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domingo, 27 de febrero de 2022

Cómo apuñalar a un escritor.

 


Ernest Hemingway. Imagen tomada de El País.

Cómo joder a un escritor.


Por Ender Rodríguez




 


 “Los poetas -amor mío- son unos hombres horribles, unos monstruos de soledad, evítalos siempre -comenzando por mí-”


Raúl Gómez Jattin


 


Hay trillones de maneras de “auto-joderse”, y de “joder a un escritor”; o quizás tal vez, de ser “jodido” por alguna editorial, jurados de festín, políticos a color o ante algún “lameculo” del espectro cultural, sea del ruidoso mundo de la farándula o del “crimen organizado”. Tampoco podemos decir que el mundo entero anda buscando “cómo joder a un escritor”. Hay gente que no solo “apapacha” a los escritores, sino que les promocionan, y les ayudan a surgir de las cenizas. A veces, nosotros mismos como escritores (o posibles “escribidores”) nos “auto-jodemos”; jugamos a “no ser”, o a execrarnos; y tendemos a “endiablarnos de alienación”. Existen instituciones culturales o editoriales que funcionan excelentemente o de forma honesta, y que no andan tratando de “joder” a los demás. Aunque vivir de lo poético es un sueño, nos lo dice Antonio Orihuela al desentonar su cante así: “La poesía es un incendio … no da para comer da para arder”. El argentino Cristian Vásquez nos plantea que: “Desde un punto de vista capitalista, dedicarse a escribir libros es uno de los peores negocios del mundo. Tal vez el peor de todos. Lo explican muchos de esos artículos repletos de palabras como éxito, coaching, liderazgo, actitud, emprendedores y otras del mismo campo semántico”.[1] 


Cuando un escritor o pseudo-escritor (en especial poeta, cuentista, novelista) o cuando un “gánster letrado” comienza a dudar de su creación aparentemente inamovible e intocable, para tratar de re-plantearla, re-escribirla, interrogarse o seguir evolucionando; o sea cuando eso pasa, realmente su literatura puede tomar una vida propia, pulula aún más, y entra fugazmente en una especie de dinámica de reflexión-verbo-reflexión. Lo contrario sería, fallecer con nuestra rígida escritura desde los labios del féretro.



Orson Welles. Imagen tomada de Iconic Cool.


Cuando el asunto del “ego crecido” o cuando “el ego híper-volador” nos ataca el ser; sucede una “erección mental permanente por la fama”, lo cual nos hace perder ciertos rumbos. Allí, es inevitable que algo de auto-destrucción entre en escena. No importa si el autor o autora ha ganado premiaciones y reconocimientos que ha montado hermosamente en sus paredes de cristal. Todo ello, no significa que su literatura sea potente, interesante, o audaz dentro del laberinto escritural. Existen poetas que viajan por los países y dedican autógrafos a sus orgásmicos “fans” y seguidores por doquier, generando cierta “baba pública”. Hay algunas “literaturas de lo comercial” que venden excitación, y sus asiduos lectores compran mucha ilusión del desdén. Y jugando al ejercicio de des-escribir diría Orson Welles: “Lo peor es cuando has terminado un capítulo y la máquina de escribir no aplaude”. “En realidad, el escritor no necesita más lectores que los pocos que le comprenden. Es inmodesto querer más” nos deja asentado Gore Vidal sabiamente. Y si hablamos de editoriales “gobierneras” y “ministerios de cultura y artes” es necesario escuchar a Octavio Paz decirnos que: “No hay nada más triste que el escritor sometido al dictado del político”.

Octavio Paz.


El mundo de los escritores es tan complejo como el de las tramas de una supernova o un big bang. Hemingway se voló la tapa de los sesos para marcar su estilo, según dicen unos. Alfonsina Storni para morirse se arrojó al mar y dejó una nota. “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos” escribiría Pavese y se lanzó dieciséis envases de somníferos. Anne Sexton dejó al provocarse la muerte, dos hijos y un premio Pulitzer en caja, además de hermosos poemas que escribiría años atrás en el psiquiátrico. De su nota de suicidio queda este fragmento: “…Seré una cosa ligera. Entraré en la muerte como alguien que perdió sus lentes. …La vida se inclina hacia atrás y hacia adelante. Ni siquiera las avispas pueden encontrar mis ojos”.[2]

Anne Sexton.


Hubo poetas “medio malditos” o “súper benditos” del mal y del bien, si es que eso existe en la palabra. No lo sabemos. Baudelaire nos regaló Las Flores del Mal. Bukoswki decía que las palabras no eran aburridas, y que eran cosas que podían hacer zurrar tu mente. Ha habido de todo en esta licuadora de la vida para andar releyendo y re-escribiendo auroras sin pistón, o hasta para profesar el oficio concreto de perderse la existencia ante un papel en blanco. Muchos escribimos o “mal escribimos” y no sabemos por qué o para quién lo hacemos, mientras otros ganan y pierden espectáculos. Escribir “algo mal e irregular” o fuera de las normas establecidas, no nos hace tan “malos poetas”; a veces “ser bueno no es tan bueno” como uno cree. Y si no, preguntémosle al anti-poeta, el Nicanor  Parra quien nos respondería lo siguiente: “…Mi poesía puede perfectamente no conducir a ninguna parte ¡las risas de este libro son falsas! argumentarán mis detractores, sus lágrimas ¡artificiales!, en vez de suspirar, en estas páginas se bosteza, se patalea como un niño de pecho, el autor se da a entender a estornudos. Conforme os invito a quemar vuestras naves, como los fenicios, pretendo formarme mi propio alfabeto. ¿Para qué molestar al público entonces? se preguntarán los amigos lectores, si el propio autor empieza por desprestigiar sus escritos, ¡Qué podrá esperarse de ellos!…”.[3] Por otra parte y más al norte de Latinoamérica, nos dirá Aníbal Nazoa que: “Ser escritor en Venezuela equivale casi exactamente a no tener oficio conocido”.

Baudelaire.


Han pasado por la historia diversos poetas o escritores en guerra, en esa extraña faena de bombardearse para supuestamente sobrevivir peleándose “egos”, o rollos intensos y pasándose “facturas de vida” sin papel alguno. Verlaine y Rimbaud tuvieron una loca relación amorosa, donde en una borrachera Verlaine le da un tiro a Rimbaud en la muñeca. Al parecer, Lope de Vega describe en una carta a Cervantes como: “un puerco, un culo, un muladar, un baladí”. El puñetazo de Vargas Llosa a García Márquez (El Gabo) en público según dicen, fue por líos de faldas. Los artistas Dalí y Buñuel dedican una carta contra el Nobel de Literatura Ramón Jiménez y le acusan de que su obra les repugna por “cadavérica, histérica e inmoral”. Los villanos Hitler, Stalin y Mussolini fueron nominados al Premio Nobel de la Paz, al igual que el guerrerista Obama. Los premios pueden ser también un gran festival de mentiras. Hitler podría haber sido un estrafalario o interesante pintor en vez de un “mega-asesino”, pero fue rechazado dos veces en la Academia de Bellas Artes de Viena. Volviendo a los escritores, podemos decir que unos atacan a otros, diciendo que habría que asesinarlos usando hasta sus propios huesos. Truman Capote decía de Hemingway que era idiota del todo. Señalaba Roberto Bolaño una vez: “Como poeta sería maricón o si acaso loca, como Whitman y Blake. Neruda y Paz, en cambio, son maricas”.[4] Virginia Woolf decía de James Joyce a raíz de Ulises, que él como escritor era “un despistado preparatoriano rascándose los barros”. Kingsley Amis sobre Vladimir Nabokov: “Qué hijo puta. Ese tipo es un completo galimatías”. En fin, es larga la lista de pleitos y “mentadas de madre”, hasta choques políticos entre escritores “izquierdosos” versus “derechistas” y al revés. “Nunca he conocido a un comunista tan deslumbrado por el lujo” expresaba Francisco Umbral sobre Alejo Carpentier. Podremos encontrar también muchos escritores, que no viven en guerra o en pleito permanente con los demás creadores pues, hay tipos que realmente se apoyan entre sí y en vez de competir, comparten sus locas ideas críticas, sus estrambóticas rumbas o hasta proyectos de ensoñación. Unos sujetos han salvado la vida de otros sujetos, tanto en el mundo de las artes como en la literatura (que es otra forma de arte). Kafka a diferencia de tantos escritores que solo pretendían publicar, le encargó a su gran amigo Max Brod, que quemara todos sus textos y en cambio este, los divulgó. ¿Querría Kafka no mutar de nuevo al morir?

Bukoswki. Tomada de El Sol de México.


Puede existir lo que llaman algunos como “poesía fácil”, y quizás sea la que se escribe con posibilidad de ser fácilmente digerida por los demás, la cual no genera atragantamientos peligrosos. Hay gente que le “teme al temor” o que tiene miedo del enojo que pueda causar su literatura en el lector o lectora. En internet o en el mundo en línea, existen blogs y páginas literarias que no son realmente muy interesantes que se diga; aunque sí existen también unas páginas web demasiado interesantes y que causan gran impacto por su generosa calidad en la generación de poesía y narrativa, además de investigación, visualidad y recorrido como entorno digital, creando inclusive intercambios múltiples, comunicativos o de interacción. Por otra parte, existen espacios de literatura en la red donde ningún “comecaca” de los encargados, es capaz de contestarle o simplemente responder al escritor que envía sus trabajos para revisión y posible publicación. Uno agradecería que por lo menos, le respondiesen por email algo como que: “Los textos enviados por Usted no podrán ser incluidos por razón de espacio y tiempo. En estos momentos no recibimos colaboraciones; sin embargo, lo contactaremos si más adelante es seleccionado por el comité evaluador, gracias”. Así sean mentiras, se podrían aceptar y que por lo menos, las escriban al correo de quien envía o para avisar que será publicado en la fecha tal o cual. Suele haber casos, donde el silencio es algo parecido a la estupidez. También pasa que un “escritor terrible” a veces, no es capaz de aceptar que a sus escritos les falta “fogueo y gasolina”. Por supuesto, montar una revista también es un lío, muchas veces se hace de forma gratuita. Casi nadie te paga por mantenerla. Es casi un deporte extremo y de voluntariado.

Nicanor  Parra. Tomada de Mi vida ideal


En el universo de las editoriales, encontramos hasta las más significativas y dedicadas, así como las que te ofrecen que firmes un contrato donde no te pagarán jamás derechos de autor, sino que te dan el 10% de los libros impresos y que tú intentes venderlos en la calle o a tus amigos -sin dinero- para que te lancen un duro o un plato de papas y frijoles, menos el ron. Quienes hemos hecho eso de publicar sin pago alguno, sabemos muy bien que nos “jodimos”, porque deseábamos sacar el poemario “equis” a como diera lugar. Somos tan culpables como la editorial misma en la marca del crimen auto-asumido. Muchas veces al publicar, aunque no nos traigamos la pasta, creemos sentirnos como en el poema de Hanni Ossott: “…Sé que sostengo entre palabras un adentro del afuera…” Y levitamos orgásmicos en nuestra excitación. Hay editoriales que económicamente sí pudieran pagar. Pero habrá las más pequeñas y autogestionarias, que apenas si sobreviven.

Hanni Ossott. Fotografía de Vasco Szinetar.

Aunque más del 90% de nuestro cuerpo esté conformado por polvo de estrellas según la ciencia, igualmente podemos escribir experimentando entre otros, mucho estiércol, cursilerías, lugares tan vagos como comunes y palabrerías demasiado barrocas o adulteradas de verborrea para la ocasión. No hay que ser muy genio para saber que ponerse a escribir tal como Neruda lo hacía hace tanto tiempo, sería hoy día -en plena contemporaneidad-, algo más que un suicidio planetario. Leer los poemas nerudianos no está de más, pero escribir desde el pasado sin una crítica revisión de lo que ya pasó y lo está pasando ahora en las transformaciones del lenguaje y la escritura, sería desfasado y “melancolicón”. Algunos poetas o no poetas se sienten reptilianos, agnósticos, “ateo-espirituales”, invisibles e invencibles y post-apocalípticos. Unos contra-poetas u “odiadores de la poesía ramplona” podrían ser “adictos a la escribiruela”; pero también existen los metrosexuales que con versos enamoran nenas o chicos al pasar. Los millennials (del milenio), en cambio parecen nacidos dentro de un computador, su sensibilidad es más que digital, es eléctrico-cibernética y se mantienen “medio equilibrados” en su cordón umbilical USB. No hay que ser muy poeta para ser capaz de generar sus propias metáforas, chispas y alumbramientos de las sensaciones energéticas más sublimes o las más cercanas al lodo, al propio inframundo lírico. Puede un herrero, un trabajador de la basura urbana, o un sucio indigente llegar a ser una especie de poeta callejero o transeúnte. Un “anónimo jodedor” llegó a declamar que una mujer debía quedarse con quien le hiciera sentir “mariposas en el clítoris”; porque lo del estómago era solo hambre.

Tomada de La Tercera.


Quienes nacimos en los setentas, apenas conocimos el lápiz, no existían computadores en nuestro país (como los conocemos ahora). Los “cuarentones”, llegamos a “dibujar letras” incluso con carbones de leña. Yo me pregunto ahora: ¿Existirá una poesía neo-hardcore, una hispter, y un “nuevo poeta” de las enredadas redes del mainstream?


Pueden encontrarse en la actualidad, diversos estudios e investigaciones de compilación muy valederas sobre escritores a manera de antologías en los más conocidos ambientes literarios como en los más recónditos lugares. De entre tantas antologías, podríamos con suerte toparnos con ciertos estudios sólidos, trabajados y desarrollados sin el pudor o la exclusión hacia nuevos autores (o alternativos) en variados casos; pero igualmente nos encontraremos con antologías realizadas en séquitos y grupúsculos de los “amiguitos de los más amiguitos” dentro del poder institucional-cultural, dígase familiar, sexual, político, “de clase social” o “de farras”, entre otros.

Truman Capote.


Para escribir firmemente y de modo audaz, tampoco hay que estar navegando en fantasías de LSD, o en canales inter-cósmicos emporrados de rock n´roll o estar por otro lado, embriagado de ginebras o en la “caña clara del abandonado” en su boulevard roto. En el campo de los artistas visuales, auditivos, escénicos, circenses, y demás, pueden encontrase situaciones parecidas entre los creadores de tanto des-orden y zaperoco de poiesis.


Sobre el mundo de las competiciones y ciertos premios literarios españoles, deja clara su posición el escritor José Manuel Caballero cuando se refiere críticamente a tales concursos: “Lo que prevalece a la larga es la rentabilidad comercial o el lucimiento de la entidad patrocinadora. Eso de descubrir nuevos valores viene a ser un reclamo para incautos o algo así”.[5] El escritor Juan Marsé (Premio Planeta, 1978), después de estar haciendo críticas y recomendaciones al Premio Planeta en 2005 advirtió que: “los componentes del jurado, muchos de ellos vinculados laboralmente a la editorial Planeta desde hacía años, no podían evitar cierta complacencia acrítica que convenía a ciertos postulados oportunistas, meramente comerciales y literariamente vacuos. El negocio primaba sobre la literatura”. Sobre el caso contrario, uno podría decir sobre concursos mejor desarrollados -tratando de ser equilibrados- que: Bienvenidos los premios “honestamente entregados” o “justamente ganados”. Hemos conocido unos cuantos excelentes poetas gracias a los concursos, hay que decirlo también. Ahora, valdría la pena preguntarse sobre cuánto ha jodido y bloqueado el proceso de trabajo de tantos escritores, al enfrentarse a la testarudez de tanta competición absurda en busca de “vedettes”. Y cuánta falta ha hecho la posibilidad de “becas”, apoyos solidarios, “incentivos variados a la creación”, financiamientos para encuentros creativos permanentes de escritura y con seguimientos estructurados, etc.

Juan Marsé. Imagen tomada de ACE.


Pensemos en una crítica y propuesta sistémica, más allá de lo planteado por José Manuel Caballero y Marsé. Es decir, plantear una idea más glocal y holística como salida. La pregunta es: ¿hasta qué punto es interesante que se haga una mega-actividad y un gran show solo para premiar una obra o un único autor o autora, en medio del festín y las celebraciones del caso eventual? O sea, qué tal hacer un espectáculo “buscando un o una sola ganadora” para mandar a la verga a los 1000 escritores participantes, de los cuales si quiera 170 podrían ser potenciales o interesantes escritores. No es muy divertido tratarles como “simples pedos bajo el agua” ¿No creen? Imaginemos entonces, unas convocatorias diferentes donde se lograse generar financiamientos variados para más de un escritor, ojalá 20 (claro, con mayores recursos y uniendo esfuerzos entre editoriales y países en sendos convenios, tomando la base de datos de los participantes). Además, que se publicase más de un libro, ojalá 15 incluyendo, una antología de textos de los escritores más sobresalientes o cuya literatura fuese impresa por su audacia, originalidad, densidad, etc. Y no solo contentos con ello, que se crearán más encuentros o ferias alternativas para promover a otros poetas, narradores y participantes de la misma convocatoria que, aunque no resultasen ganadores en la competición, fuesen igualmente potentes, excelentes, arriesgados y valiosos sus trabajos. Se intentaría proyectar de ese modo, a más escritores y logrando quizás, que otras editoriales conozcan y hasta se atrevieran a querer publicar a otros creadores, más allá del concurso en cuestión. Tales encuentros podrían realizarse como “reflexión dialógica ampliada” donde críticos, jurados, escritores, editores y público en general, compartiesen ideas, proyectos, críticas constructivas (y no tanto), y hasta sueños “descalabrados” y se vieran cara a cara para asumir los retos que hay que asumir, si queremos que la literatura no sea solo un festín eventual que se evapora como gaseosa, sino que fuese, al contrario, algo groso, sostenido, complejo, empático y abrasador.


Por otra parte, pueden realizarse convocatorias de publicación e impresión de libros de tipo más artesanal o más micro-empresarial, tomando en cuenta que la espectacularidad no es suficiente al hablar de literatura o “literaturalidad”. Cuando se trata de pequeñas iniciativas autogestionarias, ya sabes que es menos lucrativa la cosa, y no podrás exigir mucha ganancia. Eso es diferente a una editorial mucho más grande. Hoy día, hay demasiados escritores que sobreviven haciendo traducciones, redacciones, revisiones, o produciendo “libros de autor” de bajo tiraje o de pocos ejemplares; o tal vez, dictando talleres literarios y en el campo de las pedagogías de la lecto-escritura y la educación no convencional. Existen escritores que poseen otras profesiones para poder comer, y aparte siguen creando poesía y generando digamos literatura, aunque no ganen concursos o simplemente, les “vale madres” los mismos. Se puede participar en un concurso solo por necesidad o sobrevivencia, y luego al ganarlo (teniendo en mano el premio en metálico); podría ser divertido, declarar que “los concursos y competiciones son una mierda” pero se necesitaba la pasta para llevar “el pan al hogar” y algo para los vicios que amerita un “cerebro de escritor”. Tal declaración, podría no agradar a los jurados, a la policía, a los críticos o a la “ciudad en vela”, o a vuestras propias madres, lo cual tampoco debe importar mucho a un “no tan mal poeta”. Defraudarnos de vez en cuando, puede ser un “relajo de fuego en juego”. Sería estimulante recibir un premio del Rey de España y al otro día decir “Me cago en el rey y que devuelva las tierras y el oro”. En la canción “Lo niego todo” Joaquín Sabina plantea que: “He defraudado a todos, empezando por mí”. Pero lo mejor sí podría ser, tomar el dinero de un certamen o competición y con parte de esos recursos, hacer algo realmente transformador como publicar a poetas emergentes que casi nadie quiere apoyar o apostar por ellos, generando nuevos movimientos o posiblemente alternativos, desde abajo, no montados en el arriba.


“Lo niego todo” Joaquín Sabina.


Si de niños, nuestros padres o la escuela, nos hubiese permitido descubrir que literatura podría ser también cada “cosa loca” que vivíamos de pequeños narrándolo, y que nos dejasen escribirlo-relatarlo con nuestras propias palabras y dibujos a los 9 años, quizá nuestra seducción por la auto-creación y más adelante por los libros, habría nacido tempranamente. Pero, se nos invadía con textos pesadamente aburridores o exageradamente complejos, para que un chico en vez de enamorarse de la lectura terminase, al contrario, obviando o hasta odiando lo literario e institucionalizado, lo estandarizado, lo controlado u obligado. Un niño podría en su ingenuidad llegar a decir: “Los huevos son cocos que ponen los osos”. El hijo de este servidor, exclamó a sus 9 años estas frases: “Papá no arrugues la leche” y “Ya estoy cansado de vivir como un cambur”. ¡Y vaya, qué grandes poemas dicen los chicos! Ante toda esta reflexión; entonces, uno concluiría con razón, que seguro ha sido gigantesco e histórico el daño (el “joder” digamos), que ha causado en personas “creactivas” desde niños (artistas o creadores bloqueados), nuestra sociedad cuadrada y visceralmente carcelaria hace muchos años. Tales perversiones habrán ido convirtiendo en pasividad o acostumbramiento en el ser ya pasivo, tantos sueños de creación estética. Por supuesto, existen creadores que a pesar de lo crudo de lo vivido y los bloqueos, han renacido como muchos fénix, y han generado una creación desde la resiliencia.

Aníbal Nazoa.

Narrar ficción es mentir, posiblemente, con gran belleza. Escribir cuentos es “cuentear” o hacer recorrer tantas “historias de vida” con la palabra envuelta en magia, horror o humor, y demás posibilidades que el narrador sabe sacar de su “casita neuronal”. Facundo Cabral hizo célebre la frase de la mamá del Gabo, cuando expresó: “Yo no sé nada de literatura, yo solo sé que el Gabo tiene mucha memoria porque todo eso que escribió se lo contaron” . Vargas Llosa, declara: “En efecto, las novelas mienten -no pueden hacer otra cosa-, pero ésa es solo una parte de la historia. La otra es que, mintiendo, expresan una curiosa verdad, que solo puede expresarse disimulada y encubierta, disfrazada de lo que no es. Dicho así, esto tiene el aire de un galimatías. Pero, en realidad, se trata de algo muy sencillo. Los hombres no están contentos con su suerte, y casi todos -ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros- quisieran una vida distinta de la que llevan. Para aplicar -tramposamente- ese apetito nacieron las ficciones. Ellas se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las vidas que no se resignan a no tener”.[6] Los poetas también mienten como mudos perros marinos, los pintores mienten a colores o sin brocha alguna. La mentira poética es quizás, una extraña e interesante verdad. “El loco hierra pero no miente” decía el español Leopoldo María Panero desde su manicomio azul. Escribir podría ser un intento por “endemoniar dioses”, “espiritualizar verbos”, “purificar negruras del alma” o “sacar de quicio a alguien”. Dicen que Benedetti cuenta sobre una “historia romántica” lo siguiente: “Me enamoré de sus demonios y ella de mi oscuridad, éramos el infierno perfecto”. Más adelante dirá Benedetti si lo parafraseamos, que este jodido mundo es un pobre planeta de mierda y de huesitos rodando redondo en el espacio. Eso es una poética de descripción fatal de lo que sucede y parece “un no tan lindo poema” para obsequiar. En otros cuantos poemas, Benedetti se pone demasiado dulce y “romanticón”, vamos a estar claros.


Cantinflas: ¿Jugamos como lo que somos o como caballeros?


El gran Cantinflas expresaba: “O nos tratamos como caballeros o nos tratamos como lo que somos”. No sabremos si este texto que ahora leen ustedes, sirva de algo para generar reflexión, duda o hasta divertimento, pero es lo que le sale a deshoras a este servidor o “mal escribidor”. La vida nos hace ser lo que somos, es decir, unos “incivilizados mamiferianos” que se abotonan, se descalabran y masturban, se leen de reojo o “muchas veces se joden entre sí”; pero otras veces, solo otras veces escriben y escriben sin parar, incendiándolo todo con algo de “genialidad”.


Etimología de «JODER»  desde el LATÍN hasta el español actual


Notas

[1] Christian Vásquez. “Escribir libros es el peor negocio del mundo”. En revista Letras Libres, 12 de junio de 2019. https://www.letraslibres.com/mexico/literatura/escribir-libros-es-el-peor-negocio-del-mundo?


[2] Alberto Hernández. “Poesía y suicidio, de Miguel Marcotrigiano”. En revista Letralia, 11 de febrero de 2019. 


[3] Nicanor Parra. “Poemas”. En blog Poéticas, florilegio de metapoesía. S.f. 


[4] David Sánchez. “Insultos, peleas y críticas entre escritores”. En blog Las Lecturas de Mr. Davidmore, 6 de junio de 2014. 


[5] Maribel Marín Yarza. “¿A quién sirven los premios literarios?”. En diario El País, 13 de febrero de 2017. 


[6] Mario Vargas Llosa. “El arte de mentir”. En diario El País, 24 de julio de 1984. 


 



Ender Rodríguez (San Cristóbal — Venezuela, 1972). Escritor y artista multidisciplinario. Licenciado en Educación Integral. Ha publicado: Cantos del origen (2001, CONAC); El sofá de Beatrice (2006, CENAL); Primavera cero (IPASME, 2007); Creactivo I (BARIQUÍA , 2007); Rabo de Pez — Nuevos idiomas en la creación formato e—book (FEUNET, 2014); Entrecruzamientos (Editorial Académica Española EAE, 2015); Ex sesos y asa res Borrones para textos no tan perversos (CENAL, 2016), El Blues de la Parca – 10 cuentos grotescos (AMAZON, 2017) y Creactivo II (AMAZON, 2017) entre otros publicados en internet, y en físico como coautor. www.enderodrigueznomeempoeme.blogspot.com


26 JUNIO, 2020


MÁQUINA COMBINATORIA




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No te mueras Alejandra

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VISO: Aproximación a Una Imaginería Lírica en Venezuela


Wafi Salih: Entre el cósmico aleteo de las cigarras, los dioses y un ladrido de guerra






Ender Rodríguez

(San Cristóbal - Venezuela. 1972) Escritor y artista multidisciplinario. Lcdo en Educación Integral. Ha publicado: Cantos del origen (2001, CONAC); El sofá de Beatrice (2006, CENAL); Primavera cero (IPASME, 2007); Creactivo I (BARIQUÍA , 2007); Rabo de Pez Nuevos idiomas en la creación formato e-book (FEUNET, 2014), Entrecruzamientos (EAE Editorial Académica ESpañola 2015), Ex sesos y asa res Borrones para textos no tan perversos (CENAL, 2016), El Blues de la Parca (AMAZON, 2017), Creactivo II (AMAZON, 2017), Poemas Absurdos (LP5 Chile, 2020) y VISO Poesía visual, objetual y collages en Venezuela (SABERULA, 2020) entre otros publicados en internet, y en físico como coautor. Ha publicado en espacios digitales literarios de Venezuela, España, México, Bolivia, Argentina, Chile, Colombia y Brasil. A través del proyecto LAVOE algunos de sus poemas se han traducido y grabado al alemán, inglés, francés, portugués, wayuú y africano. Actualmente se plantea publicaciones alternativas, audiopoesía y experimentos variados en otras plataformas de publicación digital y audiovisuales de fácil acceso.(SCRIBD / ACADEMIA.EDU / SABERULA)




miércoles, 19 de junio de 2013

Nicanor Parra, poeta chileno: Yo en lo que escribo, no siempre logro expresar lo que siento.


EN FAMILIA. El poeta con su hermana Violeta en la Carpa de La Reina, donde ella se suicidó.



“Yo me debilité con la academia”.
Entrevista a Nicanor Parra


12-12-2011

El Premio Cervantes le llegó recién a los 97 años. En esta charla, una de las pocas que concedió en los últimos tiempos, habla de su idea de la poesía.

 

 

POR GUILLERMO PELLEGRINO

 


El encuentro había quedado pactado para el mediodía. A las doce en punto, junto con el poeta chileno Raúl Zurita, arribamos a Las Cruces, un pequeño pueblo sobre el Pacífico, a una hora y media de Santiago. No bien entramos, preguntamos a un lugareño por la dirección que teníamos apuntada. “¿Van a lo de Nicanor?”, recibimos inmediatamente como respuesta. “Pues hubieran empezado por ahí”. En Las Cruces no hay quien no sepa dónde vive. Su casa, ubicada debajo del nivel de la calle y como colgada de un barranco, tiene en la puerta de entrada un sello inconfundible: un grafiti con la leyenda “antipoesía”. El creador de los antipoemas nos invita a la terraza con una espectacular vista al océano. La charla se ambienta. El grabador va a entrar en escena. “No”, dice cortante. “No quiero que me graben ni tampoco fotos; tome apuntes, apele a la memoria”. Así, a la vieja usanza, se desarrolló esta entrevista realizada en 2006. 


-Me gustaría saber cómo de una familia semirrural de Chillán, con pocos recursos, surgieron integrantes tan creativos, que lograron trascender las fronteras de su clase. 

-Ya alguna vez mi abuelo contestó esa pregunta: “Más discurre un hambriento que cien letrados”. ¿Qué quiso decir con eso? Que debimos estudiar y trabajar harto. ¡Teníamos hambre! (estira la última vocal, algo muy suyo; lo repite en varias ocasiones durante esta charla).



-Cuénteme de su abuelo.



-Mi abuelo Parra era un hombre muy inteligente. Un tinterillo. Así les llaman a quienes no han concluido sus estudios de abogacía, pero que de todas formas trabajan como tales. En su tiempo llegó a hacer una pequeña fortuna: tenía, además de su casa, varias propiedades ¡Era un archiduque! (vuelve a estirar la última vocal). 



-¿Y qué pasó luego? Por lo que sé usted y sus hermanos pasaron una infancia con algunas necesidades. 



-Los hijos del abuelo (entre ellos mi padre) se “farrearon” toda aquella pequeña fortuna. En este tipo de historias, que a veces suelen darse, no debemos olvidar a Thomas Mann cuando decía algo así: “Una generación trabaja; la segunda acumula fortuna; la tercera lleva esa fortuna al máximo; y la cuarta la dilapida. Y así todo vuelve a cero”. 



-O sea que Violeta y usted, a posteriori los personajes centrales de la familia, no tenían más que perder – y no me refiero sólo a lo económico –; toda actividad que emprendieran estaba destinada al crecimiento.


-Un momento. El personaje central de la familia es Roberto. El ha sido el más … el más … auténtico … sí, auténtico, esa es la palabra apropiada. La Violeta se debilitó con la academia, de eso yo tuve la culpa. Yo mismo también me debilité con la academia: Perdí el idioma patrio…



-¿El idioma patrio? ¿Qué quiere decir con eso? 



-El idioma patrio era el idioma de los barrios bravos de Chillán. Perdí ese idioma cuando fui al liceo del pueblo. Yo era el niño pobre de aquel liceo en el que había que hablar como hablaban los “chilenos”, los descendientes de españoles. En cambio en la periferia, donde nosotros vivíamos, se hablaba como hablan los mapuches, ¡estábamos como en un gueto! Y no fue ese el único idioma que dejé por el camino. Más tarde, cuando fui al internado Barros Arana de Santiago, perdí el idioma del liceo; cuando me vinculé a la Sociedad de Escritores, perdí el idioma del internado; y finalmente perdí todos esos idiomas cuando fui a Oxford. En cambio Roberto jamás perdió el idioma patrio, aquel del barrio Villa Alegre, en los suburbios de Chillán.



-Seguramente que ese barrio chillanejo, además de la manera de hablar, tendría códigos muy propios, ¿verdad? 



-En Villa Alegre, barrio que pocos saben que es un verdadero gueto, hay una cuestión que es básica y que vine a descubrir muchos años después. Para poder graficar lo que es el barrio, paso a contarle la siguiente historia: Hace unos diez años, cuando ya era un viejo, volví a Chillán, a aquel barrio que está prácticamente igual que cuando lo dejé en la adolescencia. Fui a “olfatear”, quería ver qué pasaba ¿ah? Y mientras lo caminaba me encontré con un minimercado, que no existía en mi época. Decidí entrar a husmear y lo que enseguida me llamó la atención fueron unos sachets de leche, que no había en ese momento en Santiago, y que estaban acomodados de manera tal que formaban una especie de pirámide. A raíz de eso decidí dirigirle la palabra a la dueña del lugar. ¡Error! ¡Ahí advertí que en esos barrios no pueden hacerse determinado tipo de preguntas! A la señora la abordé con la siguiente cuestión: “¿Podría decirme de dónde viene esa leche?”. Lo primero que me dijo fue: “¡Qué pregunta!”. E inmediatamente me respondió: “De la vaca pues, porque no vamos a decir que viene del toro ¿ah?”. La respuesta es típica de ese barrio, te responden así porque tú has transgredido el código. Y el código dice que no pueden hacerse determinadas preguntas. Al recibir esa respuesta me dije a mí mismo lo siguiente: pobre señora, no sabe que yo también soy chillanejo, entonces voy a contestarle como chillanejo, de ese barrio: “Señora, parece que usted fuera chillaneja”, lo que significaba una agresión espantosa. “Y usted parece que no fuera de aquí (de Villa Alegre)”, me refutó. Después de esa situación, por primera vez supe de donde venían Violeta, Roberto y toda la familia Parra.



-¿Usted nunca había reparado antes en ese tipo de conductas?



-La cuestión fundamental ahí es el contacto humano: no hay manual de urbanidad, siempre es como un encuentro de dos primeros hombres, se trata de ver quién es Caín y quién Abel. En cada diálogo hay un Abel que vuelve a caer, que es el que queda marginado, y el otro es el que queda de amo … En aquel barrio mapuche de Chillán eso se presenta de una manera absoluta, descarnada. Ese comportamiento de la gente de Villa Alegre es algo que no está estudiado por nadie. 



Estas cosas que conté son para ilustrar que toda pregunta es una agresión. Esa es una de las cuestiones básicas en el barrio Villa Alegre. Lo que allí rige es la sintaxis mapuche, la cultura mapuche.



-Llama la atención que usted, observador agudo según cuentan quienes mejor lo conocen, viene a descubrir y a interesarse por estas conductas después de tantos años. 



-Es que uno cuando joven no tiene mucha capacidad crítica, cree que todo el mundo es así, como uno lo ve, pero la verdad que no es así. Fíjese que en Santiago yo a veces hago estas preguntas y el interlocutor me las responde, a lo sumo puede decirme que no sabe, pero siempre con el manual de urbanidad en la mano. Y ahí me vine a dar cuenta de esos códigos a los 80 años. Porque antes a los 30, a los 40, no los advertía, sufría nomás. De ese sufrimiento surgen los antipoemas. 



-Yo creía haber leído que nacieron por oposición a algo o a alguien, ¿no habló usted en alguna oportunidad que eran como una oposición a la poesía de Neruda?



-Me gustaría decirle que la antipoesía en último término es no a algo: primero es no al establecimiento mapuche, y después es no al establecimiento total, porque en ese establecimiento se reproducen las mismas situaciones que en Villa Alegre, en otros planos. Siempre se está decidiendo quién es quién (aparece esa puja de Caín y Abel), de una manera más disimulada o más elegantosa, pero de eso se trata … En cuanto a lo que me dice usted de que eran versos para oponerse a la poesía de Neruda, le contesto que eso es lo que hablan los críticos. Yo fui un gran admirador de Neruda (N. del A.: Uno de los libros que se asoma desperdigado en el living es, justamente, una Antología de Neruda). Me gustaba su poesía. 




-¿Qué tipo de relación tenía con él? 



-Optima. Fíjese usted que el primero en captar y entender los antipoemas fue Neruda. ¿Quiere saber cómo fue esto? Una vez, mientras paseábamos por debajo de unos árboles en su casa de Los Guindos, él me tomó de un brazo (El siempre “pescaba” del brazo al interlocutor porque había encontrado esa manera para seducirlo, porque él era un gran seductor, ¿ah?) y me susurró al oído: ‘Vamos a hacer una revista de poesía y los directores van a ser los poetas chilenos, o sea tú y yo. ¡Yo que era un poco el diablo, iba a ser uno de los directores!, pensaba para mis adentros. Y enseguida me preguntó: “¿Qué nombre le pondrías tú? ¿’Autobombo’?”. Y antes de que pudiera decirle algo me dijo: “No … ‘Bombo mutuo’.” 



-¿Recuerda en qué circunstancias Neruda se topó con los antipoemas? 



-Fue en otra oportunidad que en los mismos términos se acercó y me dijo: “Vamos a hacer un recital de poesía en mi casa donde van a participar los tres poetas chilenos, o sea: Juvencio Valle, tú y yo, nadie más. Y el recital se hizo nomás. Había un living en la casa, con una docena de sillas, una mesa al frente y los tres poetas, el Pablo al medio. Cada uno leyó sus cosas hasta que me tocó a mí: allí por primera vez leí en público tres antipoemas (“La viuda”, “La trampa” y “Los vicios del mundo moderno”) en presencia de “el poeta de Chile”, que es Pablo. Recuerdo que varios de los concurrentes se reían; me sentí incomprendido y entonces me aparté. El Pablo, en tanto, quedó ahí con su séquito de admiradores, pero al rato me doy cuenta de lo siguiente: frente a mí hay alguien que se está paseando como un oso enjaulado, era él, rascándose la nariz (un gesto muy suyo, significaba que estaba preocupado) hasta que se detuvo. “Nicanor”, me dijo, en eso era muy cariñoso, me trataba por el nombre, cuando en general en esa época todos nos tratábamos por el apellido. “Tengo que hacerte una pregunta: ¿Cómo escribiste esos poemas que acabas de leer? Porque tú no eras poeta”. Me sorprendí. “Esta es la segunda vez que me pasa algo así”, él siguió hablando. “Yo no suelo equivocarme en estas cosas, antes me equivoqué con Jorge Adoum, que yo pensé que no era poeta, pero resulta que hoy es el mejor poeta de Ecuador. Nicanor, luego tienes que decirme como los has hecho, si piensas hacer un libro entero con estos poemas no va a quedar títere con cabeza”. Fue, como le dije, el primero que captó la cosa, ¡y tuvo esa manera de reaccionar! 



-En el primer libro suyo hay una presencia importante de García Lorca, de Whitman. ¿Cómo se da la ruptura y pasa de ese libro a los famosos antipoemas? 



-Cuando en la década del 30 escribí mi primer libro con claro sello garcialorquiano, yo no sabía bien lo que se esperaba de un poeta. En esa época todo el mundo hablaba maravillas de García Lorca y de Rafael Alberti. Fue por eso que me decidí a escribir poesía. Me dije: “¡Y por qué no puedo yo publicar si puedo hacer cosas parecidas a éstas y tan buenas como éstas!”. Así escribí aquel primer libro creyendo que era lícito hacer las cosas tal como las había hecho García Lorca, aunque con variaciones menores. Pero cuando el libro salió vinieron las críticas: varios “entendidos” me apuntaron diciendo, fundamentalmente, que tenía una fuerte influencia garcialorquiana, y no sé cuántas cosas más. Fue en ese momento que me convencí de que lo que había que hacer era algo que no existía antes, el mito de lo nuevo, ¿ah? ¿Así que se trata de eso?, me dije. Bueno, aquí tienen. Ahí surgieron los antipoemas. 



-En gran parte de su antipoesía se percibe un lenguaje de prosa, a punto tal que mientras preparaba esta entrevista y cuando le leí a un crítico una parte del poema “Cambio de nombre” me dijo: “Pero ese es un prólogo de un libro”. ¿Cuáles son los límites de la poesía para no invadir otro género? Porque en su obra parece haber un límite difuso.



-Hay una definición de Dylan Thomas que me encantó y aún suscribo: “poesía es lo que está bien dicho, nada más”. Pero para que esté bien dicho hay condiciones acústicas. No basta con estar sólo bien escrito, tiene también que estar bien pronunciado, hay que pensar que es algo que se va a leer. Entonces entra en órbita también el sonido, y aquí viene el problema de la música. Aquí entra a jugar lo que se llama pentámetro yámbico. Cualquier cosa que usted diga con ese metro va a sonar bien … Ahí entonces tenemos que si un insulto en la calle está bien dicho es poesía popular. Los grafitis también entran en el género de la poesía, pero siempre y cuando estén bien hechos, porque hay grafitis muy malos también, ¿ah? ... Alguien dijo alguna vez: “Las grandes verdades del siglo XX no están en los libros, están en las paredes de los baños públicos”. Vox populi, vox dei. Me surge lo que alguna vez leí en un baño: “La caca se come. Un millón de moscas no pueden estar equivocadas”. ¡Esa frase! ¡Yaaaa! Fíjese como del pentámetro yámbico pasé a la frase hecha. 



-¿A qué poetas admira? 



-En estos momentos a quien más admiro es a Lina Paia. 



-Disculpe mi ignorancia, ¿a quién? 



-Lina Paia es mi nieta (la hija de Juan de Dios, uno de sus hijos). Cuando tenía un año y medio, y aún era poco lo que hablaba, estábamos en una reunión familiar y pidió la palabra: “Yo, Lina Paia ...”. Su nombre es Josefa Cristalina Parra. Desde entonces presto mucha atención a ella y en general a los niños cuando hablan, por cómo enfrentan el problema del lenguaje. A pesar de que yo ya era Premio Nacional de Literatura, Premio Juan Rulfo y varias veces candidato al Nobel, por primera vez en aquella oportunidad entré a fondo en el estudio del lenguaje, escuchando hablar a la Lina Paia, observando cómo compone sus frases. Eso es lo que pasa con la Lina Paia. Ella dice lo que siente, y eso es la maravilla total. Porque cuando se dice lo que se siente, se está en el Ser, con mayúsculas. 



-Y en su poesía, ¿logra usted expresar lo que siente?



-No siempre, no siempre. Le diría que el uno por mil. Ella, en cambio, lo hace todo el tiempo. Lo que sí intento y tengo claro es que hay que expresar lo que uno quiere decir con el mínimo de palabras.



-Hay algún hecho específico que lo lleva a introducir signos no poéticos en su poesía, porque no es simple incluirlos y que suenen poéticos, es todo un riesgo. 



-Esas son las huellas de la Lina Paia, que habla por necesidad y no por vanidad. La antipoesía es una asociación por necesidad; sin embargo, nunca he podido lograr el grado de necesidad que tiene un niño. Es que uno, hasta hoy, sigue hablando por vanidad.

Tomado de la revista Ñ