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lunes, 31 de enero de 2011

Urtext. Publicación cultural independiente.

Por José Joaquín Burgos


Revista URTEXT Nº 1.

Estimados y silenciosos Amigos,

Hoy le hacemos llegar esta breve reseña del poeta José Joaquín Burgos sobre la revista Urtext. Esta revista es dirigida por el poeta Faver Páez. Ya va por su segundo número y desde aquí le deseamos larga vida a esta publicación.

Para los que deseen comprar ejemplares o colaborar con la revista pueden comunicarse a traves del siguiente correo:

urtext2008@hotmail.com




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Urtext



José Joaquín Burgos




Así se llama. Y pudiera parecer, a simple vista, una de las tantas revistas literarias que en este país salen una vez para esconderse luego en el silencio y en el olvido, porque en nuestro país ha sido casi una constante histórica, salvo excepciones como la de El Cojo Ilustrado; la Revista Venezolana, de Lisandro Alvarado; Cosmópolis; Elite, que sobrevivió varias décadas, transformada ya en una revista semanal de cobertura nacional. Los otros intentos, en su mayoría, apenas alcanzaron a fijarse, fugazmente, en la memoria literaria. La Alborada; los manifiestos y publicaciones de tantos grupos literarios (Viernes, Contrapunto, El techo de la ballena, Sol cuello cortado, Tránsito…).

Revista URTEXT Nº 2

Urtext viene, pues, precedida de esa especie de huella perenne que tienen nuestras revistas literarias (Poesía, de la UC, es, por cierto, una hermosa excepción de sobrevivencia). Pero viene también -dijeran aquellos magistrales magistrados- "preñada de buenas intenciones", y eso ya es bastante. Así se concibió en un grupo de escritores que hacen vida en Valencia, y finalmente Fáver Páez y Gustavo Montiel la hicieron realidad. El primer número -éste que saboreamos ahora con placer e interés- es ya, en sí, una nueva proposición de lectura. Una diagramación novedosa, tal vez con alguna travesura de esas que hacen los duendes en los impresos. Un material limpio, escrito con mucho respeto por el lenguaje y por el lector. Una página "a todo dar", como dicen los mexicanos, con la poesía y un bellísimo retrato de María Sorquíbea Garzón: poemas dignos del oficio, que ella maneja con absoluto señorío. Un cuento -La mujer de los retratos- de Rafael Simón Hurtado; muestras visuales de Freddy Ordaz… en fin, un nuevo polo de expresión literaria, llamado a ocupar un espacio tan propio como necesario en esta ciudad donde tantas cosas acontecen y tan pocas se conocen y comentan. En broma hemos bromeado a veces a Fáver y a Gustavo, por la publicación de URTEXT. De corazón, nos sentimos orgullosos de que hayan realizado su proyecto. URTEXT no es un sancta santorum sino que está abierta a todos los horizontes. Y será, sin duda alguna, una de las más importantes y necesarias referencias del mundo literario tanto regional como nacional, y ojalá de allende las fronteras. Eso esperamos y deseamos, sinceramente.

José Joaquín Burgos. Foto de José Antonio Rosales


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José Joaquín Burgos
 
(Guanare, 1933 – Valencia, 2017)

Poeta, ensayista, narrador, cronista, novelista y docente. Estudió primaria y secundaria en su ciudad natal. En 1957 egresa del Instituto Pedagógico de Caracas como profesor de Castellano, Literatura, Latín y Raíces Griegas, mención magna cum laude.  Colaborador en diversas publicaciones periódicas venezolanas: Surcos, Guanaguanare, Simiente, El Imparcial de Portuguesa; Antena (Zaraza); Avance, Occidente de Mérida; Revista del Departamento de Literatura del Pedagógico de Caracas. Miembro fundador del Ateneo de Guanare y del Ateneo de Maturín, ciudad donde residió varios años dedicado al ejercicio profesional.

Fungió en la Universidad de Carabobo de editorialista del semanario Tiempo Universitario. Fue asesor literario de la Revista Laberinto de Papel , de la Universidad de Carabobo. También, columnista de los Diarios El Regional, El Carabobeño y El Nacional. Fue directivo durante más de 15 años del Colegio de Profesores de Venezuela y presidente de la Asociación de Escritores de Carabobo; miembro fundador de la Fundación del Libro Carabobeño, Vicepresidente Ejecutivo de la Editorial Cubagua del Ateneo de Valencia, y Miembro Correspondiente de la Academia de Historia del Estado Carabobo. En 2016 fue designado Cronista de la Ciudad de Valencia, ciudad que adoptó y por la que fue adoptado como uno de sus hijos más ilustres.

Fue un escritor mayor  con amplia ciencia y diestro arte de navegación por el delta de los géneros: la poesía, el ensayo, la narrativa, la crónica. Mostraba abiertamente su sencillez y disponibilidad, capacidad de escucha y se destacaba por su doble vocación de poeta y educador. Fue uno de esos creadores que no se fatigó nunca a la hora de historiar, escribir y hablar.

Obra: Narrativa: Por aquí se escuchan las pisadas del tiempo 1976. El Pozo del Arcoíris 1995.  Torreparque 1988. Don Juan de los poderes 2003. La ciudad novelada 2006. Tres Ases 2007. Las Murallas del Reino 2007. Poesía: Ronda de Luz 1956.  Cuadernos Cabriales 1957. Los días iniciales 1963. Guanare siempre 1973. El unicornio 1991. Guanare Piedra Luz 1993. Coromotanías 1994. Piel de Sueño 1996.  Cansancios de orilla 2012.


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Actualizada el 5/4/2026
24/02/2024


miércoles, 1 de diciembre de 2010

Julio Rafael Silva, escritor a Marisol Pradas: Yo escribo por afecto y por celebración

Una entrevista de Marisol Pradas.







Julio Rafael Silva, escritor: Yo escribo por afecto y por celebración


"El ensayo es fuente de cuestionamiento"

 Entrevista a Julio Rafael Silva



Julio Rafael Silva Sánchez, ensayista






Actualizada el 26 de marzo de 2022.






A lo largo de la historia han existido muchos ensayistas. Algunos sin el título de serlo. Desde la Grecia clásica, de las letras de Platón y Séneca, pasando por los escritos del siglo XVI de Hernán Cortés, Montaigne y Bacon; Quevedo y Locke, en el siglo XVII; Voltaire, en el XVIII; Nietzsche y Martí, en el XIX y todos los que en el siglo XX contribuyeron a hilvanar ideas con la pasión e investigación que este género requiere, hoy más que nunca, brindando voces desde muy distintas técnicas.

Julio Rafael Silva Sánchez nació en Tinaquillo y desde hace mucho tiempo se ha dedicado a escribir ensayos que le han requerido su absoluta concentración y esfuerzo.

Para él éste género literario "es la exploración amorosa del estupor, un concepto que no está equidistante del asomado por Montaigne en 1580 cuando escribió en Essays: "En el ensayo caben la emoción y los sentimientos, sin perturbar las facultades intelectuales alejadas del dogmatismo".

Su tenacidad no ha sido en vano: ha obtenido reconocimientos como el Premio Nacional de Ensayos Literarios "Enriqueta Arvelo Larriva" de la Unellez (1987) por su libro Julio Cortázar, instrucciones para un perseguidor; mención honorífica del Premio Nacional de Ensayos Ipasme (1989) por su obra Desarrollo de actitudes, conductas y valores en adolescentes a través de la manipulación que la televisión hace de la imagen arquetípica del héroe; Premio Nacional de Ensayos del Conac (2004) por su investigación Eduardo Mariño: el brillo y las sombras de una escritura heteróclita; y Premio Nacional de Crónicas 2008 en la Primera Bienal Nacional de Literatura José Vicente Abreu (Cenal-Red de Escritores) entre otros.


¿Por qué el ensayo en Latinoamérica hoy?

Es muy interesante echar mano a la historia para darnos cuenta que estamos a doscientos años de la gesta independentista de América. En esa época, 1810-1820, fue cuando el ensayo empezó a tener fuerza, por su esencia, de ser cuestionador, problematizador y ser una respuesta a los grandes problemas del hombre. No creo que pueda haber sido posible un ensayo fructífero en la época de la colonia, por la sumisión, por la condición de dependencia.

Pienso que en todo el continente el ensayo hoy tiene una vigencia importantísima y en Venezuela más por razones obvias. Aquí se ha convertido en una fuente de cuestionamiento, investigación, indagación y de apertura hacia otras dimensiones de la creación.

En esta época de crisis aunque muchos niegan que haya esta posibilidad en el país, el ensayo es como un mapa para enderezarnos el camino y señalarnos rumbos.





Hábleme de su último libro publicado: Héroes y villanos, llaneros y llanura en las narraciones de José León Tapia...



Examiné la obra de José León Tapia, escritor barinés que nos abandonó a finales del año 2007. Fue un texto que él insistió mucho que se publicase. Fue escrito casi a cuatro manos con él. Mantuvimos una relación muy hermosa durante muchos años. Lo conocía cuando tenía once años en mi casa de Tinaquillo.

Yo escribo por dos razones fundamentales: por afecto y por celebración. Siempre hago las cosas con pasión, como lo decía Platón.

José León Tapia. Imagen tomada de IAM.



¿Por qué héroes y villanos?

La obra narrativa completa de José León Tapia, desde Por aquí pasó Zamora hasta su última publicación después de su muerte, Vencido por la Nostalgia, es una radiografía de la Venezuela preterida, de los hombres que han luchado por sus ideales, pero que no han sido nunca tomados en cuenta. Lo que él llamaba los excluidos. De héroes que no fueron tomados como tal.

El llano es el protagonista, la esencia fundamental de la obra de José León Tapia.

Es una coedición de la Universidad de los Llanos Ezequiel Zamora con una Comisión que nombró la Alcaldía de Barinas para conmemorar los ochenta años que hubiese cumplido León Tapia si hubiese estado vivo el año pasado.

¿De qué trata Vencido por la nostalgia, que tiene como reminiscencias con buena parte de todo lo escrito por León Tapia?

Escribí el prologo y le hice las correcciones. Es también una aproximación a los vencidos y a su vida, porque él se consideraba un vencido, por circunstancias históricas de Venezuela.

Cuénteme e su experiencia en el seminario con Tzvetan Todorov en París.

Todorov es un pensador muy claro, fue mi profesor y es un trabajador muy acucioso e incansable. Por cierto el año pasado el dieron el Premio Príncipe de Asturias en ciencias sociales. Me encantó verlo pro televisión y recordar su rostro, todavía joven, aunque no tanto como cuando me dio clases. Él es un hombre emblemático en la investigación literaria y científica de las ciencias sociales.

¿Qué me puede decir de su experiencia humana con este pensador?

Es un hombre muy cálido. Un poeta, a escondidas, por supuesto. Nunca dejaba que la gente conociera ni leyera su poesía. Pero en esas clases, un tanto ortodoxas, porque él venia de ese método robinsionano o zamorano, él nos leía poesía.


lunes, 25 de octubre de 2010

"Morfemas asiáticos en lenguas amerindias de Tierra Firme"

por Omar Idler




 

                                                                                                                                          Omar Idler*



El lingüista Wernerd Shad referido en la obra «Las Lenguas Aborígenes» del filólogo Pérez de Vega 1960 [Salazar 1991] ha propuesto un parentesco lin­güístico entre algunas lenguas caribes y el idioma japonés, usando como ejemplo —entre otros—, la voz Amacuro. la que nombra específicamente a un curso de aguas negruzcas en el Delta del Orinoco, la misma voz que se hizo extensiva a todo el abanico de ríos que desde antiguo se conoce como el Delta Amacuro designando finalmente al respectivo estado venezolano.

Según    el    deltano    Salazar-Quijada, siguiendo a los investigadores nombrados, el parentesco  lingüístico con el idioma japonés quedaba claramente evidenciado en la palabra compuesta ama curo la cual traduce, tanto en lengua japonesa como en lengua caribe. «Agua Negra». Sin embargo, el mismo Salazar se mostraba escéptico puesto que para aquel momento no se contaba con un vocabulario caribe que tradujera tales voces con la conceptualizacion señalada por los investigadores citados [supra], desconociéndose sobre todo la parcialidad o subgrupo de la gran familia lingüística caribe en cuya lengua se albergaban estos morfemas. Pero hoy. es importante aclararlo, han sido publicados nuevos glosarios lingüísticos, entre ellos los diccionarios caribes Yukpa y Kariña. donde pueden apreciarse voces que incorporan la partícula «kuru» o «kuro» con la acepción «negro- como detallaremos luego.Por su parte, el investigador Sadao Hashimoto quien fuera adjunto cultural de la Embajada de Japón en Venezuela, y quien durante mucho tiempo dirigió el Colegio Japonés de Caracas. Trabajó activamente en Lingüística Comparada, logrando reunir un importante listado de voces caribes concordantes con el japonés, tanto en el significado como en sus grafías y fonías [Straka:1980]:


CAGUA                     KAWA                        Río
KARI                         CARI                           Cazar
WARAU                    GUARAU                    Risa
KUROMBO              KUROMBO                Hombre negro
GUAKARE               GUAKARE                  Partida
TOKUYO                 TOCUYO                    De poco valor
TEPPEN                   TEPUY                         Cumbre
TAKATA                  TACATA                      Lugar alto
KURO                      CURO                           Negro
AME                         AMA                            Lluvia, agua

Los arqueólogos Sanoja y Vargas [1992], han corroborado el origen de los pueblos amerindios que poblaron la América del Sur, como antiguos descendientes de grupos asiáticos, los cuales evolucionaron a partir de una vieja cepa de Sinántropos: «En general podemos hablar de la existencia de un extenso poblamiento [...] que ocupaba todo el extremo del Noreste de Sudamérica [...] el Finis Terrae de los descendientes de aquellas viejas poblaciones asiáticas que penetraron en el continente americano hacía más de 40.000

Nuestro remoto origen asiático explicaría el por qué de la presencia de vocablos comunes que pudieran haberse difundido acaso desde tiempos muy remotos y desde lugares distantes o, más recientemente, unos 5000 años a. p. producto de contactos transpacíficos fortuitos y ocasionales entre pescadores del archipiélago japonés y habitantes de las costas ecuatorianas que dieron origen a la cultura Valdivia, desde donde pudieron difundirse vocablos japoneses que encontraron refugio en algunas lenguas amazónicas.

Por otra parte, en la lengua latina está presente la palabra «obscuro» [obs - curo], palabra en la que el radical curo - curu, al cual se antepone el prefijo obs, dio origen a derivados como «obscuridad» y «obscurecer» y por evolución a «oscuro» y «oscurana»; oscuro traduce «no está iluminado» como en «cueva oscura». Dícese del color «casi negro» como en «traje oscuro». «Estar a obscuras» equivale a «sin luz», «sin ver» [Larousse 1987]. Es probable que este morfema se haya abierto paso en el mundo de la antigüedad clásica desde su origen en el lejano oriente, permaneciendo con el significado de «negro», vertido finalmente a la lengua hispana.

Para tratar de arrojar más luz sobre el planteamiento de Shad y Pérez recurrimos al vocabulario yukpa [caribe] colectado por Alfredo Jahn [1973]. En este vocabulario se recoge la voz kurumascho [curum - ascho], utilizada para denominar al zamuro [Cathartes atratus], la misma voz con la que se nombra a los misioneros católicos por su virtual ropaje negro y a los hombres de tez obscura, a los negros, por la evidente pigmentación de su piel. Este mismo radical se localiza en la voz curumo [curum - o], variante empleada para denominar también al zamuro en la región centro-oriental de Venezuela; esta variante es de procedencia caribana [Chaima-Cumanagoto] y ha sido perpetuada como nombre de la urbanización caraqueña «Cumbres de Curumo». No cabe duda de que la voz curumascho [o curumo] le fue dada al zamuro por el color predominantemente negro que posee su plumaje. En el mismo vocabulario se colectó además la voz koróscha o corosha [coro - sha] para distinguir a las nubes negras, próximas a precipitarse, de las nubes blancas [kamuro]; de esta manera observamos como al radical curo se le imprimió el viraje hacia coro para denotar la cualidad de coloración negra que pueden presentar algunos elementos de la naturaleza. Los virajes del radical curo han quedado evidenciados en palabras como curiana [curi - ana], nombre de un río o como en caruto, nombre que los mismos caribes asignaron a ese fruto tintóreo. El morfema encontró toda su fuerza significante al ser utilizado para designar al fruto del aguacatero conocido desde el período prehispánico con la voz «curo». 

*Profesor investigador del período prehispánico y miembro de la Academia de la Historia del estado Carabobo.

 Publicado originalmente en la revista Urtext.


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Actualizada el 04/03/2024

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domingo, 3 de octubre de 2010

José Joaquín Burgos : En los talleres de poesía se hace poesía pero no se fabrican poetas







En los talleres de poesía se hace poesía pero no se fabrican poetas

"Sobre el tallerismo" por José Joaquín Burgos





José Joaquín Burgos*    

 Si la memoria no me falla, el introductor de los talleres literarios en Venezuela, fue Domingo Miliani, a su regreso de México, en cuya Universidad Nacional Autónoma había cursado y obtenido el doctorado en letras. Ya en Venezuela, fue nombrado director del Centro  de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg), y en ese centro, precisamente, inició la actividad de los talleres literarios. En el país azteca había aprendido y cultivado su metodología y praxis. Allí, además, cosechó la amistad de Octavio Paz, Miguel León Portilla y otros brillantes y doctísimos maestros e intelectuales, que habían aportado en gran parte su experiencia de escritores a la formación de los talleres y de los talleristas.

Domingo Miliani

El Celarg, como bien se sabe, abrió puertas y caminos a los jóvenes escritores venezolanos, y la presencia de Domingo Miliani como director garantizó la seriedad, la organización, la claridad de objeti­vos y la honestidad de cuanta actividad se realizara en el instituto. Domingo fue un verdadero maestro, en el mejor sentido. Un científico de los estudios literarios. Su concepción de los talleres literarios se basaba, digamos, en tres principios fundamentales: en primer lugar, en la necesidad que tiene todo escritor de confrontar su obra, en la más noble acepción del tér­mino, con obras de otros autores. De esta confrontación amistosa, ambos escritores ganan, sin duda alguna; en segundo lugar, en la necesidad que tiene cada escritor de enriquecer su bagaje intelectual; y en tercer lugar, en el mejoramiento del arte, de la carpintería, del oficio, es decir, del taller que cada escritor lleva por dentro. Eso era, y es, en términos muy sencillos, la estructura de los famosos talleres de literatura. Así, se seleccionaba un grupo de autores (poetas, narradores, teatreros...).


La selección se hacía mediante la lectura de una muestra suficiente para "medir" -digámoslo así-, el nivel de los aspirantes y reunir un grupo entre cuyos participantes no hubiera muchos desniveles. Se leían los textos propuestos en el taller y, tanto el coordinador como cualquiera de los talleristas, aportaban sus conocimientos y experiencias para aclarar, colectivamente, alguna duda, o llenar algunos vacíos académicos, teóricos, en lo que llamamos la carpintería. Pongamos por caso que un participante no conocía algo referente a la versificación (un metro, una medida silábica, un pie, algún detalle técnico del arte poética); entonces se cumplía un breve proceso de información, se le suministraba al grupo el material necesario y adecuado para llenar el vacío. Así, cada quien, en el fondo, hacía también un seminario; y cada taller enriquecía tanto a los participantes como al coordinador. El resultado era, sin duda alguna, magnífico.

Digamos, de la manera más sencilla, que en los talleres de literatura se hacía literatura. Una perogrullada, tal vez, pero una verdad que no debe confundirse. En los talleres de carpintería, se hace carpintería y se forman carpinteros; en los de electricidad se hacen trabajos eléctricos y los aspirantes a ser electricistas adquieren experiencia y dominio del oficio; en los de me­cánica, se hacen trabajos de mecánica y los aprendices de mecánica adquieren experiencia y agilidad, destreza en el manejo de los materiales propios del oficio. Pero, hay diferencia entre estos talleres y los de literatura (poesía, teatro, narrativa, etc), porque en los talleres de poesía, por ejemplo, se hace poesía, y los participantes enriquecen sus conocimientos y destrezas. Pero allí no se hacen poetas. Al menos, esa era la intención inicial en la novedosa (todavía lo es), metodología del taller. Se hace poesía, pero no se hacen, no se fabrican poetas.

Pero ¿qué sucedió después? Sencillamente, se produjo una especie de milagro como el de la multiplicación de los panes. Aparecieron talleres por todas partes, de todo tipo. Y cada coordinador se transformó en un "maestro" de los grupos que con él hacían talleres. Y cada tallerista, en un hijo del maestro. Al final, todos terminaban (o terminan, mejor dicho) escri­biendo exactamente igual a su maestro. Hemos tenido la experiencia de leer algunas muestras de talleristas y, sin ánimo descalificar a nadie, observamos que todos escriben de muy pare­cida manera. Y todos giran en torno a la sagrada figura del gran maestro. En el fondo, cada quien, para ser aceptado por el grupo, debe usar una gríngola para jamás desviar la mirada de la ruta que le han trazado.

Efraín Inaudy Bolívar  (24 de enero de 1930-8 de enero 2012). Fotografía de Antonio González Boscan. Tomada del libro Rostro Y Poesía. 1996

Otra cosa digna de tomar en cuenta es que los talleres de poesía, por ejemplo, han termi­nado por fijar, como casi como un axioma, que el poema consiste en una simple y solitaria metáfora: hasta ahí deben llegar tanto la imaginación como la carpintería del poeta. Por eso, nada de asombroso tiene que al leer un libro escrito por uno de estos discípulos del tallerismo, se encuentre uno con que los textos parecen telegramas no siempre fáciles de entender. Al respecto me comentaba una vez Efraín Inaudy Bolívar, que él leía poco a los talleristas, por­que no los entendía... "Y yo hace más de treinta años que dejé de sacar crucigramas", decía, para rematar su comentario.

En lo personal, nada tengo contra los talleres literarios. Defiendo el derecho de cada quien a ejercer libremente, y sin restricciones, su libertad personal. Les digo, eso sí, a los poetas jó­venes, que el mejor taller es trabajar diariamente, leer mucho, oír, oír, oír el lenguaje del pue­blo y aprenderlo; no envanecerse ni creerse mejor que nadie. Y otra cosa: la poesía, cuando realmente es poesía, es universal; y el camino hacia la universalidad es cuesta arriba, por una escalera de peldaños infinitos. De vez en cuando, conviene sentarse a descansar y aprovechar el momento para regresar a la infancia y comenzar a escribir de nuevo... 

José Joaquín Burgos

*Poeta y narrador


Revista URTEXT Nº 1.

Publicado originalmente en el número uno de la revista Urtext .


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José Joaquín Burgos
 
(Guanare, 1933 – Valencia, 2017)

Poeta, ensayista, narrador, cronista, novelista y docente. Estudió primaria y secundaria en su ciudad natal. En 1957 egresa del Instituto Pedagógico de Caracas como profesor de Castellano, Literatura, Latín y Raíces Griegas, mención magna cum laude.  Colaborador en diversas publicaciones periódicas venezolanas: Surcos, Guanaguanare, Simiente, El Imparcial de Portuguesa; Antena (Zaraza); Avance, Occidente de Mérida; Revista del Departamento de Literatura del Pedagógico de Caracas. Miembro fundador del Ateneo de Guanare y del Ateneo de Maturín, ciudad donde residió varios años dedicado al ejercicio profesional.

Fungió en la Universidad de Carabobo de editorialista del semanario Tiempo Universitario. Fue asesor literario de la Revista Laberinto de Papel , de la Universidad de Carabobo. También, columnista de los Diarios El Regional, El Carabobeño y El Nacional. Fue directivo durante más de 15 años del Colegio de Profesores de Venezuela y presidente de la Asociación de Escritores de Carabobo; miembro fundador de la Fundación del Libro Carabobeño, Vicepresidente Ejecutivo de la Editorial Cubagua del Ateneo de Valencia, y Miembro Correspondiente de la Academia de Historia del Estado Carabobo. En 2016 fue designado Cronista de la Ciudad de Valencia, ciudad que adoptó y por la que fue adoptado como uno de sus hijos más ilustres.

Fue un escritor mayor  con amplia ciencia y diestro arte de navegación por el delta de los géneros: la poesía, el ensayo, la narrativa, la crónica. Mostraba abiertamente su sencillez y disponibilidad, capacidad de escucha y se destacaba por su doble vocación de poeta y educador. Fue uno de esos creadores que no se fatigó nunca a la hora de historiar, escribir y hablar.

Obra: Narrativa: Por aquí se escuchan las pisadas del tiempo 1976. El Pozo del Arcoíris 1995.  Torreparque 1988. Don Juan de los poderes 2003. La ciudad novelada 2006. Tres Ases 2007. Las Murallas del Reino 2007. Poesía: Ronda de Luz 1956.  Cuadernos Cabriales 1957. Los días iniciales 1963. Guanare siempre 1973. El unicornio 1991. Guanare Piedra Luz 1993. Coromotanías 1994. Piel de Sueño 1996.  Cansancios de orilla 2012.


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