa mayoría de los lanzamientos van a generar pérdidas a sus editoriales y muchas de ellas desaparecen rápidamente para ser sustituidas por otras nuevas aún más rápidamente. Sin embargo esta selva salvaje no es el reflejo de un mercado competitivo, ni mucho menos; estamos ante un mercado oligopolístico y sujeto a la tiranía de los grandes sellos editoriales. Sin embargo, existe un gran número de huecos que estos grandes consorcios ni pueden, ni les compensa cubrir y es donde medran la gran cantidad de pequeñas editoriales.

La aparición de Internet y sus redes sociales, el abaratamiento en los procesos de impresión y la globalización han venido a modificar completamente la industria del ocio. El mundo del libro no iba a ser menor. En este momento de cambio, la industria está explorando el camino a seguir: cómo monetizar exitosamente sus esfuerzos creativos, quién se va a convertir en los nuevos prescriptores,  cuáles van a ser los canales de distribución (¿seguirán existiendo las librerías?), quién asumirá el riesgo de la edición (es decir, de no venderse suficientes ejemplares ¿quién va a perder el dinero de su lanzamiento?).

Ahora toma la palabra Berni que nos va a dar interesantes datos que nos aclaren estas cuestiones.


by PacoMan


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DISTOPÍA EDITORIAL
Post-apocalipsis para los libros publicados (o no)

         La idea para este artículo se inició tras la lectura de un texto del escritor Víctor Conde  compartido a través de su Facebook por José Miguel Martín, fundador de la Tertulia Malagueña de Ciencia Ficción (TerMal) y gran aficionado del género en todas sus vertientes. Dice así:

            "Últimamente se está viviendo una situación muy rara en el mercado del libro español. Las novedades claramente están por encima de lo que un volumen tan exiguo de lectores como el de nuestro país pueden absorber, y aun así cada mes se lanza más y más madera a la calle y a los kioscos. Encima, la gente está tan enganchada a las redes sociales que ya no leen nada más, sólo esta mierda. Hay más escritores que se autopublican que lectores, y estos escritores noveles convencen a su familia y amigos de que se gasten el dinero en sus libros, y no en los de autores ya consagrados, porque si no ellos no venden. ¿Solución? Las editoriales han cambiado las reglas del mercado para vender casi exclusivamente en los actos de presentación de los libros, e incluyen cláusulas en los contratos que obligan al autor a vender un mínimo de ejemplares antes de un año o se ven en la tesitura de pagarles ellos a la editorial en compensación por el gasto realizado. Esa es una de las grandes meteduras de pata de este negocio, que cada día es menos negocio y más circo.
         A ver: yo como autor no debo, en ningún momento y bajo ninguna circunstancia, hacerme cargo de la venta de mi libro. Puedo hacer publicidad, puedo hacer una presentación, lo que vosotros queráis, pero en última instancia yo me llevo solamente el 10% (a veces el 8%) sobre el PVP del libro. Ese porcentaje irrisorio viene a cuento de que mi parte en el engranaje no es vender el libro, sino escribirlo. El trabajo de VENDER lo tiene el editor, y el distribuidor, y el librero, es decir, las otras partes de la maquinaria industrial que se chupan el 90% restante de lo que vale un libro. Si queréis que yo, el autor, también os haga el trabajo de venta, dadme a mí el 80% sobre el PVP, y todos contentos. Pero eso de darle vuelta a la tortilla y cargar sobre los hombros del escritor la tarea de venderlo es una barbaridad. Es como si vas a un restaurante, pagas, y el cocinero te hace entrar en la cocina para que tú te prepares la cena. Y encima se enfada si no lo haces bien.
         ¿Qué solución podría haber para esto? Es difícil de decir. Yo apostaría por no firmar nuevos contratos, ni para autores consagrados ni novela, durante dos años, y dejar el mercado en barbecho. Ni publicar cosas de extranjeros tampoco. Dejarle tiempo para que asimile los títulos que ya están en la calle, como un ser enorme que no hace más tragar y no le da tiempo a hacer la digestión. La burbuja inmobiliaria ya explotó en España hace pocos años y mirad la que se montó. La burbuja del mercado editorial no tardará mucho en explotar."

-Víctor Conde




         Aunque considero que tiene razón en determinados aspectos, a Paco Mancera (también compañero de la TerMal) y a mí nos parecieron un tanto bisoños algunos argumentos. Como casualmente se había hablado algo sobre el mundo editorial actual en nuestra primera reunión, se propuso tratar el tema con más profundidad en la siguiente. De ahí el título tan de ciencia ficción del artículo. Y aquí estoy.

         Empezaré diciendo que mi perspectiva es la de un librero con ocho años de experiencia en una librería generalista (grande, referencia en una de las capitales españolas) y que he tenido, entre otras, la responsabilidad de pedir (podríamos decir) un 80% del total de las novedades que entraban. Bien es cierto que hace cuatro años que no ejerzo, que la situación ha cambiado con respecto a cuando estaba en activo y que mis sensaciones pueden estar -por decirlo de alguna manera- algo desfasadas, pero mantengo el contacto con mis compañeros (no son ex, no importa el tiempo que pase) y sigo informándome de la situación del mundo del libro con la lectura de ensayos y artículos. Creo que sé de lo que escribo aunque me gustaría que todo se tomara por lo que es (una opinión personal) así como que se cuestionara y abriera debate.

         Releyendo el texto, lo primero que me pregunto es a cuánto tiempo se refiere con el  "últimamente" inicial, ya que el mercado editorial lleva años con "novedades claramente por encima de lo que un volumen tan exiguo de lectores [esto del 'volumen exiguo de lectores' lo cuestionaría, pero como no viene al caso no me entretendré] como el de nuestro país pueda absorber". Pondré algunas cifras para contextualizar, todas oficiales, extraídas del informe "El sector del libro en España 2013-2015" y las "Panorámica de la edición española de libros" que anualmente publican el Ministerio de Cultura junto con el Observatorio de la Lectura y el Libro. Las primeras son las del número de ISBNs (tanto en papel como el total) que se han concedido cada año en España.

Nº ISBNs al año concedidos en España (entre paréntesis, la diferencia con el año anterior)



         Indicar a este respecto que no todo lo que se registra con ISBN es para venta en librería (ni siquiera tiene que ser para venta). Publicaciones institucionales entrarían en ese total, e incluso registros que opositores hacen de trabajos para que su puntuación final pueda subir. Más adelante, en otra tabla, podrá verse el total de publicaciones exclusivo de la edición privada para el periodo del 2010 al 2014.

         También reseñar que, con todo lo que se publica, las cifras de los ISBNs para papel del 2014 (las más recientes que se tienen) han subido con respecto al año anterior, sí, pero llevaban cuatro años bajando (cada uno de los tres previos haciéndolo mucho más de lo que se ha subido en el último) y, con todo, están por debajo de las cifras del 2005. Por lo que, contra lo que pueda parecer visto desde fuera, considero que no "se lanza más y más madera a la calle y a los kioscos" cada mes: se ha venido echando menos (aunque no quiero decir con  esto que no me siga siendo una cantidad excesiva).

         Para recabar datos concretos de las novedades, tomaremos los de las primeras ediciones (entendiéndose por ellas "las primeras ediciones de un texto por una editorial concreta en una colección específica y en un determinado formato"). Estos incluyen la edición en papel y en otros soportes (no hay información exclusiva para la edición en papel en la bibliografía que he manejado).

Nº de primeras ediciones al año publicadas en España (entre paréntesis, el % del total)



*Los datos sobre las primeras ediciones (así como el global de ISBNs anuales) para los años 2005 y 2006  que fueron publicados por el Ministerio de Cultura en la edición 2006 de "Panorámica de la edición española de libros 2006" (donde viene la información), no cuadra con el global de ISBNs anuales que se les asigna en años posteriores, por lo que he preferido omitir cifras.

         Podemos observar cómo, al menos desde el 2007 hasta ahora, el total de las primeras ediciones no baja del 75% de lo que se publica. Así que sí, estoy de acuerdo con Víctor en que lo que pesa en la edición (y las ventas) es la novedad. También en que las estrategias con ella, a día de hoy, tienden a ser cortoplacistas: tiradas más cortas y concentrando su promoción en los tres primeros meses (el periodo en que, en términos editoriales, es considerado novedad). ¿Por qué?

         Por lo pronto porque no quieren arriesgar: se vende menos, la competencia es mucha, el libro ha salido de la cesta de la compra (ya no es tan usual adquirirlo, un capricho que uno pueda permitirse tanto). La caída de ventas en los cinco años del 2009 al 2013 ha sido de un 25% para librerías, un 28% en cadenas de librerías (los estudios califican dentro de esta categoría a Casa del Libro, Fnac, El Corte Inglés y similares) y un 36% en hipermercados. En muchos casos es casi más importante no perder que ganar y de ahí que se apueste menos por autores noveles que son, irónicamente, los que más beneficios dan cuando triunfan. Por poner un ejemplo, el riesgo calculado puede llegar hasta el punto de yo saber con tres meses de antelación (con catálogo impreso en mano) el servicio de novedad mensual de un determinado grupo editorial, y tenerlo pedido dos meses antes de su salida a la venta. ¿Qué consigue el grupo editorial con esto? Además de tenernos informados y con los datos para posibles preventas, ajustar la tirada de la edición en función de los pedidos que reciban.






         Otra razón es que un gran volumen de las ventas de la novedad o, para ser más concretos, un gran volumen de la compra que le hacen al editor/distribuidor de la novedad (que no es lo mismo) la hacen las grandes superficies (donde yo sí que meto a El Corte Inglés y al Fnac; porque este es mi estudio y hago lo que quiero), las cuales mayoritariamente se preocupan poco o directamente no quieren saber nada del fondo, y sí de títulos nuevos por los que los grandes grupos editoriales pueden pagarles para que se los coloquen en cabeceras de sus espacios, escaparates o dentro de la lista de los más vendidos el mismo día que salen.

         Las librerías de fondo (lo mismo que el fondo) son, por otra parte, cada vez menos así que, ¿dónde van los ejemplares que, vencida la novedad, no se han logrado vender? Tres mil unidades de un título (por decir una cifra) que no se redistribuyen pasado su periodo de novedad (porque, repito, las grandes superficies no quieren saber de fondo) suponen un gasto para la editorial (o el distribuidor), que ha de tenerlos almacenados en un espacio que les cuesta dinero y en el que, por no estar expuestos, es seguro que no se van a vender. Por eso según qué editoriales saldan, y títulos que pueden haber costado veinte euros se encuentran con pegatinas de 5,95 pasados dos o tres años: les sale más rentable venderlos a ese precio (rentable a los editores, por supuesto, porque ya me diréis lo que opinará Víctor del 0,595 que saque por ejemplar) y es una fórmula muy del gusto de las grandes superficies.

         Ahora vamos con las editoriales. Los que siguen son los datos de las altas editoriales, el número de inactivas y el total de activas por año.

Evolución de la actividad editorial en España 2005-2014

         Observamos casi lo mismo que lo dicho para los ISBNs de papel: una subida en 2014 del total de editoriales activas, solo que tras cinco años de bajadas vez de cuatro (y haciéndolo mucho más los cuatro previos -en lugar de tres- de lo que se ha subido en el último) y por debajo de cifras del 2005. También hay menos editores; o sea, de nuevo menos madera.

         No cuestionaré (¡los dioses me libren!) que "hay más escritores que se autopublican que lectores" (y tampoco voy a entrar en que "la gente está tan enganchada a las redes sociales que ya no leen nada más, sólo esta mierda" porque, al fin y al cabo, "esta mierda" me llegó por una red social y estoy escribiendo sobre ella en lugar de estar leyendo "Cómo acabar con Halloween de una vez por todas"). Es más, iré más lejos y, citando las primeras líneas escritas  por el poeta y ensayista Gabriel Zaid en su ensayo "Los Demasiados Libros" allá por 1972 (lo que nos muestra que todo esto no es un nada nuevo) :


         "Los libros se multiplican en proporción geométrica. Los lectores, en proporción aritmética. De no frenarse la pasión por publicar, vamos hacia un mundo con más autores que lectores."
          
         afirmaré que hay más escritores, se autopubliquen o no, que lectores.

         Lo que sí cuestionaré es que "hay más escritores que se autopublican" ya que los autores-editores en 2014, aunque más que en 2013, también son menos que en cada uno de los años del 2010 al 2012, y más de tres mil por debajo de su punto álgido. Lo podemos ver en la siguiente tabla, donde se refleja el reparto de los ISBNs Totales en función del tamaño de la editorial durante los últimos cinco años.

Datos de la edición privada. ISBNs por año



         Así que no son tantos los "escritores noveles convencen a su familia y amigos de que se gasten el dinero en sus libros, y no en los de autores ya consagrados, porque si no ellos no venden". Menos madera todavía.

         Con todo, repito, estoy de acuerdo en que lo que viene ocurriendo en el mundo de la edición es excesivo. Voy a haceros un par de ejercicios matemáticos para que os hagáis una imagen muy gráfica de lo que podría suponer la novedad para un librero:

         1) Interpretando que las primeras ediciones son novedades, cogemos los datos del 2014: 77.310. Consideremos que sólo una cuarta parte de esa cifra se corresponde con la novedad real que se podría pedir para una librería grande y generalista. "¿Sólo una cuarta parte?", me diréis, "¿no es poco?". Sí, pero hoy me levanté espléndido, tanto que encima redondearé los decimales de toda cuenta que haga a la baja. El resultado sería 19.327 que, dividido entre los 365 días del año, me da un número de 52 novedades al día.

         2) Vamos a restarle al año los días de los fines de semana (interpretando que cada mes tiene cuatro fines de semana; es decir, ocho días) y a imaginar (porque sí, porque soy muy aficionado a la fantasía; es todo una excusa para reducir las cifras) que esos días no salen novedades. A los 19.327 de antes le restaríamos 4.992  (8 días x 12 meses x 52 novedades al día) y resulta un total de 14.335 novedades que, si divido por los doce meses del año, me da un total de 1.186 novedades al mes. Si tenemos en nuestra librería mesas para novedades con capacidad para 64 libros (por poner una cifra, 8x8, considero que mesas grande), tener la novedad totalmente expuesta me haría precisar de 18 mesas de novedades (1.186/64). Eso sólo para la de un mes. Como anteriormente dijimos, el periodo considerado como novedad en términos editoriales es de tres meses por lo que siempre convivirán tres meses de novedades: es decir, para tenerlo todo completamente expuesto, se necesitarían 54 mesas (18x3).

            Esto, por supuesto, no es así en la práctica y sólo lo hago para dejaros una impronta visual. La realidad es que no se pide toda la novedad (hay que ser selectivo) y la que llega tampoco pasa en su totalidad por las mesas de novedades (muchos libros irán directamente a la sección que le corresponda). Pero no deja de ser una barbaridad que incide principalmente en la rotación de los títulos en las mesas. Algunos no llegarán a estar allí expuestos más de mes o mes y medio (en lugar de los tres meses que deberían) porque la llegada de novedad más reciente les comerá su espacio. Esto se acentúa cuando la concentración de títulos nuevos es mayor por la proximidad de fechas importantes para la venta de libros, como pueden ser los meses de marzo, abril y mayo (anticipando el Día del Libro/Sant Jordi, La Feria del Libro de Madrid, el Día de la Madre, el Día del Padre...) o septiembre, octubre y noviembre (anticipando las navidades). Como también dijimos anteriormente, la novedad es lo que pesa así que ya podréis imaginaros la guerra sin cuartel por una mayor visibilidad, principalmente entre los grandes grupos editoriales. Y no solo en librerías, también en prensa o en radio.




         Otra consecuencia es que esta vorágine de títulos nuevos hace que aquellos libreros que no sean extremadamente restrictivos y selectivos no tengan capacidad para asimilar todo lo que reciben. Pueden centrar su atención en determinados títulos, autores o editoriales que les gusten o les llamen la atención, pero por sus manos pasarán muchos en los que no tendrán tiempo material de detenerse. Los libros han de pedirse, darse de alta, ubicarse, colocarse, devolverse, enviarse... no sólo las novedades, también la reposición de fondo, y todo mientras se atiende al cliente en persona, por teléfono o en la web. Así que sí, estoy TOTALMENTE de acuerdo en que el "autor no debe, en ningún momento y bajo ninguna circunstancia, hacerse cargo de la venta de su libro" y que "el trabajo de VENDER lo tiene el editor, y el distribuidor, y el librero". Pero diré, por la parte que me toca, que toda promoción que haga un autor de su obra es poca ya que el librero tiene muchos libros para vender y el suyo bien puede ser alguno de los que pasen desapercibidos entre los 52 que recibe cada día, o uno de los descartes que haga de los 1.186 que le ofrecen al mes (aprovecharé para decir que ninguno de los dos fue mi caso con la obra de Víctor). Además, salvo que alcance a ser un bestseller, la editorial se desentenderá bastante pasado el periodo de novedad, concentrada su atención en los libros que tenga recién salidos.

         Respecto a las editoriales pequeñas que publican pocos títulos al año, este maremágnum hace que sus novedades tengan más posibilidades de ahogarse y pierdan una visibilidad que para ellas sí supone una gran diferencia, máxime teniendo en cuenta que muchas de ellas tienen su presencia ya de por sí condicionada en muchos puntos de venta por el hecho de no poder permitirse un distribuidor (los márgenes lo hacen inviable) y tener que distribuirse ellas mismas. Y cuando hablamos de editoriales pequeñas no estamos hablando de poca cosa: más del 65% de las editoriales con actividad en 2014 publicaron menos de 10 títulos al año (lo que puede traducirse en un libro al mes obviando agosto y diciembre, meses en que se suele publicar poco o nada).

 Distribución de los agentes editores según su producción editorial en 2014


*Datos referidos a editoriales en activo.

         Éste es el panorama. Suena distópico, ¿verdad? De ahí el título del artículo aunque sea un tanto incorrecto ya que una distopía es ficticia por definición y todo esto, por desgracia, es muy real. La situación es mala, sí, pero no tan mala como nos empeñamos en ver. ¿Y qué podemos hacer para mejorar? Desde luego no "dejar el mercado en barbecho", sin "firmar nuevos contratos, ni para autores consagrados ni novela, durante dos años". No se puede parar la maquinaria de ninguna industria sin terribles consecuencias (a menos que quieras cargártela, claro está).

         Se van dando pasos. "El sector del libro en España 2013-2015" apunta "la necesidad de ajustar la producción a la demanda existente" y, como hemos podido ver en los datos presentados, ya se ha venido haciendo. Añadiré que la producción de las editoriales grandes descendió un 5,1% y la tirada media descendió durante 2013 un 8,9%, 317 ejemplares menos respecto al año anterior. El descenso para la tirada media de bolsillo fue aún mayor: un 15,7%, 988 ejemplares menos que en 2012. Y ya que entre las propuestas de Víctor está dejar de publicar extranjeros (algo que imagino hará a los traductores la misma gracia que el 0,595 que a él le corresponde por sus libros saldados) también diré que la obra traducida al español descendió en 2014.


         En mi opinión, también habría que reforzar el canal de venta (editar menos, sí, pero también vender más), así como un mayor apoyo institucional. Y no hablo necesariamente de medidas de apoyo para las librerías independientes (que tampoco estarían mal; al fin y al cabo, para inyectar dinero a los bancos o aplazar millones de deuda a los clubs de fútbol, mejor que se invierta en cultura y libros, ¿no? En Francia, en el 2013, se creó un fondo de apoyo para ellas) sino, por sugerir algo, en la forma de Planes de Fomento de la Lectura bien elaborados que nos proporcionen futuros lectores. Y es que a veces nos perdemos discutiendo sobre en qué soporte leerán las generaciones futuras, si en el físico o en el digital, olvidándonos de que pueden escoger no leer.

         Desde luego, lo que considero vital es comprar los libros en las librerías independientes. Es lo mismo que comprar el pan en la panadería en lugar de en un hipermercado. Tu compra allí sí que marca una diferencia y te garantiza que las sugerencias de libros que te hagan no esté determinada por la pertenencia a un grupo editorial. Sus márgenes de beneficio son menores respecto a los de unas grandes superficies que, si tuvieran que manejar los de las librerías, no se molestarían en vender libros por no considerarlos suficientemente rentables (o los tendrían de forma testimonial por una cuestión de imagen; ¿no habéis visto cómo están reduciendose las secciones de libros en muchas de ellas? Ese es el valor que les dan allí a los libros). La librería independiente es la que tienen el ecosistema más frágil, a la que más afecta (con diferencia) cualquier alteración a la baja y, con todo, siguen siendo el principal canal de venta del libro, por encima de las cadenas de librerías (que, recordad, incluyen FNAC, Casa del Libro y El Corte Inglés), hipermercados y quioscos.



         
Quien dice comprar en librerías independientes, dice comprar libros de editores independientes. O, cuanto menos, apoyarlos ya que ellos son los que baten el cobre para sacar adelante sus proyectos. En la página Orciny Press podemos leer:

         ¡APOYA A UNA PEQUEÑA EDITORIAL INDEPENDIENTE!




         Orciny Press es una small press, es decir, una pequeña editorial independiente que además autodistribuye sus libros. Queremos hacerte llegar grandes historias fuera de lo común y nos gustaría poder hacerlo durante un tiempo siendo fieles a nuestra filosofía. Por eso, si te gustan nuestros libros, pedimos tu apoyo para que nos ayudes a difundirlos. Además de comprarlos hay muchas cosas que puedes hacer y por las que te estaremos eternamente agradecidos. Estas son algunas:


  • Dile a tus amigos que te han gustado nuestros libros. El bocaoreja es la mejor arma.




  • Twittea o comparte en Facebook que estás leyendo alguno de nuestros libros.




  • Escribe una reseña en tu blog, en Goodreads, en Lektu o en la plataforma donde los hayas comprado.




  • Pregunta por ellos en tu librería independiente favorita. Si nos contactan, se los haremos llegar.




  • Anima a nuestros autores a seguir escribiendo y diles lo mucho que te ha gustado su obra.




  • ¿Conoces a algún periodista cultural? Dile lo mucho que te ha gustado.



Todo esto hará que le sonemos a la gente y nos pueda tener en cuenta a la hora de elegir su próxima lectura. Muchas gracias por hacerlo posible.






No nos cuesta nada y para ellos supone mucho. Recordemos lo que hemos hablado antes respecto a la visibilidad y su presencia condicionada en muchos puntos de venta por el hecho de no poder permitirse un distribuidor. Pero cuando hablo de editores independientes hablo de los de verdad, los que se juegan los cuartos, los serios, aquellos que apuestan por un autor. Y no los que te hacen pagar parte de la edición o "incluyen cláusulas en los contratos que obligan al autor a vender un mínimo de ejemplares antes de un año" (la verdad, no sé cómo puede firmar nadie un contrato con una cláusula así). Para estos últimos, ¡hoguera!

         Tampoco estaría mal que algunos escritores dejaran de perder el culo por firmar en El Corte Inglés y se dignaran a descender de sus púlpitos para acercarse a los plebeyos que compramos en las pequeñas librerías. ¿Os imagináis lo que puede suponer para una librería pequeña o media tener firmando a un autor bestseller? Ya hay algunos coroneles de las letras que, viendo la dura lucha que se está volviendo vender un libro, están bajando a luchar a las trincheras del mismo modo que los grupos musicales han hacer ahora más giras, eventos y conciertos viendo lo que han bajado las ventas de sus albums.




         Pero sobre todo, SOBRE TODO, lo que hay que hacer es dejar de llorar. No sé la razón pero todos los gremios dentro del mundo del libro somos llorones patológicos (principalmente, y con diferencia, los libreros) siendo su industria relativamente estable en comparación con otras. Sólo tenéis que volver a revisar los datos aportados de estos últimos nueve años: no han variado ni se han resentido demasiado pese a todas las incertidumbres y cambios que la han sacudido (una crisis económica, la llegada del libro electrónico...). Si destináramos a pensar y buscar soluciones la mitad de las energías que dedicamos en nuestras quejas, todo nos iría mucho mejor. Si dejáramos de escudarnos en los bajos índices de lectura y en otros tópicos manidos con los que justificamos nuestra situación y echamos balones fuera, veríamos que en muchas cosas no tenemos razón. Se pueden buscar soluciones pero nos empeñamos en tener una visión post-apocalíptica del futuro que tal vez llegue (o no) y en lugar de intentar evitarlo o prepararnos para él, nos empecinamos en seguir con nuestras viejas fórmulas y en modo plañidera. "La gente se queja del tiempo sin parar, pero nadie hace nada al respecto", decía Mark Twain. Así, desde luego, no saldremos adelante.

         Con post-apocalipsis o sin él, siempre sobrevivirán los que mejor se adapten así que menos llorar y más ponerse a trabajar. Al menos los que puedan, claro, porque lo que es yo llevo casi cuatro años en paro.

         Pero aquí estoy, poniendo mi granito de arena.





            ¿Y quién es Bernie Ohls? Soy un librero hard-boiled. Duro para poder seguir vivo y dulce para merecer estarlo en esta jungla de asfalto que es el mundo del libro, donde unos pocos tienen el dinero y el poder con el que procuran marcar las directrices del mercado. ¿Demasiado cruda la carne que te sirvo? No pienso disculparme. Creo que ya es hora de que se saquen del jarrón veneciano los tópicos y se arrojen a la calle, que alguien diga en voz alta verdades como puños y afronte la realidad del mundo del libro con otras palabras.


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by PacoMan 

En 1968 nace. Reside en Málaga desde hace más de tres lustros.

Economista y de vocación docente. En la actualidad, trabaja de Director Técnico.


Aficionado a la Ciencia Ficción desde antes de nacer. Muy de vez en cuando, sube post a su maltratado blog.

Y colabora con el blog de Grupo Li Po

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