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domingo, 14 de junio de 2026

Rafael Victorino Muñoz a Alberto Hernandez: El Diente Roto es una biblioteca digital de literatura venezolana

 




Rafael Victorino Muñoz:

“En El Diente Roto los personajes son las palabras”

Alberto Hernández domingo 29 de mayo de 2022



Rafael Victorino Muñoz: “El Diente Roto está más cerca de la enciclopedia que de la revista”. 




Juan Peña es un personaje creado por el escritor venezolano Pedro Emilio Coll. Ese invento fue titulado “El diente roto” y se hizo cuento, leyenda, relato casero y callejero en un tiempo cuando en Venezuela era posible convertir en reales a los personajes de cuentos, novelas o películas. Juan Peña entonces andaba con los muchachos en la escuela (porque también los escolares lo inventaban a diario), siempre tocándose el diente con la lengua. Se concentraba tanto en su curiosidad bucal que lo creyeron genio. Hasta que se murió. Pero nada, quedó el nombre de Juan Peña y Pedro Emilio Coll se reveló como el escritor que ya era, pero que necesitaba a un personaje como ese para pasar a la posteridad.


“El diente roto” es uno de los cuentos clásicos venezolanos. Uno de los relatos donde el narrador entra en la psiquis del personaje y hace que éste entre en la del lector, quien a veces usa su lengua para confirmar que también tiene o no un diente maltratado por un guijarro que unos granujas le lanzaron al pobre Juan Peña.



Ahora, en tiempos de lectura electrónica, cuando Juan Peña es una referencia, aparece como duende literario en una página que lleva por título el mismo que Coll le puso a su historia. Se trata de una página literaria dedicada a ofrecer publicaciones venezolanas de varios géneros a los lectores del mundo internauta: El Diente Roto, creada y dirigida por Rafael Victorino Muñoz, ya tiene un asiento en la primera fila de publicaciones alternativas.



Pensábamos en algo más bien como una revista, un blog acaso. En ese momento comencé con unas cuentas de redes sociales.

—¿Cómo nació El Diente Roto?


—La idea de un espacio como El Diente Roto nació hace unos años, con quien era mi pareja. Creo que al principio no era tan ambiciosa como es hoy día, o era distinta. Pensábamos en algo más bien como una revista, un blog acaso. En ese momento comencé con unas cuentas de redes sociales. Lo cierto es que ella se fue, pero la intención quedó. Tal vez sea lo bueno de las ideas. En fin.


—Unas se van, otras quedan. Así, quedó El Diente Roto.




—El nombre siguió intacto. Te comento que éste nació con la misma idea. Fue automático. Y me gustó porque es emblemático de la literatura venezolana. No hay quien no conozca el cuento y no lo asocie con nuestras letras. Había otras opciones, pero no me cuadraban, o estaban ocupadas. Por ejemplo, “Doña Bárbara” ya era un restaurant. “La mano junto al muro” y “País portátil” también los habían usado. Lo cierto es que por un tiempo el proyecto cayó como en un limbo, que no era en realidad un limbo inactivo, ya que siempre estaba dándole vueltas en la cabeza (aunque ahora ya solo). Me ponía a pensar en lo que me gustaría que fuera, lo que tendría.


Pedro Emilio Coll. Imagen tomada de aquí.


El Diente Roto


—Es una hermosa aventura. Sacar del olvido a un autor, a Pedro Emilio Coll, por ejemplo.


—Sí, paralelamente, siempre me encontraba con situaciones, en la realidad o por lo que las personas me preguntaban, y que me reforzaban en la intención. A veces entraba en alguna librería y observaba que sólo había alguno que otro autor venezolano, de esos que están más o menos de moda, y esto lo digo sin connotación peyorativa. Además de los clásicos de siempre.


—Uno de los trabajos necesarios: leer los libros olvidados...




—Pero un libro tuyo o mío, poeta, es algo no muy común. Parece una paradoja, y no sé si en algún otro lugar del mundo suceda: los libros más difíciles de encontrar en Venezuela son los de los autores venezolanos. También comencé a ver que había algún que otro material de nuestros escritores en distintas webs, algunas que hacen y hacían un trabajo muy bueno, como por ejemplo Ficción Breve, Letralia, Vomité un Conejito, (😨Falta el Grupo Li Po🤪😝). Pero por otro lado me encontraba con que faltaban muchas cosas. Si por ejemplo uno escribía el título “La balandra Isabel llegó esta tarde”, otro cuento venezolano emblemático, encontraba un millar de páginas hablando de la película y en ninguna podía leer el cuento (ahora sí está: en El Diente Roto).


—Afortunadamente...


—También algo que se sumó como un motivo más, y que estaba sucediendo en los últimos años, era que el panorama del libro en Venezuela había ido cambiando. Editoriales alternativas que ya no publican, concursos que han desaparecido, espacios que se han ido perdiendo...


—Sí, la nueva realidad nacional. El nuevo orden cultural criollo.


—De este modo, para los autores es cada vez más cuesta arriba ver un libro con su nombre en la portada. Y aunque podían y pueden hacerlo motu proprio, cada iniciativa queda como dispersa. Haría falta como un espacio que funcionara como un crisol para la literatura de creación, así como para el trabajo investigativo, pensaba yo.



Me dije: bueno, ¿por qué no dejas de quejarte por lo que hace falta y vas y lo haces? Y así fue. Pagué mi dominio y mi alojamiento y comencé con El Diente Roto, yo solito.


—¿Qué razones te movieron a crear El Diente Roto?


—Serían muy largas de enumerar las razones que se iban sumando. Sin embargo, no me decidía. Creo que el detonante de todo fue, para mí, la muerte de mi querido profesor Orlando Chirinos. En ese momento, para recordarlo, me puse a releer uno de sus libros: En virtud de los favores recibidos. Una obra por demás muy buena. Al terminarlo revisé el colofón y veo que se habían impreso quinientos ejemplares del mismo. Y que la edición era de una universidad. Me pregunté cuántos libros de esos habrán salido del ámbito de la universidad, cuántas personas más lo habrán leído, por qué una obra tan buena no llega a más personas...

Orlando Chirinos. Fotografía de José Antonio Rosales.


—Tantos ejemplos de libros que no se ven porque el tiraje es mínimo.


—Esas preguntas se sumaron a las demás que ya tenía y me dije: bueno, ¿por qué no dejas de quejarte por lo que hace falta y vas y lo haces? Y así fue. Pagué mi dominio y mi alojamiento y comencé con El Diente Roto, yo solito, sin pedir permiso a nadie ni consultar cómo se supone que debía hacerlo. Porque aunque yo sé usar redes sociales, tengo correo y demás, nunca había creado una página. Y como no tenía ni tengo dinero para pagarle a un diseñador, me tocó aprender por ensayo y error.


—Y así nació...


—Y allí está El Diente Roto; nos falta poco para cumplir un año y siento que hemos logrado ya calar en el ánimo del lector. Y ya no estoy tan solo. Se han venido a sumar al proyecto algunas personas, que me envían colaboraciones y me apoyan. Puedo mencionar al respecto a Gabriel González, quien fue el primero que me dio una mano con la página, aunque luego tuvo que asumir otros compromisos; también a José Ignacio Ochoa, a José Ochoa Díaz, a Milagros Mata Gil...


—¿Quién más te acompaña en esta aventura?


—Por ahora cuento con mis dos manos derechas que son Mirih Berbin y Alirio Fernández Rodríguez, quienes me ayudan muchísimo con las redes sociales de El Diente Roto. Además, junto con Mirih estamos comenzando a trabajar en un blog de la literatura venezolana en inglés, llamado por supuesto: The Broken Teeth. Y Alirio está también haciendo un trabajo extraordinario, unos retratos hechos de palabras sobre nuestros autores contemporáneos... Sé que nos faltan todavía muchos escritores y obras por publicar y muchas cosas por mejorar, sobre todo en la parte gráfica. Espero en algún momento poder contar con el concurso de un buen diseñador, para mejorar en este sentido. Pero por ahora me siento contento con la forma que va tomando la página, sobre todo por la organización de los contenidos en las secciones de cronología e índice.


—¿Cómo defines genéricamente tu publicación?


—Debo aclararte que el concepto de El Diente Roto está más cerca de la enciclopedia que de la revista. Y es así como siempre lo he querido, desde que se materializó en la realidad virtual de la web. La idea es tener a los autores ordenados alfabética y cronológicamente y desde allí acceder a sus biografías y desde las biografías a los textos de cada uno. Aunque cuando se entra por la página principal es como si fuera una revista. Pero si entras en las secciones correspondientes a cada género, entonces funciona como una antología, de poesía, de cuento, de ensayo. Y si te vas por la sección “Biblioteca”, es eso: una biblioteca digital de literatura venezolana. Así que El Diente Roto, más que una revista, tiene algo de historia, de enciclopedia, de antología (varias antologías) y de biblioteca. Es a lo que aspiramos.



La meta es que aparezcan, algún día, todos los autores de este país que hayan publicado por lo menos un libro.


—¿Quién puede publicar en El Diente Roto?


Me gustaría enfatizar que el trabajo que hacemos en El Diente Roto es un trabajo sin egoísmo, sobre todo sin sectarismos. Aquí no se excluye a nadie por inclinaciones políticas, religiosas, por tendencias o por géneros. La meta es que aparezcan, algún día, todos los autores de este país que hayan publicado por lo menos un libro. Aunque sea por Amazon. Porque tampoco me parece justo excluir a alguien que no haya podido editar en impreso, considerando que esto es tan difícil hoy día. Además, estamos dándoles apoyo, desde la página o desde las redes, a quienes también hacen algún trabajo por la literatura venezolana. Si entras en El Diente Roto verás que tenemos los enlaces para otras webs de instituciones o revistas, como si fuera una publicidad, pero sin cobrar. La idea, para mí, es sumar y sumar. La causa es una sola: la literatura venezolana.


—¿Qué metas te has trazado con la publicación?


—La meta: ser una fuente permanente de consulta para el investigador y una fuente de solaz para el lector.


—¿Qué lee Rafael Victorino Muñoz?


—Bueno, leo relatos breves, pero también cuentos y novelas. Entre mis gustos están Italo Calvino, Jorge Luis Borges, Cesare Pavese, Camilo José Cela. Entre los venezolanos están José Rafael Pocaterra, Miguel Otero Silva, Arturo Uslar Pietri. Los poetas como Vicente Gerbasi y Fernando Paz Castillo.


—Tengo entendido que vives en Valencia, estado Carabobo.


—Sí. Y en Valencia vive El Diente Roto.



https://letralia.com/entrevistas/2022/05/29/rafael-victorino-munoz-el-diente-roto/


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Rafael Victorino Muñoz. Fotografía de Sergio Gómez Antillano.



Rafael Victorino Muñoz

Docente y escritor venezolano (Valencia, 1972). Egresado de la Universidad de Carabobo (UC) en lengua y literatura y magíster en lectura y escritura de la misma institución, en la que además ejerce como profesor; es coordinador del Programa de Lectura y Escritura de la Secretaria de Educación del Gobierno Bolivariano de Carabobo. Ha participado como ponente y conferencista en diferentes eventos nacionales e internacionales, relacionados tanto con la literatura como con la lengua escrita. Ha publicado los libros de relatos Pre-textos (1996, Ediciones Separata de la UC), Alba para dos ciegos y otras maniobras (1997, Ediciones del Gobierno de Carabobo), Relatos (2004, Conac/Ministerio de Cultura), Retablos (2006, Monte Ávila Editores),“Olímpicos e integrados”(2012) y “Página Roja” (2017) así como el conjunto de ensayos Notas y digresiones (2000, Predios) y varios cuentos, reseñas y textos de prosa diversa, entre los que se incluyen trabajos de investigación, en diversas publicaciones periódicas: El Carabobeño, El Espectador, Letra Inversa, La Tuna de Oro, Predios, Candidus, Segmentos y otras. Ha obtenido los premios del concurso de cuentos “Salvador Garmendia”, de la Bienal “Simón Rodríguez”, del Certamen Mayor de las Artes y de la I Bienal Nacional de Literatura Rafael Zárraga (2011).

Es fundador del portal de literatura venezolana eldienteroto.org. (2021).

Tomada de Letralia

rvictorino27@hotmail.com

Twitter:@soyvictorinox

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Alberto Hernández. Fotografía de Alberto H. Cobo.


Alberto Hernández, es poeta, narrador y periodista, Fue secretario de redacción del diario El Periodiquito. Es egresado del Pedagógico de Maracay con estudios de postgrado de Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar. Es fundador de la revista literaria Umbra y colabora además en revistas y periódicos nacionales y extranjeros. Ha publicado un importante número de poemarios: La mofa del musgo (1980), Última instancia (1985) ; Párpado de insolación (1989),  Ojos de afuera (1989) ganadora del 1r Premio del II Concurso Literario Ipasme; Nortes ( 1991), ; Intentos y el exilio(1996), libro ganador del Premio II Bienal Nueva Esparta; Bestias de superficie (1998) premio de Poesía del Ateneo de El Tigre y diario Antorcha 1992 y traducido al idioma árabe por Abdul Zagbour en 2005; Poética del desatino (2001); En boca ajena. Antología poética 1980-2001 (México, 2001);Tierra de la que soy, Universidad de Nueva York (2002). Nortes/ Norths (Universidad de Nueva York, 2002); El poema de la ciudad (2003). Ha escrito también cuentos como Fragmentos de la misma memoria (1994); Cortoletraje (1999) y Virginidades y otros desafíos.  (Universidad de Nueva York, 2000); cuenta también con libros de ensayo literario y crónicas. Publica un blog llamado Puertas de Galina. Parte de su obra ha sido traducida al árabe, italiano, portugués e inglés. 

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EL GRUPO LI PO CUMPLE AÑOS por José Pulido



Rafael Victorino Muñoz: Los políticos opositores tienen el síndrome de Sebastián, el de Casa Muertas, sueñan despiertos entrar en Caracas en un brioso caballo blanco después de derrocar a la "tiranía."




Rafael Victorino Muñoz a José Pulido: Me duele la gente en Venezuela que no tenga para comer, trato de ayudar, pero estoy limitado. Tienes que pensar en sobrevivir mañana





Fray José Pulido: caballero poeta




RAFAEL VICTORINO MUÑOZ en el 2009: Ante la avalancha de textos publicados por el Estado venezolano el lector común necesita una orientación acerca de qué leer de ahí la existencia del plan nacional de la lectura 2002-2012 Todos por la lectura, y el Plan Revolucionario de Lectura




La enemistad secreta de bosques y bibliotecas en el Elogio del Libro







2016: LA UNIVERSIDAD DE CARABOBO DESTRUYE SUS LIBROS





jueves, 9 de abril de 2026

Lorenzo Vigas, director de cine venezolano: En "Desde allá", las mujeres no están pero sí que son importantes.

 

 .Imagen tomada de aquí.


Entrevista con Lorenzo Vigas, director de ‘Desde allá’


Posted on July 7, 2016


Galardonada con el León de Oro en Venecia, Italia, ‘Desde allá” explora la relación entre un señor profesional y un joven de la calle —dos hombres de clases diferentes cuya relación de amigos, padre e hijo y amantes deviene en un lazo eminentemente humano.  





Esta sólida ópera prima del director venezolano Lorenzo Vigas es un filme parco y muy masculino en el que la ciudad de Caracas figura como tercer protagonista. Escueta y distante, ‘Desde allá’ comunica tanto mediante la historia como a través de su estética gélida.




Dos días después de su exitosa presentación en el marco del Festival Internacional de Cine de San Francisco, charlamos con Lorenzo Vigas sobre sus inicios en el mundo del cine, su obsesión con el tema del padre ausente, su trabajo con los actores y su labor visual.


 .Imagen tomada de aquí.



Naciste en Mérida, Venezuela; estudiaste en Florida y en Nueva York; viviste en México… ¿Cómo nació tu pasión por el cine?


Soy hijo de un pintor que se llama Oswaldo Vigas, uno de los artistas más importantes de Latinoamérica. Estudié biología y el cine era mi hobby. Hacía películas caseras con mis amigos del bachillerato. Pero la biología era lo serio. Hice una carrera técnica de oceanógrafo en Venezuela, la licenciatura en Tampa, Florida, y cuando estaba en Boston haciendo una maestría en biología molecular, un día me levanté y me dí cuenta que necesitaba expresarme.


La ciencia no me iba a dejar expresarme y tenía una necesidad de expresión. Yo sabía que era algo visual. Entonces me fui a Nueva York donde hice dos talleres de cine en la universidad de NYU. No quise hacer la carrera, sino que solamente aprender las cosas prácticas. A partir de ahí empecé a escribir cortos. Me fui a Venezuela donde trabajé unos años haciendo infomerciales y documentales institucionales. Pero en realidad lo que quería era hacer una película. Ya había escrito un guión que contenía la idea para ‘Desde allá’.

Imagen tomada de aquí.


Y te fuiste a México donde conociste a Guillermo Arriaga, quien sería coguionista de tu debut cinematográfico.


Lo conocí en Venezuela, donde le comenté la idea y me dijo ‘me encanta tu película, quiero ayudarte a producirla’. Para mí fue una oportunidad de salir de Venezuela, donde no tenía de quién aprender. Me fui a México D.F. y trabajé unos años con Guillermo, y luego conocí a Michel Franco y Gabriel Ripstein que ahora son mis socios. La productora de ellos se llama Lucía Films. Y yo tengo mi propia productora que se llama Malandro Films. Y nos asociamos.




Has declarado que ‘Desde allá’ nació de tu interés por contar una historia sobre la figura del padre. En tu película hay dos padres, uno maltratador y otro ausente.


Sí, el padre de Armando y el de Elder; y luego Armando empieza a ser el padre de Elder. Es la figura del padre vista desde diferentes perspectivas. Estoy trabajando en una trilogía sobre el tema del padre ausente, un tema que me obsesiona. La primera parte es un cortometraje que hice hace tiempo, ‘Los elefantes nunca olvidan’, que está disponible en YouTube. Luego está ‘Desde allá’, y una película en la que estoy trabajando ahorita en el guión que se va a llamar ‘La caja’, el final de la trilogía.


Oswaldo Vigas. Foto de Darwin García


¿Tu padre estaba ausente cuando tú creciste?


Nunca. Siempre fue muy cercano. Yo tuve una relación muy emocional y próxima con él. Murió hace dos años. Éramos muy cercanos y muy amigos. No tiene que ver con eso, tiene que ver con el arquetipo. Por alguna razón conecté con el arquetipo. Quizá porque mi papá es muy famoso hice un contacto con ese arquetipo, pero no porque tuviera una experiencia de ese tipo con mi padre, sino todo lo contrario.


‘Desde allá’ es una película muy de hombres, con las mujeres en segundo plano…


Pero que al final son muy importantes. Fíjate que para mí la mamá de Armando es muy importante en la película, aunque sólo la vemos en fotografía, ya que la casa de Armando está llena de fotos de su mamá. Ahí es donde él le dice a Elder cuando están comiendo que su mamá lo enseñó a cocinar. Él siente ese confort en su casa justamente porque vive con su madre. Las mujeres no están pero sí que son importantes.




Excelentes actuaciones. ¿Cómo escogiste los actores y trabajaste con ellos?


El reto más grande fue encontrar al joven. Vi la foto de Luis Silva en una agencia de casting y quise conocerlo —fui a comer con él, fuimos al cine…, nos hicimos muy amigos. Enseguida me di cuenta que él iba a ser el protagonista porque es un chaval brillante, intuitivo, con una gran presencia. Tuvimos un año de relación antes de filmar. Fue riesgoso porque nunca le hice una prueba de casting, ya que pensé que no era necesario.


Y luego vino Alfredo Castro, para mí el actor más importante hoy en día de Latinoamérica. Cuando aceptó me quedé tranquilo. Necesitaba un actor sólido para poder hacer un juego con este otro actor que no era actor. Me gusta mucho hacer combinaciones de actores y no actores.



Durante la filmación, Luis nunca supo de qué trataba la película. Cada día recibía una líneas e iba descubriendo su personaje poco a poco. Quería que su personaje fuera muy crudo, sin que se hiciera una idea intelectual del personaje.


¿Entonces Luis nunca leyó la historia entera?

Nunca, la fue descubriendo poco a poco. Sabía que tenía que interpretar unas escenas muy fuertes, como una escena de sexo, pero sin saber de qué trataba la historia. En el mismo set aprendía sus líneas de diálogo y empezábamos a ensayar y filmar. Hicimos un taller de actuación durante cuatro meses con quienes harían de amigos de él en la película, que tampoco son actores, para que se conocieran, aprendieran a expresarse y se sintieran cómodos. Pero las escenas las ensayamos ya en el set filmando.




‘Desde allá’ también presenta un sopesado balance entre la forma y el contenido: comunica tanto visualmente como mediante la historia en sí. ¿Cómo fue tu labor con el director de fotografía?

Es una película donde las cosas que no se dicen son muy importantes, razón por la cual era muy importante que la forma tuviera sintonía. Hay muchas cosas que no se muestran, que ocurren fuera de cuadro o que ocurren fuera de foco, lo que estimula la imaginación del espectador. Estás obligado a estar activamente completando en tu cabeza. Es una película que te obliga a meterte, no te da opción.


Hoy en día las películas nos dicen exactamente qué sentir, qué pensar. No estás activo como espectador. A mí me parece importante estimular la imaginación del espectador. Mi película juega con la ambigüedad, porque la vida es ambigua: uno no está nunca seguro de sus sentimientos, no sabe si quiere a la mamá o si la odia, si quiere a la novia o el novio o si lo odia… Creo que es importante jugar con la ambigüedad en el cine porque así es la vida.


El trabajo con Sergio Armstrong, el director de fotografía, fue muy rico. Yo tenía unas ideas un poco extremas —dejar cosas fuera de foco, fuera de cuadro— y él entró en sintonía rápidamente, le gustaron mis ideas. Me llevé muy bien con él. Es un gran fotógrafo.


En la presentación en el Cine Roxie hablaste de cómo la filmación sucedió justo antes de unas manifestaciones masivas en Caracas y lo difícil que es hacer cine en Venezuela…

Sí, las manifestaciones estudiantiles que ocurrieron hace dos años. Terminamos de filmar justo antes de que sucedieron. Es muy difícil hacer cine en Venezuela pero al mismo tiempo es un reto. Es maravilloso poder estar en un lugar donde hay una complejidad social tan grande. En el caso de mi película va con la historia, por lo que Caracas se convirtió en un personaje más de la película.


Imagen tomada de aquí.


Premiada en Venecia, Miami, La Habana, Salónica y San Sebastián, presente en Toronto, aquí en San Francisco, y recién se va a estrenar en Francia con el título de ‘Los amantes de Caracas’… ¡como que le está yendo bien a tu película!


Sí, se vendió muy bien en todo el mundo. Ayer me decían que se está convirtiendo en una película de culto aquí en EEUU. Entonces como que sí, aunque uno nunca sabe qué va a pasar. La película una vez terminada adquiere su propia vida, como me decía un amigo. Claro yo estoy haciendo todo el mejor esfuerzo en acompañarla, por eso estoy viajando a todo el mundo ahorita. Pero luego la película es la que poco a poco sigue su camino.






https://cinemaerrante.wordpress.com/2016/07/07/entrevista-con-lorenzo-vigas-director-de-desde-alla/




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lunes, 10 de noviembre de 2025

Eduardo Liendo: hay que ser medio masoquista para escribir cuentos



Eduardo Liendo. Fotografía: Oriana Lozada


Estimados Liponautas


Hoy tenemos el gusto de compartir una entrevista hecha por el portal Ficción breve al fallecido escritor venezolano Eduardo Liendo.


Esperamos disfruten de la lectura


Atentamente


La Gerencia.


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Eduardo Liendo: Los libros deben defenderse solos



6 de Febrero de 2013

 

 

 


Durante uno de esos primeros meses del 1998, Eduardo Liendo visitó La Victoria, ciudad del estado Aragua donde comenzamos a hacer Ficción Breve, para asistir a la entrega de premios de la bienal Ciudad de La Victoria, en la que él fue jurado. Él, un autor con una obra ya consolidada; nosotros, jóvenes y deslumbrados editores nacientes, que nos atrevimos a solicitarle una entrevista, a la cual accedió gustosamente. Fue la primera que hacíamos y la primera que publicamos en nuestro sitio. Con la intención de recuperar el material que hemos producido y recopilado a lo largo de nuestra historia, publicamos la primera de una serie de entrevistas realizadas desde 1999 hasta 2008, las cuales iremos revisando y publicando en este espacio.



En su novela Los platos del Diablo se presenta un interesante diálogo imaginario entre Oscar Wilde y Jean-Paul Sartre. Si Sartre representase a la literatura de «compromiso social» de los sesenta, y Wilde a la idea del «arte por el arte», más bien de los setenta, ¿Dónde estaría el punto de equilibrio de la función social de la literatura?


Yo, en la medida en que me aproximo más a una interpretación de lo que puede ser la escritura literaria, he llegado al convencimiento de que el primer deber del escritor es hacerlo lo mejor que le sea posible. Todo lo demás está dado por extensión. Hay escritores que le gusta establecer un compromiso social, y de hecho lo hacen, y otros que no; pero, en definitiva, lo importante es la obra. En una oportunidad le oí decir a Alejo Carpentier algo que me parece absolutamente cierto: «Es preferible una novela policial lograda a una epopeya fallida». Todo está en el resultado.


Usted tiene publicado un sólo libro de cuentos, mientras que ha editado cinco novelas ¿Por qué, a pesar de dominar la forma, trabaja tan poco el cuento?


Yo tengo la tentación de la novela, y sobre todo la tentación de la novela breve, aunque en alguna ocasión Augusto Monterroso dijo que el gran sueño de un escritor de textos breves es escribir una novela larga, pero creo que es el género que más me interesa. En cuanto al cuento, te confieso que implica un esfuerzo enorme para lograr unas poquitas páginas; hay que ser medio masoquista para escribir cuentos, porque el trabajo se multiplica y las páginas no rinden.

Antonia Palacios


¿Escribió minicuentos, entonces, para demostrar que puede escribir con rigurosa concisión?


Bueno, yo me precio de ser un escritor intenso en el sentido de que la síntesis se me da como algo normal, casi espontáneo; o sea, yo tengo que luchar contra mi propensión a ser demasiado sintético. Incluso, hay lectores que me exigen que escriba de una manera más abundante. Pero a lo mejor tienes razón, porque en el momento que yo escribí los cuentos de El Cocodrilo Rojo, era bastante más joven que ahora; creo que la mayoría se corresponden a la época en que yo visitaba al Taller Calicanto, en la casa de Antonia Palacios. Uno de los ejercicios literarios que se acostumbran en los talleres son los textos breves y brevísimos, e incorporé algunos de esos textos al libro.



Cuando se sienta a escribir, ¿Cómo y cuándo sabe que el material que tiene entre manos va a ser un cuento o una novela?


Yo siempre me siento con la esperanza de escribir una novela, lo que ocurre es que a veces se desinfla o desaparece del todo, y sólo queda como una ensoñación (que en los últimos meses me ocurre bastante). Por eso, ahora no me aventuro a decir que estoy escribiendo un determinado asunto hasta lograr un borrador, porque ya no confío en las primeras impresiones acerca de una historia. Pero tengo tiempo que no digo «voy a escribir un cuento». Va a llegar un momento en que lo haga, pero en este momento no, porque no estoy escribiendo para revistas, ni para suplementos literarios que es una vía. La otra vía (acumular un libro de cuentos) sería para mí algo maratónico; esperar a tener reunidos diez, doce cuentos, es una cosa de varios años. Creo que con más facilidad podría lograr en ese mismo lapso una novela breve.


¿A qué se debe que, a pesar de haber tenido un número importante de novelistas reconocidos en el pasado, ahora tengamos tan pocos?


Yo no creo que tengamos poco novelistas, lo que ocurre es que a este país le encantan los muertos; para incluir un nuevo creador a nuestro inventario de personalidades ilustres de la literatura, tenemos que tenerlo difunto. Pero yo creo que tenemos buenos novelistas, que están vivos y tienen una obra magnífica. Para citarte uno que vive en este estado: Orlando Chirinos es un excelente novelista, cuando se muera lo vamos a decir en letras mayúsculas.


Orlando Chirinos (Maracaibo, 11 de septiembre de 1944 - Valencia, 13 de junio de 2021)


¿Cuáles considera que son los más destacados de la Venezuela actual?


Bueno, hay muchos. Aunque yo me había prometido no hacer inventarios, porque es fastidioso. Yo respondo por mi propio trabajo narrativo. Pero no es autosuficiencia, ni mezquindad, lo que pasa es que no soy crítico de oficio. Yo creo que Venezuela tiene ahora una cantidad enorme de novelistas y cuentistas, la mayoría de ellos relativamente jóvenes. Y no hablemos de poetas, porque tenemos excelentes poetas. Venezuela siempre ha producido una enorme cantidad de poetas de alta calidad. Se puede apostar perfectamente a un buen momento de la literatura venezolana.


Hay quien piensa que una de las características del cine venezolano es la ausencia de buenos guiones. Pensando en eso, nuestra literatura puede ser una fuente útil para el cine ¿Cómo juzga el resultado de la cinta de Thaelman Urgelles: Los platos del diablo?



Los platos del diablo (1992)

3392 Visualizaciones desde el 23 abr 2015 hasta l fecha de publicación de esta entrada

https://m.youtube.com/watch?v=yqL2XNcakgM


Mira, ahí si no me gustaría opinar mucho, porque yo tengo una relación de gratitud esencial con Thaelman Urgelles, porque eso de que alguien se aventure a tomar un texto tuyo para realizar una versión cinematográfica, ya de por sí representa una suerte de homenaje o de reconocimiento, que no debería mal pagar con una crítica adversa a su resultado. Entonces, yo prefiero eximirme de ese criterio. A mí me parece que él hizo un interesante trabajo, y además tengo una gran estimación por los actores que participaron allí.


Como espectador, ¿le gustó la película?


Es un juicio que le dejo a los espectadores, porque me he encontrado con opiniones sobre la película de gente que sabe de cine y que tiene un juicio crítico y la ponderan muchísimo, les resulta una buena película. Fui invitado a verla en la Universidad de Colorado, en los Estados Unidos, con una gente que no es venezolana y no tiene prejuicios al respecto. Algunos veían sus limitaciones pero reconocían un trabajo interesante. Y como no eran amigos ni enemigos de Thaelman, era un juicio más o menos ponderado.

Thaelman Urgelles con el brazo extendido. Imagen tomada de aquí.


Ahora, tratando de ser objetivo, ¿Qué tanto se ajusta al espíritu de la novela la actuación de Mimí Lazo y Gustavo Rodríguez?


Mira, uno tiene que acostumbrarse a considerar que un texto literario es un texto literario, y una película es una película. Es una cosa diferente. En todo caso, es una versión, una recreación. Y el caso que tú me preguntas, por ejemplo, el personaje de Mimí, prácticamente no existe como tal en el libro, porque es una incorporación de algunos elementos que hacen Edilio Peña (el guionista) y Thaelman.


¿No siente terror de que su obra sea lectura obligada en el sistema de educación oficial venezolano? ¿No puede eso generar a futuro un rechazo de los lectores a su obra?


No, todo lo contrario; yo me siento un escritor muy afortunado de que la obra mía sea leída por cantidad de jóvenes en el bachillerato y en la universidad, y no creo que eso implique rechazo de la obra. Las obras deben defenderse solas. Los libros deben defenderse solos. Si mi libro es recomendado para ser utilizado por alumnos de un liceo, y les resulta a ellos una cosa sumamente latosa, es un riesgo del libro y algo que no se cumplió felizmente. Pero yo estoy seguro que si el libro tiene algún encanto, alguna calidad literaria que resulte atractiva, ellos van a ser sumamente receptivos y su respuesta va a ser generosa. Y la prueba es que en esta visita que yo estoy haciendo a La Victoria, muchos alumnos me expresaron con palabras generosas el gusto que habían tenido en leer esos libros, entonces no puedo decir lo contrario.



Plaza José Félix Ribas en La Victoria. Imagen tomada de aquí.



¿Por qué el nombre definitivo de El Cocodrilo Rojo para una obra que se conoció inicialmente como Lágrimas de Cocodrilo?


Mira, porque lo recogí como libro y el título de Lágrimas de cocodrilo para todo un libro no me gusta. Me resulta, además de manido, porque «lágrimas de cocodrilo» es una frase hecha, me resultaba algo como de un humor… que no me gusta; no voy a calificar ese tipo de humor, pero no me gusta. Me gusta que el humor mío permanezca dentro de un ámbito que podemos llamar el humorismo; o sea, algo un poco más sutil que la comicidad abierta completamente, como lo sugiere un título como lágrimas de cocodrilo. Pero lágrimas de cocodrilo tampoco fue el título original de ese cuento, el título original fue Esquizofrenia, y se editó por primera vez en la revista Hojas de Calicanto. Pero entonces el título de esquizofrenia vendía demasiado la anécdota, esa división allí entre cocodrilo y Ramón que se advierte en el conjunto del texto. Por eso modifiqué dos veces el título. Pero es un derecho que tiene un autor. De hecho, Julio Garmendia, Rómulo Gallegos y Borges le cambiaron a sus obras varias veces el título, e hicieron numerosas modificaciones en los mismos, y también lo hizo Ramos Sucre, con los textos que publicaba en la prensa. O sea, que uno no tiene que arrepentirse ni avergonzarse de esas cosas.


¿Cuál personaje lo identifica más: Perucho Contreras, Ricardo Azolar o Prudencio González?


No, yo soy Eduardo Liendo (risas). Los personajes son una derivación de nuestras ensoñaciones, de nuestras frustraciones, de nuestras percepciones; pero no somos exactamente esos personajes. Yo no soy Ricardo Azolar porque no he plagiado a nadie, no he matado a nadie; no soy Perucho Contreras porque no soy un oficinista enajenado, y no soy Prudencio porque no soy la sombra de nada. Soy simplemente un escritor que se llama Eduardo Liendo.


 

Primero se publicó El Cocodrilo Rojo, y luego vino Si yo fuera Pedro Infante. Relatos como «La venganza de Pepe el Toro» y «13» se encuentran presentes en la segunda obra ¿Qué fue primero: Los cuentos o la idea de la novela?


Mira, el cuento 13 es primero, lo que pasa es que (como decía Oswaldo Trejo) yo quería rendir mi novela; entonces tenía que meterle algunas cosas que la hicieran más gorda; y además ya tenía la historia de un burdel perfecta en 13, entonces dije: «¿Qué voy a hacer? No le voy a cambiar el número tampoco, no lo voy a convertir en 17», entonces la metí así como estaba. Ahora lo otro si es más interesante, porque yo había desechado el borrador de Si yo fuera Pedro Infante y dije: ¿Qué se puede salvar de aquí? se puede salvar el episodio de la pelea de Pepe el Toro, que por cierto no es la misma de la película, sino una imaginaria, porque es un recuerdo que tiene el personaje que no terminó de ver esa película, y después que había publicado el cuento, por varias razones que serían largas de enumerar aquí, rescaté otra vez el borrador de la novela que ya había desechado. Entonces dije: «Bueno, lo que ya publiqué como cuento también va en la novela», lo que considero también lícito.

Enrique Bernardo Núñez


Recuerdo una frase de Enrique Bernardo Nuñez que decía: «A veces me gustaría tener una segunda versión de la vida como los autores tienen la oportunidad de una segunda versión de sus obras». Eso es lo que hizo Walt Whitman con sus Hojas de Hierba; le dio para arriba y para abajo hasta que quedó un libro definitivo. Rómulo Gallegos escribió algo llamado La Coronela antes de escribir Doña Bárbara, que fue una versión más primitiva. García Márquez escribió una cosa llamada: La Casa Grande antes de escribir Cien Años de Soledad. Entonces, es bueno que él haya superado ese borrador de La Casa Grande y haya escrito Cien Años de Soledad. Es decir, esa es una soberanía que tiene un escritor, porque yo creo que una obra es infinitamente perfectible. Hay argumentos en contra y yo los conozco. Uno de los que opina en contra de esta posición es el doctor Uslar Pietri. Él dice que el escritor maduro no tiene por qué enmendarle la plana al escritor más joven. Esa fue una polémica pública que estableció él con Miguel Otero Silva cuando éste, muchos años más tarde, hizo modificaciones a Fiebre, una novela juvenil.


Para concluir: Una poética urgente del cuento según Liendo.


Yo privilegio algunos elementos, no solamente en el cuento si no en otras formas literarias. La intensidad es importante para mí, y la tensión, con lo cual no estoy descubriendo el agua tibia. Esa es una de las virtudes que consideraba Julio Cortázar que debía tener todo cuento. Otro gusto mío, pero ese es un gusto de lector, es la diafanidad, pero entiendo que eso no es generalizable; yo aprecio mucho la diafanidad, y considero que todo lo que obstaculice el discurso, desde el punto de vista de su capacidad comunicacional, es un estorbo para la literatura, con lo cual tampoco descubro el agua tibia, porque de alguna manera lo dijo Borges, que en una época fue ultraísta, su literatura estaba llena de metáforas, y después llegó a la mayor sencillez.


 




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