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viernes, 30 de agosto de 2024

Carlos Yusti a Franklin Fernández: La gente debe expresarse artísticamente por encima de las recetas "culturales" del régimen chavista

 



Carlos Yusti: La gente debe expresarse artísticamente por encima de las recetas "culturales" del estado chavista


JUEVES, 17 DE JULIO DE 2008



Carlos Yusti: El arte es una manera de respirar y el aire no tiene matiz político



Carlos Yusti: “Pintar es avanzar por esa vereda donde el color y la imagen también son una escritura”.



Carlos Yusti (Valencia, Estado Carabobo, Venezuela, 1960), es pintor y escritor. Como pintor ha realizado un buen número de exposiciones individuales y colectivas. Como escritor, ha publicado “Vírgenes necias”, “Cuaderno de argonauta”, “De ciertos peces voladores”, “Pocaterra y su mundo” y “Dentro de la metáfora”. Dirige la página de arte y literatura por Internet Arte Literal y Códice. Participa activamente en la revista Rasmia Literaria, que se edita en papel, y sus textos se publican en El Correo del Caroní y en la página cultural Letra Inversa de Noti-Tarde. En 1996 obtuvo el premio de ensayo de la Casa de la Cultura Miguel Ramón Utrera con el libro “Cuaderno de argonauta”. Actualmente reside en Ciudad Guayana, Ciudad Bolívar, donde se desempeña como director de las revistas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Tiene alrededor de cuatro libros inéditos.


Franklin Fernández.


Carlos Yusti. Fotografía de Yuri Valecillo. 1980

F.F. -¿Qué es el ensayo para un escritor de altura como Carlos Yusti?


C.Y. –Eso de altura produce un poco de vértigo. El ensayo es un género bastante maleable lo que permite abordar los temas con algo de poesía, narrativa o crónica, un poco de erudición y lectura por acá; también algo de filosofía y cosa por allá. Uno se puede tomar algunas licencias a la hora de escribirlos buscando quizá desbrozarlo de cierta rigidez académica, de ese profesoral y casposo estilo. Algunos ensayistas también van por la novela o el cuento debido a que al ensayista no se le considera del todo escritor en mayúscula. El ensayo escrito desde la pasión y la inteligencia puede llegar a ser una pieza literaria creativa de altos vuelos para contrarrestar el vértigo de tantos cagatintas iletrados que pululan por las escuelas de letras y periodismo.


F.F. –Usted, además de escritor, también pinta. ¿Cómo es la relación de un ensayista con la pintura?


C.Y. –A manera de broma digo que pinto para no escribir y viceversa. Me gusta hacer crítica de arte, explorar a través del ensayo el universo paralelo de los pintores y sus creaciones. Esto me llevó a la pintura para conocer las técnicas y los materiales que utiliza el pintor. Pintar es avanzar por esa vereda donde el color y la imagen también son una escritura. Escribir es la posibilidad de explorar en nuestro mundo interior, es tratar de aprehender el alfabeto de nuestro espíritu. Escribir y pintar, actividades que realizo desde una posición amateur, desde esa nada agradable posición del outsider, pero no sufro por ello.



F.F. -Sus textos suelen ser autobiográficos. Su visión crítica del mundo la sustenta de sus lecturas, de sus vivencias, de su propia experiencia de vida… ¿no es cierto?


C.Y. –Pienso que la escritura es un pasar en limpio las vivencias, un saldo de cuentas con lo vivido y con la experiencia leída. También es una manera de recuperar eso, que con el transcurrir de los días, hemos olvidado; recuerdos que están en nosotros, pero que parecen flotar en una zona muerta. La escritura es una manera de instaurar memoria donde por decreto o por dejadez mental florece el olvido o se amaña la historia con mitificaciones espurias para que la foto de los héroes impolutos no quede movida.


F.F. -¿Qué tanto influye en sus ensayos el ambiente social o político de un país?


C.Y. –Escribir al margen de los vaivenes políticos y sociales es una soberana estupidez. Susan Sontag que es una escritora por la que no siento mucha devoción escribió: “La primera tarea de un escritor no es tener opiniones, sino decir la verdad... Y negarse a ser cómplice de mentiras e información errónea. La literatura es la casa del matiz y de la indocilidad a las voces de la simplificación. La tarea del escritor es que sea más difícil creer a los saqueadores mentales”. La verdad es relativa, pero la responsabilidad del escritor está en darle majestad y magia al lenguaje cuando desde el poder, político o religioso, lo vacían de contenido o lo convierten en formulas publicitarias, en lugares comunes mediáticos o en oraciones retrogradas, genuflexas y ortodoxas.

Juan Liscano y Carlos Yusti. Fotografía de Yuri Valecillo



F.F. -¿Cómo hace un ensayista para estar “Dentro de la metáfora”?


C.Y. –No estamos a salvo del ridículo ni del absurdo cotidiano y un poco mi último libro Dentro de la Metáfora trata de subrayar ese mecanismo insólito que a veces atrapa a escritores y poetas. Hay una metáfora babosa que chorrea detrás de la normalidad de todos los días, baba que nos salpica a todos por igual, pero que el escritor registra en sus cuentos, poemas, novelas y ensayos. Estar dentro de la metáfora es formar parte de esa gran relojería fantástica que es la literatura y el escritor, el pintor o el poeta tarde o temprano termina como personaje de esta charada metafórica.


F.F. –Hay una frase suya que dice: “Todo escritor, consagrado o que apenas se inicia, tarde o temprano se topa con el bloqueo creativo, se enfrenta a esa pared lejana del silencio”. ¿Es el silencio un indicio de perpetuidad para Carlos Yusti?





C.Y. –Hay un proverbio árabe que dice más o menos así: “No escribas o digas nada que no sea más bello que el silencio”. Desde este punto de vista el silencio tiene un sentido trascendental impecable/implacable. El silencio para mi es no pintar, es no escribir una línea en lo absoluto. Un silencio desde esta perspectiva es la peor tortura, el más humillante de los encierros.


F.F. -¿Cuál es el eje principal en toda su obra? ¿Qué se propone usted con sus ensayos, con sus poemas, con sus pinturas?


C.Y. –El eje fundamental de los pocos libros que he escrito y publicado sería el lenguaje en una situación especial, el lenguaje sometido a las vicisitudes creativas de la vida y de los parámetros lexicales del tiempo que me ha tocado en suerte. Trato de sacarles chispas de belleza al lenguaje, intento crear belleza a partir de una frase, de un párrafo sin dejar las buenas y malas pasiones que me circundan. Como creador me preocupo que mis textos y pinturas agreguen humanismo, belleza y alma a un mundo de groseros apetitos en el cual se reivindican valores contrarios al espíritu.


F.F. –Parafraseando a Vargas Llosa. Al escribir, ¿suelta usted sus demonios?


C.Y. –Más que soltar los demonios, los domésticos, les doy un poco de urbanidad, pero en fin siguen siendo demonios.

F.F. –Carlos, ¿qué se siente al terminar un libro de ensayos?


C.Y. –Es vez de un libro más siempre me digo un libro menos. Esto me permite retomar otros textos y comenzar el ciclo de nuevo. No caigo en esa cursilería barata de considerar los libros como hijos y se a la perfección que son el esfuerzo de una actividad que en nuestro país es mal recompensada. Aquí se es escritor a fuerza de ganas y obstinación y esto es lo endemoniadamente interesante de este oficio. Sin mencionar que el ensayista es un paria del mundillo literario, especie de descamisado que parece estar demás en todos lados.


F.F. -¿En qué lectores piensa constantemente Carlos Yusti? ¿Quiénes han influido más en sus ensayos? ¿Cuáles son sus libros de cabecera?


C.Y. –En Valencia formé parte de un grupo literario, pero en verdad era un grupo de bebedores con veleidades de escritores. No obstante más que la caña nos unió una fe ingenua y algo pagana por la literatura. Nos encontrábamos en algún bar o en uno que otro café y leímos nuestros escritos. Luego nadie quería publicarlos y tuvimos que editar una revista. Esta experiencia me enseñó a pensar el lector. La revista era un panfleto incendiario de groserías y en vez de estilo tenía malos modales. Queríamos que nuestros lectores se sintiesen tocados, para bien o para mal, por la literatura. En estos inicios los lectores son cosas vagas, difusas. Pero un buen día alguien te responde por la prensa sobre algo que escribiste, alguno te detiene en la calle con ganas de partirte el alma por un texto tuyo o en mitad de una charla una persona trae el recorte de un artículo tuyo para recriminarte cierta frases polémicas. En esos momentos uno cae en cuenta que lo escrito hace eco en los demás y entonces escribir se va convirtiendo poco a poco en una responsabilidad, en una ética.


De los autores venezolanos Santiago Key-Ayala, Bolívar Coronado, José Ignacio Cabrujas, Francisco Rivera, Elisa Lerner. De los extranjeros Elías Canetti, Umberto Eco, Francis Bacon, Fernando Savater, Montaigne, Voltaire. Mis libros de cabecera son Extraterritorial de George Steiner, el Diccionario Filosófico de Voltaire y los Aforismos de Georg Christoph Lichtenberg.



F.F. -¿Qué opinión tiene Yusti sobre su obra literaria?


C.Y. –Que podría ser mejor, pero a falta de talento puede que la inteligencia y el empeño den algún fruto exótico. Mis libros no son proyectos pensados o demasiado elaborados y se escriben en el día, en ese trabajo cotidiano en el que se traspapela la vida con lo leído y viceversa.




F.F. –Tengo un poema que dice: un libro es un pájaro cuadrado. ¿Qué representan los libros para usted? ¿Qué son los libros para Carlos Yusti?


C.Y. –Para mi son objetos para el rechazo o el disfrute. Algo de mágico tienen y a veces son como el espejo de la bruja de los cuentos en la que uno como lector intenta verse bello e inteligente. Meterse en un libro es hacerse uno con las palabras y la imaginación. Tengo más aprecio por Don Quijote, Los Tres Mosqueteros, el capitán Ahab y otros personajes que por mucha gente real que conozco, mea culpa.


F.F. –Dice el presidente Hugo Chávez que “cultura es lo que somos, lo que fuimos y lo que debemos ser”. Es decir; la cultura es la vida misma, lo que transformamos en nosotros para un bienestar mutuo. En otras palabras, es lo hace el pueblo con o sin gobierno. ¿Está usted de acuerdo con esa concepción?


C.Y. –Nunca he sido amigo de ideas sumarias o de frases retóricas que buscan simplificarlo todo. Por ejemplo eso de “cultura es todo lo que hace el hombre” me parece exagerado. Los Nazis eran en extremo cultos, pero esto no impidió que gasificaran y quemaran seres humanos. La cultura no es garantía de nada. Mucho menos creo que exista una cultura popular y una cultura de elites. Abogo más bien porque la gente, independientemente de su contexto social, se convierta en protagonista del hecho cultural: que sea Actor y Espectador de la actividad cultural y que independientemente de la calidad estética asuma la literatura, la pintura, la danza y el teatro como una forma de expresarse. Quizá esto no lo convierta en un artista en mayúscula, pero le ayudará entender un poco el proceso creador, le brindará algunas herramientas para ver en la expresión artística una visión crítica y espiritual del mundo.


El Estado siempre quiere que la cultura responda a determinados parámetros políticos e ideológicos, pero creo que la gente debe expresarse artísticamente por encima de las recetas culturales del estado y así el arte pueda vivificarse y renovarse. Siempre tomo como ejemplo el realismo socialista ruso que en vez de tonificar la pintura o la literatura la castró con terribles consecuencias. El arte es una manera de respirar y el aire no tiene matiz político.

Carlos Yusti y Yuri Valecillo. Fotografía de Luis Alberto Angulo.

F.F. -¿Cómo ve el éxito de la democracia en nuestro país? ¿Cómo ves el futuro de Venezuela? ¿Qué es lo que más destacas de nuestro sistema de gobierno? ¿Qué es lo que más admiras de nuestra Revolución? (Obviamente el entrevistador era en ese chavista arrodillado, no sabemos si sigue en esa posición. Cursivas del editor )


C.Y. –Me gusta que la cultura en todas sus facetas pase a primer plano, que sea la protagonista imprescindible. La revolución tiene que ser cultural (note que ya estoy cayendo en el tópico). Que la gente asuma roles de poder real. Que el pueblo deje de ser una consigna gastada y se convierta en protagonista crítico de sus procesos sociales, políticos y culturales para que lo políticos de oficio se jubilen de una vez por todas y para siempre.




Tomada de La Imagen Doble



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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordinó la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal. Actualmente es coeditor de la revista digital Cárcava



































29/06/2025



jueves, 1 de agosto de 2024

Carlos Yusti a Rafael Simón Hurtado: Si Ciudad Guayana fuese un graffiti diría: Un ser sin estudios es un policía de Guaiparo

 



De la Serie: Seres Urbanos / Carlos Yusti


¿Qué es para ti la ciudad donde vives?

Es el lugar de encuentro con los amigos y de los amores y desamores.


¿Con cuál flor la comparas?

Con la orquídea dibujada en los ojos de una muchacha.


¿A qué huele?

A paraíso terrenal.


¿Cómo suena?

A esa música que viene del alma y se interpreta con el corazón.


Si fuese un libro, ¿cuál sería su tema?

El encuentro de un hombre y una mujer para mitigar la soledad de hormigón.


Si fuese una comida, ¿qué ingredientes tendría?

Especies, azafrán, cúrcuma y ese olor inconfundible que despierta el apetito.


¿Qué ciudadano la habita?

El que no se detiene ante las dificultades y anda enfrentándose a molinos de viento, porque a veces la locura es tan importante como la razón.


Si tu ciudad fuese una vulgaridad, ¿cuál sería?

Sería coño porque representa nuestra pasión castiza y castellana.


Si fuese un graffiti, ¿qué diría?

Un ser sin estudios es un policía de Guaiparo.


Cuando está lejos, ¿qué es lo que más echas de menos de tu ciudad?

La mujer que amo (la currunca) y sus paisajes


Si tu ciudad fuese un personaje de novela, ¿cuál sería?

La Maga de Rayuela.


Cuando estás lejos, ¿qué es de lo que más presumes de tu ciudad?

Sus paisajes que hablan de esa era primigenia del hombre.


Si tu ciudad fuese una expresión criolla, ¿cuál sería?

Ven a mi que tengo flor (expresión utilizada en el juego de truco).


Si tuvieras que mostrar un rincón especial de tu ciudad a un turista ¿Qué enseñarías, y por qué?

La Gran Sabana y su majestuoso Salto Ángel, porque al contemplarlo el alma se empequeñece, se torna humilde.


Si tuviera que hacer un regalo producido en tu ciudad ¿qué regalarías, y por qué?

Un collar indígena porque representa la destreza artística de nuestras mujeres.


A tu ciudad ¿qué le sobra?

Los malos políticos que ha padecido y los corruptos de todo pelaje.


A tu ciudad ¿qué le falta?

200 poetas mas, 300 novelistas y muchos hombres y mujeres forjados en la hojalata de lo artístico.


Por favor, díganos quién es usted y cuál es su ciudad.

Carlos Yusti. Ciudad Guayana.




Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Dentro de la metáfora: absurdos y paradojas del universo literario (2007); y Para evocar el olvido y otros ensayos inoportunos (2007) son sus más recientes publicaciones. Dirige, conjuntamente con la periodista Virginia Gudiño, la revista Fauna Urbana. Coordina y diseña la revista digital Arte Literal. Colabora para las revistas digitales Venezuela Analítica, Ficción Breve, Escáner Cultural, Letralia, Cayo Mecenas; con el suplemento cultural Letra Inversa, del diario Noti-Tarde.

Publicado 30th May 2010 por bibliontecario


Tomado de Biblióntecario


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Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordinó la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal. Actualmente es coeditor de la revista digital Cárcava


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Rafael Simón Hurtado. " Al fondo la Basílica de Nuestra Señora de Chiquinquirá en MaracaiboEstado Zulia


Rafael Simón Hurtado

Escritor y periodista venezolano. Licenciado en comunicación social egresado de la Universidad Católica Cecilio Acosta (Maracaibo, Zulia). Ha obtenido el Premio Municipal de Literatura Ciudad de Valencia (años 1990 y 1992), el Premio Nacional de Periodismo Científico (2008),  el Premio de Periodismo “Jesús Moreno” (Universidad de Carabobo, 2009) y el Premio Nacional de Literatura “Rafael María Baralt" (2016). Ha publicado el libro de cuentos Todo el tiempo en la memoria y las crónicas literarias “Leyendas a pie de imagen, croquis para una ciudad”. Fue editor-director de la revista cultural Laberinto de Papel y de las publicaciones de divulgación científica Saberes Compartidos y A Ciencia Cierta, todas de la Universidad de Carabobo. 


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lunes, 8 de julio de 2024

Carlos Yusti,escritor venezolano, a Pedro Suárez/ Carlos Villaverde: En Venezuela no hay escritores, sino mesoneros disfrazados de escritores preocupados por el cargo político, la plaza y los homenajes póstumos

 





Carlos Yusti,escritor venezolano: En Venezuela no hay escritores, sino mesoneros disfrazados de escritores preocupados por el cargo político, la plaza y los homenajes póstumos


CONVERSACIÓN CON CARLOS YUSTI

 April 30, 2016  


Pedro Suárez/ Carlos Villaverde


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Carlos Yusti a primera vista es un tipo tranquilo, que reluce una cierta timidez. Es bastante amable con las damas de cierta edad. No se parece en nada a lo que escribe, pues cuando lo hace pareciera desatarse: un discurso corrosivo contra la mediocridad que él asegura campea; un verbo irónico, desfachatado; textos aleatorios, a veces densos y en otras ocasiones un escenario de divertimento para él mismo. Todo por escrito Los lectores y amigos -que sí los tiene- a menudo lo celebran como un magnífico ensayista venezolano que, a veces, también manifiesta su talento en la pintura; otros estiman que no es más que un perdonavidas indigesto que repite babosadas en un pseudo-estilo a lo Savater.

En fin, uno de los logros atribuibles a Carlos Yusti, en su apuesta por la literatura, es que sus escritos en los diarios y revistas donde publica no pasan desapercibidos y generan ambientes de auspicio para la polémica, y esto, sin duda, representa una pequeña hazaña en el medio literario venezolano, tan proclive a negar la discusión en aras del cuidado de parcelas de “poder” e intereses particulares de tal y cual fauna, tan sin humor para disfrutar cuan pequeños somos Laborioso, persistente, solidario y exigente, Yusti ha publicada cuatro libros, todos de ensayo: Pocaterra y su mundo (1991 Vírgenes Necias (1994); Cuaderno de Argonauta (en una pésima edición, 1996) Y de ciertos peces voladores (1997). Nos atiende en su burocrática oficina de la Biblioteca Rómulo Betancourt de Ciudad Guayana, donde funge de Director -como jefe, nada menos- cumpliendo una labor encomiable de promoción de la lectura y el libro entre niños y adolescentes. Accede a platicar, mientras devoramos unas pizzas frías, desde su trinchera bien dosificada de “anacronismo” eso sí, sin octava estrella, sin himno nacional, sin Piar ni Bolívar, ni todas esas “novedades” tan sublimes, que, por estos días de heroísmo, todo lo intoxica. Hablamos y dejamos de hablar sobre tópicos de literatura, de la vida, de las ráfagas que nos mantienen entre ella y la muerte que al fin y al cabo es lo que nos interesa, Leamos lo que nos dijo Yusti.


Un trabajo de Carlos Yusti.


Carlos Villaverde.- ¿Y si no hubiese más palabras? Algo así –hace ya tiempo— expresaba Vallejo, de seguro atormentado por su inefable compañera Georgette. Esto viene a colación para saber tu opinión sobre toda esa parafernalia, un tanto paranoica, en torno a la muerte de la palabra escrita y del libro; de la extinción de la poesía y del poeta; de la defunción de la controversia creativa y del ensayo; en suma, pareciera que todo fin de siglo se parece: todo se va a acabar. ¿Y si se acaba qué?

YUSTI: Me he preocupado de vivir al ritmo del presente. Por eso trato de vivir (o leer, que para mí es lo mismo debido a que la vida le aclara a uno los libros y viceversa) cada día como el último. No quiero amargarme demasiado buscando desentrañar las complejidades metafísicas de la existencia. Es decir estoy adherido al presente como un hedonista crítico: el placer es una ardua tarea y es el mejor antídoto contra la circunspección de los uniformes religiosos, militares o científicos; para ver la vida desde una óptica menos trascendental en contraposición de la visión agria y derrotada de la mayoría, es, de igual modo, un excelente aliado para contrarrestar los requerimientos neoliberales, donde las personas son sólo índices. Creo que es necesario oponer el placer contra todas las ecuaciones retóricas que tratan de convertir el arte y la literatura en entidades pastosas y complicadas que pueden disfrutar unos pocos. Como individuo seducido por la reseda de las palabras, que por otra parte ha cometido el craso error de escribir debido a esa misma seducción, debo reconocer que me encuentro en esa grey engreída, y a veces cacofónica, denominada escritores. Dicha grey se preocupa por el devenir de la palabra escrita y todos esos mitos en torno al fin de la literatura. No morirá la palabra escrita, ni los libros; no obstante lo que morirá, sin duda, serán esos anacrónicos conceptos que poseemos de la literatura y esa tendencia romántica de asumir la escritura. En todo caso lo que está muriendo es la pasión, la emoción a todos los niveles. Si no estamos ganados por la pasión es bastante improbable que tengamos el ánimo suficiente para actuar. Por supuesto el libro no perecerá, pero si sufrirá transformaciones radicales; ya se habla de libros digitalizados y como siempre los libros teleinformáticos serán para una minoría. El lector que conocemos en la actualidad también se trasmutará de manera radical. Lo bueno de la vida es que siempre es una premisa cambiante. Gran cantidad de escritores como personas y entes interactivos con el presente, son más prescindibles que sus obras y aparte de faltarles pasión parece que les falta testículos y ovarios para asumir la escritura desde una perspectiva diferente de eso que pomposamente llaman “obra”. La escritura es un medio para darle carnadura vital al discurso de la imaginación y de la pasión, una forma eficaz de remozar el lenguaje que a fuerza de academicismo y de su mala utilización llega a estancarse. En nuestro morigerado medio cultural la literatura más que un impulso dinámico y vital es una bostezante institución y por tal motivo nuestros escritores pasan a formar parte de la nómina burocrática del aparataje cultural, conocido en los bajos fondos como CONAC. También por esa razón la crítica y la polémica están excluidas, es mejor andar de puntillas por los pasillos del poder cultural para no molestar a los capas que distribuyen los subsidios y las prebendas. Aquí no hay escritores, sino mesoneros disfrazados de escritores. Señores y señorucos, como dijera Umbral, preocupados por la “obra”, la inmortalidad, la silla en la academia, la plaza y los homenajes póstumos. No es casual que nuestros escritores hagan, o confeccionen, una literatura sin muchas faltas de ortografías políticas, sin mucho ruido crítico, tratando de espantarle el insomnio a los politicastros de turno con una escritura más efectiva que un lexotanil. Como a nuestros abnegados y sufridos poetas les preocupa el puesto de trabajo en la institución literaria dejan la complejidad y la creatividad del lenguaje escrito para momentos menos urgentes y empiezan a preocuparse por el futuro del libro, por la muerte de la literatura y todas esas cuestiones importantes. El país puede esperar y la literatura como crítica, pasión y cosa pueden esperar.



Pedro Suárez.- Alejandro Rossi describe la función de ciertos intelectuales como la de simples organizadores de la gramática que utilizan el poder para vender sus consignas ¿Qué opinas al respecto?

YUSTI:Entre tanto analfabeta funcional con título académico, o celular, entre tanto ágrafo con ínfulas, los intelectuales vienen a constituir raros guijarros entre los promontorios inservibles e idénticos de granos de arena. Se habla de los intelectuales como de una peña literaria o un club de fútbol, es decir un gremio compacto donde son pocos los que tienen cabida. Siempre han tenido mala prensa. Si escriben en exclusiva de lo humano y lo divino, olvidándose de los asuntos urgentes del día, se les empuja como conspicuos habitantes de la torre de marfil, si escribiendo buscan complacer a la administración se dice que son unos cobardes, si apoyan a un partido, o una causa determinada se les tiIda de miopes políticos, si vociferan al lado de los obreros son unas vedettes del oportunismo, megalómanos inmaduros que posan para llamar la atención, si hacen silencio sólo son cómplices tarifados al mejor postor… etc. Lo cierto es que un intelectual necesita intervenir, quiere cambiar, para bien o para mal, la organización de la vida colectiva. Por supuesto que hay intelectuales de todos los colores y todos los .talantes. Prefiero dos o tres intelectuales equivocados que doscientos analfabetas funcionales tratando de gerenciar un país. La postmodernidad, que ha sido definida como una modernidad sin pasión ni ilusiones suicidas, ha dado su buena cuota de intelectuales y por allí andan opinado del vacío y otras cuestiones no siempre claras. Los Farinelli de la inteligencia me producen rechazo. O sea, prefiero a los intelectuales que no rehuyen el debate y la polémica, a esos que se quedan en la castrada serenidad académica redactando discursos de orden.



P.S.– La poeta polaca -premio Nobel de Literatura- Wislawa Szymborska, confiesa escribir cuatro o cinco poemas al año. En este sentido, ¿no crees que esa especie de competencia que se da entre algunos poetas venezolanos de ver quien publica más, a quien se le editan más libros, es lo que explica, de alguna manera, la mala poesía -salvo honradísimas excepciones- con la que nos exhibimos hoy día ante el mundo?

YUSTI:Escribir poemas como chorizos o escribir un poema cada año no determina quien es mejor o peor poeta. En mi modesto parecer creo que el hombre no elige ser poeta, la poesía elige a determinado individuo. Como usted sabe la metáfora no es más que un procedimiento sensitivo-lingüístico por medio del cual quebramos las asociaciones de uso común del medio concreto de voces y lenguajes que nos rodea, es decir a través de la metáfora el hombre puede le~r más allá de los significados para instalarnos en otro contexto donde el mundo habitual se desplaza, donde el lenguaje de todos los días adquiere una carnadura distinta y nos empuja a otro plano en el cual el contorno de las cosas cotidianas, de los hechos de todos los días se subordinan no a nuestros sentidos, sino a nuestra sensibilidad. Borges explicaba todo esto sin tanta palabrería y siempre citaba una frase del poema de Blake sobre el tigre: “Tigre cuya terrible simetría” y entonces Borges explicaba que lo terrible en el tigre no eran las líneas de su cuerpo, no obstante con esa metáfora Blake trasmitía dos cosas: la belleza y la ferocidad. Con respecto a la proliferación de poetas lo grave no es que haya muchos, o que existen infinidad de poemas malos, buenos y regulares, no, lo grave es todos esos discursos del poder que se disfrazan con el lenguaje de la poesía. Además quien decide si un poema sirve o no es el tiempo. Por ejemplo los poemas que se conocen como “Carmina Burana”, fueron escritos durante el medievo por un grupo de frailes bebedores, mujeriegos y andariegos llamados “Goliardos”. La poesía de estos goliardos ha perdurado a pesar de los temas que los inspiraron: la taberna, el amor sexual sin remilgos, el juego, la bebida, etc. Es decir temas mundanos y nada elevados, no obstante uno lee dichos poemas y parecen que fueron escritos esta mañana. Que haya bastantes poemas, bastantes poetas. Donde hay literatura las pasiones analfabetas que conducen al crimen, a la xenofobia, al patriotismo, al nacionalismo, al terrorismo y demás posturas fachas (o fascistoides) no tienen muchas oportunidades.


C.V.- Supongamos que todo pervive y que en el 2034 los ansiolíticos y la fe han permitido a la gente seguir esforzándose en sus penurias y hazañas. Tanto en ese tiempo como ahora, tu no crees que lo cotidiano puede generar asombro. En lo monótono puede haber un hallazgo que subvierta la modorra; algo que irrumpe no previsto, y devuelva a la vida diaria (pese a tanto redentores de lo contrario) su dosis de encanto o de tragedia. Te digo esto porque algunos de tus ensayos y notas de prensa tienen, que ver con hechos cotidianos que te ocurren. No sólo escribes sobre escritores y libros, a menudo lo haces como divertimento, e incluso, como una manera de “resolver” un caos,lIamémosle, interno.

YUSTI: Definitivamente escribir es una terapia de bajo costo. Cioran explicaba en un texto que él escribía en un clima de ajuste de cuentas, en el que las invectivas sustituían a las bofetadas y los golpes. Más que ensayista, en el sentido peyorativo y académico del término, soy un escribidor de diatribas. Para los filósofos de la antigüedad griega la diatriba era un escrito de poca extensión, de naturaleza divulgativa con uno que otro aspecto polémico. Algunos de los libros que he publicado son buen ejemplo de esto que le digo. Escribo diatribas sin otra intención que producir en el lector una reacción, sea de complicidad o de indignación. Al momento de escribirlas me preocupa su complejidad Iingüística y temática. Entré en esto de escribir diatribas por azar. Cuando apenas tenía quince años formaba parte, en Valencia, del grupo literario “Los Animales Krakers”, como editábamos una revista necesitábamos a alguien que escribiera los ensayos. Dedocráticamente, como se elige todo en este país, fui seleccionado para tal, fin. Como no sabía escribir esbozos de ninguna naturaleza, decidí leer a los mejores ensayistas. Mis primeros textos eran forzados, furibundos, escatológicos. Luego he ido aprendiendo el oficio con más suerte que talento. Me gusta el ensayo porque es un género elástico donde cabe un poco de lectura, bilis, chisme cultural, intelecto, ironía y, por supuesto, mucha pasión por las palabras. Hay un ensayo académico y literario que profundiza en todos los andamiajes estructuralistas, marxistas, onanistas, psiquiátricos y panfletistas del texto y están bien, no obstante, a mí me gusta el ensayo otro. O sea, el ensayo donde las complejidades metafóricas se presentan de manera fluida, donde la ironía no da resquicio al bostezo y donde lo poético se estructura en un discurso al servicio de la vida con sus modulaciones altas, bajas y medias. Por supuesto que en mis escritos dejo al descubierto mis fobias, mis odios, mis puntuales alegrías. No escribo para reconciliarme con nadie, ni para agradar a los cancerberos del mundo literario. Escribo con una alta dosis de entusiasmo y cabreo. A veces el producto deja mucho que desear, pero yo dejo la “obra”, la plaza con el busto cagado por palomas para los otros. Me interesa la literatura viva, la escritura que se retuerce y que vibra más a las pulsaciones del corazón que del cerebro. Mea culpa.

C. V.– El ensayista lo que necesita para escribir es que la realidad ocurra; el milagro para celebrarlo o detestarlo; la carrera que continúa sin pausa para esa suerte de “marathonista”. Qué piensas al respecto.

YUSTI:El ensayista trabaja con elementos que tiene a la mano y en eso es Montaigne, el maestro indiscutible. Por ejemplo en uno de sus ensayos se quejaba el ensayista francés, de lo pequeño que era su pene y así infinidad de asuntos, donde él era el conejillo de indias ideal. El ensayista no crea nada, está en la puerta a la espera que en lo cotidiano ocurra la metáfora. Adorno, otro maestro del ensayo, escribió: “En vez de producir científicamente algo o de crear algo artísticamente, el esfuerzo del ensayo refleja aún el ocio de lo infantil, que se inflama sin escrúpulo con lo que otros ya han hecho”. Yo no sirvo para el escrito largo y exhaustivo. Me muevo de perlas en el exabrupto, la nota que trata de aclarar, pero que en el fondo no aclara gran cosa. El trabajo de ensayista es sencillo si este se preocupa más por la bibliografía que por ensamblar el discurso literario con frases creativas y chispazos poéticos. El ensayo es fácil si uno quiere demostrar que ha leído mucho, pero si quiere demostrar juego, ironía y cosa la cuestión se complica. Yo a veces creo que escribo siempre el mismo ensayo. Lo que no tiene variación de un escrito a otro es mi pasión por las palabras, mi afición por ordenarlas de tal manera que despierten en el lector un guiño o un nimio arrebato de cólera. Cuando escribo disfruto mucho. Detesto sólo corregir. A veces corrijo un texto de tres cuartillas como cinco o seis veces. El secreto del ensayo estriba en corregir mucho y quedarse con los naufragios de esas correcciones, lo demás es divertirse y no tomarse la “obra” con tanta seriedad ni petulancia.

P.S.- Trabajas en una Biblioteca Pública del Gobierno, que es casi decir burocracia ¿qué solicitan los usuarios, acaso se utiliza la Biblioteca como un lugar de encuentro con la literatura, qué se lee en ese solarium de la palabra?

YUSTI:Una biblioteca no es el sitio ideal para un escritor y menos aún es el lugar adecuado para un lector interesado más en asentar el alma leyendo literatura, que del examen de fin de curso. La biblioteca pública es uno de los últimos anhelos del romanticismo: los libros al alcance de todos los hombres sin importar raza, posición social, credo, etc. Esa visión romántica de las biblioteca públicas sufrirá cambios debido al surgimiento de la tecnología teleinformática. Ya se habla de bibliotecas virtuales, donde todos los libros están digitalizados. Como siempre la información computarizada será para unos pocos. Así mismo esos usuarios doblados sobre varios textos tomando notas desaparecerán para darle paso a los internautas, a los navegantes del Internet los cuales desde su cuarto podrán visitar varias bibliotecas en el mundo en apenas media mañana. Como ve eso de la comunicación escrita mediante la palabra escrita es una concepción desfasada del hecho literario como pasión, profesión de fe o aventura. No obstante como me niego a ser postmoderno y como me declaro abiertamente anacrónico, trato de convertir la biblioteca más que en un antro con libros polvosos y cacatúas con lentes (que jamás han leído un libro en su vida) y las cuales te hacen hacer silencio, en un bullicioso centro cultural donde puedas ver una película si te place, puedas escuchar una conferencia sobre literatura o fotografía sin previo aviso, donde te den un periódico literario que se llama “Lectura”, donde se realizan talleres vacacionales en barrios como Campo Rojo, Los Monos o Palo Grande, donde los niños escriben sus propios libros, donde conjuntamente realizamos una Feria Regional del Libro, donde apoyamos el trabajo del Centro de Estudios Literarios “Giraluna” y donde por supuesto convertimos la lectura en un acto vital no para culturizar a nadie, ni para iniciar a nadie en la lectura, sino para demostrar que todos estamos al margen de la página y la idea es metemos hasta los huesos y el alma en la página completa, donde hacemos de los libros objetos vivos a través de las cajas viajeras y las exposiciones bibliográficas en escuelas y liceos, sin mencionar los ciclos de video-cine basados en libros y los talleres de pinturas y títeres permanentes. La burocracia cultural no me interesa. Me gustan los libros y si me pagan por hacer lo que me gusta, imagínate.

Carlos Yusti y Yuri Valecillo


C.V.– Cioran, Savater, Nuño, Solanes, Paz, Cela, son referentes habituales en tus trabajos. ¿Por qué? y en qué cree hoy en día, y a estas alturas del juego y de la “pizza”, Carlos Yusti.

YUSTI:En primer lugar por el dominio que poseen del lenguaje escrito, por la riqueza de sus argumentaciones y por el espíritu polémico que alienta sus estilos.

Cuando uno comienza a escribir quiere hacerse de un estilo, quiere capturar metáforas de largo aliento en una frase así como un entomólogo captura mariposas e insectos. Luego esta eso de escribir bien, de dominar el lenguaje en su sentido aleatorio y no meramente comunicacional. Para todo ello hay que leer mucho. He aprendido a escribir leyendo a los buenos y malos escritores.

No tengo secretos a la hora de escribir y como no tengo genio corrijo mucho cada frase y los escritos van saliendo poco a poco con defectos y virtudes. En mis escritos realizo muchas citas y me apoyo en las ideas de otros. Soy un escritor en segunda potencia y para no amargarme mucho me consuelo con la frase de Montaigne: “No hacemos más que glosamos mutuamente. Todo pulula de comentarios, pero de autores hay gran escasez”. O sea, un escritor más producto de caóticas lecturas que del talento o del estudio sistematizado. A mi me van los géneros menores. El tratado abultado de metodología, sapiencia y cosa no me va. Que otros hagan sesudos esfuerzos por convertir la literatura en material para alimentar los pensum de estudios. Yo no. Mi nota es escribir con el entusiasmo erecto y la bilis a flor de piel. Entre los muchos reproches que me hacen los amigos, aunque parezca mentira tengo algunos, está el de ser un tipejo afable, en lo personal, muy contrario a lo que escribo. La escritura forma parte de mi, yo no soy lo que escribo. Mi escritura es el Jekill y el mister Hyde que hay en mí y creo que en el de muchos de los escritores que conozco, sólo en que algunos lo disimulan muy bien a la hora de escribir. La escritura del disimulo no es mi fuerte.

Cuando Goethe tuvo aquella entrevista histórica con Napoleón, en Erfurt, intercambiaron impresiones del clima, la poesía y sobre la tragedia. Goethe ya había escrito la primera parte de Fausto y habló un poco de su obra en proceso de escritura. Napoleón le dijo: “Las tragedias pertenecen al pasado, a una época sombría. ¿Qué tenemos que ver nosotros hoy con el destino? El destino es la política…” No se equivoca el singular emperador, sólo que la política ha vuelto al mundo más sombrío, lo ha vuelto un poco más trágico. Por suerte, nuestros políticos parecen sacados de una opereta, no obstante, y pese a su aspecto cómico, no dejan de ser peligrosos dejando manchones de sombras por todas partes. Uno escribe para limpiar un poco todo ese andamiaje de sombras, muertes, censuras y complicidades por razones de estado. La única trinchera que le queda al hombre es la literatura. Aparte de eso me apego a ese ideal de Savater: cultivar gustos sencillos y una mente compleja.



P.S. Una pregunta tan manida como fastidiosa: Si en los sesenta se habló de la escritura como un compromiso, ¿cuál es, a tu juicio, la consigna de los noventa, y cual debería ser la del próximo siglo?

YUSTI: Cuando militaba ante tanta consigna con más buena intención que complejidad intelectual yo gritaba mi favorita “A tirar, a tirar que el mundo se va acabar”. Parece un mal chiste, con esa consigna trataba de contrarrestar la simplificación simplista que encierra toda consigna. Tú no me pides una consigna, me pides una etiqueta para estos aciagos días. Mi etiqueta sería una frase de Voltaire: “…la mejor venganza contra los que nos detestan es ser felices”.


Entrevista editada en la revista PREDIOS 

Segunda época 1999 Nº 14



Tomada de Abismo Letrado



Parte I Taller El Libro de Artista con Carlos Yusti
73 visualizaciones  13 oct 2023
Carlos Yusti, escritor y artista. Hoy en el Proyecto de Simbiosis Intergeneracional (me parece terrible el nombre,nota del editor) sobre el ODS 12.







Carlos Yusti en Barcelona, con la estatua de Colon al fondo, al final de la Rambla donde desemboca en el puerto.



Carlos Yusti (Valencia, 1959). Es pintor y escritor. Ha publicado los libros Pocaterra y su mundo (Ediciones de la Secretaría de Cultura de Carabobo, 1991); Vírgenes necias (Fondo Editorial Predios, 1994) y De ciertos peces voladores (1997). En 1996 obtuvo el Premio de Ensayo de la Casa de Cultura “Miguel Ramón Utrera” con el libro Cuaderno de Argonauta. En el 2006 ganó la IV Bienal de Literatura “Antonio Arráiz”, en la categoría Crónica, por su libro Los sapos son príncipes y otras crónicas de ocasión. Como pintor ha realizado 40 exposiciones individuales. Fue el director editorial de las revistas impresas Fauna Urbana y Fauna Nocturna. Colabora con las publicaciones  El correo del Caroní en Guayana y  el Notitarde en Valencia y la revista Rasmia. Coordina la página web de arte y literatura Códice y Arte Literal


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29/06/2025